Acababa de despertar, desorientada, la luz que entraba por la ventana le impedía abrir los ojos del todo, le dolía la cabeza y sentía como si le hubiesen aplastado todo el cuerpo a la vez. Poco a poco tuvo consciencia de sus sentidos; el aroma del lugar era agradable, esa cama tan grande para ella sola resultaba bastante cómoda y la decoración tenia un aire antiguo y elegante. ¿Dónde estaba?

Encima de la cabecera se encontraba el retrato de una mujer de cabello oscuro y hermosos ojos carmesí, esa mirada resultaba familiar pero no creía conocer a esa persona.

Se levantó de la cama y resintió en cada músculo un dolor agudo pero al reponerse comenzó a inspeccionar la habitación. Al llegar frente al espejo reparó en las manchas oscuras que tenía en la ropa y de su aspecto tanto confuso como agotado.

Recordaba haber estado en la abadía pero no podía ir más adelante en sus recuerdos por alguna extraña razón. Desconocía totalmente la manera en que llego a ese lugar.

En el banco del tocador encontró un cambio de ropa con una nota que decía: "Por favor no te vayas" No era Alicia del cuento de Lewis Carroll como para obedecer a ciegas lo que dijera un trozo de papel pero aquella simple oración parecía más que un favor una petición tan inocente que no pudo evitar negarse. Buscó el baño para darse una ducha lo más pronto posible.

El agua caliente solamente la sumía en un trance en el cual no podía más que sentir el bienestar en las magulladuras que tenía en el cuerpo. No quería pensar más, había dejado la tranquilidad de ese sitio en Noruega donde el beyblade se veía como un arte, un modo de vida que te llenaba de paz, no sólo un deporte lleno de ambición detrás de un reconocimiento mundial. Ahí había sido elegida por Tselenne para protegerse mutuamente de la misma manera que sus compañeros habían conseguido su espíritu sagrado como muestra de su crecimiento. Era un ambiente de equilibrio y paz interna per para ella no era suficiente pues no había dejado en el pasado a Kai.

Se puso el vestido que habían preparado para ella, parecía de otra época pero no dejaba de ser hermoso. Ataviada de esa manera buscó la salida de esa habitación y dio con unas escaleras a su derecha, fue entonces cuando llegaron a ella esos momentos tan amargos que pasó en la sala de esa enorme mansión. Dudaba de seguir con su palabra ante lo que decía aquella nota.

Siguió el inconfundible sonido de un beyblade girando hasta dar con el gimnasio en donde Dranzer ejecutaba movimientos impresionantes, sin pensarlo lanzó a Tselenne para corroborar la calidad de éstos. Una emoción le aceleraba el pulso al enfrentarlo nuevamente pero el blade azul parecía huir del suyo. Lanzó un ataque para provocarlo pero el fénix se retiró.

-No me subestimes, no sabes de cuanto soy capaz ahora.-dijo ella mientras Tselenne volvía a su mano. Buscó al dueño de la casa pero no lo encontró a simple vista.

-No creo que sea momento para demostrarlo.

-¿Entonces de qué es momento? ¡Ah!-el chico la tomó por sorpresa a su espalda, sujetándola por los hombros.

-De qué me expliques cómo es que pudiste volver a la abadía.

-Es el único hogar que he tenido, no lo hice por gusto.-le espetó dando media vuelta para verlo de frente.

-Ya ves como te fue, no vuelvas a intentarlo.

-¿Qué piensas hacer al respecto?

-Te ofrezco este lugar, ¿no es suficiente?

-No acepto caridad, preferiría volver por donde vine y hacer como si nada hubiera pasado.

-¿Qué más quieres de mi?

-No, ¿qué es lo que tú quieres?
-Que te quedes.-susurró.

-Tienes razón, no es suficiente.

-Quiero que me digas por qué desde que apareciste mi mundo gira en torno a ti, por qué he perdido el deseo de vencer a Takao por fin, por qué no puedo estar cerca pero tampoco lejos de tu lado.

Katherine entreabrió los labios pero no pudo decir nada, atrajo el rostro de Kai y dudo por un momento lo que estaba a punto de hacer. Después de todo había esperado tanto por ello y aunque no era la manera en que lo quería era él quien lo volvía perfecto.

Lo besó con ternura, despacio pero entonces él correspondió con fuerza y la abrazó contra su cuerpo como si hubiese buscado eso para sentirse completo.

El pelirrojo andaba en círculos, ansioso, por el despacho de Balkov.

-Tranquilízate muchacho, la encontraremos en Alemania. Haré lo posible para que sea colocada en tu equipo.

-Asegúrese de que Kai no interferirá.

-Kai nunca ha sido un problema, es tan cambiante que se ha vuelto vulnerable.

-Es un perdedor, siempre ha sido menos de lo que se cree.

Balkov sonrió mientras realizaba algunas llamadas que servirían de coartada.

-¿Kurt? ¡Quién diría que llegarías tan lejos! Presidente de la BBA, que sorpresa.-hubo una pausa- Vayamos al punto, quisiera arreglar algo respecto a mi equipo para el torneo…

-Ja, Balkov, no te preocupes por eso pero me interesaría saber más sobre esa chica después. –colgó el teléfono y dio vuelta a su silla.

Detrás de ese escritorio se encontraba el presidente más joven que había tenido la BBA, reconocido por haber diseñado mejorías para los beyblades de la nueva generación y tener las acciones más prometedoras. Sin duda Kurt Luttenberg era un genio y su mérito se veía reflejado en el puesto que ostentaba. Con 25 años tenía un futuro prometedor, era bastante apegado al estereotipo alemán físicamente y no tenía en sus planes formar una familia. Si las cosas resultaba bien ese torneo ganaría el respeto mundial por su estrategia. ¿Por qué compartirlo con alguien más?