Prisionera
Acto veinte
Un dolor del infierno
Yahiko tomó una mano de Tsubame y la ayudó a pasar por sobre el portón roto de la propiedad que ocuparan Kenshin y Kaoru hasta unos días atrás. Por alguna razón, se habían ido de regreso a quien sabe dónde, desocupando la casa. Tsubaki, por su parte, les había pedido que la fueran a limpiar, porque ya había pasado una semana de eso.
Repararon en el árbol roto y otras cosas que no estaban en orden.
-Alguien los atacó… por eso se fueron.- dijo Yahiko asombrado.- ¿Le habrán dicho algo de esto a Angie?-
-El señor Himura siempre ha sido cuidadoso con nuestra seguridad. Seguramente todo esto tiene una explicación.- respondió Tsubame, tomando una escoba. Pero Yahiko se quedó preocupado. Sin embargo, la ayudó en las labores.
Yahiko y Tsubame habían crecido juntos. Y aunque alguien pudiera pensar que eran como hermanos, ciertamente no era así. Podían pasarse toda una tarde uno al lado del otro haciendo sus cosas, sin hablarse, sin tomarse mucho en cuenta, hasta que uno se perdía de vista. Entonces el otro dejaba lo que hacía y buscaba con la mirada a su acompañante.
Para todos, era como si se tratara de una vieja pareja de esposos. No había promesas de amor en sus palabras o planes sobre el futuro, pero de alguna manera, todos sabían que Yahiko y Tsubame se pertenecían por completo el uno al otro y que adonde los llevara la vida, irían de la mano.
Mientras, en el hogar de niños, Tsubaki acababa de ordenar los dormitorios. Al salir al patio, vio a los niños jugando felices y relajada, se soltó el cabello para reacomodarlo nuevamente en una coleta. Era un día precioso, con una agradable brisa y por sobre todo, era el día que había elegido para declarar sus sentimientos a Angie. Había esperado pacientemente ser un poco más grande para decirle que lo amaba, y que él la pudiera tener en cuenta. Su corazón dio un vuelco al verlo aparecer con un saco de arroz a la espalda, caminando tranquilo.
-Yahiko y Tsubame están limpiando la casa que era de Kenshin. – le informó.
-Me parece muy bien.- repuso Angie mirando las pequeñas pecas sobre la nariz de la muchacha.
-Aún no comprendo muy bien por qué se fueron tan apresuradamente.-
Kenshin le había hablado a Angie de un "atentado a Battousai", de modo que se alejaría de ellos para que el peligro no los afectara. Pero Angie no quería pensar en esa posibilidad.
-Apareció el padre de Kaoru y quería ir a su casa con ella. Eso es todo.-
Tsubaki miró unos momentos a Angie, buscando una señal de que le mentía, finalmente desistió. Mejor sería hablar sobre lo que ella quería comunicarle.
-Vamos al huerto.- señaló tomando un canasto. Angie dejó el arroz en la bodega y la siguió. Una vez allí, se agachó junto a la chica para arrancar algunas hortalizas. Y de pronto, sintió la mano de ella sobre la suya.
Haciendo uso de todo su valor, Tsubaki mantuvo la mano en su lugar. Angie buscó su mirada extrañado.
-¿Pasa algo?-
Tsubaki quiso gritarle que si, pero sintió temblar sus piernas. Hizo acopio de todo su valor para decirle sus palabras.
-Pasa… pasa que yo… señor Angie, usted debe saber que yo…-
Producto de los nervios, su voz se apagó poco a poco. Angie la miraba muy interesado y eso no ayudó a que ella se sintiera mejor. Intuyendo eso, Angie retiró su mano de debajo de la de la chica y se puso de pie. En estado de shock, Tsubaki pensó que él la rechazaba, pero el hombre simplemente la tomó de las manos para ayudarla a ponerse de pie, y no la soltó más.
-¿Me dirás ahora lo que quieres contarme?- dijo muy gentil.
-Lo amo.- dijo Tsubaki bajando la mirada al sentir sus mejillas arder. Sintió entonces que Angie la abrazaba y la estrechaba contra su enorme cuerpo, y la besaba en la cabeza.
-Está bien.- fue la respuesta.- Acepto tus sentimientos.-
Angie le quería decir que se sentía el hombre más feliz del mundo, que le agradaba haber encontrado una compañera en ella, que se sentía muy halagado que una mujer así lo tomara en cuenta. Y de verdad que iba a decírselo todo y más, pero sintieron los gritos de los niños y soltándose, corrieron a la casa. Una especie de cadena se movía por todo el patio, y ya había dos niños lastimados en el suelo.
De inmediato, para protegerlos, Tsubaki los metió a la casa, llamando a gritos a los demás para que se reunieran con ella. Mientras, Angie comenzaba a esquivar las cadenas con cierta dificultad. Pronto agarró una de ellas, luego otra, y rápidamente las jaló hacia él, de modo que Akamatsu, que las manejaba sobre el tejado, salió disparado a estrellarse contra un árbol. Angie no perdió tiempo y se abalanzó sobre él para exigirle explicaciones y ya iba a asestarle un golpe en la cara, cuando notó que ese hombre sonreía. No entendió hasta que escuchó una fuerte detonación que lo lanzó lejos y al lograr incorporarse, notó con horror que la casa ardía en llamas.
Se puso de pie, al notar que Tsubaki alcanzaba a salir, envuelta en llamas, para ponerse a rodar. Pero recibió un fuerte golpe en la cabeza que lo tumbó y lo dejó atontado.
-No nos gustan los niños, ¿No te lo había dicho tu amigo Kenshin? Le dijimos que te avisara que tenías dos días para largarte de aquí y no lo hiciste. Ahora sufre las consecuencias.-
Con calma, y sin sentir afectación alguna por los gritos de Tsubaki o de los niños que ardían dentro de la casa, Akamatsu recogió sus cadenas y se fue con un compañero que sostenía un cañón montado sobre su brazo. A duras penas, muy mareado, Angie trató de moverse hacia Tsubaki, pero le parecía que su cuerpo no obedecía a la orden de avanzar.
Yahiko llegó primero, y unos minutos después lo hizo Tsubame. Yahiko se quitó la parte superior de su ropa para envolver a Tsubaki para apagarla, y en cuanto se puso de pie para meterse a la casa en llamas, ésta se desplomó.
Dramáticamente, los gritos de los niños cesaron.
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De vuelta en su colina, Kenshin se dispuso a actualizar su sistema de alerta y defensa en el bosque. Por ahí, se encontró con un cadáver que él no tenía cómo saber que era de Idzuka, asi que discretamente lo acabó de enterrar bien y se dispuso a estar atento a más restos de personas. No quería que Kaoru viera algo así.
De momento, no había riesgo de que ella quisiera salir a pasear, pues se pasaba las tardes sentada en el porche, hablando con su padre y poniéndose al día de sus aventuras. Misao y Aoshi les hacían compañía y aportaban en la charla con entretenidas anécdotas. Pero en todo esto, había un problema, claro está, y era la falta de futones, de modo que Kenshin anunció a Kaoru que bajaría al pueblo a conseguirse unos cuantos.
-No tardaré.- prometió.
Se sintió revitalizado al hacer el camino que llevaba a la clínica de Megumi. Si había un lugar en el mundo al que llamar hogar, sin duda para él era esa localidad. Se sentía genuinamente contento cuando entró a la consulta de la doctora, pero un bultito le impidió el paso. Kenshin se agachó un poco para mirar.
Una niñita.
No supo por qué repentinamente, se le llenaron los ojos de lágrimas. Quizá porque pensó en ese hijo que no alcanzó a abrir los ojos y que tendría esa edad…
-Mano… - dijo la niña, extendiéndole su manita.
Kenshin iba a decir algo, cuando apareció Megumi. Al verlo, asombrada, sonrió ampliamente.
-Ken… san.-
Tras ella, apareció Sanosuke. Se mantuvo inmóvil unos momentos, estudiando al pelirrojo, y al final, lo abrazó bien fuerte.
-Nos hiciste falta, amigo… - murmuró. Descolocado, pero sonriendo, Kenshin se sintió muy sentimental. Le daba la impresión de que algo pasaba allí, que se escapaba de su comprensión.
-Veo que conociste a mi hija.- dijo Sano tomando a Tsuki en brazos. La pequeña extendió sus manitos hacia Kenshin y este creyó entender.
-Ya sabía yo que tarde o temprano, ustedes acabarían juntos.
Megumi carraspeó y Sano se encargó de explicar las cosas.
-Después que te fuiste, me casé con Sayo. Tsuki es nuestra hija.-
Asombrado, Kenshin era incapaz de cerrar la boca. ¿Sayo? ¿Aquella pequeña dama había puesto sus ojos en Sano? Sano debía haberla impresionado mucho. Kenshin hizo memoria. Le parecía que Sanosuke le había salvado la vida tras correr toda una noche con ella a la espalda.
-Eres muy afortunado de tener una mujer como ella.- dijo Kenshin de corazón.
-Si, lo fui. Ella murió hace unos meses.
Entonces, era eso. La sensación, el mal presagio.
Fueron evidentes las lágrimas que se agolparon en los ojos del pelirrojo. Trató de espantarlas pestañeando y mirando hacia los lados alternamente, pero no pudo. Sayo y Chizuru fueron lo más parecido a una hermana que tuvo en su vida.
-Yo no sabía… - murmuró.- ¿Y Kaneda, cómo está?-
-Se viene a vivir con nosotros. Chizuru alquiló una casa y el viejo llega pasado mañana. La mala fortuna los ha golpeado… -
Kenshin recordó el mensaje de la paloma, donde Sanosuke le contaba que Matsusoo había violado a Chizuru. Ahora fallecía Sayo… sin duda mala fortuna.
-Tal vez pase a visitarla.- comentó Kenshin. Ya no le guardaba rencor por lo que había sucedido con Kaoru.
-¿Y qué ha sido de tu vida? ¿Terminaste el negocio de Kaoru?- preguntó Sanosuke de buen humor.
-Pues… pues me he casado con ella y la tengo de vuelta en la colina.- dijo Kenshin escueto. Tsuki tiraba de su hakama y reía.
Si hubiera caído una bomba en la clínica, Sanosuke y Megumi no se hubieran podido impresionar más. ¿CASADO?
Nunca habían visto al pelirrojo antisocial como un candidato al matrimonio, de partida, porque tenía pésimo genio, de segunda, porque nunca antes le habían visto interés en alguna otra mujer y de tercera, porque… ¿ya dijimos que tenía mal genio y era antisocial?
-Supongo que ya le habrás dicho que su padre estaba vivo.- dijo muy serio Sanosuke. Ahora que él era padre, comprendía la desesperación que tuvo Kojiro cuando no podía dar con su hija.
-Kojiro está con ella en la casa. Por eso he venido, para dejarles rato a solas. Y porque necesito un futón. Y sobre todo, porque… -
Kenshin les iba a decir que jamás debían decirle a Kaoru sobre que él sabía que Kojiro la buscaba de antes, o los degollaría, pero no le pareció una buena idea por eso del reencuentro y la buena onda entre ellos a pesar de los años.
-Y sobre todo, porque también los extrañaba.- remató un poco incómodo.
¿Qué Kenshin los extrañaba? Sano y Megumi ya no se podían impresionar más.
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Chizuru barría la calle cuando Kenshin la divisó. Su energía había cambiado, incluso el modo en que movía. Ya no era una muchacha exuberante y coqueta. Se vestía como alguien de mayor edad, si acaso para que nadie la mirara.
Ella sufrió lo que era para Kaoru.
-Hola.- la saludó.
La joven se volvió lentamente. Al ver a Kenshin, sintió vergüenza cuando recordó el modo en que ella trató de conseguirlo y de separarlo de Kaoru. Agachó la cabeza.
-No te preocupes, todo eso está en el pasado.- dijo Kenshin acercándose. – Acabo de llegar de viaje… -
-¿Qué pasó con Kaoru?- preguntó la chica. -¿Acaso ella… ?-
-Estuviste cerca de cargar con un muerto en la conciencia. Y te digo por experiencia que uno de esos te persigue todas las noches. Kaoru se recuperó y ahora es mi esposa.
-Ya veo.- dijo Chizuru girando para barrer algo imaginario.- Espero que estés feliz.-
-Lo estoy.-
Pasando saliva, Chizuru se preguntó si debería invitar a pasar a Kenshin a la casa.
-Me enteré de lo de Sayo. Realmente lo siento mucho.-
Dolía, áun dolía. Más que cualquier otra cosa que le haya pasado a Chizuru.
-Una neumonía se la llevó. Fue todo muy rápido. Un día reía con nosotros, luego cayó a cama y ya no se levantó más. En menos de una semana. Sanosuke quedó destrozado, y mi abuelo… supongo que él me tiene a mí y yo lo tengo a él.
-He decidido… - comentó Kenshin luego de una pausa.- … establecerme en estos lados nuevamente. Si tu abuelo llega, dile que puede encontrarme en la colina.
A Chizuru se le erizaron los pelos al recordar…
-Está bien.- dijo. Y se metió a la casa.
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Tsubame limpió la herida de Angie lo mejor que pudo mientras Yahiko acababa de quitarle la ropa y restos de piel a Tsubaki que ya no podía gritar más del dolor. Incluso la carreta que tenían se había quemado y necesitaban fabricar algo para llevarla al doctor. En hacer una camilla se tardaron por lo menos una hora. Y el problema fue subir a Tsubaki, porque por donde la tocaban se le salían los jirones de piel y encima, parecía que su respiración decaía.
Tsubame recordó que el señor Himura siempre hablaba de una hierba que debía masticarse y poner sobre las quemaduras. Ella corrió a buscarla y tras traer un buen poco, le dio a Yahiko y a Angie para que la ayudaran a cubrir las muchas heridas de Tsubaki con eso. Cuando la tuvieron más o menos cubierta, partieron al pueblo con ella.
Angie no podía pensar en otra cosa que en las palabras del que lo atacó. ¿Acaso Kenshin sabía que eso pasaría, no le dijo nada y se fue?
El médico del pueblo atendió a Tsubaki como prioridad, y mientras la atendía, Yahiko le preguntó si podían quedarse en la salita de espera esa noche, narrándole lo del incendio de su casa. El hombre no puso reparo alguno y se dedicó a calmar a la muchacha.
-Espalda y abdomen están muy dañados. Sus piernas y brazos tienen quemaduras menores, pero su estado general es grave. Deben prepararse para lo peor.- fue el diagnóstico.- Hay un medicamento para el dolor que la dejará descansar un poco.
Tsubame se apoyó bajo el brazo de Yahiko, sin querer pensar en lo que había pasado. Angie no había abierto la boca para nada, parecía que estaba en otro mundo. Yahiko sin pensar, atrajo a Tsubame un poco más hacia él, como si ello le calmara, y trató de descansar.
De alguna manera, mirando a Angie, el chico intuyó que ahora él quedaba a cargo.
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Kojiro creía en las palabras de su hija con respecto a Kenshin, que la había cuidado y protegido todos esos años. Y sólo por eso, el pelirrojo merecía todo su respeto. Además, Kojiro recordó la mañana en que lo rescató de unos bandidos en el camino por ahí cerca, de modo que decidió que Kenshin era un hombre bueno, y eso del demonio pelirrojo, un invento del enfermo de su hermano.
Aoshi había acabado de reparar el asador y estaba preparando unos pescaditos que cazó en el río, con ayuda de los Kamiya, cuando llegó Kenshin con unos futones, y preguntó por Misao.
-Surgió algo urgente y tuvo que ponerse en camino esta tarde. Te ha dejado saludos.- dijo Kaoru. Aoshi por su parte, sólo se dedicó a seguir asando la cena. Pero por dentro, bullía.
Recordaba la época cuando Misao fue a pedirle ayuda para solucionar el problema de su prima. Ahora en cambio se había puesto en camino a un lugar lejano, saltando de árbol en árbol sin siquiera consultarle. Daría lo que fuera por tenerla entre sus brazos, pero ciertamente Misao no era mujer para un hombre de hogar como él.
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Goro Fujita arrugó levemente la nariz ante la pila de escombros: el olor de la carne quemada era muy fuerte. Yahiko acabó de contarle cuanto sabía sobre el incendio, con los puños apretados de la frustración.
-Cuando sentimos el ruido como de rugido, corrimos hacia acá. Tsubaki estaba en el piso y Angie apenas estaba consciente. Realmente, no sé qué pasó. No había nadie más con ellos y todos los niños, al parecer, estaban adentro. Cuando quise entrar, la casa… -
Tsubame describió exactamente lo mismo que Yahiko cuando Goro la interrogó aparte.
Angie no se movía del lado de Tsubaki, quien respiraba fatigosamente a ratos. A veces le pasaba un algodón húmedo por los labios, pero nada más. Hasta ese lugar llegó Goro. Sin embargo, ante sus preguntas, Angie nada contestó, asi que el inspector le pidió salir afuera unos momentos.
-Más te vale contestar lo que te estoy preguntando.- dijo Goro sin un atisbo de compasión como el que le mostró dentro de la clínica.- Necesito resolver este caso.
-¿Y crees que voy a dejar que un Lobo de Mibu me de órdenes?- preguntó Angie repentinamente violento. Goro sonrió un poco. Muy poco.
-Al menos estás reaccionando. Quiero saber qué pasó en tu casa.-
-Mis niños murieron.- dijo Angie sombrío.- Es todo lo que sé y lo único que importa.
Goro se estaba mosqueando ante la actitud de Angie.
-Tú me llamaste Lobo de Mibu.-
-Reconocería a un Lobo de Mibu a kilómetros. ¿Acaso tú no, Saito? Después de todo eres igual a todos quienes predican una cosa y hacen otra. Ahora eres un perro del gobierno, como tantos otros.
-Yukuizan, Angie, yo también reconocería tu horrible cara a kilómetros. Dime, ¿Qué fue de tu amigo pelirrojo?
Angie no dijo nada, pero apretó los puños.
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-Asi que ese idiota no quiso decir nada.- dijo Goro a Misao, que llegó unos días después. La joven ninja en cambio le narró lo sucedido con Kenshin, quien los atacó y esas cosas.- Es evidente que en ambos casos hay una conexión. –
-Según mis investigaciones, Akamatsu sería un soldado de rango inferior en lo de Shishio Makoto. Enishi Yukishiro… no logro determinar su posición dentro del grupo, pero sin duda está ligado a ellos. Usted me comentó que la casa de niños estalló desde dentro, y según recuerdo, dentro de mi reporte se menciona que el grupo de Shishio cuenta con un experto en bombas.
-Eres muy eficiente, chiquilla.- dijo Goro luego de una sonrisita.- Pero falta averiguar el móvil de este grupo para atacar a Battousai y al ex bonachón de Angie.
Misao estaba muy afectada por la muerte de los niños y las quemaduras de Tsubaki, pero trataba de mantener la mente en frío.
-Creo que el móvil no es la venganza hacia ellos. Hace como tres años atrás, cuando conocimos a Angie, éste tuvo que cambiar su residencia porque lo estaban presionando para entrar al grupo de Shishio, que entonces estaba en formación. Angie huyó durante la noche, rehusando el combate. No sería extraño que esta sea una forma de presión hacia... –
-Pues si se trata de una forma de presión, es bastante mala al empezar por matar a sus seres queridos. Están jugando con fuerzas de la naturaleza que tú por lo menos, que no los has visto en combate, no te puedes imaginar.-
Misao miró con interés a Goro, que encendió un cigarrillo.
-Battousai Himura o El Monje, son soldados excepcionales, uno por lo letal y rápido que puede ser, y el otro por la crueldad, la saña que puede poner en el asesinato de su contrincante. Si yo te contara una historia, la más sangrienta, y tú te la imaginaras, te puedo asegurar que la realidad superaría con creces lo que haya en tu mente. Si Shishio está tentando a esos dos, y presiona el botón equivocado, puede tener un aliado formidable, o un enemigo… el único enemigo capaz de hacerle frente. Por lo menos, de momento, dices que Battousai está haciendo una pacífica vida de familia. Tal vez debamos vigilar a Angie, que está más cerca.-
-Creo que sería una magnífica idea dar a conocer nuestros planes a Kenshin y a Angie, para que nos puedan ayudar como infiltrados.-
-Con Battousai podría resultar, aunque no estoy muy seguro de sus capacidades. Después de todo, han pasado muchos años desde que terminaron las guerras. Pero ese hombre era un tonto idealista y es posible conseguir su ayuda. Sobre Angie, está de duelo… -
-Yo me encargaré.- dijo Misao.- Hablaré con él… -
-Espera, es mejor que lo observes unos días. Por ahora debe estar en shock, no pensará con claridad a nada que le propongas. Déjalo unos días, lo observas y si pasa algo, lo sigues.
Tras Misao, estaban sus guardianes.
-Ya escucharon, muchachos.- dijo antes de retirarse. Sus hombres la siguieron, pero Hannya detectó un guiño que Goro le hacía a él, como una pequeña burla, o un pequeño desafío.
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En silencio, Tsubame preparó los futones para ella, Yahiko y Angie. Luego, gentilmente les dio de comer un poco de arroz, que Angie no quiso probar, a pesar de sus ruegos.
-Lleva varios días sin comer, y necesita estar fuerte para cuando Tsubaki se recupere y vuelva acá con nosotros.-
A Angie poco le importaba comer o no comer. Yahiko pronto acabó su plato e hicieron una oración por sus amigos fallecidos.
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Kaoru estaba muy animada con su padre en casa. Incluso cocinar le resultaba placentero, y ni hablar de la compañía de Aoshi. Era un hombre muy ameno, casi como el hermano que siempre soñó tener. Y Kenshin… Kenshin era su cielo, su sol…
Se vistió muy bonita y salió a pasear con él cuando la invitó al pueblo. Kojiro declaró que estaba un poco cansado y quería dormir. Aoshi les hizo compañía.
Kaoru corrió a abrazar a Megumi y cuando se trató de Sanosuke, apenas alcanzó a recordar que era una mujer casada. Buscó la mirada de Kenshin al recordar que este una vez se puso celoso de su amigo, y éste le hizo una seña de que saludara a Sano como mejor le pareciera.
Un efusivo abrazo fue la mejor solución para ella.
Estaba riendo ante eso, cuando del fondo de la consulta, con una niña de la mano, salió Chizuru, tímidamente.
-¿Podría yo también, saludar a Kaoru?-
Bastaba ver la actitud de Chizuru para darse cuenta de que no era la misma. Kaoru la saludó con una reverencia. Chizuru también se inclinó, y le presentó a Tsuki. Su sola presencia alegró a todos.
-¿Esta es la hija de Sanosuke?- preguntó Kaoru al recordar todo lo que Kenshin le contó. –Se parece a ella, aunque los colores que tiene son los de Sano, claramente.-
Aoshi saludó a todos con cortesía y se pasaron esa tarde contándose anécdotas. Cuando el sol caía, llegó un hombre que hizo un gesto que de inmediato Aoshi captó. Un mensajero.
-Busco a Aoshi Shinomori.-
Le pasó una notita y él rápidamente despidió al joven, prometiendo buscarlo para darle la respuesta, porque lo que decía allí era demasiado fuerte como para responder de inmediato.
-Kenshin, tenemos que hablar. Pasó algo en el hogar de niños.-
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Un poco enfadado, Akamatsu llegó al pueblo por la tarde, para buscar a Kenshin. El plan era quitarle a Kaoru y de ese modo, llevarlo hasta Shishio. El jefe había puesto mucho énfasis en atraerlo de esa manera, después de todo, Kenshin fue un patriota lleno de ideales, y el poder y el dinero no eran alicientes para pelear del lado de ellos. Pero si había algo que él quisiera de por medio, era bien posible.
Divisó un grupo a lo lejos, aunque no pudo verlo bien. Pero sin duda, Kenshin estaba allí, ese cabello rojo no se podía disimular en ninguna parte. Luego notó que Kenshin y… ¿Kaoru? Se metían a una casa, se despedían y él se iba de allí.
Esperó poco y se decidió actuar de una buena vez por su cuenta. Odiaba tener que hacer esos trabajitos de poca monta, lo suyo era matar y matar, no andar buscándole mujeres a Enishi.
Chizuru acababa de bañarse y vestirse para dormir cuando sintió que la tomaban por la cintura, desde atrás. El terror la paralizó, mientras sentía que se quedaba dormida con un pañuelo en la nariz.
Cerca de tres horas después, Enishi, en su escondite, se encontró a Akamatsu muy sentado y tomando sake, mientras a sus pies, una mujer dormía.
-Ahí la tienes. Tal como querías. La mujer de Battousai. Ahora me voy de parranda, volveré mañana temprano.- dijo antes de desaparecer.
No era muy educado dejar a una mujer durmiendo en el suelo más o menos despaturrada y Enishi se molestó con la poca delicadeza de Akamatsu para tratar el encargo. La tomó en brazos y entonces sus sentidos se dispararon por completo.
En la penumbra del cuarto, apenas podía distinguir sus facciones, pero su cuerpo, siempre controlado en cuanto a sus necesidades, le pedía a gritos probar con sus labios a esa mujer. La reacción era mucho más fuerte que la que sintiera antes, en casa de Battousai.
La depositó en un futón y tocó su mejilla. Una leve descarga eléctrica lo recorrió, y la mujer abrió poco a poco los ojos.
Chizuru no entendió lo que estaba pasando de inmediato, pero sabía que no estaba en su casa, y que un hombre la acompañaba. Quiso gritar, pero Enishi se anticipó y la tomó por la garganta.
-No se te ocurra gritar o te rebano el cuello.- dijo sin una pizca de duda. Chizuru hizo caso, nerviosa.
-Por favor… no me haga daño… - dijo asustada.
-No te haremos daño, a menos que tu marido haga lo que le pedimos.-
-¿Marido? Yo no tengo marido, señor… -
-¿Vives amancebada con Kenshin?-
Chizuru aún estaba mareada por el éter. No entendía nada. Se tomó la cabeza.
Enishi acercó un poco la lámpara para mirar mejor a la mujer. No había duda, era ella, la mujer de Kenshin.
-Si no eres su esposa, será más fácil.- murmuró.
-Yo me llamo Chizuru… no soy la esposa de nadie. Pero dicen que Kaoru se parece mucho a mí, y ella es la esposa de Kenshin. Ya… ya nos han confundido antes.-
Ya le parecía a Enishi raro que Akamatsu terminara solo una misión en tan poco tiempo. Rabioso, se puso de pie violentamente. Chizuru se hizo un poco hacia atrás y luego, el hombre del cabello cano se acercó a ella nuevamente.
-Mejor para mí si no tienes nada que ver con Kenshin… me servirás esta noche.-
El corazón de Chizuru se desbocó escandalosamente. Ella no quería ser tocada ni tomada por nadie nunca más. No importaba lo que tuviera que hacer. Se arrodilló frente a Enishi desesperada.
-Por favor, por favor… no me haga daño. Señor, he tenido la desgracia de pasar por esto antes. Por favor, no quiero nuevamente… no quiero pasar… -
Enishi la tomó del cabello y la obligó a levantarse, para tomar su boca en un beso salvaje. Chizuru luchó contra él, pero no pudo lograr que Enishi se apartara.
Él le quitó la yukata y el cuerpo de la joven quedó por completo expuesto. Chizuru comenzó a temblar y a llorar cuando el cano tomó sus senos. Este se sentía en la gloria, sólo que la joven no estaba cooperando y era la primera vez que a Enishi le pasaba algo semejante. Estaba sumamente tensa y no paraba de gimotear. Él tampoco era un pervertido que tomara a alguien a la fuerza y aunque le traía un millón de ganas, no iba a empezar ahora.
-Realmente no sirves para nada.- dijo arrojándole la yukata a la cara y saliendo de la habitación.
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Kenshin y su grupo estaban en la casa en la colina, planificando lo que harían.
-Debemos partir cuanto antes a ver a Angie. Nunca me esperé que el siguiente fuera él. Pensé que la cosa era sólo conmigo.-
Kojiro no entendía mucho, pero sabía que habría un conflicto. Y por eso, unos niños murieron carbonizados.
-Kenshin, te ayudaré en lo que pueda.- dijo Kaoru.- Yo te acompaño.-
-No deberías. Ahora eres mi talón de Aquiles. Lo mejor es que te quedes… -
-¿Por qué discutes si sabes que iré de todos modos? Si te preocupa que descubran que soy tu mujer, me vestiré de muchacho nuevamente.-
-¿De muchacho? .- preguntó Kojiro.
-Kenshin, amigo.- dijo Sanosuke.- Sabes que me gustan las peleas, pero antes de ir necesito dejar a Tsuki con Chizuru para que la cuide. Además, ahora soy un doctor, puedo componer mejor las heridas que antes.
-Gracias, Sano, eres de gran ayuda.-
-Yo también iré.- dijo Aoshi.- Puedo encargarme de contactar las redes de Misao para mantenernos informados.
-Supongo que si ustedes van a no se dónde, con mi hija travestida, tendré que acompañarles. Me fue muy mal la última vez que me alejé de ella por culpa de una guerra. Los ayudaré a condición de que nadie me obligará a matar. –
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Makoto Shishio llegó luego de unos días a su refugio y allí recibió las noticias sobre cómo iban sus planes. Luego de escuchar atentamente, ordenó se hiciera una cena en honor a su llegada e invitó a sus hombres.
Faltaban algunos como Enishi y Akamatsu, pero en general estaban la mayoría. Se levantó y habló a los presentes.
-Supe que atacaron a Angie Yukuizan. Qué interesante. Quemaron su casa.-
-Así es.- dijo un gordo, levantándose orgulloso.- Yo fui. Una puntería genial, di de lleno en esa casa.-
Shishio sonrió.
-Así supe. Una casa de mocosos.-
-Todos murieron quemados.- dijo el gordo riendo. El resto rió con él, a excepción de Soujiro, un muchacho que se mantenía al margen de esas cosas.
-Es muy gracioso lo de los quemados.- dijo Shishio avanzando lentamente hacia el gordo.- Es realmente gracioso sentir ese dolor indescriptible mientras tu piel se convierte en cenizas sobre ti.-
Su tono de voz se tornó sombrío y ya nadie reía cuando llegó hasta el gordo.
-Es exactamente como lo que me hicieron esos patriotas muchos años atrás. Me quemaron vivo. Prendieron fuego a mi cuerpo después de rociarlo con un combustible de fósil. ¿Creías que uso todo mi cuerpo vendado porque se ve bien? El dolor de las quemaduras en indescriptible, y queda por mucho tiempo. Aún cuando me muevo puedo sentirlo, alimentando mi odio hacia este gobierno.
Shishio apretó un puño delante de él y luego abrió la mano, colocándola en la cara del gordo. Éste empezó a quejarse del calor abrasante que desprendía esa mano.
-Tal vez me lo merecía por ser un hijo del infierno.- dijo Shishio sin soltarlo.- Y aquí tienes la muestra. Pero esos niños… se retorcieron del dolor antes de morir, se abrasaron vivos antes que les cayera la casa. No soy un ángel, pero no puedo soportar ese tipo de estupideces. ¿No podías dispararles, o atravesarlos con una espada? Habiendo tantas formas rápidas de matar, ¿elegiste esa?-
El gordo cayó hacia atrás cuando Shishio lo soltó. Pero el hombre vendado de pies a cabeza se dirigió a su hombre de confianza.
-Hazlo.-
Todos vieron a Sohjiro salir de la estancia con el gordo. Comieron en silencio, el que se acentuó cuando Sohjiro entró esta vez solo, y se sentó a comer tranquilamente.
U- -u- -U- -u- -U- -u- -U- -u- -U- -u- -U- -u- -U- -u- -U- -u- -U- -u- -U- -u- -U-u- -U- -u- -U- -u- -U
Fin acto veinte
Un dolor del infierno.
Julio 29, 2011
Notas de autora
Hola!
Lamento no poder actualizar ayer, pues he tenido algunos problemas de índole familiar. De todos modos, ya tenemos un nuevo capi y han pasado muchas cosas. Y seguirán pasando. Vamos a ver qué sale de todo esto.
Les quiero dar las gracias a todas, les he respondido en la medida en que me han llegado sus mesajes, aunque claro, hay veces que no se puede.
Pauli y Prinsesa: Nuevo capítulo y nuevas historias. No puedo asegurar que Matsusoo no le haga daño a Kaoru finalmente, aún no lo decido, aunque pronto saldrá de su casa para hacer maldades.
Muchas gracias por escribirme y bueno, nos leemos la próxima semana.
Un beso!
