Disclaimer: Beyblade y sus personajes NO ME PERTENECEN. Estos son de Takao Aoki, así que si tienen algo contra algún personaje no me culpen a mí, haha.

Bien, bien, aquí estoy, dentro del plazo correspondiente… o bueno, casi. Espero me perdonen este capítulo tan corto, he andado de un ánimo bastante extraño el último mes por varias cosas que incluyen universidad, amistades, RP [jeje] y otras tonterías de índole personal. Pero en fin, eso da igual. Espero hayan tenido una Feliz Navidad y un genial año nuevo.

Gracias a toda la gente que me ha comentado, ¿saben? Son geniales, y los quiero mucho. Gracias por hacerme sentir que estoy haciendo bien este fic, hehe.

Espero no defraudarles con este capítulo que… me salió más corto de lo que esperaba. Perdón.

¡Espero comenten mucho! Saludos 3~

Provocación

Capítulo IX

-¡Brooklyn!- Con una amplia sonrisa, el peligris se acercó a su primo, que yacía con una expresión un tanto pensativa en la camilla de la enfermería.

No había sido sino hasta hace unos pocos minutos que el psiquiatra había hecho abandono del lugar, y en esos momentos se encontraba fuera de dicho cuarto, en el pasillo, probablemente, informándole del estado de Brooklyn a Kai.

-Garland, primo.- Masefield sonrió, ladeando un poco la cabeza y sin modular demasiado al hablar, para evitar que la herida de su boca le provocara el punzante dolor que venía propinándole desde hacía un rato.- ¡Hasta que te dignas a aparecer, pensé que me habías olvidado!- La sonrisa que adornaba los labios del pelinaranja era, más que falsa, una un tanto amarga. Luego de aquella charla con el psiquiatra, el inglés había quedado con los ánimos un tanto apagados. La idea de pensar que no podía crear lazos de ningún tipo con Hiwatari le ponía triste. Él se sentía terriblemente solo, y, muy en contra de lo que todo el mundo le recomendara, quería crear una amistad, un lazo casi irrompible con su enfermero.

"-Todo tienes que hacerlo para mejorar, Brooklyn. Así podrás salir pronto de acá…"

Esas palabras de su psiquiatra le habían quedado dando vueltas en la cabeza. Claro, si se sanaba, podría abandonar el centro, recomenzar su vida, terminar bien sus estudios, conseguir trabajo, conocer a alguien y formar una familia. Sí, sí. Todo eso sonaba maravilloso, pero no le llamaba la atención ni en lo más mínimo, porque estaba completamente consciente de que, una vez que él pusiera un pie fuera de ese centro, Kai Hiwatari pasaría a ser el cuidador de alguien más. Kai le regalaría sus atenciones, sus miradas de preocupación camufladas de orgullo a otro, a otro como Max, o como Takao. Hiwatari ya no se haría cargo de él. Ya no estaría a su lado nunca más. ¿Qué sentido tenía sanarse así, entonces? Él quería estar al lado de Kai, porque veía en él una salida, un pilar. Tal vez aquello podía ser un tanto egoísta, pero el mismo ruso-japonés le había prometido no dejarle solo. Eso quería decir… que tenían que estar juntos para siempre, ¿no?

Sacudió la cabeza para volver a la realidad. La voz de su primo lejano se había apagado de un momento a otro y había sido reemplazada por el eco de su propia consciencia rebotando en las paredes de su aturdida cabeza. No sabía en qué punto la conversación con su psiquiatra se había transformado en un arma tan de doble filo, ni en qué momento todas esas conclusiones precipitadas se habían anidado en su cabeza. Era como si, de pronto, algo en él se removiera con inquietud al saber que, por voluntad propia y "por su propio bien", tenía que hacer un esfuerzo para no crear un lazo, de lo que fuera, con su enfermero.

-¿Brooklyn? ¡Brooklyn! Vamos, no siempre puedo venir a verte, y ahora que lo hago, ¿me ignoras?- Siebald rió un poco mientras se sentaba al lado de la camilla donde yacía el menor. Le tocó uno de sus brazos afectuosamente y le observó con sumo detenimiento.

Se veía mucho mejor que la última vez que le había visitado, lo cual le dio una leve esperanza de verlo al fin libre de ese lugar tan horrendo. Aunque temía que, por la falta de costumbre a estar en el exterior, Brooklyn se estresara con demasiada facilidad.

-Lo siento, estoy un poco… dopado- Comentó el oji-esmeralda, sonriendo lacónicamente.

La sonrisa de Garland se borró por unos segundos y le acarició el brazo nuevamente a su primo, que era ya prácticamente como su hermano.

-Kai me lo comentó, al menos ya estás mejor, ¿no?

Brooklyn se limitó a contestar únicamente con esa misma sonrisa falsa de siempre y un asentimiento de cabeza. Mientras menos tuviera que hablar, mejor. El dolor en su boca se le hacía insoportable a ratos.

-Tienes que ponerte bien pronto- Garland le dijo, volviendo a poner su simpática sonrisa en los labios, aunque esta vez un poco menos pronunciada.- Así podremos irnos a Inglaterra. Allá podrás entrar a la universidad y…

-¡NO!-

La expresión amable que Garland mantenía en el rostro fue reemplazada por una de perplejidad absoluta. Brooklyn le observaba directamente a los ojos, con el ceño fruncido y la mirada vidriosa.

-No… No quiero irme de acá…-

Hesitó el inglés y luego bajó la mirada. Tal vez había hablado de más.

-Pero… Broo, hemos estado velando por ti tanto tiempo para que salgas de aquí. – El mayor ladeó la cabeza, tratando de ser comprensivo con su primo.- Afuera podrás rehacer tu vida una vez que te sanes. ¿No es eso acaso lo que quieres?

Masefield, aún con la mirada baja, tragó saliva, buscando rápidamente una excusa, una mentira para encubrir la verdadera razón por la cual no quería abandonar dicho centro psiquiátrico.

-Tengo… miedo, Garland. Llevo tanto tiempo aquí que no sé si podré sobrellevar bien una vida… "normal"-

Dijo lo primero que se le vino a la mente, logrando sonar lo suficientemente convincente para su primo, quien le creyó al ver su propia preocupación vuelta realidad frente a sus ojos.

-Entonces es eso.- Sonrió, un poco más relajado- No te preocupes, Broo, no vas a estar solo. Sabes que me tienes a mí para ayudarte en lo que sea.-

Desde que Masefield había caído interno, Garland le había tomado peso a lo que en verdad significaba su relación con su primo. Y era uno de los lazos fraternales que más cuidaba. En un principio, cuando era más pequeño, siempre había visto a Brooklyn como un chico raro, que le intimidaba, incluso, en cierta medida, pero con el paso de los años, y la madurez que estos mismos traen, el cariño que había forjado para con el menor se había impuesto ante cualquier dificultad, y había hecho lo posible por ayudar al pelinaranja cada vez que tenía crisis, o que necesitaba un abrazo u hombro para llorar.

-Lo sé, es solo que…- Sonrió amargamente y se encogió de hombros – Estoy asustado. Es todo.-

Garland suspiró y le volvió a acariciar tenuemente uno de los brazos al chico de ojos verdes. Miró de reojo un calendario que colgaba de la pared y chasqueó disimuladamente la lengua. En esa misma fecha, cuatro años atrás, Matthew, el tío de Brooklyn, había muerto en un accidente automovilístico. No era una fecha demasiado agradable para recordar, pero los dos últimos años, cerca de esa fecha, Masefield se había puesto bastante mal e intolerable. Al parecer ese año no había sido la gran excepción, aunque la causa de la crisis del chico había sido otra.

Brooklyn notó hacia dónde se dirigía la vista de su primo y se rascó la mejilla izquierda con la yema de sus dedos, ladeando un poco la cabeza. Él estaba bastante consciente de la fecha que caía ese día. Suspiró y cerró los ojos por unos momentos.

-He… cuatro años.- Susurró Brooklyn y volteó para ver a Garland.- ¿Por eso viniste justamente hoy, no? Pensaste que estaría triste.

Garland miró al menor, sorprendido, sin sonreír esta vez. No había motivo para hacerlo ante ese comentario. Se limitó a asentir y regresó la vista al calendario.

-No entiendo cómo lo pudiste perdonar.- Dijo Siebald, apretando los puños.-

-La verdad, yo tampoco…- El oji-esmeralda rió a penas, con la boca cerrada, al igual que sus ojos. Se acomodó en la camilla y se relamió el labio inferior.- Pero no es que sacara demasiado con guardarle rencor. Después de todo, Matthew no es más que un montón de huesos olvidados en un cementerio.

-Brooklyn…- Garland frunció el ceño ante las palabras del otro. A veces le molestaba que hiciera comentarios tan crueles sobre su propio pasado. Era como si estuviera completamente despersonalizado de él mismo. Aunque claro, con la enfermedad que tenía, evidentemente iba a actuar así en ocasiones.

-Garland…- El menor susurró con tranquilidad, ahora con sus ojos entreabiertos.- No me mires así, sabes que tengo razón. Si no moría en un accidente automovilístico, luego se iba a morir de cirrosis después de todo. No es como que fuera un ser inmortal.- Soltó una risita amarga, sin abrir los labios.- Y murió ebrio, para variar. ¿No es gracioso?-

-Cállate…- El peligris agachó la mirada. No soportaba cuando su primo hablaba así.

Brooklyn volvió a reír entredientes y suspiró, mientras observaba aquella mirada casi de dolor en los ojos de Garland.

-Primo… gracias por venir a visitarme.- Brooklyn alzó una de sus manos y acarició el rostro del peligris con delicadeza, dejándole perplejo.- No hablemos más de él.- Observó directamente los ojos del mayor y, radicalmente, cambió de tema.- Dime, ¿cómo vas con el trabajo?


Kai caminaba por los pasillos del psiquiátrico apretando con su mano derecha el teléfono celular que se encontraba guardado en el bolsillo derecho de su pantalón. Acababa de terminar su breve charla con el doctor de Brooklyn y, diciendo en el fondo lo mismo que Yuriy, aunque con mejores palabras, el hombre le había dejado en claro a Kai que tenía que mantener ante todo su ética profesional y no involucrarse con el paciente. Hiwatari no se había tomado muy bien el comentario, sentía que el sujeto aquel lo estaba subestimando, ya que el mayor había intentado hacerse el comprensivo con comentarios tales como "Es comprensible que te confundas fácilmente dado a que eres nuevo. ¿Te ha tocado un trabajo difícil, eh?"

A Kai eso no le había agradado en lo más mínimo, así que se había excusado diciendo que aún se sentía un tanto enfermo y que se retiraría a descansar a su cuarto por un momento. Así había logrado librarse de la odiosa charla con el psiquiatra, que más que charla era un mero sermón.

Mientras iba camino a su cuarto, sacó el celular de su bolsillo e hizo el intento de llamar a su "amigo" Yuriy, que repentinamente había desaparecido. El teléfono dio el tono de espera por unos segundos y luego el buzón de voz apareció. Repitió el proceso dos veces más y, frunciendo el ceño, dejó todos los intentos de lado y arrojó el aparato sobre la cama una vez que llegó a su habitación.

De seguro Ivanov estaba lo suficientemente enojado como para no querer saber de Kai por los próximos dos… tal vez tres días, y, obedeciendo a ese enojo, le cortaría el teléfono cada vez que intentara llamarle.

El ruso japonés se encogió de hombros mientras se sentaba en la silla de su escritorio y sacaba del pequeño estante que tenía una hoja y un lápiz. ¿Para qué? No tenía idea. Ya que no tenía un piano o un violín cerca para distraerse, intentaría escribir, a pesar de que no era muy bueno para ello. Escribió en el papel lo primero que se le cruzó por la cabeza.

"Sería más fácil si Brooklyn muriera"

Releyó la frase cinco o seis veces, sorprendiéndose cada vez más de lo que había escrito. Rápidamente, comenzó a tachar aquella oración hasta dejar las palabras convertidas en una enorme mancha de tinta negra. Hiwatari se mordió el labio y, bajo la mancha negra, escribió:

"Todo habría sido más fácil si ellos no hubiesen muerto"

Apretó su mandíbula y puños al releer la oración y cerró los ojos, mientras respiraba profundo. Por supuesto que habría sido mucho más fácil todo de esa forma, si sus padres siguieran con él. No habría quedado al cuidado de su abuelo, no habría sufrido esos castigos físicos que recibió por parte del anciano cada vez que cometía algún error, por más simple que fuera. No habría tenido que vivir bajo el yugo de un tirano y jamás se habría convertido en el amargado que era. Un amargado paranoico. Tachó la última frase nuevamente y, con los dientes tan apretados que por un momento llegó a temer que su esmalte no resistiera lo suficiente, bajo la nueva mancha de tinta negra, anotó una última frase, antes de dejar el papel de lado.

"Los dos tenemos que salir de acá antes de acabar en un lugar peor."

Y se puso de pie, revisando la hora en el reloj que colgaba de la pared de su habitación.

-Se acerca la hora de la cena. Iré a decirles que preparen algo para Brooklyn, ya que no puede comer alimentos duros.- Suspiró, con el entrecejo levemente arrugado y volvió a hacer abandono de la habitación, dejando olvidado su celular sobre el colchón de la cama.


En el camino hacia la cocina, Kai se había encontrado con unos cuantos internos y colegas, a los cuales ni siquiera se había tomado la molestia de saludar. Él seguía con la mirada puesta en el suelo, mientras pensaba en Brooklyn, en él, en ese psiquiátrico de mala muerte, sus fallecidos padres, su abuelo y Yuriy. De un recuerdo, pasaba a un pensamiento, de un pensamiento, llegaba a una reflexión, y de aquella reflexión, a otro recuerdo.

-¿Se te perdió algo?-

Una voz lo sacó de su estado tan repentino de ensoñación. Levantó la mirada y se dio cuenta de que estaba, por alguna razón, en la ala este del edificio, cuando se suponía que debía ir al ala oeste. Tragó saliva y dirigió su mirada hacia el dueño de la voz, que le parecía bastante conocida.

-Hitoshi- Musitó Kai mientras arqueaba una de sus cejas y se deshacía del agarre de la mano del mayor, quien de esa manera, junto con el llamado que le había dado, había logrado detener al ruso.

-¿Te encuentras bien?- Preguntó el joven de cabello azulado, más claro que el de Hiwatari.-

-Sí, estoy bien.- Kai, como un gato arisco, se alejó rápidamente del chico y le miró sin demasiada confianza- ¿Ya perdiste de vista a Max otra vez?

Ante dicha interrogante, Hitoshi frunció marcadamente el ceño, igualando un tanto al de Kai y luego volteó a ver la puerta del cuarto del chico rubio y pecoso, que acababa de tomar su medicina.

-Por supuesto que no, ahora está en su habitación.- Contestó Kinomiya con un dejo de suficiencia, cruzándose de brazos.- ¿Tú has cuidado bien de Brooklyn? Supe que…

-Lo he cuidado mucho mejor que tú.- Interrumpió el menor- Así que, a pesar de las crisis que, como la mayoría de los pacientes aquí, pueda tener, se encuentra mejor que nunca. Me alegra que al fin te hayas dignado a preocuparte por él.

Kai sabía que se estaba metiendo en un lío diciendo esas palabras, pero simplemente no estaba de un humor en el que se podría encontrar con alguien que no le agradara sin decirle algo para molestarle. Era su manera de desahogar la frustración que sentía por ver a Brooklyn mal, por verse a sí mismo mal. A demás, por otra parte, el sujeto que tenía en frente era el responsable de lo descuidado que el pelinaranja había esta el último tiempo.

-Yo siempre me preocupé por él.- Hitoshi apretó sus puños a tal punto que sus uñas comenzaron a clavarse en su piel, hasta hacerle daño.

-Sí, claro- Una sonrisa fingida, cargada de burla, se dibujó en los labios del chico mientras negaba con la cabeza.- Se le nota en las costillas y los huesos salidos de sus caderas.

-¡Eso no fue por mi culpa, Hiwatari!-

-Ah, cierto, lo que sí fue tu culpa fueron esas cicatrices que probablemente tuvo pero que, gracias al paso del tiempo, se le borraron.

-Cállat—

-¡¿Qué están haciendo?- Cuando parecía que Hitoshi, ya lo suficientemente exasperado por los comentarios provocativos de Kai, se iba a abalanzar sobre él con el fin de golpearle, Rei apareció, interponiéndose entre ellos, justo a tiempo para detenerlos. - ¿Quieren que los despidan?

-A este ya deberían haberlo sacado de aquí hace mucho.- Contestó Hiwatari, desafiando a Kinomiya con la mirada, frunciendo el ceño y manteniendo sus manos en forma de puños.

-Cállate Kai, que tú iniciaste todo esto. Tendrán suerte si no los llaman a los dos.- Kon suspiró, llevándose una mano a la frente y suspirando, levemente hastiado y ya menos afligido que segundos antes. Se alejó de los dos sólo cuando estuvieron a suficiente distancia el uno del otro.- ¿Qué creen que hacían? ¡Los pacientes de seguro los escucharon! Esto chicos, es grave, muy…

-Mph…- Kai de dio media vuelta y dejó a Rei con las palabras en la boca. No tenía absolutamente ni el más mínimo interés en escuchar más sermones. Había sido suficiente por ese día.

Suspiró cuando dobló el pasillo, tras haber dejado atrás a un desconcertado muchacho de ascendencia china y a Hitoshi Kinomiya mentando en voz baja horrores en contra del orgulloso Kai Hiwatari, quien ahora se sentía bastante más relajado gracias a aquellos pequeños… "comentarios" que había hecho en contra del mayor.

-Se lo merece.-

Murmuró Kai, retomando su camino hacia la cocina. ¿A qué iba?

Se detuvo en medio del pasillo al sentir que su objetivo había sido momentáneamente olvidado. Mordió con fuerza su labio inferior hasta que consiguió recordar.

-La comida para Brooklyn, cierto.- Negó con su cabeza y se masajeó las sienes de la cabeza.

¿Tenía cabeza? Se sorprendió. Parecía como si ya la hubiese perdido.


Mientras iba camino hacia el cuarto de Brooklyn Masefield, cargando un gran vaso con una bombilla y cierto líquido espeso de color casi marrón dentro de dicho contenedor, se encontró frente a frente con Garland al doblar un pasillo. El peligris ya había alcanzado el tope del horario de visitas y ahora se marchaba.

-Kai…- Dijo el otro mientras ladeaba un poco la cabeza. Parecía agotado, pero más tranquilo que cuando había llegado.- Quería verte antes de irme.

-Ha sido una suerte este encuentro, entonces.- Respondió el ruso, no pareciendo en verdad muy convencido de sus propias palabras. Notó cómo los ojos de Siebald se posaban sobre el vaso que cargaba el ruso en su mano izquierda. – Es la cena de Brooklyn.- Se apresuró a explicar el peliazul- En vista de que tiene puntos dentro de la boca… es para evitar que se abra la herida.-

Garland rió entre dientes, mientras asentía y hacía un gesto con la mano para tranquilizarlo.

-Calma…- espetó tratando de sonar amable- No es que crea que lo vas a envenenar o algo así. Todo lo contrario.- Dio un par de pasos en dirección a Hiwatari y puso una de sus manos en el hombro- Precisamente por eso quería verte. ¿Me acompañas a la salida? No vaya a ser que me pierda…

-Creo que, honestamente, el que tiene más oportunidades de perderse en este lugar soy yo y no usted…

-Nada de usted, sólo llámame "Garland", ¿sí? Olvídate de las formalidades, Kai, aquí no me son necesarias.

Kai inclinó la cabeza hacia la derecha y se encogió levemente de hombros.

-Está bien, Garland.-

Juntos comenzaron a caminar hacia la recepción del lugar, que no quedaba en realidad muy lejos. Sólo había que doblar por un par de pasillos y llegarían.

-Quiero agradecerte en verdad por estar cuidando tan bien de Brooklyn. Hace tiempo que no lo veía… bueno, relativamente estable.

-Gracias, sólo quiero que mis pacientes estén bien.- Contestó Hiwatari, pareciendo más frío de lo que en verdad pretendía.

-Así parece.- Los dos se detuvieron en la entrada de la recepción y se miraron por un par de segundos. Kai lo encontró incómodo y desvió la mirada hacia el interior de la recepción, escrutando el cuarto con la mirada, sólo para tener que ocuparla con alguna excusa válida. En cambio, Garland insistía con su incómoda mirada.- Lo dejo en tus manos Kai, tú sabrás hacer que esté feliz.- Y sonrió.

Kai quedó boquiabierto ante el último comentario. ¿No habría sido mejor decir algo como " Sé que podrás ayudar a que mi primo mejore pronto" o algo así? Quería preguntar, pero se contuvo ante esa sonrisa que fue seguida de un par de palmaditas en la espalda a modo de despedida.

-Nos vemos pronto.-

Y, sin decir más ni voltear para ver al ruso-japonés de nuevo, Garland Siebald abandonó el lugar, dejando a Kai desconcertado, clavado en el piso, en ese mismo lugar, durante casi dos minutos. Cuando al fin vio desaparecer la silueta del mayor, sacudió la cabeza y comenzó a caminar de vuelta al cuarto de Masefield. Ya había pasado tiempo suficiente, y de seguro el pelinaranja estaría hambriento.

Miró arqueando ambas cejas el vaso con aquel asqueroso líquido. No parecía en verdad que algo como eso pudiera quitar el hambre. Mucho menos se podía pensar que era sabroso.

Abrió con cautela la puerta de la enfermería y se asomó antes de entrar completamente. Frunció el ceño al hallar la habitación completamente vacía.

-¿Brooklyn?-

¿Habría ido al baño? Se dirigió hacia donde estaban los dos baños situados en la enfermería, dejando antes lo que se suponía ser la cena de Brooklyn sobre la mesa de apoyo junto a la camilla de este, pero ambos cuartos estaban completamente vacíos.

El corazón le dio un vuelco al ruso japonés. Se sobrecogió completamente y, con los ojos abiertos de par en par, olvidándose de todas sus demás preocupaciones, se centró únicamente en él, en encontrarlo a él.

-¡Brooklyn!-

Salió apresurado de la enfermería y, casi corriendo, empezó a buscarlo por todas partes.

Ya anochecía.

Era mejor encontrarlo pronto.

No quería pensar lo que podía hacer el mayor… estando sin él…