Perdónenme la tardanza, ¡por favor! He andado muy distraída y simplemente sin inspiración. Prometo que para el próximo capítulo no tardaré tanto. Muchas gracias por sus comentarios, espero este nuevo capítulo sea de su agrado, he. Al fin sabrán qué demonios tiene Masefield. ¡Muchas gracias por leer!
Dissociative
Capítulo VI
Hiwatari movía inquieto su pierna izquierda mientras observaba con ojos ansiosos aquel reloj que, frente a él, avanzaba con extrema lentitud, casi en señal de burla, manejando su humor a tal punto que quería estrellar aquel infernal aparato contra el piso. El segundero hacía eco en las paredes de ese pasillo, situado en el sótano del edificio, lleno de puertas que el peliazul desconocía donde llevaban.
-Kai,Kai… Harásquetermineenamorándomedeti.-
Apretó su puño izquierdo, que reposaba sobre una de sus piernas. Las palabras de Brooklyn no habían dejado de rondar su aturdida cabeza durante todo ese rato que llevaba a la espera. ¿No era osado por parte del inglés decir esa clase de cosas? Y peor aún, él mismo las estaba tomando en cuenta, él mismo dejaba que el inglés descubriera cómo tenerle a su merced, o simplemente cómo incomodarle.
-Idiota…- murmuró mientras se rascaba con el dedo índice la frente, cerrando los ojos. Cada pequeño detalle que se añadía a su estadía en ese lugar hacía que quisiera marcharse con más premura. Estaba incómodo, irritado, más amargado que de costumbre y eran precisamente ESA clase de comentarios los que le aguaban cualquier intento de distracción. Le atribuía la culpa al inglés, pero en el fondo sabía que él era el que daba demasiada importancia a cosas que tal vez no la merecían en absoluto… como ese comentario, por ejemplo.
-Deja de pensar en ello…- Se dijo a sí mismo mentalmente. Pero el sencillo hecho de pensar en lo que podía pasar si efectivamente el comentario de Brooklyn se volvía una realidad próxima, le erizaba los vellos de la nuca. No sería nada agradable tener a un loco enamorado tras de sí.- Deja de pensar en ello- Repitió y alzó la cabeza, mientras se acomodaba mejor en donde estaba; un mullido sofá negro, que contrastaba con las blancas paredes de aquellos pasillos tan minimalistas. Sí, aquél era un sofá muy confortable…
Posó sus ojos en la puerta por la que Brooklyn, hace ya unos veinte minutos, había ingresado con su psiquiatra; un sujeto menudo, regordete, y de bigote ya blanqueado por el paso inexorable de los años. Se había presentado, amable, como Toshiro Masaka, y no había esperado demasiado para hacer ingresar a Brooklyn a su correspondiente terapia.
-Hoy saldrás con nuevo diagnóstico, Brooklyn, tenlo por seguro. Las cosas mejorarán. - Había dicho con una cándida sonrisa antes de haber cerrado la puerta tras de sí, para ingresar a esa habitación que no tenía nada que envidiar a un consultorio bastante caro.
Para Toshiro, el caso de Brooklyn era bastante excepcional, y eso mismo era lo que hacía al chico tan diferente, especial en todo sentido de la palabra. Era un caso bastante complicado, y aquello le emocionaba. Llevaba atendiendo a Brooklyn cinco meses, demasiado tiempo a su juicio como para estar dudando del diagnóstico de un paciente, pero tras estudiar el historial médico de aquel chico de hermosos ojos verde agua de forma meticulosa y exhaustiva, había logrado llegar a una conclusión sobre el estado de él. La verdad es que el diagnóstico que tenía pensado para su paciente podría ser rebatido por muchos de sus colegas, ya que no todos lo aceptaban como válido, pero a lo largo de sus años ejerciendo su labor, se había topado con cinco casos parecidos y muy complejos. Tres de esas cinco personas con el mismo problema del inglés habían tenido una recuperación satisfactoria tras haber seguido el tratamiento adecuado. Con Brooklyn, sólo tenía que realizar un par de "pruebas" y tendría todo confirmado.
Kai suspiró, el recordar el comentario del especialista sólo le ponía más ansioso. Era un plus para que sus nervios le llevaran a un punto de tensión extrema. Ahora sabía que Brooklyn podía llegar a tener dobles intenciones con él y, aparte, sabría su diagnóstico.
Un sujeto de cabello castaño claro, de apariencia severa, dobló por el pasillo donde estaba Kai, y, sin mirarle siquiera, pasó de largo de donde estaba y se dirigió hacia una de las puertas del fondo, cuatro de las cuales tenían escrito "A" en la placa. Hasta ese momento Kai no se había dado cuenta de aquel detalle. De seguro uno de esos cuartos era donde habían tenido encerrado a Brooklyn.
El castaño, fornido y totalmente serio, sacó un manojo de llaves de uno de los bolsillos de su bata blanca, y entró en silencio por una de esas descoloridas y lisas puertas, cerrándola tras él, haciendo un ruido seco. Kai, algo intrigado, se quedó observando por un lapso de dos minutos hasta que la puerta se volvió a abrir. Recuperó su compostura y de reojo, logró ver cómo el castaño guiaba, sujetando de los hombros, a un chico de cabellos color gris, de unos veintinueve años, mientras le hablaba con voz forzadamente cálida, y mirando directamente hacia el frente.
-Bien, Bryan, ¿es mejor así no? Tranquilo, mañana hará buen clima y saldremos un rato, ¿te parece bien?
El peligris, llamado Bryan, asintió sin decir palabra alguna, casi por inercia. Tenía los ojos idos y los labios entreabiertos. Su expresión facial era nula, estaba completamente dopado. Parecía ignorar que alguien le guiaba y que una camisa de fuerza le comprimía el cuerpo, impidiéndole hacer cualquier tipo de movimiento brusco.
-¡Hola Sergei! ¡Bryan, te ves muy bien hoy!- Esa era la voz de Mystel, que desde el final del pasillo, se aproximaba con aspecto cansado, llevando un montón de bolsas de color verde, probablemente llenas de medicinas.-
-¿A que sí?- musitó el castaño, Sergei, mientras observaba de reojo al dopado chico que guiaba- Lo llevaré arriba un rato, a la sala de estar tal vez-
-Me parece bien, estaban viendo un documental- Asintió Mystel con una sonrisa de oreja a oreja mientras retomaba su camino por el pasillo.- ¡Luego nos vemos!
El rubio siguió andando con la vista fija en las baldosas blancas que cubrían el piso de aquel frío pasillo, hasta que notó que Kai estaba a no más de dos metros de distancia.
-¿Kai? ¡Vaya! No te había visto – se acercó al chico peliazul, manteniendo esa sonrisa que, a ojos de Kai, era falsa y tediosa- ¿Estás esperando a que Brooklyn salga?
-Sí- respondió el ruso secamente, entornando sus ojos para ver bien a Mystel.
-¿Y por qué no estás viendo cómo avanza la terapia?- el rubio dejó las bolsas en el suelo, mientras se estiraba y soltaba un largo suspiro-
Kai se quedó en silencio. Si le hubiesen dicho que eso se podía hacer, habría accedido, por supuesto.
-¿Eso no intervendría en el transcurso de la terapia?- preguntó con voz apagada y bastante extrañado el peliazul-
-No, porque Brooklyn no sabría que estás viendo… Creo que olvidé decírtelo – ladeó su cabeza y en sus ojos apareció un leve amago de culpabilidad- Lo siento. Dame un segundo y podrás ver qué ocurre ahí dentro.- Recogió las bolsas del suelo rápidamente y entró por una de las tantas puertas que llenaban las paredes de ese pasillo.
El ruso-japonés suspiró con exasperación, cruzándose de brazos. Cerró los ojos, intentando pasar por alto la ansiedad que ahora era mucho mayor. Odiaba que le hicieran esperar, y apretaba cada vez con más fuerza sus puños a medida que los segundos avanzaban. No fue luego de mucho cuando el rubio regresó donde estaba Kai, con una amable sonrisa en los labios y sin cargar nada en sus manos, excepto un manojo de llaves.
-Ven, es acá.- Guió a su acompañante hacia la puerta que conducía a la habitación contigua a la que se encontraba el inglés hace ya bastante tiempo.- A veces estudiantes de psiquiatría y psicología vienen aquí a hacer observaciones en las terapias, pero ha pasado en escasas ocasiones. No nos gusta demasiado que vengan estudiantes.
-¿Porque podrían descubrir en las pésimas condiciones que tienen a algunos pacientes?- preguntó Kai con la voz llena de reprobación.
Como respuesta, Mystel se limitó a mirarle de reojo y morderse el labio inferior, mientras se ubicaba frente a un espejo unidireccional.
Hiwatari se abrió paso a través de la habitación. No era demasiado grande. En ella había una mesa con cuatro sillas a su alrededor, una estantería con una colección de unos veinte libros, todos sobre psicopatologías, ordenados por tomo, una solitaria planta junto a una ventana y una máquina para hacer café. En una de las paredes había un espejo rectangular, unidireccional, de un metro y medio de largo, que dejaba ver lo que sucedía en la habitación contigua, pero no permitía que los ocupantes de aquella habitación vieran a Kai y a Mystel del otro lado. Kai llegó junto a su rubio acompañante y observó con detención a Brooklyn, que se veía completamente distinto.
-Ahí está Brooklyn- Mystel se quedó mirando al pelinaranja que charlaba con su psiquiatra, recostado en un diván, apenas moviendo los labios. Apretó un botón que encendía los micrófonos del cuarto, que tenía las cortinas cerradas y todas las luces apagadas, y la conversación de Masefield con el profesional que le hacía compañía llenó la habitación en la que se encontraban Kai y Mystel, saliendo sin hacerse esperar desde un parlante ubicado en la pared, sobre el espejo.-
-… si hubiese estado en mis manos, le hubiese dado yo mismo muerte a ese bastardo, ¿entiendes? Murió demasiado rápido… en un accidente automovilístico. Borracho, para variar.
A Kai se le erizó la piel cuando escuchó la voz de su paciente. Era como oír a un encarcelado. Su voz era apagada, grave, llena de rabia, impotencia reprimida. Hablaba bajo, con los dientes apretados y sin apartar la vista del blanco y liso techo. Aguzó el oído, quería escuchar todo, entender qué ocurría.
-¿Abusó de ustedes tres?
Brooklyn cerró los ojos con fuerza, frunciendo el ceño. Tenía un semblante resentido, mezcla de rabia y humillación. Asintió suavemente con la cabeza mientras apretaba los puños a tal punto de hacerse daño con sus propias uñas.
-¿Y Brooklyn casi no recuerda?- decía el psiquiatra con voz suave-
-Casi nada, porque para eso estamos "el Estúpido" y yo. Brooklyn es capaz de recordar muy pocas veces de cuando fue abusado, cuando no tenía más de ocho años.
Tanto Mystel como Kai estaban atónitos, inmóviles frente al espejo, observando a ese personaje que en realidad no se parecía NADA al Brooklyn que los dos creían conocer, al menos en el modo de comportarse, hablar y expresarse.
Las palabras que se oían desde aquel parlante en la pared le aguijoneaban los oídos a Kai, tanto por su contenido como por el tono grave y resentido que "Brooklyn" usaba para darse a entender; la rabia personificada en él, las ganas de gritar, de desquitar una vida de abusos llevada sobre los hombros durante tanto... No había que ser demasiado observador como para notar toda esa mezcolanza de sensaciones en el inglés, que en esos momentos intercambiaba palabras, bastante decidoras, con el menudo psiquiatra que le escuchaba atento y anotaba cada tanto una que otra frase en una hoja de papel algo amarillenta, con letra casi ilegible.
-¿Sabes qué ocurrió con Hitoshi?
-¿Me crees estúpido?- Brooklyn abrió los ojos de golpe y se incorporó en el diván, para voltearse y poder ver al psiquiatra a los ojos- ¿Quieres saber si yo fui el responsable?
Como respuesta sólo recibió el silencio del regordete hombre y un alzamiento de cejas por parte de este, como hace quien espera oír algo que ya sabe de antemano.
-Yo hice lo que tenía que hacer.
-¿Y qué era lo que tú tenías que hacer?
-Decirle la verdad- La voz golpeada de Brooklyn al contestar le hizo a Kai dar un respingo- Él sabe que si su hermano está así, como está ahora, es porque él no pudo cuidarlo bien…
-¿Consideras que el que Takao esté enfermo es culpa de Hitoshi? – preguntó serio mientras tomaba unos cuantos apuntes rápidamente-
-Que esté enfermo ahora, sí. Takao enloqueció porque es un imbécil… Pero Hitoshi no sirve para cuidar a nadie, no puede mantenerse dentro de sus cabales, se descuida, pierde la paciencia en la misma cantidad de segundos en la que el cuerpo de Takao tardó en chocar contra el piso, ¿y pretendía aún así salvar a su hermanito? – una sonrisa llena de sorna se le dibujó en el rostro lentamente, mientras abría exageradamente los ojos- Había que ponerlo en su lugar. El intento de suicidio de su hermano fue la prueba concreta de que Hitoshi estaba haciendo mal las cosas, él lo sabe, puedes estar seguro que hasta el día de hoy se lo recrimina, y es gracias a mí, yo sólo me encargué de que no olvidara eso… y también de hacerle entender que golpear no es el mejor método para "arreglar" las cosas, y mucho menos a las personas.
-¿Y consideras que si Hitoshi se hizo algún tipo de daño, es culpa tuya?
-En lo absoluto…- ladeó la cabeza, entrecerrando los ojos y escrutando al psiquiatra con la mirada- Es todo culpa de él, yo sólo le ayudé… digamos… a abrir los ojos. Yo no le dije que se suicidara. – arrastró las últimas palabras mientras apretaba más y más sus puños.
-Recuéstate, Brooklyn.- Dijo el psiquiatra, con voz demandante, mientras se ponía de pie.
Brooklyn, observándole con desconfianza, se fue recostando en la camilla, pero sin cerrar los ojos ni sacarle estos de encima al hombre que le acompañaba.
Hiwatari no podía observar el rostro del psiquiatra, ya que este se encontraba de espaldas, pero logró ver cómo llevaba una mano al rostro del inglés y la ponía sobre sus ojos. Brooklyn se resistió en un comienzo, sujetando la mano del mayor, pero el hombre comenzó a hablar en voz baja, casi en susurros, impidiendo que Kai o Mystel entendieran qué decía y provocando que el pelinaranja fuera lentamente bajando la guardia y cerrando de apoco los ojos, mientras respondía a ciertas preguntas o afirmaciones y asentía o negaba con la cabeza. Su cuerpo pareció finalmente relajado y el psiquiatra se alejó, volviendo a sentarse junto al escritorio. Tomó los papeles en los que había estado escribiendo y rápidamente comenzó a traspasar sus anotaciones al computador que estaba encendido sobre aquel mesón, dejando mientras tanto a su paciente sobre el diván, aparentemente dormido.
-¿Qué… es lo que pasa con Masefield?- Mystel observaba con los ojos desorbitados y la boca entreabierta al ahora tranquilo y relajado pelinaranja.
-No me preguntes a mí, no lo sé…- Kai estaba igual de confundido que el rubio, pero, a diferencia de este, lo disimulaba.
Kai callaba, mientras intentaba dilucidar a qué podía corresponder aquello que acababa de ver. Lo primero que se le venía a la mente era una doble personalidad, pero eso le parecía sencillamente ilógico. Debía haber, a su juicio, una explicación más racional.
-Despierta, Brooklyn – Toshiro llamó suavemente desde su escritorio al menor después de unos diez minutos de haber estado escribiendo sin detenerse.
Kai y Mystel se habían quedado en completo silencio durante todo ese rato. Mystel ojeando un libro, y Kai observando con detención al psiquiatra. Una vez que escucharon los dos la voz del mayor, volvieron a concentrarse en Masefield.
Brooklyn hizo ademán de despertar, y poco a poco comenzó a abrir sus ojos verde agua. Parecía desorientado.
-¿Me… dormí?- preguntó con el entrecejo levemente fruncido, una vez que se hubo sentado en el blanco y mullido diván.
-No precisamente- El mayor sonrió tranquilamente, mientras tomaba dos hojas que salían desde la impresora que se encontraba junto al escritorio, para luego meterlas en un sobre- Lo que hoy hicimos fue una hipnoterapia, Brooklyn, y me fue de mucha utilidad.
-¿Ya sabe entonces qué ocurre conmigo?- Los ojos del muchacho inglés se abrieron con un leve brillo de esperanza-
-Sí-
A Kai se le tensaron los músculos de la cara al oír aquella respuesta tan segura. Quería saber pronto qué era con lo que tendría que lidiar entonces.
-¿Y… qué es, Doctor?
-¿Recuerdas, Brooklyn, esas conversaciones que decías oír a menudo, y que muchas veces mencionaban cosas de tu propia vida que tú no logras recordar?
El inglés asintió, golpeteando los dedos de sus manos casi histéricamente sobre sus rodillas, mientras observaba atento al menudo hombre que le acompañaba, desde el diván.
-Lo que en realidad escuchabas, era… ¿cómo explicártelo?- tenía que ser cuidadoso con su manera de decirlo, no quería desatar estragos en su paciente- era una conversación mantenida entre dos partes de ti, que tú no conoces. Tú no eres conciente de ello.
-¿Eh?- el inglés ladeó la cabeza, sin entender mucho en verdad- Lo siento, pero… no logro entenderle.
-Brooklyn, tienes algo llamado Trastorno Disociativo de Identidad. Personalidad múltiple.
Un largo e incómodo silencio se hizo presente tanto en la habitación donde estaba Brooklyn como la de Kai. ¿Personalidad múltiple? Kai, entonces, había acertado.
Brooklyn entreabrió los labios mientras mantenía su mirada fija en el psiquiatra. En su rostro, el estupor se hacía presente; trataba de asimilar las cosas. ¿Cómo era posible y en qué momento había ocurrido? Bajó la mirada mientras una pequeña sonrisa se dibujaba en su rostro. Soltó una risotada nerviosa y negó con la cabeza.
-¿Qué? Lo siento, sigo sin entenderlo…- No dejaba de negar con la cabeza. Volvió a poner sus ojos sobre el regordete hombre mientras se rascaba la mejilla con su mano izquierda-
-Ah, vamos, sí entiendes Broo, no me hagas repetirlo…- El mayor suspiró y tomó su cuadernillo donde tenía anotado todos aquellos apuntes que había hecho durante esa sesión, que estaban adjuntos con el historial clínico de Brooklyn- Iremos por parte, te explicaré, en resumen, de qué se trata esto y qué haremos para solucionarlo, ¿si?
Masefield dejó de lado esa sonrisa nerviosa y se mordió el labio inferior. Asintió, agachando la mirada, comenzando a sentir un horrible dolor de cabeza. No le quedaba más que escuchar.
-El trastorno de personalidad disociativo, Brook, es cuando dentro de un mismo individuo existen dos o más identidades o estados de personalidad diferentes.- Observó al chico que ahora se veía bastante triste y perturbado desde su lugar.- Comienza en la infancia cuando el niño o niña ha estado expuesto a situaciones traumáticas, generalmente abusos del tipo sexual o maltrato físico, en la mayor parte de los casos por parte de una persona que supone ser una figura protectora,paternal…- Al llegar a este punto, Brooklyn instintivamente dio un respingo y alzó la mirada, buscando la del psiquiatra. Su dolor de cabeza se acentuó un poco más, pero poco le importó.-
-¿Paternal… dice?-
-Sí, paternal Brooklyn. ¿Te recuerda a algo?- El mayor usó el tono de voz más cándido que tenía-
El chico pelinaranja apretó con fuerza la mandíbula mientras los ojos, sin querer, se le comenzaron a aguar lentamente. Se limitó a asentir, mientras se le agitaba la respiración. El dolor de cabeza se acentuaba.
-Tranquilízate, ven, siéntate acá…- le indicó la silla vacía frente al escritorio, sin dejar de observarle-
-N-no, aquí… estoy bien- musitó apenas, secándose rápidamente las lágrimas que comenzaban ya a caer por su rostro- Me recuerda…- comenzó a decir con un hilo de voz- a Matthew…- una horrible puntada en la cabeza, que ya no pudo ignorar, le obligó a guardar silencio- agh…- se recostó precipitadamente sobre el diván mientras se llevaba una mano a la frente.
-Cállate, cállate, cállate.
-¿Te encuentras bien, Brooklyn?
El menor negó lentamente con la cabeza. Las lágrimas le surcaban tristemente el rostro. Su delgado cuerpo se estremecía por los sollozos y sus labios temblaban. Quería hablar, pero la voz no le salía.
Toshiro se quedó en silencio, esperaría a ver si por sí solo el inglés se calmaba. Suspiró despacio y dirigió una ávida mirada hacia el espejo.
Del otro lado del espejo, Kai y Mystel estaban aún más atónitos que hace cinco minutos. La impresión no dejaba de ir en aumento, y las dudas tampoco. Aún había muchas cosas sin explicar. En la mente del peliazul surgían más preguntas a medida que pasaban los segundos, en especial por la manera en que Brooklyn estaba ahora actuando. Se veía vulnerable. Parecía un niño.
-Quiero saber qué tiene que ver Matthew con lo que ocurre, doctor…- A pesar de estar llorando aún, y de estar sintiendo aquel dolor de cabeza que le mataba, se incorporó y entornó sus ojos, observando a su médico-
-Está bien, pero necesito antes que te calmes, ¿si? Respira profundo y recuéstate otra vez – se puso de pie y caminó hasta ubicarse junto al diván.-
Arrastró una silla y se sentó al lado del inglés, que hacía intentos por regular su respiración mientras se cubría la cabeza con los antebrazos. Una vez estuvo más calmado, el psiquiatra prosiguió con su explicación.
-Te había dicho que los abusos y maltratos, en la mayor parte de los casos, son cometidos por un sujeto que supone ser una figura paternal para el menor maltratado. Lo cual… es tu caso, lamentablemente, Brooklyn.- El psiquiatra esperó a ver la reacción del menor, que no fue tan mala como esperaba. Estaba ya más tranquilo, por lo cual había asentido suavemente, pero sin retirar los antebrazos de su cabeza- Tu tío se tuvo que hacer cargo de ti, y te cuidaba. Mas cuando se emborrachaba pasaba a ser una persona totalmente diferente, que muy al contrario de protegerte… abusaba sexualmente de ti. ¿No es así? – Brooklyn volvió a asentir, reprimiendo esas tremendas ganas de llorar nuevamente.
El dolor de cabeza del pelinaranja era casi insoportable, hacía grandes esfuerzos por no desmayarse y no perderse ninguna de las palabras del que estaba sentado a su lado.
-Tú, siendo tan pequeño, no podías comprender esos cambios de temperamento en tu tío Matthew, e inconscientemente separaste, digámoslo de esta manera, la información que recibías de una faceta de tu tío, cuando estaba ebrio, de otra, cuando estaba sobrio, y con ello separaste también lo que te provocaba cada una de estas facetas en Matthew, la rabia, la angustia, sin contar tu propia identidad, que está menos centralizada en un solo sentimiento, ¿entiendes? Aparte de ti, hay dos identidades más, pero que no son en sí demasiado distintas de ti, sino que te complementan. –dio un respiro y continuó hablando tras esa breve pausa. – Ha habido en tu vida ocasiones en las cuales ellos interactuaron, y son ellos quienes poseen los recuerdos de aquellas interacciones. Esto explica la ausencia de recuerdos por tu parte con respecto a muchos acontecimientos pasados.
A medida que el mayor hablaba, Brooklyn iba con lentitud descubriendo su rostro. El dolor de cabeza estaba disminuyendo, y las palabras llegaban con mucha más claridad a sus oídos. Ahora todo tenía mucho más sentido, comprendía, en cierto modo, lo que ocurría, pero le llevaría algo de tiempo asimilarlo, en definitiva.
-¿Qué hay de las conversaciones?
-Es normal en estos casos que la persona con el trastorno disociativo escuche… conversaciones internas de voces que no conoce, que son precisamente las otras personalidades "dentro" de sí.
-Comprendo…- dirigió su mirada hacia el espejo, provocando que a Mystel y a Kai se les helara la sangre- ¿Me voy a sanar… doctor?
El psiquiatra guardó silencio por unos momentos, la verdad es que el periodo en el que habían mantenido a Brooklyn bajo los tratamientos incorrectos, había influido negativamente en su trastorno, acentuando, con los medicamentos equivocados, la irritabilidad en el chico inglés, por lo cual a este le era difícil controlarse emocionalmente. Esto le otorgaba más autonomía para actuar a cada una de las identidades dentro del menor, pero el psiquiatra prefería creer que con hipnoterapia, haciendo un leve cambio a los remedios que Brooklyn consumía y una con supervisión adecuada, podría lograr una "fusión" de personalidades antes de que el menor empeorara y terminara por acabar con su propia vida, al verse limitado y no poder llevar la vida normal que tanto ansiaba.
-No te mentiré, Brooklyn, será un periodo de recuperación largo y tal vez difícil, pero estamos a tiempo. Estarás bien. Te receté un medicamento más en casos de crisis, y tendremos sesiones dos veces a la semana. Comenzaremos con un tratamiento de tres etapas. En la primera intentaremos hacer que puedas controlar de manera apropiada tus emociones y los síntomas que puedan desencadenar que tus… personalidades se salgan de control. En la segunda, con hipnoterapia mayormente, haremos que cada una de esas identidades dentro de ti asimile el pasado de manera apropiada, ¿entiendes? Esto te incluye por supuesto. Y por último haremos que tengas una vida normal, con tus emociones y estas identidades bajo control y sin creencias postraumáticas. En el mejor de los casos, Brooklyn, podríamos conseguir la fusión de las personalidades en cuestión. - le sonrió con calidez y le dio un par de golpecitos en el brazo.- ¿Tienes alguna otra duda?
El menor negó con la cabeza, observando a Toshiro con los ojos aún levemente aguados.
-Tienes que hacer un gran esfuerzo, e intentar estar tranquilo. Aléjate de las cosas que te alteren, ¿si?- Él y Brooklyn sabían perfectamente que entre esas "cosas" se encontraba Hitoshi.- Por cierto, ¿cómo te va con tu nuevo enfermero?- Preguntó mientras se ponía de pie para comenzar a recoger sus cosas. Ya estaba dando por acabada la sesión.
-Es… un buen tipo…- susurró Brooklyn mirando la palma de su mano izquierda.- No, en realidad es genial, ¿sabe?- Se sentó en el diván, para ponerse de pie. No sonreía, aún estaba en shock, pero sonó levemente más animado- Me ha estado cuidando mucho mejor que cualquiera de los demás que se han hecho cargo de mí a lo largo de mi vida.
-¿En serio?- Volteó a mirarle, sonriente-
-He…- al fin, un amago de sonrisa apareció en los labios de Brooklyn. Sus ojos destellaron entre esa oscura habitación y se posaron nuevamente sobre el espejo, justamente a la altura de los ojos del peliazul- Kai… me ayudará a sanar.
Hiwatari tragó saliva y apretó los puños. El inglés confiaba en él, plenamente, se veía en su mirada, y era imposible pasarla por alto. Estaba perturbado luego de haber oído la historia de Brooklyn y su diagnóstico. En cierto punto había llegado a sentir lástima por él. El pelinaranja había tenido una infancia aparentemente horrenda, y hasta esos días seguía pasándola mal. Se encontraba casi completamente solo, y en eso no eran muy diferentes. Kai tenía apenas un amigo y un pariente lejano que se había encargado de él hasta que había cumplido la mayoría de edad. Sus padres habían muerto cuando había cumplido los diez años. ¿Y Brooklyn? Él tenía a su primo, porque por lo que había escuchado su tío habría muerto en un accidente. Y no tenía a nadie más. Kai sintió cómo una leve presión en el pecho se le asentaba, y un nudo en la garganta que tenía hace ya bastante rato, se le estaba haciendo molesto. Su corazón latía con rapidez. Estaba tan concentrado en observar a Brooklyn, su mirada brillante, esa pequeñísima sonrisa en sus labios, que se había olvidado de que Mystel estaba a su lado, aún abrumado y hablándole a Kai, sin ser escuchado.
-¿Kai? ¡Kai!
-¿Qué, qué?- Despegó la vista de los ojos verdes de Brooklyn, que seguía mirando el espejo, y volteó para observar a Mystel.
-Debemos salir ya, la sesión acabó…- El rubio le sostuvo la mirada unos momentos y le sonrió compasivamente- Pareces conmovido.
-No digas tonterías…- Frunció el ceño y se dirigió a la puerta.
¿Conmovido él? Sí, tal vez sí estaba conmovido. Pero no lo admitiría.
Cuando estaba ubicando su mano sobre el pomo de la puerta, oyó nuevamente la voz del psiquiatra. Se detuvo.
-Kai ya te ha estado ayudando mucho, ¿no? Deberías darle las gracias…- Rió entredientes y comenzó a caminar hacia la puerta.
-Claro doctor, es lo menos que puedo hacer.-
-Rápido, no nos pueden ver saliendo de acá…- Era Mystel el que ahora abría la puerta y empujaba a Kai fuera de aquel cuarto. Lograron salir segundos antes de que el psiquiatra y Brooklyn abrieran la puerta.
-Yo me voy ya, Kai, nos veremos al rato…- Musitó Mystel y se alejó caminando rápidamente de ese pasillo. Él no tenía nada que hacer en ese lugar.
-Lamento la demora, Kai- se excusó Toshiro mientras caminaba hacia el peliazul, sin reparar en Mystel, y le entregaba el sobre en el se encontraban las hojas que había impreso a Kai- Aquí tienes el nuevo diagnóstico de Brooklyn, debes sacarle una copia y entregar una en recepción y otra te la puedes quedar tú.
Kai asintió y guardó el sobre cuidadosamente en uno de los bolsillos de su delantal blanco.
-Si tienes alguna consulta, no dudes en llamarme, mi número está en las hojas que te acabo de entregar.
-Bien- Respondió secamente Kai, serio, como siempre, y observó a Brooklyn que se veía tranquilo y le observaba atento.
-Me retiro entonces, nos veremos pronto Brooklyn, Kai, que tengan una buena semana.- se despidió de ambos con una leve reverencia, a la cual los otros respondieron, y dobló el pasillo, dejándolos solos.
Hiwatari esperó que Toshiro se fuera y que sus pasos dejaran de hacer eco en las paredes del corredor para voltearse a ver a Brooklyn, mas grande fue su sorpresa cuando, apenas habiendo conseguido poner sus ojos en el pelinaranja, sintió cómo los brazos de este le rodeaban y se aferraban con desesperación a su cuerpo. Kai se quedó quieto y tragó saliva, sin corresponder ese abrazo. Sintió cómo el mayor escondía su rostro entre su cuello y hombro, mientras temblaba levemente.
-Pensarás que soy un confianzudo, Kai, pero tengo miedo… -Brooklyn, nuevamente el borde del llanto, se aferraba a las ropas de su cuidador.-
Kai suspiró y desvió la mirada, levemente avergonzado y sin saber cómo reaccionar. Sabía que Brooklyn estaba aterrado, aunque tratara de mostrarse tranquilo, sabía que el inglés no era más que un pequeño niño asustado, solo.
-Lo… sé…- comenzó a decir el ruso, pensando en qué hacer para consolar a su paciente- quédate tranquilo, ¿si? Te voy a ayudar, para eso estoy aquí.- Sus palabras no eran en sí demasiado cálidas por el tono de voz casi indiferente que usaba Kai.-
-Gracias…Kai- susurró apenas Brooklyn, suavizando un poco ese abrazo, haciéndolo menos efusivo.-
-Cállate.- Cerró los ojos. Ese nudo en la garganta le molestaba más que nunca- No me des las gracias.-
-¿Por qué no?
Suspirando, Kai rodeó el tembloroso cuerpo del mayor con uno de sus brazos, en un abrazo algo frío, sin estar muy seguro de lo que hacía.
-Agradéceme cuando te saque de aquí.- susurró-
Una pequeña y solitaria lágrima mojó el cuello de Kai, mientras una sonrisa de felicidad, que el ruso no logró ver, se dibujaba en los labios de Brooklyn.
-No, no. Te agradeceré cuando se me pegue en gana, Hiwatari.
Kai guardó silencio y negó con la cabeza, mientras pensaba…
-En qué lío me he metido… En qué lío…-
