-Ivanov…-dijo apretando la mandíbula, como si tratase de contener una fuerza descontrolada que llevaba por dentro.-…aléjate.
-Creo que no, no lo haré.- de súbito se acercó a los labios entreabiertos de Katherine, quién se apartó echando la cabeza de lado rápidamente.
-¡¿Qué te pasa?
-¡No lo sabía hasta ahora, Katherine! Eres tú a quién… quiero.
Era tan difícil para Yuriy expresar alguna clase de sentimiento luego de una vida de tantas privaciones afectivas y castigos desmesurados por la mostrarse como un débil humano, sin embargo no podía acallar lo que la nieta de Balkov le provocaba en lo más hondo de su ser.
-Y te quiero solo mía.- dijo, apretando cada vez más sus brazos sin medir su fuerza.
Pese a la sinceridad de los sentimientos de Ivanov, ella estaba asustada de esa situación tan incómoda, con una tremenda ansiedad por irse, de escapar y terminar con ese muchacho pelirrojo que le arrebataba su libertad al tenerla aprisionada en sus brazos. Tselenne continuaba en su mano y este peculiar espíritu guardián comenzaba a manifestarse para proteger a su dueña; un resplandor desde el centro del artefacto emanaba un calor extraño que subió por el cuerpo de Yuriy y con fuerza lo apartó de Katherine, dejándolo en el suelo desde donde pudo ver la luz que rodeaba a la joven, un aura incandescente que se fue extinguiendo poco a poco.
-¿Qué… qué fue eso?-preguntó, asombrado al máximo, admirando el menudo cuerpo de Katherine que transmitía una fuerza tremenda y desafiante.
-Tselenne y es a lo único que pertenezco, ni a ti, ni a Balkov, ni a Kai…
-Un momento… -se incorporó de inmediato y encaró a la chica, quien había bajado la guardia.- ¿Qué tiene que ver Kai en todo esto?
-Ehh, ignora lo que dije…
-Es… él, ¿verdad? –su voz parecía la de un chiquillo decepcionado, triste, al ir respondiendo sus propias preguntas y ver sobre la mesa la peor jugada que le ha hecho el destino al involucrarlos a ese con el que jamás podría siquiera compararse y después de todo consideraba amigo, con la única persona que realmente ha querido…quedando él sobrando en este triángulo que no terminaba de asimilar.
Sin duda siempre era opacado por Kai y parecía que éste jamás se daba cuenta de las cosas buenas que tenía.
-Por él has vuelto a Rusia, pero… ¿qué pasó?
-No es asunto tuyo.
-Dejame adivinar. Ya fuiste a buscarlo y te rechazó.
-Cierra la boca Yuriy, eso no te concierne.
-Ese Kai Hiwatari, ¿acaso eres demasiado para él? O ¡ya sé! No tiene cabeza para pensar en ti porque aun cree que puede ganarle a Takao.-expresó con un dejo de ironía en la voz, tratando de maquillar cuanto le daba gusto aquello, pues si ella apartaba su atención del otro, tal vez, solo tal vez tendría oportunidad de acercarse a la Katherine alegre que había sido en su infancia.
-Sea cual sea el motivo es muy personal, pero he de dejarte en claro algo,- Se acercó amenazadoramente al pelirrojo con su blade en la mano- no me volveré a preocupar por Kai, jamás, y sin él ya no hay persona que me interese.
-A fin de cuentas no dejas de ser una creación inhumana, eh. Balkov dudaba que pudieras desarrollar sentimientos pero cometió el error de crearte mujer y ponerte cerca de tu indiscutible "otra mitad"
Por la mente de la chica atravesaban recuerdos de extenuantes sesiones de entrenamiento sin descanso y de cómo iba descartando a sus contrincantes agotados, a excepción de Kai, quien permanecía dando batalla hasta que Balkov los separara.
Recordaba también los castigos de su abuelo cuando preguntaba acerca de sus padres, de su pasado… ¡No tienes! –le gritaba y a pesar de haber sido hecha con un nivel de inteligencia mayor, a sus escasos 4 o 5 años no podía comprender como es que provenía de la nada, de una mezcla de genes con la reproducción de una cadena perfecta, volviéndola excepcional, sin comparación.
Kai era el primer ser genéticamente perfecto, un regalo de la naturaleza para ser explotado al máximo y ella era la versión mejorada por Balkov, a expensas de las indicaciones de Voltaire. Katherine era el primer ser, al menos en Rusia, creado bajo manipulación genética a partir de una copia de los genes de Kai con algunas mejorías de la mente retorcida de Balkov. Tenía que ser mujer porque en cuanto a género se ha demostrado su perspicacia superior, entre un desarrollo en general más acelerado en el sentido físico, psicológico y cognitivo. De haber sido hombre como el sujeto original la rivalidad entre estos sería devastadora, pero al hacerla una chica su relación afectiva sería inevitable y es entonces cuando el más fuerte demostraría su superioridad al dominar la situación.
Sin embargo, hasta el momento iban parejos.
-No me pienso doblegar por él. Ya no. Y si no es por Kai, mucho menos por ti.-dijo, arrastrando las palabras de esta última frase, dando media vuelta pero sin intención de huir, pensando bien las cosas daba lo mismo si se quedaba o se iba y en ese momento, al recordar su pasado tuvo la necesidad de esa rutina que la mantenía ocupada y la prepararía mejor para el torneo.
Yuriy avanzó rápidamente por la espalda y de un certero golpe arrebató el extraño beyblade de las manos de Katherine, quien solamente volvió la vista, sorprendida pero fue asaltada por la fuerza del cuerpo de Ivanov nuevamente, esta vez llevándola contra la pared, con los brazos por encima de la cabeza, sujeta por muñecas entre las manos del pelirrojo, la pierna derecha de él entre las suyas, inmovilizándola por completo. No podía más que tener miedo.
Antes de que alguno dijera algo esta vez Katherine no pude evitar el asalto de un beso indeseable de los labios de su compañero de la infancia; Yuriy devoraba su boca con una inexperta ansiedad, mordiendo, salivando y casi sin respirar, era ella la persona que deseaba en todos los sentidos, afectivos y físicos pero sabía las limitaciones que tenía para acercarse de la manera convencional, así que optó por la forma en la que Biovolt lo había educado; por la fuerza y sin consideración.
Era hora de que pasaran a revisar los guardias cada una de las celdas, Yuriy escuchaba pasos acercarse y apartó con mucho esfuerzo sus labios de los de Katherine pero apretó más su cuerpo contra el otro para impedirle escapar.
-Me voy a encargar de ti, cada momento, cada instante. Balkov me lo ha pedido y sabes que no puedo desobedecerle.
Le tomó los brazos para pasarlos a su espalda y la llevó con él a cerrar la puerta, después se tumbó con ella a la cama, manteniendo su cuerpo encima y callando sus posibles reclamos de auxilio en otro beso raptado. Katherine le mordió con fuerza el labio inferior y de esta manera pudo respirar nuevamente, sin embargo él se molestó y dejó caer su peso, muy enfadado.
-¿No crees que ya he tenido suficiente?-dijo apenas pudiendo hablar con el poco aire que tenia. Trató de empujar a Yuriy con la cadera pero eso le traía una desagradable sensación a la altura de la entrepierna del pelirrojo.
-A penas va comenzando.
…
No podía conciliar el sueño, sentía una angustia que le oprimía el pecho; a pesar de encontrarse solamente en ropa interior tenía calor y por ello se levantó de la cama, caminando por la habitación con el ritmo cardiaco acelerado. Era engañarse el pensar que la causa de aquello no se trataba de Katherine y lo mucho que él la quería volver a ver. Esta joven intrigante de un momento a otro se volvió constante en sus pensamientos. Había algo diferente en la presencia de aquella chica de ojos azules, parecía penetrar en su alma con cierto descaro, como si le perteneciera una parte de su vida desde siempre. Tenía una fuerza impresionante emanando de su cuerpo frágil, llegando hasta intimidarlo por todas las cosas que representaba.
-Espero que no hallas vuelto a la abadía –emergió en un susurro de voz, preocupado porque sabía que no tenía otra opción y ese pensamiento le tenía agobiado. Pero desde el momento en que esa idea le llenó los sentidos no pudo estar tranquilo hasta que se decidió a vestirse rápidamente y aventurarse a ir en plena madrugada en busca de ella. Si estaba en ese lugar que creía, la intentaría convencer para quedarse a su lado.
Atravesar las calles que lo separaban de su pasado resultaba más lento de lo que pensaba; había tomado el BMW color vino, el favorito de Voltaire y derrapaba el suelo ruso a exceso de velocidad.
Llegó con las llantas a punto de desgarrarse y frenó en seco, caminando a toda prisa en dirección al portón principal, pero antes de comenzar a hacer disturbios las alarmas se activaron repentinamente, poniéndose en guardia y observando a su alrededor.
De la puerta enorme y de metal salió Katherine corriendo, con el rostro mojado y la ropa manchada de sangre pero parecía que estaba bien; la tomó por los brazos y esta automáticamente le dio un cabezazo, lo cual supo esquivar.
-Tranquila, soy yo.
-¡Vámonos!
-Sube, mi auto es ese.
Ambos corrieron hacia el vehículo y Kai lo puso en marcha de inmediato, se perdieron de la vista de los guardias al instante.
Todo había pasado tan rápido y con tan poca oportunidad de explicar lo que estaba pasando que permanecieron en silencio, solo se escuchaba la respiración descontrolada de ella que pronto fue menguando hasta convertirse en un susurró. Kai volteó para encontrarla dormida a su lado, pasivamente y segura.
…
Llegaron a su casa, no la quiso despertar así que la llevó en brazos hacia la habitación de su madre ahí la dejó y aunque le hubiese gustado acompañarla, el simple hecho de tenerla cerca le era suficiente.
