Prisionera

Acto diecinueve

El fin de la tregua.

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Tras renunciar a su trabajo de obrero en una construcción, y despedirse de sus compañeros, Kenshin se encontró con Shikijo en la plaza del pueblo.

-Misao descubrió que el señor Kamiya Kojiro está vivo. También ha descubierto su ubicación y está segura de verlo en persona entre hoy y mañana, y si es así, de traerlo al anochecer del día en que lo encuentre. Nos tendrá informados, pero lo es un hecho, es que el padre de Kaoru vive.-

Sumamente contento, Kenshin se despidió del Oniwabanshuu y se dirigió a casa. Pero antes, se pasó por una tienda de esas cositas que les gustan tanto a las mujeres y llevó un pañuelo de seda. Poco le importó quedarse con la mitad del sueldo tras la compra si era para agasajar a Kaoru. Además, se iría de viaje y no volvería jamás a ese lugar. Ansiaba regresar a su colina.

Durante su estadía, Kenshin había conseguido el dinero que Kaoru le prometió por "cuidar que no la encontrara el tío" y con eso compró el terreno donde vivía Angie y sus niños. Allí mismo, en un rincón, pudo construir su casa de casado y luego de muchos trabajos, le devolvió a Kaoru lo que ella le había pagado, hacía cosa de un par de meses atrás. Fue cocinero, guardaespaldas, obrero y campesino. Pero ya estaba harto de todo eso. Quería regresar a su colina, seguir con sus hierbas medicinales y quería olvidarse que durante todo ese tiempo, vivió escondiendo a Kaoru del tío, del padre, y de cualquiera que quisiera encontrarla.

Ella era su muñeca, sin duda. Su mujer. Su gran, gran amor. Con ella llevaba ese tipo de vida con el que soñó cuando era niño, y después, cuando era un jovencito matando en la guerra. Soñó con eso también, una vez, cuando se casó por primera vez con Tomoe, pero la verdad, ella lo traicionó y lo llevó al lugar donde lo esperaba una tremenda emboscada. Casi no cuenta esa historia, salió muy malherido, con varios cortes, incluso fracturas, y con la cara marcada por siempre con una cicatriz en cruz. Y encima, viudo, porque Tomoe falleció cuando se interpuso entre su verdadero prometido y Kenshin, justo cuando éste iba a dar el golpe final.

Finalmente acabó con la vida de los dos.

Kenshin la lloró mucho tiempo, porque realmente se había enamorado, pero cuando el amor se disipó un poco por la realidad y luego fue sustituido por la rabia, pudo seguir peleando, incluso más fieramente que antes, pensando en la felicidad que tendrían las personas viviendo en un país más libre y justo.

Le había contado esa historia unas cuantas veces a Kaoru, y le encantaba hacerla sentir especial rematando con un: "Cuando te conocí, por fin supe cómo era la felicidad por la que peleaba". Entonces Kaoru le sonreía bonito, derritiéndole hasta los huesos de pasión sin darse cuenta, pero recibiendo la consecuencia, porque Kenshin la abrazaba, la besaba y le hacía el amor con todas sus fuerzas, que no eran pocas. Nunca estaba demasiado cansado para ella, y afortunadamente, la joven podía seguirle el paso.

Cuando Kenshin llegó a casa, Tsubaki iba saliendo. Venía casi todos los días desde que Kaoru descubriera que no estaba embarazada, a pedido de Kenshin, para hacerle compañía.

-¿Está todo bien?- le preguntó a la joven.

-Claro que si, señor Himura.- repuso.- Hoy Kaoru ha estado más animada y le ha preparado una buena comida. Espero que la disfruten, quedó muy buena.

Al entrar, Kaoru salió a recibir a su esposo, llenándolo de besos y cariños en el rostro. Kenshin sintió su corazón vibrar con el saludo.

-Veo que estás muy contenta, mocosita. ¿Puedo saber el por qué?-

Kaoru se encogió de hombros.

-Sólo me siento bien.

Sonriendo, Kenshin la siguió al interior de la casa.

Al principio del matrimonio, Kenshin exigía descendencia y pronto, Kaoru tuvo un embarazo normal. Se hicieron muchas ilusiones con ese hijo, y hacían apuestas sobre su aspecto. Todos los niños de Angie estaban muy pendientes de Kaoru y le llevaban muy seguido pequeños obsequios. Pero al final, el bebé nació y murió a los pocos minutos.

Kenshin y Kaoru quedaron devastados.

Toda la pequeña ropita que ella había fabricado quedó relegada en un cajón al fondo del armario. Estaba el pequeño futón que les regaló Misao y una almohadita que hizo Tsubame.

Como pudo, Kenshin se levantó con el fin de sacar adelante a su esposa. Nunca más le pidió retoños ni hizo alusión alguna a los hijos, pero por el contrario, para Kaoru era un tema muy importante.

La mujer se olvidó del kendo que había comenzado a practicar en honor a su padre, para que esas fuerzas no afectaran los embarazos que siguieron. Pero sin importar lo que hiciera, se le iba la sangre, le llegaban los síntomas de embarazo, se le hinchaban los pechos y pronto bajaba la sangre nuevamente, a veces con intensos dolores.

Afortunadamente para Kaoru, esta última vez no sufrió demasiado dolor, pero sin duda se le estaba acabando la esperanza y sus ojos no brillaban como antes, aunque sonriera para Kenshin todo el tiempo.

-Kaoru, tengo algo muy importante que comentarte.- Dijo Kenshin impaciente por ver sus ojos brillar nuevamente.- Mira… tienes que tomártelo con calma, ¿sí?-

-Está bien.- dijo ella muy tranquila.

-Pues verás, hoy he renunciado a mi trabajo, así que nos pondremos en marcha la próxima semana para irnos a la casa de la colina. Como puedes ver, yo hablaba muy en serio. Veremos a nuestros amigos Sano y Megumi.

-Pensé que tardarías más en organizar… pero Kenshin, ¿y nuestras cosas?-

-Recuerda que la casa de la colina tiene todo para que podamos vivir allá. Dejaremos los muebles aquí y esta casa será de Angie, para que pueda alquilarla o lo que quiera con ella.-

-Pero Kenshin, en esa casa hay sólo un futón.-

-Preciosa, eso nunca ha sido un problema para nosotros, ¿o sí?.- preguntó Kenshin con una sonrisa arrebatadora.

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Chizuru poco a poco asimilaba que nunca más vería a su querida hermana. Era habitual que buscara la soledad para recordarla, pero Kaneda, su abuelo, estaba preocupado.

Parecía que la mala suerte se había ensañado con la muchacha del cabello negro. Chizuru decía que tal vez era lo justo por haber intentado matar a una persona por celos, y trataba de reponerse de la violación sufrida, y de la muerte de su hermana. Pero lo que acabó por derrumbarla fue que Sanosuke se llevara a la pequeña Tsuki, porque el parecido de la pequeña con su madre era increíble, y porque a través de ella, todos sentían que Sayo seguía viviendo con su amabilidad habitual y dulce sonrisa.

-Debí haber muerto yo, que nadie me quiere, en cambio Sayo tenía una linda hija y un marido que la quería mucho.- reflexionaba constantemente Chizuru.

-Sanosuke me ha escrito, diciéndome que cambió de planes y se estableció en el pueblo del que venía, y como queda muy cerca, podemos ir a visitarlo a él y a Tsuki cuando queramos.- dijo Kaneda animado una noche, sonriendo por vez primera desde el funeral de su nieta.

Chizuru miró a su abuelo, y luego la enorme casa que él compró pensando en todos los bisnietos que albergaría. Parecía que a él tampoco le salían las cosas como las pensaba.

-Allá está mi casa en la colina, sé que Kenshin no ha regresado por estos lados, asi que tal vez podamos volver.- dijo el anciano sin pensar. La piel de la muchacha se enfrió y pasó saliva nerviosa. Tarde recordó el abuelo lo que allí había pasado.

-No quiero volver a ese lugar nunca más, pero al pueblo si, para estar cerca de mi sobrina.- Dijo animada la joven.- Tal vez cambiar de ambiente sea bueno para nosotros.-

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Una vez, una mujer le dijo a Kaoru que luego de un par de años de casados, los hombres olvidaban el sexo con sus esposas. Otra le dijo que cuando una pareja perdía un hijo, inevitablemente se separaban. Y otra le comentó que los hombres despreciaban a los vientres infértiles como el suyo.

Todo eso ella lo creyó, pero al parecer, Kenshin no se daba por enterado, lo que, pensándolo bien, le gustaba mucho.

Kaoru conscientemente, rechazaba ser sensual para evitar ser mirada por su tío o por otros hombres que quisieran aprovecharse de ella, pero con Kenshin, en su vida de casados, pudo dejar fluir todo ese lado. A veces, durante el día lo provocaba sin piedad por el placer de sentir que lo tenía en la palma de su mano, rogándole por un beso antes de la comida, o por dejarlo tocarla. Sin embargo, una vez él lograba desnudarla, Kaoru estaba completamente perdida. Sentía que Kenshin podría hacerle lo que quisiera, ella nada le podía negar. Y él respondía con pasión, con una fuerza salvaje que a veces la dejaba completamente exhausta. En ocasiones, era pura ternura con ella.

Siempre parecía que en su pequeño mundo de dos, todo era perfecto. Ella sabía que la gente del pueblo lo consideraba hosco y maleducado muchas veces en su trato hacia el resto, reclamando por lo arrogante que podía ser. Y sin embargo a ella le mostraba una faceta que nadie más podía ver. La del hombre que confiado y en calma, reposaba con la cabeza apoyada en las piernas de su esposa, escuchando sus palabras de amor. La del hombre que se apegaba a su cuerpo en las noches para protegerla o consolarla. La del hombre que una vez se cayó feo de un árbol por arrancarle el fruto que ella comentó quería comer.

Ese era Kenshin para ella. Amable y gentil, aunque al principio le costó ver esas cualidades en él. Fue alguna vez un animal herido, eso era todo.

Riendo quedo, Kaoru recordaba lo de la fruta. No les había ido bien con lo de los niños… pero se tenían el uno al otro. Debía aferrarse a esa idea, porque ella lo amaba, realmente lo amaba y no quería hacerlo sufrir con sus tristezas.

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En la alta rama de un árbol, Misao miraba pasar a la gente por el camino. Según su informante, hacía dos días Kojiro Kamiya había tomado esa ruta con un acompañante. Para esa misión, Beshimi la había acompañado, mientras que Hannya, su hombre de confianza y el resto del grupo, se quedaron a cargo del operativo sobre Makoto Shishio.

Una caravana pasó, y ella pudo ver a un hombre alzando en brazos a su hija para acomodarla en la carreta con sus cosas. Y entonces, por un momento, Misao se permitió pensar en Matsusoo.

Ella siempre pensó que su padre era el más grande, el más valiente y el más noble. Pero no. Persiguió a su prima, obligándola a huir de casa y cambiando con ello sus vidas para siempre. Misao pocas veces se arrepentía de las decisiones que había tomado, y sentía que una de las buenas era no haber vuelto nunca más a su casa ni permitir que sus hermanastros supieran algo sobre ella. Pero claro, siempre había una excepción a la regla. Misao si se arrepentía de una cosa y era el haber dejado ir a Aoshi.

Tal vez, ella debió pensar mejor las palabras antes de ponerlas en su boca. Posiblemente había una manera de mantener su relación y ser una ninja. Incluso, simplemente podía haberle prometido regresar a su casa tras tantos meses, pero nada de eso había pasado y Misao no había vuelto a saber de él.

-Lo amé cuando era niña y al empezar a volverme mujer, lo dejé ir.- pensaba. Sin embargo, estaba muy segura de volver a elegir el servicio ninja si la ponían en la misma posición. –Lo que pasó, es que simplemente descubrí que yo no era la persona que siempre creí ser. ¿Cómo podía amar a otro si ni yo misma me conocía?.- pensó en voz alta, mirando la caravana de antes, perderse tras una curva.

-Además, tal vez Aoshi ya no es tan guapo. Seguramente se ha puesto gordo y fofo sirviendo sopas en su restaurante. Y no me extrañaría que el viejo Okina le haya encontrado mujer.-

Ser ninja era solitario. A veces Misao miraba en Kaoru cómo sus mejillas se arrebolaban ante algo que decía Kenshin y que ella no lograba entender. Sin duda estos casados hablaban un código que ni el mejor ninja podía descifrar. A veces Kaoru le explicaba que era el lenguaje del amor y que ella lo conocería algún día.

Beshimi regresó con un poco de comida y Misao se alimentó en su puesto. Entonces, ella vio a dos hombres caminando. Uno cojeaba ligeramente y era el que le interesaba. ¡Estaba feliz de ver a su tío Kojiro! Dando un salto espectacular y cayendo con una perfección olímpica, la joven del cómodo traje azul marino se presentó ante los viajeros.

Y desde luego, la sonrisa se le congeló en la cara, al ver a Aoshi.

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Kenshin miró su vieja espada, la que durante un tiempo permaneció en el armario, guardada entre telas. Estaba seleccionando lo que se llevaría a su colina y la encontró.

La vida sin la espada encima era muy apacible. Le gustaba eso. De todos modos, haría un viaje y no sabía con qué se encontraría al llegar a su colina, por lo tanto, la llevaría con él. La dejó apoyada en la pared, cerca de la puerta.

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Goro Fujita recibió a Hannya.

-Así que Misao está en una misión personal.-

-Así es.- dijo el enmascarado.

Goro tomó un cigarrillo y se lo llevó a la boca para encenderlo.

-Te voy a ser sincero, Hannya. No creo que Misao esté muy capacitada para el trabajo, a pesar de los informes que me ha traído.-

El ninja, enfadado, se puso de pie.

-¿Cómo es capaz de decir tal cosa? ¡Ella es la mejor!-

-Hum… ¿Lo dices como ninja o como padre?-dijo Saito tan tranquilo. Hannya se quedó estupefacto. –Basta fijarse un poco en lo que tu máscara deja ver de tus ojos. El color y la forma no son comunes en dos personas juntas, a menos que sean parientes. Ella no te trata como a un familiar, pareciera que no está al tanto de… -

-Ese no es asunto suyo.- repuso Hannya.

-Claro que lo es. Si eres el padre de Misao y no se lo quieres decir por el motivo que sea, allá tú. Pero si ese conflicto en algún momento llega a poner en peligro esta misión, no dudaré en sacarlos de la misma.

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-¿Misao?-

La joven dejó de mirar a Aoshi para concentrarse en su tío. Éste, emocionado, no daba crédito a sus ojos.

-¡Mi pequeña Misao!- dijo, abrazándola fuertemente.-Gracias al cielo que ha escuchado mis plegarias. ¡Qué bonita que estás!

Tras el saludo, y cuando Kojiro pudo contener su emoción, Misao llamó a Beshimi a seguirlos.

-¿Kaoru está bien, Misao, la has visto?-

-Desde luego. Está a unos cuantos días de camino, aunque con Beshimi nos hemos conseguido un carruaje a un par de minutos de aquí. Viajarán mejor y llegarán esta noche.

Aoshi no dijo nada, y Misao no pudo descifrar si estaba molesto aún, o sorprendido. Pero lo que sí pudo notar, es que todas esas ideas que tenía sobre si estaba fofo o feo se disiparon al contemplar su cara y todo lo demás. Incluso parecía que sus recuerdos de un Aoshi más joven no le hacían justicia. Sus facciones estaban más marcadas, incluso, pudo notar un par de arruguitas en torno a sus ojos.

-Este joven que viene conmigo, amablemente se ha ofrecido a acompañarme a buscar a mi hija.- dijo Kojiro muy animado.

-No conocemos.- dijo Aoshi escueto. Misao lo miró con curiosidad.- Fuimos vecinos hasta que ella se fue para buscar a Kaoru.-

-Es cierto eso, algo me habían comentado mis sobrinos y Matsusoo al respecto.-

-¿Has visto a mi padre, tío?- Preguntó la ninja olvidándose por un momento de lo bien que se veía Aoshi.

-Desafortunadamente si. Vi más de lo que quisiera haber visto. Supongo, Misao, que sabes que él buscaba a Kaoru para hacerla su mujer.

Avergonzada por los actos de su progenitor, la joven bajó la cabeza.

-Así es. Por eso me fui y no regresé.-

-Tu padre cometió un crimen imperdonable en contra de una muchacha que se parecía a tu prima, de modo que ahora vive recluido en su casa. Tus hermanos mayores se han hecho cargo de los negocios y tu padre… está todo el día sólo en su cuarto, o en el jardín. Y hasta que me fui, preguntaba mucho por ti. Creo que él estaría mejor si pudiera verte.

Misao no respondió de inmediato, y se hizo un poco la loca, contándole a su tío que ahora era ninja y que tenía una pequeña tropa a su servicio. Aoshi nada comentó de esto y sólo se dedicó a mirarla.

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Si todo salía como lo habían planeado con Misao, esa misma noche llegaría junto con Kojiro. Por eso, Kenshin mandó a Kaoru a bañarse y comenzó a prepararle una buena cena para completar su sorpresa. Si no llegaba esa noche, sería la siguiente, y Kenshin haría ricas comidas hasta que el suegro llegara.

Con sólo imaginar la cara de felicidad de Kaoru ya se sentía pagado.

Ordenó rápidamente la estancia y hasta se dio la maña de sacar el sake que había comprado. Lo dejaría listo para calentarlo cuando aparecieran las deseadas visitas. Tal vez sería bueno hacer una fogata en el patio… no, mejor dejarlo así.

Repentinamente, Kenshin tuvo una sensación extraña y se movió rápidamente hacia su derecha, esquivando por poco una bola de acero que cayó pesadamente en su sitio, dejando una marca en el suelo. La bola tenía pegada una cadena, de modo que quien la manipulaba, la sacó de allí y la mandó nuevamente sobre Kenshin con fuerza, de tal modo que hizo astillas un arbolito que Kaoru había plantado.

En cosa de segundos, todos los instintos de los que algunas vez se sirvió Battousai, se activaron para sobrevivir. Tres años era mucho tiempo sin luchar, pero no era tanto como para olvidar cómo anticipar el movimiento del enemigo.

Tampoco para olvidar que sin su espada, estaba perdido.

Kaoru salió estilando de su baño, y alcanzó a envolverse en una toalla para salir a ver qué pasaba en el patio. Vio a un sujeto tratando de matar a Kenshin atacándolo con una cadena o algo así. Su esposo la divisó.

-¡La espada! – gritó, antes de ser inmovilizado con una cadena a la altura del cuello. Kenshin alcanzó a poner una mano para evitar ser ahorcado, de modo que el arma no pudiera cerrarse sobre su garganta. Kaoru hizo ademán de meterse a la casa y con horror, el pelirrojo notó que una nueva cadena se iba sobre ella.

Sosteniendo con una mano su toalla, Kaoru rodó sobre su hombro, y de inmediato se puso de pie, poniéndose a salvo momentáneamente y corriendo al interior de la casa. Sabía que la espada estaba en la entrada del dormitorio, y la recuperó. Al salir, vio a Kenshin colgando, sostenido por la cadena.

-¡Te romperé el brazo, Battousai, y luego el cuello!-

A Kaoru poco le importó lastimarse los pies con los guijarros, o rasparse el cuerpo cada vez que tuvo que esquivar las cadenas. Llegó con la espada hasta Kenshin. La desenvainó para él y se la extendió a la mano libre. De inmediato, Kenshin se liberó, sin embargo, no fue mérito de él, sino de Kaoru, que se convirtió en una presa más apetecible, por lo que lo soltaron. La mujer fue tomada por la cintura por otro sujeto que le puso un puñal en la garganta.

-Un solo movimiento, Battousai, y mato a tu mujer.

Algo tenía de familiar ese hombre joven con el cabello blanco para Kenshin, que se detuvo en seco.

-¡Déjala o te juro…!-

-¡No jures lo que no puedes hacer!- dijo el cano.

Kaoru sólo pudo pensar que alguien la estaba utilizando para dañar a Kenshin. Y ella no quería eso. Trató de golpear a su secuestrador en las costillas, usando sus codos, pero él anticipó el movimiento, pegándola por completo a su cuerpo.

El cano alcanzó a esquivar la espada que en línea recta voló hacia su cara, con una puntería tal que le rasgó levemente una oreja.

Kaoru no esperó a que Kenshin le gritara algo, se zafó del blanco y corrió hacia él, mientras las cadenas comenzaban a moverse en torno a ellos nuevamente.

La mesita que había sido colocada con los pocillos y todo eso en el pasillo que daba al patio salió volando, junto con las velas que Kenshin había puesto y que por suerte, se apagaron al caer. Kaoru recordó que una espada de madera que Kenshin le había regalado, estaba en el cuarto fúnebre de su padre y corrió a buscar su arma. Recogió también una yukata que no tardó en ponerse bien atada a la cintura. Los esposos no tardaron en reunirse, espalda con espalda, para hacer frente a sus enemigos.

Ellos estaban juntos en las buenas y en las malas. Por Dios que ni siquiera ese par de asesinos los separaría.

-¡Qué quieren de nosotros!- gritó Kaoru

-¡Eso no es asunto tuyo!- gritó el de las cadenas.

Una cadena fue presurosa hacia Kenshin, cuyos sentidos respondieron bien al anticipar su trayectoria. De este modo, pudo cogerla. El tipo que la manejaba la jaló de tal modo que Kenshin salió disparado en contra de un añoso roble que estaba al otro lado del camino, pero usó el tronco de plataforma e impulsándose con los pies, se lanzó con todo en contra de su atacante.

Le dio de lleno con la empuñadura de su espada en la mandíbula, logrando que perdiera el sentido y cayera al suelo, seguido de un par de muelas.

Mientras tanto, Kaoru seguía en posición de guardia frente al peliblanco. Escuchó a lo lejos un carruaje, pero no podía distraerse, mirando fijamente al hombre frente a ella, cuyos músculos tensos anticipaban que la atacaría en cualquier momento.

La espalda de Kenshin se puso en su campo visual.

-Retírate al interior de la casa. Muchas gracias por todo.- dijo el pelirrojo y Kaoru iba a obedecer cuando de la nada aparecieron varios hombres más. Y uno se dirigió al canoso.

-Señor, viene gente.-

El canoso pasó saliva enfadado y miró a Kaoru primero, semioculta tras la puerta, y luego a Kenshin.

-Tú y yo tenemos cuentas que arreglar, cuñado, pero por lo pronto, te vengo a hacer una invitación para participar en un grupo. Pronto te enterarás de más. ¡Ustedes, quemen todo!- ordenó a sus hombres. Con horror, Kenshin notó que encendían antorchas y él y Kaoru corrieron a detenerlos.

Misao, que venía traspasando la cerca, le bastó una mirada para notar un escenario poco habitual. Le hirvió la sangre y se puso a repartir patadas a diestra y siniestra, seguida de Aoshi y Beshimi que se unieron a la causa.

Para Kenshin era muy fácil dejar fuera de combate a los que le tocaban, y Kaoru no lo hacía nada mal, aunque sus habilidades si habían decaído con los años, más no su espíritu. Misao notó que una antorcha caía sobre el tejado y Beshimi rápidamente vio el modo de apagarlo.

El cano recogió al de las cadenas y se retiró. Fue entonces que Kojiro logró dar con la entrada al patio y lo que vio lo dejó helado.

El demonio pelirrojo mataba hombres sin piedad y tras de él… una mujer le seguía el paso lo mejor que podía. ¿Pero acaso ella era su hija?

Alguien lo quiso atacar, pero el señor Kojiro lo derribó sin mayores problemas y se dirigió a su nena. Su hija, su niñita… había un caos impresionante alrededor de él, pero el final de su camino se encontraba frente a sus ojos.

Cuando se acercó a Kaoru, ella lo atacó sin fijarse quién era. Sin embargo, Kojiro recibió el golpe de shinai entre sus manos cruzadas a la altura de las muñecas y le quitó el arma a su hija, con una facilidad tal, que ella reconoció el movimiento y buscó los ojos de su atacante.

-Papá… -

Impresionada al comienzo, sus ojos se anegaron en lágrimas al comprender lo que sucedía. No quiso pensar en nada más y se lanzó a sus brazos.

Kojiro la abrazó, llorando de la emoción y besando su cabeza. Mientras, Beshimi, Kenshin, Aoshi y Misao los rodearon, dándoles la espalda para impedir que sus atacantes, que se levantaban, molestaran a los Kamiya.

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-Akamatsu, eres un desastre.- dijo el peliblanco, presionando un pañito contra su oreja.- Te derribó fácilmente.

-Te he dicho que mi técnica es para terrenos llanos, acá había mucho árbol y porquerías y yo no me podía mover con libertad. ¿Y tú? No lo hiciste nada mal. No le hiciste nada a la muchacha.-

Molesto, Enishi siguió avanzando por el bosque.

-No es tu problema.-

-Claro que lo es. La idea era traerla con nosotros para obligar a Battousai a participar en lo del señor Shishio, y la dejaste ir.-

Ni siquiera Enishi comprendía lo que le pasaba, pero lo mejor era no pensar más en eso. Menos en lo bien que olía la piel de esa mujer y la cálida sensación que lo recorrió cuando la tuvo entre sus brazos.

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Sentada en el porche, y con la cabeza apoyada en el hombro de su papá, Kaoru permitía que Kenshin le vendara los pies.

-Igual que al comienzo, Kaoru.- suspiró el pelirrojo.- Parece que tendré que cargarte por unos días. Espero que no hayas subido de peso desde la última vez.

Misao limpiaba los pocillos rotos mientras Beshimi había ido en busca del resto del grupo, para investigar quien o por qué habían atacado la residencia de Kenshin y lo más importante: Cómo dieron con ella. Aoshi intentaba reparar la mesita y haciendo un poco de fuerza, le enderezó la pata.

Después de todo, se respiraba un poco de calma en casa, mirando a Kaoru genuinamente feliz con su padre que no la soltaba, como si se la fueran a arrebatar de nuevo. Pero Kenshin no estaba ni cerca de sentirse en paz, porque sabía que de alguna manera, estaba todo torcido en su destino.

Al parecer, la dulce tregua que le había dado la vida había terminado.

Les daría a padre e hija un par de minutos para charlar con calma. Luego, les comunicaría que, quisieran o no, se iban en ese instante, aprovechando el carruaje de Misao. No estaban en posición de decidir.

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Fin acto diecinueve

El fin de la Tregua

Julio 22, 2011.

Notas de autora.

Hola!

Les quería comentar un par de cosas, como por ejemplo, el motivo del por qué me salté 3 años de la nada.

Ya saben que Prisionera lleva ya unos años siendo publicada, pero lo cierto es que a mí me han pasado también muchas cosas. Y si bien tenía una idea de a dónde quería llegar con la historia, finalmente, con el paso del tiempo, ya no me pareció tan atractivo, por ejemplo, el final que quería darle y cómo llegar a él. Y es trágico que me pidan que la siga si ya no sé por dónde agarrarla, de modo que cambié un poco las cosas para que, al menos para mí, recobrara sentido seguir escribiéndola.

Pueden pensar lo que quieran sobre esto, es la pura y santa verdad.

Actualmente me siento muy animada con las cosas que pasarán en el siguiente episodio. Por ejemplo, tendremos a Kenshin escapando nuevamente hacia alguna parte, pero además, este hecho marcará profundamente a otro personaje, que se volverá su enemigo.

Han visto que apareció Enishi, y a Chizuru le estoy preparando una gran historia, a ver si la perdonan por mérito propio y no porque les de pena que la hayan violado.

Sobre Sano y Megumi, no tengo claro aún si llegarán a ser pareja algún día. Pero los veremos nuevamente en el próximo episodio.

Al papá de Kaoru no lo pienso matar aún. El súper motivo es que es un soldado experto, y en lo que se viene, puede ser un buen personaje.

Sobre el reencuentro de Kojiro y Kaoru, podría haberle dedicado páginas enteras mostrando sus emociones, pero la verdad… con tanto que contar y tanto loco suelto, creo que lo más importante es la convivencia que se dará entre ellos. Y Misao y Aoshi… cuando empezó la historia, no se parecían en nada a los de la serie de manga. Pero han evolucionado, y ahora sí que les parezcan más familiares.

Alguien preguntó por Hiko, sin duda pronto aparecerá.

Les agradezco mucho sus reviews. Hace años superé el escribir para recibirlos, ahora lo hago por genuino placer, pero siempre son bienvenidos.

Kahoru Himura: No siempre los amores se realizan en cuanto dos personas se conocen. Deben pasar algunos años y reencuentros, esto, con respecto a lo de Misao y Aoshi. Sobre Kaoru, no estoy segura aún qué actitud tomará cuando se entere de la traición de su esposo, sólo te puedo adelantar que no será lo único que no le guste que descubra de él. Y siiiiiiiii, lo arreglaré, no sé cómo :D. El video que mencionas lo he visto un par de varias veces y lo amo. De hecho, estaba pensando mandarle una carta a Watsuki para que eligiera a ese cantante como Kenshin para la película, pero mi inglés es deficiente y mi japonés no existe.

PrettyKaoru: Hum, supongo que contestaré tu extenso y lindo review por interno, pero aquí lo que concierne a Prisionera. Cuando escribiste, aún no leías el capi 18, así que espero que no te hayas desanimado con el giro que dio. Sin embargo, el giro fue relacionado al tiempo que pasó, porque lo que sucederá tiene que ver con algo que se venía del capi 16. Gracias por tus palabras :D

Setsuna17: A esta escritora le gustan los finales felices, así que confía. Aunque, claro, deberán pasar lo suyo los personajes. Un beso.

Hinata Himura: Para serte sincera, soy ultra fan de la película de "La Bella y la Bestia" de Disney. (Si, para mi cumple número 30, me regalé la edición de lujo de la peli) de modo que Kenshin está también un poco basado en "la Bestia". Si bien se ha suavizado con los años, Kaoru en este capi reconoce que él es malvado con los demás y muy bueno con ella. Sin embargo, pronto lo veremos en su modo Battousai más Battousai. Chizuru fue un personaje divertido de escribir, porque era irreflexiva, y eso era suficiente para ella. Si Chizuru estuviera en una guerra, posiblemente ella sólo atacaría y no se pondría a charlar como el resto de los personajes de la serie, pero ahora se irá por el buen camino. Sobre los problemas de Kaoru… te contaré que mi querida hermana supo ayer que ha perdido su tercer embarazo (aunque ya tiene un precioso hijo) y yo por mi parte perdí un bebé a finales del año pasado, por lo que el tema para mí es bastante posible. Aún no decido si Kenshin y Kaoru tendrán bebés o adoptarán, o incluso si serán simplemente felices teniéndose el uno al otro. Y sobre mis fanfics, bueno, los one-shot son bien recomendables. Gracias por escribirme.

Nickita021: Jeje, al principio serían unos meses, luego un mes y después, 3 años! Pero bueno, estoy segura que algo bueno saldrá de todo esto. A mí también me gustaría tardarme menos, pero aunque me he puesto metas irrealizables y promesas y todo tipo de amenazas, lo cierto es que si no llega la inspiración, no hay caso. Un besito, espero que te guste este capi.

Prinsesa: Ya ves, Sano y Megumi ejerciendo juntos la medicina. Ahora veremos si ella se lo gana o lo deja ir nuevamente.

Gata de la Luna: Misao es la chica que prefiere su carrera al amor… sé que ella tiene buenos motivos para haber rechazado a Aoshi, y también mucha cabezonería para reconocer que pudo equivocarse. Así que veremos qué pasa con este par.

Pauli: No tuviste que esperar mucho porque por suerte, cuando me llega la inspiración, dura tres o cuatro capítulos, asi que espero te guste la continuación. Sobre Matsusoo… le quiero hacer algo especial y único, sólo para él, y desde luego, estas cosas necesitan tiempo y capítulos para cocinarse. Espero que el resultado final deje a todos felices, aunque claro, antes él hará algunas otras maldades. Gracias por tu review, un beso.

¡Nos leemos!

Blankiss.