Capítulo 3: Por fin, el día.
Estaba relajado, sentado en el sofá con los pies cruzados encima de la pequeña mesita cuadrada. Es lo que más le gustaba; poder leer en aquel pequeño garaje donde ensayaban. Siempre los esperaba así, pero cuando llegaba Marluxia —siempre era sospechosamente el primero— su tranquilidad se esfumaba.
—¡Hey! ¡Zexy! ¿Otra vez leyendo, tío? —esa voz...
—¿Demyx? — el peliazul se había girado para ver al rubio en el marco de la puerta.
—¿Qué? ¿Tan raro es que llegue antes de tiempo? —preguntó molesto, cruzándose de brazos y girando su rostro que ahora mostraba la típica mueca de un niño pequeño al que no le compran una chocolatina.
—Sí —se volvió a acomodar en el sofá con su expresión de irrelevancia
Zexion se preguntaba porque había llegado el rubio tan pronto, le resultaba raro, ya que siempre tenían que esperar por él y su común escusa de ''me había entrado hambre y me fui a comprar chocolate''. Y, además de llegar pronto, no traía nada de comida, ni en la mano, ni a medio-comer. Le estaba dando mala espina todo aquello... Pero prefirió concentrarse en su lectura.
—¿Qué lees? —el rubio apareció como de la nada para situarse junto al peliazul, sentándose mientras pasaba un brazo por detrás de la espalda del último, para poder mirar cómodamente aquel libro que sostenía.
—Me quitas la luz... —inventó nervioso, para romper la proximidad.
—Oh... Perdón —se levantó y se quedó mirando a su amigo mientras metía la mano en el bolsillo de su chaqueta para coger su teléfono y escuchar música.
—¿Por qué llegaste tan pronto?
Zexion pasó la mano por su rostro y cabeza, apartando el flequillo hacia atrás. Estaba demasiado nervioso.
Como si de un acto reflejo se tratara, Demyx aprovechó que tenía su móvil en la mano para sacarle una foto antes de que el flequillo volviera a su sitio.
El flash hizo que el peliazul se quedara paralizado durante un par de segundos y después miró hacia el rubio, que aún sostenía su teléfono en la mano, y le devolvía la mirada con una sonrisa malvada. Zexion advirtió que estaba contemplando una foto de él sin flequillo.
—Demyx... ¿qué has...?
—¡WOW! ¡Zexion sin flequillo! ¡Axel y Marluxia alucinarán! —gritó, interrumpiendo al peliazul, que seguía mirándole sin saber si decirle algo o directamente matarle—. ¡Con la cara descubierta! ¡WOO!
—Borra eso —se levantó y dejó su libro sobre el sofá donde estaba sentado segundos antes—. ¡YA!
—¿Por qué? ¡Si estás muy guapo! —se acercó al peliazul aprovechando su cara sorprendida y su rubor cada vez más intenso.
—O la borras tú, o la borro yo.
—¡Oh! Vamos, no se la enseño a nadie. Te lo prometo. ¿Vale? —un rubio sonriente como un niño pequeño victorioso, sorprendió a un peliazul cada vez más enfadado.
—¿Para que quieres una foto mía, sin flequillo, si no se la puedes enseñar a nadie? —notó como las mejillas del rubio se coloraban.
—Eh... Bueno... Pues... —agachó la cabeza mientras se rascaba la nuca para esconder su rubor y huir de esa mirada azul fijada en él—. Pues... ¡Oh! Para reírme cada vez que quiera escuchar música.
—Se acabó...
—¿Eh? ¡Ah!
Zexion se había lanzado contra el rubio, pero este se apartó y dejó caer al peliazul en el otro sofá.
—¡Dame ese teléfono! —se levantó y corrió hacia el rubio, que se había adelantado poniéndose al otro lado del sofá donde se encontraba el libro.
—¡Estate quieto! El teléfono es mío, ¡te lo doy si yo quiero!
—¿Ah sí? —Zexion se dirigió hacia la guitarra apoyada en la pared.
—¿Eh? ¿Qué? ¡No! ¡Quieto! Esto es entre tú y yo, ¡deja a Arpeggio tranquilo!
—Entonces dame ese móvil.
—Si lo quieres... Ven a por él —sonrió, alegremente, mientras miraba de una forma pícara al peliazul, que se le había quedado mirando.
A pesar de estar algo confundido por la intensa mirada de Demyx, Zexion se abalanzó hacia él, directo al móvil. El rubio observó tranquilo y sonriente cómo su amigo se acercaba, y se dejó atacar, creyendo que podría con el peliazul; su sorpresa llegó al apreciar la fuerza que tenía, y cómo los había derribado a ambos. Zexion intentó arrebatarle el móvil a su amigo cuando estaba encima de él, aún sin ser consciente de la vergonzosa posición. El rubio fue rápido y movió bruscamente la mano que sostenía el aparato, provocando que ambos rodaran por el suelo, hasta terminar el guitarrista encima del peliazul.
Se miraban fijamente, cuando Demyx esbozó una sonrisa y aproximó su cara más aún a la de su amigo. Este mostraba una expresión inocente y sorprendida.
Pero ambos se sentían muy nerviosos, y escuchaban su acelerado corazón.
—¡Ya estoy aquí! —gritó Axel, abriendo la puerta de un golpe, acompañado de Larxene—. Bueno, estamos. ¿Eh? ¿No hay nadie?
—¡Aku querido! ¡Mira lo que tengo para ti! —exclamó Marluxia, por detrás.
Entonces, Zexion abrió los ojos desmesuradamente. ¡No podían verlos así! Empujó un poco a su compañero para que le dejara levantarse.
—Mierda... —susurró el rubio, creyendo que el peliazul no le había escuchado, pero no era así.
'Demyx...', pensó Zexion, ya de pie. ¿Cómo se habían dejado llevar así?
—¿Demyx? ¿Zexion? ¿Dónde estábais? —preguntó la rubia.
—Esto, nosotros... D-digo, yo...—comenzó Zexion.
—Estábamos aquí, pero el ciego de Axel no nos vio.
—¡ESTÁS LOCO SI PIENSAS QUE ME VOY A PONER ESO!
—Oh, Aku, pero si seguro que te quedaría muy bien —decía el pelirrosa, con una camiseta rosa de tiras con lentejuelas, y unas mallas cortas y brillantes del mismo color.
—¡NO!
—Bah. Qué aburrido eres. Pero me temía que esto pasase, así que he traído algo más de tu estilo.
Marluxia sacó de una enorme bolsa unos pantalones demasiado ajustados rosas y una camisa con cuadros del mismo color y negra.
—Bueno... Eso no está tan mal...
—¿De veras te vas a poner eso? —Demyx estalló a carcajadas— ¿Tanto te gusta ese chaval?
—¿Qué? ¿A Axel le gusta alguien? ¿UN CHICO? —exclamaron Marluxia y Larxene al unísono, mientras el pelirrojo asesinaba al rubio con la mirada.
—Se nota a leguas que está por el pequeño de los Strife —dijo Zexion.
—¡Exacto!
—¡DEMYX NO ME HAGAS HABLAR!
—Vale, vale... —palideció Demyx, mientras Zexion le miraba sorprendido y curioso.
—Oh, y bueno, ya que hablamos de Roxas... Tenemos que aprender una canción nueva, se la quiero dedicar.
—¿Me tomas el pelo, Axel? ¿Por qué iba a ayudarte a que te enrolles con un crío insoportable y feo? —se encaró Larxene con él, cruzándose de brazos.
—Primero: NO LE INSULTES. Segundo: n-no me voy a enrollar con él... Tercero: te recompensaré.
—¿Me recompensarás? Uh, ¿con qué tipo de recompensa? —sonrió pícaramente, mientras aproximaba su rostro al del pelirrojo.
—Cantaré a dueto contigo.
—¿Me tomas el pelo? ¿Esa es mi recompensa por ayudarte a ligar? Olvídalo, cariño. Quiero más.
—¿M-más?
Larxene asintió, mientras caminaba coquetamente delante de Axel. Le empujó para que cayera sobre el sofá que tenía detrás y luego se sentó sobre sus piernas. Acarició uno de sus puntiagudos mechones rojos y acercó su boca a su oreja.
—Un beso —susurró.
—Eh, ¡no! Mira, hago tu turno en el trabajo durante una semana, ¿te parece? —la sacó de encima y se puso de pie, más lejos de ella.
—No, Aku... Te quiero cerca de mí.
—Y él quiere a 'Roxy' cerca de él —rió Demyx.
—Cállate, petardo.
—¡Eh! ¡No le insultes, Larxene! —soltó Zexion inconscientemente. Todos se le quedaron mirando, y sobre todo un sorprendido Demyx.
—Yo insulto a quien me da la gana.
—O te callas o te daré razones para insultarme a mí.
—¡El perrito faldero del imbécil de Demyx me va a pegar! ¡Uh, qué miedo!
Entonces, Demyx fue rápido y agarró a un Zexion que echaba humo y se dirigía a golpear a cierta rubia bocazas. Le abrazó por detrás, intentando relajarle, a pesar de que la chica se merecía la paliza.
—Relájate, Zexion... —poco a poco, le soltó, y el peliazul se sentó en el sofá y retomó su lectura.
—Larxene, no te pases —dijo el pelirrojo.
—Acepta mi trato. Sino, no hay concierto —sonrió Larxene. Axel se rindió.
—No recibirás nada hasta después del concierto, ¿lo captas?
—Oh, pero debo asegurarme de que lo cumples. Dame un adelanto. Canta conmigo.
Axel emitió un gruñido, y miró hacia su amigo rubio. Este frunció el ceño y se encogió de hombros.
—¿Qué canción es? —preguntó Marluxia.
—With Me, de Sum 41. ¿La conocéis?
Todos murmuraron expresiones de afirmación, y Demyx cogió su guitarra. Comenzó a entonar, más o menos, la introducción de la canción. Zexion cojió su bajo e intentó acompañarle, mientras Marluxia consultaba en su Iphone rosa con estapado de flores (con internet incorporado, por supuesto) por las partituras.
—Axelito querido, ¿te sabes la letra?
—Claro, llevo toda la mañana escuchándola. Por cierto, al final, suena un piano... ¿podrás tocarlo tú, Marly?
—Si no va a la vez que la batería, por supuesto. Por ti lo que sea —dijo, acercándose a él con una ceja alzada y una amplia sonrisa pícara.
—Gracias, de veras —exclamó, dirigiéndose a todos— ¿Empezamos?
La cocina de la casa Strife estaba echa un desastre. Daban ya las 3 y aún no habían comido. Ventus y Roxas se quejaban por el hambre, pero Sora... El castaño era un caso aparte. ¡Tenía que alimentarse ya! Daba vueltas por la cocina, buscando algo decente para comer, pero no había nada. Ya desesperado, se aproximó a Aerith, y de rodillas, le suplicó...
—¡Tengo hambre! ¡Necesito comer!
—Sora, relájate. ¿Has mirado en la nevera? ¿Qué hay para cocinar?
—Está vacía...
—¿Y en el almacén?
Se levantó y se dirigió al lugar casi volando. Cuando llegó, comenzó a saltar de alegría. ¡Había una tableta de chocolate! Se dispuso a quitarle el envoltorio, pero Zack le detuvo.
—No, no. Me la quedo yo. ¡La necesito más que tú! —exclamó, arrebatándosela.
Sora siguió saltando, pero esta vez molesto y para recuperar el dulce. Aerith se acercó a ellos y puso ambas manos en las caderas. Qué infantiles eran...
—Zack, dame el chocolate. Tenéis que comer todos; Tifa y yo prepararemos algo con él.
—¿Qué? ¡No! Yo me quedo el chocolate, vosotros preparad algo aparte.
—Zack... —dijo en reprocho, aproximando su cara a la de su amigo.
—A-Aerith... —se había sonrojado otra vez. ¡Estaba demasiado cerca! Se sumergió en su mirada, y quedó atrapada en ella... Pero la risa de Reno le despertó de su ensismamiento—. Bah, toma —se cruzó de brazos y le dio la espalda a la castaña, aún ruborizado.
Ella se acercó a el, acarició levemente sus brazos y le murmuró, cerca del oído, que no se enfadase. Luego, fue al lado de Tifa y hablaron sobre la comida que prepararían.
—Con una tableta de chocolate no se puede hacer mucho. ¿Qué tal una pizza? —opinó Reno, algo más calmado.
—Hoy el mundo está al revés. ¡Reno ha tenido una buena idea! —apuntó Roxas.
—Cállate, Roxy.
—¿Qué?
—Oh, es que se lo escuché decir a mi hermano, y me parece un buen mote. ¡Pero el que le pusiste tú a él es mucho mejor!
—Gracias... supongo...
—Llamo yo —dijo Cloud, para poder comer de una vez.
—¡No! ¡Déjame llamar a mí! Quiero hablar con Riku.
—Bah, toma.
—¿Una de cada?
—¡Sí! —exclamaron Reno y Zack a la vez.
—Nunca cambiarán... —le dijo Tifa por lo bajo a Aerith.
Quince minutos después, un Riku cargado de pizzas llegó a la mansión. Con ayuda de Sora y Zack, colocaron las 10 cajas sobre la mesa.
—¿No creéis que es demasiado? —preguntó Tifa.
—¡Nah! Eh, espera, ¿dónde está Ven? Se va a quedar sin comer... —contestó Sora.
—Está en su cuarto, fue a subir el... nada —dijo Roxas esta vez.
—¿Subir el qué? —amenazó Cloud.
—Subir el... su nuevo GMV a Youtube.
—Lo subió ayer —el rubio se olía lo que tramaba su hermano. Algo enfadado, se dirigió a las escaleras. Roxas le intentó sujetar, pero el mayor lo llevó a rastro.
—¡Pero tenía otro pendiente! ¡Cloud, espera!
Abrió la puerta de un golpe, y se encontró a Ventus editando un vídeo con el Sony Vegas.
—¿Qué pasa? ¿Ya está la comida? —disimuló el pequeño.
—Emm... sí. ¿Qué hacías?
—Un vídeo, nada importante. Bajemos, venga.
El pequeño apagó la pantalla antes de levantarse del asiento y salió de la habitación, aún sin cerrar la puerta. Su gemelo soltó la pierna de Cloud y le acompañó, pero el último permaneció en la habitación, se acercó al ordenador y entró en la cuenta de su hermano de Youtube. Ventus dio media vuelta y vio lo que su mayor se disponía a hacer.
—¡NO! —gritó, a la vez que se acercaba.
Tarde. Había entrado en el vídeo, y el navegador comenzaba a reproducir la escena que él mismo había vivido momentos antes. Se veía a sí mismo bailar con Zack y Reno sobre la mesa de su cocina.
—Ventus... —murmuró, enfadado. El aludido ya había echado a correr escaleras abajo, y Roxas iba más lento detrás de él.
Cloud bajó también corriendo, con una agilidad sorprendente. Cuando llegó a la cocina, vio a su hermano pequeño refugiarse tras Tifa. Eso era juego sucio.
—¿CÓMO TE ATREVES A SUBIR ESO? —gritó, acercándose al rubio. Tifa se interponía en su camino.
—Cloud, por favor, relájate. Estás exagerando —intentó calmarle ella, posando sus manos sobre el pecho de él.
El ojiazul agarró suavemente las muñecas de su amiga e intentó empujarlas para apartarla de él. Ni si quiera ella libraría a su hermano de la que le esperaba. O eso creía.
Tifa se sorprendió de la acción de Cloud, pero reaccionó rápidamente. Giró sus muñecas para hacerse con el control de sus manos de nuevo y agarró las de su amigo. Le empujó a la vez que le hacía la zancadilla, y cayó encima de él, intentando inmovilizarle.
—T-Tifa... ¿qué haces?
—Salvar a tu hermano, y salvarte a ti de la cárcel. Venga, seguro que no sales tan mal en ese vídeo.
—Pero...
—¡A COMER! —gritó Sora. Entonces, Tifa se levantó, y Cloud le imitó, más calmado.
—¡Idiota, les has arruinado el momento! —le reprochó Zack; Cloud les ignoró y continuó hablando con su amiga.
—Estás de broma, ¿verdad?
—No. Quiero ver ese vídeo, seguro que es muy divertido—le sonrió ella, divertida.
—¿Qué? ¿No te llegó con el directo?
—Mmm... Vale, no lo miraré. Pero tu tienes que perdonarle la vida a tu hermano.
El ojiazul asintió; no le quedaba otra. No podía negarle nada a ella. A ella no.
—¡Sora, no te la comas toda!
—Tengo hambre, necesito comer...
—¡No hables con la boca llena, maleducado! —exclamó Roxas, mientras le daba una colleja a su primo.
—¡Ay!
—Cloud y Tifa también tienen que comer —dijo Aerith, mientras arrebataba la mitad de la última pizza—. Y eso también va por ti, Zack.
Entonces, el timbre sonó. Roxas se levantó y fue a abrir.
—¡Hola! —saludaron las hermanas.
—¿Kairi? ¿Naminé? ¿Qué hacéis aquí?
—Ya hemos comido, así que decidimos venir a buscarte. ¡Ay! —la rubia había pellizcado a la pelirroja, para que intentase actuar disimuladamente.
—¿Te vienes de compras con nosotras? Kairi quiere sorprender a Sora en el concierto.
—¿Qué? —exclamaron el rubio y la pelirroja, esta última más sorprendida aún.
—¡Sííí! Ya lo hemos hablado... Vas a ir al concierto con él, ¿recuerdas? Tienes que estar perfecta...
—¿Y por qué tengo que ir yo? —opinó Roxas.
—¡Tú conoces muy bien a Sora! Y Riku, bueno, no nos llevamos tanto con él —desde luego, Naminé no sabía mentir. Riku, Kairi y Sora eran mejores amigos. Roxas olía que su amiga tramaba algo...
—Vale, iré.
Suspiró, entró de nuevo para coger una chaqueta, avisar de que se iba, y regresó junto a sus amigas.
—¿Listo? —definitivamente, Naminé tramaba algo. ¿Qué significaba esa sonrisa tan grande?
El centro comercial no estaba muy lejos de su casa, pero había, tranquilamente, 10 minutos andando. Por el camino, las chicas sólo hablaron de lo que ellas comprarían, y en verdad, habían pasado bastante de Roxas. Aunque este iba en su mundo...
¿Qué sentía por Axel? Eso no le podía estar sucediendo a él... ¿Cómo había aceptado ir a un concierto de él?
Llegaron a las tiendas. Entraron en una de chicas: Kairi y Naminé comenzaron a probarse vestidos, no muy convencidas. Así pasearon por más de 5 tiendas hasta que encontraron una de su agrado.
—¡Kairi! ¡Estás preciosa! —exclamó la rubia, viendo cómo la pelirroja salía del probador con un vestido negro de palabra de honor corto, muy corto, y con ciertas cremalleras de adorno.
—Creo que cogeré este, ¿qué te parece, Rox?
—¿Eh? —seguía en su mundo...— ¡Wo! A mi primito se le caerá la baba.
—¿Por qué no vas a pagarlo ya? —propuso Naminé.
—Esperaré por ti, venga, ¡pruébate ese!
La rubia hizo lo que su hermana le había dicho, y poco después salió vestida con un vestido blanco de tiras muy escotado y corto, pero bastante sencillo.
—Wow, Nam... estás realmente guapa —le sonrió su amigo, mientras la pelirroja asentía: estaba de acuerdo— ¿Y tú, a quién quieres enamorar?
—Oh, Roxas, sabes que no me gusta nadie. Sino, te lo habría dicho —pero la verdad, es que nada más ponérselo tuvo un buen presentimiento con él. ¿A qué se debería?
Con los vestidos ya elegidos, los pagaron y salieron de la tienda. Ellas volvieron a caminar y a dejarle algo solo, pero cuando éste decidió sugerir un sitio al que ir, ellas le interrumpieron.
—¡Bien! Ahora te toca a ti, Roxas.
—¿Qué? —eso era lo que las hermanas tramaban. ¡Ahora lo entendía todo! ¡Querían que se pusiese guapo para el concierto! Bueno, más bien, para Axel. Estaban justo en frente de una tienda de moda masculina, elegante y atrevida a la vez. Desde luego, eso no acabaría nada bien... Intentó oponer resistencia, pero aún así... — No, no, no, no. Voy a ir con esta ropa.
Al darse media vuelta, sintió dos manos aferrarle por cada brazo, y tirar de él al interior de la tienda. Se soltó, pero antes de darle oportunidad de escapar, Kairi le agarró bien, mientras Naminé se disponía a ganar la batalla. Y es que era su mejor amiga, sabía a la perfección su punto débil: las cosquillas.
Comenzó a golpear suavemente por su abdomen, y el rubio no se pudo resistir. Acabó en el suelo, con Naminé encima.
—Nam, p-por favor, p-para... —decía, entre risas.
—Sólo si vas a comprar.
—Esto no es justo... —suspiró. Su amiga se levantó y le ayudó a él a hacer lo mismo. Cabizbajo, entró en la tienda, seguido por unas sonrientes y orgullosas Kairi y Naminé.
Nada más entrar, se arrepintió de dejarse convencer. Abrió los ojos como platos: justo en frente del mostrador, estaba Marluxia, sonriéndole al empleado que estaba detrás del mismo mueble. Axel estaba apoyado muy provocadoramente, toqueteando en el móvil, y pasando ampliamente de su jefe. Pero ambos fijaron la vista en Roxas cuando entró.
—¡ROXY! —exclamó Marluxia, corriendo hacia él— ¡Qué bien que estés aquí! ¿Quieres comprar algo, verdad? ¡Axel, atiéndele! Y vosotras, pequeñas hermanas, venid conmigo, os enseñaré...
—P-pero yo... —vio como el pelirrojo se acercaba a él, y sintió infinito desprecio por sus amigas— Son ellas las que quieren elegir ropa...
—No importa, Rox, compra lo que tú quieras, ¿te parece? —le sonrió Naminé, mientras su hermana y Marluxia salían por la puerta.
—Venga, enano, vamos a dar una vuelta por la tienda, coges lo que quieres y listo.
—¡Pero yo no quiero comprar nada!
—¿Quieres que te dejen en paz si o no?
—¿Eh? —no se lo podía creer. ¿Axel estaba intentando ayudarle? Le miró a la cara por primera vez, y se fijó en que tenía dibujada una sonrisa sincera. Tras quedar atontando unos segundos en sus ojos, asintió, y siguió al pelirrojo.
—Bueno, ¿y a qué vienes? ¿Te vas a poner guapo para el concierto? ¡Oh, qué mono! —tan rápido como la amabilidad había llegado, se había esfumado. Axel ya tardaba en decir algo que molestase al rubio.
—Déjame en paz, imbécil... Quiero coger cualquiera cosa y largarme, ¿vale?
—Ya empezamos con los insultos. En fin, ¿por qué no vas al probador y te voy pasando ropa?
—¿¡Qué! N-no me fío...
—¡Y después dices que el pervertido soy yo! —carcajeó, exageradamente.
El rubio le dio la espalda y caminó hacia el probador. Una vez dentro, pasó la cortina y antes de sacarse nada, Axel entró, dejó unas prendas sobre una silla y desapareció, fugazmente. Roxas probó los pantalones que había dejado y sacó la camiseta. Sin embargo, no tenía otra camiseta para probarse. Como vio que el pelirrojo tardaba en aparecer, le preguntó.
—Axel, ¿y la camiseta?
—¿Camiseta? ¿Ya te has cambiado? —y entró de repente, sonriendo. Era como cuando se habían conocido. Su torso seguía igual de atractivo, y sus mejillas estaban tan coloradas como aquella primera vez. Sin meditarlo apenas, se aproximó al rubio y rodeó su cintura con una mano.
Roxas estaba demasiado aturdido. No sabía de dónde sacaba las fuerzas para mantenerse en pie; así que menos para parar lo que Axel pretendía... Espera, ¿por qué iba a querer hacer eso? Le estaba gustando esa proximidad, el cálido tacto de su mano sobre su piel.
Ambos emitían profundos largos y constantes; sus alientos se mezclaban, cercanos, y sus labios pedían a gritos que se rompiese la distancia que los separaba.
Pero fue un grito el que los alejó aún más.
—¡Axeeeeeeeel, querido!
Entonces, Axel se detuvo, puso los ojos en blanco y dio media vuelta, mientras Roxas bajaba la cabeza, más avergonzado aún (¿Podía estarlo más? Le iba acabar dando un infarto. Demasiadas experiencias en tan poco tiempo). El ojiverde le propinó un puñetazo a la pared del probador y susurró unas palabras de disculpa, que antecedieron a un insulto... acerca del pelo rosa.
—¿QUÉ PASA, MARLUXIA? —llegó un enfadadísimo Axel. No le duró mucho la expresión, ya que se encontró con un jefe con una sonrisa muy pícara y estúpida, sobre todo estúpida.
—Eso pregunto yo. ¿Qué pasó? Por cierto, han entrado dos clientes. Debes ir a atenderlos.
—¿Que qué pasó? Nada. No pasó NADA. ¡EXIJO UN AUMENTO!
—¿Tan inoportuno fui?
—NO LO SABES BIEN —contuvo todas sus fuerzas de abofetear al pelirrosa y atendió a los individuos que habían llegado a la tienda.
No obstante, no estuvo mucho tiempo con ellos. A él no le pareció estar de tan mal humor, pero los clientes se fueron enseguida. Marluxia se lo merecía, aún así.
Roxas salió del probador con su ropa puesta, y con la de la tienda bajo el brazo. Kairi la cogió y la dejó en una estantería mientras Naminé tiraba del rubio hacia la caja para pagar.
—¡Hemos encontrado algo perfecto!
Lo que habían elegido estaba ya embolsado y pagado, sólo tenían que recogerla. Axel fue a cotillear en la bolsa, pero Marluxia le detuvo.
—Estoy comprobando que todo esté bien... —su jefe negó con la cabeza— ¿Ahora no me dejas trabajar en paz? ¡QUIERO MI AUMENTO YA!
—¿Aumento? —preguntó Kairi, cogiendo la bolsa.
—Emm, esto, nada... —dijo Axel por lo bajo, mientras miraba hacia otro lado.
—¿Aumento por qué, Sonic? —preguntó, curioso, Roxas.
—¿Qué? No, nada...
—Oh, venga, dímelo.
—He dicho que no es nada —el pelirrojo intentó que su rubor no se notase dándole la espalda.
—Axel, ¿qué más da? ¡Dímelo!
—¡Que no! Iros de una vez, ¡ya estáis atendidos!
—Si eso es lo que quieres... Bah, que te den.
Roxas salió de la tienda seguido por sus amigas, que estaban algo preocupadas por la discusión que acababan de presenciar. Nada más poner pie fuera de la tienda, a Roxas se le vino todo encima. Se dio cuenta de lo que acababa de suceder. Después de lo del probador pensó que por fin podrían llevarse bien, pero ahora se daba cuenta de lo inocente que había sido. Discutían cada dos por tres, era imposible que acabasen congeniando.
Suspiró profundamente. Namine se dio cuenta del gesto.
—Rox, ¿pasa algo?
—No, nada...
La rubia comprendió que estaba pensando en Axel y prefirió dejar a su amigo cavilar. Continuaron caminando, pero Roxas se paró en seco ante un escaparate de una joyería. Había visto un collar de una estrella con cuatro puntas metálicas, y debía reconocerlo, le había gustado. Ellas se detuvieron también para esperar por él, pero pronto retomó la marcha. Entonces, a Namine se le ocurrió una de sus brillantes ideas.
Finalmente, llegaron a una cafetería llamada 'El séptimo cielo'. Roxas conocía esa cafetería; Cloud se pasaba allí día y noche. Este decía que era por su chocolate (que estaba realmente bueno), pero todo el mundo sabía que era por cierta propietaria morena.
Desde la puerta, el menor de los Strife divisó a su familia y amigos al fondo, en una de las mesas. En la mesa de la derecha, Cloud, Tifa, Aerith, Zack y Reno hablaban. Bueno, hablaban todos menos Reno, pues él estaba demasiado ocupado observando a una camarera rubia recién contratada que atendía, algo estresada, a los muchos clientes que había en la tienda. Sin duda, el concierto había atraído a muchos turistas.
A la izquierda, al lado de la barra, estaban Ventus, Aqua, Terra y Sora; aunque este último se levantó nada más aparecer Kairi por la puerta. El castaño recibió a la pelirroja con un abrazo, y le ofreció un sitio en la mesa a su lado. Roxas y Naminé sentaron, también.
—Sora, ¿cómo es que no está Riku contigo? —preguntó Kairi.
—Riku está allí, ligando —señaló a la barra.
Kairi pudo ver como su amigo hablaba con una chica morena, de pelo corto y mediana estatura. La camarera se dio cuenta de que miraba hacia ellos. La pelirroja sonreía dulcemente, contenta por su amigo.
—Bueno, aquí tienes los batidos. Espero que le gusten a tu novia —entonces, miró hacia Kairi, celosa.
—¿Kairi? ¡No! —rió— Ella está con Sora, es aquel enano que parece hiperactivo —se giró y le señaló. Luego, volvió su mirada hacia ella, sonriendo—. Bueno, en realidad algo sí que es. Por cierto, ¿cómo te llamas?
—Yuffie, encantada. ¿Tú? —le tendió una mano.
—Riku, igualmente —se la estrechó—. Oye, Yuffie...
—¿Sí?
—¿Vas a ir al concierto de esta noche? —hasta el propio Riku se sorprendió de notar la sangre subir a sus mejillas.
—Quería ir... Pero no puedo. No tengo entrada, ya se han agotado; no me extraña, todos los grupos son muy buenos.
—Yo... tengo una de sobra, si quieres, puedes venir... conmigo —esto no era normal. Estaba muy sonrojado, y se rascaba la nuca, nervioso.
—Bueno, no suelo ir a conciertos con gente a la que prácticamente no conozco —a Riku se le cayó el cielo encima. Bajó la cabeza, no debió decírselo— Pero —entonces, la erguió, con un brillo de esperanza en los ojos, y se topó con la profunda mirada miel de la camarera— pareces amable. Así que, sí, iré contigo.
La sonrisa que le regaló a continuación dejó al peliplateado atontado para el resto de la tarde. Ahora, tenía ganas de saltar por toda la cafetería de alegría y gritar un largo 'SÍÍÍÍÍÍ'. Pero no lo haría. Él no era así. O eso creía. Se limitó a corresponderle con una sonrisa y quedar de recogerla una hora antes del concierto delante de la cafetería.
Cogió los batidos y se giró para ir a la mesa donde estaba con Sora junto con los recién llegados. Como no cabían, se pusieron en la mesa de al lado dejando a Ven, Terra y Aqua en su sitio inicial.
Justo cuando paso al lado de Zexion, pudo ver como Demyx miraba a su primo. Su miraba expresaba algo que Riku no alcanzó a entender, pero sin ni siquiera pensarlo, se le escapó una sonrisa. Estos dos... Hay Zex, la que te espera. Cuando se dio cuenta de lo que pensó se sorprendió a si mismo. ¿Demyx y Zexion? Eran tan distintos... pero... a la vez tan parecidos. Riku les miró por última vez antes de sentarse. Era preocupante, él no era así... Negó con la cabeza y se unió a la conversación de sus compañeros de mesa, pero a cada rato su mirada se desviaba a la camarera inconscientemente. Era Sora siempre el que lo hacía volver en si; si no fuese por su amigo, Yuffie habría dado cuenta y cancelaría la cita por que pensaría que era un depravado.
Todos conversaban animadamente para matar el tiempo hasta que tuviesen que prepararse para el concierto cuando una visita inesperada entró en la cafetería.
—¡Tifa! ¿Al final vas al concierto no? —un chico de pelo marrón un tanto largo y una cicatriz que cruzaba en diagonal su entrecejo se aproximó a la morena. Esto provocó que la cara de Cloud cambiase de tal forma que hasta Reno se asustase.
—Si, ya te lo dije esta mañana Squall, ¿tú al final vienes?
—Claro, venía a ver si me podías dar la entrada ahora, no creo que pase por casa.
—Sí, toma —sacó de su bolso una entrada y se la tendió a su compañero de piso, que accidentalmente se encontró con la mirada asesina de Cloud. Intentó pasarla por alto todo lo posible, pero fue inevitable el escalofrío que le recorrió la espalda. Cada vez que veía a ese rubio tenía la sensación de que lo mataría sin piedad allí mismo, pero su compañera ya le había explicado muchas veces que era "inofensivo", cosa que el creía que era bastante discutible.
—Gracias, nos vemos en el concierto —levantó la mano para despedirse y se dirigió a la puerta, pero no sin antes mirar a una chica rubia sentada con sus amigos una mesa más alejada. Ya la había visto antes, hasta donde él sabía era una de las hermanas menores de Aerith. Desde la primera vez que la vio le había llamado la atención y se había interesado por ella. Si reunía el coraje suficiente y si ella iba al concierto, le hablaría. Sí, decidido. En el concierto hablaría con ella.
