Como siempre, comenzaré dando las gracias a las personas que comentan y leen, en especial a las que me dejan sus rr desde el comienzo, Kiray Himawari y Lacryma Kismet :)

Bueno, respondiendo a sus reviews, lamento que esté todo tan lleno de misterios, pero es la idea, muahaha, soy cruel :) En el próximo capítulo ya habrán muuuchas respuestas, lo prometo.

No he visto Atrapado Sin Salida, por cierto, tendré que añadirla a mi lista de películas por ver, entre las que se incluyen algunas como La Isla Siniestra haha, y terminar de ver Begotten.

Y por cierto, si tienen sospechas del padecimiento de Brooklyn, díganlas, quiero ver qué diagnóstico le dan.

Bueno, agradeciendo su graaaaaaaaaaaaan paciencia, les dejo el capítulo V.

¡Saludos!


Manipulador

Capitulo V

No fue sino hasta bien entrada la tarde cuando Kai se animó a preguntarle a Masefield sobre lo que había ocurrido la noche anterior. Estaban sentados en esa banca oculta entre arbustos, bajo un gris y triste cielo que se ceñía sobre ellos, amenazando con dejar caer gotas de lluvia en cualquier momento. El frío calaba los huesos y Brookyln temblaba en un vano intento por mantener su temperatura corporal, pero pese a esto, había insistido con quedarse ahí, y logrado que el ruso le concediera unos cinco minutos más para estar al aire libre.

Lo que más le extrañaba al peliazul de Brooklyn en ese momento, era que este parecía no recordar en absoluto lo ocurrido. Actuaba como si nada hubiese pasado, siempre sonriente, siempre ajeno a todo. Y eso, inevitablemente, había estado haciendo sentir nervioso al ruso durante toda la mañana. Se estaba volviendo loco, estaba más paranoico que de costumbre porque no tenía ni la más mínima noción de si había soñado o no. Había sido todo tan real, podía recordar cada detalle, el aliento del mayor chocando contra su rostro, ese delgado cuerpo sobre el suyo, sus lágrimas.

-Oye, Brooklyn – Llamó con voz seria el ruso-japonés cuando sintió que la curiosidad le podía.-

-Dime, Kai- Los ojos del inglés se posaron sobre su cuidador, atentos.

-¿La luz siempre se corta de pronto acá?- Preguntó mirando al cielo, tratando de restar importancia al asunto.-

-Mmh… a veces pasa, pero no es muy seguido, a lo más podría pasar una vez al mes – dijo el pelinaranja recordando, con un dedo entre sus labios. Se mordió levemente la uña del índice de la mano izquierda y le sonrió - ¿Por qué preguntas?

-Por el apagón de anoche- Kai evitó mirarlo y dirigió su vista al piso, bajando sin querer la voz-

-¿Apagón?- Cuando Kai escuchó esa pregunta salir de la boca del que a su lado estaba, no pudo evitar voltear a verle. La sorpresa en el rostro de Brooklyn era más que sincera.- ¿Hubo un apagón?

-Claro que hubo uno, ¿no te diste cuenta, acaso? – Se sintió más confundido que nunca, pero disimuló a la perfección y logró convertir toda esa confusión en un simple gesto de intriga-

-Mmh, no, tal vez estaba ya dormido…- y, para acabar de rematar la frase, esa sonrisita tomó lugar en sus delgados labios, dejando a Kai con la duda de si mentía o no.-

Brooklyn se quedó en silencio mirando cómo las hojas de los árboles eran lentamente mecidas por el helado viento. Tembló un poco y abrió la boca para decirle a Kai que quería ingresar al edificio ya, pero justo antes de poder hablar, una conversación que parecía venir de no muy lejos, le hizo juntar rápidamente los labios.

-¿QUE TÚ HICISTE QUÉ?- A juzgar por el tono de la primera voz, parecía que discutían-

-Fui a verle, ya te dije, p-pero… no hice nada malo…-

-¡No puedes hacer eso! ¡Ya sabes todo lo que dicen de Brooklyn y tú vas a empeorarlo todo!

-¿Q-qué dicen?

-"Manipulador" ¿Te suena esa palabra, maldito imbécil?, ¡es todo por tu culpa!

-¿Mi… culpa?-

-¿Qué?- Brooklyn alzó la vista, intentando encontrar a las personas que discutían, pero no lograba ver nada-

-¿Pasa algo?- Interrogó Kai cuando vio que el inglés se movía inquieto, buscando algo con la mirada-

-¿No escuchaste?-

-…- Ahora la confusión del ruso era aún mayor. Se limitó a mirarle algo extrañado y prefirió ignorarle- Vamos, hay que entrar…-

-No, espera…- Trataba de oír más de la pelea, pero ahora todo estaba en completo silencio.

Pasaron unos cuantos minutos más y pequeñas gotas de lluvia comenzaron a caer repentinamente sobre ellos. Kai, levemente preocupado, observó al inglés a su lado que temblaba más fuerte, ya sin su típica sonrisa, mientras seguía buscando con la mirada, insistentemente, aquello que le tenía desconcertado. No debían seguir ahí, así que, casi arrastrando al pelinaranja, Kai lo llevó rápido al interior del edificio, antes de que comenzara a diluviar y pudieran coger un resfrío.

-¿Estás bien?- preguntó Kai, una vez estuvieron en el pasillo que llevaba hacia las escaleras, al ver que Brooklyn continuaba temblando y se mantenía en un silencio tenso, muy diferente al que ya estaban ambos acostumbrados.-

-Sólo… tengo frío…- murmuró con voz muy baja, tratando de detener esos temblores.

-Soy un idiota al acceder a que nos quedáramos afuera, de seguro ahora te resfriarás- Y comenzó a sacarse su chaqueta para ponérsela en los hombros al mayor.

-Ya sabes qué dicen de mí, Kai…- comenzó a decir este con la mirada baja-… soy un manipulador, ¿no? – Sus ojos se posaron sobre los de Kai, el que parecía bastante turbado luego de oír ese comentario.

-Eh…- No supo cómo reaccionar ante esos ojos que de un momento a otro se habían vuelto fríos, se podría decir que hasta resentidos. ¿Habría dicho algo malo? Sus brazos continuaban sosteniendo la chaqueta sobre los hombros de Brooklyn- ¿Qué?...

-Eso es lo que han dicho de mí, ¿no?, que soy un manipulador…

-Pues…- El rostro de Brooklyn estaba bastante cerca del suyo. Comenzaba a verse sobrepasado por su paciente y eso no podía ser así, no podía dejar que el mayor le dejara sin palabras, pasmado. Rápidamente se recuperó de su sorpresa y acabó de acomodarle la chaqueta a Brooklyn, para luego alejarse de él- No tengo idea Brooklyn, y tampoco me importa y a ti no te debería importar.- Acabó de decir con un tono bastante severo-

-Pero…-

-¡Kai, Brooklyn! ¡Qué bueno encontrarlos!- La voz de Rei, que venía caminando con su paciente detrás de él desde el final del pasillo, interrumpió a Brooklyn, que le miró bastante molesto.

-Ah, Rei…- Kai sonó algo hastiado cuando volteó a ver al que les había hablado, pero pareció más interesado al notar al chico que venía detrás del pelinegro. Era ese mismo tipo que había estado en el patio trasero, el día que Kai había llegado ahí, discutiendo con el que lo cuidaba, o sea, Rei. Hasta ese momento, no había notado que el pelinegro de ese día era ese fastidioso sujeto.

-¿Cómo están?- se acercó con el peliazul que le seguía de cerca, mirando con absoluta desconfianza a Brooklyn y a su enfermero.-

-Estamos bien…- musitó Kai, viendo de reojo a Brooklyn que miraba con molestia mal disimulada al chico de facciones gatunas-

-Mira Kai, este es Takao Kinomiya, mi paciente- Ignoró completamente al oji-esmeralda. Prefirió gastar energías en presentar a Takao que en fijarse en Masefield.- Estoy encargado de otro paciente más, pero está ahora en una de las salas de estar, viendo televisión.

Kai observó con detención a Takao. Mantenía una postura completamente a la defensiva y les miraba con una desconfianza casi indescriptible.

-Hola, Takao…- musitó el ruso, sin despegarle a este la vista de encima.-

-¿Qué es lo que quieren de mí?- preguntó el aludido, sintiéndose atacado.-

-Tranquilo, ¡no te van a hacer daño!- sonrió amablemente Rei, poniendo una de sus manos en el hombro de Kinomiya- Son amigos, ¿si? No harán nada malo.

-Uhm…- incrédulo, se quedó observando a Brooklyn, con los ojos entrecerrados- No les creo…

-Ah, vamos, Takao…- Rei sonrió algo nervioso y comenzó a guiar a su paciente hacia su habitación- Mejor te llevo a tu cuarto, pronto te entrarán ganas de dormir por tus medicamentos, ¡nos vemos luego, Kai! – y, doblando el pasillo, se perdieron de vista.

Todo quedó en silencio. Kai y Broo seguían de pie en medio del corredor, el último aún viéndose bastante disgustado.

-Quiero estar solo, Kai- Susurró de pronto el pelinaranja, rompiendo el tenso silencio que se había formado debido al humor que, desde hace un rato, el inglés había estado manteniendo.

-¿Qué pasa?-

-Nada, quiero estar solo.- repitió con la misma voz monocorde y la mirada inamovible del suelo. Un sentimiento de inseguridad le embargaba el pecho. ¿Qué tal si Kai pensaba que él era un manipulador? Y si lo pensaba… ¿por qué lo hacía? No comprendía. Necesitaba averiguar quiénes habían sido esas dos personas conversando. Necesitaba pensarlo todo en su cuarto, a solas, sin Kai, sin Rei, sin Takao ni nadie alrededor.-

-Bien, te dejaré en tu cuarto…- le tomó de un brazo, sin mucha delicadeza, y comenzó a guiarlo hacia la habitación.

Brooklyn se dejaba hacer mientras observaba el perfil del ruso, siempre tan callado, cortante, y poco expresivo. No podía evitar sentirse intrigado por aquel singular personaje, tenía la vaga sensación de que jamás podría ver más allá de esos ojos carmesí y ese ceño fruncido tan característico en él, lo cual le preocupaba. El inglés deseaba aprender a descifrar cada una de las expresiones de Kai, quería ser quien lo comprendiera, y quería, a la vez, hacer de ese ruso una persona que le ayudase con la complicada tarea de poder entenderse a sí mismo. Y temía no poder lograrlo.

Aún con la mirada algo perdida en el blanco y terso rostro del menor, subió la escalera tras este, distraídamente, sin prestar mayor atención a los peldaños. Kai continuaba sujetándole el brazo derecho al pelinaranja, pero con menos firmeza que hace unos momentos, por lo cual no pudo evitar que Brooklyn terminara en el suelo, sobre las escaleras, tras haberse tropezado.

-Fíjate por donde andas…- Le observó con reprobación y pensó un par de segundos antes de extender su mano para ayudar al inglés a incorporarse. Estaba de mal humor. Que Brooklyn lograra descolocarlo con sus actitudes extrañas simplemente lo frustraba, sentía que no hacía bien su trabajo, se sentía poco profesional.

-Lo siento…- musitó mientras se agarraba de la mano de Kai - Soy un torpe… - le sonrió levemente apenado una vez que estuvo de pie y retomó junto con el menor el camino hacia su habitación, tras haber soltado lentamente su mano.

Una vez estuvieron en el umbral de la puerta del cuarto de Brooklyn, este se volteó a ver a Kai, sin su sonrisa de siempre, pero mucho más tranquilo de lo que había estado hace unos momentos atrás.

-Ven en un rato, necesito… escribir, Kai.- La voz de Brooklyn seguía sonando plana, sin la misma tonalidad suave y fresca de otras veces.

-Está bien, vendré en unas dos horas.

-Me parece bien.- Y sin decir más, cerró la puerta y se dirigió a su escritorio, tomando apresurado un lápiz y una hoja de papel para poder, al fin, encerrarse en su mundo de preguntas sin respuesta, frases inconexas y poemas sin acabar.

Se sentía abrumado, esa conversación, la que había escuchado en el jardín mientras estaba con Kai a su lado, le había dejado casi en shock. En ciertas ocasiones, recordaba, había oído voces que hablaban de él, pero en ninguna otra oportunidad el haberlas escuchado le había afectado tanto como ahora. Y todo ese estado de confusión giraba en torno a Kai Hiwatari. Necesitaba urgentemente saber si el ruso estaba de acuerdo con lo que había oído decir a esas voces. Suponía Brooklyn que, de ser así, su cuidador se alejaría irremediablemente de él, y lo que menos quería era quedarse solo otra vez. Hace mucho, mucho tiempo, más de diecinueve años, que no se sentía tan seguro como en esos momentos en los que estaba Kai a su lado, y si él se iba, se vería solo de nuevo, inseguro, desprotegido y a la deriva en ese psiquiátrico, esa cárcel llena de gritos y ecos escalofriantes que, cuando se apagaban las luces, llenaban cada rincón del lugar, atormentando a esos desafortunados hermanados con las camisas de fuerza y los antidepresivos.


Hiwatari se encontraba observando aquel gris y lluvioso cielo en una de las terrazas del tercer piso, esas que había visto sin prestar mayor atención la mañana que se había dado un tour solitario por el edificio. Se encontraba pensando en qué hacer con Brooklyn y sus cambios de ánimo. Quería evitar que este actuara de ese modo tan extraño que le sacaba de quicio y le colmaba rápidamente la paciencia.

Suspiró, ofuscado y apoyó su cabeza entre las palmas de sus manos. ¿En qué lío se había metido?

Negó con la cabeza y se quedó observando el pasto, con la mirada perdida. Después de todo estar ahí no sería tan fácil como creía.

El ruido seco que hizo la puerta de la terraza al abrirse sacó al oji-carmín de su ensimismamiento. Volteó rápidamente a ver quién había llegado a su lado y no fue muy agradable su sorpresa cuando vio a Rei, que, sonriente, se aproximaba hacia él.

-¿Qué haces tan solo aquí? ¡Hace mucho frío, te puedes resfriar!- comentó el pelinegro, ubicándose a un lado de Kai.

-No tengo frío, estoy acostumbrado- respondió secamente Kai, sin mirarle.-

-¿Acostumbrado?

-Vengo de Rusia- A pesar de que Kon le parecía muy molesto, no pensaba moverse ni un centímetro de ahí. Él había llegado primero, así que si alguien debía irse, ese tenía que ser Rei.

-¡Vaya, no tenía idea! Debe ser muy lindo allá, ¿o no?

-No.

Rei cerró la boca de inmediato y se quedó mirando a Kai con aires ofendidos, ¿tenía siempre que ser así de grosero?

-Vamos Kai, no hay necesidad de ser tan rudo…- Se quedó observando un momento cómo la lluvia caía con fuerza desde el cielo. Le gustaba el sonido que hacía esta al llegar a la tierra, así que se mantuvo bastante rato callado, a medio metro de distancia del ruso.

Kai, luego de disfrutar de ese magnífico silencio por parte de Rei, estaba realizando la idea de que su compañía no era tan mala después de todo, siempre y cuando no hablara. Era casi como si no estuviera a su lado. Pero claro, como todo lo bueno dura poco, el pelinegro abrió nuevamente la boca para preguntar algo, pero esta vez de un tema que sabía que a Kai le interesaría. No había que ir demasiado lejos como para darse cuenta de que el ruso quería desesperadamente enterarse de qué había ocurrido en el pasado con su paciente, y a pesar de que intentaba disimularlo, no era muy bueno haciéndolo.

-¿Has tenido problemas con Brooklyn?- Rei disfrazó una afirmación de pregunta, mirando al peliazul de reojo, mientras mantenía su cabeza apoyada en una de sus manos.

-Algo así.- Volteó a observar a Rei. Efectivamente, el chico había dado en el clavo. Brooklyn era el único tema de conversación que le podía interesar a Kai en esos momentos.

-Es un chico muy cambiante… Hitoshi tuvo problemas con él por lo mismo… O bueno, algo parecido.- comenzó a decir Rei con una pequeña sonrisa triunfal en los labios.-

-Dime qué ocurrió con Hitoshi y Brooklyn, ¿quieres? Todos acá ocultan esa información como si fuera… un secreto de Estado, o algo así – Dijo Kai, con claro desagrado-

-Es una historia larga Kai, ¿te parece si entramos mejor? Podemos tomar un café. No hay nadie en la cocina, te diré ahí lo que ocurrió.- ladeó un poco la cabeza, sin despegarle la vista al peliazul de encima. Ahora sí lo tenía.

Kai frunció el ceño, ese sujeto sí que era un manipulador de primera. Pero supuso que podría sacar provecho a la situación para lograr comprender parte de lo que necesitaba saber y así poder ayudar concretamente a Brooklyn. Resignado, accedió a ir con Rei y bajaron juntos, sin decir palabra alguna, en dirección a la cocina.

Kai no habló hasta que tuvo su taza de café en las manos. Pensaba que el agua hirviendo sería una buena arma para alejar a Rei en caso de que se comenzara a propasar. Se sentaron uno al lado del otro en un rincón de la amplia habitación, junto a una chimenea que se mantenía prendida desde hace un rato para templar el lugar.

Rei fue el primero en hablar.

-Bien…- comenzó el de cabello largo, mostrándose pensativo- Supongo que si te tengo que contar la historia de Hitoshi y Brooklyn, debo partir por la de Takao…- suspiró y sonrió casi con ternura-

-Sólo habla, ¿quieres?

-Evita ser tan grosero Kai…- Refunfuñó algo molesto el de ojos ámbar y negó con la cabeza- Takao, antes de llegar aquí, era de esos niños millonarios mimados a los que les basta chasquear los dedos para conseguir algo. Si bien no era muy brillante, obtenía a pesar de esto buenas calificaciones, estaba rodeado de amigos, compañeros, y lleno de premios de lo que imagines. Él simplemente lo tenía todo.

A medida que creció y llegó casi al final de su vida escolar, cerca de sus dieciséis o diecisiete, comenzó a actuar de manera cada vez más hostil. Hitoshi nos contó que cierta vez su hermano había agarrado a golpes a su mejor amigo porque creía que este le quería robar un par de trofeos que el pobre chico siempre miraba. Luego comenzó con la firme idea de que todos, incluso sus padres, conspiraban en su contra para hacerle fallar en cualquier cosa que se propusiera, querían boicotearlo para que fracasara y por miedo a que esto ocurriera, dejó de salir y de hacer vida social. Ahuyentó absolutamente a todos sus amigos, hasta quedarse completamente solo. Pasó el tiempo hasta que dio sus exámenes de ingreso a la Universidad, y no quedó seleccionado…- Rei bebió largamente de su café y miró a Kai, un poco más serio que de costumbre…

-¿Qué pasó luego?

-Bueno, supongo que imaginas cómo Takao se puso con eso… Cayó en tal depresión que fue necesario internarlo, porque estaba empezando a tener delirios cada vez más arrebatados. Fue entonces cuando llegó aquí, diagnosticado con depresión y paranoia, pero fue Hitoshi quien dijo que se haría cargo de él. No confiaba lo suficiente como para dejar en manos de alguien desconocido a su "hermanito" y pidió trabajar acá para poder cuidarlo él mismo.

Takao estaba insoportable. Lloraba por todo, andaba histérico, se despertaba en las noches gritando, se golpeaba contra las paredes… - Rei suspiró y se quedó mirando el fuego de la chimenea que tenían en frente por unos momentos…- Hitoshi estaba bastante afectado, pero no cedía, decía que ayudaría a su hermano hasta que estuviera bien, independiente de lo que costara.

El silencio de nuevo se hizo presente en la cocina, mientras Rei hacía remembranza de sucesos que al parecer se ponían cada vez menos agradables. Cuando volvió a hablar, su voz tenía ciertos amagos funestos.

-Un día, tras un descuido, Takao escapó, subió a la azotea y… - Se mordió el labio inferior- se tiró desde ahí… -

-¿Qué?

-Ya oíste, saltó desde el piso tres. No murió, cayó sobre unos arbustos, por suerte, y salió con un brazo roto e inconsciente. Estuvo dos semanas hospitalizado y Hitoshi, creo que hasta el día de hoy, no deja de culparse por ello.- Se encogió de hombros y miró a Kai con una sonrisa amarga- Es una historia muy trágica, ¿no?

-Demasiado…- Hasta se le hacía difícil creerla.

-Pero ocurrió, lamentablemente. – Bebió otro sorbo de café y volvió a observar el fuego-

-Bien, me contaste la historia de Takao, pero yo quería saber la de Brooklyn y Hitoshi…

-Calma, chico ruso – Rei sonrió, nuevamente observándole con ese brillo de doble intencionalidad en el rostro.- Era necesario que te contara eso para que entendieras el actuar de Hitoshi con Brooklyn…

-¿Y cómo era su actuar con Brooklyn?

-Bien, bien, quedé en cuando Takao intentó… - desvió la mirada y prefirió censurar la palabra "suicidarse"- … Luego de esto, él regresó con la idea de que todos los que estamos acá conspiramos contra él para que no muriera…- rió levemente, sonriendo con amargura- Y llegó decidido a hacernos saber "que con él no se jugaba"… estoy diciéndote las mismas palabras que repetía siempre él. Sus delirios y paranoia habían aumentado, así que le cambiamos de tratamiento y desde entonces yo me hago cargo de él. Fue ahí cuando Masefield llegó a manos de Hitoshi. Creo que no fue la mejor idea, porque en ese entonces para Brooklyn eran muy comunes los intentos de suicidio. Estaba diagnosticado con depresión endógena, porque actuaba muy parecido a Takao, cuando recién llegó acá.

-¿Cuántos intentos de suicidio ha tenido Brooklyn?

-No recuerdo con exactitud, creo que a lo largo de su vida han sido unos seis, dos de los cuales quedó bastante grave, pero él sólo recuerda uno.

-¿Y eso por qué?

-Aún no nos han dicho, pero sí tenemos claro que a Brooklyn le darán otro diagnóstico pronto. Al menos eso dijo su psiquiatra.

-¿Y qué ocurrió entre Kinomiya y Brooklyn? – A Kai sólo le faltaba una lámpara y un grupo de investigadores tras un espejo unidireccional. Eso a vista de cualquier persona habría sido un interrogatorio.

-Nada bueno. Hitoshi estaba mal y no trataba bien a Brooklyn. Se desesperaba al ver que estaba igual que su hermano… y… llegó a golpearlo en algunas ocasiones… presa de la angustia, supongo.- Bajó a tal punto la voz que a Kai se le hizo difícil escucharlo-

-¿Justificas que lo golpeara?- preguntó el ruso, enfadándose bastante-

-¡No, no! ¡Claro que no! Sólo intento comprender porqué lo hacía…

Kai le observó en silencio, tratando de unir cabos sueltos. A juzgar por la conversación que había escuchado entre Rei y Mystel, ambos justificaban el que Brooklyn hubiese sido golpeado y encerrado luego, en especial Mystel.

-Bien, ¿qué ocurrió después? – trató de menguar su enfado, no quería quedarse sólo con la mitad de la historia.

-A Brooklyn le cambiaron el psiquiatra. Y junto con esto, cambió su diagnóstico y tratamiento… - negó con la cabeza- Si bien ahora Brooklyn sigue con ese diagnóstico y un tratamiento relativamente parecido… en ese entonces el cambio causó estragos en él. – Terminó de decir Rei cruzándose de brazos.-

-¿Por qué?

-Con el cambio paulatino de medicamentos Brooklyn comenzó a reaccionar de manera distinta. Creo que inconscientemente quiso "vengarse" de Hitoshi por la forma en la que este le había estado cuidado, que no había sido la mejor… al menos eso suponemos nosotros. – Hizo una pausa antes de continuar, en la que se quedó prendido de los ojos de Kai.- Brooklyn se transformó en otra persona, más agresivo, hiriente con sus palabras, todo lo contrario a lo que había sido durante los primeros meses que había estado con Kinomiya. Muchas veces tuvimos que hacernos cargo de Hito, porque Masefield le decía cosas que… lo dejaban destruido. Tu paciente, Kai, había aprendido a dar en el punto débil de su cuidador y no dudó en atacarlo cada vez que pudo.

-¿Y qué hacía Hitoshi?

-Se le salió de las manos, y comenzó a creerse lo que Masefield le decía. Que si Takao moría, sería enteramente su culpa, porque lo había dejado solo, que era un inútil que ni siquiera podía sanarse a sí mismo…

-Suena a drama de telenovela – comentó Kai, sin creerle mucho al pelinegro-

-La realidad supera la ficción Kai. Brooklyn en vez de dejarse golpear comenzó a responder, pero con golpes psicológicos que desarmaban fácilmente a Hitoshi.

-Narras como si se tratara de una historia del CSI…- musitó Kai sonriendo algo burlesco.

-Ey, tú querías saber…

-Es que se me hace imposible que un paciente pueda terminar desarmando a alguien de esa forma…

-¿Por qué crees que Hitoshi ya no lo cuida? Brooklyn le hizo tanto mal que este acabó por intentar…

-¿Suicidarse?- a medida que decía esa palabra, sus ojos se abrían lentamente ante la sorpresa.

-Sí.

Hiwatari se quedó observando el fuego en la chimenea en silencio. La verdad era que Rei no mentía en nada. El organismo de Brooklyn había reaccionado de modo inesperado ante los nuevos medicamentos, y su estabilidad mental, que hasta el momento en que le cambiaron de psiquiatra había sido casi nula, se había ido de paseo durante los cuatro meses que le siguieron al cambio de tratamiento hasta que Hitoshi había intentado terminar con su vida, bajo esa insoportable presión de tener que cuidar a Brooklyn.

-Luego de eso, dejamos a Brooklyn en la habitación A. Le hicieron exámenes y se dieron cuenta de que una cantidad mal administrada de Clorpromazina estaba ocasionándole gran parte de los problemas. Reemplazaron algunos medicamentos y le recetaron otros, los que tiene en este momento. Ahora lo ves mucho más calmado, ¿no? Es gracias a que se acostumbró al tratamiento y de que al fin hallaron una manera para mantenerlo bajo control. Tienes suerte.

-Supongo que entonces no me debo sorprender si sale con llantos repentinos o con ataques de agresividad, ¿no?

-Precisamente, aunque es algo poco probable… En caso de que llegara a pasar se lo tienes que decir a su psiquiatra, que por cierto, viene hoy…

-Es cierto…- se puso rápidamente de pie. Tendría que ir a ver a Brooklyn, entonces, y prepararlo para que viera a su psiquiatra.- Gracias… por contarme todo esto, Rei… - apenas movió los labios para agradecer. No estaba demasiado acostumbrado a hacerlo, pero suponía que era necesario.

-¿A dónde vas?

-A ver a Brooklyn.

Y sin decir más, salió de la estancia, dejando tras de sí a un frustrado Rei, que no podía evitar sentirse usado por el peliazul.

Kai caminaba ahora con un manojo de dudas más grande entre sus manos. Y su mayor problema era que no sabía si creerle a Rei. No podía confirmar nada con su paciente porque este le había dicho que no recordaba casi nada de ese periodo, pero entre lo poco que le había contado Brooklyn, y en comparación a la historia de Rei, habían muchos hechos que concordaban; Su condición cuando Hitoshi le había llegado a cuidar, el actuar de este por el intento de suicidio de su hermano, los golpes, el cambio de tratamiento, el tiempo encerrado… Demasiadas coincidencias y no las podía ignorar simplemente porque fuera un escéptico. Tal vez algunas cosas en la realidad no distaban demasiado de aquello que leía en sus libros o veía, muy de vez en cuando, en la tv.


Brooklyn se encontraba dormido cuando Kai entró, intentando no hacer ruido, a su cuarto. Estaba apoyado sobre su escritorio, encima de un montón de hojas escritas con una ínfima letra, por ambas caras. Hiwatari ladeó la cabeza y se acercó a él, intentando leer algo de lo que había escrito, pero al instante recordó la mirada demandante de Brooklyn y su voz diciéndole con firmeza "No leas sin que yo te autorice". Desvió la vista hacia el fino perfil del inglés y se quedó en silencio observándole. De nuevo tenía esa apariencia de niño desprotegido. No le parecía posible en esos momentos que él, un sujeto aparentemente tan pacífico, pudiera haber atormentado a alguien hasta hacer que intentara suicidarse. Tal vez Hitoshi había quedado demasiado tocado por lo de su hermano y por ello lo había hecho, no creía que Brooklyn pudiera ser capaz de provocar algo así… ¿o sí?

-No… tú no…- musitó apenas Kai y acercó inconscientemente una de sus manos al rostro de Brooklyn, para mover un mechón de cabello que le caía rebeldemente sobre los ojos.- Tú no eres capaz…- Su mano de deslizó por la mejilla del mayor en algo muy semejante a una caricia. Se turbó completamente cuando notó que algo parecido a una sonrisa se dibujaba en los labios del pelinaranja.

-¿Mi psiquiatra ya llegó?- La voz de Kai le había despertado, y aquella caricia, que desde ese momento repercutiría en las paredes de su cabeza por un buen tiempo, no había pasado desapercibida para él.

-…- Kai se alejó rápido de su paciente y tragó saliva. ¿En qué momento había despertado? Apartó la vista y negó.- Está por llegar…- Al menos Brooklyn ya estaba bien, volvía a sonreír como de costumbre.-

-Entonces deja que me aliste. En cualquier momento tocará la puerta.-

Se puso de pie, y se estiró levemente, bostezando ante la mirada atenta de su cuidador, al cual se acercó sonriente, luego de un par de segundos, para acariciarle apenas la mejilla izquierda, enfocando sus ojos en los de él.

-Kai, Kai… - comenzó a decir con voz algo somnolienta, pero sin quitar esa sonrisa de sus delgados labios.- Harás que termine enamorándome de ti.