Capítulo 2: La víspera del concierto.

Las agujas del reloj ubicado en el salón de la vivienda Strife indicaban las 10 de la noche. Los músicos ya se habían ido y las hermanas Gainsborough habían tomado la decisión de regresar a su casa. La ojiverde se acercó a Cloud para concretar los planes del día siguiente y despedirse.

—Irás a ese concierto, ¿no? Seguro que Tifa se entera y va también.

—Ya, y llevará a León con ella. Prefiero no molestarles, Aerith.

—¡Deja de actuar como un amigo celoso! Sacaste conclusiones antes de tiempo. ¡Deberías preguntarles!

—¡Viven juntos!

—Aún así, ¡pregúntaselo!

Ambos se miraron fijamente. Cloud suspiró; estaba desesperado. Su amiga se acercó a él y le abrazó, intentando transmitirle cariño y apoyo. El gesto reconfortó al ojiazul, que, correspondiéndole, intentó actuar amablemente con ella como recompensa.

—Seguro que a Zack le apetece ir—murmuró Cloud, sonriendo.

La castaña se separó lo suficiente para observar sus ojos y le sonrió, agradecida. Estaba sorprendida por su atención. Cloud era un gran amigo, pero también algo reservado.

—¡Llamémosle! Además, quiero decirle a Reno que su hermano ha estado aquí.

—Vale. ¿Quieres llamar tú?

—No... habla tú con Zack primero.

—¡Y después me regañas a mí!

El rubio cogió el móvil del bolsillo y marcó el número de su amigo. Se llevó el aparato a la oreja, mientras alzaba la vista hacia su compañera, que en frente suya, le ojeaba impaciente. Las comisuras de sus labios perfilaron una sonrisa como acto consecuente. Tras esperar tres tonos, una alegre voz habló. Al recibir respuesta, activó el altavoz para que Aerith escuchara la conversación también.

—¡Cloud, tío! ¿Qué tal?

—Zack, no hace falta que grites. Te escucho perfectamente. Bien, ¿tú?

—Tú siempre tan aburrido... ¡Bien!

—¡Oye! Que precisamente te llamo para proponerte una especie de 'juerga'.

—¿En serio? ¡Vaya! ¡Dime, soy todo oídos! —por detrás, se escuchó a un Reno animado también por lo que había oído.

—El hermano de Reno tiene un grupo, y mañana van a dar un concierto. Supuse que te apetecería ir.

—Ya, ya, tú lo que quieres es encontrarte con Tifa, ¿verdad?

—Aerith también viene —informó, ignorando su comentario anterior.

—¡Es verdad! Mi hermano mencionó algo al respecto. ¡Venga, Zack, hay que ir! Al menos para ver a tu novia —gritó Reno, después de acercarse lo suficiente para activar también el 'manos libres'.

—¡Reno! ¡N-no es mi novia, idiota!

—Dejad de discutir ya, que ella está escuchando todo —intentó callarles Cloud.

—¿De veras? ¡Hola Aerith!

—¡Reno! ¡Hoy he conocido a tu hermano! Debiste presentármelo antes. Se parece mucho a ti —respondió ella, con un tono risueño.

—Oh, no me digas que lo prefieres a él... Eso me entristece.

—¡Claro que no! Tú siempre serás mi favorito —rió.

—¡Sí! ¡Eso es lo que quería oír!

—Y conoció a Roxas, el hermano de Cloud. Deberías haberlos visto. ¡Hacen tan buena pareja! Ya se tienen motes y todo. Roxas le llama 'aborto de Sonic' y Axel 'Roxy'.

—¿Aborto de Sonic? ¡Qué buen mote! Sí señor... me gusta.

—Además, Axel invitó a Roxas al concierto.

—Bueno, acabemos ya. ¿A qué hora quedamos mañana? —preguntó el rubio.

—¿A las siete? —respondieron Zack y Aerith al unísono, avergonzándose después.

—Vale, en el parque de al lado del instituto —zanjó Cloud. Luego, se intercambiaron palabras de despedida y concluyeron la llamada.

Kairi y Naminé se despedían simultáneamente de sus amigos, teniendo como tema principal de su diálogo la función del lunes, es decir, mañana. Ventus se había despedido antes porque estaba más cansado que los demás; al final, él había recogido y limpiado casi todo. Decidió ducharse antes de que su familia ocupase los baños, y así poder tomar su merecido descanso.

—¡Ya tenemos algo que hacer para mañana! —habló el de cabellos plateados.

—Sigo sin creer que vayas a ir al concierto, Rox —confesó su primo.

—Voy solo para sacar fotos.

—¡Roxas!

—Venga, Nam, es una pequeña venganza. Le avergonzaré, como lleva haciendo él todo el día conmigo.

—¡Eres muy cruel, Roxas! Axel es muy simpático. Deberías darle otra oportunidad —la pelirroja defendió las ideas de su hermana.

—Bah, sois demasiado buenas.

—Dale una oportunidad.

Roxas suspiró, vencido.

—¡Y tú te dejas convencer muy fácilmente! —vaciló Sora.

—No eres el más indicado para hablar. Viene de familia.

—¡Calmaos! Pensad en el concierto como uno más. Vamos a divertirnos, no lo estropeéis.

—Riku tiene razón —apoyaron las hermanas.

Entonces, los mayores se acercaron a ellos. Aerith les indicó que se despidieran ya, pues se iban. Kairi se acercó a Riku y se abrazaron fuertemente. Luego, se dieron dos besos en las mejillas, al igual que Naminé hacía con Roxas. Sora, en cambio, intentaba disimular, inútilmente, la envidia que sentía al ver el cariño que se transmitían la pelirroja y su mejor amigo. Aunque creía y quería creer que era lo que hacían los amigos normalmente, no lo aguantaba. Por eso, cuando Kairi se acercó a él, le dio un frío abrazo, y no le prestó apenas atención; aún seguía celoso. Ella se preocupó por su actitud, pero no hizo nada al respecto.

Finalmente, se fueron.

—Sora, ¿a qué vino eso? —preguntó Riku, consciente de su conducta con la pelirroja.

—No sé a qué te refieres.

—Kairi estaba preocupada —inquirió Roxas.

—No pasa nada. ¡Dejadlo ya! —entonces, subió a la planta superior y se encerró en su habitación. Roxas y Riku iban a imitarlo, pero Cloud llamó su atención para hablar con el rubio, exigiéndole el motivo de su disputa con su hermano. Comenzó a relatar su versión de los acontecimientos cuando Ven salió de su cuarto y contó la suya también, ahora todos más relajados. Sora lo escuchaba todo desde su habitación, pero prefirió hablar mañana con su familia.

Porque había sido todo culpa suya.

Había cogido la PSP de Ventus sin permiso, y sin querer, la había estropeado. No se dio cuenta hasta que el dueño atribuyó el estado de la máquina a Roxas; pero en vez de decírselo, se vengó de él. Tomó su PSP y comenzó una nueva partida sobre la que tenía guardada su pariente en el 'Kingdom Hearts Birth by Sleep'. Todo esto desencadenó aquella desastrosa situación.

Sin embargo, Cloud se rió al escuchar la historia. No hay quien le entienda.

Roxas decidió tomar una ducha rápida antes de acostarse. Salió del cuarto de baño con el pelo húmedo aún, por lo que llevaba una toalla alrededor de su cuello. Se vistió con su pijama a cuadros blanco y negro, y se recostó sobre su cama con las manos por detrás de la nuca. Comenzó a reflexionar sobre su día, pues el sueño se le resistía. Inevitablemente, él le vino a la cabeza. Axel había sido una completa molestia para Roxas. Mas también había alterado el ritmo normal de su respiración y de los latidos de su corazón; le hacía sonrojar con demasiada facilidad y le hacía sentir muy nervioso. Debía reconocerlo, Axel era realmente atractivo. Le atraía.

¿Qué? ¡No! No podía estar pensando eso. Ese erizo era uno de los típicos graciosillos que juegan con chavales como él. Y no se iba a dejar ganar, no.

Pensando en aquellos brillantes e intensos ojos verdes, cayó en brazos de Morfeo.


Cayó violentamente sobre el sillón debido al empujón que le había propinado el rubio. Tenía el cuerpo paralizado. Se sentía demasiado desconcertado como para preguntarle qué pretendía; aunque sus intenciones eran demasiado obvias. Se aproximó seductoramente al pelirrojo y se situó encima de él. Rodeó su cuello y le besó. Axel había estado esperando por ese momento tanto tiempo, que no reaccionó al instante. Tras unos segundos, se aferró a la cintura del ojiazul mientras le correspondía, intensificando la pasión que se hallaba entre ellos. Roxas desabrochó algún botón de su camisa a la vez que dirigía sus labios al pescuezo del ojiverde, haciéndole gemir y provocándole escalofríos.

—¡Axel!

¿Qué? Esa no era la voz de su enano.

—¡Axel, despierta! Zack, quieto, ¡no toques eso!

No, eso no podía estar ocurriendo. ¿Qué hacía su hermano? ¿Acababa de despertarlo de su sueño? No... ¡de su mayor deseo! Abrió los ojos con desgana, y fijó su mirada en el lugar del que provenía los chillidos: el pasillo, la planta baja. Se levantó de la cama, se vistió a regañadientes y bajó por las escaleras, mientras repasaba cada detalle de su magnífico sueño. Al entrar en la cocina, vio a su hermano mayor de espaldas, preparando el desayuno, y a Zack gorroneando bacón de lo que supuso que sería su plato.

—¡Vaya Axel! Tienes cara de asesino psicópata —indicó el moreno. Reno, curioso, se volteó.

—¡Es cierto! Parece que te has levantado con el pie izquierdo, Sonic —rió su hermano, mientras atendía de nuevo a la comida. ¡¿Cómo se atrevía? ¿Primero hacía desvanecer su mayor ilusión y luego le llamaba Sonic? Espera, ¿qué hacía él llamándole Sonic?— No tendrá que ver con cierto rubito, ¿no?

Reno se había enterado de lo ocurrido en la mansión Strife. No sabía cómo, pero ya daba igual. Cogió una escoba y se acercó al costado de su hermano, dispuesto a asestarle un buen golpe. Ya estaba a punto, cuando unas manos aferraron sus muñecas y le detuvieron.

—Tranquilízate, podrías hacerle daño con eso.

¡Más razones aún para pegarle! Pero entonces, su presunta víctima se volteó y comenzó a carcajearse por la escena, provocando que la paciencia de Axel se esfumase.

—¿No deberías ir a preparar ese concierto? Demyx se fue hace media hora.

Mierda. El concierto. Dejó caer la escoba estrepitosamente y se zafó velozmente del agarrón del moreno. Cogió sus llaves y salió por la puerta del apartamento, sin probar bocado del almuerzo que su hermano le había preparado. Pero así era mejor, o al menos para Zack. ¡Más comida para él!


Tutoría. La peor clase de todas. En la que tu tutora intenta conocerte más, y tú le tienes que contar tu vida, para prevenir casos de acoso, suicidios, y esas cosas por las que Roxas nunca pasaría. Odiaba esa hora semanal con todo su ser. Porque además de ser una de las pocas clases en las que estaba solo, sin ninguno de sus mejores amigos, tenía que hablar de sí mismo.

—¡Buenos días alumnos! Como hoy es lunes, y sé que ya estáis deseando que acabe la semana, empecemos con un tema más agradable. ¿Alguien me puede explicar qué es el amor? Mmm… Roxas, contesta a mi pregunta, por favor.

—¿Eh? ¿Qué? Señorita... yo…

—Qué pasa, Roxas, ¿no sabrías responder? —el aludido negó—. ¿Nunca te has enamorado?

—Esto yo... no... no lo sé.

—¿Cómo que no? ¿No sales con esa chica rubia con la que siempre estás? ¿Naminé?

—No, es mi mejor amiga.

—¿Y estás enamorado de ella?

—¡No! La quiero como a una hermana.

—Oh, vaya. ¿Y no hay ninguna persona que te haga sentir especial? ¿Que desate las mariposas de tu estómago? ¿Que pinte tus mejillas de un tono rojizo?

—No... n-no sé… —y entonces, el imbécil de Axel le vino a la mente. Sacudió su cabeza violentamente para sacarlo de ella. La profesora decidió dejarlo, ya que el rubio se había puesto nervioso y sus compañeros empezaban a murmurar cosas.

—Bueno, chicos. El amor es un sentimiento afectuoso, necesario para el ser humano. Se puede sentir amor por animales, cosas o personas. Se puede sentir amor por la persona más o menos esperada; uno se encariña de cualquier persona, por raro que parezca sentir esa sensación por él o ella. Por muy poco graciosa o demasiado burlona que parezca, por muy odiosa o demasiado amable que sea. El amor puede surgir en cualquier lugar y cualquier momento.

¿Por qué pienso en él? ¿Estoy enamorado de ese erizo? Es imposible... ¿verdad?, cavilaba Roxas.

Este sentimiento suele ir ligado a la atracción física y al deseo sexual. Aunque no se deben confundir términos; la atracción y/o deseo no siempre implica que se esté enamorado. Los adolescentes suelen confundir mucho los significados, aunque, bueno, los adultos también.

¿Atracción? ¿Deseo sexual? ¿Qué coño…?

—El amor es algo precioso, sobre todo si es correspondido. Pero como todo, este profundo sentimiento no es perfecto. Posee un enemigo, su contrario: el odio. Este se podría considerar como la ausencia de amor. Desencadena actos horribles, hace que los humanos abandonen su bondad y se vuelvan seres avariciosos, repulsivos; casi animales.

Entonces, Roxas se adentró en los abismos de su razón. Y se repitió esa pregunta durante el resto de la hora.

¿Estaba enamorado? ¿De él?

Era imposible.

¿Verdad?

Para la tutora, la conducta del joven no pasó desapercibida. Era obvio que estaba en las nubes. Pero no intentó hacerle 'regresar' hasta el final de la clase.

La hora pasó volando, y cuando Roxas menos se lo esperaba, tocó el timbre. Se maldijo a sí mismo por haberse formulado esa estúpida pregunta tantas veces, en vez de haber atendido. Mas no había vuelta atrás. Recogió sus cosas y se levantó de su pupitre, dispuesto a irse.

—Roxas Strife. ¿A dónde crees que vas? —mierda. Seguro que le iba a mandar hacer una redacción por no atender.


Naminé había tenido la hora libre. Su profesor de guardia fue el buenazas de educación cívica, así que les habían dejado salir cinco minutos antes.

La rubia se sabía el horario de su mejor amigo de memoria, así que decidió esperarle justo delante de la puerta del aula en la que le tocaba.

Sonó el timbre, y los pasillos se inundaron de adolescentes. De repente, divisó entre la multitud una cabeza con un pelo rojo chillón, y escuchó cómo gritaban su nombre. El pelirrojo se acercaba corriendo hacia ella, muy emocionado.

—¡Naminé!

—¿Axel? ¿Qué haces aquí?

—Necesito preguntarte una cosa. Bueno, más bien es un favor.

—Te ayudaré en lo que puedas. Dispara.

—¿Me podrías decir una canción que le guste mucho a Roxas?

La rubia se sorprendió por la pregunta del ojiverde, y sospechó. Había sentido un nexo muy fuerte entre esos dos desde el momento en el que se habían conocido. Se había permitido el entretenimiento de sacar conclusiones de sus actitudes, y todas sus teorías tenían un final común.

Que esos dos acabarían juntos.

Aún así, sabía que esa idea molestaría mucho a Roxas, por lo que prefirió esperar a que el rubio aclarase un poco más sus sentimientos para confesársela.

—¿Para qué?

—Oh, es... una sorpresa.

—¡Dímelo, Axel! Prometo no contarle nada. Pero quiero saber cómo le sorprenderás.

—Es que, quiero dedicarle una canción en el concierto. Una que le guste.

—¡Oh, qué detallazo! En ese caso...—Naminé repasó mentalmente los gustos de su amigo. Decidió escoger un tema que tuviese una letra que hiciese reflexionar a Roxas. Sin duda, escuchar a Axel cantar esos versos le haría pensar, sí—. With Me. ¿La conoces?

—¡Claro! ¡Gracias! Voy a decírsela a los demás.

—¿Pero os dará tiempo a aprenderla?

—¡Por supuesto! ¡Ensayaremos toda la tarde! ¡Adiós! —gritaba el cantante, a la vez que se adentraba hábilmente entre la gente.

De repente, Roxas apareció por la puerta, con el ceño fruncido. Divisó a su amiga muy cerca de él, así que se acercó para saludarla.

—¡Nam! ¿Qué haces aquí?

—¡Hola! Te estaba esperando. ¿Por qué has tardado tanto en salir?

—Emm, bueno, la profesora quería hablar conmigo, y… en fin.

—¿Y eso? ¿De qué quería hablar?

—Te lo cuento en la cafetería, mejor. ¿Vamos?

—Vale —comenzaron a caminar. Tras un tiempo, Naminé decidió mencionarle—. ¿Sabes? Axel ha estado antes aquí.

Roxas no le respondió. Esperó a llegar a la cafetería y escoger su comida para contarle el porqué de su retraso. La rubia era su mejor amiga; sin duda, no se creía capaz de contarle los sucesos a ninguna otra persona que no fuese ella.

Con la mochila colgada de un hombro, se acercó al escritorio de su tutora. Ella rodeó el mueble para apoyarse en él y mirar fijamente a su alumno. Se cruzó de brazos y, tras observarle detenidamente unos segundos, comenzó la conversación.

¿En qué pensaste durante toda la clase?

Lo siento, señorita. No sé a qué se refiere —Roxas evitaba el contacto visual, pues no quería contarle su vida a la profesora.

Roxas, estoy aquí para ayudarte. Déjame hacer mi trabajo —no recibió respuesta, por lo que continuó—. ¿En qué pensaste?

No sé. Supongo que su charla me hizo reflexionar un poco, pero nada más.

Pues esa no es la impresión que me diste.

Ah, ¿sí? ¿Y qué impresión le di? —dijo el ojiazul groseramente.

Que no tienes claros tus sentimientos hace una persona a la que, posiblemente, conozcas desde hace poco —bingo. En todo el blanco. Alzó una ceja—. ¿Me equivoco?

Es cierto que lo conocí hace poco, ¡pero se equivoca! Tengo mis sentimientos muy claros. No siento nada por ese, disculpe, bastardo.

No seas hipócrita. ¡Estar enamorado es bueno!

No por él.

La maestra se empezaba a desesperar. El chico no la había mirado aún, así que decidió buscar de nuevo su mirada. Una vez la encontró, intentó convencerlo.

¿Recuerdas lo que dije antes? Puedes enamorarte de cualquier persona. Dale una oportunidad, seguro que si tu corazón lo eligió, es por algo. Piénsalo. Y ve a comer ya, anda.

¿Su corazón había elegido a un erizo pelirrojo descarado?

Naminé estaba atónita. Prácticamente, lo que le había contado Roxas —demasiado avergonzado, por cierto— era como decirle que le gustaba Axel. Y no pensó que pasaría tan pronto. Pero se alegraba muchísimo por él.

—Roxas, ¿te gusta Axel?

—No lo sé... Pero no debería gustarme, ¿cierto? —el semblante del rubio se tornó triste—. Solo juega conmigo.

—¡No! ¡No puede estar jugando contigo! Dile que te gusta. Si no lo intentas, nunca lo sabrás...

—Llámame masoquista, pero prefiero que juegue conmigo a perderlo.

Era imposible que Axel estuviese jugando con él, ¿verdad? ¡Le iba a dedicar una canción! Sí, era demasiado improbable. Pero Roxas podía tener razón. Aún así, era mejor arriesgarse.

—La verdad, Rox, es que puedes estar en lo correcto. Pero no veo a Axel haciéndote eso. A pesar de conocerlo, creo que es bueno.

—Es muy pronto... Nos acabamos de conocer. Si decido decírselo, lo haré en un tiempo.

—Sí, será mejor.

Cuando tocó el timbre, ya habían acabado su merienda. Luego pasaron dos horas más en el instituto —una completa tortura para Roxas y sus pensamientos— y luego, fueron libres. O eso creía Roxas. Al salir, tuvo que esperar por su hermano y primo para iniciar el camino de vuelta a su casa, y entonces oyó el claxon de un coche muy cercano a él. A continuación, escuchó como esa voz gritaba su 'nombre'.

—¡Roxy!

Dio media vuelta, y allí estaba, sentado en el asiento del piloto de un coche negro, que supuso, sería el suyo. Le saludaba agitando una mano enérgicamente y sonriendo. Después, le hizo un gesto, indicando que se acercase al vehículo.

—Toma.

Axel le dio las entradas del concierto. Las recibió, algo confuso.

—Emm... gracias.

—Vendrás, ¿no? Ya tengo el atuendo preparado.

—¿Por qué haces todo esto? Pensé que odiabas el rosa —el rubio intentaba parecer impasible y disimular sus nervios.

Ninguno de los dos quería que finalizase el diálogo.

Y entonces, Axel recordó el sueño que había tenido. Apartó al momento su mirada del chico, ruborizado. ¿En qué pensaba?

—Supongo que porque a ti te molesta más tener que ir al concierto —respondió, aún sin mirarle.

Mentira, pensaba Roxas. Quiero oírte cantar, aunque sea la cosa que peor se te dé. Quiero estar contigo. El pelirrojo volvió a dirigir su vista hacia el rubio, y permaneció cautivada en sus luceros azules.

—Por cierto, pensé que el concierto era gratis.

—¿De veras crees que Green Day tocaría gratis, así como así? Y no te quejes, que son pases VIP.

—¿Green Day? Pero ese es un grupo conocido... ¿No vais a tocar vosotros?

—Nosotros somos sus teloneros.

De repente, el ojiazul sintió cómo le empujaban hacia atrás. Había aparecido una chica rubia, algo más alta que él, y se había apoyado en la puerta del coche. Arrimó su cara a la de Axel e invadió el espacio de Roxas, obligándole a aislarse.

—Aku, cariño, ¿vamos?

¿Aku? ¿Cariño? El rubio sintió fragmentar sus ilusiones en insignificantes pedazos. ¿Acaso era esa su novia? ¡Estaba claro que sí! ¿Para qué se lo preguntaba tan siquiera? Tenía que salir de ahí, ¡ahora!

—Bueno, yo me voy.

Metió las manos en los bolsillos, encorvó sus hombros y comenzó a caminar en dirección contraria al automóvil.

—Roxas, espera —su voz sonó áspera y clara sobre el bullicio de la multitud, obligándolo a parar.

Odió a su cuerpo por detenerse en ese momento. Si se quedaba mucho más, pasaría algo malo. ¡Qué envidioso era! Pero ya lo había hecho, ahora no podía ignorarle. Así que se volteó y le miró.

—¿Quieres que te lleve? —el ojiazul se sorprendió por lo dicho, pero no más que la rubia. Ella emanaba celos en todas las direcciones posibles.

—¿Qué dices, Axel? ¡Tienes que llevarme a mí!

La chica le estaba dirigiendo una mirada vil que el pelirrojo no notó, pues observaba a Roxas.

—Usa tu coche, Larxene —entonces, la aludida lo tomó del mentó y lo obligó a mirarle. A la vez que Axel se dejaba convencer, tras otear los ojos de ella —una actitud que le pareció muy sospechosa a Roxas, por cierto—, el de cabellos claros reanudaba su marcha.

—Siempre vuelvo caminando con Sora y Ventus. Hasta otra.

El ojiverde apreció como su amigo se perdía entre la multitud. Permaneció callado hasta que le perdió.

—No vuelvas a hacer eso. Nunca.

—¿Hacer lo qué? ¡Te he librado de ese renacuajo! —tensó los puños y la mandíbula fuertemente y torció su cara a la de ella. Estaba tan enfadado que la obligó a retroceder en su asiento de miedo.

—No te metas con su tamaño. ¡No te metas con él!


—¡Zack! ¡Estate quieto! —Gritaban Cloud y Reno.

Ese había sido él recibimiento de Roxas, Sora y Ventus al llegar a la mansión Strife. Definitivamente esa era una casa de locos.

Escucharon sonidos de caídas y golpes metálicos acompañando a los gritos. Así que decidieron asomarse al lugar de donde procedía el alboroto: la cocina.

Espera... ¿Aquello era humo? Sí, lo era. El gas emanaba de la sartén que estaba a cocinar lo que antes era un huevo, y ahora era un huevo chamuscado. Como acto reflejo, Cloud tomó el mango del recipiente y lo elevó, cuando Zack gritaba y bailaba encima de la mesa. Aprovechando que tenía el móvil en la mano, Ventus comenzó a filmar la escena.

¡Ahí viene el bombero, con la manguera! ¡Ahí viene el bombero con la manguera a mojarme entera!- desafinaba mientras usaba una cacerola de sombrero y la golpeaba con algunos utensilios de madera, acompañando su canción con una mala melodía.

—No es así, ¡Imbécil! ¡Es 'a mojarte entera'!

—Bah, da igual. ¡Canta conmigo! ¡Está caliente!

¡Esta que quema!

¡Está que arde!

¡Está que explota!

—¡CALLAD! —entonces, Cloud lanzó el huevo chamuscado en dirección a la cabeza de su amigo pelirrojo, que se había unido al moreno. Y efectivamente, acertó. Dio de lleno en su cabeza. Poco a poco resbaló hasta llegar a su cara. Después, lo cogió y comió un trozo.

—Mmm... No es el mejor huevo que hayas cocinado.

'Autocontrol, autocontrol... Asesinar es delito. No puedes atropellarle, ¡ensuciarías tu moto!', pensaba Cloud. Después, Zack se limpió la cara y siguió bailando y cantando.

—¡Venga Cloud! ¡Baila! —mientras decía esto, Reno cogía su móvil y ponía una canción. Al rato, comenzó a sonar 'On the Floor'.

—Yo no bailo eso.

—¡Pero esta sí que la bailas! —el moreno le arrebató el aparato y cambió de canción.

El rubio se emocionó y subió a la mesa de un salto. Ya de pie, realizó el baile correspondiente a la canción. Roxas se sorprendió muchísimo, nunca pensó que vería a su hermano bailar 'Ai se eu te pego'. Se acercó disimuladamente a su gemelo, ya que se había dado cuenta de lo que estaba haciendo.

—¿Lo estás grabando?

—Y lo subiré a Youtube —le respondió Ventus, sonriendo.

—Estás muerto… Lo sabes, ¿no?

—Nah, le echaré la culpa a Sora.

Nadie se acordó de la puerta de entrada, que permanecía abierta. Como si fuese su casa, una chica morena, conocida de los residentes, entró y se acercó a la cocina para saludar, pero se quedó sorprendida por la perspectiva. Nunca se imaginaría a su amigo Cloud bailando esa canción.

Nossa, nossa, assim você me mata… Ai se eu te pego, ai ai se eu te…! ¡T-Tifa! ¿Qué haces aquí? —tan ágil como había subido a la mesa, bajó de ella, aunque más nervioso y ruborizado. Pasó una mano por detrás de la nuca mientras intentaba relajarse.

—¡Hola Tifa! Ai se eu te pego, ai ai se eu te pego! —seguía bailando Zack.

—Perdonad por la tardanza, tenía que… ¿Zack? —de repente, apareció Aerith, que reía dulcemente al ver al moreno bailando.

—¿¡A-Aerith? —nada más verla aparecer, se detuvo, pero perdió el equilibro y cayó del mueble—. ¡Ay!

Reno estalló a carcajadas, incluso soltaba alguna que otra lágrima de la risa. Mientras, la ojiverde se acercaba a su amigo en el suelo y le preguntaba por su estado.

—¡Zack! ¿Estás bien?

—Ay… s-sí… —tartamudeaba el moreno, sonrojado.

Al mismo tiempo. Tifa hablaba con el rubio.

—De Reno me lo esperaba. ¿De Zack? De él también. Pero Cloud, tú… ¿¡qué haces tú bailando 'Ai se eu te pego'!

Ya recuperado, Zack se levantó con ayuda de Aerith —la verdad es que había sido un buen golpe—, se acercó a Cloud y pasó un brazo por encima de sus hombros.

—Es lo que solemos hacer en las noches de juerga. ¿A que sí?

—Calla, imbécil…

—Oh, Cloud, no tienes porqué avergonzarte. Tifa también hace de las suyas cuando salimos. ¿O no, Tifa? —intervino la castaña.

Mientras, Reno seguía riendo.


Segundo capítulo.