Disclaimer:Beyblade y sus personajes NOMEPERTENECEN.Este capítulo contiene escenasquepuedendañarapersonassensibles. Si no te gusta la sangre o leer a Kai sufriendo, abandona rápidamente la página. Si eres un morboso como la persona que escribió esto… siéntete libre de continuar.

¡Hola! Luego de un hiatus algo largo, he vuelto~ Este capítulo es bastante denso, espero sea de su agrado y no se espanten con lo que hay aquí. Hehe… Por cierto, comenzaré a subir los capítulos entre los 10 y 15 de cada mes, para que estén atentos y así no se me pase el tiempo con cada actualización.

Este capítulo va dedicado a mi madre Lacryma Kismet, que está pasando un momento difícil. ¡Ánimo!


Miedo

Capítulo VII

Son pasadas las siete de la tarde cuando Hiwatari abre al fin los ojos. Se encuentra recostado sobre una dura camilla de hospital, en una habitación cerrada, ausente de ventanas. Sólo una puerta marrón oscuro, con terminaciones en burdeo, que tiene el seguro puesto, decora las paredes de aquel cuarto. Pero Kai nada de esto logra notar. Todo está en una penumbra absoluta.

Un punzante dolor de cabeza comienza a atacar al ruso-japonés apenas este abre los ojos. No sabe con exactitud dónde se encuentra ni tampoco cómo fue que llegó ahí. Confundido, trata de incorporarse de la camilla en la que está recostado, pero de inmediato nota que se encuentra inmovilizado. Unas ligaduras de cuero le tienen fuertemente asido de las muñecas y tobillos a los bordes de la cama. Forcejea contra las amarras, pero sólo consigue hacerse daño. Ahora su piel escuece, tiene marcas rojizas en sus muñecas y sus manos lentamente se entumecen. Su respiración se agita. Se desespera con cada minuto que pasa y se remueve inquieto sobre la camilla, con los ojos abiertos de par en par, tratando de ver algo a través de esa inexorable oscuridad. Pero es en vano.

Su corazón palpita a mil por hora, sus latidos retumban en su cabeza. Está enajenado, al fin inmóvil, tratando de buscar una explicación de porqué está atado.

Traga saliva. Repentinamente siente frío. Está sudando y la transpiración se le hiela. Recién entonces logra comprender que está completamente desnudo. Vuelve a removerse inquieto, mordiéndose el labio inferior hasta hacerlo sangrar. El amargo sabor metálico de la sangre invade de apoco su cavidad bucal, y luego desciende hasta su garganta, pero eso poco le importa. Necesita comprender cómo fue que llegó hasta ese lugar.

Con pesadez, deja caer su cabeza sobre la dura almohadilla y cierra los ojos. ¿Qué había sido lo último que había hecho? ¿Qué era lo último que recordaba? Suspiró. Con esfuerzos apenas lograba recordar la cara de Brooklyn muy cerca de la propia. Los ojos del pelinaranja estaban entornados hacia los suyos y le observaban con un brillo de malicia. Sus labios se movían, gesticulando palabras que salían desde una boca que se ladeaba en algo muy parecido a una sonrisa. ¿Qué había hecho Brooklyn? Trató de situar aquella memoria en algún lugar. Tras la cara del inglés había una pared de baldosas blancas, junto a ciertos instrumentos que colgaban de ganchos puestos en esta. Parecían cucharones. ¡La cocina! ¡Eso era! Había ido con Brooklyn a la cocina y este le había preparado un café a Kai. Y fue ahí cuando había comenzado a comportarse de un modo extraño.

Hiwatari abrió los ojos y nuevamente comenzó a recorrer la habitación con la mirada. A la mente se le vino la imagen del café que Masefield le había hecho; una taza blanca, humeante y que despedía un intenso y exquisito olor. Se le hizo agua la boca al recordarlo, pero rápidamente esa sensación fue reemplazada por otra, netamente angustiante. Precisamente luego de haber probado el café, había comenzado a sentir las extremidades muy pesadas. La taza había caído al piso, haciéndose añicos. Brooklyn, tras eso, se había acercado, tal vez de más, al peliazul, con su sonrisa y su mirada burlesca. Luego todo se había desvanecido en una nube de imágenes borrosas y ruidos irreconocibles.

-¿Me… dopó?- se pregunta Kai a sí mismo mientras su respiración comienza a agitarse otra vez, de puro nerviosismo.- No, es imposible…- ruidosamente, traga saliva mientras alza la cabeza lo más que puede.- ¡Brooklyn!- llama con la voz entrecortada y temblando levemente, mezcla de frío y miedo- ¡Brooklyn!

Se queda completamente quieto cuando siente ruidos tras de sí. Intenta voltear, pero le es imposible. Lo único que puede hacer es esperar. Escucha atento cómo el ruido sordo de pasos acercándose interrumpe arrítmicamente el silencio de la habitación. No hay ecos en el cuarto. Sólo un extraño mutismo.

A medida que los pasos se hacen más cercanos, le parece escuchar un murmullo. Abre más los ojos, al punto que los párpados llegan a dolerle. No logra identificar de quién se trata, pero tiene una leve sospecha.

-¿Broo… Brooklyn?- murmura, moviendo inquieto sus manos- ¿Eres tú?

Como respuesta, recibe una risotada que paulatinamente aumenta, justamente al lado de él. No le cabe duda alguna: Es Brooklyn. Siente una mano fría, que le eriza los vellos de la nuca, sobre su pecho. Los delgados dedos del mayor se pasean jugueteando sobre este, formando círculos alrededor de sus pezones. Kai suspira y, haciendo acopio de fuerzas, aún con los labios temblorosos, intenta sonar firme y seguro al hablar.

-Suéltame, idiota…- Pero su voz suena de todos modos entrecortada. Su respiración agitada y sus acelerados pálpitos dejan en evidencia que está asustado y desorientado-

La risa de Brooklyn se apaga unos segundos. Kai escruta con sus ojos carmesí a través de la oscuridad, intentando distinguir siquiera la silueta del otro, pero sólo consigue ver un monocromático paisaje de color azabache. Va a decir algo nuevamente, pero es interrumpido incluso antes de que pueda abrir la boca.

-No Kai, lo siento, pero no te voy a soltar…- Su voz es ronca. Kai de un respingo; no se trata de Brooklyn después de todo.

La escuálida mano del inglés asciende por su cuello hasta llegar a los labios de Kai. Acerca su boca hasta el oído del ruso y deja escapar las palabras en forma de siseo junto a este. Se estremece y retuerce un poco.-

-Hablo en serio, Brooklyn, ¿qué mierda estás haciendo?- Suena enfadado. Intenta alejar su rostro del inglés.-

Como respuesta, recibe de nuevo la risa del que le acompaña. Kai siente cómo Masefield se aleja y tras unos cuantos segundos la estancia se ilumina. Cierra con fuerza los ojos y luego los entreabre con lentitud, tratando de acostumbrarse a la intensa luz blanca que le provoca un agudo dolor en sus cansadas orbes.

Con esfuerzo, el ruso se incorpora apenas y mueve lentamente la cabeza de un lado a otro de la habitación, escrutándola atento. Se sorprende al notar que en el interior del cuarto hay solamente una camilla, un carro metálico con elementos quirúrgicos, un martillo y otras cosas que no alcanza a notar encima, y una silla. Todas las paredes están acolchadas y son de un color blanco tan intenso que Kai está seguro de que si lo mira por mucho tiempo, le provocaría un dolor de cabeza más fuerte del que ya tiene.

Brooklyn espera pacientemente a que Kai termine de examinar la habitación, y suelta una leve risa cuando nota que el ruso palidece al fijar la vista en el último detalle de ese cuarto, que yace un poco más a la derecha de la camilla, a la altura de los pies de Kai, en el suelo.

-B-Brooklyn…- Kai tiene los ojos desorbitados. Trata de controlar ese involuntario y molesto temblor en su labio inferior- ¿Qué mierda hiciste?

Junto a la camilla, en el suelo, un abundante charco de líquido carmesí oscuro brilla con fuerza bajo la luz de la lámpara del techo. Brooklyn camina hasta el charco, si inclina a mirarlo y, sonriente, niega con la cabeza, ignorando la pregunta de Kai.

-¿Sabes dónde estás?- Le pregunta con su ronca voz.

Kai traga saliva. Posa su vista alternadamente entre la posa de sangre y la sonrisa de Masefield. Sabe, o al menos cree saber, dónde está.

-En un cuarto de aislamiento- Susurra mientras observa como aquel hostil Brooklyn camina con parsimonia hacia él- ¿Cierto?

Brooklyn asiente, aproxima la silla que está junto a la camilla hacia Kai y se sienta en ella. Posiciona su rostro a la altura de los hombros del ruso y se mantiene callado por mucho rato. Hiwatari siente el cuello cansado. Se recuesta nuevamente en la camilla y cierra los ojos, intentando tranquilizarse y obviar la enorme poza de sangre que yace en el suelo, sólo a un par de metros de él.

Lentamente comienza a calmarse su ritmo cardíaco y el sudor ya no lo siente tan frío. Por un par de segundos cree que se va a quedar dormido. Consigue ignorar que Brooklyn está ahí, a su lado, a tan solo un par de centímetros de su piel. Siente el aliento cálido del inglés rozando su cuello. No está seguro de qué es lo que este quiere, pero está completamente seguro de que ese que está ahí no es en sí su paciente, sino "otro".

-¿Estás más tranquilo ya?- Hay un tono burlesco en la voz del mayor que hace que Kai se sienta molesto. Se vuelve a remover un poco sobre la camilla y abre los ojos con lentitud.

-Desátame.- Ordena, moviendo su cabeza en dirección a la de Brooklyn, quedando ambos a no más de unos cinco centímetros de distancia.

-No.- El pelinaranja responde concisamente.

Kai se muerde el labio inferior y guarda silencio nuevamente, por un minuto casi. Se aclara la garganta luego de pasado el tiempo y en un susurro, le pregunta.

-¿Qué quieres?

-Eso ya lo vas a saber.- Los ojos esmeralda del inglés irradian una mezcla de rabia y demencia. Se relame los labios ansioso y sonríe, mientras lleva una de sus manos a las mejillas de Kai y le acaricia casi de una forma paternal.- ¿Tienes miedo?

Inmediatamente Kai desvía la mirada. No piensa contestar a esta pregunta porque la verdad no sabe con exactitud cómo responder. Sí, tiene miedo, está seguro de ello, pero no quiere que Brooklyn lo sepa… al menos no de su propia boca. Resopla y se limita a guardar silencio.

-Vamos, sé sincero… no le diré a nadie que tienes miedo…- Se pone de pie nuevamente y se dirige al carrito metálico. Toma de este un clavo bastante grande, aparentemente oxidado, y un martillo, con una diligencia extrema.- ¿O tendré que sacarte el miedo a gritos?- se voltea con una sonrisa casi angelical en los labios y le enseña lo que tiene en las manos. Kai se encuentra ahora mirándole atento y con los ojos abiertos a más no poder.

-¿Qué vas a hacer?

Brooklyn ríe y se aproxima a los pies de la camilla, pasando su mano por todo el cuerpo del peliazul con delicadeza, delineándole el pecho, el tórax, su pubis, rozando su entrepierna y luego bajando por sus muslos. Se detiene una vez llega a los tobillos de este y los acaricia, mientras se muerde los labios con fuerza.

-Estás ansioso por saber, ¿cierto?- Su voz ronca hace eco en la cabeza del menor.

Kai se remueve inquieto al sentir que sus pies son tensados aún más a la cama hasta un punto en que le es imposible moverlos.

-¡Deja eso, Brooklyn!- Su respiración se torna agitada. El sudor nuevamente comienza a abrirse paso por sus poros. Los ojos le escuecen. Intenta resistirse inútilmente. Sabe lo que Masefield va a hacer. Está aterrado.

-No Kai… Quiero hacer esto, ¿sabes? Desde pequeño, desde que era un niño, sueño con hacer lo que estoy haciendo ahora.- Acaricia las pantorrillas de Kai calmadamente mientras hablaba, sin levantar la vista.- Me tenía que conformar con animales, ¿sabes? Te habría interesado saber cómo Brooklyn lloraba cuando encontraba a sus mascotas muertas de un día a otro. Las encontraba desmembradas en el patio.- Ríe entredientes, casi en un siseo. Se muerde con fuerza la lengua, casi hasta hacerla sangrar.- Era yo… era yo el que lo hacía. - Brooklyn, con toda tranquilidad, toma el clavo en su mano izquierda y lo acomoda en el tobillo del menor, a la altura de su peroné, y acaricia la piel del ruso con la punta de aquel pedazo de metal oxidado.- Hay algo en ti que me molesta, Kai. Y no me gusta que las cosas me molesten.- El martillo lo sujeta con la mano derecha con firmeza, para luego dejarlo caer pesadamente sobre la cabeza del clavo.

Kai, con los labios entreabiertos, respira afligido por la boca. Sus cuencas oculares escuecen y se anegan rápidamente de lágrimas mientras oye el pequeño discurso resentido de la "doble personalidad" de su paciente. Cierra con fuerza los ojos cuando lo ve alzar la mano derecha. Muerde sus labios para no gritar de dolor, pero es imposible. Siente cómo el clavo se abre paso a través de su piel y luego su hueso. Escucha el ruido de este al romperse, y tiembla con fuerza. Un alarido apenas retenido sale desde su apretada garganta. Se retuerce sobre la camilla dentro de lo que puede, desesperado. Las lágrimas le perlan las mejillas, quiere permanecer estoico, dentro de sus cabales, pero es inverosímil siquiera pensar en ello, no puede, está sometido.

-Detente… idiota…- Con la respiración entrecortada, Kai intenta hacerse escuchar por el otro, pero no lo consigue. Como respuesta, sólo obtiene un nuevo martillazo en su tobillo, que acaba de hacer añicos el peroné de su pierna derecha.

-Estoy recién empezando, Kai…- musita el pelinaranja para tomar, sin mucha delicadeza esta vez, un segundo clavo y dejarlo incrustado, de igual manera que el primero, en el tobillo de la pierna izquierda del ruso japonés.

Kai esta vez no grita y se limita a llorar en silencio. No puede respirar por la nariz, la tiene obstruida de mucosa que impide el paso del aire hacia sus pulmones. Tiene los ojos cerrados con fuerza y apenas se mueve. Cada vez que realiza un movimiento, por pequeño que sea, el dolor lacerante de sus tobillos le nubla la razón y lo deja en un estatus de semi-inconciencia. Quiere desmayarse, pero se da cuenta de que aún dista de hacerlo.

-Te encuentras bien, ¿Kai?- La voz de Brooklyn le parece extrañamente ajena, como si hablara desde una gran distancia. No quiere abrir los ojos. Teme saber con qué puede encontrarse si lo hace.-

Kai no contesta. El tono burlón en la voz de Masefield le hace querer romperle la cara a golpes, pero el punzante dolor en sus piernas le hace desistir de la idea. Siente cómo la sangre se le empieza a coagular alrededor de las heridas. Le pica. Le arde. Le duele.

-Déjame ir…- susurra Kai, luego de un rato. Las lágrimas ya se han detenido, pero el dolor sigue ahí, sin disminuir ni un ápice.-

-Si crees que puedes caminar, te dejo ir, Kai- El pelinaranja sonríe ladino y lleva una de sus manos llenas de sangre hacia el rostro de Hiwatari. Acaricia con cuidado su frente, dejándolo manchado de carmesí.- Vamos, ¿te ayudo a ponerte de pie?- su sonrisa se ensancha mientras se endereza y comienza a desatarlo. Nuevamente Kai trata de resistirse, pero el dolor a la altura de sus tobillos apenas le deja reaccionar.- Cuando te pares podrás ver a tu amigo Rei Kon, que también nos acompaña, pero está un poco callado… ¿No es tan malo así, no crees? Siempre odiaste que hablara tanto, ¿no?

Kai se queda inmóvil ante ese comentario y observa boquiabierto a Brooklyn.

-Tú no habrás sido capaz de…- No logra acabar la frase y grita de dolor. Brooklyn le está desatando los pies. Se incorpora a pesar del cansancio y el terrible malestar para intentar detenerlo, pero con un simple empujón el inglés logra someterlo. Cuando acaba, Kai está de nuevo recostado sobre la camilla, con la boca entreabierta, intentando ahogar todos sus quejidos, reprimiendo sus ganas de llorar.

-Vamos Kai…- le rodea con los brazos, impidiéndole moverse y lo carga con una fuerza que no aparenta su físico casi esquelético. Los pies de Kai no responden y prácticamente se arrastran sobre la camilla hasta caer de esta, haciendo peso muerto. Hiwatari se muerde nuevamente. La boca se le llena de sangre. Gimotea en voz baja y apenas trata de resistirse. Le clava las uñas a Brooklyn en el cuello, pero este con pequeños golpes a la altura de las pantorrillas de Kai, frustra todo tipo de intento de escape de su prisionero.

-Si miras a la izquierda, lo verás, Kai.- Susurra junto a su oído y le rasguña suavemente la espalda.-

Kai alza de apoco la cabeza y mira sólo de reojo a donde Brooklyn le indica. Apenas logra ver un cuerpo tirado en el piso, rodeado de sangre y en una posición un tanto extraña. Le toma una fracción de segundo darse cuenta de que esa posición extraña se debe a que las extremidades del cuerpo no están unidas a este. Abre incrédulo los ojos y busca la mirada de Brooklyn, que se ve expectante.

-Lo mataste…- un hilo de sangre se le escapa a Kai desde la comisura de los labios al hablar. Brooklyn se aproxima a él y la lame con la punta de su lengua, sonriente. Kai le esquiva y cierra la boca, tragando pesadamente el amargo líquido carmesí que se acumula en aquella cavidad.-

-Eres un genio.- Dicho esto, se inclina y apoya los pies de Hiwatari en el suelo, dejándolo a merced de sí mismo y alejándose de él, para ver cómo en no más de un par se segundos, el otro se retuerce de dolor en el piso, justamente sobre la poza de sangre de Rei Kon.-

El ruso escucha como sus propios gritos hacen eco en el cuarto. El punzante dolor le resulta ahora insoportable. De sus tobillos, la sangre chorrea. Pedazos de hueso están astillados y por cada movimiento que hace se le incrustan más y más en la piel. Apoya la cabeza en el suelo y le parece que se va a desmayar, sus ojos se cierran, pero se abren de golpe apenas siente caer uno de los pies de Brooklyn sobre sus heridas. Grita de dolor, gimotea, se retuerce y grita de nuevo.

-¡Kai, Kai!-


Cuando Kai abrió los ojos, lo primero que vio fue el rostro preocupado de Rei sobre él. Se encontraba cubierto completamente de un sudor frío. La pijama se le pegaba al cuerpo. Respiraba agitado y tenía la apariencia de haber estado llorando. Su cara estaba pálida, dándole un aspecto enfermizo, y le dolía la cabeza terriblemente. Desorientado, tomó el rostro de Rei entre sus manos, observándole atónito, y lo examinó meticulosamente para luego escanear el resto de su cuerpo, asegurándose que el chico pelinegro estuviera en una sola pieza.

-Es…estás bien…- musitó y recorrió con su confundida mirada la habitación en la que se encontraba, separándose del otro, que le sostenía los hombros. Estaba en su cuarto, el mismo que le habían designado cuando había llegado ahí.-

-Claro que estoy bien, Kai, tú eres el que no lo está… - le puso una mano en la frente, corroborando su temperatura. - Estás afiebrado. Desde ayer que te noto alicaído, de seguro te resfriaste…- musitó y le sacó algunas mantas de encima- Estabas teniendo una pesadilla… al parecer una muy mala…- le observó preocupado y le quitó de la frente un mechón de cabello que se le pegaba a la piel por el sudor.- Tranquilo… ya está bien.- Intentó sonreírle pero el aspecto del ruso no le dejaba muy tranquilo.

Rei había ido a ver a Takao para asegurarse de que este estaba dormido aún, cuando, al ir pasando junto al cuarto de Hiwatari, le había sentido gritar y quejarse. Fue cuando entró y lo encontró sobre la cama, retorciéndose y gimiendo por lo bajo, con una expresión de terrible dolor en su rostro. Sólo había atinado a despertarle de esa horrible pesadilla.

Hiwatari se sintió molesto, humillado. ¿Cómo había llegado ahí justo en ese momento? ¿Y por qué había soñado -de nuevo- algo de ese tipo? Desde que se había enterado del diagnóstico de Brooklyn, más o menos hace una semana y media, no había parado de tener ese tipo de pesadillas. Las personalidades del inglés en sus sueños le acosaban, jugaban cruelmente con él y no podía detenerlas. Desvió la mirada y frunció el entrecejo, alejando a Rei dándole un leve empujón.

-Vete, ya estoy bien – observó de reojo el reloj en la pared. Marcaba las 6.24 am. ¿Había sonado su despertador y no lo había sentido? Notó como Rei se había molestado por su acción.-

-No me iré, tú no estás bien… deberías descansar. Nosotros nos encargaremos de cuidar a Broo…

-Ni lo pienses, puedo hacerlo, no necesito que nadie me reemplace, vete.- Se puso de pie ignorando las peroratas del pelinegro y se metió al baño.

Una vez dentro de este, le echó seguro a la puerta y volteó para observarse en el espejo. Ese sueño había sido el más real de todos, el dolor, el miedo, la angustia, hasta el mismo Brooklyn habían resultado auténticos. Suspiró con pesadez y miró de reojo sus tobillos. Se inclinó y los palpó con cuidado, con miedo de encontrarse un clavo incrustado en la piel, pero todo estaba normal, como siempre.

Se incorporó de nuevo y dejó que el agua del lavabo corriera libremente durante unos segundos. Cuando consideró que estaba lo suficientemente fría, comenzó a enjugarse la cara con el líquido que caía del grifo, hasta que un mareo súbito le hizo detenerse y correr hasta la taza del baño a devolver todo lo que había comido el día anterior.

Desde afuera, Rei escuchaba preocupado. Tendría que convencer a Kai de que se quedara en cama ese día. No sabía cómo lo iba a hacer, pero no podía dejar que el ruso se pusiera peor. Salió de la habitación apresurando sus pasos hacia la enfermería. Debían revisar a Kai, aún contra su voluntad.

Mientras, dentro del baño, Hiwatari se enjuagaba la cara otra vez. Estaba más ojeroso que hace cinco minutos y el dolor de cabeza se le había acentuado. No se sentía de humor como para poder cuidar a Masefield, pero tenía que hacerlo, era su tarea, y debía cumplirla bien. Se sacó la ropa lentamente y entró a la ducha. Pasados unos minutos, la espuma del shampoo le cubría la cabeza mientras revolvía sin muchas ganas su cabello. Acto seguido, se enjuagó la cabeza y el resto del cuerpo y cortó el flujo del agua. Se secó, rodeó su cintura con la toalla y salió del baño no sin antes cerciorarse de que la habitación estaba vacía.

Lo primero que hizo al notar que el pelinegro ya no estaba en su cuarto fue cerrar con el seguro su puerta. ¿Cómo había conseguido entrar Rei? No había dejado abierto otra vez, no desde lo que había ocurrido con Brooklyn. Se detuvo un poco al recordar esa noche. La respiración del inglés rozando su piel era algo que seguía muy presente en él. Al menos ya entendía qué había sucedido. El de esa noche, en sí, no había sido Brooklyn, pero pensar en que una de las dobles personalidades del chico había creado ya un lazo de dependencia en tan poco tiempo le resultaba intimidante. Entendía la situación, pero no le servía para tranquilizarlo.

Rápidamente se vistió y tendió su toalla en el respaldo de la silla del escritorio. Desde ahí miró de reojo su cama. Estaba hecha un desastre. Las sábanas y frazadas estaban enredadas entre sí, una almohada yacía junto a la mesa de noche, en el suelo, y otra estaba en forma vertical sobre el mullido colchón. En verdad había sido una mala noche.

Sin demasiados ánimos arregló como pudo el desorden y tomó su celular del velador. Observó la pantalla lacónicamente y dejó escapar un breve suspiro. Quería llamar a Yuriy. Sentía que estaba haciendo las cosas mal, muy mal, y que nada eso tendría buenos resultados. Estaba inseguro, ahora más que nunca. A pesar de no haber tenido la vida fácil, y estar acostumbrado a la soledad, comenzaba a verse superado. Cada día en ese lugar era un plus para su naciente paranoia, y el no saber con exactitud cómo tratar con Brooklyn le crispaba los nervios. Nunca había sido empático, ¿por qué en algún momento se le había pasado por la mente estudiar enfermería y luego irse a medicina? Sus iniciales razones habían sido el dinero y la investigación, la práctica. Nunca le había interesado en verdad velar por el bien de los pacientes, todo se basaba en buscar respuestas a preguntas, descubrir qué ocurría con la persona. Y ahora que estaba haciendo lo contrario, sentía que lo hacía mal.

-Yuriy…- murmuró y marcó casi como autómata su número. Estaba seguro de que Yuriy Ivanov sabría que decirle. Lo conocía desde pequeño, era un gran amigo suyo… tal vez incluso algo más que un amigo. Se acercó el aparato al oído mientras escuchaba el tono de espera, cuando unos ruidos en su puerta le obligaron a abandonar la llamada. Frunció el ceño en exceso molesto cuando vio que Rei ingresaba a su cuarto, con una llave en mano. Una copia de su propia llave.- ¿Por qué tienes tú una copia de MI llave?- le cuestionó Kai, enfadado, al pelinegro sin darle tiempo ni de reaccionar.-

-¿Eh?- Rei pestañeó varias veces y luego le sonrió como si nada.- Supuse que habrías cerrado… así que busqué una copia abajo por si acaso. Hay copias de todas las habitaciones.- Avanzó por el cuarto en dirección hacia Kai.- Te ves un poco mejor. Te van a revisar en una hora más, y es mejor que estés en la enfermería para entonces porque si contagias a los enfermos, no te irá nada bien. Mientras, deberías tomarte esta pastilla.- Sacó de su bolsillo una pastilla envuelta en una pequeña cápsula de plástico de color amarilla.- Te aliviará el dolor de cabeza y la fiebre.- Susurró mientras colocaba sin previa autorización la palma de su mano izquierda sobre la frente de Kai.-

Hiwatari movió su rostro, molesto, y tomó sin mucha delicadeza la cápsula. No le dio ni las gracias a Rei y, aún sosteniendo la medicina, caminó hacia la puerta. Tenía que ir a ver a Brooklyn.- Asegúrate de cerrar al salir.- musitó y comenzó a avanzar con parsimonia por el pasillo.-

Cuando Kai llegó a la habitación de Brooklyn, este ya estaba despierto, recostado sobre su cama y leyendo tranquilamente un libro. Al sentir la puerta abrirse, el pelinaranja volteó y le sonrió a su cuidador.

-Buenos días Kai, ¿cómo dormiste?- Observó atento la expresión del ruso japonés y notó sus ojeras y su aspecto enfermizo- ¿te encuentras bien?

-Estoy bien, y dormí bien.- respondió breve y comenzó a repetir el mismo proceso de todas las mañanas, con el mismo humor de siempre, mezcla de hastío y resignación. Preparó las pocas cosas para que Brooklyn se duchara y luego tendió la cama. Cuando su paciente estaba ya duchándose, se sentó sobre el colchón y se sobó las sienes con cuidado. Los oídos le zumbaban y la fiebre no aminoraba. Tendría que tomar la pastilla que Rei le había dado y que se había echado en el bolsillo. Rebuscó en su bolsillo derecho y sin pensarlo mucho sacó la pastilla de la cápsula y la tragó. Sintió cómo la píldora bajaba por su garganta y le provocaba una sensación de vacío al llegar a su estómago que no tenía mucho aparte de jugos gástricos.

Apretó la mandíbula, resistiendo el impulso de vomitar otra vez y se llevó la mano a la boca, cerrando los ojos con fuerza. Hacía años que no se enfermaba, ¿tenía que pasar justo en ese lugar, en esos momentos?

-¿Te sientes bien, Kai?- La voz de Brooklyn, que le observaba desde el umbral de la puerta del baño, ya bañado y vestido, sacó de su ensimismamiento a Hiwatari y le hizo abrir los ojos de golpe.- Vaya tonterías que pregunto… estás enfermo…- El oji esmeralda se acercó al menor y puso con suma delicadeza sus manos en las mejillas del que tenía en frente- Deberías hacer que te revisen en la enfermería, si quieres te acompaño.-

-No, yo soy quien te tiene que cuidar…- frunció el ceño y apartó las manos de Brooklyn intentando no ser demasiado brusco y se puso rápidamente de pie.- Vamos, tienes que desayunar.

El inglés entornó los ojos hacia el rostro de Kai y ladeó la cabeza, observándole con detención.

-Eres un necio – susurró y comenzó a seguirle en dirección al comedor. –


-¿Brooklyn Masefield?- Una voz grave irrumpió en el comedor mientras una veintena de personas desayunaban al interior de este, incluidas entre ellas al susodicho y a quien se hacía cargo de él.-

-¿Mh?- El pelinaranja alzó su vista rápidamente al escuchar su nombre y buscó con sus confundidos ojos esmeralda a quien le acababa de llamar- ¿Sí? –

Un hombre calvo y anciano se abrió paso entre las mesas y sillas y se acercó hacia donde estaban Masefield y Hiwatari. Caminaba apresurado y no se veía muy amable.

-Tu nutriólogo te está esperando. Apenas termines de desayunar, deber estar en enfermería.

-Ah, claro, ahí estaré.- El inglés le sonrió apacible al mayor, pero este, lejos de corresponder a la cortesía del pelinaranja, le dio la espalda y con sus mismos pasos apresurados, se dirigió a la salida del comedor sin alzar la vista del suelo.

Kai simplemente se limitaba a observar en silencio. El dolor de cabeza lo mataba y sencillamente sentía que si decía algo, sus ojos estallarían.

-No sabía que tenía hora con el nutriólogo hoy, ¿por qué no me dijiste, Kai?- Preguntó Brooklyn volviendo su vista hacia el ruso mientras daba un sorbo a su vaso con jugo de naranja.-

Kai tardó unos momentos en contestar. Él sí sabía, pero últimamente estaba tan distraído que había olvidado decirle al mayor que tendría una visita del doctor al día siguiente. Suspiró y, observando por el rabillo de sus ojos el jardín a través de la ventana, respondió casi sin mover los labios.

-Me olvidé de decirte.-

El inglés ladeó la cabeza y se quedó observando con sumo detenimiento el rostro de su acompañante. Se veía muy enfermo, más pálido que de costumbre y extenuado. Tal vez el cambio de ambiente había sido demasiado repentino para él, o le faltaba distracción. No se había movido del psiquiátrico en dos semanas, no había vuelto a ir a la ciudad. Tal vez necesitaba salir, quizás estar todo el día cuidando a un loco lo enfermaba a él también.

El rostro de Brooklyn se oscureció y desvió la mirada hacia su pocillo de cereales y frutas vacío. Kai estaba cansado de cuidarlo. Y bueno, ¿quién no lo haría? Cualquiera se cansaba en ese lugar tan asqueroso. Pasó su lengua por su labio inferior rápidamente y se enderezó para luego ponerse de pie.

-Iré a la enfermería, Kai- Habló bajo, intentando sonar tranquilo.

-Vamos…- Se puso de inmediato de pie y comenzó a caminar frente a su paciente a paso firme.-

-No es necesario que me acompañes, sé llegar solo.-

Hiwatari pasó por alto el comentario del inglés y continuó avanzando sin mirar hacia atrás. Sabía, por supuesto, que Brooklyn conocía ese lugar mejor que él, pero no le iba a dejar solo.

Una vez estuvo fuera de la enfermería se detuvo y volteó a ver al otro, que le seguía observándole extrañado, y con una ceja alzada.

-Eres tú quien necesita ir a la enfermería más que yo, Kai- Musitó Brooklyn mientras ponía su mano derecha sobre el pomo de la puerta.- Entraré solo, tú quédate acá.- Y sin esperar respuesta, abrió y se metió rápidamente al interior del cuarto.

Al verse solo en el pasillo, Hiwatari frunció el ceño y bufó exasperado. Paseó sus ojos carmines alrededor del lugar, divisó un sofá de color crudo apegado a la pared y se aproximó a este. Una vez sentado, comenzó a masajear las sienes de su cabeza nuevamente, en círculos, con la vaga esperanza de que esa simple acción le ayudaría a sentirse mejor.

Mientras, pensaba en Brooklyn y la pesadilla que había tenido hace no mucho. Su agotamiento mental comenzaba a hacerse insostenible con el paso del tiempo, que apenas habían sido dos semanas hasta ese entonces. Negó con la cabeza, aquello no estaba bien. Se suponía que tenía que saber llevar la situación, estaba preparado para ello, sabía que en ese lugar encontraría cosas así y, por más que los demás dijeran lo contrario, Brooklyn no le había ocasionado mayores problemas. Toda la confusión estaba en su cabeza, era un chico joven aún, bastante desorientado.

-Definitivamente… necesito hablar con él…-


-¿Ves Brooklyn? Ya vas ganando peso, has subido casi tres kilos.- Takehito sonreía feliz al ver que la dieta administrada a su paciente estaba dando satisfactorios resultados.- En cosa de tiempo estarás en tu peso ideal, necesitas al menos unos diez kilos más, pero no tomará mucho tiempo.- Se dirigió hacia su computadora portátil y anotó junto a la estatura de Brooklyn, 1,82 metros, su actual peso, 58,7 kilos.

-¿Unos tres meses, más o menos, doctor?-

-Sí, más o menos eso es lo que tomará – alzó la vista de la pantalla de su laptop y observó detenidamente a Brooklyn. El escuálido cuerpo del muchacho era alumbrado por una lámpara que despedía una enceguecedora e intensa luz blanca, resaltando mucho más el color albo de la piel del joven, que se le pegaba casi a los huesos de su torso.- Puedes vestirte ya, Brook- regresó su vista a su portátil y acabó de anotar los datos de su paciente.-

Masefield, en silencio, obedeció. No estaba muy de ánimos de conversar; pensaba en su enfermero. Seguía obcecado con la idea del agotamiento de Kai. No podía evitar atribuirse la culpa y aquello no le hacía sentir precisamente bien. Se detuvo luego de haberse puesto los pantalones y se quedó viendo al piso fijamente, ido, hasta que la voz del doctor le sacó de su ensimismamiento.

-Brook, necesito que contestes algunas preguntas.

-Ah, claro doctor, no hay problema.- Dibujó una sonrisa falsa en su rostro y acabó de vestirse, para ir con el mayor.-


Dicen que cuando crees que las cosas no pueden ir más mal, siempre ocurre algo que termina por empeorarlo todo. Kai estaba bien enterado de esto. Hace un par de minutos había comenzado a sentir un llanto ahogado desde algún lugar que no sabía definir con exactitud. Al comienzo creyó que deliraba, pero había acabado por darse cuenta de que no estaba en lo absoluto imaginando cosas. Abrió los ojos y con la mirada comenzó a escanear el lugar en busca del causante de aquél molestoruido,pero no logró divisar nada.

-Tal vez es un interno- musitó para sí y dudó bastante sobre si ponerse de pie para ir a averiguar. Negó con la cabeza y miró de reojo su reloj de muñeca. No se movería de ahí, que otro se hiciera cargo, él ya se sentía lo suficientemente agotado.

-¡Hi-hito!- Ahora los gimoteos comenzaban a transformarse en gritos que a Kai ya no le resultaban tan indiferentes, por ser conocidos de antes para él. Rápidamente se puso de pie y comenzó a avanzar hacia donde, creía él, se encontraba la persona que lloraba.

-¿Max?- preguntó con voz relativamente suave mientras se dirigía hacia las escaleras.

Se inclinó un poco y tras un mueble logró encontrar al rubio y pecoso chico, abrazado a sus rodillas y con los ojos perlados en brillantes lágrimas.

-¿Te alejaste de Hitoshi otra vez?- preguntó intentando pasar por alto su fiebre y su dolor de cabeza que volvían a ir en aumento-

-Me dejó solo- murmuró Mizuhara y se secó las lágrimas, escrutando con la mirada a Kai- ¿quién eres tú?

-Soy Kai, nos hemos encontrado en otras ocasiones…- movió un poco el mueble para poder acercarse al chico.-

-¿Cuidas a Brooklyn-san?- se secó torpemente el rostro y tembló, sin quitarle la vista de encima a Kai. Sollozó nuevamente y tras esto desvió la mirada, algo asustado.-

-Sí, me hago cargo de Brooklyn.- Respondió secamente Kai, observando cómo el menor temblaba y se abrazaba a sí mismo.

-¿Me ayudas a encontrar a Hitoshi?- preguntó al peliazul tras un momento de silencio.-

-Te ayudaré, pero sal de ahí.- Se sacó la chaqueta y ayudó al rubio a ponerse de pie. Una vez este estuvo a su lado, le rodeó los hombros con su abrigo y lo tomó de los antebrazos, como si guiara a un niño, y lo llevó hacia la enfermería.- Primero esperaremos un par de minutos a Brooklyn, y buscaremos a Hitoshi, ¿te parece bien?

-Pe-pero Hito, él… me dejó solo…- La vista se le nubló nuevamente al menor por las lágrimas y se aferró con fuerza a uno de los brazos de Kai, renuente a soltarlo.

-No te dejó solo, Max, sólo te perdió de vista, ¿si?- Llegó con el menor, que aún se asía a su brazo, hasta el sofá donde había estado hace un rato y se sentó ahí junto al rubio.- Ahora tranquilízate y deja de llorar, Hitoshi aparecerá pronto, mientras, yo te cuidaré.

-Sí. - aún con los ojos llenos de lágrimas, sumiso, Max rodeó con sus delgados brazos a Hiwatari y se acomodó sobre su pecho, cerrando sus llorosos ojos azules.

Kai no pudo evitar hacer una mueca de desagrado al sentir la acción del menor, pero no se lo quitó de encima porque ya no quería más problemas. Cerró los ojos y suspiró, extenuado. El silencio entre los dos se mantuvo durante casi cinco minutos y fue interrumpido cuando la puerta de la enfermería, pocos metros más allá, hizo un ruido seco al abrirse.

Perezosamente Kai abrió los ojos y miró de soslayo a Max, que, sorprendentemente, se había quedado dormido sobre él. Luego alzó la vista y notó a Brooklyn, parado en el umbral de la puerta de la enfermería, observando sombrío a Mizuhara.

-¿Brooklyn?- le llamó el ruso, extrañado al notar ese destello de recelo en la mirada de su paciente.- Oye…- mas no recibía respuesta.-

En tanto, en el interior de la cabeza de Brooklyn, un sinfín de suposiciones equívocas con respecto a la escena que tenía enfrente le bombardeaban. Y sentía celos. Se suponía que Kai se hacía cargo sólo de él, y de nadiemás. Entonces, ¿por qué mierda Max Mizuhara estaba abrazándolo? Y peor aún, ¿por qué Kai se dejaba abrazar por él? Cerró los ojos con fuerza al sentir un repentino y punzante dolor a la altura de su frente y una súbita sensación de desorientación le inundó por un par de segundos. Rápidamente todo eso desapareció y volvió a observar a Max con los mismos ojos resentidos de hace unos segundos. Apretaba con fuerza los puños y la mandíbula, pero no decía palabra alguna, a pesar de los insistentes llamados de Kai.

-Oye, contéstame.- Kai no estaba del mejor humor como para aguantar las jugarretas de Brooklyn, y con el dolor de cabeza pasó por alto el actuar extraño del mayor, cuando este había parecido vacilar por unos segundos.- Te estoy hablando, Brooklyn, ¿qué te pasa?- Frunció el ceño y suspiró, levemente crispado. Miró de reojo a Max, que parecía no enterarse de absolutamente nada y luego regresó la vista al pelinaranja. Tal vez ese de ahí no era su paciente.- Si te llamo con otro nombre, ¿me contestarás?- No se ocupó precisamente de ocultar su fastidio, al contrario, sonó incluso más ofuscado de lo que ya estaba.

Lentamente, los ojos verde agua del inglés cambiaron de foco y se dirigieron hacia el rostro de Kai. Al fin el ruso había conseguido llamar la atención de su paciente, o quien quiera que fuera ese que estaba usurpando el cuerpo de Brooklyn.

-No olvides tus promesas, Kai…- una voz suave, algo temblorosa y un poco más aguda que de costumbre salió desde la garganta del inglés. El ruso abrió grandemente los ojos y tragó saliva con disimulo. Ese era el "Brooklyn" de la noche en que se había cortado la luz en el psiquiátrico.

No pudo evitar sentir un vacío en el estómago al escucharle mencionar la palabra promesa. Él no era bueno prometiendo, había quedado claro que no, las cosas se le escapaban de las manos y no podía cumplir. Ya no había podido cumplir en una ocasión, y había decidido no volver a prometer nunca más nada a nadie…


-¿Vas a volver, Kai?
-¡Claro que sí!
-¿Pronto?
-Ahá, de seguro en un par de meses.
-¿Lo prometes?
-¿Prometerlo, Yuriy?-
-Claro, ¿por qué no? ¿Me lo prometes?
-Está bien, ¡lo prometo!
~~~~
-¿Qué pasó con papá y mamá, abuelito?
-…murieron, Kai…-
-¿Qué?
-Ahora te cuidaré yo, te quedarás aquí en Rusia, conmigo.
-Pe-pero…
-Sin peros, Kai.
~~~~
-Te esperé más de cinco años.
-Lo sé, pero, Yuriy… mis padres, ellos…
-Ya sé, entiendo. Murieron. No es tu culpa. Sólo no vuelvas a prometer nada a nadie, Kai. No me prometas nada de nuevo, aunque te lo pida. Hay cosas que simplemente no dependen de ti. Todo cambia; prometer algo es suponer que todo será igual siempre. A los nueve años es un error aceptable, perdonable, pero ya no. Es una lección que los dos aprendimos ya.


El ruido de pasos apresurados que se aproximaban desde el pasillo contiguo sacó a Kai de su ensimismamiento. La remembranza de aquellas escenas fugaces, pero tan significativas en su vida, lo había dejado enajenado de la realidad por unos segundos, ante los ojos recelosos y esquivos de la doble personalidad de su paciente.

-¡Max!- Los pasos ahora eran acompañados de la voz de Hitoshi Kinomiya. Kai no realizó en su mente el resultado catastrófico de esto hasta que vio cómo la expresión en el rostro de Brooklyn cambiaba paulatinamente a medida que sentía que Hitoshi se acercaba, transformándose en una llena de miedo. Entendía que, si bien ya se habían encontrado una vez, el primer día que Kai había estado en ese lugar, el que había visto a Kinomiya había sido su paciente y no el alter ego de este, golpeado por Hitoshi, por lo cual comprendía lo riesgoso que podía resultar que lo viera en ese momento. Sacudió a Max hasta despertarlo y lo sacó sin demasiada suavidad de encima de él.

-Hitoshi te está buscando, Max- susurró mientras el rubio se desperezaba y se frotaba como un niño de cinco años los ojos. Se puso de pie junto al rubio y volteó justamente para ver cómo Kinomiya se aproximaba hacia ellos, mucho más tranquilo de ver a Max que ahora corría a sus brazos como si no lo hubiese visto en años.

-Ah, Kai, gracias por cuidarlo, de nuevo- susurró Hitoshi mientras le acariciaba el cabello a Max un momento, pero fue olímpicamente ignorado por el ruso que se estaba encargando de que Brooklyn dejara de morderse el dedo pulgar hasta el punto de hacerlo sangrar.

-Brooklyn, ¡no hagas eso!- frunció el ceño y tomó con firmeza las dos manos del inglés, que respiraba ruidosamente, mirando con los ojos cristalizados y sin parpadear a su ex cuidador- Vámonos de aquí, camina…- le dio un leve empujón al mayor y comenzó a guiarlo lejos de Hitoshi.

El pelinaranja se movía casi por inercia pura, sin dejar de hacer un exagerado ruido al respirar, y ahora llorando sin emitir ni un solo sollozo. Parecía apunto de explotar. Se dejó guiar hacia el interior de la enfermería.

-Oye, ¡Brooklyn!- Kai le sacudió suavemente y le secó las lágrimas- Escúchame, él ya no está acá, cálmate.

-Él… me… va… a-

-No, no, no te hará nada, si se atreve a venir lo sacaré a patadas de aquí, ¿si? No voy a dejar que te haga da…- No alcanzó a terminar la frase cuando se sintió atrapado por los escuálidos brazos del mayor, que con fuerza se aferraban a él. El cuerpo del inglés comenzó a temblar sin control. Kai le recibió entre sus brazos, para evitar que se fuera a caer, y le sostuvo, mientras sentía cómo, paulatinamente, Brooklyn dejaba escapar sollozos y gimoteos cada vez más audibles. Parecía un pequeño niño que acababa de despertar de una terrible pesadilla.

Kai se mantuvo firme y sin decir nada, sosteniendo al inglés durante más de tres minutos, hasta que consideró que se podría sostener por sí solo. Lentamente, lo acercó y recostó en una camilla y fue velozmente hacia un botiquín. Rebuscó entre sus pantalones hasta encontrar una tarjeta, la cual pasó por la ranura ubicada en la puerta del estante, permitiendo así que esta se abriera. Rápidamente comenzó a buscar algún remedio que le fuera de utilidad, y lo primero que encontró fue una caja de Diazepam.

-Valium…- musitó y observó de reojo a Masefield, que seguía llorando y temblando levemente- Ey, qué…- Entrecerró los ojos al notar algo extraño a la altura de los labios del inglés. Ahora de su boca, caía un hilo de sangre que se hacía cada vez más abundante- ¡¿Qué mierda?- susurró, exaltado.

Tomó con rapidez una pastilla y cerró la puerta del botiquín. Corrió hasta donde estaba Brooklyn y le tomó la cara, dejando la píldora sobre la mesa de apoyo junto a la camilla y abriéndole con delicadeza la boca. Ante esta acción, el mayor tragó la sangre que se le acumulaba y observó con los ojos entreabiertos a su enfermero.- ¿Te… mordiste?- preguntó en un hilo de voz Hiwatari al corroborar que algo muy parecido a un tajo en el interior de la boca del inglés, a la altura de su mejilla, se volvía a llenar de sangre.

Masefield no respondió y cerró los ojos, sollozando y gimoteando por lo bajo aún. Kai se mordió el labio inferior mientras acomodaba las almohadas y lo dejaba levemente incorporado en la camilla, no fuera a ser que luego se ahogara con su sangre si se dormía. Rápidamente fue a buscar un vaso de agua y le hizo tomar la pastilla, justo en el momento en que el encargado de la enfermería entraba al lugar.

-¿Hiwatari? ¿Qué le pasó a Masefield?-

-Tuvo una crisis, le acabo de dar una pastilla de Valium 10, tiene una herida en la boca… y…- al llegar a este punto se sintió pésimo. Estaba rojo de fiebre ya y se vio en la obligación de buscar una silla. Sudaba frío, y las manos le temblaban levemente.- Haz que vean la herida de su boca, ¿sí?

El otro sujeto, regordete y sin cara de muchos amigos, tomó rápidamente un teléfono y llamó a un sujeto de apellido Shiroyama. Intercambió algunas palabras con él y cortó la comunicación. Luego se acercó a Kai, sin decir palabra y comenzó a revisarlo. Le tomó la temperatura, le revisó los ojos y la garganta. El ruso sentía tan abatido que simplemente se dejó hacer.

-Cuarenta de fiebre, Hiwatari, te tienes que ir a tu habitación ahora mismo. Nos haremos cargo de Brooklyn acá. En seguida viene a verlo un doctor para curar su herida en la boca. Tú vete y tómate esto cuando llegues a tu cuarto.- Y le dio una cápsula de color amarilla, muy parecida a la que le había dado Rei en la mañana, con dos pastillas blancas y redondas en el interior.-

Hiwatari frunció el ceño y cerró con fuerza el puño alrededor de la cápsula amarilla. Antes de salir, miró de soslayo a Brooklyn que ya parecía lo suficientemente dopado y tragaba por inercia la sangre que se le acumulaba en la garganta. Al menos ya no estaba llorando, ni respirando tan agitado como antes.

Cerró la puerta tras de sí y algo tambaleante, tragándose su orgullo, caminó hasta el ascensor y continuó rumbo a su habitación. Una vez ahí, dejó con seguro y avanzó hacia el baño. Tragó las pastillas que le habían dado en la enfermería y se hizo con una toalla de manos, la cual mojó con agua fría, estrujó y se llevó hasta la cama. Una vez que se recostó, tras haberse sacado algo de ropa, se puso el trapo frío sobre la cara y se quedó así, inmóvil hasta que se sintió un poco mejor.

Estaba comenzando a quedarse dormido, pero se vio forzado a despertar cuando la vibración de su celular en su bolsillo le sobresaltó. Sin abrir los ojos y sacándose el paño húmedo de la cara, contestó a tientas el aparato.

-¿Mh?- Farfulló a modo de contestación.

-Me llamaste – Kai se incorporó al escuchar del otro lado de la línea la voz de Yuriy-

-Sí, te había llamado-

-¿Ocurrió algo?- La voz fría y algo dura de Ivanov templó levemente los ánimos de Kai. Siempre el escucharle le resultaba algo reconfortante, aunque fuera un poco. Aún así, el peliazul no contestó inmediatamente.- ¿Kai?

-Han pasado muchas cosas, Yuriy.- susurró finalmente Kai, soltando gradualmente un suspiro de sus labios entreabiertos y volviendo a recostarse en el mullido colchón.-

-¿Ya quieres renunciar?- Kai creyó reconocer cierto atisbo de sorna en la voz de su amigo.

-No, idiota- Negó con la cabeza y cerró los ojos. Con su mano derecha de sobaba la frente en tanto hablaba- Sólo… las cosas son más difíciles de lo que pensé.

-No todos los días te toca atender a un loco con personalidad múltiple.- Dijo recordando algunas conversaciones on line con Hiwatari.

-No lo llames así.

-Ah, lo siento, ya te encariñaste con él.

Kai se quedó callado y como estatua. ¿Cariño? No, claro que no, sólo estaba siendo débil, sólo era lástima. No sabía cómo tratar con el inglés.

-No, Yuriy, no digas tonterías.

-¿Qué es lo tan terrible entonces?

-Brooklyn… es… no lo sé, no sé cómo tratarlo, Yuriy.

-Está loco, pon la cabeza en frío, Kai.

-Todos aquí dicen que es una especie de manipulador, pero no es él en sí, más bien sus dobles personalidades, ¿comprendes?

-Con mayor razón tienes que poner la cabeza en frío Kai, no quiero que…- guardó silencio momentos antes de terminar la frase- No quiero que termines loco tú también, ¿sabes?

-Entonces me habrías conseguido un trabajo mejor…- Otro suspiro escapó de entre sus labios-

-O simplemente habrías rechazado este-

Kai dibujó una pequeña sonrisa en sus labios y negó con la cabeza. Era cierto, él se había metido solo ahí.

-Entonces, decías, ¿no sabes cómo tratarlo?

-Una de sus personalidades ya creó un lazo de dependencia conmigo. Sabes que esto es complicado para mí, nunca había tratado con gente así.

-¿Lo has golpeado?

-¡No!- se apresuró a contestar el peliazul-

-Bien, entonces supongo que intentas tratarlo con delicadeza, con el afán de hacerlo todo… bien, pero sientes que lo haces pésimo, y eso te hace sentir culpable, en especial sabiendo cómo trataron a Brooklyn de antes.- Dijo Yuriy, en voz alta, sacando conclusiones- Entonces, como te sientes culpable, lo tratas con delicadeza de más. Y ahora eres un idiota con corazón de abuela, ¿Me equivoco?- Kai se sintió levemente aliviado, era precisamente eso lo que pasaba.-

-No te equivocas.-

-¿Y has hecho algo indebido por eso?-

Hiwatari tragó saliva y cerró los ojos con fuerza. Si le decía a Yuriy lo que había hecho, de seguro este se enfadaría, tal vez demasiado. Mantuvo el silencio por un momento prolongado.

-¿Kai?

-Le… prometí que no lo iba a dejar solo.

Un silencio sepulcral se hizo del otro lado de la línea. Kai ya imaginaba qué estaba pensando Ivanov. Y sin no se equivocaba, estaba apunto de cortar la llamada.

-Eres un tonto, Kai, un completo imbécil, ¿te das cuenta de ello?

-Sí, no necesitas repetírmelo.

-Piensa las cosas Kai, o terminarás loco tú también.

-Me tendrías que venir a ver en ese caso.

-¿Quieres que te vaya a ver?

-¿Lo harías?

-Nos vemos mañana.- Y cortó la llamada.

Kai se quedó con el celular en la mano y una pequeña sonrisa se dibujó en su rostro. Entonces, vería a Yuriy el día siguiente. Por alguna razón, el dolor de cabeza se hizo menos intenso y la fiebre ya no lo atormentaba tanto.

-De seguro fueron las pastillas- Yuriy tenía razón. Si no cambiaba su forma de manejar la situación, terminaría loco el también, como todos en ese lugar. Tenía que dejar de actuar como un imbécil.- Sí, las pastillas.