Hola! Los dejo con el ultimo capitulo de este proyecto. Ojala les guste.
Como aclaracion debo decir que cuando hablan de Temari se refieren a que vive con Shikamaru en konoha (Aunque cuando lo lean va a resultar obvio, vale la pena aclararlo)
Los personajes de Naruto no me pertenecen son de Masashi Kishimoto
Jugarretas
Se tumbo pesadamente en la banca, observando con una sonrisa como su fiel amigo correteaba, como un cachorro, las traviesas aves que revoloteaban a corta altura el césped del parque, hasta que varias esencias perturbaron la agudeza de sus sentidos.
-¡Vamos, Akamaru! Regresemos. –Ordeno al ver que la atención de su compañero se centraba en dirección a la entrada del pueblo. -¿No me digas que ya lo notaste?-prosiguió ante la mirada inquieta del animal - ¡No me veas así! ¡Sabes que no debemos ir! –Cruzo los brazos y cerró los ojos con signos de aparente indiferencia, justo unos segundos antes de que el gran hocico se metiera entre sus piernas y lo arrojara sobre su lomo para partir a toda velocidad. -¡Hey! ¡Akamaru, detente! ¡Dije que no! ¡Akamaru, alto! –Vocifero a todo volumen ante la desobediencia del can que parecía no escuchar sus órdenes y hacia caso omiso de ellas hasta llegar a su destino. Deteniéndose suavemente y dejándolo bajar ante la persona que lideraba la caravana.
-Gaara…
-Kiba. –Respondió a modo de escueto saludo.
-¡Oy! ¡Akamaru, ven aquí! –Reacciono, siguiéndolo al ver que rodeaba la formación y rasgaba la puerta del coche de madera con sus enormes patas. -¡Te he dicho que regreses! –Continúo intentando arrastrar a la enorme bestia por el cuello.
-¡Kiba san! –Escucho el agudo llamado del pequeño, que se lanzo a sus brazos y al que, de un modo casi reflejo, coloco sobre el lomo de Akamaru.
-¡Eh! Toya ¡Como has crecido! –Dijo revolviendo el corto cabello castaño, viéndolo con nostalgia a sus enormes ojos verdes.
-¡Vamos a jugar!... ¿Puedo ir con Kiba san? –Pregunto a su padre que lo veía a escasos metros con los brazos cruzados sobre su pecho.
-No. –Respondió acercándose para tomarlo en brazos y subirlo nuevamente al carruaje. –Hay cosas que debemos hacer. Pero si "Kiba san" lo desea puede ir a verte luego a casa de Temari. Vas a quedarte con ella unos días. –Volteo para observar al joven que asintió con la cabeza, dando por entendido el mensaje. – ¡Vámonos!
=0=0=0=0=0=0=
La brisa vespertina movía las hojas de la arboleda inundándola de sutiles aromas que traía de lejos. Inspiró profundo… Flores, césped, tierra mojada perfumes que lo remontaban mas allá de lo que deseaba recordar pero que a la vez lo llenaban de paz.
"-Procura ser feliz". La frase surgió de la nada, tan nítida como si la realidad la trajese nuevamente y los trasladara en el tiempo a aquella habitación de la residencia de Sunagakure, el día que se resigno al hecho de haberla perdido para siempre. Pero eso había sido hace muchos, tal vez demasiados años. Seis. No… casi siete.
Sonrió al recordarla, ya no lo hacía con angustia. Ella había sido feliz, no por mucho, pero tuvo todo lo que había deseado. Haberlos visto se lo confirmo.
-Puede que sea mi turno –dijo entre un suspiro- ¿Verdad, Akamaru?
Camino un poco más. Pudo verla de lejos esperando en la entrada, llevaba el cabello delicadamente recogido hacia atrás, una blusa blanca, sin mangas, con pocos detalles y una falda rosa que no llegaba a sus rodillas. No pudo seguir observando… su risa estallo en sonoras carcajadas que no logro contener.
-¡¿Se puede saber de qué te estás riendo? -Lo increpo con el ceño fruncido al llegar.
-De que Kami ha puesto las cosas en su lugar ¡Al fin te vistes como niña! –respondió sin dejar de reírse, secando con sus manos las lágrimas que escapaban al hacerlo.
-¡Eres un idiota! –Espeto con fastidio. – ¡Toma esto, es de Naruto para ti! –Le acerco un pequeño pergamino. –Dijo que no te cruzaras con él.
-Ya lo hice –afirmo sin tomar el recado- ¡Ese tonto! Siempre preocupándose por lo que no debe. –Continúo sin perder su risa. Abrió el portón e ingreso al jardín dejándola sola con el rollo en la mano.
-¿No vas a leerlo? –Resoplo entrando después de él para alcanzárselo.
-No… déjalo por ahí y vete. –respondió moviendo su mano, en círculos, sin señalar ningún lugar. Para luego meterse en una de las casas.
-¡Qué más quisiera! Pero… ¡No puedo! También tengo uno de Tsunade Sama para Hanna.
-¿Konoha se quedo sin mensajeros? ¡Qué bueno que te tienen a ti! –Siguió burlándose de la muchacha cuyo semblante enrojecía de furia cada vez más. –Hanna no está. Fue al criadero, regresa más tarde. Déjamelo. Yo se lo doy.
-Te refieres a… ¿confiarte mi trabajo? ¿A ti? ¡Primero dejaría que tu asqueroso perro me bese! ¡Y eso tampoco va a pasar! Prefiero esperarla. –Ingresó y se sentó cruzándose de brazos, dando un gracioso respingo con la cabeza.
-¡AH! ¡Como quieras! –Dijo quitándose la banda y dejándola sobre la mesa, siguiendo con la chaqueta en la silla y la remera de red en el suelo.
-¡¿Qué estás haciendo, no ves que estoy aquí? –Le grito al ver que su mano se deslizaba al broche del pantalón.
-Desvistiéndome para darme un baño ¿Qué otra cosa te parece que hago?
-¡Al menos ten la decencia de quitarte lo que te queda en otro lugar! ¡Pervertido!
-¡Está bien! ¡Pero, si no te gusta como vivo, la próxima vez puedes esperar a Hanna afuera! Al menos agradece que te permita hacerlo en mi casa.
-¿Tu casa?
-¡Sí, mi casa! Ellas viven en la otra. Vivo solo hace mucho. –Aclaro dando un portazo en la habitación.
Salvo por la ropa desparramada, el lugar no estaba mal. Era pequeño, limpio y agradable. Sin demasiados adornos, solo tres fotografías… una familiar, otra del equipo ocho con Kurenai, Hinata y Shino y la ultima de todo el grupo de shinobis de su generación. Se acerco al cuarto, podía escuchar el agua correr, no había terminado. Podía husmear tranquila sin ser descubierta. Abrió con cuidado la puerta evitando hacer ruido e ingreso con cautela. No había mucho más que ver, la cama, un placard seguramente lleno del mismo espantoso traje, la cómoda y una mesa de noche con un marco de plata labrada vacio sobre ella, un objeto fino y delicado, muy diferente a los demás. Nada propio de Kiba. No era difícil de imaginarse quien había estado allí.
-¡Maldición, Hanabi! ¿Por qué estás en mi cuarto?
Abrió sus perlados ojos aun más. No contaba con que la descubrieran. Volteo y estaba allí, apoyando el hombro en el marco de la puerta del baño, con el pelo empapado, sin las líneas que solía dibujar debajo de sus ojos y solo una toalla rodeando su cintura.
-¡Me voy! No debí entrar aquí. Al fin y al cabo no encontré nada interesante. –Soltó intentando salir airosa de la situación, tratando de retornar a la sala.
-Espera. –Ordeno él acercándose para acorralarla en la pared lateral del closet. -¿Qué estas buscando? Dímelo. Porque si no estás preparada para lo que vas a encontrar es mejor que te largues.
-No sé de qué me estás hablando ¡Déjame salir! ¡Estúpido!
-Puedo parecer estúpido, pero sé que no arreglaste tu cabello y te vestiste así solo para entregarme un mensaje del Hokage.
-¡Claro que no! Tengo otras cosas que hacer además de escuchar tus malditas conjeturas sin sentido.
-¿Cómo esperar a mi hermana?
-¡Exacto! –Le replico la chica comenzando a sentir la mano de Kiba desplazándose por su cintura.
-Hanna está en el país de la tierra entrenando rastreadores por ordenes de Tsunade sama. Por lo que me encantaría saber lo que dice el pergamino que, según tu, ella le envió.
-…Lo sabías –lo vio desconcertada –entonces porque…
-Quería saber hasta dónde eras capaz de llegar… Hanabi Hyuga. –Develo mostrando uno de sus afilados colmillos por entre la mueca divertida de su boca. Acercándola aun más a él para unir sus labios y sentir el dulce e inexperto sabor ajeno junto a la candidez de la chica al estremecerse entre sus brazos, a causa de las lascivas caricias sobre su piel.
Se separo clavando esas afiladas pupilas en los iris de la joven para notar la extraña mezcla de incertidumbre y placer en su rostro.
-Vete. Y la próxima… no digas que no te avisé. –Le murmuro al oído al liberarla. Para dirigirse de nuevo al baño y dejarla con la réplica en la boca.
Salió al percibir el embriagador aroma alejarse hasta desvanecerse en la distancia. Con los signos del éxtasis desapareciendo lentamente luego de encontrarse a flor de piel. Sonrió de lado con perversión. Se lo había advertido, pero si la mocosa se negaba a entenderlo, con mucho placer, más que gusto, mañana se lo explicaría infinitamente mejor. Siempre y cuando el Hokage le enviara otro tonto mensaje en blanco, que decidiera no abrir.
¡Por fin un capitulo decente! Se parece mas a lo que suelo escribir. Y con respecto a Gaara... ¡No pude con mi genio! tenia que ponerlo en algún lado y suavizar un poco la cosa entre Kiba y el.
El titulo, bueno, no soy muy buena para eso, pero creo que va a entenderse por que se llama así. Este ultimo capitulo esta lleno de jugarretas desde las del destino hasta las de Kiba y Hanabi.
Se que van a decirme que ella no se habria callado por eso preferi dejarla con la palabra en la boca T.T
AH! arregle el error en el ultimo renglón del capitulo anterior, les pido mil disculpas no me había dado cuenta.
Lo del Naru Hina va lento me esta saliendo muy Ooc asi que lo archivare por un tiempo hasta que me convenza.
Y por ultimo quiero agradecer a Ame no Yoru y a HinataWeasley por el apoyo que me dieron.
Hasta la proxima (que no sera dentro de mucho) Besos ;3
