Disclaimer: Los personajes y la historia no me pertenecen. La historia es de TouchofPixieDust y los personajes son de Rumiko Takahashi, yo únicamente traduzco. Tampoco me pertenecen Ranma ½ ni Ouran High School Host Club.
Capítulo 6: Hermanas reunidas
31 de marzo
Shippo no estaba seguro de lo que opinaba de Kikyo.
Sí, la había visto unas tropecientas veces, pero eso había sido a través del reflejo de Kagome en el agua. Era completamente distinto ver a la mujer en persona. No comprendía todas las bromas de Miroku sobre que era como si fueran gemelas o que no podía distinguirlas. Cualquiera con nariz sabía que eran tan diferentes como la noche y el día.
Al principio, había creído que tener por allí a Kikyo sería como tener a otra Kagome. Pero esa idea no duró mucho. Kikyo parecía quejarse sin parar cuando no estaba teniendo ataques de rabietas y gritos. Shippo concordaba con Inuyasha en que deberían abandonarla en alguna parte, pero no se atrevía a darle voz a su opinión tras la reprimenda que el demonio perro había recibido ante la sugerencia. Kagome a veces daba miedo.
—Tened paciencia con ella —les había dicho en cuanto se había calmado un poco y había desaparecido el fuego de sus ojos—. Acaban de separarla de toda su familia. Es normal que esté alterada. Mostrad un poco de compasión.
—Feh —había respondido Inuyasha.
Feh, concordó Shippo. Se estaba cansando de escuchar las quejas. Estaba cansado de las miradas especulativas que le dirigía Kikyo a Kagome cuando pensaba que nadie miraba. Estaba cansado de que la mujer ocupase tanto del tiempo y la atención de Kagome. Y estaba poderosamente harto de oír llorar a Kagome cuando intentaba consolar a Kikyo cuando ella lloraba. Sería paciente y compasivo cuando volviese al otro lado del reflejo, donde estaba su lugar.
Pero más que nada estaba cansado de que Kikyo le recordase a Kagome lo maravillosa que era su patria natal. ¿Y si Kagome escogía encontrar una forma de volver CON Kikyo? ¿Y si toda esta charla sobre baños de burbujas, cines, barritas de chocolate y banana splits hacía que Kagome decidiese que quería marcharse? ¿Estaban únicamente de camino a casa de Kaede sólo para perder a Kagome al final?
Llevaban ya dos días viajando, desde que Kikyo intentó atacar a Kagome para obligarla a que la enviara a casa. Francamente, pensaba que deberían haberla dejado y haber seguido con su propio viaje. Cualquiera que atacase a Kagome era enemigo de Shippo. Estaba más que listo para librarse de esta… ¡esta INTRUSA! ¿A quién le importaba que la gente pensase que se parecía a Kagome? ¡Ella NO era su Kagome!
Pero tenían que hacer algo rápido. A Sango le estaba empezando a caer bien la mujer. A menudo se sentaban (o caminaban) y hablaban de sus familias y de las cosas que echaban de menos. Kagome siempre se sentaba (o caminaba) y escuchaba, pero rara vez intervenía. Tal vez dolía que le recordaran que estaba separada de su madre, hermano y abuelo.
¡Esa era otra razón para que no le gustara Kikyo! Le estaba recordando a Kagome no sólo las COSAS que echaba de menos de su mundo, sino también la gente. Su familia de verdad.
Shippo cambió de posición en el hombro de Inuyasha para poder ver mejor a Kagome, que caminaba al lado de ellos. Kikyo estaba a salvo al otro lado de Inuyasha. Afortunadamente, el demonio perro se mantenía entre las dos en todo momento, Shippo o se quedaba con Kagome o se sentaba en el lado de Inuyasha en el que iba Kagome. Él tampoco se iba a arriesgar con esta otra miko. No confiaba en ella.
—Reconozco este lugar —dijo Kikyo, interrumpiendo los furiosos pensamientos de Shippo—. Debemos de estar acercándonos.
—Con suerte, Kaede podrá darnos buenos consejos —dijo Kagome, inclinándose alrededor de la espalda de Inuyasha para ver a la persona con la que estaba hablando. Fue un completo accidente que la cola de Shippo resultase descender para bloquearles la vista—. Si alguien sabe qué hacer, será ella.
—¿Qué haremos si Kaede las envía a las dos de vuelta? —susurró Shippo al oído de Inuyasha.
—Cállate, enano.
—Pero, Inuyasha… ¿y si Kagome se v…?
—Cá-lla-te.
El zorrito le sacó la lengua al furioso demonio perro, pero permaneció posado en su hombro. Normalmente, en este punto de una discusión se marcharía para estar con Sango y Kirara, o saltaría sobre el hombro de Miroku, pero Shippo no quería alejarse tanto de Kagome. Su otra opción sería saltar a los brazos de Kagome, pero eso lo relajaría demasiado y no sería capaz de mantener vigilada a Kikyo por si volvía a intentar algo.
Además, Kagome tenía a Ryoku en brazos. Sango le arrancaría cada extremidad de una en una si respiraba siquiera con demasiada fuerza sobre el niño. Deja caer a un bebé UNA VEZ y nunca te dejarán olvidarlo. Uf… ¡Humanos!
—Espero que haya una fuente termal cerca —dijo Kagome melancólicamente—. Lavarse en el frío río sin duda deja mucho que desear. Me vendría bien un buen baño.
—Con burbujas —dijo Kikyo con una carcajada.
—¡Montones de burbujas!
Genial. Simplemente genial. Ahora Kikyo tenía otra vez a Kagome toda emocionada y risueña con esas estúpidas burbujas. ¿Qué tenía de genial un baño de burbujas, en cualquier caso? Poco más y acabarían hablando de…
—¡Y el chocolate! —Kikyo hizo un sonido cantarín mientras se frotaba el vientre.
—Echo de menos el chocolate —suspiró Kagome.
—¡Con almendras!
—¡Y turrón!
—¡O malvaviscos!
—¡Uuuuuh! ¡Me ENCANTAN los malvaviscos cubiertos de chocolate!
Shippo se encogió mientras Kagome chillaba por los malvaviscos cubiertos de chocolate (fueran lo que fueran) y lanzaba a Ryoku al aire y lo abrazaba cuando lo atrapaba. Se estaba emocionando demasiado por cosas estúpidas cubiertas de chocolate. ¿Valía la pena dejarlo a él por el chocolate? ¿O los baños de burbujas? ¿Y cuándo era el turno de otra persona de tener a Ryoku?
—Estoy ansiosa por volver a casa —dijo Kikyo en voz baja.
Y yo, rezongó Shippo en silencio.
—Sé a qué te refieres.
Pareció como si la sangre en las venas de Shippo se hubiera convertido en hielo. Sintió que Inuyasha se tensaba bajo él. ¿A qué se refería Kagome con que sabía a qué se refería Kikyo? ¿Significaba eso que también estaba ansiosa por volver?
—Volver a los baños de burbujas a la luz de las velas —dijo Kikyo con una sonrisa.
—Y las películas.
—Y los banana splits.
A Kagome le centellearon los ojos mientras se reía.
—¡Y las hamburguesas!
—¡La radio!
—¡La televisión! —Kagome dio una palmada alegremente—. ¿Todavía ponen Ranma ½ en el canal de anime?
Kikyo le dirigió una sonrisa.
—¡No me lo pierdo nunca! ¡Oh! ¡Y hay uno nuevo genial que se llama Ouran High School Host Club! ¡Deberías verlo!
—¿De qué trata?
—¿Qué más da? —soltó Inuyasha antes de que Kikyo pudiera responder, robando las palabras de la boca de Shippo—. Casi estamos en casa de la vieja bruja.
—No hace falta ser grosero con las señoritas —riñó Miroku alegremente. Y, si alguien podía encontrar una manera de reñir alegremente, ese era Miroku—. Solamente están un poco emocionadas.
—Menudo pervertido eres —gruñó Sango entre dientes apretados.
—¿Qué he dicho? ¡Soy inocente!
—¿Inocente? —dijo con burla—. ¡Ja! No fue LO QUE dijiste, fue esa asquerosa mirada lasciva que pusiste cuando lo dijiste.
—¿Asquerosa? —Miroku sostuvo una mano contra su pecho, como si estuviera protegiendo su corazón—. Mi querida dama Sango. Tus palabras me hieren. Yo no puse una mirada lasciva.
—Sí que lo hiciste —dijo Inuyasha mientras se hacía crujir los nudillos—. Y si Sango no te pega por ello, yo sí que lo p… —Miró a la ceja levantada de Kagome y los labios que amenazaban con convertirse en un frunce mientras mecía al bebé—… sí que lo haré. —Estaba desaconsejado decir palabrotas delante del bebé. Enormemente desaconsejado. A veces incluso dolorosamente desaconsejado, dependiendo del humor de las mujeres.
Sango tamborileó los dedos contra su búmeran de hueso gigante, mirando muy amenazadoramente al siempre sonriente Miroku.
—¿Hay una tercera opción? —preguntó.
Kagome se rio mientras metía al bebé entre los brazos de su padre y empujaba a Miroku hacia la cabaña que se estaba acercando.
—¿Qué tal si te portas de la mejor manera posible mientras visitamos a Kaede y te dejaremos vivir?
Sango los siguió, refunfuñando sobre maridos impresentables.
Shippo se quedó atrás con Inuyasha. Kikyo no se estaba acercando nada a la cabaña. Parecía un poco triste. El demonio zorro apartó a un lado el granito de empatía que estaba sintiendo. No era bueno empatizar con el enemigo y, por lo que a él respectaba, Kikyo era el enemigo.
—No tenemos todo el día, ¿sabes?
Kikyo puso una mirada de furia ante el comentario de Inuyasha y empezó a avanzar echando humo hacia la cabaña. Kaede ya estaba delante de ella, apoyada en su arco como si fuera un bastón. Pero cuando estuvo a dos metros del hogar que había abandonado hacía tanto tiempo, se detuvo como si de repente estuviera paralizada en el sitio.
—Bienvenida a casa, hermana —saludó Kaede con una inclinación de su cabeza.
—… ¿Kaede?
La anciana mujer sonrió amablemente.
—Sí.
A Kikyo le tembló el labio mientras miraba a su hermana y se le aguaron los ojos. Aquel estúpido granito de empatía había regresado, pero esta vez Shippo no fue capaz de hacerlo a un lado tan fácilmente, así que en su lugar apartó la mirada.
—El tiempo le ha pasado factura a este viejo cuerpo.
—Dinos cómo librarnos de ella —exigió Inuyasha.
Miroku se rio entre dientes.
—Por favor, disculpe a mi extremadamente entusiasta amigo, el viaje ha sido largo y difícil. —Ignoró el siguiente comentario colorido de Inuyasha sobre que hablara por él (lo que hizo que fuera inmediatamente golpeado por parte de la no divertida madre de Ryoku)—. Esperamos que usted sea capaz de ayudarnos a enviar a Kikyo de vuelta a la época de Kagome.
—¿Deseas regresar?
—Sí. —Kikyo miró por encima del hombro de Kaede. Era un truco que usaban algunas personas para que pareciera que estás mirando a alguien cuando en realidad no quieres mirarle. Cada vez que hacía contacto visual con su hermana, se le ponía aquella mirada triste que hacía que a Shippo se le hiciese un nudo en el estómago.
Durante unos momentos, hubo silencio.
—¿No tienes nada mejor para comer? —refunfuñó Inuyasha mientras toqueteaba el estofado que se estaba calentando sobre el fuego.
Kagome le riñó a Inuyasha por ser tan grosero mientras Sango ofrecía enviar a Miroku a buscar más leña. A Shippo y a Inuyasha los ahuyentaron para que fueran a por caza menor mientras Sango y Kagome se iban en busca de bayas y hierbas. Kikyo pareció incómoda por quedarse a solas con su hermana, pero Shippo le quitó importancia. Inuyasha y él esperaron fuera de la vista hasta que vieron que Kagome estaba bien lejos de la otra miko. No es que no confiaran en ella… bueno… eso era mentira. No confiaban en ella.
Con una mirada y un asentimiento, Inuyasha y Shippo habían ideado su plan silencioso. Shippo se quedaría y espiaría a las hermanas mientras Inuyasha juntaba rápidamente un poco de comida y luego mantenía vigilada a Kagome.
Espiar a las hermanas fue bastante aburrido. No hablaron mucho, o nada en absoluto. Después de que Kaede guardase su arco y su carcaj con flechas de nuevo contra la pared, simplemente se quedaron allí sentadas y se miraron con tristeza. Aunque ellas no sabían que las estaba observando, Shippo aun así se sintió incómodo.
—¿Eres feliz allí? —preguntó Kaede finalmente.
—Muy feliz. Tengo marido y una hija. Los quiero mucho. Me llenan todos los días el corazón de alegría y cada día que estoy lejos de ellos parece como si faltara parte de mi alma. Tengo una vida en ese mundo con la que antes sólo podría haber soñado. Sí, Kaede, soy muy feliz allí.
—Midoriko —dijo Kaede tras una corta pausa—. La única que será capaz de devolverte a tu nuevo hogar es Midoriko.
—¿Cómo la encontramos?
Kaede miró a su hermana mayor con tristeza.
—A Midoriko no se la encuentra fácilmente.
—¡Tengo que regresar, Kaede! ¡Mi familia está allí!
Shippo se encogió en gesto de empatía con Kaede. Eso debía de haber dolido. Después de todo, Kikyo era la única familia que tenía Kaede.
—Lo siento mucho, Kaede —se disculpó Kikyo en voz baja en cuanto se dio cuenta de lo que había dicho—. Sé que tú eres mi familia. Mi hermana pequeña. Pero mi marido y mi hija, mi querida hija Kaede, me están esperando en el otro mundo. Por favor, comprende lo importante que es qu…
—Lo comprendo, hermana —interrumpió Kaede con voz amable mientras le daba una palmadita a su hermana en la mano—. A Midoriko no se la encuentra fácilmente, pero es posible. Tiene un claro cerca de una cascada al que le gusta volver de vez en cuando que creo que le es preciado en su corazón. Haz que Kagome la llame con la perla. Puede que tarde minutos, o que tarde días. Incluso semanas o meses. O incluso nada. —Kaede tocó la mejilla de Kikyo suavemente antes de enderezarse—. No te rindas, hermana mía. Encontrarás tu camino a casa.
—Gracias.
La palabra fue un susurro que Shippo apenas pudo oír, incluso con su oído mejorado. De nuevo, se encontró conteniendo la necesidad de empatizar con ella. Miró a las hermanas desde su escondite. Y, por primera vez desde que ella había atravesado el reflejo, Shippo vio auténtica esperanza brillando en los ojos de Kikyo.
Los ojos de Kaede también relucieron.
—Llamaste Kaede a tu hija…
