aLO! Tarde como 3 siglos y lo se, no tengo excusa, y tambien lo se, pero acuerdense que nunca dewjare tirado el fic, y siempre que ustedes sigan aqui, yo tambien, muchas Grax por siempre estar y tambien por apoyarme!
Les dejo el cap, espero les guste xP jeje
Disfruten!
EDWARDLANDIA.
Caímos sobre la cama sin darnos cuenta siquiera como es que habíamos avanzado hasta ahí.
Hacía apenas un minuto tenía la firme meta de meterle las flores por el orificio más pequeño de su cuerpo, pero ahora no quería que sus sedosas y expertas manos se alejaran un centímetro de mí.
Sin ser plenamente consientes de cómo, nos despojamos de la ropa como si nos lo hubieran ordenado para no morir.
Acaricie su cuello con ímpetu mientras se recostaba sobre mí y besaba mi clavícula desnuda.
Su bóxer de seda rojo sangre cubría una ínfima parte de él, la más deseada, la más prohibida, mi perdición.
Era fiero, animal, agresivo, pasional, fuerte, alocado, como un ciclón.
Un ciclón con aires de pasión, tormentas de placer, tifones de caricias y terremotos de clímax.
Algo en mi interior estaba partiéndose en dos, pero no dolía; preocupaba, enojaba, pero no dolía.
Edward estaba logrando volverme loca, estaba furiosa, rabiosa al darme cuenta el poder que aquel prácticamente desconocido poseía sobre mí.
Me sentía la peor mierda entre las mujeres, dejando que él hiciera lo que quisiera conmigo, hasta hacia unos minutos tenía un incontrolable instinto asesino creciendo contra él.
Yo quería venganza…
¿Qué había pasado con mi venganza?
- Eres tan hermosa… tan perfecta… - susurro Edward mordiéndome el lóbulo de la oreja, devolviéndome un poco a la maldita realidad.
A la jodidamente malditamente excitante y pasional realidad.
¿Qué había pasado con mi venganza?... Sencillo, sus caricias la habían absorbido.
Hizo un truquito que yo obviamente por mi "novatez" no conocía, pasó una pierna al lado de mi cadera y tuvo un alcance indescriptible y enloquecedor hacia mi centro.
No pude evitar el gemido sonoro y enloquecido que salió de mis labios apretados y Edward se alzo unos centímetros para mirarme.
No sabía qué cara debía tener, pero estaba segura que no iba por la de "Quítate de encima, impotente" era más cercana a la de "Si no tienes protección juro que te lo corto y me lo quedo como llavero".
Sonrió de medio lado paseando los ojos por todo mi cuerpo, sus suaves manos delinearon la línea que dividía mi lencería azul de mi pálida piel, sus ojos transparentes cambiaban de intensidad conforme subían y bajaban, ardían de deseo, se mordió el labio inferior y trazo un camino de lengüetazos de mi cuello hacia mis pechos.
Quería concentrarme, quería devolverme a la maldita realidad, devolverme al pasado y volver a sentir el instinto asesino-vengativo-sádico-anti-Edward y vengarme de la manera más cruel y traumatizante.
Tan traumatizante como para que se hiciera gay, o mejor aún, travesti, o mejor aún, gay-travesti… aunque eso lo haría lesbiana...
Pero no sentía esa furia, el instinto ya no era asesino, era un instinto animal, el instinto de supervivencia que me decía que de no continuar hasta el final con lo que hacíamos, iba a hacer combustión espontánea.
¿Hacia calor o solo era Edward encima?
Un parte de mi jalaba hacia el techo, quería levantarse y patearle las bolas a Edward hasta que le quedaran de moño de corbata.
La otra parte tiraba hacia abajo, era la gravedad entre el colchón y yo, o la gravedad de Edward sobre mí, fuera lo que fuera, la gravedad me incitaba a disfrutar de aquello que tanto anhelaba.
Hizo que doblara las rodillas y comenzó a acariciar mis piernas mientras hundía la cabeza entre mis senos.
Había visto eso de las luchas internas en la tele y el cine, incluso en las caricaturas con Bugs Bunny y sus alter egos, pero nunca pensé que fuera así de placentero…
- Déjame acariciarte… déjame… tocarte… eres tan hermosa - musitaba contra mis senos.
Su tono era como imaginaba que hablaría un perro mientras montaba a una cachorrita.
Pero también era como imaginaba que el hombre de mis sueños me hablaría todas las noches mientras lo hacíamos hasta la madrugada.
Ah… que sueños guajiros…
Las caricias ya subidas de tono comenzaron a quemar, mi piel hervía y sentía como mi corazón comenzaba a desbocarse haciendo que me faltara el aire, mi lencería estaba tornándose en una extraña forma de cárcel, solo quería deshacerme de ella.
- Vamos yo sé… yo sé que no puedes resistirte… - su boca viajo a mi cuello mordiéndolo con ferocidad sin hacerme… mucho daño - vamos tócame, soy yo, Edward… no puedes resistirte a mi - susurro de manera hipnótica.
Y sus palabras tuvieron justo el efecto… contrario.
La excitación que sentía disminuyo tan dramáticamente que pensé que me había dado un infarto, pero nunca me dolió el brazo así que lo descarte.
Esa lucha interna, bastante placentera finalizo.
Ganando la hermosa venganza.
Fieramente me gire para dejarlo abajo pegado sobre el colchón.
- Eso… déjate llevar, Bella - gimió gustoso.
Obedeciéndolo deje que el instinto animal, ese instinto de supervivencia saliera a flote.
Para terminar con mí presa.
Me senté a horcajadas sobre él, bajando accidentalmente solo un poco su bóxer.
Descubriendo que la escasa luz de aquella noche en el lago no le había hecho justicia a su enorme amiguito promiscuo.
Sinceramente, volví a tener una pequeña lucha interna, quería aprovechar aquel manjar que el promiscuo y patán Edward Cullen me ofrecía.
Pero él, de nuevo, volvió a decir las palabras mágicas para terminar con esa lucha - ¿Te gusta lo que ves?… tómalo, es tuyo - dijo moviendo ligeramente la cadera y mirándome como si fuera un corte de carne fino y jugoso.
Lo tome de las manos y con un tirón que ni yo misma sabia de donde había sacado tanta fuerza lo levante de la cama.
Me atrapo en la cárcel de sus fornidos brazos y volvió a besar mi cuello mientras yo acariciaba sus hermosos glúteos, como he dicho antes, redonditos y paraditos.
Fui empujándolo hacia la puerta de la habitación mientras el cedía completamente a lo que yo hacía, estaba demasiado concentrado tratando de dejarme una marca en el cuello.
Quería marcarme como una res de ganado.
Me detuve y lo empuje de la frente para que me diera la cara.
Sus verdes orbes estaban como derretidas, sus ojos transmitían tranquilidad pero una fiera excitación que en otro momento, tal vez, y solo tal vez, me hubiera parecido de lo más tierna.
Le sonreí de medio lado, riéndome a carcajadas en mi interior.
Lentamente acerque mis labios a los suyos haciendo que temblara de apremio.
El primer roce fue leve, apenas un jueguito preliminar, su labio inferior se hincho ante mi cercanía y abrió la boca para darme paso libre.
Insisto, a pesar de que el instinto asesino y vengativo se había apoderado de mi, de que me sentía como la mujer más poderosa y controladora del mundo, sigo siendo esa mujer, virgen, deseosa y lo mejor, multiorgasmica.
No pude resistirme más y me arroje como bestia contra él, sus labios suaves me recibieron con regocijo mientras me apretaba contra sí.
Sin juegos previos nuestras lenguas comenzaron a batallar, y sin siquiera darme cuenta, las mordidas estaban incluidas en aquel faunesco beso.
Lentamente baje mis manos hasta mi cintura donde Edward me tenia atrapada, comencé a acariciarlo hasta que aflojo su agarre y con un sutil pero sexy movimiento lleve sus manos a mi cabello.
Para dejarlo con la única tarea de acariciar mi cabello…
Dato curioso: ¿Sabían que el cabello es la única parte del cuerpo que no tiene sensibilidad?
Yo si, por eso puse a Edward a acariciar mi insensible cabello mientras intentaba apoderarse de mi labio inferior a mordidas.
Volví a empujar mi cuerpo contra el suyo, llevándolo lentamente por un camino lleno de besos apasionados, mordidas deseosas, gemidos monocordes; el camino a la venganza.
El camino del deseo.
Si este camino estuviera en los mapas, lo tomaría diario para llegar al trabajo…
Sin darme cuenta lo estrelle contra la pared de la puerta del departamento, incluso el no se dio cuenta de nada que no fuera mi comestible cuello.
Era ahora, porque nunca más sería.
Me permití disfrutar de lo que tenía a mi merced, mis manos que se habían convertido en la parte más sensible de mi cuerpo, como si fueran mis ojos, iban acariciando cada minúsculo milímetro de Edward; reconociéndolo.
Haciéndolo completamente mío.
Me concentre en el hueco que había en la base de su garganta, besando y lamiendo mientras me deleitaba en su abdomen, el comenzó a bajar las manos hacia mis hombros, dirigiéndolas sin ningún miramiento a mis senos.
Me erguí y lo empuje ligeramente de la frente, para apoderarme de su cuello.
- Bella… - susurro frustrado besando mi coronilla mientras yo me esmeraba en dejarle una marca en el cuello con los dientes.
Mi propia marca de res en su suculento cuello.
- Pídemelo – le susurre con un tono acaramelado y ardiente.
Se quedo estático, sonreí ahogándome de regocijo mientras lamia alrededor de su clavícula.
- Pídemelo, vamos Edward pídemelo - le gruñí acercándome a su oído, provocando que todo su cuerpo sufriera una sacudida de gozo.
- Bella… - comenzó bajando las manos por mi nuca hasta mi espalda.
- Pídelo – le ordene con voz más firme mientras mis manos acariciaban su bien formado pecho y mis labios seguían esmerados en degustar el néctar de su cuello.
Y dejarlo marcado como ganado.
Sus rodillas temblaron y suspiro en busca de su perdido control, aproveche para rozar con mi nariz su lóbulo y suspirar, un suspiro como de satisfacción, pero invitándolo a que no se perdiera de lo que tenía en frente.
Congelo sus manos en mi cintura, y me empujo hacia el pegando cada rincón enfebrecido de su piel contra la mía.
Atrapo mis labios con los suyos, pero apenas y se quedo un momento en el beso; se separo agitado con el pecho subiendo y bajando aceleradamente, pero una sonrisa torcida y petulante que me dejaba como una abuelita frente a una computadora de última tecnología.
Con un movimiento salvaje y excitante me cambio de lugar, ahora yo estaba acorralada contra la pared, y él me sostenía de los hombros inmovilizándome.
Se separo un poco y me escruto de arriba abajo, mientras en su rostro se dibujaba la expresión mas depravada que habría podido imaginar en las sublimes facciones de Edward.
Con extrema sensualidad se mordió el labio inferior y un brillo animal se apodero de sus ojos.
- Eres tan hermosa, luces sublime en ropa interior, ya quiero quitártela - gruño acercándose a mí.
.Dios.
¡Uso hermosa, sublime y quitártela en una misma frase!
Me sentí como si ya no llevara nada, y note como la cara me ardía del sonrojo que el… pseudo cumplido de Edward había causado.
Comenzó a acariciar mi cadera, frotándola un poco contra si…
Pero de nuevo, tome sus manos y con un movimiento rudo y decidido, se las lleve arriba de la cabeza.
- Pídemelo, ruégame – le mordí el lóbulo de la oreja, y de nuevo lleve mis manos a su bóxer.
Sin miramientos metí ambas manos dentro del bóxer, apretando con avidez sus glúteos firmes y refregándome contra él.
- Pídemelo, vamos Edward, hazlo – le susurre al oído mordiéndome el labio y sintiendo mi pecho subir y bajar contra el suyo.
Su respuesta fue un gruñido salvaje mientras hundía sus dientes en el hueco de mi clavícula.
- Sigo esperando, pídemelo Edward, pídemelo y lo hare – le gruñí perdiendo un poco el control.
Era delicioso, excitante, atractivo, bien formado, bien dotado, excelente besador, excelente tocador…
Lo único que no tenía era cerebro.
Y no… eso no lo convertía en el hombre perfecto.
Era como alborotarme con Ken, era tan solo una muñeco de plástico con músculos delineados, tacto de gurú sexual, y trasero tan perfecto como el de Barbie.
Mordí por última vez su lóbulo, con mas deseo y poder que antes y sentí como sus rodillas se doblaban ante mi toque.
Perfecto.
- Dios… Bella, por favor, por favor Bella, hagamos el amor, por favor, Bella, déjame tocarte, Bella, hagamos el amor… -
Me separe de él de golpe tomándolo de los hombros y mirándolo directamente a los ojos.
Tuve una regresión al lago, a aquella noche que me parecía tan lejana, su mirada cristalina estaba llena de deseo, repleta de placer, mucho más que aquella noche, brillante de apremio, resplandeciente de victoria…
Pero sin una pizca de amor.
Sentí, literalmente, como mis propios ojos que debían brillar de la misma manera se apagaban como una fogata orinada por un perro, y mis manos se apretaron más en sus hombros.
- ¿Cómo? – pregunte esperanzada porque algún sentimiento apareciera en su mirada.
- Hagamos el amor – dijo claro mirándome decidido.
Fruncí el ceño decepcionada, nada en su mirada había cambiado.
Aunque tampoco esperaba que me amara de un momento a otro, ciertamente hubiera sido genial, pero era imposible…
¿Pero que estoy diciendo?, yooo no estaba interesada en que Edward se enamorara de mi, para nada, no era mi tipo, no era nada más que un loco precoz y molesto, y musculoso, con ojos hermosos, con una perfección parcial, pero seguía siendo un patán… no,… para nada… no me interesaba enamorarme de él…
No, ni en lo mas mínimo…
Para nada…
Ni siquiera era tan guapo…
Bueno si era guapo, pero no era caballero…
No me interesaba estar con él…
Para nada…
Aunque tenga las manos mas expertas y delirantes…
El trasero más perfecto…
Los ojos mas transparentes…
¡Demonios!…
Quite la mano derecha de su hombro y la baje sin que dejara de mirarme, la coloque justo donde quería y volví a conectar miradas.
- Por favor hagamos el amor, Bella – repitió algo impaciente.
Así que… Fin.
- Cupón no ganador, suerte para la próxima – sonreí de medio lado ante su mirada confundida – siga participando –
Sin dejarlo emitir una sola respiración, abrí de un jalón la puerta de la entrada, y con un empujón bastante mediocre lo saque del departamento, tomándolo totalmente desprevenido.
Azote la puerta, recuperándome un poco a mí misma, di varios respiros, y entonces solté una carcajada estridente.
- ¿Quién es la que manda ahora Edwardito? – Casi grite eufórica – ¡No soy cualquier puta que puedes tener en tu cama cuando quieras! – le grite riendo mientras caminaba de regreso a mi habitación, con las rodillas temblando.
- ¡¿Estás loca? – Escuche como golpeaba la puerta provocando que volviera a reír, algo nerviosa - ¡Estoy aquí semi desnudo, loca trastornada!, ¡Devuélveme mi ropa! - se escuchaba frenético, lo cual me alegraba más de lo que había pensado.
- ¡Pídemelo, Edward, ruega por ella! – Grite entre risas - ¡Eres un imbécil! – grite sin poder aguantarlo, los golpes en la puerta se escuchaban cada vez más fuerte, si tiraba mi puerta, seguro que yo le tiraba la ropa por la ventana…
La adrenalina corría por todo mi sistema, los sentimientos se encontraban y chocaban como si de las olas del mar se tratara.
Me sentía poderosa, la imagen de Edward en bóxer, sin poder ocultar su excitación; en mi pasillo a merced de cualquiera de mis vecinos, me hacía sentir poderosa, la venganza era justa.
La ironía del momento me estaba haciendo sentir oleadas de alegría; hacia unos días, yo era la que estaba marcada por la mala suerte, la ley de Murphy era la ley de Bella, todo lo que iba mal, podía ir peor.
Ahora era él, si algo le salía mal, yo a partir de ahora me ocuparía de que saliera peor.
La tristeza también tenía un sitio privilegiado en ese encontronazo de sentimientos.
No podía entender que era de lo que carecía para que un hombre, un hombre como Edward o como cualquier otro pudiera tomarme en serio, yo no era una loca, una ninfómana, hasta la última vez que comprobé (que era hacia unos cuantos minutos) seguía siendo virgen.
El enojo.
Edward me había tratado tan mal, me hacía sentir sucia, a pesar de que en realidad nada había pasado entre nosotros, me había hecho sentir como la puta que creía que era, me había tratado como tal, ¿qué impresión era la que le daba para que pensara eso de mi?.
Y la tristeza regresaba.
- ¡Eres una enferma, dañada, loca! - Exclamo aporreando como un loco la puerta, regresándome a mi hermosa venganza.
- ¡Oh vaya que sí!, - exclame mientras iba recogiendo la ropa de Edward, que estaba regada por el piso de mi habitación, ¿cómo llego su camisa a la persiana alzada de la ventana? - ¡Soy una loca enferma!, ¡pero nada de eso lo causaste tu!, ¡IMBECIL! – volví a gritar mientras tomaba las flores y estrujaba levemente algunos pétalos.
Las flores no tenían la culpa, pero las palabras de su carta aun estaban frescas en mi memoria, no podía entender como podía ser tan cretino, como podía sacarme tanto de mis endebles casillas.
Y una nueva oleada de enojo me lleno.
No respondió nada, mas se dedico a golpear la puerta como yo lo haría con él de tener el valor y la fuerza necesarios.
Entonces vi tirado el sobre en el que venía la carta, me agache por él y vi que aun ocultaba algo dentro.
Deje la ropa sobre la cama, mientras de fondo escuchaba a Edward masacrar mi puerta y blasfemar en nombre de no sé cuantas madres, santos y diablos y todo lo blasfemable posible.
Con mano temblosa abrí el sobre y regué su contenido sobre mi regazo.
Un nudo en la garganta me impidió siquiera respirar, mientras sentía mis ojos aguadarse y una oleada de culpa, remordimiento y enternecimiento me llenaban, eclipsando al enojo.
El sobre había ocultado un par de cosas más.
Sostuve temblando entre mis manos el hermoso cuadro de madera rojiza que rodeaba una foto donde Alice, Rosalie y yo estábamos sentadas en el patio principal de la Universidad, abrazadas y riendo, hacia unos dos años.
Era aquel día en que me habían dado el empleo en el Museo, mi sonrisa era tan enorme que me plantee seriamente buscar si había operaciones estéticas para reducir la longitud de los labios.
Alice estaba sobre las piernas de Rosalie y mías, abrazándonos del cuello, o más correctamente, haciéndonos una llave de lucha en forma… debería haber sabido que estaba loca desde hace mucho.
Rosalie ese día me había dicho que me vistiera de Azul, que era mi color y algo bueno iba a pasar.
Tomamos esa foto y después fuimos a un Bar a festejar.
Y al otro día tuve una de las peores resacas que recuerdo.
Que hermosa era la vida antes de ser un adulto irresponsable…
Las lagrimas me nublaron la vista y gire el recuadro sin saber qué hacer, ahí vagamente pude distinguir una dedicatoria.
Me limpie un poco las lágrimas y la leí.
Sé que no soy nadie, ni tengo que ver; pero Alice, Rosalie y tu son las mejores amigas que he visto en mi vida, Alice es mi hermana, de la familia, y ella las quiere como a sus hermanas, eso las hace parte de mi familia.
Recuerda que a pesar de todo, se adoran, incluso si tarados como yo se meten en su amistad.
Bella, amalas como si fueras a morir mañana, y recuerda que a pesar de todo, siempre podrás contar conmigo, como un hermano más.
Con cariño, Edward.
No pude contener más las lágrimas que escurrían copiosamente por mis mejillas.
¿De qué iba todo esto?.
¿Acaso Edward era bipolar, sufría de doble personalidad o era esquizofrénico?
En un momento era el hombre más cretino del planeta, al otro era parte de su familia y me hacía sentir una confianza que semejaba a la que él decía de un hermano más.
Edward era el tipo más extraño, mientras tumbaba a golpes mi puerta yo estaba tentada a abrazarlo y obligarlo a consolarme por hacerme llorar.
¿Era que podía ser tan lindo como considerarme de verdad parte de su familia?
¿Le importaba tanto Alice que aunque él y yo estábamos en la cuerda floja del odio y el asesinato, quería confiar en mí?
¿Por eso le importaba tanto que Alice no se enterara de nuestra mórbida relación?
¿Es que es de verdad un imbécil o solo le encanta hacerme perder la cabeza?
El mensaje me había llenado cada fibra sensible, estaba en un shock de esos que te dejan inmóvil, este tipo era mi perdición.
Observe el otro paquete que descansaba en mi regazo, era algo largo, casi del mismo tamaño que el cuadro y estaba estupendamente envuelto en periódico.
Sin ser muy consciente de lo que hacía, tome el otro paquete envuelto en periódico y comencé a sacar su contenido.
Con miedo cerré los ojos, bien podría ser una bomba, con esos cambios impredecibles, o bien, una propuesta de matrimonio de lo mas cursi del planeta rosa.
Abrí los ojos y lo descubrí.
Era un libro, pero, no era solo eso; era mi libro favorito.
Las manos me temblaron nerviosas y mi cerebro literalmente viajo al pasado y mi corazón se ensancho con una mezcla de nostalgia y alegría.
Admire la hermosa portada de "Noches Blancas" de Fedor Dostoyevski, era una historia tan romántica como trágica, además de que era el primer libro que había leído en toda mi vida.
Mi edición, era un adefesio en comparación a la que sostenía, su pasta parecía antigua, pero cuidada, elegante y formal, como los libros de colección de antaño.
Y mi edición me la había regalado mi papá.
De pronto mi venganza me pareció lo más estúpido del planeta.
¿Cómo Edward sabia que este era mi libro favorito? ¿Cómo había conseguido esta hermosa edición? ¿Cómo lograba hacer que mi enojo se esfumara tan abruptamente como florecía un agradecimiento y cariño tan inmensos?
Le di la vuelta al libro para admirar la contraportada y una tarjetita callo.
Esperaba, ahora si cualquier cosa, la tarjeta podría ser una letanía de ofensas o un autógrafo del difunto escritor.
Maldito Edward bipolar.
Tome la tarjetita y leí la hermosa y distintiva caligrafía de Edward.
Alice alguna vez entre sus tantos relatos sobre ti, me dijo que amas leer.
Este libro es ciertamente infaltable en mi colección, uno de mis favoritos y quiero compartirlo contigo.
Es una historia de amor, pero no te confundas, solo léelo, veras que te gustara.
Y también te lo doy como ofrenda de paz, es algo que yo amo, y que estoy convencido que tu también amaras.
Por cierto, el cuadro costo 10 dólares, el libro 60 dólares, Alice tiene mi dirección, no corro prisa.
Te adjunto mi número de Cuenta y mi banco.
Saludos, Edward.
Ok... este tipo o era imbécil, o un avaro, o simplemente Alice lo había usado demasiado para practicar sus llaves de lucha libre cuando eran niños.
¿Me estaba cobrando sus regalos?
Todo el remordimiento se redujo a cenizas.
Tome su ropa y las flores y me dirigí a la puerta.
- ¡Bella, ábreme de una puta vez y devuélveme mi ropa, o si no juro que...! - lo interrumpí dándole una patada a la puerta.
- ¿O sino qué?, ¿me vas a cobrar 10 dólares extra por cargo de servicio?, - tome aire profundamente y volví a patear la puerta - ¡Vete a la mierda! - le grite furiosa.
Volvió a golpear la puerta y espere otra respuesta estúpida.
Pero no dijo nada, vi su sombra por debajo de la puerta, acercarse más, y un ligero golpecito contra esta, se había recargado.
Nos quedamos en silencio durante un rato, lo escuche suspirar mientras yo posaba mi cabeza contra la puerta, agotada de todo esto, harta de él.
- Eres tan complicada... - suspiro con cansancio, pero pude notar cierta diversión morbosa en su voz.
Que tipo más extraño…
Iba a replicar, yo no era la complicada, ¡él era un imbécil!; pero la voz se me quedo atascada en la garganta cuando escuche una voz diferente a la suya, pero tan conocida para mí como caerme.
- ¡Santa madre de las alcachofas astrales! - grito estupefacta la voz de Rosalie.
Me quede helada, si Rosalie estaba ahí, entonces Alice...
¡Mierda!
- ¡Por todos los dioses del Olimpo!, - chillo Rose más alto - ¡ESTAS DESNUDO! –
¡Recontra Mierda!
- Oh, Por todas las cosas buenas y santas de este planeta... ¡Dime que no te tiraste a mi amiga! - exclamo de repente furiosa Rosalie.
¡Requeté recontra Mierda!...
Estoy muerta…
Entonces mi cuerpo volvió a funcionar y con un movimiento rápido gire la perilla para abrir la puerta.
Lo siguiente pasó tan lento para apreciarlo perfectamente, pero tan rápido que no lo pude evitar.
Edward que estaba recargado en mi puerta, cayo dando de lleno con la espalda al piso, haciendo temblar mis pies; entonces un borrón imperfecto que reconocí como Rosalie se lanzo sobre él, dándole de lleno en toda parte accesible con una bolsa repleta de comida.
- ¡Maldito degenerado!, - le grito colérica haciendo que me helara en mi lugar - ¿Cómo te atreviste a tirarte a mi amiga?, Alice me dijo que podía confiar en ti, pero estaba equivocada, ¡Eres un maldito pene andante!, ¡Maldito acosador! - exclamo aporreándolo con la bolsa.
De repente la bolsa, de plástico por cierto, se abrió regando todo tipo de comida sobre el estupefacto Edward que solo atinaba a protegerse la cara.
Rosalie roja de furia, se sentó a horcajadas sobre él y tomo una penca de plátanos para aporrearle la cabeza y los brazos, olvidando el resto de la magullada comida.
- ¡Sucio hombre degenerado, debes ser escorpión, todo los escorpiones son tan sexuales, y además eres hombre! – Edward trato de cubrirse de los golpes fructíferos de Rose, se sacudió un poco pero ella pareció enfadarse aún más y acelero su golpiza.
- ¡Y un demonio, déjame rubia loca! – gritó Edward tratando de quitársela de encima, pero Rosalie seguía aferrada a su cadera con las piernas y no se movía un solo centímetro.
- ¡Eres un asco para los escorpiones, para los hombres, para las almas sexuales del planeta, tu no deberías ser hermano de Alice, eres como el mismísimo diablo, promiscuo y engañoso, DEGENERADO! - le grito, destrozándole la penca en la cabeza - ¡Deberían de mandarte a cortar el pene, porque se ve que lo usas más que la cabeza! –
Y ahí fue cuando decidí, que esta absurda pelea vegetal tenía que terminar.
- ¡Basta, Rosalie, tranquilízate! - exclame acercándome torpemente.
Ella levanto la mirada, y su rostro de un rojo furioso cambio drásticamente a un pálido cetrino que me asusto.
Me miro de arriba a abajo quedándose con la penca destrozada en las manos, y entonces me di cuenta... seguía en ropa interior.
Quise correr a esconderme, pero mis rodillas se doblaron de forma extraña haciéndome plantarme en el piso, lo primero que se me ocurrió fue cubrir lo que podía con las rosas, tirando la ropa de Edward al piso...
Si lo se... las rosas... la ropa... me vuelvo un poco idiota cuando... cuando... casi siempre...
Edward se retorció bajo Rosalie y con un movimiento brusco se la quito de encima y se enrollo sobre su ropa.
Rosalie cayó de espaldas golpeando la puerta con su cabeza, pero nunca dejo de mirarme.
La escena, pensé, era bastante risible, Edward estaba hecho un ovillo sobre su ropa, Rosalie estaba tirada con la cabeza recargada en la puerta mirándome boquiabierta y yo... la mas idiota de todas se tapaba la gran desnudez con las pequeñas flores.
Un incomodo silencio se hizo mientras los tres cruzábamos miradas unos con otros sin expresar nada.
Rosalie fue la primera en reaccionar, su rostro se volvió rojo, pero su expresión era apenada, se levanto lentamente, sin soltar la penca; ignoro completamente a Edward, bueno no completamente si tomamos en cuenta que al levantarse le pateo el trasero levemente, el no dijo nada, seguía mirándome con ojos inescrutables.
Rosalie se paró a unos centímetros de mi y analizo mi rostro, estaba más que avergonzada, pero no podía siquiera abrir la boca.
- Bella... ¿te acostaste con él? - pregunto con voz retenida.
Mi sonrojo subió al extremo, pensé que de un momento a otro mis rostro explotaría y mis dientes se clavarían en la puerta.
- Yo... - solté sin saber que responder.
Medio billón y medio más un cuarto de ideas cruzaron por mi mente.
"¿Qué es un revolconcito hoy en día?"...
"¿Qué si me acosté con él?, ¡lo que menos hicimos fue estar acostados!"...
"Si me acosté con él, pero no deje que pasara de eso porque tengo una patología crónica que me impide dejar de ser virgen"…
"Me acaricio, pero soy frígida y no sentí ni aire"…
"Ya sabes un poquito de amor por aquí, una agasajada por allá, pero nada de qué preocuparse"
Ciertamente no habíamos tenido relaciones, pero, lo que habíamos tenido no se llamaba tomar el té en un día caluroso.
Así que haciendo gala de mi brillante capacidad de improvisar le respondí.
- Yo... no - termine simplemente.
Rosalie deformo su rostro de nuevo drásticamente, haciéndome pensar que cuando fuéramos viejas ella sería la primera en usar botox en esas arrugas que se formaban en su frente cuando estaba... furiosa...
Y si, de nuevo todo paso lento como para apreciarlo, pero tan rápido que no lo pude evitar.
Rosalie alzo la penca de plátanos, o lo que sobraba de ella… y me la estrello en la cabeza.
- ¡Pero si serás tonta, Bella!, - me grito entre furiosa y escéptica - ¿que no lo vez?, será un degenerado y pervertido, ¡pero se cae de BUENO!, ¡Por los horóscopos sexuales, Bella!, ¡Podrías habértelo tirado!, ¡No puedo creer que desaprovecharas esta oportunidad!, ¡si sigues por ese camino te vas a morir VIRGEN! - exclamo azotándome la penca en la cabeza.
Me protegí con las manos dejando caer las rosas y dejando que Rosalie me dijera lo que yo ya sabía, estaba a punto de empujarla y tomar una papaya para hacerle un sombrero cuando la risa estridente de Edward resonó en el departamento.
Ambas nos quedamos estáticas, Rosalie con un plátano en la mano tratando de metérmelo en la nariz y yo agarrando su otra mano mientras trataba de alcanzar la papaya con el pie.
Lo miramos y él volvió a reír aun ms fuerte, mientras tomaba sus pantalones y sentado en el piso comenzaba a vestirse, con un renovado aire de parsimonia y suficiencia que al instante me hicieron rechinar los dientes.
- Eso mismo le dije yo, Rosalie, que soy irresistible, pero creo que tu amiga es lesbiana - dijo con cierto tono de venganza.
Rosalie desistió de su tarea de hacerme un piercing de plátano y se encaro con él.
- ¿Te crees que estas tan bueno que nadie se te resiste? - le escupió como si fuera una grosería.
¡Esa es mi Rosalie!
- Obviamente - soltó con una sonrisa seductora, el rojo volvió a subir a mi rostro, y las ganas de patearla las bolas eran casi irresistibles.
- Ya lo creo... - respondió Rosalie con un tono seductor que me dejo descolocada.
¿Esa es mi Rosalie?
Edward alzo rápidamente la vista a Rosalie que con un movimiento lento y seductor comenzó a agacharse para encararlo.
- Cuando te vi en ropa interior en el pasillo casi me lance sobre ti... ciertamente eres... - paso sus manos por los hombros de Edward y la quijada se me cayo de asombro.
¿Rosalie estaba coqueteando con MI hombre?...
Quiero decir...
¿Rosalie estaba coqueteando con el hermano de nuestra mejor amiga?...
Eso era…
… Desleal...
(Una trompetilla salió del fondo de mi cabeza, pero la ignore)
Rosalie se acerco a la boca del estupefacto Edward y yo, sentí unas ganas locas de patearle las bolas a Rosalie.
Bueno ella no tenia, pero sentí ganas de ser una bruja, ponerle bolas y luego pateárselas.
- Ciertamente, tienes algo irresistible - dijo Rosalie tan cerca de él que pensé que en cualquier momento lo iba a aplastar - no me puedo resistir a hacer esto... – soltó.
Edward abrió los ojos impresionado, pero no me paso desapercibido que paro un poco los labios para recibirla, sin embargo Rosalie no tenía esa intención.
La vi alzar las manos sobre la cabeza de Edward, pero no estaban vacías...
En ellas sostenía dos tomates medio magullados, y con un movimiento rápido los hizo puré en el hermoso cobre que tenia por cabello el hermano de Alice.
Al sentir la humedad abrió aun más los ojos y se quito de un brinco a Rosalie.
- ¡Ustedes son unas psicópatas! - grito poniéndose la camisa y sacudiéndose los restos del tomate, tirándolos sobre mi limpio piso.
Tendría que agradecerle por ayudarme a ensuciar.
Rosalie rio fuerte mientras se sentaba de manera arrogante en un brazo del sillón más cercano a la puerta.
- ¿Te crees tan irresistible?, Bella podría contigo con los ojos cerrados – dijo cruzándose de brazos.
Ok, no me estaba gustando el rumbo que estaba tomando esto.
- ¿Podría conmigo? ¿Acaso estábamos en una lucha de dos a tres caídas de la cual no me entere? – pregunto Edward molesto mientras se abotonaba la arrugada camisa.
- ¡Sabes a lo que me refiero!, ¡Eres demasiado poca cosa para mi amiga! - exclamo Rosalie enojada, mientras tomaba otro tomate y lo aventaba en su dirección pero Edward se agacho a tiempo para que ese tomate se estrellara en el piso.
Bien, un punto extra por seguir ensuciando mi departamento, si le dijera a Alice que su hermano ensucio, seguro lo deshereda.
- No lo creo, podría tenerla si me lo propongo – dijo tan calmado como si estuviera hablando del clima.
- No lo creo, ella podría tenerte si se le antoja, pero ¡no se le antoja!, eres una pequeña pulga en comparación! – dijo Rosalie mirándose las uñas y hablando tan tranquila como si no me estuviera vendiendo cual pedazo de carne!
Edward soplo sonoramente y con paso lento fue acercándose a la puerta, y a lado de la puerta estaba yo.
- Eso quisieras – dijo tranquilamente mirando a Rosalie mientras se acomodaba el cuello de la camisa.
- ¡Veras!, ella te lo va a demostrar, te tendrá comiendo de su mano – le respondió Rosalie sonriendo como niña con juguete nuevo
- Eso quisiera verlo – respondió con burla.
- Ya lo creo, ella es demasiada mujer para un impotente como tu, te apuesto que aunque quisieras tenerla, tu amiguito no respondería – dijo Rosalie, riéndose a carcajada limpia.
La verdad es que eso si causaba gracia.
Al menos a nosotras, Edward se envaro frente a ella y sin la sutileza de caballero le grito.
- ¡NO SOY IMPOTENTE!, ¿ME ESTAS RETANDO? – grito mirándola furibundo.
Rosalie rio complacida de hacerlo sacar espuma por la boca (no se asusten, no literalmente) y se acomodo bien en el sillón sin siquiera mirarlo.
- Te apuesto el auto de Bella a que no puedes conquistarla – dijo ella tomando un mechon de cabello y mirando de cerca su sucia y traicionera orzuela.
¿Qué acababa de decir?
¿Me estaba apostando a mí y a mi carro por… mi?
¿Por qué tengo amigas si bien podría conservar a Jacob Black como mi persona más cercana?, haría las mismas idioteces que mis amigas.
- ¿Estas apostándome el Volvo de tu amiga para que la conquiste? – pregunto Edward divertido, y tanto Rosalie como yo vimos el maldito brillo avaricioso en sus infelices ojos verdes.
Rosalie se levanto y le sonrió meneando la cabeza divertida.
- ¿Eres idiota o solo fumas mucho el tapete de tu mamá? – Pregunto ella riéndose a dos centímetros de su cara - ¡Pues claro que no!, ¡ella vale millones de veces más que un auto!, - me sentí tan mal de comparar a Rosalie con Jacob que casi me puse a llorar en ese instante, ella era la que no debería de conservarme como amiga, yo era la que pensaba idioteces, Rosalie era mi mejor amiga – Ella vale incluso más que tú – lo señalo - aunque a veces sea la mujer más torpe del mundo, se visto como si viviéramos en un pueblo de los años 20`s, que a veces sea tan absurda que piense que no vale la pena, que no sepa cocinar, que sea alérgica a comida que preparo, que no acepte cuando le digo que se vista de un color, cuando no quiere que le lea el horóscopo… cuando sale y… -
- Ok, Rosalie, entiendo que tu amiga es un Ángel sonrojado caído del cielo – dijo Edward entre divertido y hastiado mirándome de reojo.
Ciertamente estaba totalmente sonrojada.
Las palabras al puro estilo Rosalie me hicieron sentirme apreciada a pesar de que no todas eran un halago, baje mi mirada y lo primero que vi, fue mi brasierre.
¿A que no se habían dado cuenta que soy la única en paños menores?
Ni yo.
- Solo estaba diciéndote algo que claramente no has apreciado tu mismo – dijo Rosalie sentándose de nuevo sin prestarle atención a Edward.
- ¿Entonces no me estas apostando el Volvo? – pregunto Edward esperanzado.
- ¡Pues claro que no, idiota! – le grito Rosalie levantándose como si hubiera estado sobre un resorte - ¡Solo era para ver lo cretino que eres, y créeme, sacaste Sobresaliente – dijo ella mirándolo con superioridad.
- Ahora entiendo porque Alice es amiga suya – dijo Edward dándose la media vuelta – las tres son unas dementes – dijo alzando los hombros.
- Dementes sí, pero no para tu manicomio, niño bonito – dije al fin! Al fin salió mi voz que se había ocultado bajo mi desnudes!... creo que voy a llorar de felicidad…
- ¿Verdad que si soy hermoso? – dijo riéndose.
Se paro justo frente a mí y me miro de arriba abajo con una sonrisa retorcida.
- Tú también eres hermosa – dijo guiñándome un ojo.
Se inclino hacia mí y rápidamente, antes de que Rosalie o yo reaccionáramos me dio un suave beso en los labios.
- Creo que visitare más seguido este manicomio – dijo Edward mientras sentía como se alejaba de mi.
Cerró la puerta al salir, tan silencioso como había llegado, como se había ido, como era.
Rosalie se paro frente a mí, pero yo estaba en otro mundo.
En Edwardlandia.
Y era el lugar más extraño que alguna vez visitaría.
Y me encantaba.
- Te juro que si no te lo ligas antes de que el te ligue a ti, llorare mucho por tu auto – dijo Rosalie sonriéndome de manera picara – porque si él te liga a ti, juro que me estrello en el Volvo –
- Deja a mi auto fuera de esto – dije sonriendo.
- ¿Es un cretino cierto? – dijo Rosalie riendo mientras caminaba hacia mi habitación, yo la seguí mientras su risa me empezaba a contagiar.
- El más cretino de todos – respondí riendo.
- ¿Te gusta cierto? – pregunto Rosalie sin mirarme mientras recogía algunos pétalos del piso y miraba el libro y el cuadro tirados.
- Para nada, es un imbécil – vaya… que mentira más natural me salió.
- Eso pensé – rio Rosalie - ahora vístete que Alice y Jasper no tardan en llegar –
Y la obedeci.
Alo!
Se que me he tardado inmensidad de tiempo en publicar, la falta de tiempo me mato!.
Mañana es un día muy importante para mi, tengo un examen que decide en parte mi futuro como estudiante :S si son creyentes recen! Jejeje no se crean, pero espero me manden todas sus super buenas vibras para sentirme tranquila y feliz y asi concentrarme en mi examen! Porfavor, sino dejan Review no me sentiré mal, pero piensen en mi, y mándenme su buena vibra!
Grax a todos por leer, y por dejar review, unirse a laertas y favoritos, de verdad no saben como lo aprecio.
Como siempre digo, este fic es para ustedes y por ustedes.
Gracias especiales a:
NHESSA,AIIRAM, GEORGINA, WILMA CULLEN, MARIE BOWEN, KITTY CULLEN, ERICASTELO, AIZEN63, , BARUCA, CRYSTAL BUTTERFLY 92, ALDIIN, YULIBAR, SOPHIA 18, ANIRA CULLEN, GATITA7, FER, QUEEN ANNIE, LOKAXTV, MI NOE!, n_n jeje asi puso!, CULENS NICKY, WONKA.090, , CULLEN, AWEN GRANGER, JACKY MASEN CULLEN, DANY, YOYA11, KARITO CULLEN MASEN, MONIKA GRANGER, KLAUDIA, MAFER, IVANA CULLEN, PRINCESS2213, CONI, YOLABERTAY, ADY, PEDRO (MUACK), BRENDA, LONNY.9, LU537, IXTAB CHAN, TEFI, MONIKACULLEN, NINISITA, LUCREE, MICHELLERM39, GABRIELATWI19, CIRENE, GRACYCULLEN, ALECZA, CAMELA, M1979, MIMOKO BRANDON, JESSICA, LAURACULLEN SWAN, DIEGO, QUIZAS, SERENITY CHIBA DE CULLEN!
Y EL AGRADECIMIENTO SUPER ESPECIAL ES PARA NAOBI CHAN, QUE HIZO UNA NOTA DE LA HISTORIA EN SU BLOG, MUCHAS GRAX NENA!
Bueno y comento que tengo medio escritos los dos siguiente capítulos y me prometi a mi misma que para el estreno de Eclipse, van a tener el fic en una zona que buenooo, jejeje les tengo varias sorpresas que vienen en el siguiente cap, bueno unos 3 jejeje.
Grax de verdad a todos! Espero que puedan hacerme ese favor de mandarme buena vibra, mañana a las 7 de la mañana estare en examen, (En México) Grax a todos, no saben como los extraño!
Muchas buenas vibras a todos! Los quiero!.
