Disclaimer: Beyblade y sus personajes NO ME PERTENECEN.
Bien, como la vez anterior, quiero comenzar agradeciendo a las personas que han leído y comentado el fic, espero que este nuevo capítulo sea de su agrado y que me disculpen la tardanza…
Ehm, por cierto, quería hacer una aclaración que, creo, debería haberla hecho desde un principio, pero como soy bastante distraída, lo olvidé:
Si alguno de ustedes sabe de psicología y/o psiquiatría y encuentran algún error o algo así, háganmelo saber para ver si lo puedo corregir, ya que yo aún soy una niñita de escuela a la que le fascinan estos temas y que para escribir este fanfic ha tenido que darse miles de vueltas por miles de sitios de Internet y cuyo único respaldo son esas páginas y un libro sobre psicopatologías e introducción a la psicología. Así que, si hallan alguna discrepancia, por favor, háganmelo saber y de paso perdónenme el error – inserte carita triste acá - (?)
Bien, una última cosa, para quienes quieran saber qué tiene Brooklyn, tendrán que esperar aún, muahaha, porque soy malvada y me gusta mantener el suspenso. Ok, no, pero a ver si con las pistas que voy dando logran hacerse una leve idea, he.
Bueno, ya me alargué demasiado.
¡Saludos!
Sin Golpes
Capítulo III
Estaba recién amaneciendo cuando la estridente melodía proveniente desde un celular interrumpió el sepulcral silencio que hasta entonces reinaba en la habitación de Kai Hiwatari. El sonido de una guitarra eléctrica que salía desde móvil, haciendo las veces de despertador, fue acallado de inmediato por la blanca y fría mano del que en ese momento se encontraba en el cuarto y que no había podido pegar un ojo en toda la noche.
Más malhumorado que de costumbre, el ruso-japonés se incorporó en la cama y miró a su alrededor. Estaba ya bañando y vestido hace una hora, había visto el amanecer y se había comunicado con su amigo de infancia, el mismo que le había conseguido el difícil trabajo del que ahora se estaba haciendo cargo, a través de una de las tantas redes sociales. Había, además, leído bastante sobre trastornos de personalidad, manicomios y cómo tratar a personas en crisis, para refrescarse un poco la memoria de lo que había visto hace dos años en la Universidad. Eso sin contar la averiguación de qué efecto tenían las 6 pastillas que Brooklyn debía consumir a diario… Entre ellas, el Valium 10.
Sin mucha prisa, se calzó los zapatos e hizo la cama, fue al baño a lavarse los dientes y se cruzó una bufanda blanca en el cuello para capear un poco el frío, antes de salir a dar un pequeño tour sin guía por el edificio hasta que fueran las 7.30 de la mañana, hora a la que oficialmente todos estaban ya despiertos.
Comenzó por pasearse calladamente por el corredor principal del tercer piso, apenas iluminado por la débil luz del amanecer que se colaba por los grandes ventanales, empapados de la lluvia que casi no se había detenido en toda la noche. Caminaba con lentitud, pasando de largo puertas que llevaban a habitaciones, terrazas y baños. Sus pasos hacían un ruido sordo al avanzar por la suave alfombra gris que cubría todos los diferentes pasillos de aquel nivel. No había nadie más levantado ahí, todos estaban probablemente dormidos aún.
Cuando sus pies tocaron al fin el segundo piso, sintió movimientos a un par de metros a su derecha. Una respiración agitada, seguida de unos sollozos le llamó poderosamente la atención, así que dirigió sus pasos hasta el lugar de donde los extraños ruidos provenían. Logró ver entonces al mismo rubio que había visto con Brooklyn en la escalera el día anterior. Max, envuelto en una camisa de fuerza y tirado en el piso, estaba temblando de frío y sollozando dentro de lo que parecía una pesadilla. Tras él, estaba la puerta de su habitación, entreabierta.
-Hitoshi no te sabe cuidar, al parecer…- murmuró y se acercó despacio, para evitar asustar al indefenso chico.- ¿Cómo saliste? – No recibió respuesta, y logró corroborar que Max dormía. Arqueó una de sus cejas y se inclinó para cargarle e ingresar al cuarto del menor, que estaba repleto de fotos de los que parecían ser sus padres junto a él, sonrientes todos.
Dejó al rubio sobre la cama con cuidado y le cubrió bien con las mantas. Se quedó ahí hasta que la respiración del menor fue profunda y tranquila. El chico no había hecho ni siquiera ademán de despertar. Probablemente estaba dopado y había encontrado una manera de salir de ahí poco antes de quedarse dormido. ¿Tal vez la puerta había quedado mal cerrada? No lo sabía, pero le informaría a Hitoshi para que tuviera más cuidado, detestaba a la gente que hacía mal su trabajo.
Max parecía mucho menor de lo que Kai le calculaba, se veía de no más de 14 ó 15 años, pero Brooklyn, mientras cenaban la noche anterior, le había confirmado que el menudo rubio contaba con dieciocho años de edad, era pantofóbico, sufría de trastorno de personalidad dependiente y que, para rematar, era un "niño mimado". De seguro el menor quería evitar estar solo y por eso había salido de la habitación en busca de la persona que se hacía cargo de él.
-Pobre crío… - murmuró antes de salir y cerrar suavemente la puerta de la habitación.
Cuando se vio nuevamente en el pasillo, que estaba más oscuro y solo que el del tercer piso, sintió una rara presión que se asentaba sobre él. El ambiente en ese corredor era algo tenso, pero como él no creía en esas tonterías de fantasmas, auras y energías, pasó por alto la extraña sensación que le comenzaba a embargar el pecho y continuó con su solitario tour.
Llegó sin novedades al primer piso y se largó a caminar por el corredor que llevaba a las salas de estar, pero una luz encendida en la cocina y los murmullos de lo que parecía una conversación entre dos personas, le hizo detenerse y acercarse al lugar, para ver quién más se encontraba despierto a las seis de la mañana. A medida que el ruso-japonés se aproximaba, logró reconocer la voz de Mystel.
-… Masefield va a terminar haciéndole lo mismo que hizo con Hitoshi.- Mystel hablaba bajo, casi en susurros.
-No seas ridículo, se ve menos vulnerable que Kinomiya, de seguro no ocurre nada.-
-Rei, te lo aseguro. Hitoshi también parecía firme, pero… ¡simplemente cayó!- guardó silencio por un momento…- Diría que Brooklyn estuvo a punto de lavarle el cerebro, ¡lo deberíamos tener encerrado en el sótano! – Un suspiro de exasperación se escuchó perfectamente desde donde estaba Kai - ¡Todos los golpes que Brooklyn ha recibido se los tiene bien merecidos! ¡Por poco Hito se pone como su hermano!
¿Golpes? Sintió Kai como si le pusieran la sangre al rojo vivo de un momento a otro. Si había algo que no soportaba, era que la gente se metiera con otros que no podían defenderse bien, por sus propios medios. Apretó los puños, enrabiado. ¿Quiénes eran al final los locos ahí? La conversación seguía.
-¿Como Takao? He, sí, pobre… Bueno, algo de loco debe tener Hitoshi, ¿o no?
-No, no, todo es culpa de Brooklyn. ¡Y de seguro Hiwatari termina igual! Verás, si Kai comienza a… - se quedó en silencio cuando vio que el aludido había ingresado en la cocina y se llevó rápidamente la taza de café a la boca, tratando de disimular la reciente escena.- ¡Kai! ¡Qué temprano que te has levantado! ¿Dormiste bien?
-No.- Se acercó a un hervidor eléctrico y, sin mirar al acompañante de Mystel, comenzó a prepararse un café.
-¿No has dormido bien? Si las camas son tan cómodas…- La voz amable del que acompañaba al rubio que bebía de manera exagerada su café llenó de un momento a otro la habitación.- ¿Tú eres Kai, no?
-No finjas que no lo sabes.-
Un silencio incómodo se hizo a partir de ese momento. Kai sabía que los dos que estaban a sus espaldas no le despegaban la vista de encima, y no volteó a verles sino hasta que tuvo su taza con café lista en las manos.
Cuando se giró, lo primero que logró ver fue a un sujeto de cabello largo y negro, dueño de unos ojos con aspecto felino de color ámbar que le observaban con insistencia. Cuando sus miradas hicieron contacto, el chico aprovechó para presentarse.
-Me llamo Rei Kon, es un gusto conocerte. – El tono amable del sujeto que hasta hace un rato había estado hablando con Mystel, le puso la piel de gallina de exasperación al huraño ruso, que solo se limitó a sostenerle la mirada y beber de su café, sin mostrar mayor interés.- Uhm… - aún así, Kon parecía no perder la amabilidad- Si necesitas algo, puedes recurrir a mí.-
-O a mí- soltó en broma Mystel, tratando de amenizar un poco más el ambiente.-
-Bien – dijo Kai, decidido a saber qué pasaba con su paciente- quiero que me digan por qué Hitoshi ya no cuida a Brooklyn.
Mute. Era un silencio más incómodo que cualquier anterior el que reinaba en toda la estancia. Rei y Mystel intercambiaron miradas nerviosas, abriendo y cerrando la boca, buscando las palabras correctas para responder la pregunta del recién llegado, pero nada salía.
-¿Están mudos?- Kai estaba casi provocando a los otros dos para que hablaran. La rabia reprimida en su voz estaba muy mal disimulada. No quería que ocultaran nada, ¡maldita sea! ¡Él estaba a cargo de Brooklyn, necesitaba saber qué había pasado!-
-Tal vez sea conveniente que esperes a que su psiquiatra te informe, Kai. Nosotros… - Rei, que era el que hablaba, buscó la mirada de Mystel para encontrar apoyo en él- … nosotros no sabemos demasiado del tema.
-Sí saben.- Dijo cortante. Insistiría al menos hasta conseguir algo de información- Necesito saberlo si estoy a cargo de él. ¿Por qué está en cuidados intensivos?
-Bueno… - comenzó Mystel- Digamos que… es algo cambiante… A veces agresivo y manipulador, por lo demás, y por eso tratamos de evitar que tenga… mayor contacto con el resto de los internos. Casi logró hacer que Hitoshi…
-Enloqueciera…- terminó Kon, mirando la palma de sus manos, hablando muy bajo.
-Así que es eso… - Kai arqueó una ceja y les dio la espalda de nuevo, para ir hacia el fregadero y dejar limpia la taza en la que acababa de tomar café.-
-Sí… y por eso estamos un poco preocupados por ti, como no te conocemos bien… no sabemos cómo vayas a…
-Escuchen… – Rei fue interrumpido abruptamente por Kai- … quiero que sepan bien que no necesito a NADIE que me cuide las espaldas, ¿entendido? Si tengo problemas, sabré salir solo de ellos.
-Ey, Hiwatari, cálmate.- Mystel frunció levemente el ceño mientras hablaba- Nosotros sólo estamos intentando…
-…¿Ser amables?- Una sonrisa de ironía surcó los labios de Kai, mientras este negaba con la cabeza. Salió de la cocina sin decir más, apretando los puños con fuerza y con el entrecejo fruncido.
Sólo eran una bola de cínicos esos dos. ¿Pretendían acaso hacer que él se tragara esa farsa? "Estamos preocupados por ti" Eso no era preocupación. Era morbo. Sólo querían corroborar si a él le pasaba lo mismo que supuestamente le había pasado a Hitoshi. Sonaba algo paranoico, Kai lo habría reconocido, pero eso era lo que hasta el momento estaban demostrando. No se podía fiar de personas que golpeaban a los internos. En realidad, sentía que no se podía fiar de nadie ahí.
Si era tan cierto que Masefield era un manipulador, entonces no iba a dejarse corromper por él, porque no estaba entre sus propios preceptos el dejarse manipular por alguien.
Caminó hasta el final del pasillo y llegó hasta una escalera. Aprovechó para subir hacia el segundo piso y sentarse cerca del pabellón aislado, en un sillón de color gris que estaba acomodado frente a unos baños. Observó el reloj en su muñeca. Eran ya las 6.26 a.m. Brooklyn le había dicho que le fuera a ver a las 7, porque a esa hora siempre solía despertar. Sólo era media hora más.
Se echó hacia atrás en el sofá y cerró los ojos, recordando lo que le había dicho Brooklyn sobre Hitoshi y lo que le acababan de decir Mystel y Rei. Entonces tal vez Hitoshi sí había huido, sí tenía miedo… ¿De Brooklyn, específicamente?
De un momento a otro se sintió en exceso cansado. Quiso incorporarse, pero los ojos le pesaron más y todo su cuerpo pareció aletargado.
Cayó dormido en el sillón de pronto, cuando ese cansancio súbito le inundó de pies a cabeza.
Para cuando su cuidador estaba dormido afuera, en el sillón que estaba al doblar el pasillo, Masefield ya se hallaba despierto y miraba fijamente el techo, mientras oía cómo dos voces discutían sobre cierto acontecimiento que Brooklyn no podía recordar. La conversación se escuchaba a veces entrecortada, como si bajaran de pronto la voz, y por más que trataba el inglés de hacer oídos sordos, no la podía pasar por alto. Se puso de pie, se dirigió al baño y se quedó ahí, esperando a que Kai llegara para poder ducharse, ya que el ruso tenía la tarjeta que activaba el servicio del agua en su cuarto. Sí, todo estaba bastante controlado en ese sitio. Tenía baño propio pero no lo podía usar si estaba solo, estaba vigilado las veinticuatro horas del día y no podía salir si no era acompañado. Le molestaba, era cierto, pero eso era mucho mejor que vivir con…
-¡No pienses en él, bastardo idiota!-
El ruido de voces en la escalera cercana despertó a Hiwatari justo media hora luego de haberse quedado dormido en aquél incómodo sillón. Se incorporó rápidamente y se restregó la cara para espabilarse. Sus ojos recorrieron el pasillo a lo largo y consiguió ver a dos chicas que seguían escaleras arriba, pasando por alto su presencia. Bien, había más gente en pie al parecer, tal vez Brooklyn ya estaba despierto. Consultó la hora en su reloj y vio que eran las 7.03 de la mañana.
-De seguro ya despertó…- Y comenzó a caminar con paso seguro hacia el cuarto de su paciente.
Una vez abrió la puerta e ingresó en la habitación, la halló vacía.
-¿Brooklyn?- Preguntó rápidamente, mirando hacia todos lados. Notó la puerta del baño entreabierta y se acercó a esta.- ¿Estás aquí? – Abrió completamente la puerta y notó a Brooklyn sentado en el suelo, con la vista fija en las baldosas blancas y la boca curvada en una mueca bastante melancólica.- ¿Qué te pasó? – suspiró y le miró alzando ambas cejas, negando suavemente. – Anda, ponte de pie.-
-El blanco es un color muy lindo…- su voz sonó levemente lastimera y se acurrucó más en el piso.- No quiero… déjame.-
-Vamos, arriba.- Kai se inclinó un poco a la altura del pelinaranja y le observó detenidamente-
-¿Para qué?- Tenía el rostro oculto entre sus brazos-
-Para que te duches y puedas bajar a desayunar.
-¿Sin golpes, verdad?
Kai se mordió el labio inferior y sintió cómo una mezcla de lástima y rabia se le asentaba en el pecho.
-Sin golpes, Brooklyn, vamos.- Y extendió una de sus manos frente al mayor.-
Brooklyn alzó la vista y tomó con desconfianza la mano de Kai. Se puso de pie lentamente y le siguió hasta la cama del cuarto.
-¿Quieres seguir durmiendo acaso?- Preguntó Kai con una voz suave, nacida de la lástima que le acababa de provocar el inglés.-
-No…- se sentó pesadamente en el colchón y miró la punta de sus pies descalzos.-
-Prepararé entonces las cosas para que te bañes, ¿bien?- Brooklyn simplemente asintió y se quedó ahí mientras Kai, no de muy buena gana, preparaba las toallas limpias para que Brooklyn se secara, apartaba ropa y ponía la tarjeta en el lugar correspondiente para poder dar el agua en la habitación.
-Listo- Dijo el ruso luego de unos cuantos minutos, no más de cinco.-
El inglés se puso de pie y comenzó a caminar tranquilo hasta el baño, dejando la puerta entreabierta como siempre solía hacer, por mera costumbre, y comenzó a ducharse.
Mientras tanto, Kai había echado hacia atrás las mantas de la cama donde el pelinaranja dormía, para ventilarla un rato, pero una desagradable sorpresa le obligó a detenerse antes de haber descubierto por completo aquellas sábanas que, se suponía, debían ser blancas. Se quedó de pie frente a la cama de Brooklyn, asqueado, observando las fundas de esta. Un montón de manchas de dudosa procedencia, que apestaban a todo, estaban repartidas desde los pies a la cabeza de la cama. De seguro hasta el colchón olía mal. Frunció el ceño, molesto, y tomó el teléfono para marcar el número de las personas que se encargaban del aseo.
-¿Diga?- una voz de un hombre de unos 30 y tantos se escuchó del otro lado de la línea.-
-Mi nombre es Kai Hiwatari, estoy encargado del paciente Brooklyn Masefield y quiero que vengan YA a cambiarle las sábanas y el colchón a la cama de la habitación 25i.
Como respuesta, recibió un largo silencio.
-¿Qué no me oíste?- Kai parecía indignado.-
-De inmediato alguien irá a cambiarlos.- Y el sujeto que había contestado cortó la comunicación.
Hiwatari bufó molesto y miró de reojo las sábanas. ¿En serio Brooklyn dormía ahí? ¿Que acaso por estar supuestamente "loco", no merecía un trato digno como todos los demás? ¿Tener que estar internado le hacía acaso menos persona? Kai apretó la mandíbula. Comenzaba a odiar cada vez más ese lugar.
Suspiró, intentando despejarse de tanto enojo y se asomó al baño para corroborar que Broo estaba bien. Logró ver el torso desnudo del mayor y cómo este se enjabonaba el cabello. Se impresionó al notar cómo la piel casi se le pegaba a los huesos. Con eso sólo había corroborado lo que antes había pensado; probablemente el inglés estaba en los límites de la anorexia. Tendría que preguntar si Brook estaba o no en alguna dieta especial, porque a juzgar por lo que había comido la noche anterior, parecía que no. Volvió a dejar la puerta entrecerrada aún pensando en el escuálido cuerpo del muchacho. No iba a admitir que estaba levemente shockeado, pero efectivamente lo estaba, y la imagen del cuerpo de Brooklyn no le iba a abandonar demasiado pronto.
No pasó mucho tiempo cuando sintió tres golpes en la puerta. Abrió y lo primero que vio fue un gran colchón, intentando abrirse paso hacia la habitación. Se hizo a un lado y dos personas, un chico y una chica con uniformes del aseo, rápidamente y sin decir nada, comenzaron a cambiar el colchón, las sábanas, las almohadas y las mantas. Al ver el trabajo que hacían casi en cámara rápida, Hiwatari sonrió mentalmente con suficiencia.
Una vez acabaron de hacer el cambio, en lo que no tardaron más de diez minutos, se disponían ya a retirarse llevándose las cosas sucias, incluida la ropa sucia del inglés que Kai les acababa de pasar.
-Gracias…- dijo, casi arrastrando la voz y cerró con un fuerte portazo.
Precisamente en ese momento, Brooklyn salió del baño, vestido, levemente perfumado y ya limpio. Pero lo que más resaltaba en él, era su radiante sonrisa; la misma que le había recibido el día anterior. Kai se quedó observando largo rato esa misteriosa sonrisa en el rostro de Brooklyn. ¿Dónde se había ido el miedo con el que lo había recibido hace un rato? Se suponía que el inglés podía tener esquizofrenia, ¿no? Entonces de seguro el chico había estado alucinando, escuchando algo que lo había puesto mal, o había recordado algo malo, algo que le ponía triste…
-¿Todo bien?- preguntó Kai, sin mucho interés en verdad-
-Sí – Brooklyn contestó mientras se terminaba de secar el cabello con la toalla- Gracias por lo de las sábanas, escuché y vi cuando las cambiaban.
-¿Por qué no habías pedido que lo hicieran antes?
-Lo hice, lo dije muchas veces, pero no me hicieron caso.
¿Qué tanto se podía humillar a una persona?, pensaba Kai. Parecía como si estuvieran castigando a los internos por padecer alguna dificultad, algún desorden psicológico.
-¿Cuándo viene tu psiquiatra, Brooklyn?-
-Los martes y a veces los viernes también. ¿Quieres hablar con él?- Ladeó la cabeza, sin dejar de mirarle a los ojos.-
-Algo así.- miró a su alrededor y luego al oji-verde. Tendría que esperar al siguiente día, martes.- ¿Te apetece desayunar ya?
-¿Eh?-La sorpresa en los ojos del inglés no pasó desapercibida para Kai.- ¿En serio? – no solía bajar a desayunar hace mucho ya. A veces simplemente se olvidaban de que él también tenía que comer.
-Claro, dentro de veinte minutos comenzarán a servir el desayuno.-
-No tenía idea. – su sonrisa seguía imperturbable sobre sus labios- Sería genial ir.-
Kai tragó saliva y apretó la mandíbula hasta hacer rechinar sus muelas. Así que, aparte de golpearlo, tenerle una cama inmunda y tratarle casi como si fuera un animal infeccioso, ¿le negaban el desayuno? Tenía muchas cosas de las que encargarse al parecer. ¿Cómo pretendían que un paciente mejorara si lo tenían así?
El pelinaranja dejó su toalla colgada en el respaldo de la silla del escritorio, acomodó un par de libros en su mini-biblioteca y con su mirada tranquila, volteó para seguir a Kai fuera de la habitación.
-Harás que suba de peso, Kai.- Masefield soltó al aire aquel comentario, en tono de broma, mientras bajaban la escalera.-
-¿Tú crees?- Se limitó a observarle de reojo-
-Sí Kai, eso creo…-
