Bienvenidas a todas aquellas que se tomaron el tiempo de darle al link y leer la actualización!.
Muchas Gracias, abajo, les dejo una nota, mientra tanto disfruten el Capitulo!
FRAPPÉ A LA ORDEN.
Me removí incomoda sintiendo un dolor punzante en el brazo en el que estaba recostada.
Di la vuelta sobre la cama buscando las sabanas, e inmediatamente abrí los ojos.
Estaba totalmente sola.
No es que fuera algo extraño, cada mañana despertaba sola en la cama (si no contábamos a mis peluches y los ácaros que me acompañaban en cada sueño); pero por lo que recordaba de la noche anterior, esta mañana debería ser una excepción.
Abrí los ojos y la escasa luz que entraba por la ventana me indico que eran horas nada decentes para estar despiertos.
Tal vez Emmett había decidido dejarme sola en cuanto me quedara dormida e irse a su cómoda cama a pasar la noche, lejos de los malos sueños y las palabras comprometedoras, lo mismo de cada noche.
Y obviamente no por él, sino por mí.
Después de todo no podía recriminarle nada, no tenía ninguna responsabilidad como para quedarse a consolarme, o al menos comprobar que seguía viva o algo por el estilo.
Suficiente había hecho con venir hasta casa cuando había escuchado semejante espectáculo por teléfono.
Ahora que lo pensaba, ¿qué tanto habría escuchado?, ¿lo suficiente como para buscar a Jacob y matarlo a golpes?...
Era prometedora la opción, pero tampoco tenía ninguna responsabilidad sobre ese asunto, no tenía porque defenderme de un psicópata con tendencias licatropicas.
Mi juguetona vejiga me aviso que el dolor del brazo no era precisamente el único motivo por el cual estaba despierta, así que me levante perezosamente de la cama para ir al sanitario.
La imagen que me devolvía el espejo no era tan deplorable como la de la noche anterior, y de hecho aquel sueño me había dejado bastante más tranquila.
Apenas si recordaba a ciertos pendejos y ciertas flores, y ciertos reclamos…
Maldito imbécil, ¿Cómo lo había dejado llegar tan lejos?, era una completa idiota, no podía dejar que volvieran a tratarme de esa manera, la sangre me quemaba de solo recordar su nombre.
Ok… tal vez el sueño solo me había dejado más como yo y menos como un venadito huérfano y asustado, y por mi estaba mucho mejor.
Vacié mi vejiga y me distraje un rato mirándome al espejo, abriendo y cerrando la boca, sacando la lengua, haciendo muecas extrañas y sonidos burlescos.
Supongo que no era muy normal que le estuviera haciendo muecas al espejo como si de un hermoso y bobo bebe se tratara.
Era divertido aún así.
Aunque de hecho, cuando era pequeña intentaba no quedarme mucho tiempo frente al espejo y no hacer casi ningún movimiento; tenía la extraña sensación de que en cualquier momento mi reflejo no haría lo que yo.
Y eso me aterraba.
Pero como ahora mi reflejo parecía bastante sincronizado con mis movimientos, seguí haciendo muecas extrañas hasta que el sueño volvió.
Apenas toque la almohada cuando escuche un ruido fuera de la habitación.
Me senté asustada mientras el corazón me comenzaba a golpear contra el pecho en una carrera loca.
Lo primero que llego a mi cabeza fue: "Mi reflejo del espejo me había seguido hasta aquí, ¿no?".
Y después de darme una bofetada mental, lo segundo que llego a mi cabeza fue más escalofriante.
Jacob no había podido entrar a mi casa, ¿no es cierto?
Rápidamente trate de hacer memoria, pero no recordaba haber puesto seguro a la puerta la noche anterior.
Él sabía donde vivía pues me había enviado flores, ¿podía estar husmeando Jacob Black en mi sala?
Si era Jacob estaba vez le rompía mi palo de golf en la cabeza y después me enceraba en el baño para llamar a Van Helsing o al Exorcista.
Con sumo cuidado, para no hacer ningún ruido saque mi palo de golf de debajo de la cama y camine lentamente hacia la puerta.
Todo en la sala estaba en penumbras, con algunas siluetas dibujadas por algunos rayos de luz solar que apenas comenzaban la jornada; sin embargo la sala parecía una desordenada fotografía, todo estaba en entera quietud.
Casi pisaba con el dedo gordo del pie para pasar desapercibida, mientras el palo de golf que blandía arriba de mi cabeza, listo para atacar, temblaba entre mis dedos.
El único lugar donde un mastodonte como Jacob se podría ocultar de mi, era mi fuerte, así que camine hasta ahí tratando de no respirar.
Mi almohada-asiento real, para mi trasero real estaba completamente vacía, todo estaba completamente solo.
Tal vez eran alucinaciones causadas por alguna especie de estrés post traumático.
Escuchaba voces de una Bella Buena y una Mala, me imaginaba que mi reflejo en el espejo me saludaba como en película de terror, había hecho cualquier tontería pensable, ¿Por qué esto no podía ser otro producto de mi dañada imaginación?
- ¿Juegas Golf? – pregunto una voz grave a mis espaldas.
Grite tan fuerte como si hubiera visto una momia-vampiro-zombie-fantasma y el palo de golf salió volando de mis manos para estrellarse justo en el maldito jarrón que mamá me había regalado.
- Tranquila Bellita, ¿estas bien? – pregunto Emmett entre divertido y preocupado, mientras yo me sentaba correctamente en el sillón.
¿Cómo demonios hice para pararme en el respaldo del sillón, como si fuera un gato?
- Casi me da un infarto por tu culpa – le recrimine en un susurro, mientras me llevaba la mano al pecho tratando de recuperar la respiración – y por supuesto que no, - respondí buscando con la mirada el desastre que había hecho con el palo de golf y el jarrón – Phil me regalo el palo en navidad – le explique sintiendo en mi palma los golpeteos de mi alterado corazón.
- Eres un poco… esquizofrénica, ¿no? – dijo en tono jovial mientras se dejaba caer en el sofá frente al mío – no es mi culpa que tengas memoria a corto plazo, como pececillo, ¿Quién más podría estar aquí? – pregunto como si yo hablara otro idioma, mientras se estiraba como león adormilado y mirándome como si esperara que en cualquier momento me echara a llorar.
Bostece y le dedique una media sonrisa, tenía razón, ¿Quién mas podría estar aquí?, y además, tenía doble razón, Si, era un poco esquizofrénica.
Aunque era más divertido echarle la culpa.
- Casi me matas del susto, bobo – le recrimine mirándolo con un puchero burlesco - ¿Qué demonios haces despierto a esta hora, Emmett? - Le pregunte un poco molesta, después de todo, insisto, no eran horas decentes para estar despierta.
- Recibí una llamada, no quise molestarte, por eso salí de la habitación – explico encogiéndose de hombros, tan fresco como una lechuga.
- Hasta donde recuerdo, dormías como oso en invierno, ¿Qué hora es? – pregunte, y acto seguido, otro bostezo involuntario salió de mi boca.
Emmett soltó una risita condescendiente y respondió: - Son las seis treinta, creo… falta poco para que sean las 7 – dijo haciéndome abrir los ojos desmesuradamente, soltó otra risita y volvió a encogerse de hombros – ya ves, ese asunto de vivir solo me hizo ser un poco más activo por las mañanas, - soltó una risotada alegre – si despierto con hambre sabes que soy una fiera – me reí junto a él asintiendo.
Nadie quería meterse con un Emmett hambriento.
Nadie que valorara sus dedos, o su desayuno.
Nos quedamos un rato en silencio, mientras nos mirábamos minuciosamente.
Los silencios nunca me habían incomodado, y obviamente mucho menos con Emmett, entre él y yo existía una química inexplicable.
Tan inexplicable que, en algún momento me había aterrado y confundido.
El silencio fue interrumpido por un sonoro bostezo que salió de mi boca, y Emmett rió como si hubiera eructado el abecedario al revés o algo parecido.
- Creo que deberías volver a la cama – sugirió levantándose lentamente – yo tengo que irme – dijo como no queriendo la cosa.
Me gire a mirarlo como si me hubiera gritado una palabrota.
Pero Emmett no podía decir "Parangaricutirimicuaro", no era nada hábil en la coordinación lengua-palabras-largas.
- No son ni las siete de la mañana, Emmett, ¿acaso traficas con mercancía ilegal y tienes que recogerla en el puerto cuando la gente normal duerme? – le pregunte medio en broma medio en serio.
¿Qué demonios tenía que hacer un propietario de un bar a las 7 de la mañana?
La única respuesta coherente que me venía a la cabeza era dormir.
Y claramente Emmett no estaba dispuesto a hacerlo.
- Tengo un par de pendientes que atender – respondió poniéndose súbitamente a la defensiva, haciendo que mi foco rojo se prendiera – es por eso que recibí la llamada Bells, ya soy un chico grande y de negocios, debo ocuparme de ellos – me explico un tanto inseguro, pero con orgullo inflando su pecho como si fuera un periquito presumido.
- Ya veo – le respondí poco convencida.
El no era de los que ocultaban información, mucho menos a mí, debía de estar en algo muy torcido, o bien debía tener un gran problema y no quería preocuparme.
En cualquier caso, ya estaba preocupada.
- ¿Todo está en orden? – no pude evitar preguntarlo mientras me mordía el labio inferior.
- Esa misma pregunta iba a hacer yo – contraataco un poco nervioso; pero ganándome la batalla con ese único ataque.
El aire se me atoro en la garganta y fui incapaz de levantar la mirada.
¿Acaso tenía la respuesta a esa pregunta?
"¡Oh, por supuesto Emmy!, ya sabes tú, cosa de todos los días, mi loco ex jefezote que casi me mata de miedo o a golpes ayer, un desconocido que me acosa con flores, y que dudo que al levantarme del sillón pueda mantenerme en pie por el temblor de mis rodillas, salvo eso, todo está perfectamente en orden, aunque claro, la limpieza del departamento nunca entrara en ese rango".
Si respondía eso, Emmett primero se pondría como loco, y después me daría una charla tipo Emmett.
Que en realidad no era tan terrible.
Al menos al principio.
Empezaba con bromas y comentarios jocosos, que no hacían más que hacerte reír como si fueras presa de un ataque de estupidez, y mientras tratabas de no expulsar tanta saliva, él se dedicaba a descifrar cada una de tus respuestas, para el espectacular final.
Que era, nada más y nada menos, que un psicoanálisis tan perfecto y terrorífico de tus miedos y tus errores, que el mismísimo Freud se volvería a morir de envidia.
Y como plus, terminabas llorando algo parecido a la mitad del Lago Michigan.
No estaba segura de tener la fuerza y las ganas necesarias para una plática tipo Emmett.
Pero él necesitaba una respuesta.
- Si no quieres hablar de lo que sea que te molesta, o lo que sea que sucedió ayer, está bien, no necesito los detalles morbosos, para eso tengo suscripción premiere a una página porno – dijo haciéndome reír como tonta, no era de sorprenderse que Emmett, el experto en sexo, sexualidad, y chicas con senos grandes… y también con senos pequeños, viera pornografía.
De repente se inco sobre el sillón, en pose de Miss Universo, haciendo que el sillón temblara bajo su peso y que luciera tan pequeño como un asiento para bebe, se levanto las mangas de la camisa que llevaba y me mostro con poses nada masculinas sus abultados y esteroidicos bíceps, mientras me guiñaba un ojo…
Con su conocida cara de depravado sexual, pero un depravado sexual muy sexy.
- Ya sabes, los bíceps no son solo por las pesas – dijo levantando las cejas sugerentemente, y haciendo que gritara un "ewww" para después estallar en carcajadas.
Nuestras risas se escucharon tan fuertes que sentía como el sonido iba rebotando de las cajas del fuerte a las paredes y hacia nosotros de regreso.
Cuando nuestro ataque de risa paso, dimos un sonoro respiro al unisonó, que nos hizo soltar un par de risas más.
- No te voy a presionar, Bellita – dijo para picarme un poco más, ¿ya menciones que odio que me diga Bellita? – sabes que siempre estaré cuando me necesites – la sonrisa que me dedico casi me hizo soltar un cursi "Awww", que a duras penas contuve, mi corazón se hizo tan suave como el trasero bien humectado y sin rozaduras de un bebe.
- Gracias – dije como tonta, no quería quedarme sin decir nada, después de un discurso tan lindo, pero tampoco tenía una idea de que sonaría acertado en estos momentos para devolverle el hermoso gesto.
Tal vez no sería buena idea que le dijera en este momento que yo también había adquirido una suscripción premiere en una página porno.
Tal vez, solo tal vez, no era el momento adecuado.
- Bellita, solo quiero saber si estas bien, - continuo con un tono suave – si lo estas, con eso me conformo por el momento, si no, solo tienes que decirlo, cancelare todo lo que tengo y conversaremos, y después, le romperé las piernas y no dejare ni un recoveco sano al mal nacido que te haya hecho llorar como lo hiciste ayer, solo hace falta una palabra tuya, Bellita –
Me quede completamente helada.
¿Qué podía responder a eso?
…
En serio, ¿Qué demonios podía responder a eso?...
Esta vez… ni siquiera tenía una de esas respuestas estúpidas que continuamente surgían en mi cabeza.
Sencillamente estaba anonadada.
…
Me sentía tan halagada y tan ofuscada que me era imposible pensar.
No podía responder, porque sencillamente no había respuesta para aquello.
¿Qué si estaba bien?
¡Quien lo sabia!
¿Qué si no lo estaba?
Tampoco lo sabía…
No estaba segura de nada.
Y sus palabras, tan dulces, tan atentas, tan… Emmett, sencillamente me habían dejado totalmente desarmada.
Y me estaba devanando los sesos para darle esta única palabra que me pedía.
¿Ataca?... no, esa no era nada adecuada…
¿Mierda?... esa vaya que era apta, pero no quería asustarlo.
Y… me quede sin palabras…
En su lugar un viejo dicho que Papá solía decirme llego a mi mente tan fresco como si el mismo me lo susurrara al oído.
"Una acción vale más que mil palabras"
Me levante comprobando la fuerza de mis rodillas durante un instante, y camine lentamente hacia él.
Su rostro era amable, pero podía notar la sombra de incertidumbre en él.
Seguro tenía miedo a que tuviera un ataque o algo parecido.
Me senté a su lado y sin más hundí mi cabeza en su pecho y lo trate de rodear con los brazos, aunque claro, era demasiado ancho como para que lo rodeara.
Emmett se quedo estático durante un segundo y al segundo siguiente me aprisiono entre sus moles a las cuales les llamaba brazos y me pego completamente hacia sí.
Comenzó a hacer un camino por mi espalda frotándome de manera consoladora, como si estuviera llorando, pero sus caricias eran tiernas, no con compasión, sino con cariño.
Lo cual me lleno de emoción y casi me solté a llorar.
Vaya contradicción.
Estuvimos abrazados durante un largo rato, completamente en silencio, con un par de caricias mudas que solo hacían que quisiéramos alargar esto hasta que fuera imposible terminarlo.
Mi cabeza estaba tan cómodamente alojada en su pecho, que subía y bajaba, que pronto comenzó a arrullarme sin que opusiera resistencia.
Pero, descolocándome totalmente, el momento termino.
Emmett se separo tan abruptamente de mí, que sentí literalmente como si me hubieran arrancado un brazo.
- Lo siento – dijo súbitamente nervioso, levantándose de golpe – de verdad tengo que irme – su tono, muy nervioso para mi gusto, hizo que saliera un poco de mi estupor – tengo… asuntos pendientes – dijo en tono tan misterioso y nervioso que me contagio todo su nerviosismo.
- Suena como si traficaras con drogas – dije medio en broma, mordiéndome el labio para frenar palabras que venían a mi cabeza, como "drogas, sexo y… ¿rock and roll?" – Emmett, no estas en malos pasos, ¿verdad? – no pude evitar preguntar, casi machacando mi labio inferior.
- Dices muchas tonterías cuando tienes sueño – respondió ocultando una risita – Me voy, sino, no hare… lo que tengo que hacer – respondió poniéndose de nuevo nervioso, mucho más nervioso de lo que había estado antes, se giro y me dio la espalda rascándose la nuca con incomodidad.
Algo apestaba aquí, y mucho, y estaba segura que no era mi aliento matutino.
- Nos vemos en la noche, de acuerdo? – pregunto inseguro – te estaré esperando en el bar, con tus amigas, - dijo haciendo un poco hincapié en el "tus amigas" y confesare que no me agrado mucho – deje la dirección del bar en tu estudio, así que no hay escusas, te veré en la noche –
Y dejándome completamente perpleja, sin decir nada más casi corrió hasta la puerta y salió como huracán.
Me removí totalmente confundida.
¿Qué había hecho mal?
Emmett había salido como si de pronto se me hubiera ocurrido soplarle cual brisa mi aliento matutino, o como si de pronto su suscripción de Porno le hubiera avisado que había un nuevo video, y él con la sangre de actor que tiene, quisiera una salida dramática.
No entendía que había pasado, yo solo había escuchado palabras tranquilas y algunas bromas, nada para que el saliera tan súbitamente dramático como lo hizo.
¿Acaso en el tiempo en que nos habíamos dejado de ver, Emmett se había vuelto bipolar?
¿O tal vez actor mal pagado de Hollywood?
¿O era que estaba huyendo de mí?
¿De verdad me veía tan desesperada de compañía que lo único que provocaba era todo lo contrario?
Tal vez si, y ese sencillo pensamiento me quito completamente el sueño.
Un vacio se situó justo en el fondo de mi estomago, dejándome la boca tan seca como si hubiera tragado un puñado de toallas.
O tal vez, de verdad Emmett estaba en malos pasos, actuaba tan misterioso porque era un cabecilla de mafia, o un narcotraficante, o algo muy turbio.
Eso me dejo aún más preocupada.
Estaba bien que todos quisiéramos algo más en la vida, solo que cada uno tenía un enfoque de cómo tener ese "algo más".
Yo me había revolcado con mi jefe y con un total extraño, y no me había dejado más que problemas.
Emmett tal vez había decidido traficar con patitos de hule o balones repletos de cocaína.
En todo caso ambos estábamos buscando algo más en la vida.
¿Quién demonios les había dicho a los autores de libros de superación que sabían algo de la vida?
No me dio tiempo de responder esa pregunta, porque súbitamente la puerta se abrió, produciendo un sonido atronador al chocar contra el sillón.
La silueta de Emmett se dibujo levemente en la penumbra del ambiente frente a mí en cuestión de segundos.
Con los brazos cruzados sobre el pecho, como si fuera un niño pequeño haciendo una rabieta, comenzó a hacer un camino desfilando frente a mí, pero sin siquiera darme una mirada.
De verdad estaba haciendo una rabieta.
Pero… ¿porque?...
- Emmett… ¿estas bien? – pregunte titubeante, se detuvo abruptamente, como si le hubiera gritado que sus brazos parecían unas flácidas espaguetis.
Su rostro era sencillamente indescriptible.
Para cualquier persona, Emmett estaba sencillamente serio; pero yo lo conocía mucho más que eso, no estaba enojado, no estaba nervioso, no estaba feliz, no estaba nada… y eso, no era para nada Emmett.
Dio un par de pasos para ponerse de rodillas frente a mí, dejándome anonadada reposo sus manos a cada costado mío y me examino con ojos torturados; lo que me seco la boca más aún.
En estos momentos mi saliva debería ser un puñado de arena estéril.
- No puedo hacerlo – soltó con tono grave y apesumbrado.
Espere a que continuara, pero él sencillamente no hizo ni dijo más.
- ¿Qué…? - Trate de preguntar, pero me interrumpió.
- No puedo hacerlo Bella, - se levanto rápidamente y puso distancia entre nosotros, sentándose en el sofá de enfrente mientras cruzaba de nuevo los brazos sobre el pecho – no me malinterpretes, no quiero meterme en tu vida, no tengo ninguna otra intención, pero no puedo quedarme así – soltó exasperado.
- ¿De qué hablas? – pregunte totalmente perdida.
- No puedo ignorarlo todo – me explico haciendo ademanes de desesperación – tuve que hacerlo en el pasado y continuar, lo logre, de verdad que lo hice, pero escucharte gritar así, lo que me conto Renee, escucharte llorar de esa manera tan horrible, no puedo hacerlo Bella, quiero ignorarlo, pero no puedo – soltó mirándome en busca de una respuesta.
El nudo en mi garganta era tan grande que no me permitía respirar bien.
Hablar del pasado, pensar en el pasado, no era legible, no quería hacerlo.
- ¿A qué te refieres? – pregunte en un susurro, incapaz de mirarlo directamente.
- No quiero ignorarlo, sé que es tu vida y no debería meterme, no tengo ninguna intención oculta – se acerco a mí y tomo mis manos delicadamente – solo quiero saber una cosa –
- ¿Qué? – solté, e inmediatamente me arrepentí.
¿Y si era algo que yo no quería responder?.
- ¿Qué fue lo que paso ayer? – pregunto ansioso , me envare y mis manos se pusieron tan rígidas que Emmett las soltó – no me quiero inmiscuir, pero verte de esa manera me dolió Bells, de verdad que dolió, no quiero comportarme como un hermano controlador, estuve luchando contra mis instintos toda la noche, pero no puedo, necesito saber que paso, no puedo quedarme de brazos cruzados si alguien te está haciendo sufrir, quiero romperle las piernas, con toda el alma, maldita sea – dio un respiro para tranquilizarse, mientras yo traba de digerir todo lo que me estaba diciendo.
Pero estaba fracasando magistralmente.
Se inco frente a mí de nuevo y volvió a tomarme de la manos, a pesar de que yo apenas si era capaz de respirar correctamente.
- Si ese novio tuyo te trata de esa manera tan ruin, no te merece Bella, eres una chica inteligente, yo lo sé, por eso estas en la universidad, eres demasiado, tienes que dejarlo, por tu bien – concluyo con firmeza.
Di un suspiro involuntariamente.
Estaba asustada de lo que pudiera estar guardando Emmett, pero no era nada más que un embrollo tamaño la India.
De pronto me sentí mal, como una cucaracha robándole la comida a una rata con tres patas, solo por hacer sufrir a Emmett, sin que él tuviera un solo gramo de culpa.
Y las dudas llegaron a mí como una ola enorme.
- ¿Hablaste con Renee?, ¿Qué fue lo que escuchaste en el teléfono? – pregunte intrigada, el se alejo de nuevo y se rasco la cabeza, claramente incomodo y nervioso, mientras un rubor maquillaba sus mejillas.
- Ehm… no mucho… - se rasco frenéticamente la barbilla y me miro apenado – alguien te grito era un hombre, tu llorabas, solo eso escuche,… ¿acaso te engaño con otra? – pregunto apretando los dientes.
- No era mi novio… gracias al cielo – dije sin pensarlo, después solté una risita amarga que descoloco a Emmett de sobre manera.
- ¿Entonces? – pregunto confundido, frunciendo el entrecejo.
- Larga, terrible y asquerosa historia – respondí malhumorada.
- Necesito saberla – respondió ávidamente – no pude dormir pensado en que ese mal nacido podría venir a buscarte, quería que lo hiciera para darle su merecido – contesto con un brillo siniestro en los ojos.
Sopese el valor que tenía mi dignidad como persona, como mujer, y como amante frente a Emmett; y el dolor que me causaba este mórbido asunto y que pugnaba por salir.
Solo me basto mirar a Emmett para que el dolor ganara la partida; además el lo merecía.
- Él no es mi novio, pensé que lo era, pero nunca me tomo en serio – explique y sorprendentemente mi voz no salió herida, sino furiosa, Emmett se sentó a mi lado y asintió animándome a continuar – lo resumiré, no quiero seguir pensando en eso – Emmett volvió a asentir sin emitir un solo sonido y mirándome atento.
Me pregunte que tantos detalles le tenía que dar, pero un resumen era un resumen, y me podía guardar lo peor… o tal vez no…
Estaba a punto de confesarle a la persona más comprensiva del maldito mundo que había sido usada como fetiche sexual, entre otras cosas, y estaba segura que incluso él, se pondría como mono furioso y querría romperle la cara a Jacob.
Y eso, no me importaba en lo más mínimo, aunque el panorama de ver a Emmett usando a Jacob de pera de box era bastante atractivo.
Comencé con voz tranquila, aunque conforme uno que otro detalle necesario salía de mis labios mi tono iba endureciéndose, hasta que casi tuve que ponerme un algodón entre los dientes para no limarlos completamente.
Emmett estaba pasando algo parecido, al principio solo trataba de controlar su agitación, pero después comenzó a dar vueltas como trompo mientras soltaba palabrotas entre mis pausas y golpeaba sus manos cada 2 minutos.
No pude evitar carcajearme de su rostro cuando le conté de Sam y el papel que jugaba en todo esto.
Nunca entenderé como los hombres pueden controlar su homofobia tan magistralmente.
Termine contándole a muy grandes rasgos lo que había pasado la noche anterior, omitiendo por supuesto la razón del porque tenía algunos moretes en los brazos.
- ¿Hiciste algo más contra él, además de lo del auto? – pregunto con un rugido que me hizo temblar.
- Solo quería dejarlo atrás, solo fue su auto, creo que Mamá hizo el resto – explique confundida, me sentía como en una oficina oscura y Emmett como detective, poniéndome una luz a la cara para sacarme información.
- ¿Sabe dónde vives? – pregunto apretando los dientes.
- Si, me envió flores – Emmett se detuvo abruptamente y me miro anonadado.
- ¿Flores? – pregunto atónito y vi claramente como sus mejillas se encendían – No puedo creer que sea tan idiota, pero claro, flores, todo un cliché, no volveré a hacerlo – dijo dejándose caer de nuevo a mi lado, abatido.
- ¿De que estas hablando, le enviaste flores a alguien? – pregunte sorprendida y levemente molesta.
Me miro entre dolido y sorprendido.
- Si… están en la puerta de tu cocina, son tus favoritas, tulipanes azules – respondió sorprendido – aunque yo solo envié dos, y hay mas, al parecer no soy tan original como creía, suerte para la próxima – dijo decepcionado.
Pero yo estaba sorprendida.
- ¿Tu me enviaste las flores? – pregunte con la boca abierta.
- Solo dos de la colección que tienes, olvide firmar la tarjeta– dijo algo decepcionado.
- Gracias por las flores Emmy, son hermosas – dije tomándole la mano, el me devolvió la sonrisa y asintió restándole importancia.
- ¿Y qué paso después? – pregunto regresando al tema espinoso, yo trague saliva.
- En el súper mercado nos peleamos, se puso como loco, estaba aterrada, - dije reviviendo un poco de la noche anterior y sintiendo como un frio recorría mi columna – pero al final, unos guardias de seguridad me ayudaron a quitármelo de encima, le patee las bolas y hui, en algún momento supongo que conteste tu llamada, tenía el teléfono en la mano, fue meramente accidental, no quería hacerte pasar por eso – dije a manera de disculpa, el solo asintió con media sonrisa apoyando su mano en mi hombro.
Nos quedamos en silencio durante un rato, mientras pensaba en quien podría ser el otro nada original ser que me enviaba flores, y sobre todo, ¿como sabia que eran tulipanes mis favoritos?.
Y esperando a que Emmett no tuviera un ataque de celos posesivos de hermano y quisiera contratar un investigador privado para saber quien enviaba flores y un guardia personal de seguridad para que me cuidara las 24 horas.
- Vaya… Edward tenía razón – soltó como si nada, rompiendo el silencio.
- ¿Qué? – pregunte soltándolo como si me hubiera pellizcado - ¿Edward, Edward Cullen, el hermano de Alice, ese Edward? – pregunte en shock.
- Conozco otro Edward, pero vive en Florida, si ese Edward, el hermano de Alice – dijo Emmett burlándose de mi reacción.
- ¿En qué tiene razón el?- pregunte a la defensiva.
- En que te las puedes arreglar sola – dijo como si nada – Aunque se equivoco en lo que pasaba, pensó que era tu novio y que estabas terminando con el – dijo levantando los hombros meditabundo.
Sin saber bien porque me levante y me puse frente a él dejando mis manos sobre mi cadera.
- ¿Le contaste a Edward Cullen, lo que paso anoche? – pregunte controlando el impulso de comérmelo de una mordida luego vomitarlo y enterrarlo entre popo de perro.
- No, no lo hice – respondió sorprendido de mi agresividad – el, Jasper y yo estábamos en una reunión en el bar cuando te llame, ellos escucharon todo lo que yo – dijo tranquilizadoramente.
- Carajo – solté entre enojada y apenada – no necesitan la televisión para una novela, ¿no es cierto?, vaya entrometidos – dije controlando el impulso de ponerme a saltar y revolcarme en el piso como bebe.
- No son entrometidos – respondió Emmett con el ceño fruncido – son buenos amigos, fueron de gran ayuda – dijo levantándose de nuevo.
- ¿Gran ayuda? – repetí incrédula - ¿Qué fue lo que hicieron? – de verdad no quería saberlo, pero… quería saberlo… carajo.
- Jasper se quedo controlando el bar, y Edward insistió en acompañarme hasta aquí, estaba muy alterado, no quiso dejarme solo hasta que estuviera en tu casa y supiera que pasaba –
- Momento, momento, momento – lo detuve sorprendida haciendo ademanes con las manos – ¿Edward estuvo aquí? – pregunte sin aliento.
- Se fue momentos antes de que llegaras, cuando logre tranquilizarme lo suficiente para no matar al primer transeúnte- explico sencillamente.
- Carajo Emmett – solté enojada – deberías aprender a no meter a extraños en asuntos personales – lo regañe pensando en la divertida que se había dado el imbécil de Edward sabiendo que yo estaba hecha un manojo de… mierda.
- No son extraños Bella – se defendió Emmett extrañado – son amigos, amigos y hermanos de tus amigas, son buenas personas – dijo algo enfadado por mi reacción.
- No sabes lo que dices – respondí con una incómoda sensación en el estomago – no los conoces – dije amargamente.
Al menos, y me quedaba de consuelo, Emmett no conocía a Edward de la manera en que yo lo conocía.
O eso esperaba; no podría lidiar con una edición "reloaded" de Jacob y Sam.
- Tu eres la que no los conoce, si mal no recuerdo, apenas los has visto una vez, a Jasper dos, solamente eso, no seas prejuiciosa Isabella – me regaño como si fuera mi padre.
Lo mire incrédula y estuve a punto de gritarle "Conozco tanto a Edward Cullen que podría decirte que talla de calzoncillos usa y que compra condones tamaño multi orgasmo", pero obviamente, no iba a decirlo.
- De acuerdo, tienes razón, me retracto – dije a regañadientes mordiéndome la lengua.
- Deberías darles una oportunidad, podrían formar parte de tu vida – me dijo como no queriendo la cosa.
Se acerco a la puerta con súbito nerviosismo y se sacudió la ropa como si quisiera quitarse basura de ella, me miro con las mejillas arreboladas y sonrió de medio lado con nerviosismo.
- Después de todo, creo que este asunto puede arreglarse fácilmente – dijo mirando a la nada, fingiendo tranquilidad, y dándome la sensación de que se esmeraba en cambiar el tema – solo tienes que decirme donde vive, tengo un par de contactos que por una pequeña cantidad pueden hacer… - di un salto involuntario asustada.
- No Emmett, no te atrevas – lo detuve antes de que dijera cualquier cosa que pudiera helarme la sangre – no voy a dejar que te metas más en este asunto, por tu bien y por el mío, así que como es un problema mío, yo sola lo resolveré – dije sonando tan firme que incluso yo me sentí orgullosa y sorprendida.
- Pero Bella, yo – me interrumpió como si acabara de quitarle su juguete preferido.
- No Emmett, solo, dame tiempo – dije pensativa – lo resolveré hoy mismo, de acuerdo?, si no puedes contratar a esos tipos de los que hablaste y no diré una sola palabra – le ofrecí, pues sabía que no se quedaría tranquilo con nada, pero ese comentario alimentaba más mi teoría del Emmett traficador de patitos de hule.
- De acuerdo – dijo no muy convencido – que sea hoy, hablaremos en la noche, está bien? – dijo conciliadoramente, me sonrió y se acerco de nuevo apenado – lo que me recuerda, con las flores envié un mensaje, quiero hablar contigo, tenemos una plática pendiente – sus mejillas volvieron a colorearse y sentí como las mías lo hacían igual.
- No sé de que quieras hablar – dije haciéndome la tonta.
- Yo creo que si – respondió incomodo – pero no te incordiare con ese tema ahora, cuando todo este asunto del pervertido este resuelto hablaremos de cosas más… buenas – soltó inseguro, nos quedamos quietos y un segundo después lo tenía sobre mi asfixiándome con un abrazo.
Me dio un beso en la mejilla y se giro de nuevo.
- Te veo en la noche, de verdad tengo que irme – dijo mirando su enorme reloj de pulsera y abriendo los ojos – todo está perfectamente sincronizado, nos vemos en unas horas, y cuídate, no hagas ninguna tontería como las que sueles hacer, Te quiero Bellita – dijo despidiéndose con la mano.
- También te quiero Emmy – dije caminando a la puerta para despedirlo.
Salió por la puerta de entrada y yo me quede admirando la estancia vacía, que ahora estaba más iluminada que hacia un rato.
Tenía un largo día por delante, y lo único que se me ocurría hacer en estos momentos, era dormir.
Así que sin miramientos regrese a mi habitación y me asegure que las cortinas estuvieran perfectamente cerradas para que el bendito sol no evitara mi plan de pereza madrugatorio.
Apenas me acurruque caí completamente rendida en los brazos de Morfeo…
Pensando, irremediablemente y casi como rutina, en que prefería los brazos de alguien más.
Entre mis sueños sin sentido, apareció repetidamente la imagen de Emmett con un gran bigote tipo malvado de caricatura, retorciéndolo mientras reía malévolamente y millones de patitos de hule lloraban a sus pies suplicando por ser liberados.
Y eso que no fume nada antes de dormir.
¿Si yo había cerrado las cortinas, porque demonios el Sol estaba interrumpiendo mi caricaturesco sueño?
- Argh… maldita sea – susurre tapándome la cabeza con las sabanas – estúpido sol –
- Si el astro mayor Sol te escuchara hablando tan horrible de él, seguro que te mandaría un terrible karma para que moderes tu lenguaje – dijo una voz divertida mientras comenzaba a escuchar ruido en la habitación.
¿Acaso seguía dormida, o deje la tele en esos largos y tediosos programas matutinos donde te dan consejos según tu signo zodiacal para que puedas salir de tu casa sin correr el riesgo de ser atropellada?.
- Aunque, puedes tener un poco de recelo al sol, es comprensible, el planeta regente de los escorpiones es Plutón, el planeta más alejado del Sol… aunque ya no es planeta… en todo caso deberías estar enojada, la más alejada del sol, y además ni siquiera es un planeta, tal vez por eso eres frígida – abrí los ojos de golpe.
No, no estaba soñando.
Y si, algo parecido estaba sucediendo en mi habitación.
No tenía la televisión prendida en un diario matutino, mientras una astrologa de quinta me decía que color usar para pescar marido.
La Astrologa había venido hasta la cama a decírmelo todo.
- Rosalie, no seas tan cruel, Emmett dijo que la dejáramos dormir – la voz cantarina de Alice sonó detrás de mí, y no tuve más remedio que quitarme las sabanas de la cara, y comprobar que mis dos personalidades no se habían multiplicado como los Gremlins.
Y no, mi salud mental seguía conformándose con dos yo, y si, ahí estaba Alice y Rosalie, luciendo tan frescas, limpias y bellas como de costumbre.
- ¿Chicas? – pregunte adormilada mirándolas alternadamente, y ellas respondieron saludandome con las manos con una inmensa sonrisa; como si fueran edecanes de uno de esos programas… de diario matutinos… ¿acaso iba a ser mi única referencia matutina? - ¡Chicas! – grite al instante en que mi cerebro se conecto.
Me incorpore de golpe y corrí hacia ellas con los brazos abiertos.
Ambas me sonrieron extasiadas y me recibieron igual de emocionadas que yo.
Grite como Adolescente traumatizada con un actor famoso y mega bueno, y ellas me hicieron segunda, dando brinquitos y riendo.
Supongo que dos segundos después, recordamos que no teníamos 5 años, ni estaba en la habitación ningún actor famoso y mega bueno, así que nos soltamos y comenzamos a reír como tontas.
- ¿Cómo entraron?- pregunte aun riendo mientras trataba de acomodarme el cabello revuelto.
- Tenemos una llave para cualquier emergencia, ¿recuerdas? – pregunto Rosalie mirándome inocente mientras jugaba con el llavero entre sus manos.
¿Quién en su sano juicio llevaba una pata de conejo en el llavero?
Santo Carajo, tal vez debía conseguirme nuevas amigas.
Noooo, ellas son las mejores.
- El desayuno está casi listo – dijo Alice caminando hacia mi armario, y fue cuando lo vi.
Toda mi ropa estaba fuera de lugar, había unas 10 pilas de ropa por toda la habitación divididas, por quien sabe qué criterios.
Y a mis pies en la cama había tres cajas blancas y de tamaño considerable.
El titulo de la película "Apocalypsis Now" nunca tuvo más sentido para mí.
- ¿Qué es todo esto? – pregunte con un nudo en la garganta.
- Vaya, pues… ropa, Bella – dijo Rosalie extrañada mirándome como si me hubiera golpeado la cabeza.
- Se que es ropa, mi ropa, ¿porque razón saquearon mi armario chicas? – pregunte brincando una pila de ropa y dirigiéndome a mi gabeta de ropa interior, la cual, extraordinariamente no había sido saqueada.
- Bueno, ¿que te parece si te das un rápido baño y conversamos mientras desayunamos, Belli-Bellita? – pregunto Alice con una linda sonrisa de niña pequeña.
- Asegúrate de lavarte bien detrás de las orejas – dijo Rosalie avanzando hacia la puerta de la habitación.
Asentí un poco distraída mientras miraba a Alice poniendo la ropa que iba a ponerme sobre mi cama, advirtiéndome "sutilmente" con la mirada el riesgo que implicaría no ponérmela o reclamar algo.
- ¿Detrás de las orejas? – pregunte en el marco de la puerta del baño - ¿acaso si no me lavo bien, los de mi signo padecerán sordera o algo así? – no pude evitar preguntar.
Rosalie soltó una risita y negó con la cabeza – Nada de eso, solo que es una cochinada no lavarse bien detrás de las orejas – dijo estremeciéndose – me pone mal – susurro negando mientras salía.
Negué divertida y me metí al baño.
No tarde más de 10 minutos en la ducha, y menos de 5 minutos en vestirme con la ropa que Alice me había "sugerido", a decir verdad era linda, obviamente, un vestido que me llegaba hasta las rodillas de color azul quemado y un cinturón café ancho en la cintura, combinado con unas sandalias con tacón pequeño y cintas alrededor de los tobillos.
Me veía linda, como cada que Alice me escogía la ropa.
Salí de la habitación sintiéndome una diosa de la belleza y topándome inmediatamente con un mar de cajas que hacia unas horas no estaban ahí.
- Ehm… chicas… ¿Qué es todo esto? – pregunte mirando las pilas de cajas alrededor de los sofás.
- Son cajas, Bella, que preguntas tan tontas estas haciendo hoy – dijo Rosalie sentada desde la barra de la cocina dándole un sorbo a su café.
Alice rio negando con la cabeza y yo me senté frente a ella aun mirando las cajas.
Puso una taza de café frente a mí y destapo un platón repleto de Hot Cakes, la boca se me lleno de saliva en un nano segundo.
- Como no te vimos una semana seguramente tu dieta se baso en helado, galletas y café, ¿no es cierto? – dijo Alice riendo, yo solo asentí dejando caer la miel sobre el primer Hot Cake.
No es que fuera mi amiga, no es que fuera difícil hacer Hot Cakes, pero, sencillamente los Hot Cakes de Alice me volvían loca.
- Con una semana de lejanía tenemos un desayuno digno para chismear, - dijo Rosalie sonriente mientras bailaba en su asiento – nosotras tenemos noticias, y tú debes de tener algunas también – dijo mirándome inquisidoramente.
Me hice la tonta mientras me metía a la boca un trozo considerable de Hot Cake.
- Comienshen… ustedesh – dije masticando – ocupasha – dije señalándome la boca.
Ambas torcieron el gesto con desagrado.
Alice se enderezo en la silla y con suma elegancia se hecho el cabello atrás, mirando sonriente su alrededor.
- No tenemos muchas noticias, pero son excelentes noticias – dijo sonriente.
- Lash escusho – comente mientras veía como un trozo de mantequilla se derretía sobre mi tercer Hot Cake, ¡Yomi!.
- A pesar de que nunca pensé decir esto, y que les ordeno nunca lo mencionen; quisiera ser un Hot Cake para llamar tanto tu atención Bells – dijo Alice algo molesta, me pase el bocado con dificultad y la mire apenada.
- Serias más linda como una galleta con chispas de chocolate – le dijo Rosalie levantando los hombros distraída – y esas son más ricas Ali – dijo sonriendo y guiñándole un ojo, yo solté una risita y me dispuse a preparar mi cuarto Hot Cake.
- Estaban ansiosas, ahora díganmelo todo – demande mirándolas alternadamente junto a mi Hot Cake con Mermelada de Zarzamora.
- De acuerdo, desesperadita – dijo Alice riendo mientras cortaba con un tenedor un trocito de Hot Cake de su plato, y hasta ese momento me di cuenta que yo estaba comiendo con las manos… ¿que más da? – estuvimos toda la semana haciendo engorrosos trámites – dijo abatida.
- Fue terrible, nos pedían copias de todo, incluso pensé que me pedirían un Papanicolaou o el Acta de nacimiento de mi Tía segunda, incluso la prueba esa psicológica de las manchas que parecen homicidios, - Alice y yo nos miramos asustadas - de verdad, odio hacer tramites – dijo Rosalie resoplando, yo asentí un poco más tranquila mientras mis mejillas se inflaban por la comida.
- Pero después de cuatro horribles y cansados días lo logramos – dijo orgullosa Alice.
- ¿Lograron que? – pregunte extrañada, sonaba como una verdadera proeza.
- Seguramente la Paz Mundial – respondió ceñuda Rosalie – ¿Qué va a ser Bella? –
Espere a que dijera algo, pero no se me ocurría que era lo que habían logrado con tanto tramite y sufrimiento.
Estaba segura que ninguna seria presidenta de la cámara de diputados o algo así.
- ¡Hoy estas más lenta que de costumbre Bella! – exclamo Alice sorprendida, le iba a sacar la lengua, pero eso iba a ser un espectáculo de verdad desagradable – ¡Nos dieron la baja temporal en la escuela! – grito emocionada.
- ¿De verdad? – ellas asintieron sonrientes - ¡Eso es genial!, ¿a partir de cuándo dejaran de ir? – pregunte dejando un poco de lado mis deliciosos Hot Cakes.
Esta sí que era una noticia grandiosa; y lo mejor… no serian diputadas.
- La escuela me gustaba hasta que fui consciente que podría dejarla de lado por un semestre – comento Rosalie sonriente - hoy es nuestro ultimo día – respondió aguantándose la ganas de gritar, así que yo lo hice por ella.
- ¡FANTASTICO! – ¡al fin!, adiós soledad, escuela y… soledad otra vez – Solo tendríamos que resolver unos cuantos detalles y podemos irnos – dije algo menos entusiasmada, habíamos ganado una batalla pero no la guerra.
- Detén tu humor pesimista pequeña – dijo Rosalie sonriente – ya que al parecer no sabes sumar, te ayudaremos… - la mire confundida y ella negó dramáticamente, haciéndome sentir como Patricio, la estrella de mar con menos neuronas que un pan dulce de Bob Esponja – veamos Bellis, ¿Por qué crees que hay tantas cajas en tu sala? – pregunto lentamente.
- Yo… ahmm… estee… ehmmm – ¡piensa cerebro de caracol! – ¿La paz mundial? – pregunte segura de errar la respuesta.
- ¡BIP!, error tontuela – dijo Alice gritando y semejando su tono al de una Vuvuzela, y después soltó una fuerte carcajada.
- ¡Terminamos la mudanza! – grito Rosalie mirándome confundida - ¡Por todos los malditos decretos sagrados, era tan obvio que incluso tu portero lo adivino, y él no sabía que nos mudábamos! – exclamo
- ¿Terminaron la mudanza? – pregunte incrédula – ¿ya no tienen el departamento? – pregunte perdida.
- Bueno, hoy se termina nuestro contrato, otro tramite horroroso – dijo Alice restándole importancia.
- Entonces… - me mordí el labio inferior tratando de guardarme la tonta sonrisa que pugnaba por salir - ¿van a mudarse aquí? – pregunte sin poder ocultar mi emoción.
- Queríamos consultarlo contigo antes, no hay ningún problema si prefieres tu intimidad, lo entendemos, solo será temporal, en lo que nos vamos de viaje, y cuando regresemos rentaremos de nuevo – explico Rosalie apenada.
Yo guarde silencio.
Estaba tan feliz que sencillamente no podía responder.
Había esperado tantos años por este momento, casi desde el momento en que las conocí quise que se mudaran conmigo.
Era uno de mis sueños hechos realidad.
Ya solo faltaba que Enrique, el de Plaza Sésamo me invitara a pescar… pescadito, pescadito, pescadito.
- ¡Al diablo con eso! – exclamo Alice golpeando la barra quedamente, sacándome de mi ensoñación – tu nos recibirás en tu casa, lo sé, así que dejémonos de tonterías – dijo Alice con una sonrisa malévola, se estaba divirtiendo de lo lindo.
Asentí asustada por la reacción de Alice y Rosalie rio bajito.
- Saben que siempre he querido esto – dije cuando recupere mi sentido de parloteo – estoy emocionada – di un gritito de júbilo y ambas rieron – y bien, ¿esas son todas la noticias? – pregunte.
- Básicamente si – dijo Alice encogiéndose de hombros – arreglamos asuntos en el banco, para gastar algo que tenemos para el viaje, y terminamos de sacar la ultima caja del departamento hoy – respondió Alice volviendo la atención a su desayuno.
- Ya veo – dije más tranquila también presentándole atención a mis sabrosos Hot Cakes – ¿el taxi les permitió meter todas la cajas o hicieron dos viajes? – pregunte más para hacer platicar y evitar que me preguntaran algo sobre ciertas flores.
Ambas me miraron entre extrañadas y divertidas, pero Rosalie fue la que hablo – Emmet nos ayudo, su jeep es asombroso – fue lo único que dijo.
- ¿Emmett, Emmett McCarthy, Emmett mi hermano? – pregunte confundida.
- ¿Su apellido es McCarthy?, ¿no es Emmet Swan? – pregunto Rosalie confundida, Alice me miro con sus ojos de, "Suelta la verdad o te usare de Barbie sin accesorios durante un año"
- Emmett Swan, Emmett McCarthy, da igual, ¿como es que Emmett las ayudo? – pregunte dándole la vuelta al asunto.
- Pues nos llamo en la mañana para que viniéramos a tu casa, de todos modos íbamos a venir, solo teníamos que embalar lo restante, llego junto con el hermano de Rosalie y ambos nos ayudaron a cargar el Jeep de tu hermano con las cajas y subirlas hasta aquí – explico Alice con recelo.
Bien, debo de haberme muerto durante la mañana, pues no había otra explicación para que no hubiera escuchado semejante alboroto.
- Esperen – dije con recelo - ¿a que hora fue esto? – Emmett había salido de mi casa a eso de las 7, si ya lo tenía todo planeado, lo golpearía por no llevarme a ayudar.
- Llegaron alrededor de las 8 treinta, ¿Por qué? – pregunto Alice con su fingido tono de inocente chiquilla chismosa.
- Nada, olvídalo – dije devolviendo mi atención a la comida.
Sea lo que sea que hubiera hecho que Emmett huyera en la mañana, no le había tomado mucho tiempo, y tampoco había ido muy lejos, y esto cada vez me apestaba más.
¿En que demonios estaría metido?.
- Ya dinos, ¿Qué paso anoche? – pregunto súbitamente Rosalie.
Me atragante con el café y alce la mirada. Ambas me miraban tan serias que me sentí en una película de terror.
No maten a Bella, es una protagonista en potencia.
- No trates de negarlo, Emmett nos llamo para que te hiciéramos compañía, estaba preocupado por ti, ahora dinos que paso o le preguntaremos a él – amenazo Alice.
Chismear o no chismear… ese es el dilema.
Bueno, ese es el gran maldito problema.
Quería contárselos, pero no podía calcular cual sería su reacción, y me amaba lo suficiente para querer conservar mi cabeza.
O mis senos.
Pero, yo no estaba acostumbrada a guardarme las cosas, me era casi imposible, si seguía guardándomelo sentiría como si les estuviera mintiendo.
Además, ¿que estaba preservando?, ¿la virilidad y caballerosidad de Jacob Black?
Eso ni siquiera él lo preservaba, no valía un centavo, y no arriesgaría mi amistad por una basura como él.
- De acuerdo – acepte resignada – se los contare, pero es larga la historia, y quiero que se controlen, el departamento están tan atascado de cajas y basura que no aguantaría un arranque de ustedes, ¿ok? – pregunte completamente fingiendo tranquilidad.
Ellas asintieron algo nerviosas.
- Siento que esto va a ser horrible, tengo un mal presentimiento de esto, y no necesito ver tu aura para saberlo – comento algo asustada Rosalie.
Alice la miro boquiabierta y luego me miro a mi, entre apenada y preocupada.
- Suéltalo de una vez, me vas a volver loca – pidió con una voz suave pero apremiante.
Y así, fue como mis amigas cometieron asesinato en primer grado, siendo yo la víctima y después Jacob Black.
…
¡Mentira!, pero poco les falto.
Comencé, esta vez, desde el principio, los coqueteos con Jacob, la efímera relación de revolcones que habíamos tenido, cada detalle salió de mi boca, mientras ellas me escuchaban atentamente, completamente anonadas.
Fui el objeto de los más burdos y degenerados halagos que mis amigas eran capaces de dar, pues ¿Quién imaginaba que yo me hubiera ligado al jefezote?.
Pero todo eso cambio cuando la historia dio su vuelco inevitable… a decir verdad me estaba cansando de contar esta historia, era pedagógico hablarla, pero no estaba segura que tan grafico era para los demás.
Al menos tenia la vana esperanza que no fuera tan grafico como para mí lo fue.
Termine la historia del Súper Mercado y las flores, (sin decirles quien había enviado todas ellas) dándoles algunos detalles que a Emmett no le había dado y agregando unos cuantos insultos entre cada silencio.
Me sorprendió ver su reacción cuando al fin me quede callada, estaban totalmente sumergidas en sus pensamientos, pero no parecían querer explotar como yo lo había esperado.
Bien por mis senos.
- ¿Por qué no nos dijiste nada? – pregunto Alice tímidamente.
- Pues, era vergonzoso, además, no es que nos hayamos visto mucho tiempo después de eso, ¿no?, pasaron demasiadas cosas, no quería seguir pensando en lo mismo – respondí restándole importancia.
- Tienes que terminar con esto Bella – dijo Rosalie con tristeza, no sé si por sentirse apartada, o por lo espinoso del tema, en todo caso, me sentí miserable – no necesito ser astrologa ni sabía de la edad antigua para saber que si no le pones un fin de verdad, las cosas se irán complicando más, cualquier cosa puede pasar, Bella, tu puedes evitar una catástrofe – dijo sonando tan parecido a la Profesora Trelawney de Harry Potter, en una de sus tantas premoniciones de muerte, que me mordí el labio para no reír.
- Suena terrible – comente encogiéndome un poco para evitar la carcajada – pero ya termine con eso, no moveré un solo dedo si se trata de Jacob Black – dije cruzando los brazos sobre el pecho.
- Tal vez deberías mover un dedo, ya que se trata de ti – dijo Rosalie cruzando también los brazos sobre el pecho, mirándome ceñuda.
- Rosalie, ya lo supere, lo que me importa ahora es el viaje, solo eso quiero – dije un poco molesta por su insistencia.
- Rosalie tiene razón Bella – interrumpió Alice inclinándose sobre la barra – por lo que entendí, no has renunciado oficialmente, ¿no es así? – pregunto inquisitiva, me quede sin palabras, estaba enojada, y no sabía la razón, así que solo negué con la cabeza – ¿Por qué no aprovechas para ir al museo y presentar tu renuncia?, si te encuentras con Jacob solo dile que se aleje o lo demandas, y resuelve todo poniéndole un verdadero punto final – dijo Alice tranquilamente.
Me sonroje por la ola de furia que lleno mi interior.
Me estaban tratando como una tonta niña pequeña que no se sabía defender; apreté los dientes mirándolas alternadamente, Alice se inclino sobre el respaldo de la silla y me miro dudosa.
- Se que guardas algo más – dijo taladrándome con sus ojos de interrogatorio – si nos tomas la palabra y hoy mismo resuelves todo, juro que no te hare decirme eso que estas escondiéndome – ofreció con una sonrisa malvada.
Iba a lanzar el contraataque infalible de "No tengo nada que esconder", pues además era cierto, cuando Rosalie me interrumpió.
- Es mejor que aceptes la oferta, o tendrás que contarnos que hiciste estos días, quien estuvo en tu departamento y quien te envió las flores que están en la puerta – sus sonrisas se hicieron casi una misma de tan larga que era.
Maldita Rosalie que sabía más de lo que debía, tramposa.
Apreté los dientes.
Vaya que tenía que ocultar, y Rosalie lo sabía: no importaba que confesara que había delirado construyendo cosas, o hablando con mis otros yo, pero importaba demasiado el confesar quien había estado en mi departamento.
A Alice le daría un infarto si supiera en que condiciones y que había hecho su hermanito aquí.
Y la respuesta a las flores, esa era fácil de maquillar.
Pero yo, apestaba maquillando.
Por lo tanto…
- De acuerdo – acepte derrotada – pero que quede claro que no voy a decir absolutamente nada - aclare ceñuda, señalándolas acusadora.
- Tenemos un trato – dijo Alice estirando su mano, estrechando la mía; acto seguido se levanto de un brinco de su asiento – Rose y yo tenemos que ir a liquidar la renta y arreglar los últimos detalles para dejar el departamento – dijo sonriente – tardaremos unas 3 horas, tendrás el tiempo suficiente para ir y regresar del museo, si te surge algo más no te preocupes, nos iremos al bar a las 8 de la noche, así que tienes de limite las 7 para llegar o iremos por ti a donde sea, entendido? – pregunto Alice recordándome que ella jugaba el papel de mi madre controladora la mayoría del tiempo.
- Entendido – dije haciendo un puchero.
Rosalie se levanto lentamente, me miro con la cabeza inclinada y sonrió.
- Cuídate, ¿de acuerdo? – pregunto intranquila, yo solo asentí – nos vemos en unas horas – dijo pensativa, me dedico una última mirada y ella y Alice casi corrieron a la salida.
Di un profundo suspiro, tenía cita con la valentía, algo que hace demasiado tiempo no hacía.
Puse todos los trastes sucios en el lavaplatos y entre al estudio sin demorarme más, mire el reloj, era pasado el medio día, así que estaba bien de tiempo.
Prendí la computadora y abrí el borrador de la carta de renuncia que había estado redactando durante toda la semana, lo único que tenia inamovible en el documento era la fecha y el nombre del Director del Museo, con el que seguro mi madre había hablado para hacer todo este embrollo.
No sabía que decir, no podía dar mis razones verdaderas del porque renunciaba, tampoco podía dar de razón mi viaje, así que no sabía que hacer.
Lo mejor, supuse, seria ser lo más sincera posible, ocultando los detalles, por supuesto.
La carta de renuncia resulto ser de 2 largas cuartillas, al final decidí que estaba bien revelar que Jacob y yo estábamos… en algo, y sin dar muchos detalles, solo pedí que me diera un tiempo para poner distancia.
Obviamente rogándole discreción al Remitente.
La imprimí y firme y después de juntar todo lo necesario, salí de la casa siendo la una de la tarde.
Seguía con el tiempo perfecto, solo iría al Museo, entregaría la Carta de renuncia al Director y saludaría a Ernest, y después correría de regreso a casa.
O mejor aun correría de regreso a sacar copias de las llaves de casa para Alice y Rosalie y les compraría un lindo llavero, uno que no incluyera la pata de un conejo.
El día estaba hermosamente claro, el sol brillaba con los últimos alientos del verano, no estaba segura si ya era Otoño, pero hoy no lo parecía.
Como el transito estaba un poco lento, tuve tiempo de pensar que era lo que realmente iba a hacer.
Podría hacer lo que les había dicho a las chicas, renunciar como se debe y ponerle un alto a Jacob.
Pero me acobardaba la idea de una nueva discusión como la de anoche.
No quería hacer esto más grande, pero era necesario, tenía que terminar.
Así que lo que resto de viaje me sirvió para reunir el valor necesario para ponerle punto final.
Me estacione en el lugar asignado para mí en el estacionamiento para empleados, aún tenía mi nombre, y estaba vacío, eso me dio algo de la valentía que necesitaba e iba recolectando de todos lugares.
Tome mi bolso y saque mis lentes de sol de ahí, baje del auto y la brisa del mar cercano me golpeo llenándome de energía, y de otro tanto de la valentía que necesitaba, así que camine hacia la gran entrada, con la frente en alto.
Era fácil, solo entregar la carta, despedirme de algunos y comprobar si Jacob Black estaba aquí.
Y si no estaba mejor, así solo le enviaba un mail amenazándolo o algo así.
Eso sonaba mejor, sonaba como pan comido.
- ¿Bella? – pregunto la voz de Jacob detrás de mí.
¿Quién carajos había inventado la estúpida frase de Pan comido?... Era una mierda.
Me gire lentamente, y lo vi, estaba al lado de un bote de basura, con un cigarrillo a medio fumar y un bonche de folletos de Guía en la otra mano.
Me miro entre sorprendido y enojado, y no pude evitar sonreír cuando vi el contorno de su ojo izquierdo sumamente oscurecido.
Bien hecho guardia de seguridad desconocido.
- ¿Qué haces aquí? – pregunto apagando el cigarro y lanzándolo al bote de basura, camino hacia mí y yo di un par de pasos atrás.
Ok… ¿y la valentía de la brisa donde quedo?.
- Vine a presentar mi renuncia – respondí tratando de sonar indiferente, después de todo no estaba tan nerviosa como pensé que estaría.
- Ya veo – dijo frunciendo el entrecejo – así que vas en serio – soltó.
Asentí y me di vuelta, tratando de parecer totalmente calmada, comencé de nuevo mi camino pero Jacob se puso delante de mí de un salto.
- Bella, no – fue lo único que dijo, esta vez fui yo la que frunció el entrecejo.
- Jacob, dejémonos de boberías, renunciare y podrás olvidarte de todo lo que tenga que ver conmigo, nos conviene a ambos, así que sal de mi camino – dije apretando los dientes.
¡Genial, Valentía te amo, no vuelvas a dejarme y juro que te regalare un hombre menos idiota!
- No lo entiendes – dijo estirando su mano para tocarme la mejilla, y frenándose cuando yo di un par de pasos para alejarme – Bella, te debo una disculpa, lo de ayer… - pero lo interrumpí.
- Ahórrate tus disculpas, no me interesan – le escupí con odio – pero te advierto que si vuelves a acercarte a mí, te denunciare – dije levantando la mano y señalándolo, un par de jóvenes pasaron a nuestro lado y nos miraron intrigados.
Chismosos.
- No Bella, no – dijo preocupado mirándome de arriba abajo – tienes que dejarme que te explique – dijo angustiado, me di la vuelta y camine hacia el museo de nuevo.
- No me interesa – dije testarudamente.
- Bella, por fa… - pero lo interrumpieron.
Y obviamente no fui yo.
- ¡Pero mira a quien tenemos aquí! – exclamo un desdeñoso Sam mirándonos desde la puerta de servicio lateral – si no es más que la mojigata de Swan – exclamo divertido mirándome de arriba abajo.
Me quede completamente estática, mirando a ambos con la peor cara de psicópata de series forenses, Jacob había enrojecido completamente apenado, y Sam me miraba evitando reír. Yo estaba a punto de ponerme a llorar.
Pero, la valentía de verdad tenía planeado quedarse conmigo.
- Es gracioso, se tratan como compinches, pero no son más que un par de cerdos degenerados, no sé que diría el Jefe si le digo de tu red de costumbres sexuales, Jacob – dije mirándolo con desdén, abrió los ojos y la boca desmesuradamente y Sam soltó una risa desenfadada.
- No te creerían, boba – dijo Sam con una gran sonrisa – además dudo que tengas las agallas -
– ¿Sabes que mi madre y el Director del Museo son grandes amigos? – pregunte un poco para picarlos, no sabía si era cierto eso de Grandes Amigos, pero si se conocían, y sabía perfectamente que Mamá estaba detrás de esto – y te aseguro Sam, tampoco quedarías fuera del cuento de hadas, estoy segura que al Jefe le encantara saber que hacían en los vestidores de Guías tu y el señor Black – lo amenace, haciendo que frunciera el entrecejo algo atemorizado.
Y fue en ese momento que me di cuenta.
Tenía las de ganar, estaban a mi merced, porque necesitaban mi silencio, necesitaban el trabajo y yo ya no.
Eran totalmente míos.
- Solo eres una sucia mojigata, no me das miedo – exclamo llamando la atención del cuidador del estacionamiento, el venerable y amable Ernest.
Me enfurecí completamente al ver el rostro perplejo y algo decepcionado de Ernest.
Era uno de los hombres que más admiraba y respetaba, no iba a perder nada de eso.
- Cállate Sam, lárgate de aquí – exclamo Jacob enojado, gire a verlo y el brillo perlado de su frente me dijo que era más inteligente de lo que pensaba.
Sabía que hablaba en serio.
- Bella, por favor, hablemos, lo de ayer fue un arranque – dijo Jacob acercándose a mí, no me moví un solo paso y lo mire enojada.
- No tengo más que hablar, me demostraste lo que eres Black, ahora atente a las consecuencias – dije fríamente, lo evadí, ya que estaba frente a mí y camine (de nuevo) hacia el Museo.
Sam me miraba impresionando, tratando de medir la verdad en mis palabras, y al parecer, estaba acertando, pues su rostro cada vez estaba más atemorizado.
Estaba a un par de metros de la entrada, mirando con una sonrisa tranquilizadora a Ernest, el cual me miraba intrigado y entristecido, pero entonces, sus ojos se abrieron desmesuradamente y acto seguido sentí como una gran mano aprisionaba mi brazo.
Gemí y me gire para encontrarme de frente con Jacob que tenía un semblante muy parecido al de anoche.
- Solo quiero que me dejes pedirte una disculpa – dijo sin mirarme directamente.
- No me interesa – jale mi brazo y el milagrosamente lo soltó.
El miedo llego a mí, pero la valentía lo estaba apaciguando, sin embargo, no me iba a arriesgar a otra escena de películas de hombres lobo.
Casi corrí al puesto de vigilancia, y ante la mirada perpleja y perdida de Ernest saque el folder que llevaba la carta de renuncia.
- Ernest, por favor, entrégasela al Director, llamare en un rato para hablar personalmente con él, me harías ese gran favor? – pregunte suplicante, demostrando algo del miedo que tenía.
- Claro mi niña, yo lo hago – dijo Ernest tomando de mi mano temblorosa el folder - ¿quieres que llame a alguien? - Pregunto mirando como Jacob volvía a acercarse a mí.
- No te preocupes, ya me voy – dije dándome la vuelta súbitamente y chocando de frente con Jacob.
- ¡Solo quiero hablar! – exclamo Jacob tratando de controlarse, lo mire de arriba abajo y negué, para después volver a caminar hacia mi auto.
Esta vez no me siguió enseguida, y sentí que la victoria estaba a escasos pasos.
Esto había sido una terrible idea, solo tendría que haber enviado un mail con la renuncia, y contratar ese guarda espaldas que imaginaba que Emmet contrataría.
- ¡Detente, Swan! – exclamo la agitada voz de Sam, pero hice caso omiso y acelere el paso.
Abrí la puerta del auto y tire mi bolsa y justo cuando iba a entrar, la mano de Jacob se atravesó en mi camino, impidiéndome el paso.
- ¿Es tan difícil para ti darme un par de minutos para explicarte todo? – pregunto Jacob dolido.
Me le quede mirando anonadada, su expresión adolorida era tan difícil de actuar, que por un momento el corazón me dio un vuelco angustiado.
- No quiero hacerlo – dije insegura – no tienes nada que decir para hacer esto menos terrible, solo… dejémoslo del tamaño que esta – le explique suplicante.
- ¡No quiero hacerlo! – exclamo desesperado quitando su brazo y dándome paso libre a mi auto para huir, pero no lo hice, si estaba actuando, su actuación era bastante convincente – solo quiero que me perdones, no puedo dormir pensando en lo que hice, se que estuvo mal, pero ya no puedo remediar eso, solo pido una disculpa – dijo casi en un murmullo, mirándome con gran intensidad.
Me mordí el labio; de verdad quería convencerme de que estaba actuando, pero no podía ver la más mínima mentira en su rostro.
- Solo eso necesito, necesito paz – dijo acercándose a mí, retrocedí un paso y casi caí por el tope que delimitaba mi cajón de estacionamiento de no ser porque me aferre al marco de la puerta.
Me recargue en el auto sin soltar mi mano de donde estaba y lo mire.
- No sé que esperas que diga, si necesitas una disculpa… - trague saliva y lo mire sintiendo mis ojos humedecerse – te la doy, estas perdonado Jacob, por lo que sea que te lastima, solo… solo déjame tranquila – le suplique mirándolo.
El negó con la cabeza repentinamente cabreado.
- ¡No!, no lo estas haciendo sinceramente – me reclamo con ese atemorizante rostro.
- ¿Qué es lo que quieres que diga entonces? – explote aferrándome más al auto – no puedo decirte que te perdono verdaderamente, cuando pienso en ti solo recuerdo toda la humillación, miedo y dolor que me causaste – dije ya sin poder contener las lagrimas – no soy yo la que debería perdonarte, eres tú, si no puedes dormir tomate una maldita pastilla, de mi ya obtuviste todo lo que podías – le reclame apretando los dientes.
- Ya deja que se largue Jake – dijo Sam apareciendo detrás de él – no es indispensable, podremos conseguir una más linda, y menos crédula – dijo mirándome con desdén.
Iba a responderle pero Jacob, déjandonos sorprendidos a ambos se giro a encararlo.
- ¡Lárgate de una puta vez Uley!, esto es entre Bella y yo – bramo enrojecido, Sam retrocedió asustado e impresionado, dándome, por primera vez, la imagen de un homosexual como lo describían en las telenovelas.
Es decir, como una entera nenita.
Sin ser plenamente consciente avance un par de pasos para entrar por la puerta abierta de par en par de piloto.
- ¡Detente! – bramo girándose y señalándome con el dedo – no puedes irte así como así, y dejarme aquí en la miseria, ¡eres una maldita egoísta! – grito y vi como sus ojos brillaban por la humedad.
- ¿Egoísta yo? – le pregunte furiosa, un relámpago cruzo su rostro y como en dejavu la cara de asesino serial se apodero de su rostro, dejándome completamente muda, mi mano que de paso estaba dormida de tanto apretar el marco de la puerta, lo apretó más.
Ok, aquí es cuando debo de emplear esa cosa que llaman sensatez.
- Dejémoslo así, me largo – dije con voz temblorosa.
Me apoye en el marco de la puerta para subir al auto, pero entonces, en un ataque de los que yo sabía que podían ser posibles y además temía con todo mi ser, Jacob le dio una patada a la puerta y la puerta se cerró.
El aire escapo de golpe de mis pulmones, y la sangre se detuvo en la venas.
Jacob abrió los ojos horrorizado y Sam se tapo la boca haciendo su digno papel de nena.
Quise gritar, quise llorar, quise moverme pero no podía.
Con un rápido movimiento Jacob abrió la puerta y sentí como el aire regresaba a mis pulmones.
Si, como lo imaginan, el pendejo me había prensado la mano con la puerta.
- Puta Madre – soltó Jacob asustado mirándome la mano.
Mis mejillas se mojaron en un instante, y sin querer hacerlo, lentamente baje la mirada a mi mano.
Sabía que no era normal que mi dedo grosero en lugar de apuntar hacia arriba saludara de cerca al dedo anular, y además esa horrible protuberancia que tenía en el dorso no auguraba nada bueno.
- ¿Te duele? – pregunto Jacob esperanzado de una negativa.
- ¡No!, ¡que va, es lo más placentero del mundo imbécil! – le grite apretando los dientes.
No podía pensar, no podía moverme, tantos malditos accidentes por mi estupidez y ni un hueso roto.
Y llega el pendejo de Black y al parecer me deshizo la mano.
- Te llevare al hospital – dijo Jacob y con un ágil movimiento me arranco las llaves del auto de la mano que no comenzaba a inflamarse.
- ¡Esperen! – grito Ernest llegando detrás de Sam que miraba pálido y sudoroso mi deforme mano – Mete la mano ahí pequeña – dijo extendiéndome un vaso Extra Grande de Frapee de Moka de la cafetería del museo.
Lo tome entristecida de tener que quitarle su bebida a Ernest y de que esta fuera también mi bebida favorita.
- Vamos, vamos – dijo Jacob empujándome hacia la puerta de copiloto.
Lo mire ceñuda y me dirigí a la puerta de piloto.
- Vete a la mierda – le espete tratando de subir al asiento correcto, pero apenas moví un poco la mano para acomodarme el cinturón, el enojo se fue, Jacob me miro esperando que me recorriera al asiento de copiloto y murmurando groserías me moví con sumo cuidado.
Se subió y arranco tan rápido que pensé que nos estrellaríamos.
Estaba en mi auto con el ser más despreciable del maldito mundo, la mano rota y un dolor insoportable, que solo me hacia llorar.
¿Por qué a mí?
Bueno aqui es cuando me excuso por tardar tanto en publicar.
Pero esta vez no me voy a excusar, ni esta ni niguna otra de nuevo, solo les explicare el porque de todo, y espero por favor que traten de comprenderme.
Soy una persona, comun y corriente como todos ustedes, con ocupaciones, vidas, tareas, y cosas que hacer, y además capitulos que escribir y publicar; todas las actividades que ocupan mi tiempo es porque yo asi lo he querido, al igual que todos, y una de las que más amo es el escribir, es por eso que estoy en este foro.
Tengo un gran "defecto" de personalidad que no se cuantas puedan comprenderlo o bien lo compartan, soy sumamente perfeccionista, a mis estadares, todo lo que yo he publicado es porque es lo más perfecto que puedo darles, y no tarde dos minutos en escribir un capitulo perfecto, y despues publicarlo perfecto, a vececs se me van errores y todo, pero la historia para mi es ejemplificada a la perfeccion, lo mas perfecto que puedo escribir con mis habilidades es lo que publico.
Es por eso que a veces demoro demasiado, porque si algo no me convence nunca lo veran aqui, eso se los juro.
Prometi un Maraton, y no lo cumpli, porque como todos tengo sentimientos, y en algunos reviews que llegaron me senti agredida y muy triste, demasiado triste de hecho, si, tardo en publicar, pero publico lo mejor que tengo, y se que es bueno, tal vez no el mejor, pero es bueno, no meresco groserias, porque, yo siempre he respestado a todas y cada una de ustedes.
Llevando ese respeto que pido y que quiero dar, les digo, no segui con la maraton porque me senti ofendida, y tambien para tener un colchon de capitulos ya escritos, diariamente los edito y trabajo en ellos, y ya ahora tengo unos cuantos casi listos a publicar.
El sentido de esto es decirles, ahora publicare cada semana, sus reviews me alegran me llenan de animo y de creatividad, pero, sino pueden criticarme de maneras menos agresivas, por favor, no lo hagan.
No, no creo que ustedes sean mis tontas, como alguien lo dijo en un review, no quiero que piensen que no me importan, claro que me importan, demasiado! y no las conosco jaja, pero si me importan.
Por eso, pensando y replanteandome todo este asunto de publicar en FF, llegue a la solucion de seguir publicando (porque si pense quitar mi cuenta) y hacerlo, escencialmente por mi, y regalarlo a quien guste leerlo, esperar un comentario bueno o malo (pero no agresivo) de aquellos que leen, y esperar aun con mas fe que les guste, es a lo unico que aspiro, seguire con mi trabajo de autora, y quien quiera seguir leyendo el fic y comentando, les agradecere con el alma, y claro que les devolvere ese favor.
Tambien gracias a ese review, me di cuenta que muchas de ustedes no tienen cuenta, por x o y razon, asi que pensando en una solucion para que no se pasen diario a revisar, les tengo una propuesta.
Dejo mi mail, para que me manden un mail ustedes pidiendo Alerta personal cuando publique.
Les aseguro que no usare su mail para nada más que para enviarles un mail avisandoles que el capitulo ya esta publicado.
Es como actuar por FF jajaja, asi que si estan interesadas solo diganmelo por mail, aqui se los dejo will _ mp _ 19 arriba hot mail =), toda aquella que quiera darme su mail para que envie las actualizaciones este segura que solo lo usare para eso, a no ser que quieran otra cosa jajaja.
Tambien les dejo mi Twitter, para que comprueben que hablo de verdad cuando les digo que escribo y me ocupo diario de muchas cosas, y para platicar o bien estar en contacto, quienes quieran seguirme, siempre aplico el Follow Back jaja, avisenme por una mencion si son de aqui por favor! Arroba TammPau ese es mi twitter.
Y bien, sin más por el momento, les aviso que la proxima semana, Martes o miercoles publicare el siguiente capitulo, espero que les haya gustado!y les adelanto que el siguiente capitulo... escurre de miel jajajaja, espero sus criticas, sus reclamos y sus reviews.
Les mando muchos beshos, les deseo mucha suerte!, y les reitero de verdad, mi mas sincero respeto y agradecimiento.
¡Nos leemos la proxima semana!
