Para Xime (Petite) y Dominique Jackson, por siempre alentarme con sus lindas palabras.

Todo lo que reconozcan es de J.K. Rowling.

El juego de las piedras.

Rose observaba con aburrimiento el salón donde se impartía la clase de Historia de la Magia, todos sus compañeros estaban cínicamente dormidos sobre los pupitres, unos cuántos de ellos roncaban sin ningún tipo de disimulo, aunque al profesor Binns no parecía importarle en lo más mínimo, seguro ya estaría acostumbrado a años y años de lo mismo.

Estaba en quinto año y los TIMOS estaban a punto de comenzar en dos semanas, por lo que todos los de su año estaban vueltos locos estudiando en cada momento que tenían. A ella no le preocupaba mucho, se sabía los libros prácticamente de memoria, no es que fuera pretenciosa, pero era la verdad ¿qué más podría decir? Era la mejor en su clase y parecía que su cerebro era un cofre interminable de conocimientos, a palabras de Albus, su primo y mejor amigo desde que tenía uso de razón.

Se sobresaltó, al igual que todos los que ya estaban en un profundo sueño, al escuchar la campana que señalaba el final de la clase. De inmediato el salón quedó casi vacío, pues nadie quería quedarse en ese sofocante lugar más de lo estrictamente necesario. Con calma, Rose tomó sus cosas en sus brazos, emocionada de que al fin podría descansar algo al ser esa su última clase del día. Con una energía que la caracterizaba, se dirigió a la salida mientras brincaba, jugando a que sus pies cayeran en una piedra diferente del piso a cada paso, sin saber que estaba a punto de atropellar a alguien.

-¡Lo siento mucho!- exclamó completamente avergonzada. Había chocado con la espalda de un chico, tirando los pergaminos y libros que llevaba en sus brazos.

-No hay problema- dijo Scorpius Malfoy con esa sonrisa que derretía a Rose, caballerosamente, la ayudó a recoger sus cosas. Rose estaba más roja que un tomate.

-Gracias- murmuró evitando verlo a los ojos, esos ojos grises tan cálidos que eran bien conocidos por ella, por todo el tiempo que los había observado sin que él se diera cuenta.

-¿Ibas a comer?- preguntó el chico rubio una vez que estuvieron de pie. Rose asintió- ¿te importa si te acompaño?

-Sí… no, digo…- ¿por qué tenía que trabársele la lengua justo en ese momento?- vamos- dijo al fin. Scorpius había tenido la decencia de no reírse de ella por ese error, o al menos eso era lo que pensaba Rose, era difícil saberlo cuando el chico era de los que sonreía todo el tiempo, haciendo que unos lindos hoyuelos se formaran en sus mejillas.

Comenzaron a caminar, Rose intentaba no seguir con su juego de las piedras del piso, pero a veces era inevitable, al menos trataba que no se notara mucho cuando saltaba; era un juego que había inventado con Albus: el que tocara una de las líneas que dividían cada piedra, perdía.

Se sentía incómoda porque no sabía de qué hablar con Scorpius, ese chico acababa de entrar en su vida ese año, aunque no podría decirse exactamente que lo conocía. No había hablado con él absolutamente nada en todo lo que llevaban de colegio. Él iba a Hufflepuff (una gran sorpresa para todos al principio, pero después comprendieron que era una persona encantadora y que no podría haber quedado en otra casa) y ella a Ravenclaw, pero aún así no compartían muchas clases y nunca habían coincidido, hasta ese día en el tren…

Rose había sido nombrada prefecta, algo nada sorpresivo para nadie de la familia, o de Hogwarts, pues tenía una fama pulcra de inteligencia y una corrección juguetona que a muchos les encantaba. Pero el primero de septiembre, al entrar en el vagón de los prefectos vio a alguien que le quitó el aliento completamente, era rubio, alto y fuerte, con unos ojos grises de mirada gentil y una sonrisa contagiosa. Eran los únicos que habían llegado, así que Rose se sintió incómoda, o quizás confundida ¿acababa de entrar al cielo?

-Hola- había dicho el chico rubio sonriéndole-. Soy Scorpius, Scorpius Malfoy.

-Rose Weasley- había dicho ella con la garganta seca y el corazón palpitándole a mil por hora.

-¿Qué tal tu verano, Rose?- preguntó él con una familiaridad que a ella se le hizo difícil no seguir con la plática.

-Bastante entretenido ¿y el tuyo?

-No me quejo- contestó él encogiéndose de hombros, señalándole un lugar frente a él para que se sentara.

Después de eso Rose no había hablado mucho con él, pues era casi un completo extraño, pero le gustaba verlo de vez en cuando, saludarlo por los pasillo si lo veía por allí, hacer que sus horarios en las rondas coincidieran… bien, el caso es que estaba completamente loca por Scorpius Malfoy, el único chico que podía dejarla sin habla y eso ya era decir mucho.

De improvisto, Scorpius Malfoy echó a correr, siguiendo el juego de las piedras, brincando como maníaco.

-¡Te ganaré, Rose Weasley!- exclamó Scorpius cuando iba algunos pasos más adelante.

Sin tener tiempo de reaccionar, Rose soltó una risa cantarina y siguió con el juego, alcanzándolo por poco.

-Eres una buena oponente, debo admitirlo- jadeó Scorpius cuando se detuvieron antes de llegar a las puertas del comedor, muchos que iban entrando por las puertas se les quedaban viendo, creyendo que habían perdido la razón.

-¿Por qué hiciste eso?- rió Rose estando a su lado.

-No lo sé- confesó él- supongo que te vi incómoda y pensé que con una pequeña carrera te darías cuenta de que no había por qué estarlo.

Rose sonrió divertida.

-Supongo que tienes razón, pero… ¿te habían dicho que eres tan intuitivo que das miedo?

-¿De verdad doy miedo?- dijo claramente consternado - lo siento, no fue mi intención…

-Tranquilo, no lo decía tan en serio…- dijo Rose arrepentida de haberlo dicho-. No era para que te sintieras mal…

Scorpius sonrió traviesamente.

-Eres muy fácil de engañar, pelirroja. Katie me lo dice todo el tiempo, estoy acostumbrado- todos sabían que Katie Tomas, una chica de Gryffindor, era la mejor amiga del rubio, siempre se les veía juntos. Muchos habían creído que eran novios, pero había resultado que ella salía con un muggle.

Rose lo miró falsamente indignada y con las manos en la cadera, como si estuviera realmente ofendida, aunque en realidad estaba extrañada de que él hubiera tomado tanta confianza con ella tan rápido.

-No te enojes, Vamos pelirroja, te invito a comer. Mira, allí está Katie esperando por nosotros- señaló la mesa de la casa de Hufflepuff, donde una chica muy linda de piel morena le hacía señas exageradas a Scorpius, atrayendo la atención de muchos.

Tomó a Rose de la mano sin darle tiempo para contestar y la dirigió hasta su mejor amiga. Rose estaba perpleja.

-¡Oh, Scorpius Malfoy!- exclamó Katie poniéndose una mano en la frente en un gesto dramático- me has hecho esperar tanto que creí que algo malo te había sucedido, sabes que mi comida no sabe igual si no estás…

-Te ruego me perdones, amada hermana- dijo Scorpius con el mismo gesto, dejándose caer a su lado y abrazándola con exageración-. No volverá a suceder, no quiero volver a los calabozos a los que usted me ha hecho entrar la vez pasada… esa vez fue como haber visto a mi abuelo en ropa interior y usted sabe que eso es escalofriante…

-¡Scorpius!- exclamó Katie divertida dejando el juego de lado-. ¡me hiciste imaginar a tu abuelo en ropa interior!

-Pues que mente tan pervertida tienes- se lamentó el chico pasándole un plato a Rose, que los miraba sin saber qué decir. Cuando Scorpius se dio cuenta de la mirada de la pelirroja, dijo un tanto avergonzado-: disculpa que hayas escuchado todo eso, es que esta pequeña de aquí- señaló a Katie con la cabeza- a veces no se puede controlar, tú sabes, me ama demasiado…

Katie bufó y le sacó la lengua.

-Que bueno que nos acompañas, Rose- dijo la chica alegremente-. Vi cómo Scorpius te arrastraba hasta acá pero eres libre de irte si quieres.

-Está bien- rió Rose. Conocía a Katie por ser amiga de algunos de sus primos y ciertamente le agradaba-. No sabía que ser secuestrada de esta manera fuera tan divertido.

-Cuando quieras- dijo Scorpius galante, sonriéndole con picardía.

-Deja de ligar frente a mí – dijo Katie aburrida-. Sabes que me da náuseas.

Rose estaba roja, pero esperaba que no lo notaran, ¿de verdad Scorpius Malfoy estaba ligando con ella? Así lo parecía, pues él también tenía cierto rubor en las mejillas y se había quedado en silencio. Pudo haber jurado que Katie hacía una mueca de dolor por haber sido pateada debajo de la mesa.

-¿Qué tal llevas lo de los TIMOS, Rose?- preguntó Katie amablemente- parece que eres la única que no ha enloquecido.

Rose rió con su acostumbrada risa cantarina y dijo:

-No lo sé, supongo que estoy acostumbrada a la locura en casa y esto no es nada.

-Al menos eso te ayuda- siguió Katie sirviéndose grandes cantidades de comida-. Yo estoy casi todo el tiempo con este loco y aún no me acostumbro del todo, tengo mis pequeños ataques de estrés.

-¿Pequeños ataques de estrés? ¡la semana pasada casi me matas con un cojín volador!

-Era un cojín…

-Sí, ¡pero lo habías transformado en piedra!

Rose no había podido parar de reír en todo lo que duró la comida, ciertamente esos dos eran muy graciosos. No tenía idea de que Scorpius fuera tan cómico y juguetón; se preguntó por qué sería de ese modo, con la familia que tenía, pero aún así, comenzó a gustarle más, si es que eso era posible.

Después de esa comida, Albus llegó por ella para prácticamente obligarla a que lo ayudara con varios temas de pociones en los que él no era para nada bueno. Rose se despidió de los dos amigos con una sonrisa radiante en los labios y fue a ayudar a su primo, quien no había notado la mirada que Scorpius le dirigía a su prima, por todo el estrés acumulado.

Rose/Scorpius

Habían transcurrido casi dos años desde ese acontecimiento, al que le habían seguido muchos más. Rose estaba cada vez más enamorada de Scorpius y él, pues… Rose no estaba segura de ser correspondida.

Era día de San Valentín, Rose odiaba ese día porque nunca lo había celebrado con alguien a manera romántica, así que simplemente esa fecha le daba urticaria y se dedicaba a refunfuñar en contra de "el día más comercial del año".

Su aversión se vio en aumento esa misma mañana, cuando al ir a desayunar, vio un alboroto en las puertas del comedor. Se acercó un poco y notó que todas eran chicas que se reían coquetamente y otras lanzaban besos al aire.

-¿Qué sucede?- preguntó a una chica de primero que tenía las mejillas rojas.

-Scorpius Malfoy nos está regalando flores a todas, ¿no es lindo?

Efectivamente, cuando Rose se acercó un poco más, pudo notar que su amor platónico estaba hechizando flores rojas para que se multiplicaran y todas las chicas obtuvieran una, diciéndoles al tiempo lo bien que todas lucían y lo afortunado que se sentiría él de que una de ellas fuera su novia, aunque debía de admitir que no tendría tanta suerte, pues una chica ya ocupaba su corazón.

-Como te dije una vez, está muy loco- dijo Katie llegando al lado de Rose, observando a su amigo con diversión-, pero no me negarás que tiene un buen corazón.

Rose se mordió el labio y siguió de largo hacia su mesa en Ravenclaw.

Odiaba ese día y él sólo lo había empeorado, se sentía desplazada, poca cosa. ¿Alguien le gustaba? o mejor dicho ¿estaba enamorado de alguien? Tomó aire fuertemente y se dijo que no dejaría que Scorpius Malfoy aplastara su autoestima dándoles obsequios a todas esas chicas y a ella ni siquiera dirigirle una mirada, además de gritar a los cuatro vientos que estaba enamorado de alguien que por supuesto no era ella. Pasaría ese día como todos los de cada año: comiendo chocolate a montones y visitando a Hagrid. Después iría a Hogsmeade el fin de semana y ese pasaría a ser un mal recuerdo para los años venideros. ¿Qué si estaba siendo pesimista? Sí, quizás un poco, pero ver al chico que le gustaba tratando a TODAS las chicas como princesas le provocaba náuseas.

-¿Sigues con tu idea de odiar San Valentín?- preguntó una voz femenina a su lado. Era Dakota, su mejor amiga que iba en su misma casa, quien estaba enamorada de su primo Albus desde primer año.

-No estoy de humor- gruñó Rose sorbiendo su avena, aumentando su desagrado al ver a su amiga con una de las rosas de Scorpius.

-No dejes que eso te afecte- dijo Dakota señalando las puertas del comedor-. Anda, sigue con tu buen humor de siempre y estoy segura de que Scorpius te invita a salir, sólo evita no golpearlo cuando intente tomarte de la mano…

Y es que Rose Weasley podía ser una chica muy alegre, pero de cariñosa no tenía nada, por lo que le provocaban arcadas ver a la gente cursi y melosa por los pasillos.

-¡Hola, chicas!- saludó Scorpius minutos después cuando llegó junto a ellas a la mesa de Ravenclaw con una divertida Katie, quien llevaba dos flores rojas cortesía de Scorpius, en las manos.

-Gracias por la rosa, Scorp- dijo Dakota como saludo.

-¿Rose, te sientes bien?- preguntó Katie con ojo crítico- te ves pálida.

-Sí, perfecto- gruñó Rose sin despegar su mirada de su plato.

-Lo que pasa es que tiene… una especie de alergia a San Valentín, nada grave, le da todos los años…- explicó Dakota sin darle importancia.

-Pero el año pasado no te vimos así- dijo Scorpius frunciendo el entrecejo.

Rose levantó la mirada, esperando que sus ojos no reflejaran su dolor al rechazo no hablado de Scorpius.

-Porque tenía la suerte de estar en la enfermería con los huesos del brazo rotos por el partido de quidditch, ¿recuerdan?

Scorpius la miró directo a los ojos, pero Rose rehuyó su mirada lo más posible.

-No entiendo porqué no te gusta este día- dijo él con un aire divertido en la voz que enfadó a Rose. En definitiva no se sentía de humor para eso.

-Olvídenlo, me voy a clase- Rose tomó sus cosas y dejó su desayuno a medio terminar, al fin y al cabo no tenía hambre y el vacío en su estómago sólo era provocado por la desilusión-. Hasta luego.

Dicho esto, salió a paso rápido directo a las mazmorras, sin poder evitar que una lágrima traviesa saliera de sus ojos como el único vestigio de tristeza de la chica, quien de inmediato compuso una sonrisa, como era su costumbre.

Rose se movió con disgusto cuando sintió algo haciéndole cosquillas en la mejilla. Se había quedado dormida en la sala común de los prefectos después de la última reunión, teniendo los ojos de Scorpius clavados en ella todo el tiempo, dirigiéndole una mirada que nunca había visto en él, como si estuviera preocupado por ella o pensando demasiado. De cualquier manera, se había decidido a que nada que tuviera que ver con él le importaría más de lo estrictamente necesario.

Cuando sintió que lo que fuera que le acariciara la mejilla de esa manera era demasiado insistente, abrió los ojos despacio y con pereza. Lo primero que vio fue los ojos grises que más le gustaban en todo el mundo. Cuando pudo enfocar bien, distinguió a Scorpius Malfoy sentado en el suelo frente a ella de modo que sus rostros quedaran cerca, con una rosa roja en la mano (que Rose sospechaba como responsable de su despertar) y su usual sonrisa.

-Vaya que tienes el sueño pesado- comentó el chico de buen humor.

-¿Qué haces aquí? ¿qué hora es?- preguntó Rose tallándose los ojos e incorporándose.

-Media noche y vine a darte esto- contestó el chico, tendiéndole a Rose la rosa con la que la había despertado. Rose debía admitir que la flor olía bastante bien, y si se mezclaba con la colonia que usaba Scorpius, la hacían la combinación perfecta-. Sé que no te gusta San Valentín, así que no puedes quejarte, porque te la doy un día después.

Rose no pudo evitar reír, dándose cuenta por primera vez de que toda la sala estaba llena de fragantes flores de todos los tipos y tamaños. Se levantó de golpe, llevada por la sorpresa, pensando que seguía dormida y que estaba teniendo el más lindo de los sueños, donde quizás Scorpius Malfoy sí estaba enamorado de ella.

-No sabía cuáles eran tus favoritas- se excusó el chico dudando por primera vez.

-¿Por qué…?- Rose no podía formular la pregunta, tenía un nudo en la garganta. Nadie había hecho algo así por ella nunca. Se volvió hacia él y lo miró directo a los ojos. Sin darse cuenta se acercaron el uno al otro con lentitud.

-Porque pensaba pedirte… ayer… que fueras mi novia, pero surgió todo eso del "odio San Valentín" y no quería…- carraspeó-. No quería que me rechazaras por eso…

-No creo que te hubiera rechazado por eso- acotó Rose sonriendo avergonzada, aunque con el corazón latiéndole violentamente.

-¿Entonces me habrías rechazado de todos modos?- preguntó Scorpius sin perder la oportunidad de abrazarla por la cintura, causándole a Rose un sentimiento placentero en la piel.

-No lo sabrás nunca si no lo preguntas- dijo Rose acercándose cada vez más a él, haciendo que sus rostros quedaran más juntos que antes.

-¿Quieres ser mi novia?- preguntó Scorpius casi en un susurro, pero lleno de tantos sentimientos que Rose se sintió desfallecer.

Rose asintió con una radiante sonrisa. Scorpius se inclinó un poco más y la besó con delicadeza en los labios, haciéndola estremecer; sus piernas parecían gelatina y todo su cuerpo parecía estar bailando la conga internamente.

Y gracias al juego de las piedras en su quinto año, al fin su amor platónico… ya no era platónico.

Hola!

Al fin les traigo el último capítulo de este Especial. Perdonen la tardanza, pero he estado algo ocupada. Espero haya sido de su agrado, cualquier cosa ya saben, un lindo review lo arregla =D. Algunas de ustedes me pidieron extender el segundo capítulo, debo confesar que mi idea original era dejarlo así, pero si se me ocurre algo no duden en que lo escribiré y se los haré saber, sólo que no sé cuándo podrá ser eso, sobre todo ahora que ya estoy en exámenes. Gracias por su comprensión.

Espero que todos hayan tenido una linda semana xD

Nos leemos!