Prisionera

Acto dieciséis

El primer amor de Sayo.

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Misao despertó temprano y cuando vio a Kenshin salir del dormitorio, corrió hasta él.

-¿Cómo ha pasado la noche Kaoru?-

Kenshin se encogió de hombros y le señaló el interior, donde la joven dormía.

-Como siempre. Ha dormido como una bendita.-

El comentario extrañó a Misao y al asomarse, comprobó que en efecto, su prima no despertaba.

-¿Acaso usted le dio algo para el sueño?-

-No… es decir, nunca ha necesitado de eso. Ella duerme muy bien. Despertará en una hora, seguramente, así que le prepararé el desayuno.-

Colocándose la espada al cinto, Kenshin, que ya se iba por el pasillo, recordó algo y regresó con Misao que estaba clavada en la puerta, con cara de no entender algo.

-Oye, yo también pensé que había algo malo con Kaoru y su exagerada manera de dormir, pero qué puedo hacer, sólo me limito a cuidarla.-

-Es que esto no está bien. Kaoru siempre ha tenido el sueño ligero… -

-Con el tío depravado tras ella no me extraña.- dijo Kenshin.

-No, no solo con… - a Misao le dio vergüenza llamar "papá" a Matsusoo.- … ese depravado. Ella siempre ha tenido problemas para dormir. Le cuesta mucho y despierta a cada rato, desde antes de llegar a mi casa. Desde que somos niñas, mi tía, su madre, siempre le estaba preparando infusiones que la ayudaban a descansar.

-Desde que la conocí ella duerme bien. Tal vez, simplemente cambió y ya.- dijo el pelirrojo con sencillez.

Misao miró la horrenda cicatriz en la cara de Kenshin y se preguntó si sería él el responsable de ese milagro. ¿Podía ser que Kaoru sólo pudiera dormir bien cerca de él? Mientras anduvieron por los caminos ella no pudo saberlo, porque todos procuraban levantarse a la misma hora y Kaoru siempre tenía cara de sueño. Asumió que era por las dificultades de siempre, pero ahora, mirándola…

-Por cierto, quería aclararte que considero "mi mujer" a Kaoru porque la quiero de esa manera. Ella y yo sólo dormimos juntos y nada más, porque… bueno, porque me gusta realmente y no quiero perderla de vista ni siquiera por la noche.- dijo Kenshin antes de retirarse a la cocina un poco tieso por lo que acababa de confesar a una extraña.

Más tarde, en el comedor, tras ayudar a alimentar a los niños, Angie y Misao notaron que Kenshin salía con una bandeja. El tremendo hombre sonrió.

-Debe querer mucho a esa persona para darle tantos cuidados.-

Misao pronto recordó que en el bosque, Kenshin siempre procuraba el bienestar de su prima. Pero ella pensó que era por la herida que tenía. Se levantó y fue a observarlos al dormitorio. Fue tan sigilosa que ninguno de los dos la notó.

La cara siempre tensa del pelirrojo cambiaba cuando Kaoru abría los ojos y le mostraba una sonrisa. Los de Kenshin a su vez se veían más luminosos y hasta el tono de su voz era mucho más amable que el que le mostraba a cualquiera. Aunque la trataba de mocosa y Kaoru se hacía la enojada, Kenshin le acariciaba el mentón y la instaba a comer lo que le había preparado. Feliz, Misao se alejó para dejarles su intimidad a salvo. Qué suerte tenía Kaoru, estaba todo bien.

Sin duda escapar había sido la mejor solución.

Mientras tanto, Aoshi, en el patio, conversó con los ninjas.

-Me parece que por acá pasa algo realmente grave y no creo que sea prudente marcharnos sin averiguar antes un poco más de ello. Mi padre me dijo que los ninjas debíamos velar por el bienestar del Japón en esta nueva era, pero no puedo investigar solo y me gustaría un poco de apoyo.

-Nosotros sólo obedecemos a Misao. Ella es nuestra líder ahora.-

Aoshi asintió.

-Comprendo. Lo conversaré con ella.-

Cuando Misao salía al patio a barrer, se topó con Aoshi. Se quedó sin oxígeno al verlo, como siempre, y se repuso aparentando calma, también como siempre. Aoshi en pocas palabras le explicó lo que sucedía con el hogar de niños, con las personas que habían comprado el terreno y la invitación a Angie. Le habló de su intención de averiguar más y le preguntó si podía prestarle uno o dos de sus ninjas.

Temió que Misao declarara que ese no era su asunto, pero a Misao le importaba, y mucho. Tanto tiempo tratando de proteger a Kaoru y su fuerza no era suficiente… ¿Ahora se trataba de unos niños? ¡Y ella tenía sus propios ninjas!.

-Me parece que Hannya y Beshimi son los indicados para espionaje. Por favor, joven Aoshi, vaya con cuidado y manténgame al tanto de lo que pase.-

Aoshi le acarició el mentón con el pulgar.

-Tenlo por seguro. Veremos si aún funcionan las redes Onniwabanshuu.

Suspirando, Misao se dedicó al aseo del patio mientras Kaoru y Tsubaki se dispusieron a clasificar la ropa que se llevarían de los pequeños. Kenshin y Angie se dedicaron a reparar la vieja carreta que tenía para que soportara el viaje y Tsubame y Yahiko de repasar con los niños las lecciones del día. Hyotoko se ocupó del almuerzo y Shikijo de ir a inspeccionar los campos para ver qué podían cosechar ya para llevarse.

Fue Shikijo el que notó que algo andaba mal y acudió a su compañero.

-Nos vigilan.-

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Tras una semana más o menos, durmiendo como si no hubiera nada mejor que hacer, Kojiro Kamiya abrió finalmente los ojos. Con paciencia, Megumi lo había cuidado alimentándolo en la boca cuando lo sacaba un poco de su sueño. Se ocupaba en persona de limpiar sus deposiciones y no dejó que ni siquiera Sanosuke se acercara a él.

-¿Kaoru?.-

-No, Megumi, su doctora.- dijo la mujer que se acababa de repasar el carmín de los labios.- Dígame, ¿Cómo se siente?.-

Kojiro no respondió de inmediato, repasando mentalmente su cuerpo. El resultado era sorprendente.

-Me siento muy bien. Realmente descansado. Me parece que así me sentía antes de ir a la guerra.-

Sonriendo, Megumi le presentó un tazón de sopa.

-En cuanto se acabe éste lo dejaré ponerse de pie. Luego debe dar unos pasos y volver a la cama. Mañana ya puede dar un paseo.

-¿Cuándo podré ir a buscar a mi hija?-

Megumi ya le había dado a Kenshin más de una semana de ventaja. Aunque también lo había hecho por el bien del paciente.

-Pasado mañana podrá caminar usted cuanto quiera.-

La doctora se retiró y Kojiro quedó con su tazón de sopa, pensando en lo bien que se sentía y en su próximo encuentro con Kaoru. Las manos le temblaban un poco por la falta de uso, pero pronto se acostumbró a su cuerpo nuevamente. Al regresar Megumi, Kojiro ya estaba de pie, estirándose.

-Me siento muy bien, pero un poco mareado.- dijo al verla.

-Es normal. Mientras usted durmió, pude revisar sus heridas. Hay dos que son muy profundas y recién están sanando. Las demás ya son costras o cicatrices. Señor Kamiya… esas heridas son de mucho tiempo. Si usted hubiera descansado en su momento… -

-Tenía que volver a casa.-

-Comprendo sus motivos, pero si una de las heridas de sus piernas, o brazos se hubiera infectado, usted podría haber perdido ese miembro tras todo este tiempo sin supervisión. Debe ser consciente de esto, porque como le digo, hay dos heridas que le permitirán avanzar, pero nada más que eso.

-¿Qué quiere decir?-

-Nada de subir cerros, de cargar peso excesivo, de pelear contra otra persona.-

-Oh, no, no, créame que lo último que quiero es volver a pelear contra otra persona.

Cuando Kojiro regresó a la cama, a la clínica entró Matsusoo, su hermano a verlo.

A Megumi no le gustó para nada ver a ese sujeto. Algo tenía que la disgustaba.

-Despertó mi hermano?.-

-Claro que si. Se encuentra en recuperación y mañana podrá salir de aquí. –

-Necesito hablar con él.-

-Las noticias del tipo que sean, pueden esperar. El señor Kamiya debe estar tranquilo para llevar a cabo la última etapa de… -

Matsusoo no esperó y entró al cuarto de su hermano. Éste lo miró con asombro y le dedicó una cálida sonrisa.

Igualita a las de Kaoru.

-Encontramos la cabaña del animal que se llevó a tu hija. Hemos encontrado rastros de sangre en ropas destrozadas.-

Al entrar Megumi, que alcanzó a escuchar todo, los colores del rostro de Kojiro se habían ido.

-No, mi hija no… -

-No sabemos si está viva … o tal vez… -

Gruesas lágrimas se asomaron a los ojos de Kojiro.

-No, mi hija no…- dijo con la voz ahogada.

-No sé por dónde empezar a buscarla. Hermano, he esperado a que despertaras en estos días porque tú tienes instrucción militar y tal vez puedas rastrear lo que quedó en esa casa. Yo siempre he sido un hombre alejado de esas cosas y no sé cómo llegar a Kaoru.-

En efecto, Kojiro sabía de esas cosas. Se levantó raudo.

-Llévame a la cabaña.-

-No es prudente.- se apresuró a decir Megumi realmente preocupada.- No debe usted… -

-Mi hija está en peligro, entiéndalo… -

-¿De qué le sirve ir ahora por ella, si será incapaz de cuidarla cuando todo esto acabe? Señor Kamiya, usted no ha entendido que su cuerpo necesita realmente, imperiosamente descanso.-

Kojiro ni se inmutó. Pidió su ropa y un momento a solas para cambiarse. Tenía que rastrear desde la cabaña, el paradero de su hija.

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Otra que estaba realmente lista para dejar la clínica era Sayo. Su abuelo vendría a buscarla en cualquier momento. Su hermana Chizuru, como Kojiro, llevaba varios días en cura de sueño, para no hacer demasiado desorden.

Sanosuke fue quien hizo el viaje para hablar con el anciano y ponerlo al tanto de con qué se iba a encontrar y por qué. Había partido el día anterior por la mañana, pero antes, pasó a ver a Sayo que ordenaba su cuarto para ayudar a Megumi.

-Dígale a mi abuelo que lo extraño mucho y que estoy ansiosa por verlo.- dijo la muchacha del cabello claro y ojos como la miel.- Y también…

-Tranquila, muñeca. Mañana tú misma podrás decirle todo lo que quieras. Luego regresarás a tu pueblo y todo seguirá bien.-

La joven tenía muchas ganas de volver, pero por otra parte…

-Por favor, Sanosuke, recuerde ir a verme a mi casa. Yo estaré encantada de recibirle.-

La idea había entristecido a la joven, asi que para que Sano no lo notara, bajó la cabeza y se puso las manos en el pecho. Entonces, repentinamente, sintió que él la rodeaba con sus brazos.

-Procura estar bien para mañana.- le dijo Sano. A Sayo, nunca antes un hombre que no fuera su abuelo la había abrazado. Apoyó la cabeza en el pecho de Sanosuke y sin querer le hizo cosquillas con sus rizos. ¿Podría ella quedarse así un rato largo?

Al parecer, Sanosuke le leyó el pensamiento. Por varios minutos la mantuvo así de cerca tras notar que ella no ponía objeción alguna. Finalmente había entre sus brazos una chica que no pensaba que él era un animal. Parecía que Sayo era de esas personas que al contrario de Megumi, buscaba ver el lado amable y positivo de los demás, y sin duda que había visto algo bueno en él.

La soltó pesadamente cuando sintieron ambos los pasos de Megumi acercándose.

-Me voy, Sayo. Nos vemos mañana al atardecer. Te traeré a tu abuelo.-

De vuelta en el presente, Sayo estiraba con las manos la ropa con la que había llegado. Había extrañado a Sano en el desayuno, y contaba las horas para que el sol comenzara a bajar. Cuando sintió los caballos de su casa, con su conocido ritmo al trotar, ella acabó de vestirse para asomarse a la calle.

El reencuentro con el abuelo fue emocionante, y ver a Chizuru aún dormida fue chocante para él. Pero Sanosuke le había contado lo sucedido con Kenshin y Kaoru y el anciano, entendiendo la situación, acordó despertarla en casa siguiendo las indicaciones de Megumi.

-Esta noche pernoctaré en algún albergue.- dijo el señor Kaneda.- Y mañana nos iremos a casa. Antes pasaré a pagarle a la doctora por sus servicios. Mi querida nietecita, qué bien te veo.

Emocionada, Sayo escuchaba a su abuelo desde un lugar lejano. Toda su atención estaba en Sanosuke y para su suerte, su abuelo quiso salir a buscar un baño.

-Es una lástima que hayas pasado toda tu estadía aquí encerrada en este cuarto.-

-Estaba muy enferma. Mis pulmones son frágiles.-

Sanosuke sonrió.

-Pero hay lindos lugares que podríamos ir a ver ahora. Te encantarán, sobre todo la puesta de sol en el río que atraviesa el pueblo. ¿Quieres venir? Una caminata te vendría bien para recordar el pueblo de tu infancia Mira…-

El joven se sacó un paquete mal envuelto de entre sus ropas. ¡Era un kimono!

-Me escabullí a tu cuarto y rescaté este para ti. Da lo mismo si es de tu hermana o tuyo… en fin, ¿Vamos? Ya le pedí permiso a tu abuelo y dijo que si.-

Sayo se contuvo de saltar sobre Sanosuke y abrazarlo por el cuello y rato después, estaba vestida con el kimono, los lazos y todo eso. Se hizo un sencillo y rápido peinado y cuando apareció su abuelo, le agradeció el permiso.

Mientras, Sanosuke compró una rica fruta ensartada en un palillo para compartir con la chica. Cuando la vio aparecer, con el cabello recogido, de donde algunos rizos se escapaban, sintió que alguien lo sacudía antes de volver a ponerlo en la tierra. Qué Megumi, ni Kaoru… ¡Sayo era una preciosura!

Y venía sonrojada. No podía ser más linda.

Le iba a decir un piropo cuando se produjo un alboroto dentro de la clínica. El tal Matsusoo salía arrastrando de un brazo a Kojiro, que caminaba apenas y que sin duda lo seguía a voluntad. Megumi iba detrás de ellos tratando de hacerlos razonar, pero era evidente que no podía.

Y casi se atragantó cuando vio que Matsusoo subía a su hermano a un caballo y a galopar.

Cuando la pobre Megumi se pudo reponer de su estupor y se volvió, se encontró a Sanosuke en su campo visual. Y naturalmente sintió la necesidad de desquitarse con él.

-¡Te dije que te quedaras, que no era necesario que hicieras ese viaje! ¡Si hubieras estado aquí, nada de esto hubiera sucedido!-

-Pero… -

-¡Te encargué vigilar al hermano de Kojiro, de impedirle que se apareciera, y precisamente hoy…. ¡Es que no puedes ser más estúpido!-

Incómoda, Sayo no sabía qué actitud tomar. No le gustaban los gritos ni esas cosas.

-Te diré algo, Sanosuke, ahora mismo debes ir a la casa de Kenshin y ver qué se traen esos dos. Hablaron de ropa rota, restos de sangre y de seguir un rastro.-

-Despreocúpate. Aunque Kenshin hubiera salido por el follaje, si llegó al camino principal es imposible rastrearlo.-

-¡¿Pero si mi paciente se mete entre el follaje y cae por una pendiente? ¡Debes ir ahora!-

Sanosuke miró alternamente a Megumi y Sayo. Él quería salir con Sayo, pero…

-Preciosa, nuestro paseo tendrá que esperar.-

Decepcionada, Sayo trató de ocultar ese sentimiento y esbozó una sonrisa.

-No se preocupe, Sano. Yo… yo iré con el abuelo. Este también fue su pueblo…-

Rápidamente, la chica se dio la vuelta, pero Sanosuke podría asegurar que vio dos brillantes asomando a sus ojos.

Demasiado sorprendido por eso, no pudo reaccionar hasta que Megumi le gritó nuevamente. Y eso francamente lo enfureció.

-¡¿Sabes qué? Estás solterona porque realmente nadie puede soportarte, porque eres una maldita dictadora que echa la culpa a los demás de sus propias fallas. No soy tu esclavo, ni siquiera tu empleado, menos tu marido para que me trates así en frente de los demás y me grites. Incluso Kenshin, con lo huraño que es me da más respeto. Búscate a otro tonto que te siga, a mí ya se me cayó la venda de los ojos hace bastante rato y en verdad que me hiciste un favor al rechazarme cuando te declaré mis sentimientos.-

Dicho lo cual Sano se metió a la clínica buscar a Sayo.

La encontró sentada en la cama de un cuarto vacío. Tenía la cabeza gacha porque se limpiaba la humedad de los ojos.

-Oye… realmente tengo ganas de salir contigo.- dijo Sanosuke asomando medio cuerpo por la puerta.- ¿Todavía me quieres acompañar? Vamos por tu abuelo. Se hospeda aquí cerca y aprovechamos de llevar tus cosas allá.

-¿No tendrá problemas si me acompaña?-

-Claro que no, Sayo. Digamos que… que gracias a ti he podido librarme de un problema que tenía. Salgamos, no querrás que la fruta se estropee, ¿no? Compré una para ti.

El paseo de la tarde fue todo un éxito y el señor Kaneda tuvo mucho que contar sobre cuando él era joven. Sayo y Sanosuke reían con sus chistes y la pasaron los tres muy bien.

Pero con respecto a Megumi, enfadada hasta el hartazgo, se encerró en su oficina suplicando que no viniera nadie enfermo. Apoyó la cabeza en sus brazos sobre la mesa y lloró de rabia, porque algo de lo que le había dicho Sanosuke tenía sentido. Frustrada, y enfadada repentinamente al recordar como feliz él se había ido con Sayo, trató de consolarse pensando que después de todo él no estaba a su nivel, que ella sabía muchas cosas y podía aplicar la medicina mientras que Sano no tenía responsabilidades ni nada. Ella no podía permitirse esas tonterías del amor, porque no llevaban a nada bueno y ella estaba consagrada a salvar vidas. Llorando, finalmente se dio cuenta de que Sanosuke no regresó tras la pelea como lo hacía otras veces para disculparse.

-Es un idiota.-

Estaba tan ocupada rabiando a solas, que se le olvidó la dosis de éter para Chizuru.

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La luz no era la mejor en la casa del bosque. Sin embargo, era notoria la sangre en las vendas y la ropa de cama. Temblando ante lo que pudiera descubrir, Kojiro se rodeó el cuerpo con una prenda ensangrentada que encontró.

-Sea quien sea que lo llevara puesto, fue apuñalado por la espalda.- declaró. Es una herida muy grave… podría sobrevivir sólo si tuvo la suerte de que el acero pasara entre los órganos vitales.- Se tapó la cara con ambas manos, desesperado al percibir un tenue aroma en la prenda.- Mi niña… -

Frenético, aspiró el Gi. Era el aroma de su hija. Su corazón se encogió con esa posibilidad.

-A mi niña la apuñalaron…- dijo ahogado.

Matsusoo tampoco estaba contento con la idea. Él quería a Kaoru como su mujer, su amante. En realidad, sólo quería poseerla aunque fuera una vez y ese deseo lo obsesionaba. Notó que Kojiro se movía por toda la casa.

-Maldito cerdo… - dijo al notar que había sólo un futón en medio de la casa cuando era evidente que había rastros de otra persona ahí.- Sólo espero por su bien que no le haya hecho nada a mi niña.-

Matsusoo había notado que sólo había un futón, pero no le dio importancia. Realmente su hermano era bueno en eso. Sus hombres, tras él, observaban atentos a Kojiro moverse por la casa.

-No entiendo, no entiendo… algo realmente raro pasó aquí.- dijo Kojiro con el kimono de Kaoru colgando sobre su hombro. Había dado con una habitación en la que había una caja de costura, libros y ropa femenina con el olor de su hija. Incluso encontró un libro con las hojas marcadas. Su sorpresa fue grande al ver una flor seca entre las páginas. La flor favorita de… de…

Tratando de quitarse la emoción de encima para analizar todo, visitó el otro cuarto. A pesar del polvo, estaba todo en orden salvo un armario. Sólo en las vendas limpias estaba revuelto, en la ropa de viaje, accesorios de soldado.

Parecía todo en orden, pero la sangre, la ropa… sin duda su hija estuvo ahí, pero ¿por dónde empezar a buscar?

Había algo… algo que lo estaba molestando con todo eso. Miró a Matsusoo que compungido, miraba toda la casa.

Regresó al cuarto del soldado. ¡Eso era! Si alguien hirió a Kaoru de muerte, la habría dejado morir, pero al parecer, la persona que vivió con ella, que conocía la casa, la trató de ayudar, ¡porque se dirigió directo a las vendas sin desordenar nada más! Si se fueron, tal vez fue a buscar ayuda, pero no con Megumi. ¿Dónde más habría un médico?

Él sabía que un demonio de cabello rojo vivía con ella, pero algo le decía que no era él el verdadero agresor de su hija. Tomando el kimono que llevaba sobre el hombro, notó el hilo que cosía sus mangas, distinto al de la costura original. Era un hilo como el del costurero.

Su hija tuvo la calma para realizar una gran costura de manera perfecta como la que le enseñó su madre. Eso significaba que nadie la molestó. Una lágrima se deslizó por su mejilla. ¿Acaso ella vivió bien en ese lugar?

Por alguna razón, su hermano seguía diciendo cosas sobre el demonio de cabello rojo. Kojiro examinó la ropa de cama del futón y los tatamis de los dormitorios. Estaba todo en orden, no había rastros de sangre que delataran algún abuso.

-Debemos atraparlo, hermano, y quitarle a Kaoru.- seguía diciendo Matsusoo. Kojiro quiso decirle que era otro el que quizá hirió a su hija, recordando además el amable modo en que el demonio lo salvó y lo trató la mañana en que se conocieron, pero de pronto le pareció que no era buena idea compartirle sus descubrimientos a su hermano. Jadeando de cansancio, anunció que lo mejor sería continuar por la mañana.

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-Esto es preocupante.- dijo Angie.- No puede ser que nos vigilen.

-Lo mejor será partir pronto.- respondió Kenshin.- Estamos listos para ponernos en camino ya.-

-El viaje en carreta y con diez niños pequeños, además de los más grandes, será lento.- Intervino Tsubaki.

-No hay problema, porque con mis ninjas los defenderemos de cualquier cosa.- prometió Misao muy segura de su equipo.

Aoshi acababa de llegar, diciendo que no había encontrado nada especial y que lo mejor sería marcharse, como decía Kenshin, de modo que acomodaron al caballo, subieron los paquetes a la carreta, a los niños, y partieron al caer la noche. Una verdadera caravana de adultos a pie y de niños canturreando emocionados por el paseo.

Angie iba con la cabeza gacha. En verdad le dolía tener que partir hacia un nuevo hogar, pero la mano de Tsubaki en su brazo le dio fuerzas. Él la cubrió con la enorme suya.

-Lo importante es que vamos todos juntos. Todo irá bien.- dijo la muchacha.

Beshimi guiaba la carreta, con Hannya delante de él como centinela. Atrás iban los demás conversando y entonces, Aoshi quiso conversar con Misao. Kenshin y Angie escucharon.

-Mientras vigilábamos con Hannya, vimos a varias personas entrando a la cascada con vigas de madera. Al parecer, debajo hay un túnel que ellos quieren utilizar para algo. Es preocupante, porque se sabe que la gente que no tiene nada que ocultar, no se esconde.

-Dice Shikijo que nos vigilan.-

-Es posible. Había un par de guardias hablando y decían que el señor Shishio había mandado a los otros dos a vigilar porque pensaba que Angie podía serle de utilidad. Esperemos que ahora que nos hemos ido, comprenda que Angie no desea pelear. Contactamos con una red Oniwabanshuu y prometieron ayudarnos enviándonos un reporte dentro de una semana. Lo que sea que esté construyendo ese Shishio no será terminado antes de medio año, asi que contamos con ese tiempo para investigar.

Por su parte, Kenshin estaba pensando en lo que hacer al llegar a la casa del bosque. Cierto que podía alojar ahí al montón de mocosos y a su amigo. Se comenzaba a preguntar si cabrían todos en la pequeña construcción. Siempre podían ampliarse, pero… ¿Dónde pondría a Kaoru?

La joven caminaba a su lado sin enterarse de que su padre podría estar esperándola en el pueblo. Kenshin contaba con la idea de que al no encontrar a Kaoru ni referencias de ella, Kojiro se marchara. También cabía la posibilidad de que estuviera allí. Necesitaba pensar.

-¿Por qué tan serio?- preguntó Kaoru. Kenshin inventó algo rápido y la tomó con cuidado por la cintura, sentándola en la parte de atrás de la carreta.

-Creo que es mejor que vayas así.-

Kaoru sonrió y las niñas del grupo se le acercaron para jugar suavemente con su cabello. Kenshin la miró embelesado recibiendo las caricias de las manitas infantiles que le hacían una trenza.

Ella era lo mejor, lo mejor que había encontrado en todos esos años de cazador de personas. La que verdaderamente lo hacía desear ser mejor persona, y la que le quitaba esa soledad que se traía desde siempre. No era de extrañar que no quisiera que ella se encontrara con Kojiro, porque él se la quitaría y seguramente se la llevaría de vuelta a la ciudad.

Beshimi detuvo al caballo abruptamente cuando vio a unos sujetos cortarles el paso. Hannya se puso a la defensiva, asi como los demás ninjas. Angie llamó a la calma y se abrió paso entre el grupo.

-¿Qué pasa?-

Senkaku, un hombre grande, venía a la cabeza de varias personas armadas.

-Veo que se van de viaje.-

-Así es. Al tener las tierras un nuevo dueño, nosotros buscaremos un nuevo hogar.-

-No recuerdo haberte autorizado a desaparecer así sin más.-

Angie no era dado a replicar. Confuso, miró a su amigo Kenshin.

-Ni quien necesitara tu autorización.- dijo Misao enfadada. Tsubaki la respaldó de inmediato.

-Déjanos pasar, porque tenemos mucho camino por recorrer y este no es asunto tuyo.-

-Es asunto mío porque todo lo que hay en esas tierras le pertenece al señor Shishio, y eso te incluye a ti, mocosa, a los mocosos de la carreta y a Angie. –

-Cada quien es dueño de sí mismo, por eso luchamos en la guerra para cambiar el régimen.- dijo Kenshin adelantándose de muy mal humor.- Déjanos pasar.

-Mi señor Shishio ha exigido al soldado Angie.-

-Ese ya no existe.- Aclaró el mismo Angie.

-¿Cómo que no? Hubieron tres asesinos letales durante el Bakufu, y dos eran de Choshuu. Uno eras tú, Angie Yukuizan, más conocido como el "Monje". Acostumbrabas a hacer un ritual de purificación después de cada asesinato y jamás provocaste dolor innecesario a tu enemigo. A muchos guardaespaldas los dejaste ir, a diferencia de tu otro compañero, apodado Battousai. Ese no dejaba vivo a nadie. –

-Ya no trabajo en eso.- dijo Angie recordando por un momento como usando sólo sus manos, desnucaba rápidamente a sus encargos.- Ahora tengo una misión que disfruto mucho más.-

Misao se puso a discutir con Senkaku junto a Tsubaki, de modo que Kenshin discretamente habló con Aoshi.

-Si se enteran de las habilidades especiales del grupo, no nos dejarán en paz.-

-Tienes razón.- respondió Aoshi, que yendo por detrás de Misao, le puso una mano en la boca. – Las mujeres no deben meterse en asuntos de hombres.

Lógicamente, Misao se enfureció con esa falta de respeto y Aoshi tuvo problemas para mantener a salvo su mano de sus dientes furiosos. Finalmente, Senkaku habló.

-Muy bien, te daré una oportunidad. Una pelea de uno a uno. Si me vences, mis hombres te dejarán ir a ti y a tus amigos. Si no, nos llevamos a los mocosos y tú sirves a Shishio. Por cierto, por ganarme, quiero decir que debes matarme.-

Angie miró a sus niños. Él no podía matar por una cuestión de fe y porque los niños podían mirarlos.

-Si no quieres pelear tú, puedes mandar a otro en tu lugar… - dijo Senkaku mostrando un enorme par de armas afiladísimas en cada mano.- Incluso, puedes mandar a esa chica que está que revienta por golpearme.-

Al sentirse aludida, Misao sólo se enfadó más.

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Tras despertar del todo, Chizuru se levantó aún mareada. Su cabeza estaba llena de neblina que apenas le permitía recordar. Sin embargo, con el paso de los minutos llegó a su mente la imagen de Kenshin y Kaoru.

No se lo pensó mucho, se calzó unas sandalias y se escabulló con dirección al monte.

Mientras, Kojiro luchaba con su hermano que insistía en seguir el rastreo.

-Matsusoo, dame tregua, necesito descansar.

-No puedo creer que seas tan desnaturalizado que no hagas más en dar con tu hija. Si fuera mía, yo la buscaría hasta morir.

-Tú no me entiendes, acabo de sobrevivir a una guerra, estoy agotado, necesito estar mejor para dar con mi hija.-

-¡Ya descansaste una semana!.- gritó el otro.

Kojiro tuvo la sensación de que algo malo pasaba con Matsusoo y eso reafirmó su idea de no hablarle de sus suposiciones.

-Lamento que no me comprendas. Me retiro.-

Cuando Matsusoo vio irse a su hermano, mandó a los hombres que lo acompañaban con él. Quería quedarse a solas en la cabaña, con las cosas de Kaoru para sentir su aroma. El maldito Kojiro no le había dado ninguna pista nueva, debió matarlo cuando pudo.

Llevaba un rato en eso cuando una sombra irrumpió en la casa. Matsusoo rápidamente se puso alerta y entre la penumbra distinguió a Kaoru.

Cuando atrapó a la chica y la vio mejor, no tuvo dudas de que fuera ella. La abrazó compulsivamente y Chizuru se asustó con esto, tratando de apartarlo, pero Matsusoo no hizo caso a sus ruegos cuando la recostó sobre el tatami y se puso sobre ella.

-Ahora serás mías. No seguiré perdiendo el tiempo.- le dijo a la muchacha mientras esquivaba sus manotazos. Con su miembro erecto, no le llevó demasiado tiempo desnudarla y penetrarla de un solo empujón.

El Chizuru gritó desgarradoramente, pero Matsusoo siguió en lo suyo, pasándole la lengua por la cara, chupando sus pechos y manoséandola completamente. A la joven ya no le quedaban más lágrimas, pero Matsusoo no la dejaba en paz.

-Mi querida, no sabes cuánto te he deseado… - le dijo embistiéndola con fuerza.- Mi Kaoru…

-¡Déjala en paz!.- dijo como un trueno Kojiro, enfurecido a decir basta. La chica que estaba debajo de Matsusoo volvió el rostro hacia él y Kojiro notó su parecido extraordinario con su hija.

Lentamente, Matsusoo abandonó el cuerpo de Chizuru. Kojiro rápidamente se quitó la parte superior de la ropa y se la puso a la muchacha para cubrirla. Ella temblaba de pies a cabeza, incapaz de hablar, mientras sentía un hilillo de sangre caliente y otro líquido, deslizarse entre sus piernas..

-Nunca me podré perdonar el no haber llegado a tiempo para salvar a esta muchacha de ti. Me devolví a buscarte y… ¿Por eso buscas a mi hija? ¿Para hacerle lo que a esta muchacha?

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Fin acto dieciséis

El primer amor de Sayo

Mayo 2, 2011

Notas de autora.

Sin tiempo, sin tiempo, espero que esté bien, mejor que el capítulo anterior y gracias gracias gracias a quienes me escribieron. ¡A cocinar!