Ahora siii!
Lo prometi y cumplo, Martes actualización de Noches!
Disfrútenlo!
FUTURO EPICO.
- ¿Estas bien? – pregunto Jacob por enésima vez cuando nos toco un semáforo en rojo.
Me sentí como la niña del Exorcista cuando gire a verlo bruscamente.
- Solo maneja – dije apretando los dientes.
Me había lastimado muchas veces, el dolor siempre es dolor y te hace sufrir, pero este dolor nunca lo había sentido.
Era como si hubiera metido la mano a una licuadora mientras estaba en funcionamiento… licuando clavos… mientras un elefante me pisaba el pie y tenia cólicos menstruales.
Todo combinado, apenas si podía aguantar las lágrimas.
Estaba segura de que me había roto al menos un hueso, y digo al menos porque la curvatura de mi dedo medio no era anatómicamente normal, y esa otra protuberancia en el dorso de la mano dolía como una patada de burro en la cara… supongo.
Jacob acelero y rebasó sin ningún cuidado a dos autos que iban a menos de 80 km. por hora.
Ok, estaba a punto de ponerme a gritar como posesa a causa del dolor y era imperioso llegar al hospital; pero estaba 100 por ciento segura que si chocábamos por culpa de Jacob, además de que seguro iba a romper el record de decibeles que alguien puede producir con un grito, iba a matar a Jacob por todo esto.
Parecía que teníamos horas viajando en el auto, pero no llevábamos más de dos minutos, y por algún ente benigno e inteligente en la infraestructura de una ciudad, el hospital más cercano al Museo no estaba a más de 10 minutos, si manejabas, claro, a velocidad racional.
Algo que Jacob prefería ignorar.
Me estaba poniendo mucho más nerviosa de lo que ya estaba.
Los hombres son como veneno, juro que el día en que conozca uno que no me haga llorar; me casare inmediatamente.
O sin ser tan dramática, yo si pago la habitación del hotel.
Pero como eso sonaba como película de ciencia ficción, (y de las más descabelladas) devolví la atención al camino, y me aferre con la mano sana al asiento, viendo como Jacob cada vez iba más rápido.
Los siguientes dos minutos de camino, Jacob me pregunto un millón de veces como estaba mi mano, y yo le respondí un millón de veces más que manejara con cuidado, con algunos improperios de por medio.
Cuando entramos al estacionamiento del Hospital con sumo cuidado me monte el bolso al hombro evitando mover a lo máximo la mano herida y sumergida en frappe de Moka, y Jacob me miro de reojo preocupado.
Se estaciono con un frenon que provoco que le gritara una palabrota y después una lagrima saliera por el movimiento de la mano.
Realmente estaba agonizando de dolor.
Aún con el dolor, el cerebro nublado por la ira y el atontamiento digno de uno de estos incidentes, la valentía aun me acompañaba.
Apenas quito la mano del volante me estire rápidamente para quitar la llave del auto del interruptor.
Jacob me miro confundido, y su rostro cambio drásticamente a la pena.
- Ya me trajiste, ahora vete, puedo cuidarme yo sola – le dije bajándome con sumo cuidado del auto.
Escuche como la puerta del piloto se cerraba al mismo tiempo que la mía.
¡Carajo!, este hombre no entendía el concepto de Te odio, ni aunque se lo gritaras con un megáfono a la cara mientras un coro de porristas hacían uno de sus típicos bailes.
Dame una T, dame una E, dame una O, dame una D, dame una I, dame una O… ¡¿Qué dice?... ¡LARGATE IMBECIL!
- ¡Bella, espera, déjame ayudarte! – dijo tocándome el hombro, yo di un pequeño salto y algo de café ya derretido cayó sobre mi pie desnudo.
- Yo puedo hacerlo, ya limpiaste tu culpa con traerme, ahora lárgate imbécil – le espete furiosa apretando los dientes, dio un par de pasos para alejarse y yo seguí mi camino hacia la entrada del hospital… ¿no podría haberse estacionado más cerca?
Podría haberse estacionado en uno de los lugares para discapacitados, al fin y al cabo si abría la boca cualquiera creería que lo era.
- ¿Cómo está tu mano? – pregunto volviendo a mi lado y caminando con los brazos extendidos como si fuera a desmayarme en cualquier momento; dolía pero esperaba que ese dolor no me hiciera caer como caca de paloma al piso.
- Rota idiota, ¿Cómo va a estar? – le pregunte mirándolo furiosa – de verdad Jacob, sabía que eras idiota, pero no pensé que fueras tanto, solo déjame sola de una maldita vez – le pedí conteniendo las ganas de golpearlo.
- Solo déjame ayudarte, esto fue mi culpa – dijo preocupado mientras daba grandes pasos para acoplarse a mi carrera.
- Y nadie te exime de culpa – le escupí mirándolo y tropezando con mis propios pies, los brazos de Jacob me capturaron antes de que me inclinara siquiera para caer, me sacudí sus manos y me detuve justo frente a las puertas eléctricas de entrada – si vas a pagar todo esto, quédate, si no es mejor que te des la vuelta aquí y me dejes sola, o juro por mi madre que te demando – lo amenace desesperada.
Jacob se quedo de piedra, y retrocedió casi un metro.
- No traigo mi billetera – dijo como no queriendo la cosa, yo solté una risotada amarga.
- Por supuesto, entonces lárgate o le pediré a los guardias de seguridad que te saquen, al fin y al cabo, está comprobado que no sabes lidiar con Guardias de seguridad – dije cruelmente mirando más de un segundo su ojo morado, frunció el ceño.
- Solo quiero asegurarme de que te atiendan, déjame entrar contigo – pidió molesto y cruzándose de brazos.
- Ya te dije que te largues, ve a consolar a tu querida Sam, que debe estar aterrado – le sugerí dándome la vuelta y caminando, las puertas se abrieron al sentir mi peso y cuando tuve un pie sobre las instalaciones Jacob me tomo del hombro y me giro bruscamente, haciendo que más de la mitad del moka-sanador se esparciera por el blanco piso de azulejo.
- ¡Ya basta! – exclamo enojado, pero el remordimiento aún estaba presente en sus facciones – Solo he tratado de aclarar las cosas y de disculparme y tu solamente te has comportado como una mocosa caprichosa y altanera – tome aire para responderle pero no me dejo – Deja de hacerte la mártir, Bella, esto también es tu culpa y lo sabes – y dio justo en el blanco.
Sabía que todo lo que había pasado, había pasado porque yo lo había permitido.
Era mucho mejor culparlo de todo; hasta que el decidió darme mi parte de culpa.
Si ya tenía la mano rota qué más daba que lo golpeara con ella… al fin me la iban a arreglar.
Pero la cobardía de llorar como perico sin plumas, me hizo querer seguir con los gritos.
- ¡Tienes razón! – le grite ignorando a la gente que estaba en la sala de espera
Seguramente toda esa gente se estaba aburriendo de lo lindo, acongojada por sus parientes o amigos enfermos, así que aquí tenían el espectáculo de medio tiempo, y además les daría una perspectiva, nadie querría estar en mi lugar, eso era Seguro.
- ¡Tengo tanta maldita culpa de haberme metido contigo, cretino! – le grite acercándome para encararlo, me sacaba más de 30 centímetros de estatura, o una estupidez parecida, pero no me importo - ¡Tengo la culpa de pensar que valías la pena, tengo la culpa de pensar que eras alguien totalmente diferente! – tome aire y tratando de controlar las lagrimas y no berrear por el dolor que sentía tan solo de mover la mano, me aleje - ¡Pero ahora no tendré la culpa de tener que soportarte, LARGATE EN ESTE PRECISO MOMENTO O LE PEDIRE A LOS GUARDIAS QUE TE SAQUEN, Y ADEMAS VOY A DEMANDARTE IMBECIL, LARGATE YA! – le grite furíca y me di la vuelta sin más.
Habíamos llamado la atención de todos los que estaban en la sala de espera, enfermeras, doctores, pacientes y familiares de los pacientes me miraban, algunos asombrados, otros divertidos, y otros enojados, pero yo no miraba a nadie, no podía enfocarme en nada.
Logre llegar hasta la recepción, que era un mostrador lleno de enfermeras y doctores intercambiando carpetas, bueno hasta que yo había armado todo este espectáculo, ahora todos estaban mirándome, pero una enfermera de unos 60 años se acerco a atenderme con mirada preocupada.
- Me rompí la mano – dije sin más dejando caer el envase casi vacío de frappe con mi mano dentro, para después sisear de dolor, tendría que tener más cuidado; ella torció el gesto y después asintió comenzando a teclear en su computadora.
- ¿Tiene segur…? - pero la interrumpieron.
- Salgamos – dijo Jacob aprisionando mi hombro y sonando tranquilo.
Me gire enojada y señale con la cabeza mi mano que descansaba sobre la mesilla – ¿Acaso no recuerdas porque estoy aquí? – pregunte apretando los dientes, tratando de no gritarle de nuevo.
- Puede esperar, Salgamos ahora – dijo igual de tranquilo.
Apreté la mandíbula tan fuerte que me pregunte si tendrían dentista en el edificio, para que me sacaran la muela del paladar.
Abrí la boca y tome todo el aire posible para volverle a gritar, pero entonces vi una mano blanca situarse sobre la de Jacob, que a su vez seguía aprisionando mi brazo.
- Ella te dijo que te fueras – dijo una voz suave pero furiosa, me gire sorprendida y lo vi.
De acuerdo, es un hecho que soy un personaje de novela, las cosas más inesperadas me suceden, aunque pareciera que todo estaba mórbidamente planeado.
No supe si sonreír y aventarme a sus brazos o gritarle su dosis de verdades que también se merecía.
Sin embargo, Edward no me prestaba el menor caso, miraba a Jacob con los ojos negros de furia; llevaba puesto uno de esos trajes de médicos color verde azulado, que realzaba sus ojos de manera tan dramática, que comencé a preguntarme si no nos estarían grabando para una serie dramática de doctores tipo Grey´s Anatomy.
En todo caso, dudaba seriamente que Ellen Pompeo, la actriz que interpretaba a Meredith Grey aceptara guiones tan propensos al descaro astral.
¿Es que acaso no había algún otro caballero en el mundo que quisiera auxiliarme cuando estaba en problemas?
Edward no podía convertirse en mi perpetuo salvador, porque en este guion lleno de fatídicas coincidencias, al final terminaríamos perdidamente enamorados, con 10 hijos, 2 perros y 8 gatos viviendo felices para siempre en una casa de dulce…
No, esa era otra historia…
O bien, uno de los dos terminaría muerto en una trágica escena para llorar todo un milenio.
Y si eso sucedía, esperaba que fuera él, yo era joven y bella... y virgen.
Así eran este tipo de coincidencias estúpidas en las tele series, así que también podría pasarme a mí, la chica que tiene vida de anime apestado.
- No te metas niño – dijo Jacob soltándome y girándose para enfrentar a Edward.
Oh, cierto, ellos están o apunto de golpearse hasta que los separen teatralmente, o bien a decirse cosas estúpidas que herirán sus egos masculinos para después irse cada quien por su lado como un par de nenitas cobardes.
- Solo vete y dejemos esto como esta, no quiero hacerlo más grande – dijo Edward un poco más sosegado pero aun así su mirada seguía ardiendo.
Me sorprendió que él fuera el primero en tomar el camino de las nenitas cobardes, no se veía del tipo de hombres que evitan una pelea, le gustaba la adrenalina y fanfarronear, ese no era él Edward que yo creía conocer.
- Esto no te incumbe niño – dijo Jacob haciendo énfasis en el niño, claro, el me llevaba unos 8 años, y Edward tendría mi edad, un par de años más si acaso, éramos unos niños para el Señor Black, también supongo que no ayudaba que Edward fuera un tramo más bajo que Jacob, y eso no me gustaba – es entre ella y yo, así que vete a jugar al doctor y no molestes – dijo mofándose con crueldad.
En cualquier otro caso, estaba segura, me hubiera reído hasta llorar, pero sorprendiéndome incluso a mí, fue todo lo contrario.
Me hizo explotar furiosa.
- ¡¿Eres tan poco hombre que necesitas hacer menos a los demás? – le grite enrojeciendo - ¡Edward es mucho más hombre de lo que tú puedes siquiera imaginar, pídele una disculpa y lárgate, antes de que pierdas toda tu dignidad! – le espete furiosa.
O…k… ¿de dónde había salido todo eso?, ni idea, pero estaba diciendo la verdad, aunque Edward también era un estúpido, era mucho más hombre que Black.
- Bella, yo… - dijo Jacob sosegándose de golpe.
- Dijo que te largues – le escupió Edward dándole un leve empujón en el hombro para girarlo y llamar su atención.
Jacob se giro y le devolvió el empujón, lazándolo un par de pasos atrás, pero Edward no se quedo atrás, recupero distancia y lo empujo con más fuerza de la que le creía posible, estrellándolo contra el mostrador, sisee de dolor cuando el café se giro para verter su resto sobre el mostrador y mi mano casi inerte se estampo contra la esquina de este.
Edward me miro preocupado y dio un par de pasos al frente, Jacob se aprovecho de esto y recuperándose se lanzo contra él como si fuera boxeador.
Le propino un golpazo en el estomago que hasta a mi me dolió.
Edward se doblo violentamente quejándose con un gruñido, y Jacob se le volvió a lanzar.
Así era el script de novela dramática que me imaginaba.
Pero a mí no me gustaban las novelas.
Básicamente, porque en casi todas ellas, la "heroína" no era una heroína en sí, sino una tonta con buen cuerpo o lindo rostro que necesitaba de otros para poder vivir, o bien defenderse.
Y ese claramente no era ni seria mi caso.
Con la mano que no tenía fragmentada, golpee a Jacob en el hombro, se giro dispuesto a golpear a quien lo había golpeado, pero se quedo de piedra cuando me vio con la mano extendida hacia él.
Sin darle tiempo a reaccionar, cerré el puño y sin miramientos se lo estrelle en la mandíbula.
No sé cuánto le habrá dolido a él, puedo decir que golpee con todas mis fuerzas y vaya que me dolió, y por su quejido supuse que al menos lo había descolocado.
Entonces, ¡al fin!, debo agregar, se apareció una tonelada de guardias de seguridad, algunos rodearon a Edward, otros tantos a Jacob y tuve a un par frente a mí, mirándome uno preocupado, y el otro evitando una risita.
- Tiene que salir de aquí señor, si quiere evitar cargos por agresión al personal – le dijo un guardia de piel achocolatada que media casi lo mismo que él.
- No, ¡no!, Bella déjame… - me abrí paso de un empujón sosteniendo mi mano rota contra el pecho y me encare con Jacob.
- Es un empate – le dije lo más tranquila que pude.
Ya no estaba enojada, todo mi enojo lo había sacado con ese golpe; ya no estaba atontada, la novelística situación me había despertado; ahora, solo moría de dolor.
– Vete Jacob, tienes tanta culpa como yo, no te pediré perdón, y tu no vuelvas a hacerlo, por el bien de todos, aceptemos nuestra culpa y vivamos con ella, ya no te molestare, y espero que hagas lo mismo – le suplique mirándolo de la manera más rogona que pude.
Los guardias aguardaron admirando la escena culmine de este drama, me dieron ganas de golpearlos a todos.
- Pero Bella… - dijo triste, yo negué con la cabeza.
- Por favor Jacob, dejémoslo así – le impregne el tono más suplicante del que fui capaz, y su semblante se transformó – por favor —
- Esta bien – acepto por fin – espero algún día podamos vernos sin gritar, - se rasco la cabeza inseguro, pero algo en mi pequeño discurso lo había movido, tal vez que me puse la mano en un lugar donde pudiera verla claramente… - Cuídate Bella, y de verdad siento que estés herida – ¡Bingo!
Se acerco a mí, y un par de guardias se pusieron en guardia, pero Jacob fue más rápido, me acaricio la mejilla y después me dio un rápido beso en la frente.
No supe si el estremecimiento fue de asco o de agradecimiento, pero al final, me obligue a sonreír apenada.
Lo vi alejarse con un contingente de 15 guardias a sus espaldas, y cuando las puertas se cerraron, di un suspiro tranquilo.
Al fin había terminado, o al menos por ahora.
- ¿Estás bien? – pregunto Edward a mi lado, ¿en qué momento se había acercado?
- ¿Tu estas bien? – le pregunte mirándole el abdomen, el inclino la cabeza y sonrió con la boca torcida.
- Necesito más que eso para caer – dijo simplemente, yo solo asentí sin saber que decir… claro era el súper hombre… como olvidarlo.
- ¿Señorita? – Pregunto un guardia de seguridad – Usted también tiene que irse, ha provocado un alboroto que no es permitido en este lugar – dijo apenado, yo me atragante.
- Pero yo… - dije asustada alzando solo un poco mi mano; todos los que estaban a mi alrededor la miraron, y algunos torcieron el gesto con repulsión.
Y lo peor es que no podía mover mi dedo medio para agradecerles su preocupación.
Edward en cambio abrió los ojos asustado y después frunció el entrecejo preocupado tomándome de la muñeca.
- Déjame ver… - pidió con voz preocupada pero profesional. Sin miramientos le extendí la mano y sin tocarla la examino dándole vueltas desde la muñeca, negó un par de veces con gesto que me pareció muy consternado, poniéndome nerviosa, y él sin soltar mi muñeca se dirigió al guardia – necesita atención medica, por favor Tom, es una amiga mía, deja que nos ocupemos de ella – pidió con voz en extremo amable, el guardia me evaluó con la mirada inseguro, y un minuto después se encogió de hombros.
- El loco ya salió, y la señorita lo necesita, por mi no hay problema – dijo sencillamente dándose la vuelta – vámonos chicos, el medio tiempo del partido casi termina – exclamo haciendo una seña, y como si se tratara de un batallón, todos salieron del lugar al mismo tiempo.
Dios, que buen trabajo el de ellos, era como saca borrachos de hospital con televisión incluida.
Me había equivocado de profesión.
- Disculpa Caroline, - dijo Edward aun sin soltarme y haciendo que me girara al mostrador, donde la enfermera que me había tratado de atender limpiaba el desastre del frappe – al parecer, Bella tiene una fractura doble, yo me encargare si me lo permites – dijo Edward sonando aún más educado, ¡Dios!, si en el hospital era capaz de no comportarse como un patán, de verdad me cambiaría de profesión.
- Ay cariño, no lo sé, tu turno ya termino – dijo insegura mirándolo apenada.
- Oh, vamos Caroline, de regalo de despedida, por favor – dijo Edward sonriendo, con su estúpida sonrisilla socarrona, coqueta y torcida mientras se inclinaba un poco sobre la barra de recepción, pero sin mover un centímetro mi mano, espere a que le empezara a pestañear como caricatura...
La tenía en sus manos.
- Ay cariño, de acuerdo, cortina 6 – dijo inclinando la cabeza hacia la derecha, a un pasillo oscuro y siniestro, que prometía solo dolor, enfermedades, vendas y lo peor, agujas.
Carajo, ¿y la valentía en qué momento se esfumo?
Caroline le extendió una carpeta y siguió limpiando el frappe de su lugar de trabajo.
- Vamos – me dijo Edward quedamente poniendo su mano sobre el hombro con suavidad, y al fin soltando mi mano.
Con paso tranquilo y transmitiéndome una total paz me guio del hombro hacia ese pasillo oscuro que me aterraba, me trague el nudo en la garganta y entre sin (casi) titubear.
Pasamos delante de cinco cubículos diferentes, algunos con las cortinas recorridas, otros ocultando algún paciente, y después llegamos a la cortina que le había asignado la buena Caroline.
Edward se paro frente a la cama y prendió el monitor, y me indico con una sonrisa cautelosa que me sentara en la cama.
Lo hice, dejando descansar mi mano sobre las piernas, y Edward jalo un banquillo que estaba al lado de toda la maquinaria del lugar, y se sentó frente a mí.
Abrió la carpeta y sin decir palabra comenzó a hojearla, hacia unas cuantas anotaciones y me miraba de reojo cada tanto como comprobando que siguiera ahí.
Bueno si, era mi Doctor, pero se estaba comportando como si no nos conociéramos, sus sonrisas eran del todo extrañas, como si de un paciente cualquiera se tratara, no me había dirigido la palabra, y solo me miraba con sus ojazos verdes hipnóticos.
Tal vez era por la bronca que había armado, tal vez estaba enojado porque ni siquiera le había agradecido…
- Edward… - dije insegura, el levanto la vista de la carpeta mirándome tranquilo, de nuevo como si no me conociera – lo que paso haya afuera, yo… - carajo, buen momento para un nudo en la garganta – discúlpame – solté nerviosa.
Edward frunció un poco el entrecejo y como si no hubiera dicho nada, bajo la mirada para seguir haciendo anotaciones.
- No te preocupes, no tienes que decirme nada – dijo, y esta vez al fin, logre que sonara mostrando que me conocía… ¿acaso lo que se filtraba en su voz era molestia?
- ¿Estas… estas enojado? – le pregunte desconcertada, ni siquiera levanto la mirada.
- ¿Por qué debería? – pregunto a su vez encogiéndose de hombros con un tono mucho más duro, lo cual decía que obviamente estaba enojado – Yo fui el tonto que se metió – dijo ya sin poder ocultar su enojo.
A pesar de eso no me miro - ¿De verdad estas enojado? – pregunte un poco escéptica, entendía que le enfadara tener que atenderme, pero él se había ofrecido, ¿o qué era lo que realmente le enfadaba?
Tal vez que yo si le había podido dar su merecido a Jacob, cuando él se doblo al primer golpe…
- No estoy enojado, Bella – respondió levantándose y comenzando a firmar una serie de hojas – todo mundo sabe que meterse en una pelea entre parejas es lo más tonto que se puede hacer, por decir menos – dijo con voz de piedra, dándome la espalda.
Guarde silencio durante un largo minuto.
No, ni esperando un largo minuto entendí cual era la razón por la que estaba enojado, y tampoco encontraba razón a ese sin sazón que me inundo la boca cuando insinuó que Jacob y yo éramos pareja.
- Estas equivocado – dije un poco pérdida – él no es mí… - pero me interrumpió.
- Mira Bella, no necesito ninguna explicación, solo necesito que me respondas un par de preguntas – dijo Edward colocándose de nuevo frente a mí, totalmente serio.
Yo asentí insegura y volví a pasar ese nudo en la garganta.
Estaba dispuesta a responder todas sus preguntas, no queria que me siguieran relacionando con el idiota de Jacob, incluso si la relación era solamente laboral.
- De acuerdo – dijo sentándose, me miro intensamente con sus esmeraldas y después frunció el ceño, mi corazón comenzó a galopar como caballo en un Derby - ¿eres alérgica a algún medicamento? – pregunto bajando la mirada hacia su carpeta.
Me quede de piedra… vaya timador.
- No – respondí secamente mordiéndome la lengua para no armar un segundo alboroto.
- ¿Algún familiar padece enfermedades crónicas, como diabetes, cáncer u otra? – pregunto de nuevo con su voz de profesional de la salud que estaba comenzando a odiar.
- Si, mi abuela tuvo Cáncer – le respondí mecánicamente, me removí incomoda en mi lugar, había respondido ese cuestionario unas miles de veces me lo sabía de memoria – y la respuesta a tu siguiente pregunta es no, no tengo ninguna enfermedad venérea, la siguiente es No, No, Si, Varicela, Sarampión y Paperas, Todas las vacunas, tengo 23 mido un metro sesenta y cuatro centímetros y peso 55 kilos y unas 18 veces – Edward sonrió divertido mientras garabateaba mis respuestas.
Al fin parecía una persona normal, al menos una que no finge no conocerme.
- ¿Has ido 18 veces a urgencias? – pregunto intrigado negando con la cabeza mientras sonreía.
- Soy propensa a los accidentes – respondí encogiéndome de hombros, y siseando de nuevo de dolor por el movimiento.
Edward alzo la vista preocupado y se levanto de golpe.
- Dime, ¿Cómo sucedió esto? – pregunto mientras avanzaba a los aparatos que estaban al lado de la cama y los prendía.
- Me aplastaron la mano con la puerta de mi auto – dije avergonzada, el me miro extrañado.
- ¿Acaso te compraste un avión con puertas herméticas?… eso no luce como una fractura porque tu mano se prensara con la puerta… - soltó algo molesto – necesito que seas sincera conmigo para poder atenderte de la mejor manera – explico mirando inquisidoramente.
- Bueno… - me agache como si mi mano de verdad me estuviera matando… esperen eso si estaba pasando… - patearon la puerta y la puerta se cerró sobre mi mano – dije aun más apenada sin poder mirarlo, el semblante de Edward se ensombreció durante un momento, y segundos después recupero la compostura.
- De acuerdo Bella, te diré que haremos - dijo sonando completamente diferente a alguno de los 3 millones de Edwards que conocía, este sonaba tan preparado, tan profesional, tan tranquilizador y tan amable, que me dieron ganas de morderlo – antes que nada, recuéstate por favor – pidió serio mirando la cama y girándose para dejar la carpeta sobre el banco.
¿Acaso íbamos a seguir interpretando un drama televisivo?, ¿íbamos a hacer una típica escena de sexo candente en el hospital, solo augurados por las azules cortinas?
Después de todo, los dramas televisivos no eran tan malos.
Me recosté con sumo cuidado, lentamente comenzando a sentir grandes punzadas por toda la mano que me llegaban hasta el antebrazo y como un dolor de cabeza estaba amenazando con sacarme de quicio.
Sonreí pacientemente cuando estuve en la posición que me pedía esperando que el comenzara con sus… tareas.
Edward se giro sonriendo tranquilamente y un sonido maléficamente desagradable llego a mis oídos.
El inconfundible y aterrorizante sonido de los guantes plásticos recién puestos.
Vaya… que manías tan extrañas tenia…
Si por ahí se filtraba un látigo, moriría de risa y no de dolor.
Edward se detuvo frente a la cama y se inclino sobre el monitor abriendo un gabinete hasta el momento escondido para mí.
Y de hecho siguió pasando desapercibido cuando comencé a disfrutar de la hermosa panorámica de Edward inclinado.
Nunca, nunca en la vida conoceré un trasero más redondo y apetecible como ese, no al menos que pertenezca a un hombre.
Se irguió y volvió a sonreírme esta vez le devolví la sonrisa algo atontada y la suya se amplió más… seguro me había cachado admirándolo…
¿Qué más da?, ambos sabemos que somos un par de necesitados.
Súbitamente se inclino sobre mí, haciéndome perder el aliento de golpe y que el corazón se me acelerara dramáticamente, su rostro quedo a escasos centímetros del mío, y sus ojos refulgieron con un sentimiento que no pude descifrar.
E igual de súbito tuve una luz amarilla frente a mí.
- Sigue la luz por favor – pidió divertido mientras abría la boca sorprendida, sin embargo, era mi doctor y lo único sensato que estaba dispuesta a hacer era obedecerlo, seguí las luces algo desubicada y Edward volvió a alejarse…
Solo para regresar con un estetoscopio preparado.
Lo soplo para calentarlo y me miro aún más divertido. Y esa escena, me pareció de lo más hermosa.
Se inclino de nuevo sobre mí quedando aún más cerca que la vez anterior, mientras mis brazos hormigueaban ante la necesidad de rodearlo y comenzar de una vez por todas con la escena erótica de este drama.
Siendo ajeno a esa sensación, Edward me sonrío descaradamente y después delicadamente sentí el metal frio cerca de mi seno izquierdo.
Y sus dedos rozando un poco mi piel haciendo que se me pusiera de gallina.
Tuve que morderme el labio para no gemir, o para no soltar una carcajada nerviosa y tonta.
Movió un par de veces más el estetoscopio y después con reprobación se alejo de mí lentamente.
- Estas muy nerviosa, ¿no? – pregunto volviendo a revolver aquel gabinete, no respondí, ¿acaso el nerviosismo y la calentura se escuchan igual en un estetoscopio? – deberías de tranquilizarte un poco, no queremos que te quedes en el hospital más de lo necesario ¿no es así?, no te gustaría quedarte un rato más para tratar una crisis nerviosa, ¿no? – pregunto como de broma.
- No, no quiero quedarme más de lo que deba – respondí, no, si me quedaba más tiempo, para ser precisa más allá de las 7, Alice me mataría y Rosalie seguramente le ayudaría gustosa, tenía el tiempo aún contadito - ¿Cuánto… cuanto crees que tarde esto? – le pregunte con miedo.
- Aún no lo podemos saber – dijo sin mirarme mientras seguía sumergido en la gaveta en busca de algo - te haremos un par de estudios, para identificar donde y en qué estado están las fracturas, el tratamiento dependerá de la gravedad del asunto, - trague saliva asustada y deje salir un débil si, imaginando el peso de las palabras "gravedad del asunto", sonaba… grave – si las fracturas requieren cirugía yo mismo te preparare para ella, ¿está bien? – pregunto amablemente girándose, y blandiendo sin ningún cuidado una aguja, que me hizo brincar asustada.
Edward estuvo sobre mí en cuestión de medio segundo.
- ¿Qué pasa? – pregunto preocupado colocándose rápidamente el estetoscopio, lo detuve justo antes de que su mano se posara sobre mi pecho, arrepintiéndome al siguiente segundo.
- Lo siento – respondí apenada - las agujas me aterran - le explique cerrando los ojos, tratando de ubicar esa estúpida valentía - ¿me van a operar? – pregunte aún con más miedo, esto cada vez se ponía peor.
Edward se relajo visiblemente y luego frunció el ceño divertido – Es la aguja o que te arreglemos las fracturas sin anestesia – dijo sonriendo divertido, torcí el gesto con miedo y el dejo de lado su faceta, "Asusta a Bella como si fueras un medico psicópata" – la cirugía es solo una posibilidad, no te aflijas, todo estará bien, no te dejare sola – dijo con dulzura.
Nuestras miradas se conectaron en ese momento, sus ojos estaban levemente ensombrecidos por la preocupación, pero aún así brillaban con luz propia, sus mejillas estaban levemente coloreadas y la sonrisa hermosa y fidedigna que me dedicaba comenzó a tranquilizarme.
Tenerlo cerca me hacía querer no estar aquí, no en estas condiciones.
Quería tenerlo cerca, quería jugar con él, quería abrazarlo, quería divertirme, quería tenerlo.
Y no tenía ninguna excusa estúpida para estos pensamientos, no estaba drogada, mi cabeza estaba funcionando lo suficientemente bien para la situación.
Sencillamente, estaba siendo sincera conmigo misma.
Edward me gustaba, y aunque quisiera negarlo, y lo seguiría haciendo, ya no podía convencerme de lo contrario.
Era el hombre más exasperante que conocía, Edward era el estereotipo de Don Juan que toda chica conoce, ese que te coquetea descaradamente y cuando te tiene en sus redes se dedica solamente a jugar.
Era más que eso, era un tacaño, un patán, grosero, arrogante, indiscreto, lujurioso, altanero, cretino, prejuicioso, insensible, tacaño… era muchos adjetivos que todos odiaríamos inspirar.
Pero, ahora que lo tenía aquí frente a mí, mirándome dulcemente con esos ojos cristalinos, dulces y verdaderos, no podía pensar en todos esos adjetivos.
Solo podía pensar en la transparencia de estos, sus ojos claros que me devolvieron en el tiempo, y me hicieron sentir mariposas enormes en el estomago y demás sensaciones que no podía siquiera describir.
Sus ojos, eran lo primero que me había atraído de él, porque te decían la verdad, eran literalmente una ventana a su alma, y estaba viendo verdad, preocupación, afecto y esa sombra que vi aquel primer día, la sombra del dolor.
Estaba completamente pérdida en él, disfrutando de la paz que me trataba de dar, de la confianza, solo podía pensar en el secreto deseo que crecía en mí a pasos agigantados, el deseo de que esos ojos me pertenecieran.
Que todo el me perteneciera.
Edward era el hombre más imperfecto; justamente perfecto para mí.
Y eso no podía aceptarlo.
No soportaba su faceta de cretino, y si no podía hacerla a un lado, entonces tendría que obligarme a olvidar lo mucho que me gustaba.
Lo demasiado que me estaba atrayendo.
Aunque, ahora no estaba siendo ese Edward que conocía, no había razón para poner esa bendita barrera, ¿verdad?
Premeditadamente me acerque a él solo un poco sin cortar ese viaje al paraíso cortesía de su mirada, sería un pecado capital ignorar esa oportunidad.
Edward me correspondió, acercándose a mí tan lentamente como yo lo hacía, mientras su mirada cambiaba gradualmente eclipsando todo lo que no fuera felicidad.
Sentí su aliento sobre mis labios entreabiertos, apremiantes y deseosos de rememorar la forma, textura y sabor de los suyos.
Sus manos me tomaron de la cintura con delicadeza, pero ciñéndome con firmeza.
Nuestros labios se rozaron, dejándome sentir la suavidad de sus caricias, cerré los ojos para concentrarme en esa agradable sensación que comenzó a recorrer mi cuerpo, era cálida, pero era algo más, algo que nunca había sentido.
Y que tampoco podía describir, nada en el mundo era tan sublime y perfecto como estar con Edward, los adjetivos aún no eran inventados para describir la manera en que nuestros cuerpos se entendían, como nuestras miradas se conectaban, como nuestros labios se degustaban.
No era un beso como cualquiera, un beso como algún otro que nos hubiéramos dado, solo rozábamos nuestros labios suave y lentamente, tan lentamente que podía sentir como si estuviera memorizando cada milímetro de mi boca, como pidiéndome permiso para acercarse, pero sin profundizar nuestra cercanía.
Era una cercanía perfecta, perfecta y celestial.
Presiono, solo una vez, lenta pero firme y dulce sus labios contra los míos, y después se separo solo un poco, depositando su sedosa frente sobre la mía mientras una hermosa sonrisa dulce iluminaba su rostro, sus ojos brillaban como si tuvieran luz propia, y sus mejillas estaban un poco más coloridas.
Y ese momento, fue aún más magnifico que el beso en sí, pude casi escuchar como si un click sonara en nuestras cabezas, este momento era el más perfecto que alguna vez había vivido con alguien, y al parecer él no se quedaba atrás.
- Técnicamente, sigo en horas de trabajo, nunca he faltado a mi ética – dijo medio en broma sonriendo, se alejo lentamente de mi, casi como si no quisiera hacerlo, lo cual hizo que mis mejillas se colorearan un poco, y antes de despegarnos completamente me acaricio con ternura la mejilla y se dio la vuelta.
Yo reí quedamente, aun disfrutando de la sensación; él conecto algunos tubos y saco algunos instrumentos más, bajo mi atenta mirada.
Con la misma hermosa sonrisa se coloco a mi lado y me mostro la aguja que antes me había hecho saltar, quebrando completamente mi burbuja de felicidad paradisiaca.
- Solo no mires, te prometo que seré cuidadoso, no va a dolerte, ¿confías en mí? – pregunto con suavidad.
La verdad, no confiaba ni en mi misma, pero aun quedaba un poco de esa sublime sensación de sus caricias, así que solo asentí y deje caer la cabeza sobre la incómoda almohada cerrando los ojos.
Sentí sus manos tibias presionando mi antebrazo con delicadeza, y apenas sentí el pinchazo una lagrima gruesa salió por mis ojos, y me mordí el labio.
Era una gallina, si, pero nunca en mi vida había podido controlar ese miedo irracional a las agujas.
- Tranquila, ya paso – dijo como si estuviera con una niña pequeña, yo asentí sin abrir los ojos y el rio limpiando mis lagrimas con los dedos con ternura – tendrás que abrir los ojos en algún momento, siento decirte que eso va a estar en tu brazo durante tu estancia en el hospital – dijo con simpatía, supongo que tratando de hacerme reír; abrí los ojos y me mire el antebrazo, ahí había una aguja penetrando mi piel con una cinta sobre ella y conectada a su vez a un tubito delgado.
La sensación era tan incómoda, que me dieron ganas de ponerme a llorar en forma.
Era una cobarde, si, no podía controlarme, si, pensar que tenía una aguja metida perforando mi vena para drogarme me hacía sentir aturdida, tenia pánico, terror, y el estomago totalmente revuelto.
Una de dos, o vomitaba o empezaba a hiperventilar.
¿Pensaban que mi miedo a las agujas era una niñería?... Pues no, es una fobia total e incontrolable.
Apenas fui consciente de lo que hacía Edward, mientras trataba de controlar el acelerado ritmo mi corazón y las ganas de correr a un baño cercano, o de gritar aterrada.
Edward se detuvo de nuevo frente a mí y me miro desconcertado.
- Deberías tratar ese miedo con un especialista – recomendó algo desencajado – aún así, no creo que dure mucho tu ataque, está entrando a tu sistema un efectivo relajante que te hará efecto en unos minutos y la menor de tus preocupaciones será esa – rio bajito y después me acaricio el hombro con dulzura – todo va a estar bien – no dejaba repetir eso, y esperaba que no dejara de hacerlo, hasta que yo misma me convenciera de ello.
Se volvió a alejar y yo comencé a contar las manchas de la pintura del techo, esperando que el bendito relajante me hiciera olvidar.
- Iré a ordenar los estudios para tu mano, espero que no tardemos mucho – comento amablemente y con una hermosa sonrisa, yo solo asentí – puede que el relajante te cause un poco de sueño, si es así, descansa, ¿de acuerdo? – pregunto con simpatía, yo solo asentí algo retraída, seguía sin poder quitarme de la cabeza esa estúpida aguja – no tardare – dijo sin más.
Tomo la carpeta, me dio un par de palmaditas cariñosas en el hombro haciéndome suspirar un tanto aliviada y en un solo instante cerro la cortina para dejarme completamente sola.
Me removí un poco en la incómoda y dura cama, nunca me habían gustado los hospitales, y de hecho ¿a quién si?, no podía imaginar una persona con sus facultades mentales sanas que le gustara estar en un hospital.
Ni yo, que era una loca con personalidades múltiples disfrutaba este lugar.
Las sabanas, si es que se les podía llamar así, eran demasiado incomodas, parecían de papel, de hecho tal vez lo eran, la almohada parecía una roca, y todo el lugar tenía ese extraño olor que no podía definir seriamente, solo podía decir que apestaba a desinfección.
Los hospitales eran extraños, a todos nos gustan un poco las bacterias, en la comida callejera, en el baño, en la oficina, en todos lugares había bacterias… como extrañaba en estos momento los lugares bacterianos.
Mire las sabanas azules, la pared de un blanco deslavado con una franja cruzándola del mismo azul que las sabanas, y las cortinas completamente quietas, y también azules.
Todo era tan azul que parecían millones de pitufos uno sobre otro mirándome atentamente como si estuvieran a punto de atacarme.
Me hice un poco hacia atrás asustada, estaba en el planeta azul pitufo, esas feas criaturas diabólicas que querían atacarme.
Ok… tenía que relajarme como me había pedido Edward, así que desvié la mirada de las cortinas y las sabanas pitufescas mirando las manchas extrañas del techo.
El techo era de un extraño color crema, con algunas manchas más oscuras, parecía una seta.
Un momento… cortina y sabanas de pitufos, techo de seta… ¡estaba en la aldea de los pitufos!
Carajo, no estaba en el hospital, estaba en una aldea clandestina de pitufos, donde los pacientes no eran curados, ¡no!, ¡eran convertidos en pitufos!, tenía que salir de aquí inmediatamente.
Me removí para levantarme y sentí la incómoda sensación de la aguja en mi brazo.
¡Ah, ya entendía!, ni pitufos ni setas… es el tonto relajante que me dio Edward.
Fantástico, iba a alucinar, estúpida inexistente resistencia a los medicamentos; al menos no me aburriría mientras esperaba.
Me recosté de nuevo y cerré los ojos, tal vez también podría dormir, y soñar cosas extrañas y alocadas, podía alucinar dormida, ¡que hábil soy!
Después de todo, esto no eran tan malo, pensándolo detenidamente, al menos lo detenido que resultaban mis pensamientos inconexos ser convertida en pitufo no eran tan malo.
A Pitufina le había resultado, era la única mujer Pitufa de la aldea pitufa, así que seguramente la pasaba realmente bien.
Al menos si me era asignada mi propia aldea de hombres pitufos no tendría que pensar tanto en Edward Cullen y su hermosura y calidez insoportables.
¡Vaya!, esto iba a ser genial, ya queria ser convertida en Pitufina, seguro que al fin dejaba de ser Virgen.
De pronto escuche movimiento en la habitación, ¡los pitufos me atacan!, ¡Al fin!, mi destino se cumpliría, la gozosa existencia sexual estaba esperando por mí.
Aunque bien podría ser Edward, vaya que había cumplido cuando decía que no tardaba.
Abrí los ojos y frente a mi estaba una mujer en extremo delgada, mas bajita que yo y con una sonrisa risueña.
Y no se parecía para nada a Pitufina.
¡Demonios!
- Señorita, siento molestarla, pero el enfermero Cullen me envió con esto – dijo alzando un pedazo de tela blanca con lunares azules… ¿acaso eran pitufos aplastados?
- ¿Es un mantel… vamos a ir a un pic nic? – pregunte extrañada, era un extraño rito de iniciación, come sobre el mantel de pitufos aplastados y después te dan tu Harén de hombres azules.
- Ahm… no Señorita, - respondió extrañada la mujer - necesito que se cambie y se ponga esto, el señor Cullen olvido pedírselo – dijo dejando el mantel sobre la cama.
- ¿Edward quiere que me ponga un mantel? – ¿acaso iba a llevarme de picnic solo para comer sobre mi?... uhh… eso suena sucio de una manera muy conveniente…
- ¡No señorita! – Exclamo algo exasperada tomando de nuevo el mantel – esto no es un mantel, es una bata de hospital, es protocolo, y debe ponérsela – dijo zarandeando la bata-mantel frente a mí.
- ¡Oh! – Exclame sorprendida – entiendo – acepte incorporándome lentamente, ¿Por qué me sentía tan pesada? - ¿entonces no vamos a ir de picnic? – pregunte tomando la bata-mantel y buscando donde iba mi cabeza.
- No Señorita – respondió la enfermera ya desesperada, ¿a esto le llaman atención al cliente?, los pitufos no tenían nada de modales; la mujer pitufa mal humorada me miro con el ceño fruncido, mientras yo comenzaba a tratar de meterme en el mantel sin mover el brazo con la aguja, que por cierto pesaba como un elefante embarazado - ¿necesita ayuda? – pregunto evitando inútilmente una carcajada.
- Mi brazo esta muerto – le dije dejando caer el mantel – no puedo moverlo – le explique mirando mi inerte y pesado brazo que apenas sentía, mi mano seguía deforme, me comenzaba a preguntar si se quedaría así y tendría que conseguirme un sobrenombre como "La Garra" o "Manitas"… Dios no podía soportar ser Bella "Manitas" Swan o Bella "La Garra" Swan… se escuchaba demasiado… demasiado… demasiado… mal.
- Déjeme ayudarla – dijo súbitamente amable la mujer acercándose del lado de mi brazo muerto – su brazo no está muerto, es solo la anestesia que le han administrado, y antes de ponerse la bata necesita quitarse la ropa que lleva puesta – dijo como si se tratara de una madre cuidando de su tonta hija con brazos muertos.
- ¿Por qué es linda conmigo? – pregunte desconfiada, me pedía que me quitara la ropa, eso no era normal, tenía que contárselo a quien más confianza tenia, y si esa persona no era un detective que seguía crímenes de acoso sexual, sería un chisme inútil.
- Porqué tu mano parece una garra y estas drogada querida – respondió divertida la mujer quitándome los zapatos y lanzándolos a una caja metálica que estaba al lado de la cama.
Me quede quieta… Carajo, sabía que el elegido seria la Garra Swan… ahora podía ser narcotraficante… o luchadora profesional.
Nunca pensé que cambiarse un vestido para ponerse una bata-mantel de hospital fuera tan ridículamente difícil, entre la mujer-pitufo y yo hicimos una serie de maniobras para que mi brazo se moviera a lo mas mínimo y el tubito que me drogaba no se moviera, que bien podríamos estar en televisión haciendo una danza prehispánica o algo parecido.
Después de un largo rato, al fin me quede solo con mis bragas (las cuales me negué vehementemente a quitarme) y la bata de hospital, la mujer me obligo a taparme con las sabanas de papel pitufo y salió con una sonrisa divertida dejándome de nuevo sola.
La faena de cambiarme de ropa había sido agotadora, así que inmediatamente que las cortinas se cerraron repose la cabeza en la piedra que tenia por almohada y cerré los ojos dispuesta a tomar una tranquila siesta.
Estaba comenzando a sentir la tranquilidad que es preámbulo al sueño cuando sentí una ligera sacudida en el hombro.
- Estoy durmiendo, el doctor me lo recomendó – dije sin abrir los ojos, una risita risueña lleno mis oídos y volvieron a sacudirme del hombro.
- Soy tu enfermero, no tu Doctor Bella – dijo Edward divertido – siento despertarte, pero tenemos que sacarte los estudios – explico tranquilamente.
- Mejor mañana – le respondí acomodándome más en la cama, el volvió a reír y volvió a sacudirme… me gustaba más el Edward lindo que me besaba espectacularmente.
- No creo que eso sea posible, si no me equivoco tienes una cita en la noche con tu hermano, ¿no es cierto? – abrí los ojos de golpe.
- ¿Cómo lo sabes? – pregunte mirándolo, sonreía despreocupado y acariciaba mi hombro con delicadeza.
- Emmett no dejo de hablar de eso toda la semana, y estoy seguro que Alice te matara si llegas tarde, seguro tiene planeado usarte de maniquí para prácticas de maquillaje y peinado profesional – torció el gesto incomodo, como si hubiera sufrido esas aterradoras sesiones de belleza de Alice, tal vez alguna vez lo había vestido usándolo de… Ken, pero ignorando mi ceño fruncido volvió a sonreír – yo se que tan loca puede llegar a ser mi hermanita – comento levantando los hombros, era seguro que alguna vez Alice lo había vestido con pequeños pantalones y mascadas en el cuello - ¿Cómo te sientes? – pregunto interesado mientras me ayudaba a incorporarme, o más correctamente dicho, me obligaba a incorporarme.
- Con sueño – respondí bostezando – y mi brazo esta muerto – comente como no queriendo la cosa.
- No está muerto, es el efecto del tranquilizante – dijo divertido – anda démonos prisa que el tiempo corre – dijo sentándome en la cama, se alejo un poco y después volvió a ponerse frente a mí, con una silla de ruedas y una sonrisa socarrona, fruncí el entrecejo – protocolo del hospital – dijo triunfante sin darme la oportunidad de quejarme.
Me tomo de la mano y acerco la cosa que parecía perchero que sostenía la bolsita donde estaba el tranquilizante conectado a mi brazo, me ayudo a sentarme y descolgó la bolsita para colgarla en la silla.
- ¿Cómo va el dolor? – pregunto mientras avanzábamos por el pasillo adentrándonos más en el hospital.
- No siento nada – respondí algo ida, me estaba costando demasiado trabajo mantener abiertos los ojos.
- Eres poco resistente a los medicamentos, ¿no? – pregunto un tanto divertido mientras empujaba la silla.
- Con dos aspirinas puedo dormir en dos minutos – dije con despreocupación, Edward titubeo un momento parando nuestro camino, y después se aclaro la garganta nervioso.
- Lo recuerdo – dijo incomodo, y recordé el día en que nos habíamos conocido, claro, había evadido cualquier contacto tomando un par de aspirinas, seguramente Rosalie se lo había contado, un silencio intenso se hizo, cerré los ojos, ahora no tan adormilada, sino aturdida, no queria que este Edward amable y dulce se esfumara solo por recordar lo patéticos que nos habíamos comportando antes.
Durante el camino Edward se mantuvo callado, se aclaro la garganta como sí quisiera hablar un par de veces durante el camino, y detuvo la silla otro par de veces, pero sencillamente nada salió de su boca, ni de la mía; yo estaba luchando conmigo misma para mantenerme despierta, y estaba segura que iba a perder la batalla en unos momentos.
- Llegamos – dijo deteniéndose delante de una enorme puerta de fierro, trague saliva, me sentía como un extraterrestre al cual le tenían que hacer pruebas para saber si venía de Venus o de Marte.
Empujo la puerta y frente a nosotros aparecieron unos enormes aparatos que parecían como de ciencia loca, un rayo para encoger o algo así, volví a tragar sintiendo el estomago aún más pesado, y los ojos casi cerrados.
Edward se coloco frente a mí y me extendió una mano con un ademán que me pareció demasiado principesco para el lugar en el que estábamos.
La tome titubeante y torcí el gesto insegura.
- Estoy a dos segundos de caer dormida, si no te importa preferiría evitar caerme y romperme algo más – dije apretando suavemente su mano, el me acaricio el dorso con su pulgar y asintió sonriente.
- Esta bien, solo trata de mantenerte despierta – pidió sin soltarme la mano y mirándome tranquilo.
Asentí sonriente, estaba obteniendo un poder demasiado fuerte sobre mí, solo con una sonrisa me sentía tranquila, solo con pedirlo me quedaba despierta, solo con mirarme me quitaba el aire.
Esto estaba poniéndose color hormiga.
El me atraía y a juzgar por cómo estaba comportándose, yo también lo atraía, pero entonces… ¿que estaba mal?
¡Carajo!, los ojos me pesaban tanto que comencé a cabecear sin poder evitarlo.
Edward se arrodillo frente a mí, si, aun sin soltar mi mano y puso su mano libre en mi mejilla.
- Incluso, drogada y somnolienta, eres hermosa, - hizo una pausa en la que me sentí la mujer, más hermosa drogada y somnolienta del planeta - solo por si te interesa saberlo – dijo en un susurro, cerré los ojos y me deje llevar por la sensación tan placentera de tenerlo cerca, de que me hiciera cumplidos, de que se comportara como un hombre lindo que mostraba interés en mi.
Repose mi cabeza sobre su mano y decidí que este era mi paraíso y aquí me quedaría.
Es decir, al diablo, iba a dormir.
No sin antes aprovecharlo, me acerque un poco más a él y premeditadamente me pase la lengua delicadamente por mis labios, tratando de provocarlo; funciono, Edward se acerco lentamente hacia mí, y entonces…
- ¡Edward querido! – grito una voz chillona y empalagosa que hizo que Edward me soltara y se levantara de golpe y mi cabeza diera de lleno contra mi clavícula.
¿Quién carajos se había atrevido a interrumpirnos?
Abrí los ojos y ahí estaba, una mujer con un traje azul de hospital y un bata blanca, alta, rubia, con un cuerpo espectacular y que me llevaba fácilmente 15 años.
– Caroline me dijo que necesitabas ayuda, pensé que te habías ido, me da gusto que te quedaras, - hizo una pausa y me miro con una pizca de curiosidad y una cucharada grande de complicidad – siento interrumpirlos, querido – si, remarco el querido.
Edward se paso la mano por el cabello, como lo hacía su hermana cada que tenía oportunidad, se aclaro la garganta nervioso y me dio la espalda.
- No interrumpió, Doctora Adrianne – volvió a aclararse la garganta e hizo un ademan con la cabeza para señalarme – Bella y yo solo conversábamos – aclaro visiblemente incomodo.
De hecho era cierto, pero no estábamos platicando del clima para que lo dijera como si de verdad no importara que la bruja con cuerpo de diosa nos interrumpiera.
- Ya veo… - dijo evitando una risita la mujer mirándome de reojo – Así que BELLA y tu, conversaban – esta vez recalco mi nombre alzando una ceja con incredulidad.
- Al parecer, Bella tiene dos fracturas en la mano, Doctora, propongo sacar las radiografías pertinentes y acelerar el tratamiento, la paciente tiene urgencia por salir – dijo Edward tratando de sonar profesional, pero su incomodidad era tan clara que comenzó a mosquearme.
- Así que urgencia por salir eh?, - pregunto la mujer mirándome por primera vez directamente, yo asentí sin saber que responder - ¿acaso una cita? – pregunto divertida esta vez mirando a Edward.
- Con mi hermano, si una cita – dije un mucho más molesta de lo que debería, la mujer me miro entre incrédula y divertida y asintió, cambiando completamente su actitud "divirtámonos con la chica que solo quiere dormir" a una de doctora profesional.
- Entonces hagámoslo ya – dijo con tono tranquilo – Edward saca las radiografías, te veré en el cubículo – ordeno la mujer, tomo el expediente médico que colgaba del lado de la silla y comenzó a hojearlo mientras salía de la sala.
Edward ni siquiera giro para verme, comenzó a prender maquinas y mover cosas en el lugar.
Mientras lo miraba moverse, los ojos comenzaron a pesarme más, y no me di cuenta en qué momento deje de ver a mi médico de cabecera, para cambiar a la negrura.
Estaba tan cansada como si hubiera corrido un maratón completo mientras cargaba en hombros a Rosalie con unos tacones de Alice, que además de ser de tacón de aguja me quedaban pequeños.
Si así me sentía… supongo.
Sin embargo, la poca lucidez que conseguí, fue para seguir las indicaciones que Edward me daba para poner la mano en ciertas posiciones y ciertos lugares (desgraciadamente los lugares eran solo maquinas); apenas si cruzamos dos palabras, no era porque no quisiera hablar con él, aunque sea para reclamarle que no corriera a la doctorcita un poco antes y pudiéramos seguir donde nos habíamos quedado, pero de verdad, apenas si podía mantener los ojos abiertos.
Cuando terminamos, Edward solo me sonrió y me ayudo a acomodarme bien en la silla, comenzó a apagar aparatos y ahí fue cuando ya no pude más.
Parecía como si hubiera pulsado el botón de apagado, no sentí nada más de mi, podría estar flotando con un arnés sobre el hospital, podría haber un tiroteo, podría estar sumergida en salsa de tomate hirviendo, pero yo no sabía siquiera donde estaba mi nariz; estaba completamente perdida.
La tranquilidad que me invadió era totalmente estática, mis cinco sentidos estaban apagados completamente, no escuchaba, olía, veía, ni sentía nada.
Era tan genial de tantas maneras.
- Si quieres puedes despertarla, iré con Caroline a firmar el alta y podrán irse – dijo la chillona voz de la doctora que nos había interrumpido.
Dios, el apagado de sistema no podía durar un poco más?, al menos hasta que la doctora con voz de pájaro loco saliera del edificio?
- Prefiero esperar a que despierte, pero si no le importa Doctora, ¿podría firmar el alta ahora?, para poder irnos inmediatamente que despierte – pidió Edward con su tono educado y encantador que usaba, al parecer, con todo el personal femenino del hospital.
- Sin problema Edward – hizo una pausa en la que comencé a sentir de nuevo, ubique de nuevo mi nariz… estaba pegada a la mitad de mi cara… como antes lo había estado, genial, al menos no me sentía como un pitufo, eso era bueno… ¿no? – eres muy atento con Bella – comento la voz de pájaro loco con tono cargado.
- Lo haría por usted igual – respondió a su vez Edward, volviendo a sonar incomodo.
- Claro, seguro – rio la mujer, hizo una pausa de nuevo, mientras ubicaba mis brazos, pegados a mi torso, como habían estado antes, genial… – Bella es muy linda, parece que sin drogas en su sistema es una chica interesante – comento como no queriendo la cosa.
Ok, la Doctora pájaro loco estaba comenzando a agradarme.
- Si, supongo – respondió Edward nervioso, la doctora soltó una risita divertida y fue cuando comencé a sentir mis pies de nuevo, y también como una extraña sensación de dolor mitigado se extendía por mi brazo derecho hasta la punta de mis dedos.
- ¿Sabes Edward?, Bella es linda, me agrada, - dijo la Doctora sonando como su madre, me gustaba ese tono, o tal vez para ser justa, me gustaban sus palabras, Edward sin embargo carraspeo incomodo y sentí como la cama se hundía un poco a mis pies, seguro alguno se había sentado - parece que tiene mala pata para eso de los incidentes, pero, es bastante linda, y tengo que decirlo, querido, me agrada mucho más que… -
- Por favor Adrianne, ahora no – la interrumpió Edward súbitamente molesto, ¿le agradaba más que quien?, Edward y sus inoportunas y características intervenciones – si me dan la plaza de doctor residente, podrás molestarme todo el día, pero para eso faltan mínimo 6 meses, así que hasta entonces, guárdate tus comentarios sobre mi vida privada, por favor – pido serio, pero sin sonar en ningún momento grosero.
- De acuerdo, de acuerdo, hare todo lo que esté en mi mano para que te den esa plaza – respondió la Doctora con tono relajado – y cuando te la den, tendrás que contarme todo sobre Bella, tiene mi visto bueno, querido – rio bajito y el peso que estaba a mis pies desapareció – te estaré esperando para más noticias en unos meses, Edward, tengo pacientes que atender, así que iré a desquitar mi sueldo, Cuídate querido, nos veremos después – escuche movimiento, y claramente como la mujer tronaba la boca sonando como un beso.
Lindas y empalagosas despedidas, estaba a punto de levantarme y separarlos, para recordarle a Edward que a la última persona con la que se iba a besar era yo, y no me había besado, tenía derecho de antigüedad.
Sin embargo, eso no era lo que más me molestaba, la Doctora Adrianne había dicho algo, algo que había molestado a Edward y que además había interrumpido.
¿Yo le gustaba más que quien?
La doctora me había comparado con alguien, alguien cuyo nombre Edward ni siquiera había querido escuchar, alguien que claramente lo molestaba…
¿O es que la molestia provenía que mi nombre entrara en la conversación?
Claramente, Edward no había dado su brazo a torcer, y para la Doctora solo éramos conocidos, pero, aunque cualquiera de los dos intentara negarlo, éramos algo más que eso.
No quería sonar cursi, no iba por ese camino, no me refería que fuéramos almas gemelas, o amigos de toda la vida, estábamos muy lejos de eso.
Pero teníamos una relación, tal vez no una relación seria o formal, nuestra relación era todo menos seria y formal; pero lo que habíamos hecho juntos, todo lo que había pasado entre nosotros, no era algo que pasara entre "solo conocidos".
Y para ser sincera, me dolía que tratara de convencer a los demás de que éramos solo conocidos.
Aunque, para ser sincera, yo me estaba comportando igual, no le había dicho nada a Alice, ni loca lo haría, era su hermanita, era como embarrarme miel y entrar a una reserva de osos Pooh hambrientos; tampoco le había dicho palabra alguna a Emmett, porque eso sería como embarrar a Edward de miel y aventarlo a una reserva de… no, solo tenía que aventarlo hacia Emmett.
Ambos nos estábamos comportando como un tonto y patético par de cobardes.
Esto no estaba nada bien.
Una punzada en la muñeca me hizo removerme incomoda y soltar un siseo, y fue entonces que todo mi sistema volvió a prenderse al 100%.
Los sonidos de todo el hospital llegaron a mis oídos, tan fuertes que me sentí como Daredevil, la luz traspaso mis parpados cerrados de forma lastimera, y todo mi cuerpo volvió a pesar los 66 kilos que pesaba desde antes.
Con un cargo extra, y bastante incomodo en mi brazo derecho.
Sentí la boca seca y volví a removerme en la cama, incomoda, dolorida, cansada, y sobre todo, preocupada.
Preocupada por aquellos pensamientos patéticamente cobardes.
- Hey, Bella durmiente – susurro la suave y cariñosa voz de Edward cerca de mi oído – se que estas despierta, no vuelvas a dormir – canturreo con ternura.
Sentí su mano acariciar mi cabello con tranquilidad, y lentamente abrí los ojos.
La luz era demasiada, o era que yo solo quería volver a dormir, me sentía como si tuviera una resaca tremenda, y la sensación de dolor mitigado del brazo, comenzaba a ser sensación de dolor sin mitigar.
- Me siento como si tuviera resaca – dije con la voz ronca, Edward rio y se separo de mi, comenzando a apagar los aparatos que estaban a lado de la cama.
- Es normal, te llevare a tu casa, y pasaremos por una botella de agua – bostezo y se desperezo sacudiendo la cabeza – y un café cargado – completo tomando una chamarra de mezclilla y una mochila gris y enorme de la caja donde estaba mi ropa.
Mire hacia abajo, y vi, que la ropa ya no estaba en la caja, estaba completamente vestida, dispuesta perfectamente para salir del nosocomio.
- ¿Quién…? – trate de preguntar mirándome, el sonrió y se puso la chamarra para después volver a bostezar.
- La Doctora Adrianne fue muy atenta y con ayuda de una enfermera te vistió – explico colgándose la mochila al hombro, me di cuenta en ese momento, que también se colgaba mi bolso, lo cual hizo que me sonrojara.
- Ya veo – dije distraída, esta escena estaba gustándome mas de lo debido, pero sinceramente, si él me hubiera vestido, ninguna queja hubiera salido de mi boca.
Baje la mirada, intrigada me mire la mano; del codo hasta la punta del dedo medio estaba envuelta en una especie de yeso azul, y tenía una especie de férula encima, como cubriendo el yeso, mientras mi dedo media llevaba algo parecido a una pinza de metal recubriendo el yeso azul.
Analice todo aquel paquete por un momento, y después levante la vista hacia Edward intrigada - ¿Qué tan malo fue? – pregunte sentándome lentamente en la cama, por supuesto con la atenta ayuda de Edward apoyando sus manos en mi espalda.
- De hecho, fue mucho menor de lo que creía – respondió con una sonrisa cansada – tengo la receta de medicamentos contra el dolor ya surtida, el yeso lo llevaras tan solo durante cuatro semanas, y si todo resulta bien, como hasta ahora, la férula digital la llevaras tan solo una semana más – me explico con tono educado y servil.
Asentí sonriente, sin saber que decir, Edward se había tomado demasiadas molestias, había surtido mi receta, me había atendido, me llevaría a mi casa y además me compraría una botella de agua.
Eso era lo más lindo de todo, moría de sed.
Me tomo de la mano buena y me ayudo a incorporarme, nos soltamos y me alisé el vestido, mientras el daba la vuelta y tomaba un pedazo informe de tela azul opaco.
Bostezo y me acomodo una cinta que estaba pegada al pedazo de tela sobre el cuello, rozando delicadamente mi cuello desnudo haciendo que me estremeciera ligeramente, sonriendo encantadoramente tomo mi brazo y lo acomodo sobre una especie de cuneta que formaba la tela.
- Así no cargaras el peso del yeso, y evitaremos la inflamación – explico ante mi atenta mirada, yo asentí y me removí para sentirme más cómoda dentro de aquel soporte, el brazo no me molestaba, estaba cómodamente reposado sobre mi estomago, y aunque en momentos un torrente de dolor leve recorría todo el brazo, hasta el momento me sentía enteramente capaz de sobrellevarlo.
- Gracias – dije quedamente sonriéndole, el bajo la mirada, ya que era más alto que yo y me miro con una sonrisa tranquila, tenía los ojos ligeramente inflamados y enrojecidos y su semblante era claramente de cansancio, alce la mano y le acaricie la mejilla quedamente, cerró los ojos y su sonrisa de amplio – Gracias por todo, has sido muy amable – no podía callármelo, no quería, había sido más que amable, había sido perfecto.
- Ha sido un placer – respondió abriendo los ojos y premeditadamente acercándose a mí.
Esta vez, a diferencia de las otras, no hubo un preámbulo al cual analizar y disfrutar de esa sensación de apremio.
Simplemente Edward se acerco y pozo sus labios sobre los míos, besándome como si fuéramos novios desde hacía años, como si fuera normal para el besarme.
Fue rápido y tierno, más que tierno, fue futurista, podía y quería acostumbrarme a esa sensación de reconocimiento que me daban sus labios.
Sonrió aun sobre mis labios y después ladeo la cabeza y beso la comisura de mi boca, esta vez, no tan tierno como antes, con una carga inconfundible de deseo.
Sentí como mi medula espinal se retorcía gustosa.
Pero el momento se rompió cuando Edward se alejo rápidamente y soltó un gran bostezo, que ni a los leones de Animal Planet les había visto.
Me trague a medias una risita, pero él la dejo salir un tanto apenado.
- Lo siento – se disculpo, se estiro y se acomodo bien la mochila y mi bolso y me miro con un brillo hermoso en esos ojazos que poseía – es mejor que nos vayamos ya, es tarde – dijo tomándome de la mano.
Comenzamos a caminar por el pasillo, la mayoría de las cortinas que pasamos estaban cerradas, así que no tuve que disimular mi sonrojo.
Cuando llegamos al pasillo, Edward me soltó sutilmente la mano y la paso a mi hombro girándome hacia el mostrador de la entrada.
- Caroline, nos vamos, ¿la Doctora Adrianne firmo el alta de Bella? – pregunto Edward con su tono educado, que hizo inmediatamente sonreír a la buena Caroline.
- Todo listo, cariño – respondió la mujer – Nos veremos en unos meses Edward, Cuídate ¿de acuerdo? – dijo estirando su mano y pellizcando como abuelita su mejilla.
Edward sonrió y asintió tranquilamente, ya era la segunda vez que le decían eso, me preguntaba qué era lo que había detrás.
¿Acaso lo habían suspendido por la bronca que habíamos armado?
Esperaba que no, si era así movería todas mis influencias para que le devolvieran el empleo, era lo menos que podía hacer.
Bueno, haría que Renee moviera todas sus influencias.
- Cuídate Caroline – respondió Edward haciendo que nos alejáramos, la enfermera sonrió y miro la mano de Edward sobre mi hombro y su sonrisa se amplio.
- Que estén bien – dijo un poco más fuerte para que la escucháramos, sonreí asintiendo para devolver el amable gesto de la señora, y sin más despedidas extrañas salimos del lugar.
Edward se llevo la mano a los bolsillos y saco mis llaves, mirándome como esperando a que explotara.
- ¿Por qué tienes mis llaves? – no pude evitar preguntar, repentinamente a la defensiva.
- Las necesito para conducir a tu casa, no tengo auto, siempre regreso del hospital en autobús – explico encogiéndose de hombros, yo fruncí el seño.
- ¿De dónde las sacaste, Edward? – la última vez que las había visto, las había guardado seguras en mi bolso para poder gritonear a placer a Jacob.
- De tu bolso – respondió sencillamente.
Apreté la mandíbula molesta, un hombre atento y educado, y además por regla general, no metía las manos a la bolsa de una chica, mucho menos si esta estaba drogada y semi muerta en una cama.
Esta hermosa burbuja de irreal perfección estaba comenzando a fisurarse.
Edward simplemente ignoro mi falta de comentarios y me guio hasta mi auto, era claro que con el brazo pegado a mi cuerpo no podría conducir, así que Edward abrió la puerta de copiloto, y con suma atención y caballerosidad me ayudo a entrar al auto y a ponerme el cinturón de seguridad.
Haciendo, obviamente, que mi enojo por chismear premeditadamente en mi bolso disminuyera.
Pero no que desapareciera, que quede claro.
No era que tuviera algo que esconder en mi bolso, tal vez algo vergonzoso, como tampones, que llevaba a todos lados por si las dudas, o mi agenda, que tenia los números de mil hombres en el.
No es que fuera la mayor ligadora de la historia, al menos mis ligues no me habían hecho ni la mitad de feliz de lo que él me había hecho.
… ¿Había aceptado que Edward me hacia feliz?...
Pues sí, lo hacía…
Cerró mi puerta e inmediatamente la puerta de atrás se abrió, vi que dejaba su mochila y mi bolso en el asiento trasero y después dio la vuelta rápidamente, entro en completo silencio, y mientras se ponía el cinturón de seguridad, volvió a bostezar como león en plena sabana.
- Luces cansado – comente tratando de hacer platica.
- Solo un poco – respondió acomodando el asiento, el era más alto que yo, necesitaba un poco más de espacio para sus piernas - mi turno comenzó a las 5 de la madrugada, son las 6 de la tarde, llevo varias horas trabajando – comento con la misma despreocupación que demostraba desde que habíamos salido del hospital.
- ¿Desde las 5 de la madrugada? – no pude evitar preguntar sorprendida – vaya turnos enormes que tienes en el hospital – exclame ligeramente molesta, eso claramente era explotación laboral.
- Mi turno termino hace horas, Bella, pero no podía dejarte ahí, ¿cierto? – pregunto sonriente mientras encendía el auto.
Me quede callada mientras sentía como mi cara se ponía roja de vergüenza.
- Eso fue muy… - lindo, caballeroso, glorioso, encantador, perfecto, utópico… - atento de tu parte, gracias Edward, - carajo, era una cobarde – discúlpame por hacerte quedar horas extra –
- No fue nada – respondió saliendo del cajón de estacionamiento – de hecho fue mucho mejor, mi último día en el hospital fue muy aburrido, apenas y si pude suturar la herida de un señor que callo de las escaleras, la Doctora Adrianne me dejo ayudar a ponerte el yeso – dijo con emoción contenida, y después volvió a soltar un bostezo.
- Genial – dije sin saber que responder, se sentía bien por tener que ponerme un yeso, tal vez para él, el dolor de los demás era bueno – un momento – dije cuando volvió a bostezar abriendo aun más la boca que antes - ¿a qué hora dejaste de trabajar en el bar anoche? – si había estado en mi casa casi a las 10 y había regresado a ayudar a Jasper en el bar, eso no sonaba como que hubiera dormido mucho.
- A la una y treinta, ¿Por qué? – pregunto indiferente pagando de su bolsillo la cuota de estacionamiento del hospital, dejándome infinitamente satisfecha, el Edward tacaño, estaba en algún otro lugar.
- ¿Has dormido 4 horas? – pregunte apenada mordiéndome el labio, en parte porque había evitado que descansara las horas que había estado en el hospital, y en parte porque el brazo estaba tomando mayor sensibilidad, y vaya que comenzaba a doler.
- De hecho 2, tuve que ir a mi casa del bar, y de mi casa al hospital hago media hora – explico despreocupado – no te preocupes – añadió cuando yo abrí la boca sorprendida – estoy acostumbrado a no dormir mucho –
- Pues ahora mismo parece como que necesitas dormir un poco – le recrimine alterada, un Doctor debería estar descansado y despejado para atender a sus pacientes; y por otro lado, me preocupaba que Edward no pudiera dormir, podría hacerle daño - ¿A qué hora duermes? – pregunte mas como para picarlo, que con curiosidad.
- De hecho a esta hora debería de estar dormido – dijo acelerando por la avenida, yo solté un sonido gutural con remordimiento, no solo había hecho que hiciera horas extras, sino que en esas horas extras se supondría que debía dormir, seguro que después tenía que ir al bar a trabajar, me sentía como cucaracha – no te sientas mal Bella, sea como sea, no me hubiera perdido por nada el compartir contigo estas horas – inmediatamente el remordimiento desapareció y miles de mariposas me inundaron – a pesar de que la mayoría del tiempo te la pasaras babeando la almohada del hospital – bromeo.
Yo reí divertida, era cierto, la mayoría del tiempo había dormido, pero el tiempo que había pasado despierta, lo había disfrutado inmensamente.
- Vaya suerte el romperme la mano, ¿no? – dije de broma moviendo un poco el brazo, un dolor punzante me hizo fruncir el entrecejo y sisear con incomodidad, se suponía que cuando te arreglan los huesos te dejan de doler ¿no?
- Llegamos – dijo de repente Edward frenando de golpe, haciendo que el cinturón se apretara un poco a mi cuerpo.
Alce la mirada y vi que estábamos frente a uno de esos establecimientos tipo "Oxxo" que estaban abiertos las 24 horas, Edward saco las llaves del contacto y me miro sonriente.
- Iré por tu agua, y mi café, ¿quieres algo más? – me pregunto con tono suave, yo negué con la cabeza y me quite con dificultad el cinturón de seguridad.
- Te acompaño – dije, Edward tomo mi mano frenándome y negó con la cabeza.
- Quédate en el auto, no tardare – pidió con una sonrisa, estuve a punto de ceder, pero necesitaba estirar las piernas.
- Tengo hambre, quiero ver que hay – explique haciendo un puchero, las facciones de Edward se suavizaron cual mantequilla sobre pan y soltó mi mano bajando rápidamente del auto.
Iba a abrir la puerta cuando esta se abrió, mostrando a Edward que me extendía la mano caballerosamente.
La tome gustosa y así, como había bajado del auto caminamos a la tienda.
El día ya no era tan luminoso, y el aire soplaba fuerte, el cabello se me pego a la cara, y me estremecí con frio.
Hola, dulce y frio Otoño.
Edward acelero el paso y entramos a la tienda, se dejo guiar por mí para pasar frente a los hot dogs del lugar, los sándwiches y los trozos de pizza, pero nada se me antojaba, seguimos caminando hasta que pasamos por el lugar de los pastelitos, galletas y demás cosas dulces y engordadoras.
Sin poderlo evitar, solté un gritito de emoción que hizo que Edward apretara un poco mi mano, (si aun estábamos tomados de la mano), y cuando me solté de él, fue solo para agarrar tres tubos de galletas de chocolate con crema, quise volver a tomarlo de la mano y seguir nuestro camino, pero, claro, ahora solo tenía una mano disponible.
Con cara de circunstancias, mire mi mano repleta de tubos de galleta y luego la mano vacía de Edward que me llamaba a tomarla de nuevo.
Sin miramientos, y con una familiaridad sorprendente, Edward tomo los paquetes de galletas de mi mano y volvió a tomarme de la mano como si fuera lo más normal del mundo.
Estaba comenzando a pensar que seguía dormida, o bien que había muerto y este era el preámbulo al paraíso.
Avanzamos por el pasillo y Edward se detuvo frente a los refrigeradores de líquidos, tan rápida como me lo permitía la pseudo-resca, saque gustosa un bote de frappe de moka frio, Edward soltó una risita y yo reí junto a él.
Esto era maravilloso.
Nos acercamos a la caja y Edward pidió un expreso doble, el dependiente lo preparo mientras el cajero pasaba las galletas y mi frappe por el reconocedor de códigos.
Ya en serio, ¿como se llamaba esa pantallita negra?, ¿acaso era mágica o algo así?
Salimos aun de la mano del establecimiento, con Edward cargando la bolsa y su café con la mano izquierda, y la derecha firmemente agarrando la mía.
Apenas pusimos un pie fuera del lugar, el viento premeditadamente soplo sus aires de Otoño, haciendo que volviera a estremecerme.
Edward me jalo de nuevo hacia el establecimiento, me deje llevar distraída, esta familiaridad con la que me trataba estaba anulando cualquier defensa.
Dejo la bolsa sobre el estante de revistas y me extendió su café.
Confundida lo tome, de verdad que estaba anulándome completamente... ¿Qué planeaba hacer?
Entonces, haciéndome sentir un inmenso y excitante deja vu, Edward se llevo las manos a la chamarra de mezclilla, que por cierto, y siempre cabe decirlo, le sentaba espectacularmente bien, tal vez más que eso.
Una mirada presuntuosa y si, lujuriosa se apodero de él, haciéndome sonreír como una total pervertida.
Me paso su chamarra sobre los hombros, con sumo cuidado para no molestar en lo más mínimo mi brazo enyesado.
Se alejo un par de pasos y me miro, tan morbosamente que sentí como si únicamente tuviera encima su chamarra; rodeándome con su maravilloso aroma.
Casi me avente a sus brazos para terminar de una vez con esa tensión sexual que existía entre ambos, y que estaba segura, lo volvía tan loco a él como a mí; pero tenía un café hirviente en la mano, lo que menos me gustaría en ese momento era quemar a Edward y que tuviéramos que regresar al hospital.
Aunque, si solo le tiraba un poquito y se veía obligado a quitarse ese curioso traje azul…
Pero no tenía las agallas, y bajo la mirada inquisidora de los trabajadores de la tienda, solo me limite, como siempre, a sonrojarme, y sonreírle de manera tonta.
Edward me devolvió la sonrisa, y además, haciéndome sentir como una niña a la cual le daban un dulce para que dejara de llorar, me beso tiernamente la mejilla.
No fue nada sexual, nada en el día había sido sexual a decir verdad, salvo estos últimos segundos; sin embargo este momento me pareció tan cómodo y familiar que no pude más que sonreír, si, aun más.
Era fácil estar con Edward, era fácil disfrutar de su atención, era fácil acostumbrarme a este hermoso trato.
Era fácil que la palabra Futuro, viniera a mi mente en estos momentos.
Avanzamos de nuevo tomados de la mano, como antes abrió mi puerta y me ayudo a sentarme; cuando el se sentó en el lugar de piloto, antes de cualquier otra cosa, abrió el paquete de galletas y me lo extendió, y después abrió la botella de frappe y la coloco en la charola de líquidos del auto.
Se estiro hacia el asiento trasero, bajo mi atenta mirada, lo cual me sorprendía, porque si hubiera sido alguien más, seguramente no le prestaría la mínima atención y estaría disfrutando el cielo de las galletas de chocolate.
Estaba tan embobada admirándolo, que no prestaba la mínima atención a lo que hacía, solo verlo ahí era genial, y la sensación de familiaridad y confort crecían a pasos de dinosaurio.
Me extendió la mano, y yo irremediablemente tuve que ver que me ofrecía, retirando la mirada de sus ojos tranquilos, cristalinos y si, cansados.
Era una capsula, completamente amarilla y enorme a mi gusto, obviamente fruncí el ceño.
- Es para el dolor, estoy seguro que has sentido punzadas o calambres, no te va a durar esa sensación muchos días, pero, es mejor que no la sientas de ningún modo, - explico sonriente sin mover un milímetro la mano – además, puedo ver que aun tienes sueño, si tomas la pastilla es seguro que caerás como costal – bromeo alcanzándome el café.
No tan convencida, pero dispuesta a darle la razón, por algo era medico… o algo parecido, tome la pastilla y me la eche a la boca, y después, mañosamente rozando su mano al tomar el café, tome un gran bocado de café y me deje caer en el asiento.
- Listo Doctor Cullen – dije con una sonrisita, el rio y se estiro de nuevo, esta vez para colocarme el cinturón de seguridad.
Me quede completamente quieta, esperando a que, si él quería algo, tomara la iniciativa.
Y por nuestra salud mental, tenía que tomarla.
Rozo mis brazos y parte de mi cuello, y se tardo un poco más de lo debido, "acomodando" el cinturón para mi máxima comodidad.
Cuando dejo de estar a dos centímetros, tentadoramente para que lo mordiera o algo parecido, afortunadamente, tomo la iniciativa.
Simplemente, beso mi mejilla dulcemente, y evite una risa cuando aspiro profundamente y cerró los ojos, me sentí como un hotdog frente a un perro hambriento.
Iujjj, eso era de todos modos posibles inapropiado.
Me perdí un poco en el aroma que despedía su chamarra, en el mismo aroma que había dejado sobre mí, en la hermosa situación.
Apenas si me di cuenta de cuando arranco.
No necesitaba llamar al programa de Walter Mercado para que me dijera mi futuro, no necesitaba a una adivina que me leyera las cartas, no necesitaba una máquina del tiempo, nada de eso sería tan eficiente como lo que estaba viviendo en estos momentos.
No necesitaba a ningún adivino, estaba viviendo, ese prometedor futuro.
Por mi mente comenzaron a desfilar imágenes, en todas ellas Edward y yo estábamos juntos, lucíamos igual que ahora, bueno casi igual, en ninguna de ellas yo llevaba un yeso de 10 kilos a cuestas.
Podía ver fácilmente como recogía a Edward después de su turno en el hospital, y el manejaba hasta esa misma tienda para comprar helado para la cena.
Como cada que viajábamos en el auto cerraba mi puerta y me ayuda mañosamente a ponerme el cinturón.
Me veía en un hermoso pórtico campirano besándolo apasionadamente.
Y a pesar de lo fantasioso que podría sonar todo aquello, no me arrepentía ni me sentía avergonzada, en lo más mínimo, esto me gustaba y algo muy dentro de mí, me decía que no era para nada descabellado.
No necesitaba ningún vidente, ni siquiera Rosalie con sus horóscopos, sus decretos y sus hechizos extraños, o Alice con sus corazonadas nunca erradas, podrían darme una imagen más placentera y nítida del futuro.
Porque llevaba toda una tarde entera viviendo el futuro que yo deseaba.
- Buena canción – dijo Edward de repente, sacándome de mis visiones.
Trate de prestar atención, no me había dado cuenta en qué momento había prendido la radio, pero sonaban los hermosos y sencillos acordes de la canción Vivo, del grupo mexicano Fobia.
Peculiar nombre… pero sus canciones eran magnificas.
Sonreí, esa canción era hermosa, y tan adecuada para lo que estaba sintiendo.
Me sonrió y comenzó a cantar junto a la voz del vocal, Leonardo de Lozzane, que por cierto, era casi tan hermoso como el hombre que tenia a mi lado.
Casi.
- Caminaremos juntos, escaparemos de la realidad - sonreí y me aclare la garganta para desafinar la hermosa armonía que Edward había conseguido con el guapísimo Leo.
- Si tropezamos no nos dolerá, no existen cuerpos, mente nada más – hicimos la pausa necesaria, y casualmente nos toco una luz roja, en la que Edward giro a verme con una hermosa sonrisa y los ojos más luminosos y cariñosos que había presenciado nunca.
Y el coro exploto, haciendo que algo en mi también explotara.
Ya no podía negarlo.
- Eres sangre tibia y yo, me siento vivo, me siento vivo, me siento vivo o o o o o – cantamos quedamente, mirándonos a los ojos con gran complicidad, y más que eso.
Ya no podía negarlo.
Estaba enamorándome de Edward Cullen.
Sin más un bostezo interrumpió mi desafinada intervención musical y Edward rio, volviendo a acelerar.
El momento no se rompió, solo continuo, solo un poco menos perfecto que antes.
- No te preocupes, yo me hago cargo de todo, duerme – pidió con voz sedosa, le sonreí y Edward como no podía mirarme detenidamente, ya que si lo hacía nos estrellábamos con un tráiler, se limito a tomarme de la mano – Estaré aquí cuando despiertes – prometió.
¿Qué podía hacer contra eso?
Sencillamente nada, y además no había porque hacerlo.
Cerré los ojos, y sentí como el futuro había tocado a mi puerta.
Mi futuro, nuestro futuro, era sencillamente épico.
¿Que les parecio?, les dije que estaba que escurria de miel! xD espero les haya gustado!
Ahora, tengo un "anuncio" en varios reviews me han pedido que haga el fic con el narrador Edward, lo he pensado, bueno, he pensado poner a Edward como narrador en algunos capitulos, pero esos capitulos, aun no irian, por lo tanto, si en alguno, más cercando a lo que imagino se acomoda Edward de narrador, no duden que lo pondre!, jeje les repito, tomo todas sus segurencias en cuenta!
Por otro lado, aca van los agradecimientos para todos aquellos que comentaron o se unieron a alertas y favoritos en este capi, MILLONES de Gracias!
NAOBI CHAN, ALDINN, -TSUKINO, IDTA, LUCIA2176, MONICA'S CITRIC THINGS, FER- CULLEN, LUNATIKACC, YOLABERTAY, EBRUME, DARK THALASSA, KXPRII-STRAWWBERRIES, STEPHAAANNY, JACKY MASEN'CULLEN, PAULACULLENPALMITAHAPPYHOT, KATYCULLEN, PEDRO, ERICASTELO, CHAYORCM, SARAES, CHICABETITA, RARAMENTE-OSCURO, MARU ARGENTINA, KLAUDIA T, TINACULLENSWAN, PAULA CULLEN, AVAMPIREYOUCAN'TSWEATOUT.
Muchas Gracias por seguir aqui, respondi todos sus reviews (si de nuevo respondo reviews! jojojo) y todas sus criticas y sus buenos deseos, Muchas Gracias.
Ahora, veran un GRAN exageradamente GRAN Parrafo, este es de los agradecimientos que me he comido en los ultimos capitulos, a todos los que dejaron review, se unieron a alertas y favoritos desde el capi 12, que ya no publique los agradecimientos (tomatasos para mi por eso!) Muchas Gracias!
DANNI, , MARIAKAMILA, CARLITA CULLEN, DREAMMER, EJSAM, MARCE MASEN, TRISHAHUDSONBLACK91, MELANIE18CULLEN, LO0REMTZ, EMILY-LOKIS, DEZKICIADA, CARO, M0RADITA, PILAR, ROSSIEROSS, KXANDRA, ZUJEYANE, ANDREEEEA, SORA DANY CULLEN, BLACKCULLENGURL, AIIRAM, LUNA-EVANS-26, , AMERYTOH, SABI07, PRI, NIKOLA CARACOLA, PELLAN, NIELASOL, -DULCE AMOR-, V, CRYSTAL BUTTERFLY 92, LUCIA2176, BELEWYN, GEORGINA, GIMENA CUBAS, YENNYCULLEN, IXTAB-CHAN, ANGIE96, , CHEMITA, FANITA91, I LIVE IN A BUBBLE, MARIALOLIS, GISSY CULLEN SWAN, ZAMARAZ, JESSIBELLACULLENS LOVEABLE MOON, TIINACULLEN, SABRINACULLENBLACK, NAI-ZARAUTZ, IAN SAMARA, ANYBUFF, CINTIAELNEMER, BELLARENESMEE ALIAS NATI, ISABELLIONAXCULLEN, JOLI CULLEN, NALEE MASEN, ELPILAU, JULIE-Q, PITUFARM, NOE PATTZ, MARCECREPUSCULO, LISA CULLEN 92, PATRIPUES, FABILACULLEN, VICTORIAMARIEHALE, LUZBEL-ENIGMA, GBYALN, AERIN MASEN CULLEN, ALENAA, SELLY COLY COOL, CATHAYSA, KAREN OBSESION TWILIGHT, DAYAABLACK, CCYTIG, ROSSXCULLEN, BELLALIZ, LOKAXTV, DARKY1995, SAKURA LI CULLEN, ANELIS EVANS, LAURA-CULLEN-SWAN, SARAITK CULLEN HALE, YOYA11, NN, KARIITO, LEIDAJIM, DIEGO, QUEEN-ANNIE, AIZEN63, KAYLING, CULLEN'S NICKY, VISZED, JESSICA, NOHEMALFOY.
Más claro, algunas que ya estaban en el primer parrafo!, muchas Gracias!
Ahi, seguro encuentran su nombre chicas! jejejeje, de verdad muchas Gracias, de todos corazon a todos los que le han dado una oprtunidad a este sueño!
En noticias relacionadas al fic, bueno, el siguiente capi estara a mas tardar el viernes de la proxima semana, el porque tanto, es porque la porxima semana la tengo muyy llena, asi que espero tener el hueco pertinente para publicar antes, pero a mas tardar sera el Viernes!
Muchas Gracias de nuevo a todos!, espero sus criticas y comentarios, y les repito, si alguna persona que no tenga cuenta quiere recibir alerta a su mail, solo envienme un mail pidiendola! mi mail es: will _ mp_ 19 en hotmail, las estare esperando!
Sin más por el momento, les deseo linda semana! Muchas Gracias, Muchos Beshos y Mucha Buena Vibra! =)
