Prisionera

Acto trece

La mujer que amo

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-¿Estás muy cansada?-

-Sí. Por favor, paremos un poco.-

Yahiko miró a Tsubame, su compañera de viaje, y evaluó la situación. Ya había caído la noche y aún les quedaban algunas horas de camino. Sin embargo, era peligroso seguir avanzando.

-Ya mañana llegaremos cerca de las diez. Lo mejor por ahora será dormir.-

Tsubame miró agradecida al chico que como ella, tenía trece años y enseguida se pusieron a la búsqueda de un sitio donde guarecerse, prender una fogata y descansar.

-¿Crees que él nos pueda ayudar?- preguntó la mozuela.

-Desde luego. Angi confía mucho en él y además, es nuestra única esperanza.- respondió el chico de inmensos ojos color castaño y espeso cabello negro encogiéndose de hombros.- Yo no lo he visto mucho, pero sé que es nuestro benefactor. De todos modos, nuestra misión es entregarle la carta de Angi y esperar su respuesta.-

Tsubame arregló un sitio para dormir y otro para Yahiko. El joven, al mirarla, pensó que al principio de aquel viaje, un par de días atrás, no había entendido el por qué de la insistencia de Angi de enviar a Tsubame como su compañía. La chica no era resistente y tenía un aspecto demasiado frágil como para ser capaz de caminar tamañas distancias. Pero el buen monje había insistido, diciendo que muchas veces un viaje no se trataba sólo de avanzar, y que para esas cosas la niña lo acompañaba. Y había tenido razón.

Tsubame tenía la cualidad de saber cuando hablar y cuando callar, al menos con él. Y no sólo caminaba a su lado, hacían muy buena dupla cuando se trataba de cosas prácticas como conseguir la comida, ya sea comprándola o pidiéndole algo a algún campesino. Además, ella siempre estaba al pendiente de que él estuviera bien, preocupándose en la noche de que estuviera bien abrigado con la manta o de que hubiera desayunado lo suficiente antes de partir. Aunque Yahiko no se lo decía, en verdad creía que había sido una gran idea traer a la chica, aunque le retrasara un poco.

Además, era tan bonita, que de todos modos era un placer caminar a su lado y un honor que lo vieran con ella.

-Buenas noches, Yahiko.-

-Buenas noches, Tsubame.- contestó el joven abrigándose bien, porque ya habían alcanzando la montaña y la noche era especialmente helada en comparación al día.

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Kaoru podía ser muy ingenua a veces, pero sabía con toda certeza, reconocer el momento exacto en que alguien tenía intenciones de darle un beso.

Que se quedara quieta con Kenshin era una cosa. Él le gustaba y en el fondo esperaba esa caricia aunque luego se hiciera la sorprendida, pero con Chizuru la situación era muy diferente. De partida, porque era una mujer y de segunda, porque no le gustaba. Por eso, cuando Chizuru estuvo a punto de alcanzarla, Kaoru dio un paso atrás y luego hacia el lado, quedando fuera de su alcance.

-No te equivoques conmigo.- dijo mirando incómoda hacia otro lado. Chizuru insistió.

-Kenji, yo te gusto, lo sé… -

Al hacer ademán de acercarse a ella, Kaoru no tuvo otra opción que darle una fuerte cachetada.

La joven rápidamente se llevó una mano a la mejilla mientras las lágrimas asomaban a sus ojos.

-¿Pero por qué?… no lo entiendo… ¡Me golpeaste!-

-Y lo volveré a hacer si te vuelves a acercar a mí con esa intención. ¡Tú no me gustas ni jamás podrías gustarme!-

-Pero… -

-¡Escúchame!- dijo Kaoru ya molesta con la situación.- No sé qué te traes. Primero dices que quieres a Kenshin y que eres su mujer y ahora resulta que quieres estar conmigo. Si yo fuera hombre, ni enfermo me involucro con una mujer tan rara como tú.-

Ante esas palabras, Chizuru abrió mucho los ojos.

-¿Qué me estás diciendo?-

-Que todo esto es un disfraz y que eso que aún tienes en la mano es mi kimono. Yo soy la mujer que vive aquí con Kenshin.-

Chizuru retrocedió un paso, llevándose una mano a la boca, horrorizada.

-No… no… eso es imposible… -

-No lo es. -

-Pero… él no puede estar con nadie más. Esta es mi casa… -

-Sabes que ya no lo es. Tu abuelo se la cedió a Ken. Mira, yo entiendo que querer a alguien… -

-¡¡No!!… ¡Tú no entiendes nada! Yo amo a Kenshin, lo amo desde que era una niña… - dijo Chizuru fuera de sí alejándose de Kaoru.- y por eso yo debo ser su mujer. ¡Yo soy la mujer de Kenshin!-

-¿Entonces eres tú esa chica, no?-

Ambas mujeres se volvieron hacia el dueño de esa voz. Kaoru sintió erizarse los pelitos de su nuca al reconocer en ese hombre al tal Jinei, quien buscaba a Kenshin para darle muerte.-

-¡Claro que soy yo!- dijo Chizuru reafirmando su posición, sin entender que se ponía en un serio peligro.

-No digas eso.- le recomendó Kaoru.- Tú no sabes quién es él.-

El olfato de Jinei se deleitó con el suave aroma a jazmines que despedía Chizuru, ignorante de que en verdad se trataba del kimono que traía en la mano. De todos modos, y viendo que la descripción coincidía, se puso a su lado en una fracción de segundo y le tapó la boca.

-Ahora te vas a enterar de quien soy yo, Kaoru Kamiya.- dijo el hombre. Ante ese nombre, Chizuru trató de protestar, cosa imposible por su boca sellada. Kaoru se interpuso en el camino de Jinnei para que no se la llevara, pero éste de inmediato le puso una daga en el cuello a su rehén.

-Dile a Battousai que nos vemos en la orilla del río. Y que se apresure o me deleitaré degollando a su chica.-

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A pesar de sus intenciones, no más bajarse del tren, Kojiro Kamiya fue incapaz de continuar el viaje. La mala alimentación y el cansancio que traía por los días de marcha casi sin descanso, mermaron sus fuerzas a tal punto que llegó a la conclusión que era preciso parar un poco. Deseaba ver a Kaoru y arrancarla de los brazos de aquel demoníaco pelirrojo con todas las ganas de su alma, pero en el estado en el que se encontraba no sería contrincante para nadie, menos para aquel hombre a quien él mismo vio derrotar a una pandilla de asaltantes con la misma facilidad con la que una persona común corta una flor.

-Hermano, por favor, descansemos esta noche. Ya mañana prosigamos. Me siento incapaz de seguir.-

Matsusoo miró a Kojiro con cierto desdén, aunque pronto cambió su expresión por una de fingida preocupación. Ordenó a los hombres que venían con él a buscar alojamiento en aquella ciudadela y en cuanto la consiguieron, se dedicaron al descanso y a la comida de la zona.

Estaban cenando, en una sala común, cuando la conversación de los hermanos llamó la atención de uno de los comensales.

-Matsusoo, espero recuperarme bien esta noche para mañana, ir al encuentro de mi hija.-

-No te ocupes de eso ahora. Preocúpate de descansar. Daremos con Kaoru.-

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Cuando Kenshin entró en el cuarto, apenas un par de minutos después, encontró a Kaoru de pie, inmóvil, con la mirada fija en ninguna parte. Al parecer estaba en estado de shock e incluso temblaba un poco.

Había quedado espantosamente impresionada con la mirada de Jinnei Udo mientras amenazaba el cuello de Chizuru con la daga. Porque en ese minuto ella pudo comprender, con esa certera intuición de algunas mujeres, que Jinnei no era alguien que quisiera matarla por tener algo contra ella o porque le hubieran pagado por hacerlo. Lo quería hacer por el puro placer de matarla y eso era mucho más tenebroso que encontrarse con un asaltante o un asesino a sueldo. Jinnei no necesitaba un motivo, solo una víctima y eso le heló el cuerpo hasta los huesos.

Al sentir las manos de Kenshin sobre sus hombros, ella volvió a la realidad y lo abrazó fuertemente.

-Estuvo aquí… lo vi… se llevó a Chizuru.-

Su voz sonaba quebrada y eso no pasó desapercibido para Kenshin. Tampoco el modo asfixiante en que se aferraba a él.

-Ese hombre me quiere matar… -

Kenshin al principio no pudo comprender del todo lo que Kaoru le decía, hasta que llegó a la conclusión de que Jinnei se había confundido de víctima.

-¿Dónde se llevó a Chizuru?.-

Como Kaoru no le contestó de inmediato, Kenshin se separó de ella, la tomó por los hombros y la sacudió un poco, suavemente.

-Dime, ¿dónde se la llevó?-

Kaoru, que sentía el corazón golpeteándole con fuerza en el pecho, sintió muy lejos la voz de Kenshin. Se obligó a dominarse y vacilante, logró responderle.

-Se ha ido al río. Ahí te espera.-

-Muy bien. Quédate aquí.-

Kenshin hizo ademán de salir pero de inmediato regresó a ver a Kaoru.

-¿Estás bien?-

Ella le devolvió la mirada.

-Sí, creo que si… Kenshin… ese hombre… sus ojos… sentí un escalofrío al mirarlo.-

-Ya no pienses en eso. Ahora estás a salvo. Permanece aquí, volveré en un momento.-

Kaoru asintió y se quedó en su lugar, tomando alguna de su ropa dispersa en el piso y poniéndola en orden. Todo estaba bien porque después de ver a Kenshin enfrentándose a un pequeño ejército de hombres, era evidente que contra Jinnei Udo podía salir bien librado. Además, Chizuru…

-¡No está bien!… ¡Ella está en mi lugar!… esto no debió pasar.-

Corrió hacia la puerta, pero antes de traspasar el umbral, se detuvo en seco, sintiendo que le faltaba el aire.

-Pero si lo hago… él me puede matar… -

Cerrando la puerta, Kaoru permaneció dentro.

Nunca antes había sentido de ese modo la cercanía de la muerte. No se quería enfrentar al loco asesino, pero tampoco podía permitir que le pasara algo a Chizuru. Aunque no le cayera bien, no era justo involucrarla en algo así.

Decidida, abrió la puerta y antes de arrepentirse, echó a correr.

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Hannya se agachó justo frente a Misao, para ver su rostro dormido. La joven descansaba plácidamente, con la cabeza apoyada en las piernas de Aoshi que le acariciaba el cabello.

-Es hermosa.- musitó el guerrero enmascarado.

-Esta joven es mucho más de lo que aparenta. Siempre lo ha sido.- Observó el más joven con calma.

Hannya la siguió mirando, con atención. Las luz anaranjada de la fogata le permitía no perderse detalle de ella.

-En verdad que es igual a su madre.-

-Usted lo sabrá mejor que nadie.-

-Desde luego.- concedió Hannya.- Yo… realmente no sabía que esta joven… en verdad creí que era hija de Kamiya.-

-Kamiya es un hombre tosco en sus facciones, de ojos negros. Mi padre, que conoció a Sakura, dice que los de ella eran del color de las hojas en otoño. Los de Misao, ya se lo he dicho, son como los suyos. De un verde intenso.-

Beshimi apareció de pronto, anunciando que ya tenían una pista sobre el paradero de Kaoru, pero que era preciso apresurarse.

-Se ha visto en la misma dirección a un sujeto que coincide con las señas de Jinnei Udo, pero nos lleva algunos días de ventaja. Creo que lo mejor es partir en este instante.-

Misao eligió ese momento para despertar de su breve siesta.

-¿Qué pasa?-

Aoshi gentilmente la guió para que se pusiera en pie, haciendo luego lo mismo y cogiendo los dos pequeños bolsos de viaje de ambos.

-Nos vamos en este momento. Existe la posibilidad de que tu prima querida esté en un serio peligro, o lo esté muy pronto.-

Beshimi tomó nuevamente la palabra.

-Tenemos un contacto que nos ha ofrecido caballos. Hyotoko se ha quedado con él, eligiendo unos para nosotros. Debemos seguir la línea férrea hasta el pueblo donde llegue. Los contactos están pasando la voz, buscando al pelirrojo, y es posible que al llegar a destino tengamos nuevas noticias. Pero hemos de avanzar toda la noche y parte de la mañana. En el medio del camino nos esperan con caballos descansados para hacer el reemplazo y… -

-¿Caballos?… es decir… ¿cabalgaremos?- preguntó Misao.

-¿Has montado alguna vez en tu vida, Misao?- preguntó Aoshi.

-Nunca. Pero, como sea… no hay tiempo para clases prácticas. Debemos ir en ayuda de Kaoru.-

Con una decisión poco usual en ella, Misao se colocó al lado de Beshimi para iniciar el camino a los establos de su contacto.

-¿Nos guías ya?- le indicó.

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A Jinnei le encantaba matar, pero a veces le disgustaba lo melindrosas que se ponían las mujeres con eso. Suplicaban, llamaban a quién sabe quién e imploraban por su vida. Eso estaba bien para él, pero no durante mucho rato, porque pronto se aburría. En consideración a que no tenía certeza de cuánto se podía demorar Battousai en aparecer, optó por hacer algo divertido con Kaoru. La miró fijo a los ojos por un par de segundos y al retirarle la mano de la boca, ella fue incapaz de articular palabra alguna.

-Te he sellado la garganta para que no molestes. Si todo va bien y Battousai muere, te dejaré decirle algunas palabras antes de matarte.

Chizuru, aterrorizada, pensó por un momento que todo eso no era justo y que la que tenía que morir en ese día era esa tipa que decía ser la pareja de Kenshin. Ojalá y el sujeto ese se diera cuenta de que ella no era a quien él quería aniquilar y la dejara libre. Si mataba a Kaoru, luego ella tendría posibilidades de quedarse con Kenshin para consolarlo y quedarse con él.

Cuando Kenshin llegó al punto se encuentro con el asesino Jinnei Udo, se puso en guardia de inmediato. Con ese hombre nunca se sabía.

-Asi que finalmente nos vemos las caras, Battousai.- dijo, sosteniendo a Chizuru contra él.- Como ves, tengo a tu chica y si la quieres de vuelta conmigo, tendrás que matarme. Pero no te demores mucho en hacerlo, porque puede que yo quiera probar sangre por última vez y le rebane el cuello.-

Chizuru, ante la amenaza, trató de apartarse de él, con fuerza. Jadeó al notar que era imposible.

-Comencemos, pues.- dijo Kenshin, intentando llamar la atención del asesino, o de lo contrario, acabaría dándose cuenta de que tenía a la Kaoru incorrecta.

Desenvainando su espada, se acercó al maniático, pero éste lo miró un poco extrañado.

-¿Pelearás conmigo así sin más?… ¿Sin locura, sin proferir amenazas por tener a tu mujer?-

-No se debe perder la calma en una batalla.- respondió Kenshin.

Tenía cierta lógica, pero Jinnei miró a Chizuru especulativamente. Algo andaba mal en eso, o quizá, simplemente, se debía a que él se había equivocado al suponer que Kaoru era la amante de Kenshin.

Soltó a la chica.

-Muy bien, comencemos, Battousai… - dijo, abalanzándose sobre Kenshin quien pudo esquivar su primer ataque con cierta facilidad. Los golpes de Jinei eran fáciles de prever porque eran horizontales o verticales. El encuentro siguió sin mayores daños para ambos hasta que Jinnei se detuvo en seco. -Dime, ¿realmente te interesa salvar a esta mujer?-

Chizuru miró significativamente a Kenshin.

-Me interesa salvarla.- respondió el pelirrojo.- Pero no para tener algo amoroso con ella.-

En eso, unos pasos tras ellos llamaron su atención. Jinnei notó que a pesar de la escasa luz, era notoria la palidez que azotó el rostro de Kenshin cuando vio a la persona que venía acercándose. Un muchacho… el chico que estaba con Kaoru momentos atrás. ¿Por qué Battousai parecía a punto de derrumbarse cuando vio a esa persona?

Haciendo uso de todo su coraje, Kaoru pasó por el lado de Kenshin y se plantó frente a Jinnei.

-Yo soy Kaoru Kamiya. Suelta a esa mujer.- dijo sin más preámbulos, antes de que la voz le temblara. De inmediato fue jalada hacia atrás. Kenshin se puso por delante de ella y Jinnei sonrió, mirando a Chizuru que suspiraba aliviada, y se sobó la barbilla.

-No voy a negar que apenas entiendo qué está pasando, ¡pero me encanta que esté pasando!-

Dicho esto, se volvió hacia Chizuru.

-Tienes suerte de no tener la pasión de Battousai o te habría rebanado en cuadritos. Vete, muchacha, que matar a alguien como tú no me produce la más mínima satisfacción.-

Entre tanto, el terror de Kenshin fue sustituido por una mirada asesina que desbarató la valentía de Kaoru al verla.

-Eres… una estúpida.- dijo el pelirrojo por lo bajo.- Este tipo…-

-No podía permitir que la matara a ella. Me busca a mí y… -

-¡Yo no iba a permitir que la matara, idiota! Pero como nunca me haces caso… -

-¡Le podía hacer daño a Chizuru!-

-¡No me importa lo que le pase a Chizuru!… ¡Me importa lo que te suceda a ti! ¿Qué no lo entiendes?- Kenshin, exasperado, se pasó una mano por la frente.- Te amo, y si ese imbécil… ¡Por Kami!- Tomando aire Kenshin intentó serenarse.- Escúchame… y por una muy maldita vez hazme caso en lo que te digo: Quédate aquí. No te acerques a ese tipo, que de todos modos tendremos nuestra batalla. Ni siquiera lo mires. ¿Entiendes?-

Consternada ante el "Te amo" de Kenshin, dicho como si se le fuera el alma en ello, Kaoru asintió. Al tiempo apareció Chizuru recién liberada y se quedó junto a ella, alejada unos pasos.

-¿Entonces, Battousai? Supongo que este cambio no implica que no haya pelea, ¿o si?-

Kenshin envainó su espada nuevamente para ponerse en guardia.

-Desde luego que no.-

-Me alegra. El plan es este… si yo me acerco a tu chica, la hago picadillo. Asi que tendrás que detenerme… -

-Olvídalo.- dijo Kenshin. Enseguida gritó: - ¡Kaoru, corre!-

Al no escuchar respuesta, se volvió y lo que vio lo dejó helado.

En el suelo, Kaoru perdía sangre con una daga perdida en el costado izquierdo de su abdomen mientras Chizuru la miraba con odio. Se escuchó fuerte la risa de Jinnei.

-Siempre he dicho que es más peligrosa una mujer despechada que un loco asesino, ¿no crees? Tienes un minuto para asegurarte de que aún vive y que la herida es verdadera. Pasado ese tiempo me lanzaré sobre ti.-

Kenshin no esperó a que se lo dijeran dos veces y se agachó junto a Kaoru. Ésta lo tomó por la camisa.

-No le hagas daño… es la nieta de tu amigo… -

¿Qué no le hiciera daño? ¡Tenía ganas de matarla ahí mismo! Miró a Chizuru de tal manera que ésta, al verlo, retrocedió un par de pasos.

-No la culpes.- dijo Jinnei. - Le dije que si quería salvarse, debía dejar a tu amiga imposibilitada para irse. Aunque claro, esperaba que la golpeara o la sujetara. El resto se le ocurrió solita.-

Kenshin con cuidado le quitó la daga a Kaoru y le tapó la herida rápidamente con su propia camisa, que convirtió en jirones. De inmediato corrió al lado de Chizuru y le atravesó la cara con un golpe tal que la dejó inconsciente, a tiempo de bloquear un ataque de Jinei hacia Kaoru que seguía en el suelo.

-Esto se pone bueno.- comentó Jinnei cuando sintió un corte en su cara, debido a que Kenshin había dado vuelta su espada con el filo inverso. Un poco de su propia sangre llegó a su boca y le encantó el sabor.- Ahora sí que parece que peleas en serio.-

Kenshin no respondió. Estaba calculando la distancia para atravesar a Jinnei antes de pegar un espectacular salto hacia él. El loco asesino apenas fue capaz de bloquear el golpe y saltó hacia atrás, con tiempo suficiente de preparar la defensa ante un nuevo poderoso ataque. Los codos le dolieron: Habían amortiguado gran parte del golpe que le propinó Kenshin con la espada, con el fin de atravesarlo por el pecho.

Ambos tomaron aire un segundo, Kenshin no tenía tiempo de jugar con Jinnei e iba con todo. El motivo era que no estaba seguro de qué tan profunda era la herida de Kaoru. Ella no se quejaba y él no sabía si eso era bueno o malo, pero necesitaba terminar con eso de una vez para correr al lado de Megumi con la chica. Además, debía estar pendiente de Chizuru, porque aunque estaba seguro de que el golpe que le propinó la haría dormir un buen rato, no se podía arriesgar a que se despertara antes e intentara nuevamente hacerle daño a su mujer.

Jinnei avanzó resuelto hacia Kenshin pero se detuvo al notar su mirada asesina. Jinnei habíha visto muchas de esas a lo largo de su vida, pero sin duda la de Battousai valía la pena mirarla dado su increíble efecto en él. En efecto, había sentido temor de que ese sujeto alcanzara a hacerle daño, pero se repuso y se lanzó de nuevo a la carga.

Kenshin notó un dolor fugaz en uno de sus brazos, producto de un corte. Luego otro en la cintura. Vio que Jinnei se abalanzaba de nuevo sobre él e inmediatamente envainó para desenvainar a una velocidad imposible para un ser humano normal. La espada apenas si rozó la nariz de Jinnei quien estaba listo para aprovechar que la guardia en de Battousai quedaba abierta e intentó meterse en ese espacio para matarlo.

No contó con que detrás de la espada venía la vaina de acero que le habría destruido la caja toráxica de no haber quedado su brazo derecho atrapado en el vertiginoso golpe. La unión de los huesos en el codo quedó destruida, asi como los tendones… E loco aún no terminaba de reponerse de la impresión cuando Kenshin, usando el pie derecho de pivote, completó el giro mortal y al alcanzarlo nuevamente, terminó de arrancarle el brazo con la espada. La extremidad fue a dar, aún con la espada que sostenía, cerca de Chizuru que al recobrar un poco la conciencia y ver la pieza sangrante, lanzó un grito de terror.

Jinnei no lo podía creer. Su brazo… su brazo derecho ya no estaba en su lugar. Con la mano izquierda trató de sostenerse el muñón y sintió una afilada astilla en lo que quedaba de hueso de brazo. Cayó sobre sus rodillas, haciendo un esfuerzo sobrehumano para no gritar.

Kenshin se paró delante de él, con la espada en alto para partirlo por la mitad.

-Nunca más amenazarás a Kaoru.-

El loco se largó a reír.

-¿Quién lo diría? Battousai el asesino matando por una mujer.-

-Por esa mujer bien vale la pena morir o matar.- dijo Kenshin fuera de si.

Kaoru, que empezaba a sentir los efectos de una anemia, recordó entre brumas que Kenshin alguna vez le había dicho que no le gustaba matar.

"Si lo mata… ¿podrá encontrar esa paz… ?" No alcanzó a completar la idea ante una náusea. Todo le daba vueltas y sentía frío. ¿Así era cuando uno iba a morir?

-Kenshin… - murmuró.- Déjalo… Ayúdame… -

El pelirrojo escuchó esas palabras que disiparon todas sus ganas asesinas de un plumazo. Dejó a Jinnei solo y se encargó de Kaoru.

-Tengo frío… - dijo la joven.

-Tranquila.- respondió Kenshin, gentil, quitándose el kimono roto para cubrir a Kaoru con él.- Te voy a llevar donde Megumi.-

Con cuidado, Kenshin apartó unos mechones de pelo del rostro de Kaoru y le besó la frente. Chizuru, que los miraba con atención, se reconoció a sí misma que ciertamente ese hombre amaba con locura a Kaoru Kamiya.

Se escucharon unos pasos presurosos y de pronto, apareció Sanosuke que al ver la escena, exclamó:

-¡Pero qué demonios pasó aquí!-

Jinnei, que seguía arrodillado, meneándose hacia atrás y adelante, reía como un idiota. Lo grave era que Kaoru estaba en el suelo y Kenshin medio desnudo, tenía cara de desesperado.

-¡No me digas que ese maldito loco de allá le hizo daño a Kaoru, porque de lo contrario yo mismo voy a matarlo!- declaró Sano.

-Fue Chizuru.- dijo Kenshin.- La hirió en un costado, no sé qué tan profundo es y debo llevarla con Megumi.-

Sanosuke evaluó la situación. Y vio la cantidad de sangre en el suelo.

-¿Le taponaste la herida?-

-En cuanto me percaté de ello.-

Había que pensar rápido.

-Si la herida ha dejado de manar, corremos el riesgo de abrirla nuevamente al llevarla cerro abajo. Creo que lo mejor es, con mucho cuidado, llevarla hasta la casa. Allá puedo intentar algo. ¿Kenshin?- preguntó al notar que el pelirrojo no se movía.-¿Pasa algo?-

Viendo el estado de Kaoru y su herida, Kenshin retrocedió muchos años atrás, cuando su esposa Tomoe murió desangrada entre sus brazos por un herida que él mismo le había hecho.

-No dejes…- empezó Kenshin con la voz sumamente ahogada.- No dejes que muera…-

Como si fuera una muñeca de porcelana a punto de quebrarse, Kenshin tomó a Kaoru con suma delicadeza y emprendió el camino a casa. Sanosuke tomó a Chizuru por el cuello del kimono y la obligó a levantarse. Luego tomó el brazo de Jinnei y se lo dejó al loco.

-Creo que esto te pertenece. Lamento decirte que no sé tanto de medicina como para ponértelo de nuevo, pero dado que es tuyo, haz lo que quieras con él.-

Acto seguido, Sano siguió a su amigo pelirrojo.

Jinnei, viéndose solo, evaluó sus posibilidades. Había perdido el brazo derecho y no se creía capaz de poder entrenar el izquierdo para alcanzar las habilidades que tuvo anteriormente. Siendo además, un asesino a sueldo sin brazo y por ende, sin posibilidades de defenderse, sería prontamente capturado por la policía o incluso por algún otro sicario como él. La pelea con Battousai había sido corta, pero buena… y el espectáculo que le brindó la celosa fue de lujo. Además, había conocido algo que jamás pensó ver: Una mujer con dignidad, valentía y honradez.

Tal vez había llegado el momento de decir adiós y despedirse con la poca dignidad que le estaba quedando. No pensaba pasar lo que le quedaba en una celda, o siendo muerto por ahí en un callejón apestoso. En ese lugar, con el río y todo eso le parecía un buen lugar para su final.

Le quitó la espada a su inerte mano derecha, y esforzándose con la izquierda para la velocidad y precisión que necesitaba, se enterró el acero en el pecho y de inmediato se lo sacó, a tiempo de caer sobre su estómago.

-Así está bien.- murmuró mientras sentía llegar a su garganta un borbotón de sangre, de la misma que llenaba sus pulmones en ese momento. De la misma que manó por su boca unos momentos después, cuando se encontró muerto.

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Kenshin entró en el cuarto con una tetera de agua hirviendo que Sanosuke vertió en un balde donde se encontraban algunos paños. Los mismos que le sirvieron para limpiar la herida de Kaoru.

Chizuru, que estaba atada de manos y pies en un rincón, miraba la escena sin perder detalle.

-¿Se pondrá bien?- preguntó el pelirrojo presuroso.

-Es difícil de decir. Por favor, mete una aguja e hilo en el agua hirviendo. Habrá que coserla. ¿Tienes por ahí licor?-

Fue un rato después que Kaoru bebió un trago largo de alcohol que Sano procedió a cerrar su herida. La joven gimió un poco, pero los dos hombres admiraron su valentía.

-Megumi me comentó que habías vuelto y por eso pensé en hacerles una visita. Quería además, asegurarme de que no andaba nadie extraño por aquí, pero al parecer llegué tarde.- dijo el joven pendenciero mientras acababa de coser a la chica.

-Llegaste en el mejor momento. Yo iba a llevar a Kaoru donde Megumi.-

-Qué bueno entonces que aparecí y no lo hiciste. Esta muchacha no está en condiciones de moverse. Parece ser que la arpía que tienes ahí detrás nuestro le enterró la daga hasta el fondo y encima la revolvió dentro de Kaoru. De todos modos, no le apuntó a ningún órgano vital o nuestra amiga no la contaría.-

-¿Pero ahora está bien, verdad?- preguntó Kenshin.

Sanosuke ahora acabó de vendarla y luego la tapó con el cobertor.

-Estará bien, no te preocupes. Como te he dicho, no tocó ningún órgano, pero es importante que guarde reposo unos días. Ojala que no se levante para nada. Su cuerpo tardará en reponer la sangre que ha perdido, pero según le escuché decir una vez a Megumi, si le das de comer hígado o carne de animal, será más fácil para ella reponerse. Yo le diré a la doctora que venga a verla mañana mismo. Por ahora sé que dormirá como una bendita, porque con todo el alcohol que le metimos ha de estar durmiendo la mona. Veré que Megumi le traiga de un medicamento que hace que se te vaya el dolor de cabeza; seguro que Kaoru lo apreciará. Otra cosa: debes estar muy atento a que no le suba la fiebre. Si es así, no dudes en mandar a esta idiota al pueblo a buscar a la doctora mientras tú intentas bajarle la temperatura. Las compresas de agua fría funcionan bien.-

Kenshin de inmediato se preparó junto a Kaoru, un lugar para dormir.

-Sano… Si por mi hubiera sido, mataba a Chizuru, pero Kaoru me imploró por su vida. Por eso te pido que te la lleves. Si la veo un minuto más aquí no podré responder de mis actos. Cuéntale a Megumi cuanto ha pasado y dile que la encierre o vea ella el modo de tenerla en la clínica de tiempo completo.-

-Como tú digas.-

Sanosuke tomó a la chica y le desató los pies. La hizo avanzar un poco pero ella se detuvo.

-Kenshin, yo te amo… - imploró.

El pelirrojo, cuya piel blanca de su torso contrastaba con las manchas de sangre sobre él, miró a Chizuru fugazmente.

-Siempre he visto a Kaneda como mi padre, y el Cielo es testigo que tú y Sayo han sido como unas hermanas para mí. Ahora sólo deseo no haberte conocido nunca. ¿Dices amarme? No lo creo, pues le has hecho daño a la persona que más quiero. A la que en muchos años, y por unos días, me ha hecho feliz. Ella fue a tu rescate, a pesar que le dije que no, a sabiendas de que Jinnei podía atacarla y aunque estaba aterrorizada. ¿Así pagas a las personas que te ayudan?-

-Kaoru fue también quien te salvó de que te violaran. Y salvó a tu hermana. - observó Sanosuke, sorprendido además por la confesión de Kenshin.

Chizuru no sabía qué decir. Pero cuando lo supo, dijo, mientras caminaba a la salida y le corrían las lágrimas:

-Con razón te enamoraste de ella y no de mí.-

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Fin acto trece

La mujer que amo

Marzo 22, 2010

Notas de autora.

No pueden decir que no he sido buena esta semana porque esta es la tercera historia que subo en cuatro días. De todos modos, me siento avergonzada, porque este capítulo llevaba en mi compu más de once meses esperando ser revisado y corregido. Es por eso que he tomado una decisión muy personal con respecto a esto. Tal vez así me tomen en serio y yo misma me tome más en serio.

Me doy plazo, a partir de este día, de finalizar Prisionera antes del mes de Septiembre de este año y "Entre mis Brazos" antes del mes de Junio. Esto, porque a esa historia le quedan unos cuatro capítulos si acaso. Kenshin, un chico en apuros y Donde puedas amarme, un final diferente me tomarán más tiempo.

Bueno, pero entonces, lógicamente si no cumplo con los plazos señalados, ha de haber un castigo, no? Me comprometo que, de no cumplir, yo haré una de dos cosas:

-Si la falta es leve (que por alguna razón no pude actualizar, se me pasó del día, acabó el mes, se me echó a perder el compu) yo escribiré una maravillosa historia de amor con un final miserable. Créanme, me dolerá más a mí que a ustedes, porque me da pena poner a mi Kenshin en esos trances. Aun recuerdo lo mucho que lloré mientras finalizaba "Al caer la Tarde".

-Si la falta es muy grave (o sea, que de nuevo me perdí un año y no actualicé o que tampoco escribí mi fanfic de castigo) Yo… Blanca Pérez Q. me comprometo a hacer algo aún más terrible. Partiré de la base que una persona como yo no merece la gracia de compartir su historias y me autoelimino de fanfiction. Así como lo leen. Siete años de trabajo al formateo más absoluto y triste. Un cuarto de mi vida al olvido.

Pues bien. Les mando un beso gigante, espero que les haya gustado este episodio… y bueno… ¡a escribir, escribir! ¿Cómo puedo cumplir mi sueño de escribir un libro si soy incapaz de terminar los fanfics que más han gustado?

Besos, amor y cariño a todos. Y a todo mi largo y flaco país, el más inmenso de los abrazos!