Disclaimer: Dissidia Final Fantasy no es mío.
En el momento en que Bartz vio a Squall acercársele pudo oler que algo andaba mal. Si bien el de la cicatriz ya no escapaba a la presencia del otro ni a la de Zidane, era raro que fuera el león quien los buscara. Bartz se hallaba sentado a su pupitre cuando lo vio venir, los dos encontraron miradas y el primero pudo ver una mirada extraña en el rostro de su amigo. ¿Molestia? No, de ser así sus cejas estarían más juntas. ¿Enojo? No, tampoco, porque Squall no estaba insultándolo.
—¿Bartz…? —este sonrió, como demostrándole que era bienvenido.
—Dime, Squall.
El león hizo una pausa y apretó los puños.
—¿Te importaría compartir tu libro en la próxima clase conmigo? —Bartz levantó las cejas, pero antes de que pudiera preguntar, su compañero se le adelantó—: Es que olvidé el mío.
El más inquieto de los dos dejó escapar una risa divertida: la torpeza social de Squall era única, casi enternecedora.
