Capítulo 37 Día 5. Cuarto menguante.
Viernes 28 de Marzo de 1913.
Los días pasaron rápido, en el colegio para Archie era cansado escuchar las estupideces de los amigos de Neal pero tanto Stear como el resto de sus amigos del comité se las ingeniaban para dejarlos calladitos y dejarán de molestar a Archie.
En Buckingham para Terry fue…digamos cultural. Si no estaba con su tía abuela escuchando sus largas historias de cada uno de los miembros de la familia, estaba con el Rey jugando ajedrez y también escuchando la historia de sus ancestros. Nunca la misma historia pues eran tantos familiares qué siempre había algo diferente que contar incluso anécdotas que en ningún libro de historia podría encontrar. Así qué definitivamente su díez en historia europea estaba asegurado.
Cuando no tenía que estar con su Majestad, se perdía por los jardines o salones para estar solo. Vivir en Buckingham era agradable y hasta un honor pero necesitaba su privacidad.
Se sentía preocupado por no poder estar con Candy pero confiaba que Marcus le había hecho saber que estaba en la cárcel más lujosa del mundo y por órdenes de su abuela tendría que quedarse ahí por un tiempo.
En su deambular por el Palacio vio varios floreros con diferentes tipos de flores pero uno llamo su atención. Era nada menos que el qué estaba en la habitación de su tía doña María osea la estricta Reina María.
La habitación estaba abierta pues las mucamas la estaban arreglando, así que escuchó a su rebelde vocecita interior y sin que lo vieran lo tomó.
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Mansión del teniente Naval Harrison.
-Lady Juliette su caso está perdido. Ningún abogado que quiera mantener nexos con la corona estará dispuesto a defender a su hija. - decía el abogado de la familia.
-Apenas tiene catorce.- respondió preocupada la madre de Margot.
-Sí. Pero con todo respeto a su edad está bastante desalmada. Mire qué casi mata al sobrino nieto de su majestad ¡la Reina Madre Alexandra! Lo siento debo ser honesto con usted.
-Usted es nuestra última esperanza toda la semana hemos estado de despacho en despacho.
-¿Y por que cree que acepte verlas en secreto? No quiero verme involucrado en esto. Sólo lo hago por el cariño a su difunto padre. - decía el abogado.
-Pues entonces ayúdanos, él te ayudó cuando sólo eras un huérfano.- replicó la abuela de Margot.
-Y por eso le estaré eternamente agradecido, y también por eso soy sincero con ustedes.
-Tiene razón madre. Aunque aceptará, la causa está perdida y sólo lo perjudicaríamos a el también.- dijo desganada la madre.
-De verdad lo siento.
-Te agradezco Mario por tu visita.
-Lo siguiente que les diré será sólo cómo amigos y nunca lo escucharon de mi. Vayanse de Londres. Vendan todo y mudense a América. Lo lamento mucho pero aquí no tienen futuro.
-Gracias Mario.
-Regreso a Liverpool. Si necesitan algo avisenme. Pero por favor sean discretas.- dijo el abogado para después salir de la casa.
-¡Esa niña salió igual qué su padre! Te lo advertí no era un buen hombre por su ambición, luego lo del Mauretania y ahora mira dónde nos ha dejado. - gritaba la abuela.
-Detente madre.
-Primero desfalcos, luego falsificar pruebas y ahora tu hija siguiendo sus pasos. al punto de despreciarnos todo Londres.
-Lo sé.
-Hoy en el club todas me voltearon la cara y de camino sólo ví periódicos hablando de lo sucedido y la gente igual. Mario tiene razón tu hija no tiene futuro aquí.
-Mañana pondré en venta todo y si preguntan diremos que es para juntar fondos para la defensa de Margot.
-Lo cual no es tan falso ya qué estamos a un paso de la ruina.
-En cuanto venda la casa nos vamos a América.
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Colegio San Pablo
El buen Stear fue citado en la oficina de la Rectora por el abogado de los Grandchester.
-Lord Hamilton buenos días.- saludaba asustado.
-Buenos días Alistar. ¿Cómo has estado? - saludaba el hombre poniendose de pie e invitándolo a sentarse.
-Creo qué bien. ¿Ya no lo estaré?
-Tranquilo Alistear. He venido porque como sabes soy el abogado del Duque de Grandchester y a él y a mi por supuesto nos interesa mucho tu ayuda. Sobre las pruebas que Toby encontró.
-Ah eso.- el chico ya más tranquilo acepto sentarse junto la abogado.
-Alistear, Toby encontró muchas pruebas qué incriminan a tu ex compañera Margot Harrison en el atentado contra Terry. Prácticamente es la autora intelectual de semejante locura. Pero tristemente vivimos en una sociedad llena discriminación y jerarquías. Y como sabes Toby es hijo de un contrabandista prófugo. Por ello no puedo llevarlo al estrado. Nos prejudicaría.
-Pero Toby no es su padre.
-Lo se pero no quisiera que el día de mañana se diga que el hijo del mayor contrabandista de Inglaterra ayudó en el juicio contra quienes intentaron asesinar al sobrino del Rey. Se podría malinterpretar y peor aún, como Toby es menor de edad necesitamos aprobación de sus padres para atestiguar. Imagínate que el día de mañana aparezca su padre y exija al Rey un indulto para él por haber hecho que su hijo atestiguara.
-Entiendo.
-Por eso estoy aquí. He hablado con Albert y está de acuerdo si tú aceptas.
-Digame.
-Necesito que des testimonio en lugar de Toby. Necesito hacerle creer al jurado que tú fuiste quien encontró todas las pruebas de Toby.
-Pero él lo hizo, no quiero quitarle el crédito.
-No te preocupes por eso el Duque estará eternamente agradecido. Tan es así que ya le abrió un fideicomiso para sus estudios en la universidad. Solo necesito que hables con Toby y te haga saber todo de dónde lo sacó, etc. El está de acuerdo.
-Entiendo.
-¿Aceptas entonces?
-Sí claro.
-Gracias Alistear. Muy importante que nadie absolutamente nadie sepa que estás hablando con Toby y que estarás en el juicio.
-Por supuesto.
-Me retiro entonces. Hasta luego Stear vendrá a verte en un par de semanas para ultimar detalles. Qué tengas un excelente día.
-Igualmente. Hasta luego Lord Hamilton.
Stear salió de la oficina después del abogado. Se sentía extraño nunca había estado en un juicio pero todo fuera por ayudar.
En lugar de volver a clases prefiero caminar hacia la segunda colina de Pony para relajarse. La llegar se recostó y cerró los ojos para escuchar y sentir la brisa de la primavera.
-Qué locura. No tenemos ni un año en París y ha pasado de todo en Londres. Un barco náufragó, casi nos extrellamos en una torre, unos meses en Dublín y un intento de asesinato. Pero también conocí nuevos amigos, por supuesto Paty, Candy y Archie están aquí. Nada qué ver con la tranquilidad de Lakewood.
Alistear nostálgico miró al cielo, recordando a su primo Anthony. La estar sólo se sintió en confianza para hablar consigo él y en voz alta.
-Lakewood. Anthony, me preguntó si aún estaríamos en Lakewood si tú estuvieras aquí. Qué divertido sería contigo aquí. Pero tal vez nunca hubiéramos venido a Londres por orden de Albert. O quién sabe seguro la idea fue de la tía abuela. A veces pienso que ella toma las decisiones y nos hace creer que fue el tío abuelo. Como la cacería de zorros. Albert ama a los animales ¿cómo pudo ordenar algo así? Seguro fue la tía abuela y como Albert se la vive viajando pues ni enterado. Como sea ya no estás aquí Anthony. Como me gustaría que estuvieras aquí…
-Lo mismo digo, así no tendría que soportar a ese aristócrata arrogante.
-¡Archie! Por fin me hablas.
-Si Anthony estuviera aquí, Candy jamás se hubiera fijado en Terry.
-No lo sé. Candy lo mira diferente. Podría decir qué están hechos el uno para el otro. Cómo tú y Annie.
-Se lo qué ví Stear. Annie me desprecio y no dejaba de mirar a Terry. Y los chicos me confirmaron qué antes de competir Annie...lo abrazó. - dijo decepcionado.
-Basta Archie. Si así fuera la violencia no es la manera de arreglar las cosas seguro Anthony me daría la razón. - dijo Stear poniéndose de pie.
-¡Y a mí también!.
-Vamos Archie admitelo, Terry no está interesado en Annie. Ni ella en él. Piénsalo fríamente. ¿Qué te dice tu corazón?
-Fue tan seca conmigo. Ella no es así.
-Seguro hay un explicación. Tal vez la medicina, se sentía incómoda por la operación, quería estar sola, preocupada, pueden ser tantas cosas. Un hospital no es nada cómodo. Y Terry seguro también se sentía incómodo y por eso no beso a Candy. Ya sabes lo gruñón que puede ser.
-Supongo.- apenas pudo convencerse.
-Mira, Albert me dijo que pronto darán de alta a Annie. Así que cuando esté aquí saldrás de tus dudas.
-¿Tan pronto? - dijo sorprendido
-Sí, increíblemente se ha recuperado muy rápido y pronto estará aquí.
-Ojala tengo muchas ganas de verla.
-Vaya ya sonríes.
-La , cuando mencionaste a Anthony, también me hubiera gustado que estuviera aquí con nosotros. Seguro se divertiría mucho.
-Ya lo creo qué sí. El siempre ideaba que hacer y se salía con la suya.
-Sí, la tía Elroy era muy condescendiente con él.
-No lo dudes y sería el presidente de la fraternidad.
-Y el cómplice de Terry
-Pagaria por verlo.
En ese momento la campana anunciaba las 2pm.
-Creo qué es la campana para la comida.
-Vamos si te siguen molestando se las verán conmigo.
-No te preocupes los ignorare.
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Hospital San Jorge
Los días en el hospital pasaron muy rápido también, pero no dejaron de ser divertidos para Candy y Anthony. Y es qué el cuerpo de Annie se recuperó tan rápido que no tenían nada qué hacer así que para matar el tiempo hicieron varios cosas en el hospital.
El cuerpo médico se sintió feliz de tenerlas, tanto qué ya no querían qué se fueran. Pero había qué despedirse.
Durante la mañana Candy ayudó a Anthony a vestirse y prepararse para su llegada al colegio. Estaba feliz de pasar tanto tiempo con Anthony pero un poco triste porque Terry no pasó las noches con ellas. Pero cómo le dijo Marcus eran órdenes de su majestad qué se quedará en el Palacio.
No quería admitirlo pero estar lejos de Terry o qué pudieran imponerle no estar juntos la preocupaba. Anthony notaba esa tristeza pese a qué la pecosa la ocultar tras su sonrisa. Y aunqué no debía decirle su destino no le gustaba ver triste así qué hizo un pequeña excepción a la regla.
-El nació para ti.
-Anthony ¿De qué hablas ?
-Digo que Terry es tu alma gemela. Lo supe desde que lo conocí en el Mauretania.
-Cierto tu lo salvaste en el naufragio.
-De hecho lo conocí antes. Cómo te comenté puedo sentir el dolor de quienes conocí y amé en vida. Pero con Terry fue extraño. Comencé a percibir una gran tristeza, pensé qué eras tú. Pero para mí sorpresa la tristeza qué percibi era de un chico triste y solitario. Entonces comprendí porque pese a no conocerlo pude sentir su tristeza. Era porque su alma y la tuya son tan parecidas. Dos almas gemelas provenientes del mismo lugar.
-Qué hermoso.
-Así que pase lo que pase. Recuerda que él siempre te amará.
-Gracias Anthony. Vaya tus palabras me han reconfortado tanto que estoy lista para el colegio.
-Y yo estoy nervioso.
-Lo harás bien señorita Britter.
-Candy me haces un gran favor.
-Claro.
-En publico en lugar de Annie ¿Podrías llamarme AB? Es difícil responder cuando me dices Annie, no me acostumbro, es tan complicado. En cambio lo pensé y nuestras iniciales son las mismas.
-¡Es cierto! Anthony Brower y ella Annie Britter ambos son AB (1*) Muy bien Anthony o mejor dicho AB. Llegando al colegio le pediré lo mismo a las chicas.
-Gracias Candy.
-¿Ya están listas? Ya llegaron por ustedes.- dijo la enfermera Elly.
-Sí vamos.
Con ayuda de la enfermera bajaron a la recepción donde ya las esperaba Marcus.
-Marcus qué gusto verlo. - saludaba Candy con su enorme sonrisa.
-Hola señorita Candy. Señorita Annie que gusto que ya está mejor.
-Gracias.
-Señor Marcus por aquí, acompañeme por favor debe firmar para la salida de la señorita Britter.- dijo la enfermera guiandolo hacia una de las oficinas.
-Por supuesto.
-Oh Candy. El relicario de Annie y la cruz de la señorita Pony se quedaron en la cabecera de la cama.
-No te preocupes voy por ellas. Ya vuelvo.
-Dios qué escalofríos. - se dijo Anthony a sí mismo al sentir que algo pasaba tras él. Al voltear se espantó y se puso nervioso por lo qué veía, así que cerró los ojos y se puso a rezar.
En ese momento llegó un mensajero del Palacio de Buckingham quien se acercó a ella. Anthony dió un brinco cuando sintió que alguien tocó su hombro.
-Perdón no quise asustarla. Me dijo la recepcionista que usted conoce a la Señorita Candice White Ardley.
-Sí, fue por unas cosas no tarda en regresar. - contestó Anthony aliviado.
-Gracias si me permite traje un mensaje para ella y este arreglo.
-Que hermoso seguro le encantará.
-No tengo tiempo para esperar. ¿Puede dárselas a usted? debo volver a mi trabajo.
-Esta bien.
-¿Sería tan amable de firmar de recibido?
-Por supuesto.- Anthony firmó rápidamente para después tomar el ramo y la carta.
-Gracias permiso.
-¿De quién serán? -Decía Anthony mirando el sobre. Se asombro la ver el escudo del sobre. -¡Este sobre es de Buckingham! ¿Acaso Terry?
Impaciente busco la forma de abrirlo pues no tenía remitente.
-No, no debo leerla, aunque Candy leyó la mía, claro con mi permiso pero… soy un ángel tengo cierta indulgencia. Ash no, pero está sellada. Terry, ¿para qué tanto misterio?
AB intento encontrar una forma de abrir el dicho sobre qué venía con el sello del Palacio. Pero se dió por vencido porque estaba muy bien sellado hasta con cera.
Al ver que ni Candy o Marcus volvían decidió salir y sentarse en una de las bancas que rodeaban el jardín exterior de la puerta del hospital.
Cuál fue su sorpresa qué volvió a sentir ese horrible escalofríos pero está vez prefiero no mirar. Para su suerte Candy ya regresaba.
-Por fin llegas. - dijo aliviado.
-Estás palido ¿qué pasa?
-Recuerda que puedo ver el alma de las personas y no todas son buenas. Además mira ahí está el camino a la morgue.
-Entiendo. Pero tranquilo ya nos vamos. Tengo una idea quédate con la cruz de la señorita Pony te sentirás mejor.
-Pero…
-Yo no puedo ver el alma de las personas así qué ojos que no ven corazón que no siente.- decía Candy mientras ponía en el cuello de Anthony la cruz de la señorita Pony
-Gracias Candy. Me sentiré más seguro.
-Dime, ¿Esmeralda te las regalo cómo despedida?- preguntaba Candy señalando el ramo.
-No ayer nos despedimos en la fiesta. Odio las despedidas. En realidad son tuyas. Estaba a punto de pecar por abrir un sobre que no es mío.
-Qué bonito. ¿De quién será?- dijo Candy mientras abría el elegante sobre.
-Lo siento me llamó la atención el sobre. Supongo que es de Te…
-¡Es de Terry! ¡Le encantan los narcisos. !
Gritó la pecosa. Dejando la pobre Anthony más qué aturdido.
-Con razón, pero ¿por qué te manda narcisos? a ti te gustan las rosas. Que engreído.
-Puedes leerla en voz alta para que no tengas dudas de lo qué dice. Además yo leí la tuya así estaremos a mano.
-Candy sólo era curiosidad. No es necesario. - dijo Anthony pero se había vuelto curioso con todo lo relacionado a Candy así qué no pudo negarse - Está bien. Me encanta la idea.
-Mi querida Lady Grandchester.
Perdóname, tal cómo te contó Marcus surgió un deber impuesto y no pude ir al hospital estos días ni siquiera al colegio . El Duque y ahora también la tía abuela se pusieron sobreprotectores, tanto que ni siquiera dejan que pase una mosca cerca de mi. Y no consideran por obvias razones que el colegio sea seguro para mí. Ojalá decidan pronto dónde piensan tenerme. Mientras tanto para que no me extrañes se me ocurrió enviarte este ramo de narcisos y así recuerdes nuestros apasionados encuentros en los jardines del colegio…
-¡Terry! - gritó Candy roja de pena mirando a Anthony que alzaba la ceja sorprendido - Anthony no es cierto eso, lo juro. Soy casta y pura lo juro.
-Yo no he dicho nada. - se burló Anthony.
-Mejor sigue verás que solo es una de sus bromas.
- …Ya quita esa cara que se te notan más las pecas. Aunque no puedes negarlo. Ya, está bien solo bromeo.
-Vaya que es romántico.- dijo Anthony.
-Engreído diría yo.- respondió enojada Candy y cruzando los brazos.
-Hablando en serio perdóname. Cuando se le pase el coraje a la tía abuela la convenceré de dejarme al menos volver al colegio. Te extraño demasiado y no se porque también a los chicos. Pasa un excelente día y saludos a Britter versión preguntona. Con amor Terry.
P.D. los narcisos los tomé del florero de la Reina.
Anthony soltó a reír por tan romántica carta pero sobre todo por la ocurrencia de los narcisos. Candy estaba roja de pena, pero también estaba feliz, mira que robarle a la Reina sus narcisos para dárselos a ella ni Robin Hood se hubiera atrevido.
-Terry te ama sin duda.- seguía riendo Anthony.
-A veces quisiera que fuera más romántico.
-Candy ¿en serio? ¡Tiene 16 años! Ya solo falta qué quieras compararlo con Albert que es 10 años mayor qué él. Eso sólo lo haría una persona idiota.
-Anthony, no uses esas palabras.
-Perdón pero los ángeles también nos enojamos cuando la gente hace o dice a Lucifer, armó una guerra por tenerle celos a los hombres ya que los consideraba indignos y estúpidos. Y mira que sí hay gente idiota como las que comparan a un adolescente con un señor maduro y patriarca de una familia.
-Pues maduro, así qué digas tu muy maduro. No creo. Digamos que sigue siendo un alma libre.
-Cierto, me dijiste que dejaría toda la responsabilidad a George para irse a África. Nadie responsable haría eso.
-Además jamás compararía a Terry y mucho menos con Albert. Terry es Terry nadie como él.
Anthony y Candy se quedaron mirando el bello ramo de los narcisos se notaba que no eran de una florería sino recién recolectados de los jardines del Palacio de Buckingham y que alguien los arregló cuidadosamente con un hermoso listón blanco de seda.
-Candy, ¿la dulce Candy aún sigue en Lakewood?
-Sí, el señor Whitman las sigue cuidando. Y yo llevé un rosal al hogar de Pony.
-Me alegro.
-Listo señoritas. Ya podemos irnos. Tanto papeleo me entretuvo. Como no soy su tutor tuve que firmar más papeles de responsiva.
-Gracias señor Marcus.
-Antes de ir al colegio las llevaré con el Duque de Grandchester, recuerda Annie que a las 3 llamaran tus padres. Además Su Excelencia les quiere dar una sorpresa a ambas.
-¡Qué emoción! - gritó Anthony lo contrario a Candy qué bajo la mirada.
-Qué nervios.
Marcus les abrió la puerta del coche, Candy subió antes que AB.
-¿Te asusta tu suegro?
-No, pero no deja de ser un Duque y me da miedo no cumplir sus expectativas y …
-Candy. Te recuerdo que son almas gemelas. Y Terry si no me equivoco haría todo por ti.
-Incluso dejarme ir.- dijo la pecosa con melancolía.
-¿Lo escuchaste?
-No quiero perderlo… - la pecosa se abrazo a Anthony quien la tomó de la mano.
-No te preocupes por algo qué no sabes si sucederá. Y mejor disfruta de esos narcisos. Recuerda qué eres más linda cuando ríes qué cuando lloras.
-Esa frase me la dijo Albert cuando lo conocí en la colina de Pony. Y tú cuando nos conocimos en el portal de las rosas.
-Pues es la misma frase qué mi abuelo le decía a mi mamá cuando era pequeña. Al menos eso me contó mamá. Supongo qué de ahí la aprendió Albert.
-Ya veo.
-Anda sonríe y disfruta los narcisos de tu alma gemela.
-Sí tienes razón.
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Escocia.
En las extensas praderas de Edimburgo Albert y su prometida Michelle salieron a cabalgar un rato.
-Detente Michelle Royal King necesita descansar.
-Lo siento, pero estoy tan emocionada. Además, sólo llevamos 10 minutos cabalgando.
-Sí pero recuerda qué ya tiene 10 años. No es un potrillo.
-Esta bien vamos a descansar.
La chica acepto bajarse del caballo y sentarse junto a Albert para admirar el paisaje.
-Me encanta esta vista. ¿Crees qué Royal King pueda quedarse aquí mientras estamos en África?
-Sí, justo te lo iba a comentar.
-Genial. Por cierto ya tengo todo listo. Los profesores aceptaron adelantarme los exámenes finales así qué si logro graduarme podremos irnos a África en cuanto tú digas.
-Me alegro por ti mi bella médico veterinario. - dijo Albert para después darle un beso en los labios.
Michelle no sólo acepto el beso sino qué se abrazo a él y estaba dispuesta a continuar con las caricias así qué tomó la iniciativa y comenzó a desabotonar la camisa del tío abuelo pero éste la detuvo.
-¿Qué pasa?
-George ha aceptado hacerce cargo de todo y cubrirme con la tía Elroy mientras estoy en África pero…
-¿Te preocupa Candy?
-No. Terry está con ella. Más bien qué… será mi último viaje y temo que las cosas no salgan bien.
-Tranquilo yo estaré contigo. Además George siempre lo ha hecho bien. Tu única responsabilidad es Candy que por cierto solo adoptaste por petición de tus sobrinos. Ella estará bien en el colegio y Terry se encargará de cuidarla, no necesitas siquiera pedírselo. Así qué ya no te preocupes por nada.
-Eso espero.
-Vamos Puppet dale un beso a Albert para qué se anime un poco.
Albert tomó a Puppet para abrazarla y permitir los lengutazos en su mejilla haciendo qué comenzará a reír.
-Creo qué le encanta estar contigo. Supongo qué todo esté tiempo qué se quedó contigo mientras estuve en el colegio tu y ella crearon un lindo vínculo
-Sí, ya es mi hija. - respondió entusiasmada pero después con tono despectivo continuó - Excepto Candy.
-Michelle. ¿Qué dices?
-Ya te lo he dicho. Sólo la adoptaste por una buena causa. Cuando nos casemos y tengamos hijos quiero qué ellos sean tu prioridad.
Albert no creía lo qué escuchaba acaso tanto tiempo sola con la tía Elroy cambiaron la forma de pensar de su prometida Michelle.
Eso sin duda lo molesto así qué no dudó en poner las cosas claras.
-Michelle, creo qué tienes qué tener claro algo. Si bien es cierto qué adopte a Candy por petición de mis sobrinos y honestamente aún no me hago a la idea de tener una hija de su edad. También es cierto qué la adopté por voluntad propia y porque quise ayudarle. Al final del día nuestro cariño es de hermanos y no pienso hacerla a un lado. Por favor te pido qué borres esas ideas mesquinas de tu cabeza. No sé si vienen de la tía abuela o de ti pero cómo sea ella es mi pequeña hermana.
-Lo siento pero a veces siento celos de qué tenga todo tu atención.
-¿Toda mi atención? - Albert soltó a reír - Creeme que mi cabeza está en todos lados menos en mi responsabilidad cómo padre. Candy es muy independiente y si necesita algo sabe qué cuenta conmigo. Y voy a apoyarla.
-Cómo digas.
-Michelle te amo. Pero será mejor que consideres que tengo una hija de quince años. Aún estás a tiempo de rechazar mi propuesta de matrimonio.
Michelle se quedó sería por lo qué Puppet jalo de su pierna.
-Lo ves Puppet está de acuerdo en que exageras.
-Perdoname Albert. Mis celos son totalmente infundados y claro qué aún quiero casarme contigo.
- Me alegro. - dijo Albert para después besarla y está vez aceptar su caricias.
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Mansión de los Grandchester.
-Bienvenidas.
-¡Papá ! gritó Candy lanzándose a los brazos de su papá.
-Hola amor, me encantaría decir qué soy la sorpresa pero en realidad vine por otros asuntos qué tengo con Richard. Pero díganme ¿cómo se divirtieron ayer en su reunión?
-Sí papá, lo hicimos en el salón de conferencias y tratamos de no hacer mucho ruido. Gracias por pagar todo.
-Sí Sir Mcklahan las enfermeras y algunos pacientes también pudieron asistir.- apoyó Anthony.
-Me alegro que todos se hayan divertido.
-Señoritas, encantado de verlas. - dijo el padre de Terry entrando la recibidor.
-Duque de Grandchester.
-Su Excelencia.
-Annie me alegra qué estés mucho mejor. Por favor acompañame la despacho tus padres no tardan en llamar.
-Sí permiso.
-Daniel ve preparando la mesa no nos tardaremos.
-Así lo haré permiso.
Richard y Anthony caminaron por los pasillos hasta entrar la estaba impresionado porque la elegancia de esa mansión superaba por mucho a la de los Ardley en Chicago.
-Siéntate aquí por favor. ¿Gustas algo de tomar?
-Agua esta bien.
El Duque se acercó a la bandeja de vinos para servirle un poco de agua. Para después entregárselo.
-Aquí tienes.
-Gracias Su Excelencia.
El Duque está por sentarse cuando de pronto un grito de Anthony tirando el vaso con agua lo hizo quedarse de pie.
-Annie ¿estás bien?- preguntaba el Duque asustado pues Anthony no quería si quiera abrir los ojos.
-Sí, lo siento. Se me resbaló. Estoy bien cómo lo siento. - respondió Anthony temblando de miedo.
-Ire por alguien para qué lo recoja. No tardó.
Anthony se quedó sólo y asustado pero tenía qué calmarse pues justo después sino el teléfono qué estaba sobre el escritorio. Así qué se armó de valor y se dirigió a contestar.
-Bueno.
-Annie mi amor ¿cómo estas? Santo Dios cómo quisiera estar ahora mismo contigo.- decía la madre de Annie.
-Tranquila mamá ya no es necesario yo estoy bien. Me he recuperado si problema.
-Oh Dios gracias a Dios. Sir Mcklahan ha sido muy amable en tenernos la tanto de tu recuperación.
-Sí mamá, y Candy ha sido mi compañera. Puedes estar tranquila dile a papá qué lo quiero mucho.
-Annie aquí estoy. Segura qué no necesitas qué viajemos.- dijo el padre tomando el auricular.
-No papá. Tu y mamá sigan como si nada hubiera pasado. Yo estoy bien. Recuerda que tengo a Candy, Archie qué me cuidan. Y por supuesto ahora también Sir Mcklahan y el Duque de Grandchester fue quien pagó toda mi estancia en el hospital.
-Estaremos muy agradecidos. … Trataré de .
-Papá se corta la llamada. ¿Me escuchan?
-Sí amor. Cuídate y no dejes de escribir.
-Sí mami los amo. Hasta luego
-Hasta luego.
Anthony colgó para después volver a su asiento deciendo. -Annie es muy afortunada de tener a sus padres. - volvió a sentir escalofríos por lo qué decidió salir.
-Annie.
-Oh Duque acabó de colgar.
-Me alegro qué pudieras hablar con ellos. Clin ¿qué te pasa? Te traje para qué Annie te viera. Señorita cuidado con los vidrios qu6é cayeron en alfombra.
Dijo el Duque entrando la despacho junto a su sirvienta. Mientras Clin se neganegaba ia acercarse a Anthony.
-No tengas miedo Clin soy Anthony solo estaré aquí hasta la luna llena. No te asustes Annie volverá. Te lo prometo.
Clin un poco extrañado acepto el abrazo de Anthony. -Vamos a comer. Te ves muy elegante con ese chaleco y corbata.
Anthony y Candy junto con el Duque y Sir Mcklahan tomaron la merienda tranquilamente. prácticamente la plática corrió en torno al festival de Shakespeare organizado por Sir Mcklahan. AB y Candy casi no comentaron nada sólo se limitaron a escuchar.
Al final tomaron el postre en el jardín y jugaron un rato con Clin y los hermanos de Terry. Mientras los adultos se quedaron fumando en la terraza.
Los niños quisieron jugar a las escondidas pero AB no aceptó pues había un lugar en esa mansión qué le incomodaba enormemente.
Cuando dieron las 7 se despidieron para partir rumbo la colegio.
-Yo me encargo de llevarlas. Richard piensa en lo qué te dije. Sí es verdad no trates de evitarlo.
-Cómo digas. Señoritas esta es la sorpresa qué les comenté en la comida. - dijo el Duque tomando a Clin para dárselo a Candy.
-¡Clin!
-Es hora de qué vuelva con ustedes.
-Gracias. Lo extrañe tanto.
-Sólo les pido que lo cuiden mucho. Es un ser muy especial para mí.
-Claro de lo por hecho.- prometió la pecosa.
-Toma Candy dale esto a la Hermana Gray. Es una carta del doctor de Annie menciona que para su recuperación es indispensable qué Clin este con ella para evitar ataques de ansiedad. Y esta es una carta mía qué cómo presidente del comité lo autorizó.
-No preguntaré cómo la conseguiste.- dijo Sir Mcklahan.
-Haces bien.& Respondió Richard.
-Vamos niñas antes de qué anochesca.
-Hasta luego Duque de Grandchester gracias por todo.
-Hasta luego Candy.
-Gracias. -tambien agradeció Anthony.
-Hasta luego.
Así, Clin, AB y Candy subieron junto con Sir Mcklahan al carruaje rumbo la colegio.
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Palacio de Buckingham.
Después de un agetreado día acompañando a su tía abuela a diferentes actos públicos y de beneficencia. Terry iba en el carruaje junto con ella rumbo la Palacio.
En el camino pasaron por el teatro de Londres, en su cartel estaba anunciando una opera.
-Cómo me gustaría ir. Se ve interesante.- dijo la reina Madre.
-¿Irás al festival de Shakespeare?- preguntó Terry.
-No, pasaré pascua en Dinamarca ¿Quieres ir?
-Tia abuela yo…
-Ash esa chiquilla americana.
-Con todo respeto Su Majestad pero es la mujer qué amo.
-Sí, ya me lo has dicho todos estos días. Por lo visto tu y tu padre están locos por las americanas.
-Tia abuela.
-Terry, por Dios, todo Londres supo de la estancia de Eleonor Baker en el palacio de Grandchester. La misma chiquilla que conocí hace años en Buckingham, justo en el salón de baile del brazo de tu padre. Así que si eres igual de necio que él seguro no dejarás de amar a Candy.
-Con todo respeto. Tiene razón, le aseguro que nunca dejaré de amarla.
-Lo sabía. Tienes los ojos de tu madre y lo orgulloso de tu padre.
El chico extrañado no entendía la referencia. A lo que la mujer se explicó con cierta risa burlona.
-Terry, no llegué a ser Reina solo por mi linda cara. Siempre tuve mis sospechas pero conforme crecías ya no me quedó duda. Yo nunca olvido una cara y tú saliste a tu madre. Pero tranquilo su secreto está seguro.
-Gracias.
-Supongo que al igual que tú padre también heredaste el corazón leal de tu abuela. Solo son capaces de amar a una persona y amarla hasta su último aliento.
-Nunca imaginé que mi abuela se pudiera enamorar de mi abuelo.
-No, ella amaba a otra persona, desafortunadamente tuvo qué romper su noviazgo con el hombre que amaba para casarse con el Duque de Grandchester por órdenes de la Reina Victoria. Por un deber impuesto dejó ir al amor de su vida. Nunca dejo de amarlo, ni él a ella. Su único motor era tu padre y tú. Así qué si soy tan proctetora contigo es por eso.
-Lo siento. Mi intención no era menospreciar sus cuidados.
-Hubiera deseado qué te enamorarás de una chica de la realeza. Pero quién soy yo para mandar en tu corazón. No quiero verte infeliz cómo a tú abuela.
-Tia abuela. Gracias por entender.
-Solo te pediré una cosa.
-Digame.
-Quédate hasta el domingo. Ya casi no vienes a verme. Y ahora que estás enamorado menos lo harás.
-Seguro tia abuela. La puedo acompañar mañana a la ópera.
La llegar la palacio fueron recibidos por sus respectivos mayordomos
-Su Majestad.
-Voy a dormir estoy agotada.
-Hasta mañana.- se despidió Terry viendo alejarse a su tía abuela.
-Lord Grandchester, a medio día su diligencia fue sido entregada.- dijo el mayordomo.
-Muchas gracias.
-Aquí tiene. La señorita Ardley no estaba, pero la señorita Annie firmó de recibido.
-Ah… bueno no era necesario. Te creo.
-El protocolo nos exige entregar los acuces. Aquí tiene. ¿Le preparo la cena?
-No gracias, también estoy agotado. Me retiro a descansar.
-Buebas noches Mi Lord.
-Dios prefiero el protocolo de San Pablo, ese la menos lo puedo romper. Pero ya sólo será hasta el domingo.
Al llegar a su habitación estaba por tirar el acuse de recibo qué firmó "Annie" pero la firma llamó su atención. Regreso de nuevo a la lámpara de aceite sobre el escritorio para leer mejor. Sus ojos parpadearon varias veces pues no creía lo qué veía. Ya conocía la firma de Annie, definitivamente esa no podía serlo mucho menos su apellido. Con tono interrogante y extrañado dijo.
-¿A. Brower?
Continuará….
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Nuevamente gracias por leerme y por hacerme saber sus halagos y emociones. Australia77, Pequeña Pecosa, Cecilia Rodríguez, Daniel Mendoza de Grand, Mía Brower Graham de Andrew, Ferrer G, EveStru1213, Edith Grandchester, Gladys, Palasatenea2018, Paty de Sazo y todos los guest.
Respondiendo a la pregunta más preguntada jajajaja
-Sí, haré el spin off de los 28 días de Anthony. Por eso verán detalles qué les puedan parecer extraños como la fiesta de despedida qué se organizó en el hospital para Candy y Anthony y muchas cosas más qué verán a lo largo de esta historia, o el hecho de qué se adelanten los días hasta qué Annie regrese.
Un abrazo fuerte y excelente inicio de semana mis queridos canderrys
