Prisionera

Acto quince

Angie y Tsubaki.

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Sentía que si cerraba los ojos y deseaba lo suficiente, con todas las fuerzas de su alma, las circunstancias podrían cambiar y serían muy diferentes a las actuales, pero la experiencia que de sobra tenía con estas cosas le indicaba que en algún momento se acabaría el sueño y experimentaría nuevamente el vacío: Esa sensación de que algo real e importante le faltaba en su vida, en el alma, entre los brazos.

Seguramente eso lo hacía olvidarse de la cautela, para arrebatarle a la vida lo que le estaba mostrando. Sabía que estaba corriendo un riesgo muy alto con lo que hacía, o más bien, omitía, pero tratándose de Kaoru, Kenshin esta vez no estaba dispuesto a perder. Esa mujer sería suya, estaba decidido. Haría cualquier cosa por tenerla a su lado.

Cualquier cosa, por Kami. Cualquier cosa.

Misao, recién despierta se acercó al pelirrojo. Despuntaban los primeros rayos del sol que se filtraban tímidos entre la espesura del bosque, pero no eran suficientes para espantar el frío.

-¿Ha dormido bien?- preguntó a Kenshin, pasándole una taza con agua caliente para beber.

-No ha despertado.- repuso el aludido.-Es una mujer muy fuerte.-

La noche anterior los ninjas se vieron en la obligación de cerrarle la herida de una buena vez a lo bruto. La espada de Kenshin calentada al rojo vivo sirvió para tal cosa, después de adormecerla con algo que llevaba Hannya y que resultó muy efectiva, porque ni pataleó aún cuando todos sintieron el impregnante olor de la carne quemada.

Asi pues, pospusieron las presentaciones y narraciones de historias para la siguiente noche, en que tomarían un descanso, si bien se moverían en la dirección que marcaba el demonio de cabello rojo.

-Himura.- dijo Misao.- Creo haber dejado a Hannya y a Beshimi a cargo de Kaoru para que durmieras.-

Kenshin no dijo nada, sólo se limitó a beber su agua y comer de algo que le dieron los ninjas. Luego de un rato preguntó en qué se llevarían a Kaoru.

Shikijo, una mole de músculos, se ofreció a cargar a Kaoru en su espalda, porque para soportar el dolor del hierro al rojo, Hannya le dio una dosis que la haría dormir hasta la tarde. Sin embargo Kenshin deseaba cargarla, pero tuvo que reconocer que su propio desgaste físico era tal, tras los días que había vivido, que no sería capaz más que de dar un par de pasos con ella sobre él.

Yahiko y Tsubame a su vez no entendían nada de lo que pasaba, pero llegaron a una conclusión: El pelirrojo era su única esperanza y al parecer tiene amigos con habilidades especiales, lo que era genial porque pronto saldrían del problema que se les había presentado.

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-¡ME ENGAÑASTE!-

Matsusoo estaba a punto de estallar en cólera. No podía ser que haya caído con la historia de Iizuka. ¡En esa casa de la colina no había nadie! Fuera de sí, desenfundó su puñal y apuntó al traidor, mientras sus hombres hacían lo mismo.

Izuka, nervioso, trató de defenderse.

-Es cierto que ahora no hay nadie, pero sé que viven aquí.-

Matsusoo no estaba para ser engañado.

-No me interesa que vivan aquí si en el momento en que vengo, no están.- dijo irguiéndose sobre el traidor con la espada levantada. Iizuka notó que el hombrón iba en serio y si bien podía escapar de él, dudaba tener tan buena suerte con el resto de la banda.

-Tal vez salieron, señor Kamiya. Uno nunca sabe… Kenshin va mucho al río, queda por acá, tan solo a… -

-Llévame.-

Nervioso, a poco andar, Iizuka trató de correr, pero pronto, uno de los sirvientes le dio alcance.

-¿Me querías estafar, no? Maldito…-

Matsusoo ya no estaba para chiquilladas.

-Señor, yo le puedo asegurar, por mi vida que… -

No siguió hablando al sentir de lado a lado, el frío del acero atravesando su garganta.

Su cuerpo de congeló y su propia sangre lo ahogó en cosa de segundos. Un sirviente de Matsusoo limpió tranquilo con su pañuelo la espada manchada, en momentos en que otro sirviente hacía su aparición.

-Jefe… encontramos algo. Vendas con sangre y un kimono que pensamos, podría ser de la señorita Kaoru.-

De inmediato Matusoo corrió al interior de la casa donde pudo comprobar que el kimono en cuestión si era de su sobrina. Por un momento se arrepintió de haber dado muerte a Iizuca, pero ya no podía echar pie atrás con eso. Salió de la casa con las cosas de Kaoru y ordenó que el cuerpo fuese enterrado por ahí o bien que lo tiraran en medio del bosque para que los animales se lo comieran. En verdad, le daba lo mismo.

Mientras bajaba la colina con las prendas en la mano, pensó en sus posibilidades de encontrar a Kaoru: habían dado con una valiosa pista, sin duda había estado en la casa de la colina. Lo que lo desconcertaba eran las vendas con sangre, no podía comprender eso. De todas maneras, existía siempre la posibilidad de que regresaran a ese sitio. El finado Iizuka le había asegurado hasta la muerte que ese lugar era la residencia permanente de Kenshin.

-Makoto.- Llamó Matsusoo.- Quédate por acá cerca y me avisas de sobre si hay movimiento. Elige al compañero que desees.-

Makoto hizo caso y se apostó junto a Ji´nya en una orilla del camino. Mientras, Matsusoo y el resto de sus hombres regresaron al poblado.

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-Esto está mal.- dijo Akira a su hermano segundo, Shinishi, mientras estudiaban la contabilidad de la casa.- Nos estamos quedando sin dinero.-

-Pero es imposible, este año las cosechas fueron muy buenas y las que están por salir no han tenido inconvenientes. ¡Estos han sido años provechosos! Pero no comprendo por qué nuestro padre… -

Akira se levantó de la mesa en que estudiaba los papeles.

-Misao y Kaoru se han ido, y nuestro padre tras ellas, llevándose a la mayoría de nuestros sirvientes. Cada uno de ellos gasta y consume, aún siendo lo mínimo.-

-Pero ya faltaba dinero en las arcas desde antes de que papá se fuera con sus hombres.- repuso Shinishi. -Y la verdad, yo no dejo de pensar en que… - se detuvo. No estaba seguro de querer verbalizar lo que pensaba.

-¿Qué? ¿En qué no dejas de pensar?-

-Poco antes de irse, Misao siempre nos decía que papá estaba obsesionado con nuestra prima Kaoru.-

-Es verdad.- dijo Akira apartando su atención de las cuentas por unos momentos.- Yo también lo escuché.-

Shihishi tomó aire. Nunca había hablado las cosas que pensaba decir con nadie antes.

-¿Recuerdas que cuando el tío Kojiro trajo a la prima Kaoru, papá dijo que la cuidaría como si fuera una de nuestras hermanas? ¿Y que tiempo después la puso al servicio de toda nuestra casa?-

Akira evaluó lo que su hermano trataba de decirle.

-¿Y bien?.-

-Yo nunca he sido como Misao, que va y dice lo que piensa, y la verdad ahora me arrepiento de eso. Antes de que Kaoru fuera puesta como sirvienta, nuestro padre la llamó a su cuarto. Se abalanzó sobre ella y le dio a elegir entre ser la señora de la casa o la sirvienta, con unos cuantos besos de por medio. Kaoru eligió servir y salió corriendo de allá. Las noches que siguieron fueron un duermevela para la prima, porque nuestro padre solía meterse en su cuarto. Misao decidió ir a dormir con ella para cuidarla… -

-Entonces, tú dirías que nuestro padre desea a nuestra prima.- dijo Akira con severidad.

-La paliza que le dio a Misao en cierta ocasión fue por impertinente, por no dejarlo… estar a solas con ella.-

-De todas maneras ese era un problema entre nuestro padre y Kaoru. Misao no debía meterse.- Akira regresó a sus cuentas, sin embargo, Shinishi no podía cerrar el tema.

-Cuando la madre de Misao murió y todo salió mal y quedamos empobrecidos, papá nos llevó a todos los hermanos a casa del tío Kojiro mientras elevaba las finanzas. ¿Sabes? Es una de las mejores etapas que recuerdo. El tío Kojiro y su esposa siempre fueron amables con nosotros, y Kaoru era como una hermana más. Jugábamos hasta tarde, el tío Kojiro nunca nos castigó…, pero aquí muchas veces Kaoru no se podía ni levantar cuando la golpeaba nuestro padre.-

Akira pareció reflexionar con esos recuerdos, aunque tardó un poco.

-Tienes razón. Kaoru no se merecía nada de eso.-

Shinishi se aventuró.

-Nuestro padre no se fue tras Misao. Se fue tras Kaoru. Sabemos que hizo tratos con un asesino buscado para que de con ella. Creo que la partida de Misao le dio la oportunidad de irse a buscarla bajo otra excusa. Pero además, creo firmemente que nuestro padre está dilapidando nuestra fortuna. Si queremos tener una dote para nuestras hermanas y para nosotros, debemos actuar ya y tú tienes ese poder. Papá te dejó a cargo de todo. ¡Da la orden de que no se siga pagando más con el dinero de nuestra familia, o toma todo lo que hay y escóndelo!-

Akira bajó la mirada.

-Fue lo primero que hice apenas padre se fue con todo ese gentío y vi el estado de las cuentas. Desde entonces algo nos hemos recuperado. Papá se fue con mucho dinero, ignoro cuánto tardará en gastarlo, pero te aseguro que nos enteraremos en cuanto él lo haga.-

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Tras varios días de marcha se dieron algunas cosas especiales. Por ejemplo, Misao y compañía acabaron por aceptar a Kenshin como un amigo de Kaoru, pues cuando ésta pudo sostener una conversación medianamente larga, pudo poner a su prima al corriente de la parte "contable" de sus aventuras.

Desde luego, Kaoru también fue puesta al tanto sobre las raíces ninja de Misao, lo que explicaba quiénes eran esos sujetos de apariencia tan extraordinaria que la escoltaban y obedecían. Pero sin duda, lo que más sorprendió a Kaoru, es que el serio, amable, cuidadoso y educado Aoshi Shinomori, su prometido, fuera un ninja más.

A Kenshin no le gustó eso de que el prometido de Kaoru haya llegado junto a ellos y ya pensaba rebanarle el cuello cuando notó que algo se traían la prima y el prometido. Recordó entonces que al conocerse, Kaoru le dijo que ella no podía casarse con Shinomori porque era el hombre del que estaba enamorada su prima, misma que sería capaz de hacer cualquier cosa por ella.

Y vamos, que oponerse al padre, reunir un ejército ninja y salir en busca de ella por los caminos entraba perfectamente en la categoría de "cualquier cosa"

Finalmente, aceptaron todos acompañar a Kenshin hacia la casa de Angie Yukuizan, un buen amigo suyo que estaba en dificultades, recibiendo las gracias de Yahiko y Tsubame.

Suspirando, Kenshin miró a su mujer caminando a su lado y riendo con algo que le dijo Hannya. Era hermosa y sin duda estaba mucho más repuesta de su herida, aunque a veces la oía quejarse quedo, pero su ánimo estaba inigualable con la aparición de la prima. Adoraría poder ir con ella a un lugar en el que pudieran estar solos como antes, en su casita, cerca de la poza o en su habitación. Se reprochó a si mismo desperdiciar el tiempo buscándole bronca a la muchacha, y de no haberla tomado en brazos ni hacerle el amor como un loco cuando finalmente pasó la primera noche durmiendo con ella. Tenía la sensación de que lograr ese tipo de intimidad nuevamente no sería tan fácil ni sería tan pronto como él quería. Tenía la idea de que de alguna manera las cosas se iban a torcer y él necesitaba estar alerta para evitar un descalabro que los afectara.

Pero mientras la primita y el prometido siguieran mirándose como tontos mientras caminaban, sabía que por ese lado no tenía que preocuparse.

Los ninjas lucían como perritos falderos de la prima. Al parecer por ahí estaba todo en orden.

Lo de Angie seguramente lo resolvería en un día o dos.

-Mi padre era el mejor en hacer esa suerte.- dijo Kaoru entre risas, contando la historia de una rábano que al ser cortado en dos podía ser unido nuevamente. Entonces, algo hizo clic en la cabeza de Kenshin.

Existía la tremenda posibilidad de que el paciente de Megumi fuera el padre de Kaoru. Y tarde o temprano, Kaoru se enteraría de eso.

La miró de reojo nuevamente. No se lo diría. No hasta estar seguro. Podía enviar una nota a Sanosuke para que investigara. Era tan fácil como preguntarle a ese sujeto qué nombre tenía su hija.

Cerca del anochecer llegaron finalmente a destino. Una decena de pequeños mocosos salieron a su encuentro, y entre ellos, una chiquilla espigada, de cabello corto y de unos dieciséis años se acercó a Kenshin.

-Sea usted bienvenido, señor Himura. Angie está ocupado en el río, pero viene pronto.-

-Me alegra ver cuánto has crecido, Tsubaki.- la saludó el pelirrojo.- Vengo con mi mujer, con unos parientes de ella y unos amigos ninja.

A Kaoru un escalofrío le recorrió la espalda ante esa presentación. Misao la miró con estupefacción. Esa parte de la historia, Kaoru no se la había contado.

Tsubaki contó a las personas y preocupada, pensó que eran demasiadas tomando en cuenta el alimento que les quedaba. Si el señor Himura sabía que no estaban bien de finanzas, ¿por qué trajo tanta gente?

La joven llevaba las cuentas de la casa de niños mejor que la señora Ueda. La última regenta, que se estaba haciendo recortes de dinero con el arroz de los pequeños. Tsubaki la descubrió con sólo doce años y le tendió una trampa para que Angie viera la verdad. El enorme hombre la echó sin dudarlo, pero tuvo muchos problemas para que el dinero que reunía le alcanzara para alimentar a sus chicos.

Fue Tsubaki la que, tratando de enseñarle, se quedó con el puesto de administradora de la casa. Muy joven olvidó los juegos y se preocupó de alimentar a sus amigos. Iba al mercado y regateaba y conseguía buenos precios y a veces, hasta quedaba dinero para guardar y ocupar en alguna emergencia. Tal vez por eso su rostro infantil tenía una expresión adulta que Misao no tenía y que en Kaoru se podía vislumbrar.

-Necesitamos dónde dormir. Del alimento nuestro nos ocupamos nosotros para no causar molestias.- dijo Kenshin tranquilo, pues habían hablado el tema con los ninjas. De hecho, Misao insistió en que "sus" ninjas ayudaran a los huerfanitos.

El alivio fue evidente en el rostro de Tsubaki, aunque también un poco de vergüenza.

Mientras se presentaban los niños con los viajeros, llegó Angie. Un tremendo hombre, más alto que Sanosuke y con una armadura de músculos tal que Kaoru se ubicó tras la espalda de Kenshin. Sin embargo, al detenerse y sonreírles, la joven supo que el caballero era un ser mansito.

Se saludaron afectuosamente con Kenshin. Y éste nuevamente le presentó a Kaoru como "su" mujer.

Kaoru ya estaba un poco cabreada de eso. ¿Y su reputación qué? ¿Qué acaso él no pensaba? Si quería presentarla como su mujer a medio mundo, bien podía irse casando con ella de una vez, pues eso era lo decente. Ya entonces se pondrían al día con eso de ser mujer de Kenshin y el hombre de Kaoru.

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Después que los niños se acostaron y todo quedó en relativa calma, Kenshin y Angie decidieron tomarse unas copas de sake. Aoshi y los ninjas fueron invitados mientras Misao se ocupaba de la herida de Kaoru y Tsubaki, de verificar que los niños dormían.

-Veo que has seguido entrenando, Angi.- dijo el pelirrojo tras la primera copa.

-Con un cuerpo como éste no necesito pelear. Nadie se me acerca. Y aún los músculos me protegen, porque hace un tiempo un hombre quiso romperme un palo en la espalda y lo logró, solo que yo ni lo sentí. Cuando me di vuelta para enfrentarlo, salió corriendo. Puedo seguir siendo pacífico y seguir las enseñanzas de Jesús, solo que últimamente no es tan fácil.-

-Ya veo. Tienes un problema.-

De fondo se oía el ruido de una cascada cercana, mientras Angie llenaba por segunda vez su diminuta copa. Su gesto se endureció y Aoshi lo estudió con detenimiento.

-Hace unas semanas me llegó el rumor de que este lugar tendría un nuevo dueño. Ya sabes que este sitio no le pertenece a nadie, pero de alguna manera una persona se está tratando de hacer de él. Pensé que si reuníamos dinero, podíamos comprarlo nosotros para permanecer aquí, por eso te mandé llamar para pedirte un poco.

Kenshin iba a decir que tenía el suyo a disposición, cuando Angie abrió la boca.

-Ayer supe que habían comprado el terreno, de modo que hoy fui a hablar con el nuevo dueño para ver si nos permitía quedar. Dijo que si, siempre que le diéramos parte de nuestras ganancias. Como comprenderás, yo no gano nada haciendo esto, fuera de la satisfacción de ayudar a los niños que perdieron familia en las guerras, pero luego apareció otro hombre tan grande como yo y me retó a pelear. Se llamaba Senkaku. Le dije que no me gustaban las peleas y en eso apareció otro sujeto a decirme que podía unirme a ellos y ayudarlos en lo que se proponían.-

Kenshin tuvo la sensación de que estaba pasando algo grande tras la compra de los terrenos y el ofrecimiento a Angie.

-¿Y qué respondió usted?.- preguntó Aoshi interesado.

Angie se sacó el paño que le cubría la cabeza afeitada y lo dio vuelta entre sus manos.

-Jesucristo dice que debemos amar a nuestros enemigos, y su Padre dice que no debemos matar. Era precisamente eso lo que me ofrecían estos hombres: Unirme a un ejército de oposición al gobierno.-

Últimamente se formaban varios de esos, pensó Kenshin, y normalmente quedaban en nada. Pero un detalle que daría Angie le dio a entender que la cosa no sería tan sencilla.

-Finalmente escuché al irme, "Al señor Shishio no le gustará esto". Sé que he escuchado antes ese nombre, sólo que no recuerdo dónde. No es muy común.-

-Espero que no se esté refiriendo a Makoto Shishio.- dijo Aoshi un poco tenso. La luz se hizo en la cabeza de Angie.

-Ese era el nombre que me faltaba para recordar… ¿cómo lo conoce usted?.-

-Hace dos años mi padre me habló de él. Al parecer fue un hitokiri.-

Kenshin se levantó muy serio, pero Aoshi siguió hablando.

-Al parecer era un asesino en las sombras extremadamente inteligente y ambicioso, y al terminar la guerra, conocía los secretos sucios de las personas que integraban el nuevo gobierno. Tenía la intención de usar esos conocimientos para extorsionar, hacerse rico o conseguir un cargo importante, pero al recibir una y otra vez negativas, se puso revoltoso. El gobierno lo consideró un verdadero peligro y lo apresaron, le prendieron fuego y lo dejaron quemándose.

Beshimi, que escuchaba atentamente a Aoshi, prosiguió con lo que sabía él.

-Dicen que asumieron que moriría y lo dejaron solo, revolcándose cerca de un río. Regresaron al día siguiente y no lo encontraron, aunque asumieron que se lo comió un animal. Yo no creo eso.

-Yo escuché hablar de él cuando estaba en el ejército, donde conocí a Kenshin.- dijo Angie.- pero como sea, tengo que salir de aquí con mis niños. ¿A dónde? No sé. Pero no puedo arriesgarme a que nos pase algo nuevamente.-

Esta vez Kenshin tomó la palabra para orientar a Aoshi.

-Los niños huérfanos no le gustan a todo el mundo, Shinomori. Hace unos diez años, en un pueblo, mandaron a quemar la casa de niños de Angie al descubrir que seguía enseñanzas budistas, porque eso les dio la excusa de declararlo una abominación que debía ser masacrada. Lo golpearon con un palo en la cabeza cuando verificaba los campos y lo dejaron inconsciente. Luego le prendieron fuego a la casa.

-Solo mi niña Tsubaki se salvó.- comentó Angie un poco compungido.- Pudo escapar por un agujero en la pared, pero a los demás niños los alcanzaron las llamas. Nos fuimos de ahí para empezar de nuevo.

-Pero entonces… y sé que no es lo más relevante.- apuntó Hannya sentado junto a Aoshi.- ¿Usted era budista y ahora… cree en el dios de los occidentales?-

-Los occidentales creen en un dios llamado Jehová, cuyo hijo es Jesucristo. Y yo creo en ellos, desde que llegó a mis manos una biblia cuando pasé por Shimabara con Tsubaki. Buda no salvó a mis niños por más que se lo imploré esa noche, pero en esa biblia había una promesa de que algún día las lágrimas se irían, que hay un Dios que nos pide amarnos los unos a los otros… que no le gusta la violencia ni que guardemos en nuestro corazón las ansias de venganza… Escondí la biblia entre mis ropas y cargando a Tsubaki llegamos hasta aquí. Mi pequeña me ayudó un poco en la construcción de la casa y durmió conmigo hasta que cumplió diez años. No quería alejarse de mí, porque decía que venían las llamas. Ahora ella me ayuda a cuidar de mis niños. Dios me ha bendecido con esa chiquilla, desde que le oramos para contarle nuestros problemas. Desde luego, señor Shinomori, señores Hannya, Beshimi, Hyotoko y Shikijo, espero de ustedes discreción en cuanto a este tema. Aún los cristianos son malmirados.-

-Cuente con ello.- dijo Hannya.

Kenshin no creía en muchas cosas, y por eso le tenía un poco de envidia a Angie. El devoto cristiano también fue un asesino de las sombras y luego un soldado, como Kenshin, pero siempre parecía estar más en paz con la vida y más contento. A veces Kenshin se sentía tentado de pedirle prestada su vieja biblia a ver si él también encontraba la paz que ya tenía su amigo, pero finalmente no lo hacía.

Aunque no era tan extraño. Angie tenía a Tsubaki a su lado y a sus niños. Kaneda tenía a sus nietas. Tal vez simplemente se trataba de viajar por la vida con una agradable compañía.

Pensó en Kaoru.

-¿Sabes, Angie? Creo que lo mejor es salir de aquí y evitar todo tipo de conflicto. No tenemos como saber que ese Shishio que odia al gobierno es el mismo que está detrás de la compra de ese terreno. Y aunque lo fuera, no es nuestro problema. Creo que lo mejor es largarnos… mira, si necesitas dónde quedar con tus niños, pueden alojar unos días en mi casa. ¿Qué te parece? Les encantará, más ahora que viene el verano.

A Angie no le gustaba dejar atrás sus campos a punto de ser cosechados ni la casa que él mismo construyó. Pero si llegaba a pasarle algo, o era obligado a participar de las peleas de esos hombres, sus niños quedarían solos.

-Está bien. ¿Cuándo quieres partir, amigo Kenshin?-

-Me iría mañana mismo, pero supongo hay que ordenar las cosas de los niños y lo que puedas necesitar. Tratemos de apresurarnos discretamente. Si te han ofrecido un puesto de batalla, quizá esos hombres puedan acecharte. Si podemos partir mañana por la noche sería lo mejor, o bien temprano de pasado mañana.

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Misao, Tsubaki y Kaoru encontraron muchas cosas en común mientas conversaban. La vida de la pequeña regenta del orfanato era admirable y hablaba de un Dios que los quería a todos. Era muy interesante hasta que pasaron a temas de chicas.

-Yo estoy muy enamorada de Aoshi.- dijo Misao.- ÉL iba a casarse con mi prima, y ella huyó de casa porque sabía de mis sentimientos. Finalmente Aoshi me declaró su amor.- acabó emocionada.- Y salimos a buscarla porque… hem… una mala persona está en busca de ella. ¿Y tú, Tsubaki, te has enamorado?-

La muchacha era muy práctica, y sin inmutarse, respondió.

-No. Todo lo que necesito lo tengo acá. Con el cariño del señor Angie me basta.-

-Pero… Angie es un hombre grande.- observó Misao.- Y tú tan pequeña como yo. ¿No te asusta?-

-No. Él siempre ha sido bueno conmigo y estamos felices. ¿Por qué habría de enamorarme? ¿Acaso se siente mejor que esta tranquilidad?-

Kaoru pensó en las noches de pensamientos agitados desde que conoció a Kenshin. Quizá Tsubaki estuviera bien en quedarse así, sin desear otro tipo de sentimientos.

-Pues el amor es lo mejor del mundo.- decía entusiasta Misao.- Sobre todo cuando te toman entre sus brazos y te besan… aahhh…-

Tsubaki en su vida había besado a alguien en los labios, pero Kaoru sabía perfectamente de qué hablaba su prima.

-Hablando de besos y esas cosas.- dijo Misao poniéndose muy seria y mirando a Kaoru.- ¿Cómo es eso de que eres la mujer del pelirrojo?

"Se le ocurrió a él" quiso decir Kaoru, pero cuando abrió la boca, apareció Kenshin en el cuarto sin anunciarse. Con disgusto, notó que Kaoru estaba muy acomodada con Tsubaki, Misao y los demás niños en el cuarto.

-Vamos a nuestro cuarto. Angie lo preparó personalmente.-

Tsubaki y Misao fueron testigos de cómo los colores subían a la cara de Kaoru.

-Pero… Kenshin… - murmuró ella totalmente avergonzada.

-Vamos.-

-¿No me puedo quedar aquí?-

-No.-

La respiración de la muchacha comenzó a agitarse. Quería quedarse y aclararle a Misao cómo eran las cosas, decirle que aún era virgen. Miró a la muchacha un poco nerviosa.

-Por favor, deje a Kaoru quedarse con nosotras.- dijo Misao.

-Mañana hablarán todo lo que quieran. Buenas noches.- dijo Kenshin tomándola de la mano.

-Kaoru, ¿está todo bien?.- inquirió Misao muy tensa. No podía ser que Kaoru hubiera saltado de las garras de su padre a las del enano depravado.

-Está todo bien. Mañana hablaremos.- dijo Kaoru fingiendo una sonrisa al salir para no armar un lío.- Buenas noches a todos.-

Al llegar al pasillo a oscuras, Kaoru se soltó violentamente del agarre de Kenshin y de ahí se fue al patio. Kenshin trató de tomarla de la cintura y de un manotazo, ella le apartó las manos de su cuerpo.

-¿Cómo se le ocurre?... ¿En qué…? ¡Yo no soy su mujer, por Kami!-

-Si lo eres. En eso quedamos y según recuerdo, te gustaba la idea.-

-Pero ahora… está mi prima y… -

-¿Te atormenta que piense que ya no eres doncella? Podemos remediar eso ya.-

Resoplando, Kaoru le dio la espalda y Kenshin se situó detrás de ella.

-¡Usted no entiende!... lo que ella piense de mi me importa mucho.-

-¿Y crees que ante sus ojos serías una mujer más mala sólo por acosarte conmigo? ¿Por quitarte la ropa y dejar que pase mis manos por todo tu cuerpo, hasta colocarme sobre ti y…?

Nerviosa con la idea, Kaoru se apartó nuevamente, temblando. No quería pensar en eso. No todavía, aunque ya se le había pasado por la mente en un par de ocasiones.

-Vamos a partir pasado mañana o mañana mismo, quizá.- dijo Kenshin enfadado. – Entonces podrás dormir con ellas si quieres. Pero hoy yo te reclamo y te vienes conmigo.

Kaoru finalmente se acostó al lado de Kenshin y permitió que él se amoldar a ella por la espalda y la tomara por la cintura. A pesar de la frustración que sentía, el calor del cuerpo masculino la envolvió y tuvo un sueño reparador antes incluso de idear un modo de vengarse de él.

Fue Kenshin, en cambio, el que no pudo dormir bien. El asunto de Angie le preocupaba aunque tratara de apartarlo de su mente. Por eso, trató de pensar en otra cosa y nada mejor que en Kaoru. En el cuarto a oscuras sus sentidos se encendían y el aroma del cabello de la joven lo tenía un poco vuelto loco. Con la mano libre acarició su mentón y su cuello y pasó por el valle entre sus senos. Llegó a la cintura y su mano tuvo que dar un saltito para sortear el cinturón de la ropa de dormir.

Pasó saliva, nervioso cuando percibió el ombligo de la chica y un poco más abajo, la ropa interior. Respirando hondamente, sintiendo fuego en su propio estómago, deslizó la mano bajo la ropa para acariciar el vello que encontró allí. Kaoru gimió ligeramente en sueños y Kenshin se aventuró un poco más hasta encontrar el lugar donde la piel se dividía. Entre medio consiguió con los dedos apartar los sedosos pliegues para encontrar el lugar desde el que podría entrar al cuerpo de ella.

Su erección no se hizo esperar cuando un dedo encontró un montículo pequeño y tras este, el deseado lugar que buscaba. Frotó un poco, muy ligeramente y un suspiro llegó a sus oídos. Y quiso más de eso. Con cuidado la colocó de espaldas y se colocó sobre ella, decidido a llegar a las últimas consecuencias.

-No, tío… por favor… déjame… - murmuró Kaoru inquieta y entonces Kenshin descubrió que los suspiros y gemidos poco tenían que ver con la excitación inconsciente de la chica, sino con el pavor de ser asaltada en la noche como antes de escapar de su casa, siendo esas palabras las que apagaron en seco la pasión del pelirrojo.

Rápidamente se bajó de Kaoru y regresó a su lado. ¿En qué estaba pensando? Ella era su mujer, y él debía protegerla incluso en sueños de los hechos indeseables. ¿Y trataba de tomarla mientras dormía? ¿No sería mejor si ella se le unía a la fiesta bien despierta? Él no era mejor que el tío, después de todo. Tomando aire para dominarse, Kenshin abrazó a Kaoru y ella despertó con el apretón.

-¿Pasa algo?.-

Kenshin, arrepentido, le dio un rápido beso en la boca.

-Nada, sólo que te quiero. No tienes una idea de cuánto te quiero.-

Kaoru restregó su mejilla con la de él, suavemente.

-Y yo a ti, mi querido espadachín. Me alegro mucho de haberte conocido.-

-Siii… hem… si quieres, si mañana aún no nos vamos, puedes ir a dormir con tus amigas. Yo lo haré con los hombres.

-No te preocupes, estoy bien aquí. Si mañana también me despiertas para decirme que me quieres, yo estaré feliz de seguirte cada noche.- argumentó la joven acurrucándose contra él. Kenshin le acarició una mejilla y la besó tiernamente.

-Buenas noches, Kaoru.

-Buenas noches, amor.-

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Fin acto quince

Angie y Tsubaki

Abril 28, 2011

Notas de autora:

No tengo mucho tiempo, disculpen si es que hay faltas ortográficas o gramaticales, porque estoy subiendo este capi sin mucha revisión.

Le quiero dar las gracias a todas las personas que me han escrito para pedir que siga la historia, a quienes me han comprendido, a quienes esperan… bueno, ¡creo que es mucha gente!

Las última persona en este intento por hacerme regresar en este fic fueron Diosa Luna, para quien este episodio pudo no presentar muchas sorpresas, de todas maneras debo agradecerle profundamente el haber escrito una reseña tan… ahhh, linda sobre Blankaoru. Podría decir que la reseña es genialísima, pero obviamente mi opinión no cuenta por ser la persona aludida. Si alguien la quisiera leer, pone Blankaoru en Google y sale en la sexta opción.

Las dejo hasta la próxima, en que aclararemos algunas cosas. Besos y abrazos, me voy a cocinar o mi esposo que amo (y en eso Diosa Luna le apuntó medio a medio) pos… me querrá un poco menos.

Blankaoru.