¡Hola a todxs!

Aquí les traigo la continuación del fic, que se me ha ido complicando bastante haha. Espero que me perdonen por la tardanza. Este capítulo es largo y aclara bastantes cosas, creo yo, así que espero acepten mis disculpas. Muchísimas gracias por sus comentarios, en verdad me animan a seguir :)

Ojalá les guste.


Encierro

Capítulo IV

Brooklyn y Kai desayunaban en silencio, al fondo del comedor. Se encontraban en una mesa para dos junto a un gran ventanal, desde el cual llegaban de lleno los rayos del brillante sol que se abría paso a través de las nubes que, tras un intenso día de lluvia, parecían retirarse al fin para brindar algo de armonía a aquel tenso lugar. Los dos parecían flotar en una especie de burbuja de polos opuestos. En un extremo de la burbuja se encontraba Brooklyn, sonriente y recibiendo tenues rayos de sol en la cara, y del otro lado de la burbuja estaba Kai, malhumorado, desentonando con la sonrisa de Brooklyn, en sombras y tomando su café sin levantar la vista de la mesa. Mas había algo que los unía y los hacía estar incluidos en la misma pompa de jabón; ambos ignoraban deliberadamente a los diez enfermeros presentes en el lugar, que dirigían de vez en cuando miradas nerviosas y algo inseguras hacia donde ellos estaban.

-¡Parece que hoy hará un lindo día!- Brooklyn interrumpió al fin el silencio y observó, con su radiante sonrisa en los labios, al ruso-japonés que le acompañaba.

Kai se limitó a asentir y miró hacia el cielo, dejando en la mesa su taza de café, casi acabada. Claros entre las nubes se veían por doquier, y ese radiante sol parecía más enérgico que nunca. El pasto en el jardín tenía un color vigoroso, y Hiwatari estaba seguro de que si se dirigía hacia allí, escucharía el cantar de las aves invadiendo cada rincón de aquel lugar.

-Tal vez quieras salir a caminar después.- Kai llevó la taza de café que sostenía a sus labios y levantó la vista para observar al inglés.-

-¿Salir? – Y Brooklyn repetía esa misma expresión de sorpresa que había puesto cuando Kai le había ofrecido desayunar- ¿De verdad?

-¿Me dirás que te han tenido encerrado acaso?

-Pues… - Antes de poder decir algo, fue interrumpido por el ruido de la puerta del comedor al abrirse bruscamente-

-¿Mh?- Kai volteó para buscar al causante de tal barullo, logrando divisar a un sujeto vestido de blanco que arrastraba un carrito de metal con ruedas, en dirección a los que comían. Sobre el carrito que empujaba, se apilaban ciertos frascos etiquetados con los nombres de los internos, y con un determinado número de pastillas en su interior.

-¿Las medicinas?- preguntó Kai en voz alta, sin esperar alguna respuesta.

-Sí, debes ir a buscar mis medicamentos, Kai. - Esta vez la sonrisa en los labios de Brooklyn tenía un leve amago de resignación.-

-Bien, ya vengo, no te muevas de aquí.- Y sin decir más, Kai se puso de pie, dejando al inglés a solas.

Una vez que llegó junto al carro y se dispuso a hacer la fila, cierto chico de pelo largo y negro se acercó y colocó una de sus manos en el hombro del adusto peliazul.

-Hola de nuevo, Kai.- La voz de Rei llegó a sus oídos, colocándolo más tenso de lo que ya estaba.-

-Hola…- contestó el aludido, no de muy buena gana, volteándose para poder mirar a su actual acompañante a los ojos-

De lejos, Brooklyn observaba en silencio cómo Rei intentaba coquetearle a su cuidador, y, a la vez, se sabía observado por la gran mayoría de los que estaban ahí, sorprendidos de verle y, peor aún, a "solas". A Masefield, el sentirse observado en realidad le daba igual, el problema es que no entendía con precisión el porqué de esa actitud tan arisca con él. El resto de los enfermeros y cuidadores le trataban casi como si fuera una especie de psicópata, y en el último mes, antes de la llegada de Kai y luego de que Hitoshi se hubiese ido por un tiempo del psiquiátrico, le habían dado al inglés un trato indigno. ¿Pero por qué? Se había repetido tantas veces esa misma pregunta, y nunca había logrado responderla. Masefield apoyó su mentón en la palma de su mano, ciertamente confundido y enfadado, sin dejar de observar a Kai y a Rei.

-Es extraño que dejes a Brooklyn solo – Rei le comentaba a Kai mientras la fila avanzaba rápidamente-

-Hmp…- ¿Y qué? ¡Masefield estaba sentado y no estaba haciéndole daño a nadie!- ¿Por qué lo dices?

-Ya te dijimos Mystel y yo hoy… - le sonreía pasivamente, y hablaba como si con su voz quisiera apaciguar el demonio interno cada vez más vivo dentro de Kai - … que es mejor que Brooklyn no tenga demasiado contacto con el resto. Puede hacerles daño.

-¿Lo vez hablando con alguien?- Dijo Kai y volteó a ver a Brooklyn, para confirmar que este estaba solo aún. – Yo no.-

-Pe…pero…- No logró decir más. Ahora el ruso-japonés se alejaba de él con el frasco de medicinas de Brooklyn en su mano derecha. – Ah, Kai…- murmuró el pelinegro y negó con la cabeza.

Había algo en Kai que hacía que el chico de gatunos ojos se sintiera magnetizado por él. Sentía que debía averiguar qué era lo que había tras esa máscara de seriedad que traía siempre, qué pensaba, por qué actuaba así. No había tomado decisiones de nada, pero sabía que en un afán casi masoquista, buscaría cada vez con más frecuencia a Hiwatari.

-Le gustas…- La voz de Brooklyn era una amalgama de burla y rabia poco disimulada. Kai se extrañó al notar esto en su paciente, pero prefirió pasar por alto aquello y le entregó las dos pastillas que debía consumir a esa hora. Cualquier comentario que le descolocaba, Kai lo pasaba por alto para, a la vez, poder disimular su propio desconcierto.-

-Anda, tómalas ya.- Observó con impaciencia cómo el inglés deglutía sus medicinas con lentitud.- ¿Ya acabaste tu desayuno? –

-Sí- El pelinaranja asintió y se puso de pie, para caminar con Kai hacia fuera del comedor.

Una vez fuera ya de este, y lejos de las ansiosas miradas del resto de sus colegas, Kai sintió cómo su nivel de incomodidad descendía levemente. Observó de reojo a Brooklyn, que le seguía, como siempre, muy de cerca y con cierta expresión confundida en el rostro, expresión que se acentuó aún más cuando realizó la idea de que Kai le estaba guiando hacia el patio trasero.

-¿Qué es lo que te llama tanto la atención?- Le cuestionó Kai con un tono frío y monocorde cuando estaba abriendo la puerta para acceder al jardín-

-Pensé que… me llevarías a mi cuarto.- Los ojos de Brooklyn, que se iluminaron súbitamente con los rayos de sol, tomaron una expresión más vivaz que nunca. Parecía como si el escuálido chico rejuveneciera de pronto al recibir directo sobre su rostro la cálida luz que desprendía esa gigante esfera amarilla sobre ellos.

-¿Llevarte a tu cuarto?- Claro, el inglés debía suponer eso, ya que, a juzgar por el repetido discurso de "es mejor que Brooklyn no tenga demasiado contacto con el resto", probablemente estaba acostumbrado que lo mantuvieran todo el día encerrado.- No vale la pena.

Una sonrisa sincera surcó los delgados labios de Brooklyn.

-Gracias, Kai-

El pelinaranja se adelantó un poco al ruso y se fue hasta el fondo del patio, junto a una banca de color blanco, seca ya de la lluvia, que estaba algo escondida entre arbustos y árboles. Observó a Kai, que le seguía un metro más atrás y le invitó a sentarse con la mirada.

-Te gustan los lugares alejados, al parecer.- Musitó Kai, tomando lugar en la banca junto al mayor.-

-Al igual que a ti- Soltó una leve risita y se echó hacia atrás, observando el cielo.-

Kai le imitó. Respiró hondo y luego de unos momentos cerró sus ojos. Al fin se podía relajar, podía descansar, estaba libre de las miradas, de los murmullos, de las mentiras. El cantar de las aves llenaba el ambiente y el sol le calentaba lentamente el cuerpo, reconfortándolo, haciéndole recuperar un poco de energía, que tanta falta le estaba comenzando a hacer.

-¿Es muy imprudente si te pregunto qué te dijo Rei Kon?- luego de unos diez minutos de silencio, Brooklyn decidió romper con este.-

-Ya lo hiciste.- Kai contestó sin abrir los ojos- Me dijo algo de ti. – Kai se incorporó lentamente y volteó a ver al inglés, serio. Los ojos de Brooklyn, ante la acción del ruso, se abrieron y se posaron primero sobre su mirada, luego sobre sus labios y finalmente otra vez en las orbes carmines de Hiwatari.- Brooklyn, ¿durante cuánto tiempo te han tenido encerrado?

La pregunta del ruso cayó como un balde de agua fría sobre el desconcertado inglés.

-Ehm…- Brooklyn se incorporó y se quedó mirando fijamente el suelo durante unos momentos.- Hay cosas… que no recuerdo muy bien Kai, así que creo que no podré contestar satisfactoriamente a tu pregunta.-

-Inténtalo.-

-Bien…- El oji-verde observó las palmas de sus manos y, tras dar un leve suspiro, comenzó a hablar en voz baja, casi en susurros, sin su habitual sonrisa.- Tú sabes que Hitoshi Kinomiya se hacía cargo de mí antes de que llegaras.- Kai asintió- Él me cuidaba desde hace más o menos… un año y tres meses… o algo así, no logro recordar con exactitud…

-Cuando comenzó a hacerse cargo de mí, Hitoshi estaba mal por su hermano Takao, que está internado también en este centro, y que había intentado suicidarse para ese entonces. Para mala suerte de Hitoshi, yo estaba pasando por un pésimo momento. Me tenían en un tratamiento que, lejos de hacerme sentir mejor, me tenía con los ánimos pendientes de un hilo. Dentro de lo que sé por lo que he oído… - Kai se extrañó de sobremanera al oír esta frase - …me comportaba de manera insoportable… Tal vez por eso Hito no me trató lo suficientemente bien…- se quedó callado, mientras se llevaba ambas manos a las sienes de la cabeza- uhm…

-¿Qué quieres decir con eso de que no te trató lo suficientemente bien?-

-Pues… En ciertas ocasiones… Hitoshi me golpeó, Kai, pero la verdad es que no puedo recordar más allá de un par de veces cuando lo hizo. Tengo muy pocos recuerdos de Kinomiya cuidándome, generalmente sólo logro hacer remembranza de las oportunidades cuando estaba yo solo en mi cuarto. Tal vez eran las pastillas que me estaban dando…- se quedó en silencio otra vez, pensativo, sin dejar de frotarse las sienes de la cabeza. Un punzante dolor que iba desde su nuca a su sien estaba comenzando a atormentarle. Aún así, continuó. – Como me… tenían con un tratamiento completamente diferente al de ahora, supongo que eso influye en que no recuerde muy bien.- Se aclaró la garganta un poco para continuar, ya que su tono de voz se estaba haciendo cada vez más triste.- Un tiempo después, durante los últimos cuatro meses que Hitoshi se hizo cargo de mí, me cambiaron de psiquiatra y este me dio otro diagnóstico, que, para variar, nadie me dijo. Oí una vez decir algo a Mystel… "el cambio de depresión endógena a esquizofrenia en Masefield…" Así que sólo por eso tengo una leve idea de lo que podría estar pasando... En fin… - Bufó pesadamente y continuó- Con el cambio de diagnóstico, me dieron nuevos medicamentos. No recuerdo nada de esa época tampoco, al menos no junto a Hitoshi. Todo lo que sé es que hubo problemas.

-¿Qué clase de problemas?- Hiwatari frunció el ceño y se incorporó un poco más, atento a la respuesta de Brooklyn.- ¿Brooklyn?- Se extrañó del silencio del chico, que cerraba con fuerza los ojos y se sobaba insistente la cabeza - ¿Estás bien?

-Me duele un poco la cabeza, es todo.- Trató de olvidarse del dolor y alzó la vista para observar a Kai. – No sé qué clase de problemas fueron, Kai. Hitoshi de la noche a la mañana dejó de cuidarme. Me tuvieron dos días sin mis medicinas, sin comer, sin dejar ducharme. Cuando al fin se dignaron a ir a verme, me dijeron que por el momento no tenía quién me cuidara. Me dejaron tomar una ducha, me pasaron un plato de comida ahí mismo, en mi cuarto, y me medicaron tanto que me dejaron dormido. Cuando desperté, estaba en la Habitación A.-

- ¿Habitación A? –

-Uno de esos cuartos acolchados que están en el sótano, son cuartos de aislamiento.-

-¿Y por qué te dejaron ahí?- Definitivamente tendría que darse un tour por el sótano que Mystel no se había ni molestado en mencionarle.

-Aún no lo sé…- agachó la mirada y suspiró con pesadez- Estuve un mes en ese cuarto. Me sacaron no más de siete veces para dejar que me diera una ducha y para que viera a mi psiquiatra. Me llevaban ahí la comida, que por cierto, siempre estaba fría y no sobrepasaba un plato diario. En una ocasión no se aparecieron para alimentarme por tres días, pero sí me medicaban, siempre... – Entrecerró los ojos, se sentía mal, enrabiado. El rencor que llevaba por dentro desde aquel fatídico mes, asentado en su pecho y cerebro, iba creciendo con cada palabra que salía ahora, atropelladamente, de su boca.- El psiquiatra me dio unas medicinas más y comencé a sentirme mucho más tranquilo de lo que recuerdo haber estado antes. Desde la primera semana en esa habitación recuerdo casi todo… Las dos nuevas pastillas que me habían agregado al tratamiento, más las otras cuatro, me las daban casi sin alimento, Kai. ¿Te imaginas lo que es eso? Las pastillas eran fuertes, necesitaban consumirse con algo de comida en el cuerpo, pero estos bastardos…- Apretó los puños coléricamente.- …estos imbéciles me dejaron el estómago hecho jirones. Seis veces me fue a ver un médico porque comencé a vomitar sangre. No estoy exagerando. Me trataron peor que a un animal, ¡y sigo sin saber por qué!- Para cuando acabó, sus ojos de color esmeralda estaban levemente aguados, tanto por el agotamiento mental como el dolor físico.- Sí, Kai, ¡sí! Me han tenido encerrado. Sólo me dejaron volver a mi cuarto dos días antes de que tú llegaras.- Cerró los ojos con fuerza, intentando serenarse. Tenía que mantenerse tranquilo, o podía terminar haciendo una tontería- Agh, el dolor de cabeza me está matando…

Kai estaba estupefacto. Se había imaginado que habían aislado a Brooklyn, y que tal vez no le habrían dado el mejor de los tratos, pero no a tal extremo. Se quedó absorto en sus pensamientos unos momentos. Tenía que tomarse las cosas con calma… ¿Y si Brooklyn mentía? Al menos sentía que decía la verdad, había algo, en esos ojos llenos de impotencia, que le decía a Kai que no estaba fingiendo. Además, la actitud de sus colegas para con el ahora dolido inglés concordaba con lo que él contaba. Tenía sentido, pero tendría que asegurarse de todos modos… Dejó de pensar en ello cuando escuchó a su acompañante quejarse por el dolor de cabeza.

-Vamos arriba, necesitas descansar…- Ayudó al mayor a ponerse de pie y le guió lentamente hasta el cuarto. Brooklyn ya casi no veía por el dolor que sentía.

Una vez llegaron a la habitación, el inglés se recostó en la cama, bocabajo, cerca de Kai, que estaba ubicado en el suelo, con su espalda apoyada en el lecho donde ahora reposaba su paciente.

-¿Tú me vas a cuidar bien, verdad Kai?...- Brooklyn habló con voz suave y somnolienta, mientras torpemente acercaba su mano al rostro del menor, para acariciarle durante un par de segundos.-

-Hmp…- cerró los ojos ante la leve caricia de Masefield, quedándose de brazos cruzados y de espaldas a este, en silencio, hasta que supuso que el otro se había quedado dormido. Volteó para corroborarlo, y una vez que estuvo seguro, se puso de pie, dispuesto a salir.

-Volveré en un rato- pensó, y calladamente, abandonó el cuarto.-

Salió de la habitación pensando seriamente en el estado de salud físico de Brooklyn. Su bajo peso se podía explicar entonces por lo descuidado que había estado durante el último mes, y sentía que, con Brooklyn a su cargo, era netamente su responsabilidad el hacer que este recuperara su peso.

Dirigió sus pasos hacia la enfermería en busca de algún encargado con el que hablar del tema, pero para su mala suerte, en el camino se encontró a Rei, que venía saliendo de la habitación de Takao Kinomiya, su paciente.

-¡Kai!- le saludó animoso y caminó hacia él- ¿Necesitas algo?

Kai ya estaba preparándose para utilizar alguna frase cortante o sarcástica, pero se detuvo antes de decir algo. Sí, tal vez ahora sí que Rei le podía resultar de cierta utilidad. Callado, caminó hacia el pelinegro, lo cual provocó en este una reacción bastante entusiasta.

-Necesito saber cómo puedo conseguir un nutriólogo- dijo una vez que estuvo junto al chico con apariencia de gato.-

-¿Y para qué?- Kon ladeó la cabeza, intrigado- Más bien, ¿para quién?...

-Para Brooklyn.

El pelinegro abrió grandemente los ojos y le sonrió, nervioso.

-Tú no pierdes el tiempo, ¿hu?, quieres que Broo se sane enseguida, hehe…- Trató de ver si Kai ablandaba esa imperturbable mirada, pero nada parecía cambiar.- Pues… no sé si puedas conseguirte uno ahora… ya sabes, son los parientes los que pagan esos servicios y…

-Entonces dame el número de la persona que se encarga de pagar la mensualidad de Brooklyn para consultarle si está dispuesto a pagar un nutriólogo.

-Bueno eh… ehehe… claro, podrías hacer eso… pero… No sé si te corresponda a ti, Kai, ya sabes… como recién estás llegando…

-Llevo aquí un día y ya sé lo que necesito saber como para llegar a la conclusión de que Brooklyn Masefield necesita un nutriólogo.- Habló con la voz llena de rudeza. - ¿O están demasiado preocupados de perder el dinero que sacan de Brooklyn? Tal vez les aflige el pensar en la demanda que los parientes de mi paciente pueden ponerle a este lugar si se llegaran a enterar de las condiciones en las que le tuvieron el último mes… -Entrecerró los ojos, agudizando su mirada-

La sonrisa nerviosa de Kon desapareció bruscamente de sus labios.

-¿Cómo supiste?-

-Entonces es cierto- pensó- Brooklyn me contó… - dijo en voz alta esta vez- no es la mejor manera de tratar a un paciente, ¿no crees?

-No nos quedó otra alternativa, Kai, no pienses mal…

-Rei, lo que yo piense en estos momentos da igual – frunció el ceño y añadió con dureza- dime dónde puedo conseguir el maldito teléfono del tutor de Brooklyn y qué debo hacer para que le atienda un nutriólogo.

Kon pareció dudar un momento. Desvió la mirada intentando decidir qué podía hacer. Si Kai llamaba, podía quedar en completa evidencia que habían descuidado a Brooklyn, y eso podría traerle graves complicaciones al centro. Por otro lado, si ayudaba a Hiwatari, serían puntos a su favor y podrían lentamente sacarse al problemático Masefield de encima, ya que Kai se estaría encargando de cubrir todas las necesidades de este. No muy convencido aún, decidió ayudarle.

-Está bien… sígueme…- Volvió a sonreírle y le guió hacia una pequeña oficina que quedaba en el tercer piso – Acá están los números de teléfono de los encargados de nuestros pacientes, además de algunos historiales médicos, pero a esos sólo tenemos acceso con una autorización de por medio. – Indicó un cajón con carpetas archivadas en orden alfabético. Buscó rápidamente el nombre de Brooklyn Masefield y sacó una hoja con la fotografía y los datos del "tutor" del inglés.- Ten… - se la entregó para que le echara un vistazo y le alcanzó el teléfono, siempre con una sonrisa que, ahora, más que ser amable, sugería querer algo a cambio de ese favor.

-Mhh…- Kai ni se inmutó ante la insinuante sonrisa del otro y le ignoró por completo. Comenzó a leer.-

La fotografía de un sujeto de cabello platinado y ojos casi grises encabezaba la ficha. Su nombre era Garland Siebald, tenía 25 años, y, al parecer, era un primo lejano de Brooklyn, que visitaba al inglés una vez al mes.

-¿No ha venido últimamente?- preguntó Kai a Rei al leer ese dato, sin alzar la vista de la hoja.-

-No ha podido venir durante los últimos 3 meses. Está en Inglaterra. Según lo que nos dijo, vendría a finales de este mes.- Tres semanas más- Siempre llama preguntando por Broo…

-Y ustedes le mienten.

Rei enmudeció y desvió nuevamente la mirada, comenzando a borrar paulatinamente su sonrisa. Sin decir más, Kai tomó el teléfono y marcó el número del chico que se encargaba de cuidar a Brooklyn. Luego de esperar unos segundos, escuchó que contestaban-

-¿Yes?- Garland contestó en inglés. Aún así, Kai habló en japonés.

-¿Hablo Garland Siebald?

-Sí- respondió este, afligiéndose de inmediato al oír palabras en japonés. Las únicas llamadas que podía esperar desde Japón eran del Psiquiátrico donde estaba su primo.-

-Estoy llamando desde el Centro Psiquiátrico donde está internado Brooklyn Masefield. Mi nombre es Kai Hiwatari y soy el encargado de él.

-¿Ocurrió algo malo con Brook? – La agitación y preocupación se hicieron de inmediato presentes en la voz del interlocutor de Kai.

-Nada malo – contestó el ruso, arrastrando las palabras y dirigiéndole una amenazadora mirada a Rei- Sólo quería confirmar si usted accedería a que Brooklyn viera a un nutriólogo, ya que hemos notado que está bajo su peso normal y sospechamos que podría tener anemia u otra enfermedad de ese tipo. Creemos que los medicamentos están influyendo y queremos asegurarnos de si Brooklyn requiere de una dieta específica para que su organismo asimile de manera adecuada los remedios que le estamos administrando.

-Entiendo…- La voz del otro sonaba mucho más tranquila- Sí, está bien, por mí no hay ningún problema, pagaré lo que sea necesario para que Brook esté bien…

-Entendido, estaremos informándole sobre la evolución de Brooklyn.-

-Muchas gracias…-

Kai cortó la comunicación y se quedó viendo fijo a su acompañante, que parecía bastante confundido.

-¿Qué te dijo? – Mas su pregunta fue deliberadamente ignorada-

-Dime ahora cómo hago para conseguir un nutriólogo.- El peliazul comenzó a caminar lento hacia la puerta, para largarse de ahí, suponiendo que Rei le seguía, pero, contrariamente, el otro le detuvo y cerró la puerta para evitar que Kai huyera.-

-Ey, ey, espera…- susurró y le miró desde bastante cerca.- Lo haré con una condición.- Kai, ante eso, frunció pronunciadamente el ceño. No le estaba gustando mucho cómo pintaba la situación.-

-¿Cuál condición?-

-Me tienes que retribuir este favor con lo que yo quiera…- una sonrisa algo lasciva se le dibujó en los labios a Rei.-

-Acabo de encubrir cómo maltrataron a Brooklyn, que te baste con eso.- Le empujó levemente, alejándolo y abrió la puerta, para salir de ahí de una vez.-

Comenzó a caminar rápido, sintiéndose miserable y dejando a Rei algo descolocado en la oficina. Sí, precisamente había encubierto todos los maltratos que en el último mes habían ejercido contra Brooklyn. Era cómplice de todo ese grupo de cínicos, era igual a ellos. Bueno, tal vez casi igual… Él al menos encubría para poder ayudar al pelinaranja, ¿no? Sus acciones eran justificadas, no estaba tan mal después de todo…

No, no, estaba siendo un hipócrita, debía haberle dicho a Garland en qué condiciones tenían a su primo para que lo sacara de ahí de una buena vez, para que lo llevara a un lugar mejor…

Pero, ¿y si en otra parte trataban peor a Brooklyn? Al menos ahí, Kai se aseguraría de que no le hicieran daño. Claro, si era su tarea cuidarlo, la haría bien, porque él siempre tenía que hacer todo perfecto, todo sin ningún error.

Eso era, él se encargaría de que Brooklyn estuviera bien, y si para hacerlo, tenía que mentir, entonces lo haría. Tenía que cumplir una tarea, y necesitaba con urgencia responder a ella de manera adecuada, porque la salud y vida de una persona estaban en juego.

Llegó al fin a la enfermería donde un hombre que rozaba los cincuenta años tecleaba rápidamente en una computadora portátil. El tipo, de cabello castaño, ojos cafés, y anteojos, alzó la vista al verle entrar y se quedó observándole, indiferente.

-¿Qué deseas?- le preguntó serio al ruso.

-Necesito un nutriólogo para Brooklyn Masefield.

-¿Tienes autorización de su tutor?

-Sí, hablé recientemente por teléfono con Garland Siebald, su tutor, quien autorizó que Masefield accediera a ver a un nutriólogo.

-Bien…- comenzó a revisar en su computador si para ese día tenían la visita de algún nutriólogo.- El doctor S. Takehito viene hoy… él podría encargarse de Masefield.

-Entonces que él lo atienda.- Kai observó atento al mayor que comenzaba a teclear rápidamente los datos de Brooklyn en la ficha de revisiones del doctor.-

-Bien, a las 5.30 de la tarde Brooklyn debe estar aquí para que se le hagan las revisiones necesarias… - alzó la vista, luego de acabar de anotar apresuradamente en su portátil, y miró a Kai por sobre sus gafas- ¿Eso es todo?

-Sí, gracias.- Y salió de ahí, camino a su habitación.-


-Definitivamente, Brooklyn, estás muy por debajo del peso que deberías tener… - La voz afable del doctor Takehito hacía eco en la fría enfermería del edificio - …pero no es nada que con una dieta adecuada no se pueda solucionar en cuestión de poco tiempo.- Había comenzado a buscar cierto documento en su computadora portátil para enviarla a la impresora de la enfermería, mientras hablaba con el pelinaranja, que le oía atento mientras se terminaba de vestir.-

-Gracias, doctor.- Musitó Brooklyn, sonriéndole, mientras miraba de reojo a cierto ruso que, durante todo el lapso de tiempo que había durado esa consulta médica, se había quedado bastante alejado, apoyado en una pared, de brazos cruzados y con la vista baja. Parecía enfadado, con apariencia de niño pequeño al que no le han comprado un juguete, lo que le daba un aire muy gracioso, que mantenía de buen humor al oji-esmeralda.

Una blanca hoja salió con de la impresora con un par de datos de Masefield, seguidos de la dieta que a partir de ese día debía comenzar a seguir.

-Bien Brook, eso es todo, asegúrate de comer bien, ¿si?

-Claro doctor, descuide.- Brooklyn tomó la hoja y se despidió con un apretón de manos del hombre que tenía en frente – Gracias…

-Nos veremos pronto.-

Y el mayor salió, dejando a Brooklyn y Kai a solas en la enfermería.

-Bien Kai, debo decir que me has tomado por sorpresa con esto… pero me agrada, debo admitirlo. Eres algo impredecible…- No había nada mejor que sentir que su nuevo enfermero en verdad estaba interesado por sanarlo. Se acercó a él con la hoja en la mano- Toma, tú sabrás hacer valer esto mucho mejor que yo.

-Me has leído el pensamiento - Cogió la hoja, le echó un rápido vistazo y se dirigieron los dos hacia la cocina.-

Una vez que llegaron ahí, sólo encontraron a tres personas. Dos mujeres que bordeaban los cuarenta años y un chico que se veía mucho más joven, menudo y con cierto acento francés bastante marcado, que no se tomaba la molestia de disimular. Los tres se encontraban conversando animadamente, pero al ver entrar al lugar a Kai y a Brooklyn, se miraron y guardaron silencio de inmediato, dirigiéndoles a los recién llegados miradas entre intrigadas y desconfiadas.

-Necesito hablar con el encargado aquí – La voz ronca y autoritaria de Kai llenó la estancia por un par de segundos-

-Soy yo- El sujeto de acento francés se acercó a ellos, mirándoles intrigado – Me llamo Oliver Boulanger, ¿qué se les ofrece? – A pesar de la prepotencia con la que Kai se había presentado, el muchacho parecía cordial y tranquilo.-

-Necesito que se hagan cargo de preparar este menú especial para Brooklyn – El ruso intentó sonar algo menos desagradable, pero su expresión continuaba seria, hastiada- Necesita ganar peso, son órdenes del médico.

-Uhm… deja ver…- Oliver dio un rápido vistazo a la lista de cosas que debía comer Brooklyn y sonrió animado- ¡No habrá problema! Descuida, me encargaré de que Broo recupere su peso normal – Observó al aludido, sonriendo todavía y se dirigió a colgar el papel en un mural, junto al resto de las dietas de otros pacientes.-

-Gracias – Habló al fin Brooklyn, sonriendo cándidamente también-

-¿Se les ofrece algo más?

-No, solo eso, gracias. – La contestación de Kai fue concisa- Vamos…

-Ey, espera, no vayas tan rápido Kai… - El pelinaranja se dispuso a seguir al ruso, quedándose un metro atrás de él, caminando perezosamente y bostezando.- Uhm… qué ganas de salir a caminar…- murmuró- ¿Crees que podríamos dar una vuelta en los alrededores?

Kai se quedó de pie en medio del pasillo y esperó a que Brooklyn llegara junto a él. Acababa de recordar las palabras de Mystel… "Si no está muy mal pueden salir a dar una vuelta, incluso…". Tal vez a Brooklyn no le haría mal una breve caminata de no más de media hora, antes de la cena.

-¿Pasa algo, Kai?

-Nada, vamos.- Tomó sin mucha delicadeza a Brooklyn de uno de sus brazos para llevarle a la recepción.

Una vez ahí, anotó su nombre y el de Masefield, que le seguía ahora, entusiasmado y en un silencio impaciente. Cinco minutos después, y sin haber hecho mayores gestiones, ya estaban fuera del recinto.

-Vaya…- Los ojos de Brooklyn se paseaban por los alrededores, a medida que avanzaba con extrema lentitud, radiantes de alegría, maravillados. Parecía como si quisiera absorber todo con la mirada. Era un niño pequeño redescubriendo lo que era la vida, asombrado de esta; las flores, la tierra, el pasto, el cielo, el verse sin las paredes a su alrededor, al sentirse levemente libre de ese ambiente tan asqueroso, al que hace cerca de tres años había llegado. Todo tenía un color nuevo para él, todo era hermoso y perfecto en ese momento.

-¿Tiempo sin ver el mundo exterior, Brooklyn?

-Dos años y medio, tal vez, Kai…- Cerró los ojos y respiró una gran bocanada de aire, mientras una perfecta sonrisa se dibujaba en su rostro- Me encanta el aroma de la tierra húmeda…

-Hmp…- Kai cerró los ojos y trató de hacer pasar desapercibida una leve mueca de júbilo. Le causaba algo de gracia ver al mayor actuando así. Se movía agitado, de un lado a otro, tocando, oliendo y observando con detención todo lo que encontraba a su paso. Iba alegre, haciendo comentarios al aire y en ocasiones, hablando solo…- Brooklyn, cálmate o te cansarás…- Dijo el ruso luego de que llevaran cerca de diez minutos de caminata-

-Tienes razón, ya me siento algo agotado…- rió levemente y se acercó a su acompañante, para caminar junto a él.-

Kai suspiró y guardó silencio. Brooklyn hacía lo mismo, pero ambos estaban cómodos. Sentían que el ambiente era perfecto; el sonido del viento, el cantar de las aves, el ocaso… y el silencio entre los dos, que, lejos de ser incómodo, se estaba volviendo casi una vía de comunicación para ambos.

-Que no recuerde es mejor, ¿te lo imaginas? Si llegara a saber exactamente qué pasa… intentaría…-

-¿Quién? ¿Qué cosa? ¿Intentaría qué, Kai?- Preguntó un levemente confundido Brooklyn, luego de haber caminado más de treinta minutos en silencio junto al ruso, dirigiéndose de vuelta al psiquiátrico-

-¿Eh?- Si Masefield estaba confundido, el peliazul lo estaba aún más- ¿De qué hablas?

-Dijiste algo recién, Kai- El oji-esmeralda se detuvo, sosteniéndole firmemente la mirada a su acompañante, convencido de que le había oído decir algo.

-¿Qué? Yo no…- se detuvo también, extrañando- No he dicho nada, Brooklyn…

-Entonces… Agh… - nuevamente el dolor de cabeza se comenzaba a hacer presente.- No importa…- se sobó la cabeza un momento y miró el cielo. Prefirió obviar lo que acababa de pasar- Vamos ya, es hora ya de la cena, ¿no?

-Sí, vamos…- Kai se dispuso a caminar, pero su paciente seguía de pie, sin moverse- ¿Qué ocurre?

Brooklyn, como respuesta, negó con la cabeza y volvió a sonreír, esta vez resignado, sin dejar de pensar en lo que había oído. Retomó el camino junto con Kai, con aspecto cansado, y a los veinte minutos estaban sentados en el comedor, cenando tranquilamente, uno junto al otro.

-Qué cansado estoy…- musitó Brooklyn, algo pálido y somnoliento, tras haber tomado sus medicinas-

-Debes comenzar a hacer más ejercicio- Kai estaba acabando ya de comer-

-¿Me sacarás más seguido a pasear?

-Es una posibilidad…- Le observó de reojo mientras dejaba los cubiertos sobre su plato vacío-

Como respuesta, Masefield le sonrió.

-Eres genial…- y apoyó su cansada cabeza en el hombro de su cuidador, cerrando los ojos y suspirando, agotado-

Hiwatari, extrañado, observó al inglés apoyado en su hombro. En verdad parecía un niño. El color pálido de su piel, y el aspecto levemente desgastado le otorgaban un aspecto inocente, casi… ¿adorable? Entrecerró los ojos y sacudió la cabeza. Él también estaba cansado y ya comenzaba a pensar tonterías.

-Vamos Brooklyn- ante el llamado del menor, el aludido tuvo que espabilarse- Tienes que descansar.

Salieron del lugar sin percatarse realmente que durante todo momento, habían estado siendo atentamente observados por un casi indignado y celoso Rei.


Agotado y ojeroso, Hiwatari ingresó casi arrastrando los pies de cansancio a su cuarto. Encendió la luz, se sacó los zapatos y el grueso swéter que llevaba puesto para capear el frío que ya comenzaba a calar los huesos.

Estaba tan cansado, que había olvidado ponerle seguro a la puerta de la habitación. Ordenó sus cosas para el día siguiente, se colocó el pijama, prendió el calefactor que le habían llevado para entibiar un poco su cuarto y fue a lavarse la cara para tratar de despertar, porque a pesar del sueño que tenía, debía trabajar en su computadora por un par de horas.

Se sentó en su escritorio y se mantuvo atento a su trabajo de investigación y recopilación de datos sobre trastornos mentales, psiquiatría y medicinas, sumándole también ahora nutrición, durante casi tres horas seguidas. Cuando ya no escuchó ruidos en el pasillo, consideró que ya era suficiente y apagó su laptop, el calefactor de la habitación y fue a lavarse los dientes para, ¡al fin!, acostarse a descansar.

-Bien…- suspiró Kai, y se cubrió hasta las orejas con las mantas- Ahora sí podré dormir…-

Y apenas acabó esa frase, sintió un ruido muy fuerte y extraño que venía desde el sótano, como si un generador se apagara de pronto y hubiese una baja de energía en todo el edificio. - ¿Eh? – abrió los ojos y se incorporó en la cama, más molesto que intrigado, y se asomó por la ventana solo para corroborar que afuera todo estaba sumido en la más profunda de las oscuridades.- Genial…- Por suerte había terminado justo de trabajar.- Bueno, qué importa que las luces se hayan cortado…-

-¡Vayan a ver a sus pacientes! – una voz imperante desde el corredor, ordenaba a todos a bajar, ya que algún interno se podía escapar o hacer alguna tontería debido, a que el sistema de seguridad estaba manejado, en su gran mayoría, eléctricamente.

-Ah, jódanse…- Brooklyn no iba a hacer nada malo. Cuando él, Kai, se había ido de la habitación, el pelinaranja estaba profundamente dormido. No tenía de qué preocuparse.-

Se acomodó para dormir al fin, después de tan agotador día, pero cierto ruido desde la entrada de su cuarto le impidió caer rendido en los brazos de Morfeo-

-Mmh... ¿Ahora qué? – Se volteó y miró hacia la puerta, pero no consiguió ver nada- Agh… da igual…-

-No da igual.- Una voz conocida pero un poco más aguda de lo normal resonó en su cuarto.

-¿Qué demonios?- Sobresaltado, el ruso trató de incorporarse en la cama, pero unos delgados brazos le sostuvieron y le impidieron moverse. Se percató de cómo un famélico cuerpo se posicionaba sobre él y un cálido aliento le rozaba el rostro.- ¿Brooklyn?

-Sí Kai… soy yo…-

-¿Qué mierda crees que haces?- Cuestionó indignado al mayor, tratando de sacárselo de encima-

-No Kai.- Le sostuvo con firmeza, y aproximó más su rostro al de su enfermero, hasta el punto de hacer rozar sus narices- déjame…

-¿Dejarte? ¡Eres tú el que no me deja a mí! ¡Vete a tu habitación antes de que alguien nos vea!

-Nadie nos verá Kai, el sistema de cámaras está muerto, y, al contrario de ti, me aseguré de ponerle el cerrojo a la puerta…-

-¿Pero por qué viniste?

No recibió respuesta.

El inglés, en silencio, descendió hasta que su rostro quedó a la altura del cuello de Kai, y dejó caer, suavemente, su peso sobre el cuerpo de este. Acto seguido, le rodeó con sus brazos en algo bastante parecido a un abrazo. Respiraba fuerte, con los ojos firmemente cerrados y los labios entreabiertos.

-¿Brooklyn… qué… haces?- La voz turbada de Kai salió hecha susurro de su garganta. La incomprensible actitud que su paciente había tomado, le había dejado estupefacto. Por suerte y ventaja para el ruso, estaba oscuro, así Brooklyn no podría ver su rostro confundido-

-No sé… sólo quise hacerlo…- Los murmullos del inglés, junto al oído de Kai provocaron en este un escalofrío que recorrió toda la extensión de su espina dorsal, erizándole la piel.- Te necesito…

-Sí, necesitas a alguien que se encargue de…

-¡No!- Brooklyn le hizo callar rápidamente, mientras se apegaba más al cuerpo del otro, como si quisiera fundirse con él- Te necesito… A TI… a nadie más… - Una de sus manos, temblorosamente, se acercó hasta el rostro de Kai. Le acarició suavemente la mejilla, y luego los labios- dime… que no me vas a dejar solo…

-Brooklyn, vete a tu habitación…-

-Dímelo… Kai, tú no eres como los demás, tú no eres como Hitoshi, tú no me golpearás jamás, ¿verdad?... ¿Verdad?- A Kai se le hizo un nudo en la garganta cuando sintió cómo la voz del inglés se quebraba. Sintió algo mojado en su cuello, seguido de un sollozo que inútilmente había intentado ser acallado. ¿Brooklyn estaba llorando?- … ¿verdad? – apenas un susurro, casi inaudible, había conseguido salir de los labios de Broo.

-Tranquilízate…- Frunció el ceño, molesto, pero aún confundido y con el nudo en la garganta.

¿Por qué se tenía que ver envuelto siempre en esa clase de situaciones? Su corazón latía con prisa. ¿Qué se suponía que tenía que hacer?-

-Dime, Kai… ¿Te irás?- El inglés insistía ante el silencio del otro.

-No tengo razones…- murmuró este, apretando la mandíbula.

-Prométemelo, dime que no me dejarás solo… ¡hazlo!

-Yo…

-Por favor…- los sollozos de Brooklyn se hacían cada vez más fuertes- Kai…

Kai se sentía acorralado. No entendía. ¿Qué le había sucedido a Brooklyn? Era como otra persona, una dolida, llena de miedo, inseguridad, pánico a la soledad, totalmente desprotegida. Le recordó a cuando le había encontrado en el suelo del baño, cuando este le había preguntado si le iba a golpear. ¿Era eso, acaso?

Precisamente, eso era lo que ocurría. Brooklyn tenía la misma actitud de esa mañana, la misma voz rota de tristeza, que estaba comenzando a causar estragos en Kai. El ruso se sentía cada vez más responsable de que el inglés actuara así, suponía que la culpa era suya, y que algo debía hacer para remediar eso… pero… ¿Prometer algo? Él no solía hacer eso, no le gustaba prometer nada, sólo lo había hecho un par de veces, y no había podido cumplir.

-Kai…- el tono tan angustiado en la voz de un desolado Brooklyn, que se estremecía sobre Kai, terminó por vencer la férrea voluntad de este, que, desesperado por acallar al inglés, había terminado por acceder a comprometerse…

-Bien, Brooklyn, pero cálmate.- Con sus dos brazos, rodeó con torpeza el cuerpo del chico, y le acarició apenas la espalda, intentando hacer que dejara de llorar- No te dejaré solo, lo prometo, pero necesito… que te tranquilices-

Brooklyn se aferró con más fuerza a Kai y reprimió un fuerte sollozo.

-K-Kai…- suspiró con fuerza junto a su oído y se bajó de encima del menor, para recostarse junto a él, sin dejar se aferrarse al pijama del ruso con el mismo ahínco que un náufrago se sujeta de su salvavidas.

-Ven, cúbrete…- le hizo lugar en la cama y le tapó con las mantas.- No quiero que llores más, ¿de acuerdo?- tragó saliva, su corazón latía a mil por hora. Estaba confundido, sentía que acababa de cometer un terrible error.-

-S-sí…-

Kai sintió cómo el cuerpo del inglés buscaba el de él. Le rodeó con uno de sus brazos, mientras que con la mano del otro le secaba las lágrimas que caían, silenciosas, por el demacrado rostro de Masefield.

-Eres un niño pequeño, Brooklyn…-

Ante el comentario, el pelinaranja se acurrucó más junto al peliazul, quedando su cabeza junto al pecho de este.

-Estás nervioso…- una lacónica sonrisa en el rostro de Brooklyn se mezcló con esas lágrimas que caían aún desde sus ojos esmeraldas– Tu corazón… late muy rápido…

-Cállate y duerme… Brooklyn-

Todo quedó en silencio por diez minutos. Ambos cuerpos seguían el uno junto al otro, sin separarse ni un centímetro. Los dos se mantenían despiertos, y cada uno sabía, a la vez, que el que tenían a su lado no estaba dormido.

-Buenas noches Kai…- Esa voz algo triste e insegura salió nuevamente de la garganta del mayor, que al fin había dejado de llorar-

-Duérmete…-

Y ambos, completamente agotados, cayeron al fin dormidos en menos de un par de minutos.


Kai despertó con el sonido de la alarma de su celular a las 5.40 A.M. Bostezando, se pasó las manos repetidas veces por el rostro, mientras se sentaba en la cama, intentando desperezarse. Tenía una vaga sensación de que algo ahí faltaba, pero no se había percatado aún de qué era.

Una vez que estuvo lo suficientemente despierto, se puso de pie y volteó a ver su cama vacía… ¡¿Vacía?

El recuerdo de la noche anterior tomó lugar en su ofuscada cabeza, como un tropel de voces y sensaciones dispersas y confusas; el delgado cuerpo de Brooklyn apegándose a él, sus sollozos, las lágrimas, la voz rota, el nudo en la garganta, la promesa…

-¿Brooklyn?

¿Y DÓNDE ESTABA EL INGLÉS?

-Mierda…- En pijama, despeinado, pero ahora más despierto que nunca por el susto, salió corriendo de su cuarto hacia el de Brooklyn, rogando para que este se encontrara ahí.

Abrió la puerta de la habitación con la tarjeta que correspondía a esta, la misma que activaba el servicio de agua en el cuarto, y agitado, ingresó mirando instintivamente hacia la cama, esperando ver a su paciente ahí.

El alma le volvió al cuerpo cuando vio al inglés durmiendo plácidamente, sin enterarse de nada, entre las blancas mantas, con su apariencia de niño frágil. Suspiró aliviado y cerró, procurando no despertarle.

¿Qué estaba pasando? Ahora había electricidad. Tal vez Brooklyn había esperado a que él se durmiera para volver a su habitación. ¿Estaba jugando con él acaso?

El ruso se rascó la cabeza, más confundido que nunca, mientras iba de vuelta a su habitación.

-¿Habré… estado soñando?-

Pero si todo había sido tan real…

-No, de seguro fue un sueño…-

E intentando autoconvencerse, se metió al baño, dispuesto a ducharse para dar inicio, oficialmente, a un nuevo día encerrado en esa casa de locos.