Rurouni Kenshin no me pertenece, todos los derechos son de Nobuhiro Watsuki y de la Sony y yo no gano ni un mísero pesito haciendo esto.
Prisionera
Acto veintiuno
El despertar de los demonios.
-Aquí tienes.-
Chizuru recibió un pocillo de arroz como desayuno. Enisihi se encontraba frente a ella, pero la muchacha se reusaba a mirarlo a los ojos.
-No me interesa que no seas la mujer de Kenshin, si lo conoces, tarde o temprano él querrá rescatarte, y hasta que eso suceda, te quedarás conmigo. Vamos a iniciar un viaje largo… -
-No puedo. Mi abuelo… -
-Creo que ya entendiste que no tienes opción y mientras antes lo entiendas, mejor para ti. Si intentas escapar y te descubro, no te mataré ni te apalearé aunque debiera, pero ya te enterarás que serás castigada por cada vez que me des problemas.
Chizuru se echó un poco de arroz a la boca, pero le costó mucho pasarlo por su garganta. Si su mala suerte era por haber intentado matar a Kaoru para quedarse con su hombre, posiblemente fuera peor si la hubiera matado. Suspiró de alivio al pensar que al menos Kaoru estaba bien y que Kenshin se veía contento con ella. Kenshin le había dicho que los muertos a uno le perseguían de noche, en sueños… Chizuru miró a Enishi de reojo antes de volver su vista al arroz. Podría ser peor. Podría ser un hombre horrendo como el tío de Kaoru, y malvado. Enishi al menos era agradable a la vista.
Enishi se sentó frente a la muchacha para mirarla comer y estuvo así unos momentos. Pero luego se dio cuenta de lo que hacía, así que se levantó intempestivamente y se fue. Y así empezaron a pasar los días.
Angie estaba sentado frente a los escombros de lo que fue su hogar de menores. Llevaba allí medio día, sin poder asimilar aún lo que había pasado. Se miraba las manos enormes y sucias como si pudiera encontrar en ellas una respuesta a lo que no tenía sentido. El asesinato de sus niños.
Yahiko y Tsubame lo miraban a la distancia. Ya no sabían qué hacer para hacerlo reaccionar. Pensaron que al rescatar los cuerpo y hacerles un funeral, Angie se recobraría, pero fue peor. Ni siquiera iba a visitar a Tsubaki.
Se encaminaron a la casa de Kenshin a cocinar algo y en ese momento, un muchacho con una cesta se acercó a Angie. Se sentó a su lado en el tronco.
-El problema con estas cosas, es que la policía es incapaz de hacer algo.- comenzó. Angie no dijo una sola palabra y el recién llegado lo miró con curiosidad. – Sólo toman notas, preguntan cosas, luego se van y se olvidan.-
Las manos de Angie comenzaron a temblar.
-No lo sé, hay gente que luchó para que las cosas fueran como hoy lo son, pero no estoy seguro de que sean lo mejor para todos. Seguramente usted habrá tenido otra idea de lo que sería Meiji. Pero si usted hoy quisiera vengarse de quienes le causaron ese daño, lo condenarían a muerte.-
Sohjiro abrió su cesta y sacó un bulto bien envuelto.
-Le debo una disculpa por tomar su venganza en mis manos, pero el señor Shishio me ordenó hacerlo. Estaba muy enfadado por lo sucedido. Después de todo, nosotros necesitábamos a los niños vivos para extorsionarlo con ellos.- comentó el chico como si le diera lo mismo lo que revelaba, pasándole la bola a Angie.
Éste descubrió un poco el bulto y lo cerró de inmediato. Una cabeza.
-Es del hombre que lanzó la bomba contra sus niños.- dijo Sohjiro.- El otro hombre sigue vivo, pero se lo dejaremos vivo si quiere.
Angie volvió a mirar la cara del gordo. Si, era él, lo recordaba. Lo cubrió una vez más, pero se lo dejó entre las manos, apretándolo.
Discretamente, Sohjiro se puso de pie y se alejó un poco. A tiempo para esquivar la sangre de la cabeza que Angie hizo estallar en sus manos.
-Cómo supieron.- dijo.
-Llevamos observándolo un tiempo. El incendio de la casa nos llamó la atención, es muy raro que arda una casa en verano. Investigué un poco, y dimos con el sujeto del cañón en el brazo.
-¿Quién es el otro?-
-Akamatsu, el tipo de las cadenas.- declaró Sohjiro.- Antes visitó al señor Himura. Estuvo en su casa.
-¿Por qué hace esto?
-Porque aún los asesinos tenemos códigos. Matar niños es lo más bajo. Alguien así debe ser muerto.-
Sohjiro recogió su canastita. Angie se quedó pensando que aún quedaba uno vivo de los que mató a sus niños. También pensó en Kenshin. ¿Cómo era posible que supiera de esas cosas y no le previniera, o que los policías no hicieran nada por atrapar al gordo? Ya había pasado una semana.
El mundo no era lindo y bueno como creía. Pasaban cosas malas que a nadie le importaban, salvo a los asesinos… y sólo ellos podían cambiar las cosas porque tenían la fuerza para hacerlo. Porque podían regir al mundo con sus códigos.
Angie se puso de pie para caminar junto a Sohjiro, que no puso reparos en que le hiciera compañía.
El sol entraba a raudales, llenando cada habitación de su casa, y Kaoru se sentía en paz. Acababa de limpiar todo y la madera brillaba intensamente bajo el sol del mediodía. Entonces, llegaba Kenshin de sus labores.
Kaoru corría a saludarlo, efusiva, pero cuando miró tras él, notó que había manchas de barro por donde él había pasado. Lo miró con atención y descubrió sus pies completamente enlodados, su ropa mojada… Ahogó un grito cuando notó que su ropa estaba manchada de sangre aún húmeda.
Kenshin le tomó las manos y trató de acercarlo a él, pero ella no quería, porque estaba asustada y no sabía qué quería hacerle. Su esposo traía las manos también ensangrentadas y cuando finalmente la pudo pegar por completo a su cuerpo, descubrió su cuello. Con el rostro desfigurado en una mueca demoniaca, Kenshin le dio una mordida mortal. Kaoru gritó del dolor.
-Despierta, Kaoru. Hijita… -
Estaban en el último tramo antes de llegar junto a Yahiko y los demás, cuando decidieron parar a dar un descanso. Kaoru se había sentado bajo la fresca sombra de un árbol para comer algo.
-Debí quedarme dormida.- murmuró para sí.
-Seguramente venías muy cansada, y acalorada con esa ropa. ¿No llevarás las vendas muy apretadas al pecho? Es común tener pesadillas cuando algo nos molesta en el cuerpo.-
Kaoru tomó aire. Su padre tenía razón, las vendas para aplastar su busto le apretaban más de lo debido.
-Papá, las aflojaré cuando llegue a casa.- prometió. Le salió muy natural pensar en la casita cerca del hogar de niños como SU casa. Pero, era lógico, había vivido allí tres años. Ahora, claro, era la casa de Yahiko, Tsubame, Angie… -¿y Kenshin?
-Ha ido junto a Aoshi y Sanosuke a reunirse con Misao. De hecho, les pedí que no te despertaran para que descansaras. He notado que te fatigas con todo.
Kaoru hizo una mueca. Ella había luchado para que no se le notara el cansancio que sentía durante el viaje.
-Hace años que no viajaba tanto. Ha de ser la falta de ejercicio, eso es todo. ¿Pero cómo lo supiste?. Ni siquiera Kenshin… -
-Soy tu padre. Te conozco incluso mejor que Kenshin.- dijo Kojiro pasándole una cañita lleno de agua.- Kenshin me dejó las señas de a dónde llegar. No será difícil, es en el pueblo próximo. ¿Vamos? Así de paso, me cuentas qué estabas soñando.-
Misao, vestida muy coqueta con un kimono y adornos en el cabello, agitó las manos al divisar a Kenshin y Aoshi. Los invitó a la plaza del pueblo a comer golosinas, porque tenía que contarles algo. Pero aparecieron tres hombres ante ella.
-¿Y este quién es?-
-Soy amigo de Kenshin y ando tras la pista de mi cuñada.- respondió Sanosuke.- Un tremendo idiota la raptó y por su culpa, tuve que dejar a mi hija en manos de una mujer amarga.
Misao entrecerró los ojos.
-¿Una mujer raptada? ¿Y eso que tiene que ver con nosotros?-
-Es una mujer que físicamente es muy parecida a Kaoru.- dijo Kenshin. –Misma estatura, complexión, rasgos. Pareciera que son hermanas, pero Kojiro asegura que él sólo tuvo una hija. La diferencia está en que Chizuru tiene otro color de ojos. Las han confundido antes, con malos resultados.
-Misao… - dijo Aoshi muy serio.- Cuando atacaron a Kenshin y Kaoru, el motivo no quedó muy claro. Sin embargo, en una nota, diste a entender que lo de Angie era un atentado para obligarlo a algo. Chizuru, la cuñada de Sanosuke, desapareció esa noche y desde entonces, Kaoru anda disfrazada. Dejaron esta nota en su cuarto.-
Misao recibió una carta escrita con miles de faltas de ortografía.
"Si kieres rekuperar a tu hesposa, contatate con el ceñor Shicho. O ella morirá. Tienes una cemana"
-Vaya.- dijo Misao.- este era el tipo de complot que nos temíamos.- dijo Misao. –Pero afortunadamente, Kaoru tiene una doble.-
Kenshin estaba muy preocupado por Chizuru. No quería que su amigo Kaneda sufriera la pérdida de otra nieta.
-¿Qué nos querías decir?
Misao sonrió ampliamente. Podría presumir sus habilidades.
-Finalmente mi jefe me autorizó a hablarles de la misión en la que estoy.- comenzó emocionada.- Porque ustedes nos pueden cooperar.-
En la entrada de la ciudad, un amable policía saludó a Kojiro y a Kaoru.
-Ustedes deben ser los familiares del señor Himura. Me enviaron a escoltarlos hasta su punto de reunión.
-¿Escoltarnos?.- preguntó Kojiro.
-Si. Lo que pasa es que se teme que haya gente detrás de sus familiares para extorsionarlo.- respondió el policía con sencillez.- Se teme que quieran hacerle daño a sus cercanos.
Kaoru pensó con pesar en Chizuru. Su padre le había narrado sobre su violación.
-Siempre nos confunden.- dijo para sí.
Goro Fujita miró de reojo a los dos junto a él y los guió a un dojo.
-Acá nos reuniremos con mi superior.- dijo Misao, entrando a un enorme dojo que pertenecía a la policía.- Acá entrenan en esgrima a los jóvenes que quieren servir a la comunidad.-
Aoshi la miraba fascinado, hablando tan propia y tan orgullosa. Se preguntaba si ella sería consciente de todo lo que había crecido en esos años en madurez y en belleza. Pero parecía que ya no lo miraba como antes. Es más, ni siquiera lo miraba.
Kenshin y Sanosuke se descalzaron y recorrieron el dojo mirando todo atentamente. En eso, se abrió la puerta a sus espaldas.
Lo primero que el pelirrojo notó fue la sonrisa de Kaoru.
Lo segundo, que su padre venía con ella.
Lo tercero, y esto realmente lo ofuscó, es que el tipo que los acompañaba le caía bien, pero bien de la patada.
-Hajime Saito.- dijo, como si pudiera escupir las palabras.
Aoshi se volvió hacia la puerta al escuchar ese nombre. Como Onniwabanshu, él sabía bien de quién se trataba.
-Himura Kenshin.- respondió el aludido con una sonrisa burlona.- Tanto tiempo, ¿no?-
Kojiro tuvo la impresión de que algo no andaba bien si su yerno tenía esa reacción con esa persona. Tomó a su hija por los hombros y la quitó de en medio. Misao no entendía nada.
-Supe que te habías cambiado el nombre y trabajabas para la policía.-
-Comprenderás que un lobo, sin importar donde esté o la época, debe velar para acabar con la maldad.- respondió con sencillez.
Sanosuke se pasó al bando de los que no entendían nada y se acercó al grupo de civiles normales… bueno, casi. Misao y Aoshi no le parecían muy normales.
-Veo que en estos años realmente te has debilitado, si no encontraste nada mejor que dejar a tu mujer y a tu suegro en el bosque, aún sabiendo que podía haber un complot apuntando a ellos.
Kenshin recordó el modo en que Kojiro le rogó que dejara descansar a Kaoru. Ciertamente los dejó allí, pero no porque quisiera.
-Tienen a Chizuru, pensando que es mi esposa.- argumentó.
-Bien sabes que en cuanto a ella le pregunten, dirá quién es realmente. Ya deben saber que Kaoru está contigo. No me costó mucho dar con tu familia en cuanto llegaste. Pude haberlos matado. –
Kaoru miraba preocupada a Kenshin. Se sentía tonta por haberse dejado guiar por un desconocido. Y ahora por su culpa, su esposo estaba siendo avergonzado.
-Definitivamente, en estos años, tu decaimiento también es mental.-
-Usted no sabe nada de Kenshin.- dijo Kaoru enfadada.- No sabe lo que hemos vivido últimamente, y menos… -
-Señora, es usted la que no sabe nada de Kenshin, y por eso no logra comprender por qué hay un grupo que anda tras él para hacerlo su aliado o eliminarlo. Este hombre fue el más grande asesino que yo pueda recordar. Tiene un poder que usted no puede siquiera llegar a imaginar. ¿Ha oído hablar alguna vez de "La Locura Asesina"?-
Kaoru no respondió, sólo atinó a mirar a Kenshin. Kojiro había escuchado hablar de eso en la guerra.
-Un hombre puro por un lado… absolutamente violento y rápido por el otro. Un hombre que puede enloquecer y acabar matando por placer… - dijo mirando a su yerno. Sabía que Kenshin y el legendario Battousai eran la misma persona, pero nunca se había puesto a pensar demasiado en ello.
¿Un hombre puro?
Era exactamente de ese modo como Kaoru podía describir a Kenshin con ella durante su matrimonio. Puro, bondadoso… a tal grado que ella sentía que su otra personalidad era para protegerse del resto del mundo.
Pero el otro… Kaoru había visto a Kenshin en combates. Sin duda con la espada era algo superior al resto de los mortales, pero de allí a decir que era violento porque si… no, él dentro de su furia, era muy controlado, aunque pensando en la pelea con Jinnei…
Confundida, miró a su costado, donde Misao no podía disimular su turbación por lo que estaba viendo. La joven ninja no sabía que su jefe conocía a Kenshin, menos que era un Lobo de Mibu, sin embargo, al mirar a Aoshi, le daba la impresión de que no estaba sorprendido como los demás.
-Un lobo de Mibu, Misao. Te encontraste nada menos que a uno de los pocos sobrevivientes del Shinsengumi. A uno de sus capitanes más poderosos.
-Shinsengumi… - murmuró ella. No había estudiado nada al respecto y ahora se arrepentía.
-El Shinsegumi era el opositor del Ishinshishi. Al que según tengo entendido, pertenecía Kenshin. Acabas de reunir a dos que se detestan. Basta mirarlos.-
Misao no necesitó mirarlos para sentir una fuerte energía de rivalidad. Observó la preocupación pintada en la cara de su prima y se sintió muy mal por ayudar a ese encuentro.
-Me alegro de verte, después de todo, así podemos terminar una vieja pelea, ¿no te parece?-
-No tengo intenciones de pelear, sino de ayudar a un amigo.- dijo Kenshin controlando su carácter, y cruzándose de brazos para alejar sus manos de la espada.- He alejado mi vida de las peleas.
-Si así fuera, no andarías armado.-
-Esta arma es para proteger a mi familia.-
-Adornas con palabras bonitas como "proteger" y "familia" la verdadera intención de la espada. Matar.-
Kenshin resopló. No quería pensar en eso.
-Puedes pensar lo que quieras.-
-Desenvaina, porque te voy a atacar. Y agradece la advertencia.-
-No pienso agradecerte nada.-
Kenshin movió un pie para salir de allí, pero no alcanzó a concretar el paso. Saito se abalanzó sobre él con la espada en una posición de ataque especial, rozándole el abdomen y dejando un corte, cuando el pelirrojo lo intentó esquivar. En cuanto Saito estuvo más cerca de él, le dio un puñetazo en la cara.
Kenshin cayó al suelo, con sangre goteando de su labio y su torso.
-Te digo que voy en serio, Battousai.- dijo esta vez, poniéndose evidentemente en posición de ataque. Cuerpo proyectado hacia adelante, brazo izquierdo sosteniendo la espada, y mano derecha sobre esta.
Corrió hacia Kenshin que esta vez alcanzó a desenvainar la espada, protegerse e intentar una defensa. Pero Saito le dio una patada, mandándolo volar.
El muro del dojo atajó su cuerpo. Hizo una mueca de dolor al sentirlo en la espalda.
Saito se sonrió.
-Estás acabado, Batto… -
No siguió. Kaoru le dio vuelta la cara de una cachetada. Kojiro corrió asustado, temiendo por la vida de su hija. Ya veía que Saito le rebanaba el cuello.
-¡Cómo se atreve, grandísimo animal a atacar así a un hombre que no quiere pelea! ¡Cobarde! La policía es una burla si lo tiene a usted en sus filas.-
Saito miró con curiosidad a la mujer delante de él. La chiquilla lo dejó para correr a ver a Kenshin.
-¿Estás bien? ¿Puedes ponerte de pie?-
-Si.- murmuró el pelirrojo. Se apoyó en su esposa unos instantes y esta notó que se había desatado su cabello. También que su respiración era irregular, como si estuviera muy cansado.
-Kenshin, vámonos… -
-Déjame pelear.-
-¿Ehh? Kenshin, no tienes que hacerlo.-
-Quiero hacerlo.-
Preocupada, Kaoru lo miró a los ojos y lo que vio allí no le gustó. Podía pegarle a un lobo de Mibu, podía disfrazarse de hombre y enfrentar a quien le pusieran por delante, pero en ese momento, no podía decirle nada al hombre que tenía frente a ella.
Dio dos pasos atrás y le dejó el camino libre.
-Si veo algo que no me guste… te vas a enterar.- le dijo a modo de advertencia. Kenshin pasó por su lado y se puso en la elegante postura que requería para desplegar su técnica de desenvaine a la velocidad divina. Saito comprendió, sonriendo, y atacó a Kenshin nuevamente con un Gatotsu, su ataque favorito.
La verdad, no vio a donde se movió su contrincante, así de rápido fue, que la siguiente vez que Saito supo de algo, era que estaba estrellado contra la pared él también.
Misao recordó las palabras de Saito, que ver a Kenshin era muy distinto a imaginarlo en el combate. Se preguntó qué tanto de esa faceta conocería Kaoru.
Kenshin no esperó a que Saito se repusiera del todo y lo atacó nuevamente. Lo veía como un Shinsengumi, como un enemigo al que debía liquidar prontamente para caminar nuevamente hacia la tranquilidad. La espada de Kenshin rozó un brazo de Saito, y junto este alcanzó a imprimirle fuerza a su espada para repeler el ataque del pelirrojo. Después de esto, Kenshin ya no se anduvo con chiquitas, y giró su espada para acabar de matar a Saito.
Saito alcanzó a interponer su espada entre su pescuezo y el limpio acero de Kenshin. La fuerza de cada ataque no tenía nada que ver con la talla del rival de cabello rojo. Era como si un demonio se hubiera apoderado de Kenshin Himura y esto pronto lo entendió Kaoru.
Le gritó y lo llamó por su nombre mientras éste, perdido en alguna parte de su mente, trataba de asesinar a su contrincante. Kojiro le puso una mano sobre los hombros para que cesara en su empeño.
-En el lugar en que está, él aún no te conoce.- dijo su padre.- Él no te conocía para la vez que enfrentó a este hombre.
-No es cierto, no es cierto… - dijo Kaoru, pero Sanosuke se le acercó.
-En tal caso, si él pudiera escuchar la voz de alguien que hubiera estado en el Bakumatsu, una voz conocida… pero ninguno de nosotros estuvo allí.
-Sólo Kaneda, pero él está muy lejos.- dijo Kaoru.- Pero… si sigo gritando, acabará por escucharme.- reflexionó por ella misma. Luego repensó.- ¿Si buscamos a Angie?
La espada de Kenshin se deslizó sobre el filo de la de Saito, generando chispas que llamaron la atención de todos. Kaoru recordó su sueño. Kenshin era un monstruo que devoraba vidas y acababa con ella. Una bola desagradable comenzó a adueñarse de su estómago. La angustia y el miedo de ver que frente a sus ojos, un hombre hacía un despliegue de fuerza y energía increíble sólo para matar a otro. ¿Era esa la imagen que veían las personas que él asesinaba antes de morir? ¿Era por eso que Kenshin siempre trataba de dominarse y guiarse por la cordura?
Las rodillas de Kaoru se doblaron.
-Si alguien pudiera detenerlos… - dijo. Comprendió que era imposible y por eso, ella decidió ir al rescate. Aprovechó cuando Saito lanzó a Kenshin para defenderse y este acabó jadeando en el piso. Al ponerse de pie, Kaoru corrió hacia él para jalarlo.
-Quítate.- dijo en un tono que no admitía quejas. Pero Kaoru no se iba a fijar en ese detalle.
-Esto termina aquí.-
-¡Quítate, mujer! ¡ME ESTORBAS!-
Kaoru sintió un empujón y repentinamente, sintió la frialdad de la espada contra su cuello. Kenshin al borde del agotamiento y la locura, a centímetros de su rostro.
-No me obligues a sacarte yo mismo de aquí.-
El carruaje que llevaba a Okubo Toshimitsu al lugar de encuentro entre Saito y el hombre que colaboraría con ellos, tuvo un retraso a causa de una rueda. Afortunadamente, pudo llegar al dojo sin perderse.
Okubo bajó raudo con su acompañante, el jefe de policía de Tokio. Entraron al dojo y se encontró con la sorpresa de que Saito y otro más estaban enfrascados en una pelea a muerte. Eso no le gustó.
-¡DETÉNGANSE!- gritó el jefe de policía, de modo que los contendores lo miraron a él y luego repararon en el señor Toshimitsu. Durante el combate, habían perdido sus armas y ya iban a matarse a puño limpio.
Ver a Okubo era mucha impresión para Kenshin. Su embotado cerebro no entendía nada de lo que estaba pasando, menos cuando Saito tomó su chaqueta que se quitó para pelear, y salió caminando como si fuera el héroe de alguna película de acción.
-Mi reporte es que Kenshin Himura es un tarado y no vale nada. Pero Battousai está bien vigente.-
Y se fue, así no más. Claro que antes le hizo un gesto a Kaoru, que ella no supo interpretar como si de respeto a su persona, o de burla.
Misao, por su parte, fue requerida por Saito, asi que tuvo que seguirlo.
Aoshi y Sanosuke se ocuparon de las heridas de Kenshin, mientras Okubo, el Ministro del Interior de Japón le pedía que fuera en busca de Shishio Makoto y lo matara.
Parecía fácil para Kenshin, después de lo que todos habían visto, pero el pelirrojo estaba completamente abatido, al punto que no despegó la vista del suelo durante toda la reunión, ni separó sus manos, como si tuviera miedo de volver a dejar espacio entre ellas para una espada. Kojiro lo notó de inmediato, pues él había vivido lo mismo en la guerra y discretamente se lo comentó a su hija.
A pesar de sus reservas, ella tomó una de las manos de su esposo.
-Esto que han hecho con mi marido es de lo peor. No tenía para qué mandar a ese tal Saito a probarlo, menos insultarlo a él y a la familia que hemos formado. No estoy de acuerdo con la manera en que han hecho las cosas.
La reunión terminó con Kenshin prometiendo dar una respuesta dentro de una semana.
Fin acto veintiuno
El despertar de los Demonios
Agosto 25, 2011.
Notas de autora
Decididamente, el título de este capi se puede aplicar a lo que está pasando.
El clima en mi país está asqueroso. Y no es que se trate del clima ambiente, se trata de las personas. No recuerdo (a lo largo de mi vida) una época como esta en que los vándalos se tomaran las calles en la noche tan seguido, causando miedo a sus vecinos, destrozos y saqueos. Al menos así se ve un poco en mi barrio y otros.
Y son tan… absolutamente irreflexivos y carentes de empatía hacia las personas que dañan. Nosotros tenemos algunas fechas en las que es común verlos, dos o tres veces al año. Pero desde algún tiempo salen con más frecuencia, así que debo reconocer que por primera vez en mi vida (30 años) estoy pasando miedo. Ellos aprovechan la efervescencia en que nos tiene el movimiento por la educación para todos, para salir a hacer estupideces. ¿No entienden la lógica de eso? Yo tampoco.
Pero pensemos con optimismo, esto pasará. Algún día… supongo.
Y por cierto, Educación gratis, siiiii :D
No tengo mucho que hablar del episodio, y ustedes juzgarán. No estoy segura de sacar adelante los que siguen en el estado de nervios que me traigo, pero haré un esfuerzo.
Les dejo un besote gigante, las quiero y los quiero mucho, y gracias por sus comentarios.
Blankiss.
