Prisionera

Acto catorce

Huyendo.

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Sayo despertó al oír la voz de Sano. Esbozó una sonrisa para recibirle y mostrarle lo bien que había pasado la noche, pero al parecer, el luchador se encontraba exasperado a juzgar por cómo hablaba con Megumi.

¿De qué se trataría todo eso? Se incorporó para levantarse cuando se abrió la puerta y apareció su hermana Chizuru portando una lámpara. Se notaba sumamente descompuesta y traía la mitad de la cara hinchada. Al parecer su labio estaba roto y se la había pasado llorando a juzgar por sus ojos vidriosos.

-Hermana… - dijo Sayo al ponerse de pie. Se sintió muy mareada repentinamente, pero Sanosuke la recibió contra su pecho cuando se fue hacia delante.

-Shht, cuidado.- dijo el joven. Sayo lo miró a la cara con incertidumbre. ¿Había sido su imaginación el escucharlo hablar con enfado? Sanosuke le sonreía como si ella fuera la mejor noticia que un hombre podía recibir.

La regañó suavemente por levantarse y la ayudó a meterse en la cama de regreso, mientras Megumi atendía, en la cama de enfrente, a Chizuru.

-Así y todo no entiendo por qué no viniste antes.- dijo Megumi mientras limpiaba el labio de Chizuru. - ¿Qué te tenías que quedar haciendo en medio del bosque con esta chica y encima de noche?-

Sano, que sentado al lado de la cabecera de Sayo le acariciaba distraído sus suaves rizos castaños, atravesó a Chizuru con la mirada.

-Pues me quedé enterrando un muerto. Un sujeto que peleó con Kenshin. Por eso vengo todo sucio.-

-¿Pero ese hombre lo mató Kenshin?- preguntó Sayo con preocupación.

Sanosuke recordó el brazo separado del cuerpo. En realidad, ese tipo de amputaciones no era mortal.

-Claro que no. El tipo perdió ante Kenshin y se suicidó. -

-Ya veo. Entonces ese sujeto le dejó así la cara a Chizuru, ¿no? Por eso Kenshin peleó con él.-

Los rizos de Sayo eran algo llamativo para Sanosuke, que los retorcía, los estiraba y seguían siempre con esa forma de espiral tal, que si metía uno de sus dedos dentro de ellos quedaba cubierto por cabello. Era algo muy relajante para él.

-Fue Kenshin quien la golpeó.-

-No pudo ser el señor Himura.- dijo Sayo de inmediato.- Él… él es como nuestro hermano mayor.-

Chizuru no dijo nada. Se limitó a mantener la vista baja y aguantarse el ardor cuando Megumi le puso un no se qué en el labio herido.

-Lo siento, preciosa.- dijo Sanosuke a Sayo sin soltar su mechón favorito.- Pero es así. Sucede que tu hermana hizo algo a Kaoru que le dio mucha rabia a Kenshin y por eso él se enfadó con ella.-

-Pero… ¿Quién es Kaoru? - preguntó Sayo.

-Kaoru es… digamos que es la compañera de Kenshin.- repuso Sanosuke luego de una breve reflexión al respecto.- Tú la conoces como Kenji, el chico que te rescató a ti y a tu hermana. ¿Puedes recordarlo?.-

Entre brumas, Sayo recordó un joven y valeroso muchacho.

-Una chica disfrazada… - murmuró.

-No te puedo revelar detalles, pero hoy a Kaoru la buscaba un tipo para matarla, sin embargo atrapó a tu hermana. Poniendo en riesgo su vida Kaoru fue a su rescate. Tu hermana en vez de agradecerle le enterró una daga en la cintura porque estaba celosa.-

En esta parte de la historia, Megumi prestó atención.

-¿Cómo es eso posible?… ¿Por qué no viniste a buscarme antes?-

-Oye, Kaoru ya está bien. Ya la estabilicé y… -

Megumi se puso de pie y se plantó delante de Sano.

-¡¿Qué tú hiciste qué, pedazo de idiota?!-

-Ayudé a Kaoru. Cerré su herida, la dejé durmiendo… -

-¡¡Pero tenías que traérmela!! No puedes ser tan estúpido.-

-Tenía que actuar rápido.- repuso Sanosuke con toda calma. Seguramente la culpa era de esos rizos que lo tenían medio sedado no más tocarlos.- Kenshin estaba vuelto loco y Kaoru había perdido mucha sangre. No podía traerla y que su herida empeorara por el camino. Además, Kenshin ha sufrido muchas veces heridas de esas. Sabe como cuidar de la chiquilla.-

-Eres un cretino.- dijo Megumi regresando al lado de Chizuru.- Tú no eres un médico. Puedes hacerle mucho daño a una persona si actúas sin pensar. Pero qué digo, si tú no piensas.-

-A mí me salvó la vida.- repuso Sayo.- Nunca dejaré de agradecérselo.-

Megumi miró a Sayo y decidió guardarse sus comentarios.

-Chizuru… - dijo Sayo apoyándose en un codo para incorporarse un poco y mirarla.- ¿Es cierto que tú…?-

-Lo es.- dijo la joven sin mirar a su hermana.- Sólo me arrepiento de no haberla matado.-

Ante esas palabras, Megumi fue incapaz de seguirla curando. Sano recordó que tenía un recado.

-Kenshin te mandó decir, Megumi, que no quería ver más a esta chica o de lo contrario la mataría. Dice que tú la puedes ocupar en algo para que no salga de aquí hasta que su hermana y Kaoru estén más repuestas. Supongo que pensó que podías mantenerla sedada, o algo así, hasta que regresen con su abuelo.-

Megumi hubiera dicho que entregaran a Chizuru a la policía, pero recordó a tiempo que Kaoru estaba oculta en la casa de la colina. No podían involucrar a la policía.

-¿Pero por qué lo hiciste?- preguntó Sayo.- Tú no eres así.-

-Kenshin dijo que esa lo hacía feliz. Que esa era su mujer. Yo no podía permitirlo, porque esa me arrebató el lugar que debía ocupar yo.-

-Pero no puedes pensar así. Gracias a ella… -

-¡Lo sé!.- explotó Chizuru.- ¡Tú si quieres le agradecerás el estar con vida, pero yo no! No pienso agradecerle porque me ha quitado… -

-No te pudo haber quitado nada, porque no tenías nada en el corazón de Kenshin. Él nos quería, era nuestro protector. ¡Nuestro deber era procurar su felicidad si estaba en nuestras manos, o ayudarlo a conseguirla, no arrebatársela!-

Sanosuke estaba sorprendido con Sayo. Cuando pensó que se pondría de parte de la hermana, notó que no era así.

-¿Recuerdas cómo nos sentimos cuando mataron a papá y a mamá? ¿Querías que Kenshin sintiera eso mismo? ¿No recuerdas al abuelo, cómo aún llora la muerte de su esposa?-

Chizuru bajó la cabeza nuevamente. Poco quedaba de su anterior altanería.

Sayo acabó por sentarse en la cama, sumamente apenada. Juntó las manos sobre su regazo, para mirarlas.

-El señor Kenshin también perdió a alguien muy importante. Lo sé porque el abuelo me lo contó. Su esposa murió en sus brazos cuando tenía nuestra edad. Por eso se veía triste siempre, pero sonreía al jugar con nosotras y era muy gentil. Yo pensaba que si algún día pudiera verle sonreír de verdad, querría mucho a la persona capaz de hacer tal milagro. Señor Sano… ¿Me llevaría dónde Kenshin para expresarle mi amistad a esa chica?-

-Amenazó con matarme y quieres "expresarle amistad" a la culpable, Sayo?- dijo Chizuru molesta.

Sayo no le contestó. Buscó la mirada de Sanosuke.

-¿Podría?-

Sanosuke miró a su vez a Megumi.

-No puede salir aún hasta pasados unos días.- declaró con sinceridad ésta. Sanosuke resopló.

-No te puedo llevar, muñeca, pero créeme que le haré llegar a Kenshin tus palabras. Estoy seguro que las apreciará. Iré dentro de un rato a verlo y después vendré a enterarme de ti. Espérame muy bonita, ¿está bien?-

Motivada por una agradable sensación, Sayo asintió. Luego se recostó para seguir con el descanso mientras sentía un agradable roce en una de sus mejillas.

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-¿Has dormido bien?-

Tsubame miró a Yahiko y le sonrió.

-Mucho. Gracias.-

Se prepararon un desayuno liviano y al salir el sol, se pusieron en marcha.

-Dentro de un rato llegaremos donde nuestro protector. Espero que él acuse recibo de la carta que le envía Angie y pueda salir este mismo día. - comentó Yahiko.

-Espero lo mismo. No es justo que nos quieran quitar nuestro hogar en tan poco tiempo. Ni siquiera nos dejan la posibilidad de buscarnos otra casa.-

-Con un poco de suerte, nuestro protector nos deja la suya.- dijo Yahiko colocándose las manos tras la cabeza mientras caminaba.- Sería genial, porque dice Angi que tiene un río al lado. Los chicos no dejarían de jugar ahí.-

-Pero no es justo pedirle su casa.- observó la muchacha.- Después de todo, le estaríamos haciendo lo que nos hacen hoy a nosotros.-

Yahiko de inmediato cambió la cara.

-Tienes razón. Yo en lo personal soy de la idea que tiene Tsubaki, de pelear por nuestro hogar. Angi es grande, dicen que luchó durante las guerras de la restauración, aunque no lo parece. Se ve bastante pacífico.-

-Una vez lo vi con el torso desnudo.- dijo Tsubame al recordar una mañana especialmente calurosa en la que, llegando a un estero, Angi se quitó la parte de arriba de su vestuario para mojarlo, estrujarlo y volvérselo a poner.- Tenía muchas cicatrices y me dijo que eran de espada.-

-Si Angi se atreviera a manejar un arma… -

-Aunque supiera, no creo que lo haga. Por algo nos ha mandado a buscar a nuestro protector.-

-Pero me pregunto… esos que quieren nuestra casa, ¿para qué la querrán?-

-No lo sé, pero espero que no la consigan.-

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-Papá?…-

Suspirando, Kenshin abrió los ojos y miró a Kaoru dormir.

Había dormido sentado al lado de ella. Y "dormido" no es la expresión más adecuada para describir el modo en que pasó la noche. Una parte de él descansó lo suficiente para funcionar bien al siguiente día. El resto se ocupó de estar alerta por si la chica lo llegaba a necesitar.

Se tuvo que levantar un par de veces para darle agua o llevarla al baño. Otras para tocarle la frente y comprobar que la fiebre no había subido. En otras ocasiones tuvo que susurrarle frases dulces para que se tranquilizara; al parecer, el enfrentarse a Jinnei Udo había removido un terror que la chica había tenido antes al desgraciado ese de su tío Matsusoo, teniendo pesadillas con éste.

Había tenido ganas de desnudarse y meterse a la cama con ella, pero pensó, que por el bien de Kaoru y su estado actual, era mejor dejar sus manotas, que muchas ganas tenían de cobrar vida propia, alejadas de ella.

-Padre… -

Kaoru seguía murmurando, llamando a su padre. Kenshin le tocó la frente y notó que algo de fiebre tenía. Debía bajarla antes de que subiera más.

Se levantó y rápido puso un paño con agua fría sobre su frente. Kaoru dejó de murmurar unos minutos después.

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Avanzaron toda la mañana y llegaron a un pueblo que se encontraba a los pies de una montaña, pero Kojiro se sentía pésimo, debía reconocerlo. Tanto así que le pidió a su hermano, detenerse para que le buscara un médico.

-No estoy en condiciones de seguir. Ni siquiera de buscar a mi hija… por favor, descansemos hoy y mañana continuamos. Estamos cerca.-

A Matsusoo la idea no le había gustado en lo más mínimo, pero si tenía la intención de encontrar a Kaoru, necesitaba a Kojiro. Incluso, para llevarla de vuelta con ellos era necesaria la presencia de su hermano. Fue así que asintió y mandó a buscar un doctor mientras Kojiro se instalaba en un nuevo albergue.

Al cado de un rato, llegó su hombre de confianza con la doctora del pueblo. Kojiro, al escucharlo, se sintió más aliviado. Lo que no se esperaba era que la doctora en cuestión, fuera tan hermosa como pudo constatar al verla aparecer.

Matsusoo tampoco esperaba tanta belleza en una sola persona. Sin embargo, una sola mirada de esa mujer le indicó que no venía a tontear y que ella se tomaba las cosas en serio.

-Por favor, necesito estar a solas con mi paciente.- dijo a los hombres en el cuarto. Matsusoo salió sin hacer comentarios.

Megumi se encontró ante ella a un hombre maduro, delgado y con mal aspecto físico. Parecía sumamente desgastado y por lo que él le contaba, antes de examinarlo, también estaría herido y mal cuidado. Sin embargo, por alguna extraña razón, ese hombre no estaba entregado a lo que podría ser un trágico destino. Sus ojos brillaban intensamente, tanto, que parecía que su cuerpo trabajaba sólo para hacerlos brillar.

-Me siento pésimo, pero no me puedo morir ni quedarme mucho tiempo a descansar. Necesito encontrar a la persona que más quiero.-

-Debe ser una gran persona si le pone tanto esfuerzo, a riesgo de su vida.- observó la doctora que le daba unos golpecitos en el estómago.- Usted necesitará por lo menos de un par de semanas en cama si quiere reponerse bien.-

Una herida en la espalda estaba infectada y Megumi tuvo que limpiarla y vendarla.

-Señor… -

-Kamiya. Kojiro Kamiya.- dijo el caballero. Megumi se sorprendió al notar que tenía el mismo apellido con el que se presentaba Kaoru, y le puso mayor atención a su cara, en busca de alguna similitud con ella.

-Usted debe guardar reposo. Si es un viajero y no tiene dinero para estar en este albergue, puede venirse a mi clínica donde le daré cuidados personales.-

-No puedo, señorita. Sólo hoy me permitiré el descanso. Mañana debo partir a buscar a… -

-Esto no es cosa de darse un plazo y pensar que mañana estará repuesto, señor Kamiya. Usted está malnutrido y si quiere que su cuerpo se reponga de lo que sea que le haya pasado…-

Kojiro se acabó de poner la yukata y cerrársela bien.

-No me tome por un hombre descuidado, señorita. Eso está lejos de mi forma de ser. Pero este último año ha sido por lejos, el peor de mi vida desde que murió mi esposa.-

Megumi pensó decirle que su vida privada le interesaba menos que una hoja cayendo de la rama de un árbol. Pero por alguna razón, algo tenía ese hombre que la hizo sentarse en la banca frente a él.

-Señorita doctora, peleé hace más de diez años en las batallas de la Restauración, del lado de los patriotas. Cuando todo eso terminó, me reuní en casa con mi mujer y mi pequeña hija. Juré nunca más matar a nadie y me he dedicado estos años a enseñar el arte del kendo de un modo que no ponga en riesgo la vida de las personas. Pero mi esposa murió y fui llamado no hace mucho a una nueva guerra en Boshin. No tuve muchas opciones ante el llamado, cerré mi escuela y dejé a mi querida hija en casa de mi hermano. Créame, esa muchacha es la luz de mis ojos. La razón por la que sobreviví a los combates y al hecho de tener, a fuerza, que romper mi juramento de no matar.

Mi hija es una mezcla perfecta entre mi esposa y yo. No sé a quien de los dos se parece más, pero es hermosa y buena. Me da mucha felicidad tenerla conmigo, porque veo en ella mi prolongación. Pienso que he peleado sólo para que ella viva en un mundo más feliz, y que a través de ella seré feliz yo.

La guerra terminó y yo estuve gravemente herido. Tanto, que estuve muchos días inconsciente, después delirando. Cuando pude pensar con claridad, mi única intención era volver a verla para saber si estaba bien. Sentía un desasosiego tan grande ante esta incertidumbre… la persona que cuidaba de mí me dio el alta a regañadientes ante mi insistencia. Ya puesto en camino me encontré sin nada de valor que pudiera dar a cambio de transporte y he caminado durante muchos días. Ahora, cuando he llegado a ver a mi hermano, me ha dicho que un demonio tiene a mi pequeña… necesito que mi cuerpo se reponga para ir a arrebatársela, pero no dispongo del tiempo que un hombre viejo como yo necesita.-

Megumi estaba boquiabierta. ¿Era acaso éste el padre de Kaoru? ¿Entonces los que estaban afuera eran los familiares?… en ese caso, ¿Por qué Kenshin tenía a la joven con él, la hacía disfrazarse y no se separaba de su lado, y exigía hermetismo en cuanto a la existencia de ella?

-Disculpe si la he aburrido con mi historia. Es que he cargado ya muchos días con angustia y… lamento si… -

-No me molesta.- Se apresuró a decir Megumi con sinceridad.- En lo absoluto. Pero dígame, ¿cómo se llama su hija?-

-Kaoru es su nombre.-contestó Kojiro.- Y sé que está por estos lados. Debo quitársela al de cabellos rojos. Sé donde vive, porque estuve con él. Si me llego a sentir mejor esta tarde, iré a por mi hija.-

Megumi no estaba segura de lo que allí pasaba, pero de momento, debía urgentemente subir a la montaña para hablar con Kenshin. Y para eso, necesitaba ganar tiempo.

-Hoy no está en condiciones de moverse. Sin duda es sensata su idea de descansar en este día, pero sería mejor si pudiera tomarse unos días más de descanso.-

-Pero yo no…-

-Conozco sus motivos y el por qué de su premura, pero tal como usted lo dice, en este momento ni siquiera para mí sería contrincante. De todos modos, haremos algo. Vendré a visitarlo esta noche o bien mañana temprano para evaluar su situación. Por favor, permanezca en este sitio. Le daré a la encargada del albergue, las pautas que debe observar para preparar sus alimentos.-

Kojiro asintió.

-Está bien. Esperaré por usted.-

Megumi salió de allí minutos después., sin detenerse a pasar por la clínica y pronto se encontró ascendiendo por la montaña donde Kenshin tenía su casa.

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-Ese asunto no es de tu incumbencia.- respondió Kenshin terco, mientras Megumi lo interrogaba sobre Kaoru.

-Claro que es de mi incumbencia. No sólo porque vengo a atenderla, le he procurado vestuario y otras cosas que me has pedido. Yo rara vez te hago preguntas, Kenshin Himura, pero ahora necesito saber por qué Kaoru está contigo. Tú antes no habías hecho eso con nadie que hubieras capturado.-

La doctora quitó la venda que cubría la herida de la joven y se dio cuenta, con cierta sorpresa, que la herida estaba muy bien cosida, limpia y sanando. Al parecer, Sanosuke no era tan tonto.

-¿Por qué estás aquí con Kenshin?- preguntó la doctora. Kaoru miró al pelirrojo, buscando algo en su rostro que le indicara si debía hablar. No encontró respuesta alguna y se mantuvo callada.

Megumi ya estaba harta de aquello. Tapó la herida y declaró que volvería al día siguiente. Se levantó y antes de salir del cuarto, citó a Kenshin afuera.

-¿Ahora me lo explicarás?- insistió la mujer.

-¿Por qué tanta insistencia con el tema? ¿Pasa algo en el pueblo que yo deba saber?-

Megumi era de esas mujeres que iba directo al grano. No se andaba con chiquilladas.

-Tengo un paciente que dice ser el padre de Kaoru. La está buscando y dice que se la viene a arrebatar al demonio de cabellos rojos.-

-Eso es imposible.- dijo Kenshin.- El padre de Kaoru murió en la guerra.-

-Dice que te conoce, además lo examiné y en efecto, tiene heridas y marcas de heridas concordantes con lo que pasa en una guerra. Pienso que ese hombre dice la verdad, y viene con un séquito de hombres a buscar a la chica.-

Kenshin lo pensó un poco. ¿Podía tratarse de Matsusoo?

-El padre de Kaoru murió en la guerra. Es todo lo que sé. Pero si esa gente anda por aquí, con Kaoru debemos movernos ya.-

Megumi se alarmó.

-¿Qué dices? Ella no se puede mover con esa herida. Deberá estar al menos unos dos o tres días en reposo absoluto.-

-Créeme que se puede mover. Yo mismo debía seguir luchando con todo tipo de heridas. Será cosa de vendarle muy bien y apretado ese abdomen.-

-Estás loco. Lo único que lograrás con eso es que su herida se infecte o se le salga una tripa. Y si eso pasa los dolores que sufrirá serán horribles.-

-No tengo opción.-

-Pero Kenshin, ese hombre decía ser su padre y pienso que…-

-Tú no pienses ni saques conclusiones de nada.- dijo Kenshin de manera arrogante.

-¡Si al menos me dijeras qué está pasando!-

El pelirrojo la tomó por los brazos.

-Si no te digo nada es por tu bien. Lo creas o no, te tengo aprecio y en este caso, mientras menos sepas, es mejor para ti.-

-Pero ese hombre… existe la posibilidad que en efecto… -

-¡No existe!.- rugió Kenshin perdiendo la poca paciencia que tenía, en vista de que tenía que salir de allí lo antes posible. Lo mejor era dentro de la próxima media hora. Intentó calmarse.- Lo único que puedes saber es que un pariente anda tras de Kaoru, que contrató un asesino para que nos rastree, que es contra quien pelee ayer. Es todo lo que debes saber para que te enteres de que Kaoru está en peligro constante y por eso debemos irnos ya de aquí. Asi que por favor, si vuelves a ver a ese hombre, o a quien sea que pregunte por ella, no des indicios de que la conoces, ni de mi tampoco.-

Algo de un loco asesino recordó Megumi que le había dicho Sanosuke. No podía creer lo que le había dicho Kenshin, pero lo mejor sería ser prudente con respecto a la chica.

-Está bien. Como tú digas.- La doctora se dio media vuelta para irse.- De todos modos, ten cuidado y déjala descansar. Les deseo toda la suerte del mundo. Ya veré cómo retener a Kojiro Kamiya para darte ventaja.-

Ante aquel nombre, Kenshin se volvió para mirar a Megumi, intrigado, pero ella ya iba varios pasos marchando por el sendero. ¿Kojiro Kamiya?

¿Acaso Matsusoo se estaba cambiando el nombre?

Pero por otra parte, Megumi había dicho que el hombre tenía heridas de guerra. Desde que él recordaba, Matsusoo Kamiya se veía en perfecta salud cuando se enfrentaron, no mucho tiempo atrás.

Además, ese tal Kojiro decía conocerlo. ¿De dónde?

¿Existía acaso la posibilidad de que el padre de Kaoru estuviera vivo y fuera ese hombre que la estaba buscando?

Kaoru amaba a su padre, eso Kenshin lo tenía muy claro. Tal vez debería investigar un poco más sobre el asunto en vez de largarse de allí. Pero… si en efecto ese hombre era Kojiro Kamiya… si estaba vivo, Kaoru ya no recibiría la enorme dote que le esperaba al cumplir su mayoría de edad. Y eso no era lo más grave ni lo que le preocupaba, porque seguramente Kaoru, al enterarse de la noticia, se pondría muy feliz. Tanto, que no dudaría en irse de vuelta con su padre a su hogar en Tokio. Y lo dejaría solo.

Y Kenshin no quería que pasara eso.

Entró con paso firme a la habitación de la chica.

-Kaoru, hay algo que debes saber.- dijo al despertarla, pues se había quedado dormida nuevamente.

-¿Qué cosa?-

El pelirrojo la miró unos segundos, antes de decidirse y responder.

-Este no es un buen lugar, ni seguro para que te recuperes. Nos vamos de viaje.-

La joven, desvalida, lo miró desde su futón. Suspirando, intentó sentarse y rápido, Kenshin llego hasta ella para ayudarla.

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-Creo que nos perdimos.- dijo Tsubame.- Ya hemos pasado por aquí.-

Yahiko se detuvo a analizar la situación.

-No puede ser. No podemos perdernos estando a punto de llegar.-

-Ahí vienen unas personas.- dijo la chica.- Yo les puedo preguntar sobre la casa de la montaña.-

A Yahiko le pareció una buena idea. Gracias a la amabilidad de Tsubame, habían contado siempre con gente dispuestos a ayudarles. Él en cambio era más tosco, asi que le dejaba lo de las relaciones sociales a ella.

-Buscamos a un señor llamado Himura, que vive por este lado en una casa de la colina.- dijo Tsubame a una bonita joven que se veía algo demacrada. Ella miró hacia su lado, a un hombre que llevaba un sombrero de paja puesto.

Kenshin examinó a la chica. Luego, más allá, notó a un muchacho.

-¿Quién lo busca?- preguntó. Yahiko se acercó a él con un presentimiento.

-Mioujin Yahiko, señor. Vengo de parte de Yukuisan Angi, buscando a nuestro protector.-

-¿Angi el pescador?-

Yahiko era un chico vivaracho que vislumbró un filtro en esa pregunta.

-No, señor. Hablo de Angi, el hombre que cuida niños huérfanos de la guerra.-

Kaoru miraba a los chicos y Kenshin entablando una extraña conversación. No entendía nada.

-Yo soy la persona que buscas.- dijo Kenshin, quitándose el sombrero y dejando ver sus rojos cabellos. La cicatriz en cruz iba debidamente tapada con una venda y no se la quitaría, pero Yahiko intuyó que se encontraba bajo ella, pues Angi como indicación, le dijo que la mejilla izquierda estaba herida.

-Le traemos una carta de Angi.- dijo Yahiko.- Ha sido una suerte encontrarle. Pensamos que nos habíamos perdido.-

-Kaoru, léeme la carta, por favor.- Kenshin leía, pero con dificultad debido a que nunca completó su educación. La joven hizo lo que le indicaban. Al parecer, un amigo de Kenshin solicitaba su ayuda, pues le arrebatarían el hogar de niños que tenía. Necesitaba que fuera a verle. -Muy bien… pues allá partiremos en este instante. Justo mi esposa y yo nos íbamos de viaje.-

Yahiko y Tsubame se miraron. Angi no les había dicho que su protector se encontrara casado. Quizá no lo sabía.

Kenshin por su parte iba más tranquilo. Una pareja con chicos no era algo que llamara la atención por aquellos caminos. Notó que Kaoru iba muy callada y al mirarla de reojo, notó que hacía una mueca de dolor que de inmediato intentó disimular. Preocupado ante ese hecho no tuvo más remedio que seguir caminando al lado de ella, pues tenían por delante algunos días de viaje.

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Kojiro miró esperanzado a Megumi cuando ella entró en su cuarto para revisarlo. La doctora lo miró especulativo. ¿En verdad esa persona había contratado a un asesino para rastrear a Kaoru? No lo parecía y sin embargo, podía ser posible.

-No está nada bien.- dijo al escuchar su corazón y pulmones.- No puede salir mañana, señor Kamiya. Usted tiene una seria infección .-

El hombre sólo apretó los puños en torno a su ropa de cama. Motivada por cierta congoja, Megumi, que no era dada a ese tipo de emociones, se sorprendió al decir que lo lamentaba.

-Está bien, doctora. Tal vez deba ir mi hermano solo a buscar al demonio. Está tanto, o más preocupado que yo por Kaoru. La quiere como si fuera una de sus hijas.-

Megumi sonrió, cosa poco habitual en ella.

-Hablaré con su hermano sobre su condición.-

-No se preocupe.- dijo Kojiro.- Después de todo, venimos con un pequeño ejército para pelear contra aquél que se robó a mi niña. Sólo espero que ella esté bien. Le daré a mi hermano las indicaciones para llegar hasta el lugar donde vive ese demonio… -

En las condiciones en las que estaba Kaoru, Megumi suponía que a pesar del día de ventaja, poco podían haber avanzado. Necesitaba darles más tiempo.

-¿Qué tal si viene a mi clínica, señor Kamiya? Seguramente de aquí a tres días más se encontrará usted en condiciones de ir a donde quiera, ya que allá tengo los medios para combatir esa infección que usted tiene. Dígale a su hermano que lo lleve hasta allá en este momento. Los esperaré para guiarlo a mi clínica.-

Si lo sedaba, tal como hacía desde esa mañana con Chizuru, no tendría problema. El hermano jamás sabría de la casa en la colina.

Kojiro miró a la doctora con cierta esperanza en sus ojos. Ella lo ayudaría a sanar para dar con Kaoru. Le sonrió con sinceridad.

-Estaré muy agradecido, señorita doctora.-

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Sanosuke no había alcanzado a decirle las palabras de Sayo a Kenshin, pues, cuando despertó de su siesta, ya eran cerca de las tres de la tarde y la casa del pelirrojo estaba vacía de nuevo. Megumi le comentó que se había tenido que ir de allí apresuradamente.

-¿Hasta cuando pensará huir con la chiquilla? Además, no ha sido sensato llevársela en ese estado. Si bien dice que él ha soportado el mismo tipo de herida, su cuerpo siempre ha estado acostumbrado a esos esfuerzos. Dudo que el de Kaoru si.- comentó a Megumi. La doctora le había dado la razón. -Debe estar muy desesperado por algo, que no está razonando como debiera.-

-A mi también todo esto me parece extraño. No puedo comprender… Kaoru no es como los anteriores trabajos de Kenshin.-

Sanosuke recordó que la noche anterior, en medio de su desespero por la herida de la joven, el pelirrojo había confesado cuánto la amaba. Se lo comentó a la doctora.

-Es que… no sé… tantas precauciones para mantener a Kaoru oculta. Pareciera que ella lo sigue por voluntad propia, pero… no sé. Si no fuera por ese detalle, pensaría que ella está secuestrada o es su prisionera por algo. Esto es muy extraño.-

Rato después, Megumi se había ido a ver a Kojiro Kamiya, el hombre que decía ser el padre de Kaoru y él se fue a la clínica a ver a Sayo. Cuando entró al cuarto, la joven estaba sentada, esperándolo cerca de la ventana, con una manta sobre las rodillas y otra sobre los hombros. Parecía un ángel al ser bañada por la luz del atardecer.

Tímida, la joven sonrió.

-Intenté ponerme bonita como me había dicho, pero esta no es mi casa y no puedo hacer gran cosa.-

¿Gran cosa? Con sus mejillas teñidas de carmín y aquellos rizos castaños enmarcando su rostro, Sanosuke dudaba que hubiera en el mundo algo más bonito que mirar. Se acercó hasta ella dando grandes zancadas y se sentó frente a ella en otra silla.

Hace unos días atrás, cuando Megumi le dio calabazas, hizo un viaje para quitársela de la cabeza. No podía creer que mirando a Sayo, pareciera que eso hubiese sido muchos años atrás.

-¿Asi que ya te sientes mejor?-

-La doctora dice que debo hacer un día más de reposo y luego mandaremos a llamar a mi abuelo para que venga a buscarme.-

-Me alegro mucho.-

-Yo también. Me gustaría mucho ver al abuelo y decirle que estoy bien, pero no tengo como comunicarme con él.

-Eso no es problema. Escríbele una carta y yo veré que se la hagan llegar.-

-¿Es cierto eso? ¿Se puede?-

-Para mi no hay imposibles, chicuela. Eso debes saberlo.-

Sayo sonrió. Impresionado, Sanosuke notó que aún podía verse más maravillosa.

-Señor Sanosuke… no puede usted siquiera imaginar lo agradecida que estoy de usted. Ha sido muy bondadoso conmigo.-

Se sintió tentado de tomar unos de sus rizos entre los dedos para retorcerlo y estirarlo, pero se contuvo.

-No te preocupes, muchacha. Ha sido un placer ayudarte, y no necesito que me lo agradezcas. Con una de tus sonrisas me siento pagado.-

La puerta de entrada sonó y Sanosuke se puso de pie. Seguramente se trataba de Megumi. No tardó mucho en comprobar que tal cosa era verdad, pero además, venía con un paciente que se veía bastante pésimo. Lo acomodaron en un cuarto junto al de Sayo y de inmediato Megumi le dio varios medicamentos, uno de los cuales lo hizo dormir.

Para Sayo no pasó desapercibido el que Sanosuke corriera a ver a la doctora y recordó todos los reclamos y regaños que ella le hacía al joven, que él toleraba sin apenas chistar. Quedó más que claro que a Sanosuke le gustaba, y era que no, siendo ésta una mujer hermosa como pocas se habían visto, con carácter y decidida. No sería se extrañar que Sanosuke se fijara en una mujer así, y no en una muchacha simple como ella.

Pero no se abatiría por eso. Si Sanosuke quería a la doctora, ella lo ayudaría en lo que pudiera.

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Tsubame no entendió por qué, llegada la noche, Kenshin prefería pasar la noche durmiendo en el camino que en un albergue con su linda esposa. De todos modos se guardó su comentario y buscaron un lugar donde descansar. En cuanto los chicos se durmieron, Kenshin, que tenía los ojos cerrados, se incorporó sobre Kaoru y le abrió la ropa, notando de inmediato la enorme cantidad de sangre que había en las vendas.

La chica, que apenas había hablado durante el día, abrió los ojos.

-¿Por qué no me dijiste nada?- le preguntó Kenshin susurrando.

-No nos podíamos detener. Ya mucho te he retrasado. Lo lamento.-

Kenshin por un momento sintió ganas de gritar de rabia contra él mismo. Debió quedarse en su casa para investigar a Kojiro Kamiya, en vez de traerse a Kaoru, arriesgando su salud. Pero eso era arriesgarse a perderla y no quería que eso pasara.

-Te pondrás bien, Kaoru. Ya lo verás. Yo te cuidaré.-

Le quitó las vendas con dificultad, ya que por la sangre, en alguna parte de la herida la tela se había quedado pegada y tuvo que tirarla, arrancando un gritito y unas cuantas lágrimas de Kaoru. No veía mucho, pero lo poco que se veía no estaba bien. Hirvió agua en un pequeño contenedor metálico que traía en su equipaje y limpió lo mejor que pudo la herida. No la cubrió de inmediato, salvo con la ropa de la muchacha. Se tendió al lado de ella y atrajo su cabeza hacia el hueco de su hombro.

-Esto va a pasar, va a pasar, ya lo verás. El dolor siempre termina yéndose de alguna manera.-

Y la besó en la frente.

Pronto bajó a sus labios, deteniéndose sobre ellos un largo rato.

-Yo voy a protegerte, hoy y siempre, Kaoru. Sólo yo.- murmuró. La joven simplemente se dejó besar.

Sin embargo, repentinamente, Kenshin se puso tenso. Kaoru preguntó si pasaba algo.

-Ninjas.- repuso él entre dientes.- No te muevas, está bien?-

La joven cerró los ojos por toda respuesta.

Misao, que acompañaba a Beshimi y Hyotoko en su exploración buscando un lugar para dormir, se fijó repentinamente en las personas que dormían cercanos a una fogata. Se bajó del árbol en el que se encontraba y corrió hacia ellos, arrastrando a sus protectores que la siguieron para cuidarla, pero rápido se encontró con el acero en su garganta de un hombre que al parecer le cortaría el paso.

La chica lo miró con atención. Bajo la luz de la fogata, su cabello rojo resplandecía como una lengua de fuego más.

-Un demonio de cabellos rojos… - murmuró para sí, sintiendo el frío metálico.- Tú eres quien la tiene, ¿no?-

Kenshin no tenía la más mínima idea de quién era esa muchacha tan menuda.

-No tengo intenciones de dañarte. Retírate en paz con tus hombres.- dijo. Pero Kaoru, que había escuchado todo desde su lecho, con cierta dificultad se sentó, y Misao le echó un ojo.

-¿Kaoru?… -

-Misao… - los ojos de ambas jóvenes se arrasaron en lágrimas.- Oh, Misao… -

Ante la actitud de Kaoru, Kenshin, que ya era amenazado de muerte por los ninjas, bajó su espada y Misao corrió a los brazos de su querida prima. Pero de pronto, la expresión de Kaoru se llenó de pavor.

-¿No estás con el tío, verdad?-

-No, Kaoru, de ninguna manera.- contestó la pequeña joven con emoción.- Me escapé de mi casa y vine a buscarte para brindarte mi ayuda. ¡Qué coincidencia más maravillosa hallarte en este lugar!.-

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Irritado, Matsusoo salió de la clínica tras constatar que su hermano dormía como un bendito, y se dirigió, molesto, hacia una taberna donde pidió tanto sake como para emborrachar a un ejército. El estúpido de Kojiro ni siquiera le había dado una seña para llegar hasta donde Kaoru por sus propios medios.

-Le propongo un negocio.- dijo un sujeto que se sentó al lado de él en el apartado. Matsusoo lo miró con indiferencia.

-No veo qué negocios pueda hacer contigo.- dijo, tomándose una copa de sake.

-Sé dónde vive Himura Kenshin.-

-¿Y qué puede importarme a mí tal sujeto?- inquirió Matsusoo sin dejar de beber.

Iizuka se levantó.

-Lo escuché hablando anoche sobre un demonio de cabello rojo. Pensé que podía interesarle conocer a mi amigo Kenshin: Pelirrojo y con una cicatriz en cruz. Trabaja buscando a personas por recompensas y lo he visto no hace mucho con una chiquilla. En fin, si no le interesa, en verdad que no hay trato.-

Matsusoo de inmediato se puso de pie.

-¡Espere!.-

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Fin acto catorce

Huyendo

Marzo 30, 2010

Notas de Autora:

Hola!!!

Lamento profundamente si las perturbé con mi super idea para expiar mis culpas. Debo y quiero aclarar que soy una mujer de 28 años, casada, con un trabajo y por ende, aunque pudo parecerlo, nunca fue mi intención tratar de llamar la atención con lo que les he comentado. Si bien sigo pensando igual, estoy esforzándome para no llegar a tener que hacer ningún autocastigo. Y es así como ya ha visto la luz el capítulo 14.

La razón de tanta congoja de mi parte, por así llamarlo de algún modo, es que cuando inicié el proyecto "Prisionera", la intención era dar una respuesta a muchas historias que yo había leído de Kenshin y Kaoru en que él la raptaba por algún trabajo y la mantenía cautiva, en la que se empezaban a enamorar. Hasta el momento en que inicié este trabajo, ninguno de aquellos fics que les comento había sido terminado, ni hasta el día de hoy. Yo quería hacer algo con esa idea y finalizarla, pero no lo he hecho, y por eso me siento mal. De todos modos el camino no ha sido tan fácil, pues en este periodo me he casado, pasado por momentos malos e iniciado una empresa. Mi vida ha sido fructífera en cierto modo y desearía que mi escrito también.

No quería preocuparlas. Lo lamento mucho.

En fin :D

Este capítulo en lo personal me ha parecido interesante, pues, en cierta forma, cambia un poco la trama. Kenshin sospecha que el padre de Kaoru puede estar vivo, pero deliberadamente, decide no dar a conocer esa noticia. Por otra parte, me ha sorprendido gratamente el personaje de Sanosuke. Cuando lo introduje en la trama, sería el amigo gracioso y bueno para los combos y las patadas de Kenshin, sin embargo, parece que el chico sabe bastante más de lo que aparenta sobre medicina, de tanto mirar a Megumi. Creo que es alguien que como Misao, me motiva, pues es mucho más de lo que a simple vista se puede vislumbrar.

También me gusta pensar en una relación entre Sayo y Sanosuke, aunque seguramente ella deberá regresar donde su abuelo primero. Sobre Chizuru, tengo algunas ideas, pero no estoy muy convencida del todo de hacer lo que pretendo hacer. De todos modos adelanto que Chizuru no morirá, ni por mucho que la odien.

Bien, las dejo y me retiro. Tengo una cantidad despiadada de platos sobre el lavaplatos y si bien mi esposo no reclama por la falta de aseo, tampoco coopera con eso, asi que… ¡a lavar, iojojoi :D

Muchas, y enormes gracias a quienes me han escrito :D

Otra cosa, antes de irme. Desearía, quizá es una idea tonta, pero me gustaría recomendarles un tema que en mi país se ha tomado un poco como esa canción que nos motiva a todos a seguir en pie. Se llama "Arriba la vida" de Croni-k. Si no es mucho pedir, desearía que la escucharan. También quisiera recomendarles, y esto lo tienen que ver si les gusta Rurouni Kenshin, es un video clip. Búsquenlo en Youtube bajo el nombre de "Domoto Koichi - Kagen no Tsuki"

Cariños.

Blankaoru