Prisionera

Acto veintidós

Contigo siempre


Kenshin se notaba abatido y apenas había pronunciado palabras cuando cayó la noche. Aoshi consiguió un lugar para el descanso de todos, de modo que el matrimonio Himura pasó a ocupar una de las habitaciones. Kenshin de inmediato se quedó dormido, pero Kaoru no pudo. Cada vez que cerraba los ojos, veía la mirada asesina de su esposo, y sentía la espada en su cuello. Estaba segura que si tocaba su garganta, encontraría el pequeño surco de la herida, por lo que evitaba llevar su mano hasta ahí.

Decidió salir afuera un momento, encontrando a su padre, Aoshi y Sanosuke charlando sobre lo que vieron. Kaoru pudo sentir sobre ella sus miradas de compasión y no le gustó. Apuró una copa de sake que le sirvió Aoshi.

-Pero… yo sólo fui un luchador aficionado, asi que no logro entender eso de la locura asesina.- dijo Sanosuke.- No veo relación entre la pureza de un hombre y su habilidad para matar.

-Es simple.- dijo Kojiro, tomando dos pocillos. En uno puso agua y en el otro tierra que sacó del suelo.- Dime qué ves aquí.-

-Agua.- dijo Sano.

-¿Y en este?-

-Tierra. Pero no entiendo qué tiene esto que ver.

-Verás, el agua normalmente la podemos beber, ¿verdad? Es muy refrescante y buena para nosotros.-

-Claro.-

Aoshi siguió la conversación interesado. Ni hablar de Kaoru.

-Pues bien. Esta tierra que hay en este otro pocillo es buena para la siembra. Si pones una semilla en ella, lo más posible es que germine con cierta humedad. Ahora bien… vaciamos el agua en la tierra- Kojiro hizo lo que decía.- Y obtenemos barro. Con este barro no puedes hacer germinar una semilla o se podrirá. Tampoco puedes beberlo, porque está mezclado. Pasa lo mismo con las emociones de los hombres.

Las personas tenemos emociones buenas y productivas, y malas y destructivas. Sin embargo, esas emociones están mezcladas la mayor parte del tiempo y guían nuestros actos. A un guerrero se le ocurrió que si un hombre puede separar su pureza de su maldad, aparte de volverse loco por ser dos personas en una, podía ser magistral, porque toda su maldad estaría al servicio del asesinato y por otro lado, su pureza la frenaría cuando no sea necesario hacerlo. Asesinar sin emoción alguna, sin compasión. Después de eso, la pureza te puede volver loco con el remordimiento, pero si fuera necesario volver a matar… -

-Vaya…- dijo Sanosuke sorprendido.- Así es fácil entender. Pero… digamos que Kenshin no era muy puro cuando lo conocí.- pensó, recordando el modo en que separó a padre e hija para quedarse con ella.- Aunque debo admitir que ahora que nos hemos vuelto a ver, me sorprendió su cambio. Era… como si fuera otra persona, tenía otra aura. Incluso el color de sus ojos me pareció más claro. Más transparente. Kenshin siempre fue un huraño, desagradable y esas cosas. Y claro, lo vi en batallas, pero estoy seguro que ninguna fue tan… tan… tremenda como esta.-

-Posiblemente sus emociones se mezclaron y durante la época de la que hablas, él era como un hombre normal, con la bondad y la maldad juntas para su servicio.

-Puede ser.- dijo Sano.- Al menos siempre fue bastante paciente conmigo.

Los cuatro se quedaron mirando las brasas de una fogata que habían preparado. Aoshi se quedó pensando en eso de la locura asesina.

-Tal vez, simplemente, lo que cambió en Kenshin entre que lo conoció Sanosuke y el día de hoy, es que Kenshin es un hombre de familia. Un hombre que conoce el amor y lo vive.-

Kaoru, asustada por lo que eso podía implicar, miró a su padre. Este sólo asintió.

-Desde que he visto a mi hija con Kenshin, he pensado que ella es afortunada por tener a su lado a un hombre que le profesa tanta devoción. Por ella él intenta ser mejor persona cada día… pero eso significa que la maldad debe estar guardada en otro lado, para otras cosas.-

-Pero no creo que Kaoru tenga algo que ver en este nuevo modo de Kenshin.- dijo Sanosuke.- porque se supone que él era igual de letal durante el Bakumatsu. No creo que Kenshin se haya enamorado, ¿o si?-

-Fue exactamente lo que hicieron conmigo.- dijo Kenshin acercándose al grupo y sentándose junto a Kaoru.- Contrataron a una mujer que rescaté para que fuera "mi funda" Ella me enamoró… y yo maté tanta gente que perdí la cuenta. Y aún cuando murió, aún cuando supe que era un espía y que quería a otro… aún así yo guardé algo bueno en mí para recordarla. Después empecé a frenarme en los asesinatos… - suspiró.- No quiero volver a pasar por eso.-

Kaoru tuvo la sensación de que si no hubiera gente presente, Kenshin se derrumbaría sobre ella. Se puso de pie y lo invitó a volver a los futones con ella.

Kenshin se sentó sobre el suyo y se tomó la cabeza.

-No puedo creer que después de tanto tiempo… esto aún pueda pasarme.-

-Buscaremos un modo de resolverlo.- dijo Kaoru por decir algo que lo consolara. Pero Kenshin se la quedó mirando fijo.

-Si me vuelvo a involucrar en una pelea, te pido… te exijo que no te metas. No quiero que grites o que saltes al medio. No quiero que tengas una estrategia para sacarme de allí, porque podría acabar lastimándote como hoy.- Kaoru bajó la vista y Kenshin se acercó gateando a ella.- ¿Crees que no me di cuenta?-

Kenshin descubrió un rasguño en la garganta de su esposa. Cerró los ojos, como si tratara de contener algo dentro de él.

-Para lo de Tomoe, viví durante años con el cargo de conciencia. Si te pasara a ti… yo preferiría morirme.- susurró. Kaoru se conmovió profundamente con la emoción que encerraban sus palabras y lo atrajo sobre su cuerpo. Acostados, él la abrazó por la cintura.

-Tranquilo, mi amor, esto pasará.-

Kaoru sintió la boca de Kenshin sobre su garganta y su corazón se desbocó. ¿Cómo podía estar deseando hacer el amor con el hombre que estuvo a punto de matarla? Sobre todo porque ese hombre le advertía de no volver a interferir en sus asuntos en vez de prometerle no lastimarla nunca más.

-¿Acaso te vas a involucrar en lo que te pidió el señor Okubo?- preguntó en voz baja. Kenshin no respondió y siguió en lo suyo, haciéndola olvidar por un momento qué era lo que había preguntado.

La desnudó sin mayores problemas y se recostó sobre ella. La besó largo rato en la boca, saboreando con la punta de la lengua sus labios. De tanto en tanto respiraba profundamente para tomar su aroma, sentía su nariz acariciar sus mejillas, sienes, boca.

-Te amo, Kaoru.-

La mujer lo sintió acomodarse de modo diferente para penetrarla y no puso impedimento para ello. Sentía una bola de fuego en el estómago y la única forma de liberarla era moverse al compás de su esposo. El futón se movió unos milímetros hacia atrás cuando la embistió por primera vez y Kaoru tuvo que arquearse para soportarlo entrar a su cuerpo.

Las respiraciones de ambos cambiaron su ritmo a uno mucho más rápido. Kenshin acariciaba sus pechos, los lamía y se movía sobre ella, y Kaoru quedaba relegada a acariciarlo y arquearse para intentar tener más movimiento, pero Kenshin se aseguraba de tenerla atrapada bajo su propio peso. No estaba interesado en recibir, sino en darle todo a ella.

Finalmente Kaoru alcanzó el trasero del pelirrojo. Lo apretujó un poco y él entendió que estaba llegando a ese punto en que ella se perdía, gritando su nombre… o cualquier otra cosa ininteligible que saliera de su boca. Quería un contacto más profundo, y separó más las piernas aunque no fuera necesario. Kenshin bajó la velocidad de su movimiento de penetración, de manera que fuera más pausado, y más hasta el fondo, como sabía que ella quería.

No hacían falta muchas palabras en esa relación. Tras años de matrimonio se conocían a la perfección el uno al otro.

El ardor en el estómago de Kaoru se hizo casi insoportable y se trasladó a la entrepierna donde una ligera cosquilla comenzó a invadirla. Kaoru tomó aire, porque entre el peso de Kenshin y el esfuerzo físico que estaba haciendo, le estaba faltando ese vital elemento. La última vez que alcanzó a respirar hondamente, la cosquilla estalló dentro de ella, llegando a cada rincón de su cuerpo, por eso, antes de que llegara a la cabeza y la privara de razón, mordió el hombro de Kenshin. No quería que las personas de afuera la escucharan.

Kenshin aceptó la mordida y las uñas clavadas en su espalda como una pequeña molestia a cambio de un momento de placer intenso. No era su propia descarga lo que le proporcionaba eso, sino el ver a Kaoru retorciéndose de ansiedad bajo él. Pensó en un momento, al comienzo de su matrimonio que al obtener unas cuantas revolcadas con ella, pasaría esa hambre que sentía por su cuerpo. Pero no fue así. La respetaba si ella no sentía deseos, pero cuando los tenía, era común que la despertara en medio de la noche para una segunda vez.

-Kenshin… - susurró Kaoru. Música para sus oídos. Dejó de contenerse y se derramó dentro de ella.

Tras varios minutos abrazados, retozando y besándose, Kenshin decidió apagar la luz. Al alzarse sobre Kaoru, la contempló de reojo y luego, un poco extrañado, la miró por unos segundos, antes de dejar el cuarto a oscuras.

-No me lo tomes a mal, pero… estás más voluptuosa.-


Tsubame le hizo guardia a Tsubaki durante esa noche, ya que el médico tuvo que salir. De vez en cuando escuchaba uno que otro quejido de la joven en sueños. Hacía unos días había recuperado la conciencia y el día anterior Yahiko y ella se atrevieron a hablarle sobre la suerte de los niños.

Tsubaki había llorado por los niños, y ahora preguntaba por Angie, pero lo cierto es que nadie lo había visto, de modo que además del cuerpo destrozado, Tsubaki así mismo sentía su corazón.

Su preciosa cara había quedado intacta, libre del fuego. Pero el tronco, los brazos… las piernas, en todos había un grado de daño.


Kojiro fue el último en ir a acostarse, entre Aoshi y Sanosuke. Se había quedado bebiendo y pensando, después de todo, él no era indiferente a lo sucedido en la tarde. No quería que Kenshin dañara a su hija y ya estaba pensando en retornar a Tokio con ella si las cosas se ponían pesadas. Estaba la casona aún, podían vivir del dojo de kendo, era cosa de abrirlo y conseguir estudiantes. Pero la pregunta era: ¿Kaoru estaría consciente del peligro en el que estaba? ¿Querría dejar a su esposo?

-No creo que quiera.- se respondió antes de dormir.

Sin embargo, al lado de Kenshin, Kaoru simplemente era incapaz de conciliar el sueño. Cada vez que cerraba los ojos y caía ligeramente en la inconsciencia del descanso, veía algo que parecía imposible, y que le quitaba el sueño.

Unos ojos completamente dorados.

Ese fue el color que encontró en los ojos de Kenshin cuando él la obligó a salirse del campo de batalla.

¿Qué debía hacer? Ver el modo de ayudarlo o hacerle caso y no inmiscuirse en sus combates de ahora en adelante. ¿Sería cierto que ella era la causa de que Kenshin presentara ese modo de pelear?

Suspirando, se dio una vuelta, y luego otra, y otra.

Al siguiente día todos notaron el cansancio de la joven, pero ella no se atrevió a decir que el hombre que le había devuelto la tranquilidad, se la había quitado.


Misao tampoco durmió en toda la noche. Tras seguir a Saito luego del combate con Kenshin, este le dio la siguiente orden:

-Dentro de 10 días atacaremos con todo el cuartel de Shishio, esté o no esté Battousai. Necesito que reúnas tropas Oniwabanshuu para apoyo dentro de cinco días, de manera que podamos coordinar el ataque. La policía que hay hoy en día carece de experiencia y si queremos lograr el mejor resultado, debemos utilizar a los mejores que van quedando. De más está decir que morirá gente.-

Y todo eso quedó dando vueltas en la cabeza de Misao.

Ser la princesa ninja era de lo más emocionante, pero además, descubrir que tenía habilidades especiales lo fue más. Entrenar y todo eso fue increíble, al punto que renunció al amor tras decidir que esa sería su nueva misión en la vida. Incluso, ponerse al servicio del gobierno e investigar para ellos le añadió una emoción absoluta a su vida, y se burló en sus adentros sin piedad de cada persona a la que engañaron para sacar información. Pero ir a una guerra…

Misao no se imaginaba matando a nadie, ni siquiera para defender su vida. No quería reclutar un ejército de ninjas para matar a otras personas.

Encima, estaba el asunto de Kenshin contra Saito. Seguramente estarían todos muy enfadados con ella.

Se durmió aclarando el sol y despertó poco después, cuando Hannya le trajo el desayuno. Misao rezongó y se tapó la cabeza con el cobertor.

-Esto es horrible.- concluyó.


-¿Has decidido algo con respecto a lo que te pidió ese sujeto?- preguntó Sanosuke mientras comía un poco de salmón al desayuno.

-Si. No me interesa.- respondió Kenshin sin levantar la vista de su pocillo de arroz. Todos lo miraron con asombro.- Shishio, el hombre al que me piden matar, fue un error del gobierno, no mío.-

-No comprendo.- dijo Sanosuke. Aoshi pidió hablar para explicarle.

-Como sabes, Kenshin era el encargado de matar a políticos clave para la instauración de Meiji. Con el tiempo lo reubicaron.-

-Pedí estar en primera línea en los combates.- dijo Kenshin sin dejar de comer, como si todo le diera lo mismo. Kaoru estaba intrigada mirándolo de reojo.

-Al quedar vacante el puesto de hitokiri, pusieron a otro hombre, Shishio Makoto, pero éste se puso a averiguar un par de cosas sobre las personas que querían una nueva era, con el fin de aprovechar esa información para escalar políticamente. El gobierno no toleró su extorsión, y mandaron a matarlo rociándolo con gasolina. El hombre fue quemado vivo, pero nadie se explica cómo, sobrevivió. Y ahora, como comprenderás, está enojado, quiere poder… -

-Y Kenshin no tuvo nada que ver en esto.- sentenció Sanosuke.- Vaya, sí que es mala leche el Okubo.

-Me interesa ver a Yahiko y Tsubame por si podemos ayudarlos en algo y luego, desapareceremos.- dijo Kenshin tan tranquilo. Pero Kaoru no lo estaba.

-Como los últimos años, que nos la hemos pasado huyendo de no sé qué cosas todo el tiempo.

Kenshin dejó su pocillo sobre la mesa y la miró directamente. Kojiro, nervioso, observó a su hija. Se hizo el silencio.

-Es sólo que quisiera… poder vivir en paz.- dijo Kaoru tratando de suavizar sus palabras anteriores. Kenshin se puso de pie y salió de allí. Kojiro puso una mano sobre la espalda de su hija y le dio una palmadita.

-Está bien. Sus decisiones afectan a ambos. Es bueno que expreses tu opinión al respecto.

Tras el desayuno, se pusieron en marcha para encontrarse a Yahiko y Tsubame.


Ese mismo día comenzó el reclutamiento de Oniwabanshus, mediante palomas mensajeras que surcaron los cielos a distintos horarios para no llamar la atención de nadie. El primer mensaje de adhesión se recibió al día siguiente. Hubo un par de grupos que desistieron de la idea, pero en general, más de cien ninjas activos se movían hacia Misao para brindarle sus servicios, emocionados algunos con la idea de pelear nuevamente, otros porque comprendían la difícil situación en que se encontraba el país y querían amortiguar los problemas, otros porque habían escuchado sobre la jefe ninja que se enamoró y abandonó sus deberes, y querían conocer a la hija que retomaba esa responsabilidad. Y no faltó el que iba con la intención de pelear con la muchacha y quitarle su puesto.

Aoshi había ido a ver a Misao. La encontró de pie, en lo alto de la torre de la mansión que ocupaba la policía como oficina. La joven miraba la ciudad, con los brazos cruzados sobre su pecho. Estaba preocupada por el futuro de los convocados, aún no sabía qué pensar sobre matar personas, no quería.

-Pienso que tu mamá pensó las mismas cosas que tú ahora, cuando decidió dejar el Oniwabanshu.- dijo el hombre a su espalda. Misao ni se movió, pero sus palabras la afectaron profundamente. Ni siquiera Hannya, el que más la quería, podía leerla tan fácilmente.

-Está bien.- dijo la joven, aferrándose a su orgullo para no demostrar debilidad.

-Puedes comentarlo conmigo, si lo deseas. Yo tuve entrenamiento desde los cinco años. Abuelos, padres, tíos, todos ninjas. Muchos de ellos murieron para lo del Bakumatsu. Es inevitable que en un combate se pierdan vidas.

Misao sintió que su respiración le faltaba. No… no podía morir gente por hacerle caso a ella. Debía de haber una solución. Cerró los ojos.

-No es algo que deba permitir.- musitó insegura. Finalmente, luego de un suspiro, se dio media vuelta. Le llamó la atención que Aoshi usara ropa de color azul marino, pero no pensó demasiado en ello.

-No es algo que puedas evitar.- dijo Aoshi admirando el rostro de la joven con claras señales de dormir mal.

-Yo no pensé… yo sólo quería obtener información y ser espía.

-Lo sé.-

-Pero ahora… - Aoshi notó con sorpresa que el labio de Misao empezaba a temblar.- … no puedo… - alcanzó a decir antes de romper a llorar. Aoshi cerró el espacio entre ellos y la abrazó.

-Está bien, Misao, no tienes que preocuparte por eso. Simplemente debes dejar que las cosas pasen. No puedes evitar que la policía esté metida en este caso y que te pidan apoyo y todo lo demás que haya pasado. Y no podrás evitar frenar la sangre de guerra que fluye en nuestras venas. No te preocupes por lo que no depende de ti.-

-Pero los llamé… -

-Y si aceptaron fue a conciencia. Misao, todos sabemos lo que pasa en este tipo de cosas. Además, puede que no muera nadie, que todos regresen a sus casas.-

Misao estaba inconsolable. Sus lágrimas traspasaron la ropa de Aoshi y mojaron la piel de su pecho.

-¿Te ha enseñado Beshimi alguna vez lo que es una arenga?-

-¿Qué es eso?-

Aoshi besó la frente de la joven y volvió a abrazarla.

-Mi pequeña Misao, tu entrenamiento fue muy corto, aún con tus habilidades está incompleto para ser una líder a la que todos puedan respetar. La arenga es lo que te dará la posibilidad de evitar los muertos en las filas ninja.-

-Dime.- la chica puso por completo atención al atractivo hombre que la rodeaba.

-La arenga es como un discurso. Tus hombres y mujeres se alinearán para escuchar el plan del combate, las instrucciones, tú sabes de eso. Por dónde entrar, a quienes atacar, a quienes inmovilizar. Los tiempos que manejen. Después de eso, ellos rompen filas para ir a la misión. Es en ese momento, antes que rompan filas, que tú te plantas frente a ellos y les recuerdas por qué están luchando, para quienes, y que deben hacerlo bien para poder regresar con los suyos cuando llegue la noche. Normalmente, antes de una batalla, se hace una arenga, para que los guerreros se motiven. Algunos de ellos van enfermos, otros con miedo… otros no saben si lo harán bien, pero quieren hacer algo por su país, pero están nerviosos. Tú debes convertir con tu arenga, esos sentimientos en fuerza guerrera para que ellos tengan en mente todo aquello que tú les digas. Háblales de los cerezos en flor, de todo lo que se te ocurra para que ellos quieran regresar a sus hogares y luchen por eso.-

-Una arenga. Suena… suena como algo que podrías hacer tú. Parece que sabes mucho sobre eso.-

-Lo haría, Misao, pero la Okashira eres tú. Ellos esperarán escucharlo de ti. Y no puedes demostrar debilidad como ahora, tú debes estar convencida y convencerlos de que lo que se va a hacer es la mejor opción.

Si había algo que a Misao le gustaba de ser espía y todo eso, era la idea de ser invisible. Tener que plantarse frente a una tropa de personas le daba nervio, pero ella se quiso meter en todo eso de ser Okashira y aunque recién se estaba enterando a cabalidad en qué consistía eso, ya no podía echar pie atrás.

-Gracias, Aoshi.- dijo la joven ya sin lágrimas.- Me siento mucho mejor después de esto.-

-Me alegro.- respondió, pero no la soltaba.

Misao tampoco se separó de su pecho.

-Tal vez, después de todo… la vida de la que me hablaste alguna vez sea una idea linda.-

-Lo es, Misao. Y sigue en pie. Siempre ha seguido en pie. Pero por ahora concentrémonos en la vida que elegiste tú. Y ya después hablamos de lo otro.

-¿Ehh? ¿Qué quieres decir?-

Separándose de ella, Aoshi dio un par de pasos hacia atrás y luego se agachó, colocándose en la postura ninja de respeto hacia un superior.

-Que yo venía a poner mis habilidades y las de la familia Shinomori, a su servicio, Okashira.


Tsubame y Yahiko los recibieron muy bien en su residencia, pero a pesar de su amabilidad, no lograron disimular la honda tristeza que los embargaba.

-Nos salvamos porque vinimos a limpiar esta casa y pasamos la noche aquí.- dijo Tsubame.

Kenshin le preguntó por Angie y Tsubaki, asi que Yahiko lo guió hasta la clínica, donde Tsubaki lloró al verlo a él y Kaoru.

-Qué bueno que están bien.- dijo débilmente le muchacha.- Yo no sé por qué nos tuvo que pasar eso.

Kaoru acarició el cabello de la muchacha, mucho más corto que el que ella recordaba. El fuego había quemado el largo.

-En cuanto puedas sentarte, recortaré tu cabello para que luzcas bonita.- dijo la joven a la muchacha que se había convertido en su amiga.- No sé cuánto tiempo nos quedemos por aquí. ¿Te gustaría que viniera a verte?-

-Por favor.- dijo Tsubaki.- Tsubame es buena y se esfuerza mucho, y Yahiko, pero es horrible tener que estar aquí y no poder levantarme ni siquiera para la ventana. Me duele mucho la espalda y las piernas casi no las siento.

-Necesitas ejercicio.- declaró Sanosuke que también estaba en el cuarto.- ¿Puedo examinar tus piernas?- Tsubaki se lo permitió y el joven aspirante a médico tomó la derecha y le pidió que la doblara. Tsubaki lo hizo con dificultad. Con la pierna izquierda Sanosuke no se atrevió a meterse, porque del muslo hacia arriba estaba bastante inflamada.- Si vienen las muchachas, puedo venir a ejercitar tu pierna derecha al menos y ver qué hacemos con la otra. La idea es evitar que se atrofien tus miembros. ¿Está bien?-

Tsubaki asintió, contenta.


El relato de Tsubaki sobre lo que les pasó conmocionó a Kenshin y Kaoru. El sujeto de la cadena que los atacó días antes de su huída, regresó y arrasó con la vida de los niños.

Tras darle las buenas noches a sus amigos Sanosuke, Aoshi y Kojiro, Kenshin tomó la mano de Kaoru, la jaló hacia su cuarto y cerró la puerta tras ellos. A la luz de las velas, ella notó en los ojos de su esposo horrendos haces dorados ocupando el tono violeta de sus ojos.

-No puedo perdonar lo que les han hecho a esos niños, ni a la vida de mi amigo Angie.- comenzó. Kaoru tocó su espalda para acariciarlo, descubriendo con el tacto su musculatura dura por la tensión. Tenía que calmarlo de alguna manera. Esta vez ella lo tomó de la mano y lo sacó de ese cuarto.

-Sígueme.-

La joven había visto, camino a la casa que ahora era de Yahiko, un bosquecito de bambú, y guió a Kenshin hasta allí. Le puso la espada en la mano y tomó distancia de él.

Su esposo la miró sin comprender y cuando lo hizo, lanzó un grito espantoso. Arrasó con todo en un radio de 4 metros, dejando un claro en el bosque tras una media hora.

Cayó extenuado, apoyado en su espada y entonces Kaoru se acercó a él.

-¿Te sientes mejor?-

Jadeando, Kenshin respondió que si.

-¿Quieres hablar de lo que piensas?.-

Kenshin miró a Kaoru bajo la escasa luz de la noche. ¿Qué cosa tan buena habría hecho él para merecerse a ese ángel que era su esposa? Soltó la espada y la alcanzó por la cintura, haciendo que la joven se arrodillara junto a él.

-Voy a ir contra Shishio Makoto y todos sus malditos secuaces.- comenzó.- Y no va a quedar ninguno de esos bastardos que puedan atentar nuevamente contra los niños, ni mis amigos, ni mi familia, ni nadie. ¿Crees que no recuerdo que ese animal de Enishi quería llevarte con él? Y ese infame andaba con el sujeto de la cadena. Enishi se llevó a Chizuru por algo… esto debe estar relacionado sin duda con lo que le pasó a Angie… tenía razón en cuanto nos la hemos pasado huyendo sin destino todo este tiempo, he evitado los combates con el fin de poder tener tiempos de paz contigo, pero todo eso fue en desmedro de lo demás. Si yo hubiera ido contra Shishio cuando empezaba su reinado del miedo, hace tres años que era lo que quería Angie, que yo hiciera algo para que esa alimaña los dejara en paz. Pero ¿qué hice yo? Los saqué de su hogar y los traje hasta aquí… y lo de Chizuru, eso es bastante claro al menos… -

El discurso de Kenshin era bastante inconexo. A Kaoru le costaba seguirlo, pero algo entendió, y era que Kenshin quería ir a la guerra.

-Te pediría que te fueras lejos con tu padre para ponerte a salvo, pero no puedo.- reconoció el hombre.-Quiero que estés durante este tiempo donde mis ojos puedan mirarte hasta que todo esto de Shishio y sus secuaces haya pasado.-

-Mi querido sol.. .- dijo Kaoru acariciando su cabello. Kenshin se hallaba con la cabeza recostada en las piernas de su mujer.- Tú quieres ir contra Shishio porque no sabes contra quien desquitarte por lo que ha pasado. No me interpondré en tu camino, pero si te pediré que regreses conmigo para poder buscar un lugar en el que finalmente podamos establecernos.

Como siempre, Kaoru tenía razón. Kenshin se levantó un poco y avanzó sobre ella, husmeando la piel de su cuello y devorándolo en cuanto limpió un poco el suelo bajo ellos.

-Kenshin, no podemos aquí… -

-Oh, sí que podemos.- respondió el pelirrojo con una sonrisa y desatándose el nudo del hakama. En cuanto se desocupó de eso, abrió el kimono de Kaoru y se sirvió uno de sus generosos pechos. Metió una mano libre entre las aberturas de su ropa y se entretuvo aflojando la ropa interior de ella, porque sentía la necesidad de probar el bocado que ella escondía entre sus preciosas piernas. Kaoru lanzó un grito cuando sintió en ese lugar, los dientes de Kenshin clavándose suavemente en ella.


-Se lo diré luego del combate contra Shishio.- dijo Hannya a Aoshi cuando éste le preguntó por qué Misao aún no sabía que era su padre.

-Has estado perdiendo el tiempo, Hannya, en vez de recibir sus cariños de hija, te has relegado a ser su sirviente.

-Si le digo ahora que soy su padre, su concentración… ella está muy tensa con lo que está pasando, no creo que sea bueno. Por eso será mejor después de la misión.

-Está bien.- dijo Aoshi.- Es tú decisión.-


-Le dije que nadie me quería. Estoy maldita.- dijo Chizuru aburrida a Enishi cuando este entró a su habitación.- Si me deja ir se hará un favor a sí mismo, y no me tendrá que traer el arroz.

Nadie había ido a reclamar a Chizuru y en cierta forma, ella tenía razón. Estaba maldita. Pero él también. Dos malditos metidos dentro del mismo cuarto. Si ella no fuera tan mojigata, estarían pasándola muy bien, al menos.

-No te soltaré, y punto.- dijo Enishi molesto.- Siempre nos puedes servir.

-Kenshin me odia, jamás vendrá, porque yo traté de matar a su esposa.- dijo Chizuru sin siquiera mirar el arroz.- Así que todo esto ha sido una pérdida de tiempo para ustedes. ¿Por qué no me devuelve a mi casa? O mejor aún, déjeme por ahí, yo me las arreglaré solita.

Chizuru sabía que Enishi era uno de esos hombres nefastos sobre los que nadie en su sano juicio pondría sus ojos. Era atractivo, sin duda, pero estaba involucrado en quién sabía qué. Eso de andar raptando gente para obligar a otras a hacer cosas no era algo muy bueno, de modo que, aunque le gustaba, prefería ignorar esa sensación.

-Te vas a quedar aquí y punto.- dijo el cano. – Y el día que quiera tu opinión, créeme que te la pediré.-

La joven lo ignoró y Enishi sintió hervir su sangre. Odiaba eso, que una mujer que le gustaba y no tenía motivo para no estar con él, lo hiciera sentir un estropajo. Se levantó molesto y salió del cuarto.


Los días pasaron y Kenshin invitó a pasear a Kaoru para estar a solas, ya que la mayor parte del tiempo estaban donde Tsubaki, o Yahiko, con Kojiro y Sanosuke. Aoshi se había unido a la causa ninja y ni lo veían.

Tras caminar un poco, Kenshin le dijo a Kaoru que el señor Okubo estaba visitando un pueblo por ahí cerca, y que le comunicaría que iría a la pelea.

-Misao consiguió los datos y todo sobre el lugar en que se encuentra Chizuru, las personas que la custodian y todo eso. Todo esto se trata de un complot para atraerme hacia Shishio y servirle en su golpe de estado a cambio de la vida de Chizuru, así que quiera o no, me veré involucrado. Y prefiero estarlo del lado que me dicta mi conciencia. Si lo que dice Misao es cierto, sin duda, cuando Enishi te atacó aquella noche, era para tomarte y raptarte. Y obligarme a seguirte. Luego se confundió de mujer con Chizuru.

-Pero Kenshin, eso es horrible.-

-Lo sé. Pero lo más terrible es que todo esto tendría relación con lo que pasó a los niños de Angie. El hilo que une a Enishi y sus planes, y lo sucedido a Angie, es el sujeto de la cadena, tal como indicó Tsubaki. Nuestras vidas han sido tocadas por esas personas para peor y no me puedo abstraer del combate por las personas que quiero.-

Kenshin y Kaoru caminaron apaciblemente, hablando de otras cosas más triviales para entretenerse, y encontraron a un montón de gente reunida en torno a algo. Al acercarse, vieron la espantosa escena de un hombre apuñalado, con medio cuerpo fuera del lujoso carruaje que lo transportaba. El chofer de la misma estaba muerto también, y una enorme posa de sangre bajo ambos causaba el estupor de todos.

Kenshin tardó unos segundos en reconocer al señor Okubo.

-No vaya contra el señor Shishio, o acabará como Toshimitsu.- dijo una voz a espaldas del matrimonio. Kenshin sintió un escalofrío recorrer su espalda y se volvió a la par que Kaoru, pero no lograron ver a la persona que les había hablado.

Regresaron cabizbajos. La muerte los rodeaba y eso les parecía un tremendo mal presagio.


Fin acto veintidós

Contigo siempre.

Septiembre 1, 2011.

Notas de autora.

Hola!

El esperado final de Prisionera se acerca. Ya después de esto no habrá más combates ni cabos sueltos, y veremos si es que Kenshin y Kaoru finalmente pueden vivir en paz.

Con respecto a la situación en mi país, todo ha vuelto a la calma habitual. Para mañana (viernes) los estudiantes están convocando a otra marcha y nos parece bien. El problema son los encapuchados que no faltan y que son los que nos tienen a los comerciantes muy preocupados.

Les respondo sus lindos reviews que son pocos, pero honrados, como diría don Ramón. Un abrazote gigante y besos para cada una.

Pauli: Kenshin está arrepentido, pero la verdad, eso se verá mucho más fuertemente en el próximo episodio, y es todo lo que diré al respecto. Pero por siaca, junten pañuelitos desechables.

KalaChan120: Esto de los reviews nos pasa a todos, yo no logro recordar si puse review en la excelente historia de PrettyKaoru, (A través de la vida) mejor voy a revisar de ahí. Jejej, aún no mando en el 3 capitulo, bueno, es difícil no caer en errores argumentales o repetir algo que uno ya puso en un capitulo anterior. Yo trato de revisar mis capis anteriores, pero igual a veces algo se me pasa, ya que es muuuuuuuuy raro que yo esté en completo relajo escribiendo, es muy común que deba levantarme a atender mi negocio, o echar a mi gata de sobre el teclado, asi que si me pasa algo como eso, espero me puedas disculpar. Sobre los vándalos, no sé, simplemente pienso que son gente estúpida incapaz de construir algo, incluso un argumento, y por eso destruyen todo. Ojalá cambien las cosas en tu país, y en el mío, para mejor. Un super beso a la mami patria.

Gata de la Luna: Como verás, en este capi también hubo de todo, incluyendo lemon, al que le hice el quite todo el fic, pero ahora quiero derribar el mito de que en el matrimonio se acaba el sexo. Falso. Este capítulo fue de esos capítulos difíciles de hacer, porque es como el nexo entre los capítulos emocionantes y moviditos. Asi que aunque no pase mucho, hay que hacerlo entretenido.

Nickita021: Querida, describiste perfecto lo que sucede en mi país. Queremos ser del primer mundo, pero socialmente tenemos muchos problemas, por los motivos más diversos. Yo pagué lo "poco" que me prestó el Estado y aún estoy endeudada con mis familiares por todo lo que pagué para que los intereses no siguieran subiendo. Mi familia es de comerciantes, teníamos dinero para darnos algunos gustos, no más que eso, pero por eso mismo, no pude optar a beca (optas desde 6,0 y yo tenía 6,5, de un total de 7,0) pues mi familia era acomodada para esos estándares. De modo que aquí tienes beneficios si eres muy pobre, y la clase media, que no gana tanto tampoco y a la que pertenezco, siempre tiene que pagar todo.

Setsuna17: Gracias por tus buenos deseos. Un abrazo.