Star Wars pertenece a Disney (creado por George Lucas)

Harry Potter pertenece a J.K. Rowling

Harem de Anakin: Padme Amidala, la futura maestra del consejo Adi Gallia, las caballeras Jedi Bultar Swan y Luminara Onduli.

Harén de Harry Potter: Hermione Granger, Susan Bones, Daphne y Astoria Greengrass, Parvati y Padma Patil. Aayla Secura y Maris Brood.

Star Wars: El Nuevo Camino

Capítulo 45.

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Cuando fue de noche, Voldemort tomó un respiro y cerró sus ojos, mientras permitía que su magia y la Legeremancia, entraran en acción.

Él no podía ir tras la Profecía, pero sí podía hacerlo Harry Potter, al ser el otro de quien hablaba la misma. Necesitaba saber la profecía completa, para así saber en qué falló y como matar a Potter.

Tomó un respiro y envió la Legeremancia, hasta Hogwarts, solo para fruncir el ceño y cerrar con fuerza los parpados. Sí. McGonagall era una mejor directora, de lo que lo fue Dumbledore, al haber levantado todas las Salvaguardas, alrededor del castillo. Ahora, le costaba más trabajo, ingresar una onda legeremántica, hasta Hogwarts y eso le extrajo una enorme cantidad de magia, cansándolo, como si estuviera corriendo una maratón y agitando su corazón, llevándolo a respirar agitadamente y apretar con fuerza los brazos de la silla, mientras buscaba a Harry Potter.

Una sonrisa apareció en sus labios, cuando ingresó en la Sala Común de Hufflepuff, solo para notar como su corazón latía cada vez más y más rápido, su respiración se aceleraba cada vez más y más. — ¿Por qué? —Se preguntó, mientras buscaba a Harry Potter, hasta lograr encontrarlo. — ¡Los nuevos escudos alrededor de Hogwarts, están drenando mi magia! —pensó, cuando lo comprendió. No le quedaba mucho tiempo. Se cansaría, incluso antes de lograr su objetivo. Ingresó en la mente de Harry Potter, solo para ser sacado de su propia mente y ser atrapado por el cuello, por el mismo ser. El mismo escudo Oclumántico: Alto, delgado, de cabeza alargada y calvo, de ojos escarlata.

Eres escoria y como te vuelva a ver, por aquí... entonces puedes estar seguro, de que no seré misericordioso —fueron las palabras de Darth Plagueis, mientras que Voldemort se tensionaba y sentía como esa criatura la extraía literalmente su energía vital, obligándolo a volver a su cuerpo.

— ¡Maldita sea! —rugió Voldemort furioso, mientras sentía su corazón latiendo tan rápido y su cabeza pulsando un dolor tan grande, que era como recibir un golpe en la cabeza, desde cinco frentes: en la coronilla, en la frente, en las sienes izquierda y derecha y en la parte posterior de la cabeza. Llevó sus manos a su cabeza, intentando calmar el dolor. — ¿Qué es esa cosa?, ¿desde cuándo un mocoso de quince años, puede tener un escudo Oclumántico así?

— ¡Mi Señor, mi señor! —dos Mortífagos llegaron hasta él, apoyando sus manos en el asiento y esperando órdenes.

—Harry Potter... tiene un escudo Oclumántico, como nunca antes lo he visto —gruñó enfadado, su visión era borrosa, el dolor continuaba —necesito saber lo que dice la Profecía, cuanto antes.

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La profesora McGonagall tenía razón, pues Harry encontró dificilísimos los hechizos desvanecedores. Tras una clase de dos horas, solo había conseguido hacer desaparecer los caracoles con los que estaban practicando, la concha de su caracol, pero no al animal. Hermione, por su parte, consiguió hacer desaparecer su caracol al tercer intento, y la profesora McGonagall le dio diez puntos extra a Ravenclaw. Fue la única a la que la profesora McGonagall no puso deberes; a los demás les ordenó que practicaran el hechizo para el día siguiente, ya que por la tarde tendrían que volver a probarlo con sus caracoles.

Harry y Susan, presas del pánico por la cantidad de trabajo que empezaba a acumulárseles, pasaron la hora de la comida en la biblioteca documentándose sobre los usos del ópalo en la fabricación de pociones.

La profesora Sprout empezó la clase sermoneando a sus alumnos sobre la importancia de los TIMOS, lo cual no sorprendió a nadie. Harry estaba deseando que los profesores dejaran de referirse a los exámenes; empezaba a notar una desagradable sensación en el estómago cada vez que recordaba la cantidad de deberes que tenía que hacer, una sensación que empeoró notablemente cuando, al finalizar la clase, la profesora Sprout les mandó otra redacción.

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Las chicas y Harry, estaban tan estresados por los trabajos y la continua repetición, acerca de los TIMOS, que se acercaban a pasos agigantados. Ante esto, comenzaron a meditar, logrando aquietar sus corazones y mentes, logrando tener así un suspiro y volver a la práctica de la Fuerza y la esgrima de Sable de Luz.

Cuando entraron al Gran Salón, Harry se enfadó con Dumbledore por haber logrado que un miembro de la Orden del Fénix, fuera arrestado por haber estado protegiendo la Profecía, cuando él mismo ya le había dicho, que no había ningún problema y que la misma, estaba resguardada. Se preguntó, a qué estaba jugando el maldito anciano.

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A la hora de Defensa Contra las Artes Oscuras, aprendieron algo tan básico, que más de uno se sintió estúpido: combinar distintos hechizos, para herir y/o incapacitar a sus enemigos: El hechizo Asfixiante (el cual alargaba la tela de la ropa y le hacía ahorcar a los enemigos), la maldición de parálisis (pegar los zapatos al suelo) y desarmar al enemigo.

O usar el hechizo de rechazo de enemigos y el hechizo de desarme.

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En la clase de Transformación, estuvieron esforzándose por transformar conejillos de indias, en pantuflas.

La Fuerza estaba intentando decirle algo a Harry. Algo que él no lograba reinterpretar de la forma correcta, pero luego de hablar con sus maestros, supo que ellos también tenían ese extraño sentimiento en sus pechos de que algo grande estaba por tener lugar.