Disclaimer: Beyblade y sus personajes NO ME PERTENECEN.
Quería comenzar agradeciendo a las personas que comentaron el primer capítulo, y contestando la pregunta de GabZ…
Ehm… bueno, en sí, no soy nueva escribiendo pero sí en esto de subir fics –al menos a fanfiction, haha- Hay un par de fan fics míos dando vueltas por Amor Yaoi… y había un par también por DZ. Siempre de beyblade.
Lo otro, el yaoi propiamente tal está más adelante, así que mis más sinceras disculpas por tener que hacerles esperar.
Sin más, espero que disfruten este nuevo capítulo
Sanatorium
Capítulo II
El reloj de pared en la nueva habitación de Kai marcaba las seis de la tarde con trece minutos. Afuera había comenzado a llover otra vez, y el frío en el lugar había forzado al ruso-japonés a ponerse, a regañadientes, una chaqueta para intentar evadir el helado tiempo.
Algunos gritos aislados que parecían venir de alguna de las habitaciones del segundo piso, o del patio, captaron la atención del chico de 23 años, que se dirigió extrañado hacia la ventana, para averiguar qué sucedía. Bufó al ver que un tipo de cabello azul, vestido con un pantalón blanco y un grueso chaleco negro, que aparentaba tener unos 21 ó 22 años, se movía inquieto de un lado a otro del jardín, negando insistentemente con la cabeza, y con los ojos desorbitados.
-¡No quiero!- gritaba sulfurado, tomando una posición muy a la defensiva- ¡Tú quieres perjudicarme!
Kai seguía la escena intrigado. El cuidador del muchacho, de unos 25 años y cabello negro bastante largo, se había aproximado a este dando pasos firmes pero tranquilos, al parecer diciéndole algo en voz baja, en un intento de calmarle. Lentamente, el chico de pelo azulado fue bajando la guardia, y asentía a lo que el enfermero le decía, aún con cierto resquicio de desconfianza en la mirada. Cuando el mayor se estaba acercando al enfermo con una de sus manos alzadas hasta casi poder tocarle, tres golpes en la puerta del cuarto en el cual se encontraba Kai, desviaron su atención de la escena que acontecía en el patio trasero.
Se dirigió indiferente a abrir y encontró ahí a Mystel, mirándole amable pero con un aspecto terriblemente desgastado.
-¿Estás listo ya?- No esperó respuesta y continuó.- Ese que gritaba abajo es Takao, es un poco agresivo, pero si sabes qué decirle, no le hace daño a nadie.- Sonrió- Los pacientes paranoicos son, en verdad, casos desconcertantes en ocasiones...- Observó a Kai tratando de hacerle sonreír aunque fuera una vez, pero al parecer no daba resultado.- Bien, vamos para que conozcas a Brooklyn.- Le dijo finalmente tras un breve silencio, en el que Kai aprovechó para tomar sus llaves y asegurar su cuarto.
Se dejó guiar por uno de los pasillos del tercer piso hacia una escalera.
-Este es el acceso más rápido que tienes hacia su habitación – Le miró de reojo mientras sacaba una tarjeta de uno de los bolsillos de su pantalón.- Con estas – sacudió la tarjeta en su mano, casi con orgullo y una sonrisa de suficiencia en el rostro - manejamos las habitaciones de los pacientes. Abrimos y cerramos sus puertas con sistema de seguridad de alta tecnología. También puedes dar o cortar el servicio de luz o agua en el cuarto. Todo para evitar que hagan… ya sabes, locuras.- Rió un poco y agregó- Para nuestros cuartos preferimos usar llaves, así nos evitamos confusiones.-
Bajaron sin mucha prisa y llegaron a un pabellón del segundo piso con cinco cuartos aislados. El lugar era más frío que el resto del edificio y con una luz mucho más tenue. A pesar de ello, la decoración no dejaba de ser precisa y de buen gusto. Pasaron de largo cuatro habitaciones hasta llegar a la última del pasillo. Una puerta blanca con una placa que indicaba "25i" se encontraba ante ellos.
-Aquí es. Probablemente Broo esté durmiendo.- La tensión en el rostro de Mystel era más que evidente. Hablaba en susurros y miraba insistentemente hacia los costados del pasillo.-
-¿Qué diagnóstico tiene… Brooklyn?- preguntó Kai observando al chico rubio, algo extrañado.-
-Ehehe… Tiene unos cuatro diagnósticos distintos, Kai.- Una sonrisa nerviosa le surcó los labios y comenzó a hablar aún más bajo.- El primero fue epilepsia. Luego, cuando llegó aquí, tenía diagnosticada bipolaridad. Tiempo después tuvo que cambiar de especialista y este dijo que tenía Depresión Endógena, y luego esquizofrenia… - suspiró - Hasta ahora sigue con el tratamiento de la esquizofrenia, pero su actual psiquiatra cree que… - un ruido del interior de la habitación hizo que se sobresaltara.- Ehm… Es mejor entrar ya. – Pasó la tarjeta por una ranura junto al marco de la puerta y esta se abrió haciendo un ruido seco.
Ingresaron al cuarto en silencio. Kai se detuvo a observar la estancia meticulosamente. Las paredes estaban recubiertas de un material suave, y los muebles que había tenían las puntas completamente redondeadas y cubiertas de un material parecido a la goma eva que les quitaba toda posibilidad de ser un elemento dañino. Las paredes eran de color crudo y la distribución de los muebles no era muy distinta a la de la habitación de Kai, sólo que la ventana tenía barrotes y el librero era dos veces más grande que el de su cuarto, y estaba repleto de volúmenes de todo tipo, en absoluto orden.
Frente al escritorio, sentado en la silla, un joven de cabello anaranjado y de tez blanca se inclinaba mirando fijamente una hoja de papel escrita prolijamente por ambos lados, mientras sostenía un bolígrafo en su mano derecha. Sus ojos verde agua se paseaban rápidamente de un extremo a otro de la hoja. No levantaba la vista, ajeno a que dos personas acababan de entrar en su cuarto. Era extraño que siendo de cuidados intensivos le pudieran dejar solo sin ninguna aparente vigilancia. Kai se había imaginado que lo tendrían encerrado con una camisa de fuerza en una habitación acolchada o algo así. Miró a los rincones de la habitación y logró ver seis cámaras distribuidas desde diferentes ángulos. Así que lo tenían vigilado de todos modos…
-¿Escribiendo otra vez, Brooklyn?- Dijo Mystel mientras se abría paso por esa habitación estrictamente ordenada.-
-Sí…- su voz era cálida y tranquila. Alzó el rostro para mirar bien a sus dos acompañantes y les dirigió una sonrisa perfecta, casi de modelo de revista juvenil.
Kai arqueó una ceja y le observó con detenimiento ¿Ese era el tipo tan peligroso que tenía que cuidar? Ni siquiera parecía loco. Estaba perfectamente vestido, arreglado, y su habitación tan ordenada que parecía de catálogo.
-¿Quién eres?- Le preguntó Brooklyn a Kai tras escanearlo atento con la mirada, mientras se enderezaba y apoyaba bien en el respaldo de la silla.-
-Mi nombre es Kai Hiwatari, me haré cargo de ti.- Respondió secamente.
-¿Vas a huir también?- El pelinaranja le observaba casi con un aire de resignación en los ojos-
-¿Huir?- Cuestionó Hiwatari, algo extrañado. ¿Por qué habría de huir de él? Ni que fuera Hannibal Lecter o algo así…
-Brooklyn… - Mystel se entrometió en la conversación con tono de advertencia. – No juegues.
-Bien, bien.- Dijo el chico, con esa misma sonrisa de príncipe plasmada en el rostro.- ¿No es ya momento de cenar? Estoy hambriento.
-Aún no, en media hora podrán bajar. Te dejo con Kai para que se conozcan.- Les sonrió levemente a ambos y salió de la habitación, no sin antes haberle dado al peliazul la tarjeta para controlar ese cuarto.-
Masefield y Hiwatari se quedaron en silencio, observándose al menos por un lapso de 2 ó 3 minutos. A Kai le parecía extraño que ese chico en apariencia pacífico, y algo obsesivo tal vez por el orden, estuviera entre los pacientes de cuidado intensivo. Se veía mucho más peligroso y en riesgo el tal Takao que había tenido un encuentro con su cuidador en el patio trasero hace unos minutos, cuando él observaba por la ventana.
-Entonces, ¡Kai Hiwatari!- dijo finalmente Brooklyn, sin abandonar esa sonrisa que comenzaba a ser molesta.- Dime algo de ti, si me vas a cuidar, necesito saber, ¿no?, y yo luego te diré lo que quieras saber de mí.
-Bien…- comenzó a decir el ruso, sin disimular algo de hastío en su voz.- Me llamo Kai Hiwatari, tengo 23 años, estudié enfermería en la Universidad de Osaka y me gradué hace tres meses. Un amigo me consiguió este trabajo y acepté. Ahora estoy a cargo tuyo.
Brooklyn le escuchaba atento, asintiendo con la cabeza a cada cosa que decía. Cuando Kai se quedó en silencio, el pelinaranja pareció desconcertado.
-¿Eso es todo?- dijo ladeando la cabeza como un niño pequeño, pero con una expresión de incredibilidad bastante notoria.- ¿De donde eres? No pareces japonés, además tu acento es raro.-
-Soy ruso y japonés. Mi padre era ruso y mi madre japonesa…- Kai desvió la mirada al llegar a este punto. Sus ojos tenían un reflejo de melancolía y resentimiento que no había alcanzado a disimular. No le gustaba para nada hablar de sus parientes.-
- Y ambos murieron.- Brooklyn observaba a Kai fijamente, esta vez sin la sonrisa- conozco esa expresión, a mí me ocurrió algo parecido… y mi tío… me cuid… - enmudeció de pronto y miró un punto fijo en la pared. Se mantuvo en silencio unos cuantos segundos y luego asintió.- ¿Qué frío hace, no?
Kai entrecerró levemente los ojos y asintió. Trató de pasar por alto que Brooklyn había dejado la frase sin terminar. Sabía algo sobre trastornos de personalidad, esquizofrenia, bipolaridad y déficit atencionales gracias a un libro que había leído hace uno o dos años atrás. Esas cosas no debían llamarle mucho la atención porque de seguro Masefield lo haría varias veces más en el futuro. Si era esquizofrénico, de seguro le encontraría hablando solo, o diciendo incoherencias.
Bien, hasta el momento el chico de ojos verdes apenas se había mostrado un poco distraído, pero para nada hostil. Seguía sin entender qué tenía de riesgoso Brooklyn Masefield.
-Dime ahora algo de ti.- Kai comenzó a hablar para romper el tenso silencio que se había hecho entre ellos- ¿Por qué te tienen acá, en cuidado intensivo?-
-Porque es necesario según ellos. – miró sus manos y suspiró suavemente. Su sonrisa volvió a hacerse presente en los labios de Masefield- Ya sabes, los médicos son muy cuidadosos. No respondo muy bien a ninguno de los tratamientos, no saben qué es lo que ocurre. – Observaba directo los ojos del ruso. Le simpatizaba y sentía que podía lograr establecer algo así como una amistad con él. Claro, sólo si no huía. - Yo tampoco sé qué me pasa en verdad. Trato de colaborar con todo pero me cuesta.
-¿Y cuánto llevas aquí?-
-Creo que… cerca de tres años- respondió finalmente, luego de sacar cuentas mentales. Parecía que le era algo difícil hacer remembranza del pasado, porque estuvo en silencio mirando hacia el techo de reojo cerca de veinte segundos.-
-No eres japonés.- Más que una pregunta eso era una afirmación.-
-Precisamente, soy inglés- sonrió cálidamente cerrando los ojos- Nací en Inglaterra, Bristol, hace 24 años.-
El inglés dirigió su vista hacia la ventana y suspiró con melancolía. Había truenos y relámpagos nuevamente y la lluvia comenzaba a intensificarse.
-Es una pena que haga tan mal tiempo- musitó aún observando cómo la lluvia resbalaba lenta por la ventana- Me gustan los días soleados. Espero que el buen clima vuelva pronto.
-Estamos en invierno, no creo que haya un día soleado muy pronto.- La voz de Kai sonó algo dura, sin querer.
-Lo sé, pero aún así.- se volteó para mirar a Kai, sonriendo aún más radiante- Me gusta soñar con los días de Abril.-
Kai borró cualquier rastro de molestia ante esa cara tan tranquila que le dirigía su paciente. La verdad es que tenía una sonrisa perfecta y un temperamento tan manso que cada vez se le hacía más raro que estuviera ahí. Y no solamente en cuidado intensivo, sino en el mismo centro psiquiátrico. Tal vez podía ser un poco lunático, pero no parecía loco, mucho menos peligroso. Le dirigió una mirada más tranquila durante un par de segundos y observó luego el reloj. Ya eran las siete de la tarde.
-¿Quieres ir a comer ya?
-Está bien.- Contestó Brooklyn y se puso de pie, ya que había estado todo el rato sentado. Apenas estuvo junto a Kai, este pudo notar lo delgado que se encontraba el oji-verde.-
Podría decirse que era casi anoréxico. Estaba seguro de que las costillas del inglés se podrían contar a simple vista si este estuviera a torso desnudo. Suspiró y se dijo a sí mismo que se haría cargo de que el chico comiera bien.
Antes de salir del cuarto junto a Brooklyn, el oji-carmín miró de reojo la huérfana hoja escrita por las dos caras que se había quedado olvidada sobre el escritorio, junto al lápiz que su paciente hasta hace un rato había estado sosteniendo. Logró leer "No hay suficientes brazos para detener los movimientos frenéticos de un cuerpo que se inquieta…..", y sintió una de las manos del mayor, que le agarraba de la camisa y le guiaba suavemente a la salida.
-No leas sin que yo te autorice.- Ya estaban fuera del cuarto y la voz de Brooklyn sonaba a reproche. Esta vez no había sonrisas en su rostro- Me gusta escribir, pero no me gusta que lean sin preguntarme antes, ¿si?
-Está bien – Kai contestó sin sentirse intimidado. A él le gustaba tocar piano y violín pero sólo lo hacía cuando nadie le oía. No le gustaba que le escucharan, por lo mismo había tenido que aprender casi solo. Así que entendió perfectamente lo que el otro le pedía y el tema se cerró ahí.
-Vamos ya, o nos quedaremos sin comer.- Otra vez la sonrisa. El pelinaranja se apoyó levemente en el brazo de Kai y comenzó a seguirle hacia el comedor.
Iban en silencio. Kai se perdía entre sus cavilaciones con respecto a su paciente y los demás que se alojaban en los cuartos de las "I". Brooklyn parecía en sus cabales, se veía tranquilo y bien, exceptuando su extremo bajo peso. ¿Era eso acaso motivo para dejarle en cuidados intensivos? Miró de reojo al pelinaranja que no dejaba su sonrisa de lado mientras caminaban bastante juntos a lo largo del pasillo, hacia a la escalera. No le iba a servir juzgar tan pronto. Debía guardarse sus prejuicios, tenía que evitar a toda costa el sacar conclusiones apresuradas como solía hacer. Ahí sólo le iba a ayudar el ser paciente, TOLERANTE. Un momento… ¿Tolerante? Sí, tolerancia. Esa palabra la había escuchado muchas veces cuando estaba en clases en la universidad y, como siempre, la había ignorado. La verdad es que no sabía porqué se había decidido por enfermería. Se dio cuenta al segundo año que le desagradaba completamente la carrera, pero le estaba yendo bien y tenía posibilidades de cambiarse a medicina. Tenía pensado hacerlo, pero nunca lo llevó a cabo, terminó los cinco años correspondientes a su carrera y había egresado. Una mueca de disgusto se marcó en su rostro. Se sentía un completo idiota.
Volvió a pensar en Brooklyn y se quedó imaginando cómo serían los demás ocupantes de las habitaciones marcadas con la infame "I", aunque no tuvo que ir demasiado lejos para acabar de hacerse una idea.
Cuando pasaron junto al cuarto 28i, un grito que logró hacer que el ruso y el inglés se voltearan, hizo eco en el pasillo. Luego, repetidos golpes se escucharon junto a la puerta. Hiwatari se detuvo, dispuesto a ir a ver qué ocurría, pero la mano de Brooklyn le atajó, mientras negaba con la cabeza.
-Lo están cuidando, rara vez le dejan solo- susurró el oji-verde sin abandonar la sonrisa- Se llama Bryan Kuztensov, lo dejaron aquí hace un año más o menos. Nadie lo viene a ver nunca. Sólo le pagan la mensualidad. Todos sus parientes están en Rusia. No tiene a nadie en Japón ya.- Precisamente cuando dejó de hablar, los golpes se detuvieron y una voz que sonaba imperativa logró hacer aparente orden en esa habitación.
- Ya está bien, luego lo veremos abajo, vamos.- Brooklyn jaló levemente de la ropa a Kai y siguieron caminando.-
Bien, pensaba Kai, tal vez ese sí debe estar con justificada razón en cuidados intensivos. ¿Sería Brooklyn también así en ocasiones? ¿Se saldría de control? Supuso que sí, obviamente, por algo debía estar ahí… algo tendría que haber hecho… Se mordió la lengua y maldijo mil veces el no haber estudiado psicología, que en ese momento se le habría hecho mucho más útil.
La frustración se le estaba comenzando a subir a la cabeza al joven ruso, que le daba vueltas y vueltas al mismo tema, infructuosamente, tratando de comprender todo lo que pasaba, sin saber nada aún del lugar en el que recién se estaba alojando.
Al llegar a las escaleras, sacudió un poco la cabeza y decidió dejar el tema de lado para poder concentrarse en hacer bien su trabajo, que hasta el momento, no le estaba trayendo demasiadas complicaciones.
Iba a comenzar a bajar ya junto a Brooklyn, pero les detuvo el lloriqueo de un chico que estaba en medio de la escalera, murmurando algo inentendible, mientras se golpeaba la cabeza con fuerza creciente contra el papel tapiz blanco y ensuciaba los peldaños con sangre, que parecía caer de su rostro. El ruso frunció el ceño y se acercó a él, poniendo su mano en la frente del chico para evitar que se siguiera golpeando. No podía tratarle con rudeza, así que intentó de ablandar un poco su voz y su expresión. Brooklyn se limitaba a observar de lejos, sonriente.
-Ey, no… - comenzó Kai- no hagas eso…- le tomó suavemente de los hombros y lo alejó de la pared, logrando ver la cara del chico. Parecía no tener más de dieciocho años. Rubio, de ojos azules y el rostro cubierto de pecas. Tenía el labio inferior mordido con fuerza y sangraba abundantemente, manchando, aparte del piso, también su ropa.-
-Se llama Max Mizuhara, Kai, es un niño muy tierno.- La voz de Brooklyn pareció llena de sorna, mas Kai prefirió pasar ese detalle por alto.-
-¡S-sueeltame!- Max gritó asustado, pero no hizo ningún esfuerzo por alejar a Kai más que retroceder un par de pasos, descendiendo hasta el descanso de la escala, mientras se sujetaba la boca.-
-¿Dónde está la persona que te cuida, Max?- habló Kai, con tono firme.-
Los ojos azul mar del indefenso chico se dirigieron inconscientemente hacia el primer piso, y se llenaron de lágrimas.
-No sé dónde está- murmuró y se tapó el rostro con ambas manos, mientras retrocedía hacia la pared hasta chocar con esta.- Me dejó solo…- susurró mientras se deslizaba hasta quedar sentado en el suelo. Sollozó quedamente y comenzó a golpearse suavemente la cabeza contra la pared, como castigándose- Lo perdí de vista…
-Te dije, es un niño encantador.- Brooklyn se aproximó a Max un par de pasos pero se detuvo al sentir que alguien subía apresuradamente.
-¡Max!- La voz de un sujeto mayor se escuchó desde el comienzo de la escalera.
Efectivamente un tipo de cabello azul claro, aparentemente de casi treinta años, había llegado dando grandes zancadas hasta donde se encontraban ellos.- Ah, aquí estabas. ¿Por qué no me esperaste donde te dije? No debes ir tras de mí… Mira, ¡estás herido!… - le acarició el cabello al rubio por un momento y volteó a ver a Brooklyn, que estaba parado a poco más de medio metro de Max, casi al lado de Kai.- ¿Qué mierda le hiciste, Masefield? Estás de nuevo…- Se quedó callado cuando notó que Masefield no estaba solo.
-No le hizo nada.- respondió Kai, por Brooklyn.- He estado en todo momento con él y acabamos de encontrar a Max acá.-
Un silencio algo tenso se hizo entre Kai y el que acababa de llegar. Brooklyn observaba casi sin pestañear al cuidador del rubio, apretando suavemente los puños.
-Tú eres el nuevo, supongo.- Kai asintió ante las palabras del otro.- Mi nombre es Hitoshi Kinomiya.- Dijo frío mientras ayudaba a Max a ponerse de pie.- Me lo llevaré para que le revisen en la enfermería. Gracias por cuidarlo, nos vemos luego.- y se fue rápidamente del lugar.-
Kai observó a Brooklyn que se había quedado callado y mirando fijamente el mismo punto en el que hasta hace unos momentos había estado el rostro de Hitoshi.
-¿Pasa algo con él?- murmuró Kai-
-Él se encargaba de cuidarme antes.- Respondió el inglés luego de unos segundos, como bajando de una nube y espabilándose. Volvió a sonreír y sus ojos perdidos recuperaron el brillo que antes tenían.
-¿Y por qué ya no lo hace?- Habían retomado la marcha para llegar finalmente al primer piso.
-Porque ahora me cuidas tú. Él tiene miedo y huyó.- se encogió de hombros y suspiró resignado- ¿Tú huirás, Kai?- una mirada atenta y muy cercana dejó paralizado al ruso-japonés en mitad de la escalera. El rostro de Brooklyn repentinamente se había posicionado muy cerca del suyo, pero aún así logró mostrarse estoico. Puso una de sus manos en el hombro izquierdo del chico inglés para evitar que se acercara más y con la mirada fría y desinteresada le respondió concisamente.
-No, no huiré. No tengo motivos para hacerlo.- Su respuesta fue completamente convincente y el inglés la creyó.
La sonrisa de Masefield se ensanchó un poco más y su expresión dulce calmó un poco el temple de Hiwatari, que estaba comenzando a creer que si no se acostumbraba pronto a todas esas situaciones, terminaría enfermo de los nervios.
-Me agradas, Kai.-
Y en silencio, ambos retomaron el camino hacia el comedor.
