Bella Cullen

Bella Cullen

Saliendo de la iglesia mi mamá se acerco y nos felicito a Edward y a mí, así sucesivamente la gente se fue felicitando, no me di cuenta de lo que pasaba a mi alrededor, todo pasaba de una manera bastante borrosa, la imagen de Jacob me seguía persiguiendo, por más que lo intentará bloquear no podía, cuando por fin nos dirigimos hacía mi coche, que era el coche en el que Edward había llegado, pudimos conversar un poco, yo no le iba a mencionar nada, estaba decidida a no volverle a causar ningún dolor.

-Estoy seguro que más de uno ya te dijo lo hermosa que estas hoy, sin embargo te lo tengo que decir yo, cuando te vi entrar me dejaste sin aliento, Señora Cullen- Edward comenzó a reírse de mi expresión al decir lo último de la frase y me besó la mano después me dio un beso pequeño en los labios.

-La que se quedó sin aliento fui yo cuando te ví, ¿Sabías que te ves más perfecto aun con traje de gala?, yo ya lo sabía obviamente, pero hoy sobrepasas el nivel de perfección- le brinde una amplia sonrisa y lo volví a besar.

Después de corresponder calidamente a mi beso, Edward se quedo serio y me dijo:

-Se que estas triste, él me pidió que no te dijera nada de que estaba ahí, ¿crees que si hablaras con él te sentirías mejor?

Sin tener que decir su nombre sabía exactamente a quien se refería.

Me acurruque en su pecho, sin importarme si el peinado se estropeaba o no, y lo abrace con fuerza, el me apretó fuerte contra su pecho, esto me hizo sentir tan bien, me sentí protegida y reconfortada, yo sabía que el hablar con Jacob solo traería mas dolor y no resolvería nada y así se lo hice saber a Edward.

-Edward- suspiré, hubiera preferido que no se hubiera dado cuenta que lo ví. - tienes razón me dolió mucho verlo así, todavía me siento mal de las malas decisiones que tomé en el pasado y en todo el dolor que causaron estas, pero no creo que el hablar con Jacob arreglé algo, creo que todo lo que tenía que decirle ya se lo dije, los dos sabemos que la amistad no es algo que desaparezca, sin embargo ya no quiero seguir causándote dolor ni a ti- parecía que Edward, se había puesto un poco tenso y quería decir algo sin embargo continué -ni a Jacob, ni a mi misma, así que por un día intentemos olvidarnos de todo y disfrutemos el momento, ya sabes que no me gustan las fiestas, pero te prometo que solo por ti, esta intentare disfrutarla, aunque te advierto que mi torpeza se hará evidente en cualquier momento, así que lo que en realidad me da un aliciente es la idea de que en pocas horas nos iremos de luna de miel.

Edward después de escuchar esto, se relajo y soltó una carcajada, -vaya nunca pensé que llegaría el día que escucharía que ibas a intentar disfrutar una fiesta, pues no se diga más vámonos que la fiesta nos espera- después de decir esto, empezó a conducir el coche a la velocidad acostumbrada, - Cómo me gusta tú coche- esbozo una amplia sonrisa mientras me volteaba a ver, yo sabía que era un caso perdido el pedirle a cualquiera de los Cullen que observaran el camino mientras conducían, así que solo me agarre fuerte.

La fiesta no había sido para nada mala, Alice como siempre había hecho que la casa de los Cullen pareciera un palacio de cuento de hadas, estaba segura que se había despilfarrado muchísimo dinero, todos los adornos fueron azul con blanco y tal como lo había predicho hubo esculturas de hielo, juegos pirotécnicos al final y la comida fue de la mejor calidad, estaba deliciosa, era una pena que los Cullen no la hubieran podido disfrutar. Parecía que todos los invitados se la habían pasado genial.
Me encontraba en los brazos de Edward en un avión rumbo a Londres, Alice le había asegurado que no corríamos ningún riesgo al visitar Europa y claro nos agradeció por anticipado los obsequios que le traeríamos, la fiesta había transcurrió sumamente rápido, todavía me divertía recordar a mí mamá bailando con todos los Cullen hombres y hasta con Charlie, debido a que Phil no estaba al 100 de su lesión, fue divertidísimo ver a Emmert y a Renée bailar.

-¿Por qué estas tan callada, en que piensas?, a Edward siempre le frustraba un poco no saber lo que estaba pensando cuando me quedaba en silencio por un largo tiempo.

-Estoy recordando la fiesta, siguo divirtiéndome con la imagen de Renée y Emmert bailando- los dos comenzamos a reírnos,

-Pues yo he de decirte que mi parte favorita fue cuando bailamos nuestro primer baile- después de decir esto Edward comenzó a reír de nuevo, yo lo mire irritada, -deja de burlarte de mi te debí haber dejado que bailaras sólo-

-Por favor no te enojes, tienes que reconocer que fue muy divertido todas las veces que me pisaste, te tropezaste con tus propios pies o estuviste a punto de caerte, toda la melodía me la pase cuidando que no te dieras un buen golpe.-

Sólo pude torcer los ojos, mi torpeza para los bailes era algo que no era un secreto, -Siempre has sabido que no soy muy buena para esas cosas, de ahí radica mi odio a las fiestas y bailes, pero con todo el estrés de tener que bailar, no te pude agradecer, la pieza, fue bellísima, mil gracias, espero que pronto la toques para mí porque el estar intentando no caerme y el tenerte tan cerca siempre me desconcentran así que creo que me perdí la mitad de la melodía- Edward había compuesto una melodía hermosa para nuestro primer baile como esposos.

-No tienes nada que agradecer y te prometo volverla a tocar sólo para ti- Edward me abrazó fuerte y comenzó a acariciarme la mejilla, yo estaba sumamente cansada después del día tan largo, sin embargo el saber que por fin empezaría mi luna de miel, el momento que más había estado esperando me lleno de energía y me puso de un humor estupendo, Edward lo noto así que ni siquiera hizo el intento de proponer que durmiera.

-Me encanta que hayas escogido azul para tu ropa hoy-

-Ja-me burlé –me gustaría tomar el crédito, pero Alice también insistió en darme este último atuendo, aunque la hice jurar que nunca más me vestiría, pero ¿a quién engaño?, estoy segura que lo volverá a hacer, aunque tengo que reconocer que los jeans y la blusa son muy bonitos.

-Con cualquier cosa te ves hermosa, aunque he de admitir que el azul te queda divino- Edward se inclino y me beso, me sentía tan dichosa y segura en sus brazos.

Edward y yo seguimos todo el camino conversando acerca de la boda, hubo un tema en particular que absorbió la mayoría del viaje y este fue, la invitada de Charlie a la boda, era una compañera de la estación de policía, apareció hasta la fiesta debido a que antes había tenido que cubrir unos pendientes de trabajo, era una mujer bonita, era un poco agresiva en su comportamiento, no era descortés, sin embargo se notaba que tenía que marcar autoridad, eso debe suceder cuando eres mujer y eres policía, sin embargo me sentí muy contenta de verla ahí porque Charlie se vio feliz toda la fiesta, Edward también lo noto y también estaba muy contento por mi padre.

Definitivamente este había sido un día lleno de emociones, en general habían sido alegres excepto por el momento en el que me volví a sentir un monstruo por hacer sufrir así a mi mejor amigo, ese momento me acompañaría todos los días de mi existencia.

Cuando por fin llegamos a Londres, el sentimiento de alegría y confort me volvió a golpear.
-Sabes esta es la primera vez que viajamos juntos, sin que ninguna persona nos este tratando de matarme, esto lo hace un viaje aun más especial- después de decir esto me apreté al cuerpo de mi marido, solo pensar en el termino me provocaba un hoyo en el estómago, no sabia si algún día podría decirlo en voz alta, después de mi comentario Edward sólo movió la cabeza me revolvió un poco el pelo y me dio un beso en la frente, estaba haciendo un aire frió tremendo en Londres, cuando llegamos ahí ya era de día, sin embargo hoy lo que quería hacer era todo el día quedarme en la habitación de hotel con Edward y se lo hice saber.

No se porque me sorprendió que cuando llegamos al hotel, que los empleados ya nos estuvieran esperando, de pronto comprendí que lo más probable es que Edward hubiera pagado la suite más cara del hotel, intente respirar profundo y verlo como un lindo detalle, dejando a un lado todo el dinero que estaban gastando, pude ver que los empleados del hotel estaban impactados por la pareja tan joven de recién casados, una empleada incluso me miro el estómago, estoy segura que supuso que estaba embarazada, me tendría que enfrentar a eso de ahora en adelante así que decidí ya no fijarme en esos detalles.

La suite era mucho peor de lo que pensé, en cuanto a lujo se refería, era hermosa, pero era del tamaño de un departamento, casi todos los aparatos eran de lo último en tecnología, el lujo era excesivo, sin embargo en ese momento un detalle llamo mi atención, la cama tenía pétalos de flores, mis flores favoritas, lo primero que hice fue dirigirme hacia la cama y observarla, todo esto tenía que quedar en mi memoria para siempre, Edward le dio la propina al botones y se dirigió a mi lado, su mirada estaba iluminada, mi corazón de nuevo estaba latiendo como si estuviera apunto de saltar de mi pecho, empezaron a rodar lagrimas por mi rostro, Edward se asusto un poco –¿no te gusta?- me preguntó con tono de ansiedad, -todo lo contrario- le dije mientras lo abrazaba fuerte, -esto es tan perfecto que la única manera que encuentro para desahogar tanta felicidad son las lagrimas, la felicidad que siento hoy se desborda en todo mi ser-

Comenzamos a besarnos con intensidad yo tenía mis brazos alrededor de su cuello, me aferraba a su cabello y el con una mano acariciaba mi cara y la otra empezó a deslizarse por mi cuerpo, de pronto nuestros abrigos estaban en el suelo y nosotros estábamos ya sobre la cama, Edward encima de mí, recorría con su boca mis brazos, su aliento me mareaba, era tan dulce, la presión de su cuerpo gélido me provocaba tanto calor que sentía que iba a arder, yo empecé a desabotonarle la camisa, me deleitaba cada botón que se iba abriendo y dejaba al descubierto su perfecto pecho por cada botón que se abría le daba un beso, quería aprovechar este momento al máximo, memorizar cada parte de su estructura perfecta y parecía que el estaba haciendo lo mismo, si en algún momento me había sentido nerviosa todo desapareció, los dos estábamos llenos de pasión, fui acariciando cada línea de su duro y frió pecho que aunque era imposible, parecía que también estaba ardiendo, acaricie su rostro y me pude ver reflejada en sus ojos color miel, entonces el comenzó a quitarme mi blusa, sus labios recorrían mi cuerpo entero, yo le besaba el cuello, el pecho, y lo afianzaba contra mi ser, la electricidad que recorría nuestros cuerpos se podía sentir en el ambiente, de pronto nos observamos, Edward tenía los ojos llenos de fuego, los dos teníamos la respiración alterada, se dirigió hacia mi cuello y empezó a susurrar una cita que no conocía, -"cómo llama divina es el fuego del amor, ni las muchas aguas pueden apagarlo, ni los ríos pueden extinguirlo"- mi corazón latía desbocado, -Te amo- fue lo único que pude decir antes de que nos convirtiéramos en un solo cuerpo, nuestra alma era una en ese momento.