Sabía que ponerme una fecha tope me ayudaría haha. Es 15 de Diciembre y les traigo la actualización como lo prometí :) Muchísimas gracias a todos los que me leen y comentan… y a los que no comentan también haha. En verdad valoro vuestra paciencia, ya que he andado distraída cosplayando a Ciel Phantomhive. El cosplay me absorve, nooo(?) Bien, espero este capítulo sea de su agrado.

Saludos~


Evasión

Capítulo VIII

Dados los acontecimientos del día anterior, y por mayor seguridad para Brooklyn, lo habían dejado en la enfermería toda la noche, sedado la mayor parte del tiempo. Su psiquiatra ya estaba informado y le habían citado para ese día. Era necesario que este viera qué había ocurrido con el inglés. En tanto, Kai se había quedado en cama durante unas cuatro horas más, luego de haber hablado con Yuriy, y en el transcurso de la tarde y la noche se mantuvo renuente a abandonar la enfermería. Tenía que vigilar al inglés, porque, a su juicio, los demás eran demasiado incompetentes y descuidados, por lo mismo, abandonó su habitación y se quedó junto a Masefield, sin más compañía que él y un libro de Clive Barker en las manos.

El ruso estaba medio dormido cuando su paciente comenzaba, al fin, a abrir los ojos. La mirada cristalina del inglés se posó confundida sobre las blancas paredes y luego sobre las cuatro camillas que estaban junto a él. Finalmente, volvió el rostro, encontrándose muy de cerca con el de Kai, que estaba sentado en una silla y dormitando con la cabeza sobre el duro y delgado colchón.

Brooklyn no entendía qué había ocurrido. Lo último que recordaba, era que había hecho abandono del mismo lugar en el que ahora se encontraba y que había visto a Kai con… ¿con quién? No lo sabía. Suspiró y entreabrió la boca para despertar a su cuidador, ya que no había nadie más ahí, pero un dolor horrendo le hizo detener dicha acción. Frunció el ceño, como respuesta a una mezcla de sorpresa desagradable y dolor, y con la punta de su lengua palpó la zona al interior de su cavidad bucal que le provocaba ese punzante malestar. Se sorprendió al reconocer en dicha "herida" dos puntos. Con dificultad tragó saliva, estando ahora más confundido que antes.

-Kai…- musitó sin mover casi los labios, por lo cual su modulación no fue la mejor- Kai…- Volvió a llamar mientras se incorporaba y sacudía con suma suavidad el hombro derecho del peliazul-

-¿Mh?- Rezongó el ruso, mientras se enderezaba aún medio dormido.- ¿Brooklyn?- se restregó los ojos y le miró indiferente- Ya despertaste…

-¿Qué…pasó?- No movió sus labios, justo como la vez anterior-

-Ayer tuviste una crisis y te mordiste la boca, sería mejor que evitaras hablar hasta que la herida esté mejor… - Contestó frío y se puso de pie- Te dejamos en este lugar para prevenir y aquí pasaste la noche.-

Kai tomó la silla en la que, hasta hacía un momento, había estado sentado entre sus manos y la devolvió a su lugar correspondiente, para luego revolverse el cabello. Sería mejor que, si estaba entre sus planes distanciarse y ver un poco más a la lejanía todo lo que estaba ocurriendo, empezara desde ya. Seguiría con su cuidado meticuloso para con el mayor, pero de manera autómata. Tenía que evitar crear lazos afectivos con el que ahora le sostenía la mirada desconcertado y exigiendo más explicaciones que las que Kai le acababa de entregar.

-No… entiendo- Su voz salía convertida en un pequeño mascullo desde su garganta-

-Una de tus personalidades se descontroló, Brooklyn, pero ya está bien. Hoy vendrá tu psiquiatra y verá con exactitud qué fue lo que ocurrió, ¿si?- Se acercó al pelinaranja y lo acomodó mejor en la camilla.

El inglés pareció resignado, aparentemente no recibiría más respuestas de parte de Kai.

-¿Ya estás… mejor…? – Recordó que Kai parecía enfermo el día anterior, aunque, a juzgar por su apariencia aún un poco enfermiza, seguía igual.-

-Sí.- Mintió. De nuevo tenía ese horrible dolor de cabeza. Al menos ya no tenía fiebre, pero sentía las extremidades pesadas. Tal vez contagiaría a Brooklyn por estar con él.-

Miró de reojo un botiquín al pensar en esto y llevó sus pasos en dirección a este, tomando una mascarilla de ahí y colocándosela a sí mismo.

-Será mejor que no hables, Brooklyn, y no te muevas de aquí- Su voz sonaba un poco difusa gracias a la mascarilla- Volveré en unos minutos, iré a buscar tu desayuno.-

Mientras iba a la cocina a buscar algo de comida molida para Brooklyn, mentalmente se reprochaba el no haberse puesto la estúpida mascarilla antes.

-Soy un imbécil…-


-¿Dices que saliste de la enfermería y lo viste abrazando a alguien?- Toshiro tomaba algunas notas en su libreta con cubierta de cuero, con la misma letra ilegible de siempre, sentado sobre una de las incómodas sillas de la enfermería.

Eran cerca de las 11 de la mañana. Hace ya casi unas tres horas que Brooklyn había tomado, a regañadientes, un desayuno de apariencia muy poco agradable. Una sustancia espesa, del color de la leche de vainilla. La explicación de Kai había sido concisa: "En vista de que tienes una herida en la boca, hice que te prepararan un batido. Tienes todo lo que necesitas en nutrientes y vitaminas acá. Bébelo".

No muy convencido, Brooklyn había hecho lo que Kai le ordenaba. Estaba algo desconcertado porque, de un día a otro, el ruso había comenzando a tener un trato más distante que el que acostumbraba a llevar, y eso no le gustaba. Con esa actitud, sólo reafirmaba su teoría de que aburría y cansaba fácilmente a Hiwatari, y esto, a su vez, le aterraba, porque no quería que Kai le dejara solo.

-Sí… estaba abrazando a alguien, o algo así…- El pelinaranja entrecerró los ojos, tratando de rememorar la escena, pero sólo había una gran mancha borrosa en el lugar que ocupada Kai junto al rubio cabello apoyado en su pecho…- Cabello… rubio…- Entreabrió la boca, haciendo que aquel punzante dolor volviera a aparecer- Era… Max- musitó al fin, volviendo a hablar casi sin mover los labios.-

-¿Max Mizuhara?- Como respuesta, Brooklyn asintió. - ¿Y qué pasa con Mizuhara?

-No… no me cae bien.- Ocultó lentamente su rostro entre las palmas de sus manos. La actitud del rubio le molestaba.- Me recuerda a…- se aclaró la garganta y suspiró, era algo tonto que lo dijera, pero era muy cierto. Max era exactamente igual a una de sus "personalidades".- … a mí.

El psiquiatra asintió y tomó algunos apuntes más. Miraba de vez en cuando de soslayo a Brooklyn, que ahora se limitaba a permanecer en silencio.

-¿Y te molestó que Kai abrazara a alguien, o que abrazara a Max?-

El inglés lo pensó un momento, no se había planteado esa pregunta hasta el momento. Suponía que era porque estaba abrazando a Max, pero entonces él solo, de manera casi inconsciente, comenzó a cambiar a las personas, mentalmente, que Kai abrazaba en esa escena. Se imaginó, en el lugar de Max, a Rei, a Takao, a Mystel, y a varios internos y enfermeros más, pero el resultado siempre era el mismo, una sensación inexorable de angustia y rabia en el pecho.

-Creo que… me molesta más el hecho que… Kai abrace a alguien, no precisamente a Max.- Apenas lo dijo, cayó en cuenta, ¿Celos? ¿Estaba celoso? Tragó saliva y alzó la vista hacia el hombre mayor que observaba detenidamente al pelinaranja-

-¿No serán celos, Brooklyn?- Alzó las cejas, inquisidoramente.-

-No, no creo.-

-¿No crees?

-Es decir… tal vez sí, me puse un poco celoso… pero eso… no es tan malo, ¿o sí?- El inglés observaba desde la camilla, inseguro, a su psiquiatra-

-La verdad, es peligroso que crees lazos afectivos con quien te cuida, Brooklyn.

-¿Por qué?- su ojos se abrieron más, esperando, ansioso, una respuesta.-

-Eres propenso a crear lazos de dependencia muy fuertes, y así como estás en estos momentos, algo inestable…- trataba de elegir con sumo cuidado las palabras.- No querrás que ocurra lo mismo que pasó con Hitoshi, ¿verdad?

-¡Claro que no!- se apresuró a decir el oji verde, abriendo la boca de más, provocándose un fuerte dolor- Aah…- se quejó y rápidamente, llevó su mano izquierda a sus labios, cubriéndolos- Uhm… - esperó un par de segundos antes de volver a hablar- Con Kai es diferente. Él no me… golpea, doctor.-

-Yo lo sé, pero tú eras también dependiente de Hitoshi, quieras admitirlo o no. Lo fuiste hasta que te cambiaron de tratamiento y pasó aquello que no queremos recordar de momento.- Brooklyn agachó la cabeza y suspiró con amargura.-

El doctor no se equivocaba, y el inglés lo sabía. Estaba comenzando a entrar en un terreno peligroso.

-¿Qué es lo que… tengo que hacer entonces, doctor?- murmuró Brooklyn, sin levantar la vista de las sábanas de la camilla-

-Intenta… poner la cabeza más en frío Brooklyn. Kai está cumpliendo con su tarea de cuidarte, y es necesario que tanto tú como él estén bien y estables para que el tratamiento progrese.

No muy conforme con la respuesta, el menor asintió y se frotó los ojos con el reverso de su puño. ¿Tenía que distanciarse de Kai, entonces?

-Es una pena…- susurró, hablando más para sí mismo que para el doctor- tan bien que nos estábamos llevando.


Al entrar en su habitación, Hiwatari lanzó con soltura la mascarilla que llevaba puesta sobre el escritorio y agarró distraídamente uno de los libros, que él mismo había llevado, de la pobre estantería que su habitación poseía. A sabiendas de que no le ayudarían demasiado a distraerse, se dispuso a leer. Necesitaba algo en qué ocupar la cabeza, algo que se alejara de ese psiquiátrico, pero lamentablemente el libro de Psicopatologías que sin darse cuenta había escogido, no le estaba ayudando demasiado.

Recostado en la cama, paseaba la vista por las hojas del enorme tomo, sin fijarse en las palabras que divisaba. Su cerebro seguía maquinando cómo debía actuar con Brooklyn. Ya había, abruptamente, empezado a tratarle distante, y desde el momento en que había sido cortante con él esa mañana, cuando el pelinaranja le había llamado, la misma pregunta resonaba en su cabeza, como un eco culpable que le hacía sentir un vacío en la boca del estómago: ¿Estoy haciendo las cosas bien? Apretó la mandíbula y bajó lentamente el libro, dejándolo apoyado sobre su pecho, abierto. Cerró los ojos y posó su mano derecha en su frente. Aquella fiebre amenazaba con volver. Los oídos le zumbaban y cualquier ruido exterior sonaba multiplicado por diez en su cabeza. Suspiró, cansado. Brooklyn aún estaba con su psiquiatra y tal vez tendría para largo. Quizás podría dormir un rato. Sí, eso haría, se olvidaría un rato de su paciente y dormiría, tenía suficiente, el inglés estaba con el psiquiatra, que él lo cuidara mientras tanto. Después de todo, si quería alejarse de Brooklyn, tenía que ser así, ¿no?.

No. No y no. No tenía que ser así. Él había prometido algo, no podía no cumplirlo. No podía dejar a Masefield solo. Se golpeó la cabeza un par de veces, con suavidad, y negó. Se sentía tan jodidamente estúpido.

Tragó saliva amargamente. Tenía que seguir en su plan de alejarse del mayor, pero sin descuidarle. Claro, estaría atento, sería 100% profesional, le daría los cuidados necesarios y todo, pero sería frío, muy frío. Bufó. Era por parte baja la décima vez que se decía eso a sí mismo, y cada vez que lo decía, sonaba menos creíble, menos convincente.

El sonido del timbre del teléfono de su habitación lo sacó de sus cavilaciones infructuosas. Abrió los ojos y contestó presto, antes de que el estridente timbre le perforara los oídos por segunda vez.

-¿Sí?- Su contestación a la llamada fue lacónica y monótona.

- Kai Hiwatari, ha venido a visitarte Yuriy Ivanov. Tienes que bajar a recepción a…- La chica que hablaba tranquila y con tono amable fue interrumpida, antes de terminar, por el sonido del teléfono del otro lado de la línea al ser colgado. Observó ofuscada el auricular y colgó ella también el aparato.- Sea paciente, por favor, señor Ivanov, Hiwatari debe estar por venir.

Y efectivamente, Kai se había puesto de pie en un salto, se había acomodado la ropa e ido rápido al baño sólo para mojarse la cara con agua muy fría, en un vago intento por espabilarse. Salió de su habitación y miró a ambos costados del pasillo. No había nadie ahí. Tratando de calmarse, suspiró y se mordió el labio inferior. Estaba ansioso. Ver a Yuriy era, para Kai, como ver en esos momentos la luz al final del túnel. Cerró rápidamente la puerta de su cuarto y guardó la llave en su bolsillo izquierdo, mientras caminaba dando grandes zancadas en dirección a la escalera. De su rostro aún caían gotas de agua que secó con el reverso de la manga de su bata blanca.

Bajó las escaleras saltando los peldaños de dos en dos y rápidamente llegó hasta la recepción. Desaceleró el paso al cruzar el umbral de la puerta del lugar y divisó a Yuriy, de pie, junto a una ventana, mirando hacia el patio cómo dos internos hablaban tranquilamente bajo la vigilancia atenta de sus cuidadores.

-Yuriy…- musitó para llamar su atención y caminó hacia él casi sin hacer ruido en el piso con sus pies al avanzar. Observó con detenimiento el cabello rojo del chico y su piel tan blanca como la que él mismo poseía. Sonrió mentalmente. -

- Kai…- Su voz fría hizo eco en el lugar. Volteó el rostro para observarle.- Qué mal te ves.- Sus ojos escaneaban al peliazul. Estaba pálido, más delgado, desgastado, enfermizo.- Pareces de treinta.- Sonrió, mofándose del menor y se acercó a él hasta quedar frente a frente.- Tal vez treinta y cinco.

-Cállate.- Ordenó Hiwatari, frunciendo el ceño. Miró de reojo hacia la chica que estaba en el mesón de recepción. Los ojos de la muchacha no se despegaban de la extraña pareja- ¿Debo firmar algo? ¿Puede pasar?-

-Puede pasar por no más de una hora y sólo puede estar en el primer piso. Tiene que ponerse esta credencial y deben firmar los dos acá…- con una mano les extendió un lápiz y luego un cuaderno, y con la otra, una credencial que decía "Visita".- Debe llevarla colgando del cuello. Debe verse. Además, Hiwatari, te recuerdo que dentro de una o dos horas vendrá el tutor de Brooklyn y es necesario que lo recibas.

Kai firmó luego del pelirrojo que estaba a su lado mientras asentía hastiado ante las indicaciones de la chica. ¿Sólo podían estar en el primer piso? Así no podrían conversar con tranquilidad. Observó de reojo cómo Yuriy se colocaba la credencial, con esa mueca de desagrado para nada disimulada en su rostro y suspiró.

-Bien, en ese caso vamos a dar una vuelta al patio. Brooklyn aún sigue con el psiquiatra.- O eso suponía. De no ser así ya le habrían avisado antes.

Guió en silencio a Yuriy hacia el patio trasero y se fueron a sentar en unas bancas bastante alejadas de donde entraban y salían los enfermeros y pacientes. Ocuparon lugar uno junto a otro, los dos serios, los dos distantes.

-Entonces…- comenzó a decir Ivanov, hablando en ruso, para evitar que les entendieran si les llegaban a oír.- ¿Me explicas?

-¿Qué quieres que te explique?- Kai respondió hablando en el mismo idioma que el pelirrojo.- Estoy resfriado y agotado. Brooklyn tuvo una crisis ayer, ya te lo dije, y ya empecé a darle ese trato distante. Borrar lazos afectivos, o no dejar que se afiancen más, de eso se trata, después de todo, ¿no?

-¿Por qué simplemente no pides que te cambien el paciente?- Yuriy cerró los ojos y se cruzó de brazos, mostrándose algo molesto ante la actitud de Kai.-

-Porque nadie lo quiere cuidar, Yura…- agachó la mirada y entrecerró los ojos.- Es problemático, sí, pero el resto exagera, quiero decir… no es para tanto. Además, yo le prometí que…-

-Claro, no es para tanto, es cosa de mirarte.- Interrumpió a Kai. Su voz iba cargada de ironía.- Envejeciste en dos semanas unos seis años, no es la gran cosa.- Abrió los ojos y los posó sobre los de Kai, haciendo un incómodo y contundente contacto visual.- ¿Me crees idiota?

-La verdad, sí.-

La mueca de molestia en el rostro de Yuriy se transformó lentamente en una sonrisa ladina. Negó con la cabeza y arqueó ambas cejas.

-Si yo soy el idiota, entonces tú ya no tienes vuelta.-

-Probablemente.- Contestó Hiwatari.- Por algo estoy metido en un psiquiátrico.- Se rascó con una de sus manos la mejilla izquierda y rió entredientes.-

-Ahá, pero estás de cuidador. Yo estaría evaluando seriamente la posibilidad de internarte.- Musitó Yuriy escrutando los alrededores. Tenían en verdad bastante espacio y un muy buen gusto en cuanto a decoración. Se notaba que ese lugar estaba muy bien financiado. De seguro el dinero que cobraban ahí era en cantidades grotescas.

-No tendría cuidador.- Susurró Kai, pensativo. Mágicamente, como siempre que hablaba con Yuriy, se comenzó a sentir un poco más animado. El pelirrojo era de ese tipo de sujetos que se mofan de tus problemas y te hacen, irónicamente, reír de ellos también.- Ah, tal vez Rei me querría cuidar.- Sonrió ladino y miró de reojo al chico que le hacía compañía.

Yuriy frunció los labios y el entrecejo al escuchar a Kai. Su amigo, si es que así le podía llamar, le había comentado del sujeto ese, y de las constantes insinuaciones que le hacía, cada vez que se le presentaba una oportunidad.

-Claro, tu mejor amigo Rei. ¿No se coló en tu cama de casualidad ya? Ah, cierto, ese fue otro.

-Cállate.- Kai le dio un codazo en las costillas al mayor y miró a su alrededor. A pesar de que seguían hablando en ruso, temía que alguien les escuchara. Ivanov ahora sonreía con suficiencia.-

-No me hagas callar.-

La voz de Yuriy fue más baja, y la cercanía de sus cuerpos mayor. El pelirrojo tomó el rostro de Kai, sin mayor delicadeza, con una de sus manos, mientras estudiaba atento alrededor, para que nadie les fuera ver. Una vez lo corroboró, se acercó a él hasta hacer rozar sus narices. Hiwatari estaba boquiabierto, atónito. ¿Cómo se atrevía a hacer algo así, en el lugar que estaban? Eso podría significarle a Kai perder su propio trabajo.

El ruso menor intentó alejarse del pelirrojo, evitando el riesgoso contacto, pero su compañero le atrajo hacia sí, demandante, y atrapó sus labios en un beso firme, que denotaba necesidad. Kai mantenía su boca apretada y los ojos abiertos de par en par. Movía la vista inquietamente, de un lado a otro, y empujaba a Ivanov de los hombros, sin mayores resultados. Su voluntad de separarse parecía inquebrantable hasta el momento en que Yuriy empezó a mover sus labios sobre la boca del peliazul. Kai, sucumbiendo de apoco, aflojó la tensión de sus brazos apoyados en los hombros de Yura y cerró lentamente sus orbes llenas de sorpresa. Tragó saliva y comenzó a corresponder el beso del que tenía en frente. Extrañaba aquella sensación. Extrañaba aquella sonrisa ladeada, sus sarcasmos e ironías. Había extrañado a Yuriy pero hasta ese momento no fue capaz de dimensionar cuánto.

Las lenguas de los rusos se encontraron en medio de aquél beso que Ivanov dirigía con completa naturalidad. Se mordían intercaladamente, y se atraían el uno al otro con sus manos. Los dedos furtivos de Yuriy se paseaban sobre la nívea piel del cuello de Kai, arrancándole unos cuantos suspiros que escapaban de sus labios entreabiertos y que eran acallados por el nexo que hace un buen rato mantenían.

-No pensé que me extrañaras tanto…- El mayor se separó apenas de Hiwatari, con una sonrisa de suficiencia plasmada en el rostro y llevó sus labios hasta la oreja de este. Lamió su lóbulo y suspiró, a propósito, con fuerza junto a su oído. Ante esto, el peliazul, hasta hacía unos segundos disgustado y desconcertado por la repentina ruptura del beso, se arqueó, algo más complacido y le dio más espacio, para poder sentir más de aquello que Yuriy parecía dispuesto a darle.

Al notar la reacción de Hiwatari, el pelirrojo sonrió un poco más. Bajó dando pequeños besos sobre el cuello de su amigo de infancia, sintiendo con agrado cómo este le acariciaba la espalda y se aferraba a sus ropas casi con desespero.

Estaban los dos bastante concentrados en lo suyo cuando el ruido de la puerta que daba la salida hacia el patio les interrumpió al cerrarse con gran estrépito. Kai se separó casi de un brinco del mayor y miró, ahora afligido, a su alrededor. Acababa de caer en cuenta de lo que en verdad había ocurrido. ¿Y si alguien les había visto? Paseó los ojos por los alrededores; no parecía haber gente por ahí, excepto tres personas en lo que era la puerta. Dos enfermeros que se encargaban de atender al interno que había cerrado provocando ese ruido. Suspiró, aliviado, y miró de reojo a Yura, quien le observaba con los ojos brillosos de lascivia.

Esa mirada, tan decidora, hizo desear a Kai no estar ahí en ese momento, sino los dos solos en su habitación, lejos de ese centro psiquiátrico. Tomó de la manga de la chaqueta al pelirrojo y, con semblante serio, se puso de pie y le guió hacia el interior del edificio.

No hablaban. Yuriy sospechaba las intenciones de Hiwatari y no podía hacer más que sonreír mentalmente ante ellas. Kai caminaba ahora frente al mayor y le guiaba hacia unas escaleras. No había gente en el pasillo, lo cual facilitaba enormemente las cosas.

Tras bajar la escalera en dirección al sótano, llegaron a un largo pasillo, plagado de puertas que tenían placas con letras o números en ellas. El pelirrojo observaba con atención el entorno y trataba de adivinar dónde le llevaba Kai.

-¿Me meterás en una camisa de fuerza?- Preguntó con sorna el mayor, cruzándose de brazos y arqueando ambas cejas.-

Kai frunció un poco el ceño ante el comentario y volteó a medias para verle e indicarle, a través de gestos, que guardara silencio. Se detuvo al fin frente a una puerta que tenía grabado en la placa el número 16 y abrió cuidando no hacer mucho ruido. Dejó entrar al mayor y luego bloqueó la entrada con una silla.

-No sé por qué, pero no me sorprende.- Kai se volteó a ver a su acompañante al oírle decir ese comentario. No podía llevarlo a su habitación, porque era más riesgoso que estar en donde se encontraban en ese momento. Por lo demás, el sótano no era muy concurrido durante esas horas- Una bodega…- El pelirrojo rió entre dientes y se acercó a Hiwatari, tomándole de la cintura y atrayéndole hacia sí.

-Tal vez a ti se te ocurre algo mejor, en ese caso.- Kai empujó a Yura suavemente y se alejó de la puerta. Estudió el entorno. Había entrado ahí no más de tres veces, y no fue hasta ese mismo minuto que la existencia de tantos estantes con tal cantidad de medicinas se le hizo tan molesta. La bodega en sí era amplia. Había un par de mesas con bolsas y otros elementos encima, sillas amontonadas en un rincón y también cajas con comida repartidas por el suelo. Mientras miraba a su alrededor, Kai sintió cómo su "amigo" se apegaba a su espalda y le rodeaba con ambos brazos.

-No, está bien acá…-El pelirrojo habló junto a su oído y comenzó a lamer y besar el cuello de Kai, tal como había estado haciendo unos cuantos minutos atrás.

Kai suspiró y cerró los ojos, relajándose ante lo que Yuriy le hacía sentir. Un suave y agradable escalofrío recorrió a lo largo de su espina dorsal, haciendo que se arqueara un poco para inmediatamente buscar más contacto. Sin pasar desapercibido esto, Ivanov aprovechó la facilidad con la que Kai se dejaba llevar y le empujó con suavidad hacia una pared, dejándolo de frente contra esta.

Hiwatari dejó escapar un leve quejido de sorpresa. El frío contacto entre la pared y sus mejillas le hizo estremecerse un poco, pero la sensación desagradable aquella fue rápidamente opacada por las furtivas manos de Ivanov que, en ese momento, comenzaban a despojarle de su bata blanca para luego husmear bajo su camisa, tocando puntos que, tras años de práctica, había aprendido a identificar con maestría. El pelirrojo tenía esa ventaja, y sabía que la tenía; nadie conocía a Kai mejor que él.

Orgulloso, a pesar de dejar que Yuriy le tocara, el menor evitaba gemir, por mucho placer que estuviera sintiendo, ante las atenciones del mayor. Sabía que si lo hacía, sólo alimentaría su ego. Cada vez que se acostaban era una guerra. Ivanov hacía hasta lo imposible por escuchar a Kai, y éste, por el contrario, intentaba estar lo más callado posible. En un comienzo, cuando eran más jóvenes, la batalla campal en la cama giraba en torno a quién era el seme y quién el uke, pero Kai había perdido estrepitosamente la gran mayoría de las "batallas", excepto un par de ocasiones en las que había pillado al otro "volando bajo" y había aprovechado para hacer las veces de activo con él. Harían tal vez unos dos o tres años desde que eso había ocurrido. Después se había resignado, pero nunca le daría en el gusto completamente al que, precisamente en ese instante, estaba llevando una de sus manos directo a su entrepierna.

Kai sonrió ladino, escondiendo su rostro y se mordió con fuerza el labio inferior. Apretó sus dos manos, que estaban apoyadas en la pared, con fuerza. Un suspiro salió de sus labios apenas los volvió a entreabrir, incitando al pelirrojo a ir por más.

Con una de sus manos en el pecho de Kai y la otra desabrochando hábilmente el cinturón y luego el cierre en los pantalones de este, Ivanov se ensañaba con el cuello del ruso menor aún, dejándole notorias marcas, arrancándole más y más suspiros. Apegó su cadera a la de Kai y comenzó a rozarse insistente contra él. Pasado un par de minutos, su erección y la del menor eran ya bastante evidentes.

Hiwatari mantenía los ojos cerrados. Sus pantalones, que estaban en el suelo y su camisa desabrochada a medias ya, su cuello marcado y los rasguños en su pecho, denotaban el deseo de Yuriy por avanzar. El roce entre sus cuerpos era descarado, y la mano del pelirrojo en la entrepierna de Kai mantenía a este al borde de un colapso nervioso. Exigía más atenciones aparte de roces por encima de su ropa interior, pero a Ivanov le encantaba jugar con él de esa manera, tenerlo a su disposición mucho rato, y ver si podía lograr que Kai terminara por gemir su nombre. Tenía que ganar en ese juego, como ya lo había hecho en múltiples ocasiones.

Tras tener ya a un inquieto y ansioso peliazul frente a él, el mayor dejó de tocar la entrepierna de este y se dirigió a desabrochar sus propios pantalones con rapidez. Se bajó de una sola vez los bóxers junto con los jeans que llevaba, esas molestas prendas de ropa que sólo le separaban del tibio cuerpo de Hiwatari. Le bajó la ropa interior a este también y al fin, el roce entre su miembro y la piel del menor pudo ser algo completamente directo. Kai se estremeció y apretó la mandíbula. No pudo evitar volver hacia un costado la cabeza y buscar, desesperado, los labios del mayor. Sin oponerse a ello, Ivanov besó a Kai mientras, con su mano derecha, comenzaba a masturbarle. Hiwatari gimoteó apenas y respiró ruidosamente. Ivanov sonreía mentalmente. El mismo líquido preseminal del peliazul le sirvió como lubricante improvisado para la entrada de este cuando quiso dilatarle luego de unos momentos.

-Nh…- Kai se quejó sobre los labios de Ivanov al sentir que este comenzaba a introducir sus dedos en su entrada, preparándole. Le dolía un poco, pero no era algo que no estuviera acostumbrado a soportar, ni tampoco era una tarea que le tomara demasiado tiempo al otro.

Fue sólo cuestión de minutos para que Yuriy agarrara las caderas del menor, clavando sus uñas en estas, y comenzara a introducir su erecto miembro con lentitud en él. Gimió por lo bajo, entrecerrando los ojos, dejando caer un par de gotas de sudor de su frente. Kai apretaba con fuerza los puños y la mandíbula. A pesar del dolor, movió sus caderas, indicándole al mayor que empezara. Obedientemente, Ivanov procedió a embestir al peliazul, al principio con un ritmo desesperadamente lento, que le hacía fruncir el ceño a ese ansioso Kai que, para evadir el dolor, había comenzado a masturbarse a sí mismo.

El pelirrojo quería tomarse su tiempo, pero aparentemente Hiwatari no estaba dispuesto a esperar.

-Pensé que este lugar haría que la virtud de la paciencia sembrara frutos en ti…- susurró algo burlesco a su oído.- pero creo que me equivoqué…-

-¡Cállate!- Frunció el ceño pero fue sorprendido, acallado y complacido por las repentinas estocadas, rápidas y certeras, que el mayor había comenzado a propinarle. Gimió por lo bajo, echando su cabeza hacia atrás y dejando los labios entre abiertos, mientras movía él mismo su cadera, buscando más profundidad y más fuerza. No quedaban resquicios de dolor alguno; sólo había placer, hasta en la última acción que realizara.

Los gemidos de Ivanov, roncos y que salían con libertad de su garganta, contrastaban con los casi nulos quejidos de Hiwatari. Por más que el pelirrojo tocara y penetrara a Kai, no lograba arrancarle más que esos pequeños gimoteos. Era frustrante, sí, pero lo complacía saber que, a pesar de todo, el peliazul disfrutara con cada caricia. Que no lo admitiera era otra cosa, pero Yuriy le conocía, y sabia cuándo a su "amiguito" le desagradaba o no algo.

El ruido de sus cuerpos, chocando, y sus respiraciones agitadas, les habían hecho olvidar a ambos dónde se encontraban. El peliazul se había olvidado por completo que en menos de cinco minutos el tutor de su paciente llegaría, y Yuriy no parecía interesado en recordárselo. Era más; le agradaba la idea de que despidieran a Kai. No le gustaba que Hiwatari tuviera que estar en ese lugar, después de todo.

Cuando las embestidas de Yuriy parecían no poder ir más rápido, al igual que las respiraciones y pulsaciones de ambos, Kai sintió que llegaba a su clímax. Tensó su cuerpo totalmente y, masturbándose lo más rápido que pudo, acabó, ensuciando la pared y exhalando un ronco y levemente reprimido gemido. Aún luego de haber terminado, Ivanov continuó penetrándole por unos cuantos segundos más, pero al sentir cómo la entrada del menor se tensaba y escucharle gemir, aunque fuera en voz baja, se corrió también, pero fuera del peliazul.

Respirando ambos con fuerza y rápido, se quedaron apegados uno contra el otro. Ivanov buscó los labios del menor y este, volteándose, correspondió dicho beso, rodeándole con ambos brazos. Estuvieron así hasta que los pálpitos de sus agitados corazones se vieron al fin regularizados y se sintieron en condiciones como para acomodarse la ropa.

Mientras Kai se vestía, se le ocurrió mirar de reojo el reloj, y en cuanto lo hizo, el alma se le vino a los pies. Había pasado ya cerca de una hora y media casi desde que había ido a buscar al pelirrojo a recepción, y tal vez Garland Siebald ya habría llegado.

-¡Mierda!- Terminó de acomodarse la ropa a medias.- Tú limpia la jodida pared y luego sube y espérame en el pasillo, al lado de recepción. Volveré en cinco minutos.- No volteó a corroborar el rostro molesto que sabía que Yuriy tenía en esos momentos. Se fue prácticamente corriendo hacia su cuarto y entró directamente al baño. Se desvistió todo lo rápido que pudo, se dio una ducha rápida de treinta segundos y se cambió la ropa. Se puso algo de perfume, desodorante y se acomodó un poco el pelo. Siete minutos después, caminaba por el pasillo del primer piso, terminando de abotonarse la bata blanca, dirigiéndose a la recepción. Por algún motivo, no le sorprendió no encontrar ahí a Ivanov. Negó con la cabeza y suspiró. El mayor estaba molesto, lo sabía, y probablemente se había ido ya. Se encogió de hombros e ingresó a recepción, encontrándose con un muchacho de cabello gris, que esperaba sentado, de brazos cruzados, la llegaba del supuesto cuidador de su primo.

-¿Garland Siebald?- llamó Kai acercándose a él, con el semblante serio que solía tener. La mirada molesta del tutor de Brooklyn no le dio buena espina.-Espero no haberte hecho esperar demasiado… Mi nombre es Kai Hiwatari, soy el encargado de cuidar a Brooklyn…

-No te preocupes… sólo fueron veinte minutos de espera.- Sonrió cínico por un momento y luego volvió a poner su semblante molesto.- Un gusto…- Garland evaluó a Kai de pies a cabeza, sin ningún disimulo. No le agradaba, estaba muy desarreglado. A juzgar por ciertos mechones de cabello mojado parecía que se acababa de bañar. Por otra parte, se veía bastante joven, pero muy desgastado y enfermizo. Frunció los labios y desvió la mirada. De vez en cuando pensaba que lo mejor sería sacar a Brooklyn de ese lugar.- ¿Dónde está mi primo?- preguntó, para luego ponerse de pie y comenzar a caminar, siendo guiado por Hiwatari hacia la enfermería.

-Debe estar por terminar de hablar con el psiquiatra. Ayer tuvo una crisis, por eso hoy el especialista vino a verle de urgencia. Brooklyn ya ha ganado algo de peso y se maneja bien con su nuevo diagnóstico y medicinas. Espero que le hayan llegado a usted los informes que le envié de…

Al escucharle hablar, Garland se tranquilizó. Había olvidado los informes que le había mandado Kai sobre los progresos de Brooklyn. Ofuscado en su molestia por la impuntualidad del enfermero, había pasado aquél detalle por alto. Trató de hacer pasar más disimulado su enojo.

Tal vez Kai sí quería hacer las cosas bien por su querido primo.