Bella Cullen

Era el último día de la luna de miel, me sentía feliz, tenía razones de sobra para estarlo, sin embargo tenía esa nostalgia de que ese momento tan perfecto se terminara, todo era tan maravilloso, que no podía evitar tener miedo de que tanta perfección fuera el preámbulo para una tormenta, ya que siendo yo un imán para esas situaciones, no podía concebir que la mala suerte se alejará de mí por un periodo muy largo.

Después de llevarme a desayunar, Edward y yo continuamos por el tour de la ciudad, a veces sentía que la gente se daba cuenta del contraste entre Edward y yo, varias mujeres se le quedaban viendo y no las culpaba, era tan difícil quitarle los ojos de encima, su belleza y su forma de comportarse en general era hipnotizante, sabía que yo era la persona que el había elegido sin embargo todavía me era difícil asimilarlo.

Casi al final del día decidimos dar un paseo a la orilla del río Támesis, fue muy lindo caminar a lado de Edward observar el paisaje y sentir el viento en mi cara, de alguna manera me sentía revitalizada, completa, lamentablemente justo en ese momento de quietud sucedió algo que sacudió esa calma por un momento, a un lado de nosotros paso una pareja, los dos eran ya personas mayores se podía ver el amor que se tenían el uno al otro ya que iban caminando tomados de la mano, conversaban como dos amigos, sin embargo con su mirada compartían la complicidad de ser almas gemelas y me di cuenta que aunque Edward y yo nos profesábamos un amor inquebrantable que se podía sentir en cada poro, jamás tendríamos la oportunidad de seguir ese curso de la vida, me alegraba la idea de no solo pasar una vida sino la eternidad juntos, sin embargo no podía dejar de preguntarme ¿Por qué no podíamos estar el uno con el otro de una manera normal y seguir con el curso natural de nuestras vida? del modo que debería ser, tener hijos, nietos y estar rodeados de todas las personas que significaban algo para nosotros.

Sabía que Edward sería un padre ejemplar, así que comencé a soñar despierta, imaginándome esa vida que se nos negó, Edward me saco de mi ensoñación.

-Bella, ¿que te pasa? , has estado muy callada y pensativa, ¿Te preocupa algo?

Obviamente no le iba a decir la verdad, no quería hacerlo sentir mal, así que mentí.

-No, no me pasa nada solo que me da un poco de tristeza que el viaje este por terminar.

-No tienes porque estar triste, podemos regresar cuando lo desees- después de decir esto me dio un beso en la cabeza y me apretó fuerte contra el, -Es más podemos casarnos cuantas veces quieras y repetir la luna de miel- comenzó a reírse al ver la expresión de mi rostro que debió ser de pánico ya que sólo de pensar en la idea de repetir todo me mareaba.

-No hay que tentar al destino, ya una vez lo logramos sin contratiempos- le di un beso en el pecho y seguimos caminando.

Cuando íbamos rumbo al aeropuerto a tomar el vuelo que supuestamente nos llevaría a casa, Edward me dijo que me tenia una sorpresa, que retrasaría nuestra llegada a Forks, para cuando me di cuenta hacia donde nos dirigíamos era demasiado tarde para evitarlo, por un rato me sentí un poco molesta, sin embargo Edward tenía un poder sobre mi que hacia que no pudiera estar enojada con el demasiado tiempo.

-No se para que tenemos que ir a New Hampshire ahora, se supone que tienes una parte del acuerdo que cumplir Edward.

-No te preocupes mi amor, eso no lo he olvidado, sólo quiero enseñarte unas cosas, te prometo que será una escala de no más de dos días y después cumpliré con la última parte del acuerdo, no tienes nada que temer te lo prometo- me dio un beso tan intenso que me sonroje, el sabía bien como convencerme.

-¿Sabias que eres muy tramposo?, siempre utilizas medios demasiados persuasivos para que no pueda decirte que no, eso no es justo, es más deberías de ser sancionado por alguna autoridad- me reí un poco y lo bese, todo este jugueteo se estaba poniendo demasiado caluroso, la azafata se aclaro la garganta cuando se paro junto a nuestros asientos para ver si no se nos ofrecía algo, le dijimos que no necesitábamos nada con la risa contenida, parecíamos dos adolescentes juguetones y eso era genial, se sentía libertad en cada una de nuestras acciones.

Cuando por fin llegamos a nuestro destino, no pude evitar preguntarle a Edward exactamente cual era el propósito de nuestra visita anticipada al lugar donde se encontraba nuestra futura universidad, ya que estaba segura que tenía algún motivo oculto.

-Te tengo una sorpresa y quiero mostrártela, es una especie de regalo de bodas

-Ay! Edward de seguro es algo caro, puedo verlo en tú mirada.

-Por favor no quiero que te enojes, toma en cuenta que aunque es un regalo de bodas mío, es algo que los dos disfrutaremos y me voy a sentir muy ofendido si por cuestiones monetarias te molestas, creo que ya comprendiste el concepto de que de ahora en adelante lo que es mío es tuyo y nada me hace sentir mejor que compartir lo que tengo contigo, así que te lo ruego hazme todavía más feliz ¿si?

Su cara inocente me desarmaba, además ¿como le podía negar un deseo?, respire profundo y aun un poco molesta asentí.

Edward rentó un automóvil y manejo hacía Hanover, en primera instancia pensé que nos dirigiríamos primero a Dartmouth, pero me equivocaba, nos detuvimos en un fraccionamiento bastante lujoso de condominios, mi corazón comenzó a latir acelerado cuando se estaciono frente a uno, era bastante bonito y lujoso, -No te preocupes el Penth House ya lo habían comprado- dijo esto con un tono burlón, sabía que estaba infartada, no podía creer que hubiera comprado un departamento.

Estaba muda, por un lado no quería enojarme, por otro estaba aterrada y no sabia porque me ponía nerviosa la idea de un departamento, cada vez se hacia más claro que ya éramos una pareja casada e independiente, todavía no lograba que la idea fuera asimilada por mi cerebro, entramos al departamento no podía negarlo la decoración era hermosa y de un muy buen gusto, dos cosas llamaron mi atención había un piano y un gran librero repleto de los libros de mis autores favoritos, con ese detalle el departamento me ganó así que me di la vuelta con la mayor seriedad posible, Edward tenia la cara con un gesto de angustia y curiosidad a mi reacción, cuando vio mi cara, se disponía hablar, pero yo sonreí lo mire a los ojos y lo besé con pasión, -Los libros son un detalle maravilloso- comenzamos a reírnos, los besos siguieron, cada vez aumentaron de intensidad, así que comencé a dirigirme a la recamara –Tengo duda de conocer nuestra recamara- le dije con un tono pícaro, caminando tomada de su mano, la recamara también era hermosa un detalle más llamó mi atención, dentro de la habitación había una foto de nuestra boda.

-Así que Alice también estuvo involucrada en esto, cuando la vea me va a oír-

Me volví a acercar y me sorprendió cuando Edward se dirigio a mi oído y me dijo – ¿En que estábamos?- con su nariz helada recorrió mi cuello y su mano se deslizo a mi cintura.

-Creo que estábamos a punto de tentar al destino-, en los dos ardía una llama y no se iba a extinguir, la pasión lleno el momento y ahí en nuestra habitación nuestra alma volvió a tocarse.

Después de dormir un rato, me puse la camisa de Edward y comencé a besarlo, -Sabes, me gusta esta rutina- los dos nos reímos.

-¿Te puedo pedir un favor? -

Edward me miro y me dijo –Ya sabes que puedes pedirme lo que quieras.

-Me gustaría que tocaras de nuevo la melodía que compusiste para la boda, -Tus deseos son ordenes- me guiñó el ojo y los dos nos dirigimos al piano.

-No me canso de sorprenderme de lo sexy que te ves así- me dio un beso en la mejilla y se sentó en piano, yo me senté en el sillón que estaba casi a un lado. Comenzó a tocar, la melodía, era hermosa, la diferencia que notaba entre mi canción de cuna y esta, era que en mi canción de cuna había cierta melancolía y en esta nueva melodía había un sentimiento constante, el amor, era raro pero en verdad se podía sentir en cada nota amor, paz y alegría, justo el conjunto de emociones que rodeaban ese momento que estábamos viviendo.

De nuevo las lagrimas me ganaron, lo bese un buen rato, y nos quedamos en el sillón abrazados, nos sentíamos tan tranquilos, me volví a quedar dormida, cuando desperté, lo hice en la cama ya estaba cobijada y ya era un nuevo día, Edward ya me tenia un súper desayuno en el comedor, me bañe y comí lo más rápido posible ya que quería que Edward me explicara cual era el objetivo de seguir retrasando nuestra llegada a Forks.

-Bella, se que has tomado tú decisión y además has cumplido con todo lo que te he pedido y te lo agradezco infinitamente ya que me has hecho muy feliz, por mi lado también se que debo de cumplir la última parte del trato y créeme que lo haré sin embargo no me sentiría tranquilo conmigo mismo si no te hiciera ver por completo la imagen de lo que vas a perder-

Estaba a punto de reclamarle lo que me estaba diciendo, yo ya había tomado una decisión y no había nada que me hiciera cambiar de opinión sin embargo no me dejo emitir sonido alguno.

-Deja que termine de decirte esto Bella y podrás replicarme lo que quieras, se que te he pedido muchas cosas, sin embargo también tengo la certeza de que sabes que para mi no es fácil el saber que voy a ser yo el que te arrebate tu vida humana, por eso para que pueda vivir lo más tranquilo posible conmigo mismo, te pido que me permitas hacer este último intento, te prometo que solo te robare este día y nada más, después regresaremos a Forks y si continuas con el deseo de convertirte en lo que yo soy lo haré tal y como te lo prometí.-

Torcí los ojos ya que sabía que no había nada que pudiera hacer que modificara mi decisión, sin embargo el ya había prometido que solo sería ese día, así que decidí no discutir más, el día estaba nublado así que iba a ser fácil que Edward saliera conmigo al campus de nuestra universidad.

La belleza de Dartmouth era inminente, un guía, nos dio un tour por toda la escuela, yo estaba maravillada, no solo la escuela era hermosa por fuera sino también en su interior, por algo pertenencia a la "Ivy League" en todo su esplendor , era maravillosa, las aulas, la biblioteca, las instalaciones, se sentía un ambiente sumamente agradable, estaba muy contenta de estar ahí y comenzó ese sentimiento de emoción, estoy segura que Edward lo notó porque se veía muy contento, estuvimos de oyentes en una clase, comí en el comedor de Dartmouth juntó con Edward y otros estudiantes, muchas chicas miraban a Edward lo cual me puso un poco celosa, sin embargo el ni siquiera las veía, cuando por fin termino el día, nos dirigimos al departamento que sería nuestra casa.

-Y bien, ¿como te sentiste en el ambiente universitario?, verdad que es una experiencia inigualable.

-Puede ser Edward, sin embargo no estoy interesada en vivirla como humana, no he cambiado de parecer, mi decisión esta tomada desde hace mucho y eso no cambiará, tendré tiempo de ir a la universidad, sólo que lo haré bajo las mismas circunstancias que tú, te agradezco que hagas todo esto por mi, pero sinceramente ya no hace falta que te esfuerces mi destino ya esta marcado a tu lado.

Se notaba que Edward estaba frustrado, pero accedió como lo prometió a regresar a Forks, después de un rato la frustración disminuyo y volvió a estar de buen humor, el hecho de ver a su familia lo animaba igual que a mi, ahora si me dirigía a que Edward terminara su parte del trato y me concediera la inmortalidad a su lado, me sentía nerviosa por los resultados y cambios que esto traería sin embargo jamás hubo duda en mi ser.

Cuando por fin llegamos a la casa de los Cullen, sabía que era cuestión de horas para que iniciara mi conversión a inmortal…