Hola chicas!

Ya se me merezco unos zapes bien dados! xD

Una gran disculpa por el retraso!, pero de verdad, hasta hoy pude sentarme tranquilamente (entre comillas) y revisar que el fic no tuviera errores de ortografía, y que todos estuvieran en los agradecimientos, revisar mi correo, ver que tengo varias actualizaciones, bueno, incluso tengo como 30 mails de farmvile! Jajaja… ok, les digo eso porque de verdad no tuve nada nadisima de tiempo, estuve de aquí para allá casi desde el miércoles, ayer me senté un ratito, pero mi hermana tenia tarea, y pfff… ya sabrán…

El caso es que ya estoy aquí!, 3 días atrasada! =/

Les tengo dos noticias, una buena y otra mala…

La buena, es que el capi es de nada más y nada menos 37 páginas!, así que búsquense un asiento cómodo xD…

La mala, se las digo en la nota de autor! =) Disfrútenlo!


PREPARATIVOS.

Tan cansada como me sentía solo recuerdo haber cerrado los ojos, mientras que la canción de Fobia seguía sus acordes.

Estoy segura que no escuche el final.

Pero algo ya no me permitía seguir durmiendo, era una sensación incomoda en el estomago, como si me hubiera tragado un burrito con mucha salsa picante de un solo bocado.

Y justamente ese pensamiento me decía que la sensación no era causada por un burrito, pues no era dolorosa, sino todo lo contrario.

Era emoción, un sentimiento apremiante que me estaba impulsando incluso entre sueños a levantarme, sentía la necesidad más que necesitada de levantarme y volver a mi épico futuro a lado del enfermero más perfecto de todo el mundo.

Además le había dado mi palabra a Emmett de que estaría en el bar, y también eso estaba moviendo mis sentidos de sobremanera; no quería fallarle a Emmett.

Si, ahora me causaba mucho más emoción ir al bar, en gran parte porque sabía perfectamente que Edward tenía que trabajar hoy, que estaríamos juntos.

Abrí los ojos, sintiéndome como caricatura, mis parpados se levantaron como cortinas.

Y mi cuerpo estaba impulsándome a levantarme e imitar al correcaminos, claro está evitando los "pi – pi" y el coyote que quería comerme; mi camino estaba trazado, y Edward era el destino.

Mi cuarto seguía hecho un completo desorden por el saqueo de las chicas, pero ahora estaba casi totalmente en la penumbra, salvo las luces que entraban de la puerta del baño y por debajo de la puerta de entrada, todo lo demás estaba en completa negrura…

Supongo que se había hecho un poco tarde.

Malditos medicamentos.

Me removí para levantarme, controlando a duras penas ese instinto que crecía en mí de comenzar a granar "pi-pi" y correr.

Sentí como mi brazo enyesado descansaba sobre una almohada, bueno descansaba era una expresión muy benévola para como estaba, no "descansaba" sobre la almohada por placer, estaba amarrado con una enorme bufanda gris de punto, como si fuera un paquete con la leyenda "Frágil" sobre él.

Aunque estuviera drogada por las medicinas y semi dormida, estaba segura que esta locura no la había hecho yo.

En ese caso tendría todo el cuerpo enredado, no soy hábil amarrando cosas.

Me senté en la cama y comencé a deshacer los nudos que tenían presa mi mano, ya presa por tres kilos de venda de yeso azul endurecida.

Tarde más de lo que una persona normal hubiera tardado, pero descubrí quien estaba detrás de esta locura.

Solo Alice sabia hacer nudos ciegos, y si ciegos porque no podía distinguir donde comenzaba o terminaba uno, la historia del porque Alice sabia hacer estas trampas era que había sido campista en su infancia, pero con estos nudos bien podría haber sido torturadora clandestina.

De hecho, con estos nudos, había sido torturadora no tan clandestina para Rosalie y para mí.

Por ejemplo, ahora.

Cuando estuve libre me estire en la cama, sintiendo como mis mejillas se jalaban; si, estaba sonriendo, y era la sensación más genial que había sentido desde hacia tiempo, no podía dejar de sonreír.

Hacía demasiado tiempo, quizá años que no me despertaba con tanta felicidad y emoción como esta noche, solo quería levantarme e ir corriendo a los brazos de Edward.

Tal vez estaba en el baño, por eso la luz estaba encendida, tal vez en la sala, podía escuchar a la perfección la televisión y veía la luz encendida.

Podía estar en cualquier lugar de la casa, incluso no me molestaría si en dos segundos saliera saltando de mi armario vestido con mi disfraz de sirena, no importaba, solo quería abrazarlo.

Y si, tenía un disfraz de sirena, con brasierre de conchas y peluca roja incluida, cortesía, obviamente de Alice.

Y si, si Edward lo traía puesto, se lo arrancaría a trozos mientras lo besaba.

Me quite las sabanas de encima y baje los pies presurosa, para al fin volver a sentir esa calidez inexplicable que recorría mi ser cuando Edward estaba cerca de mí.

Claro sin ser el cretino que había sido desde que nos conocimos.

Pero, lo primero que paso, no fue para nada acercado a lo que yo esperaba.

No pude tocar inmediatamente el piso con las plantas de mi pies, pues, cuando trate de hacerlo, un… ¿hilo?, al parecer eso era, un hilo o un alambre se cruzo en mi camino.

Y no solo eso, el hilo activo una especie de trampa que me recordó mucho a las que el guardabosques Smith de la caricatura del oso Yogui, le ponía a este.

¡Ah!, el buen y tragón oso Yogui.

A lo que iba es, no me había percatado que una enorme montaña de cajas de zapatos estaba apilada cerca de la puerta de entrada, y cuando pise el anzuelo para Osos caricaturescos, las cajas cayeron como si de un torre de naipes sin pegamento se tratara; aunque claro, produciendo un estruendo enorme cuando los zapatos salieron de sus cajas y pegaron contra el suelo, la puerta y el armario.

Vaya… ahora entiendo porque las personas se quejan de algo llamado taconeo…

Y, para mi desgracia, o fortuna, aún no lo sabía, la puerta de entrada se abrió de golpe casi al instante que el ultimo zapato reboto contra ella.

- ¡Bella!, Carajo, por eso te amo amiga, ¡eres tan oportuna! – exclamo Alice en el marco de la puerta, Rosalie estaba a su lado, ambas me miraban con rostros exultantes, como si acabaran de… bueno de tener algo muy bueno.

Y esperaba que ese algo bueno no implicara en ningún sentido compartir a Edward.

¡Carajo Alice, eso era una cochinada!

- Ehm… ¿gracias? – pregunte extrañada, me levante y las mire por un momento, sosteniendo el pesado brazo contra mi pecho.

Estaban espectacularmente arregladas, lucían como hermosas modelos de pasarela, sus peinados eran pulcros y fashionistas, como diría Alice; su maquillaje las hacia lucir más hermosas de lo que ya eran, y eran mis amigas, cierto, pero siendo justa, como lucían era una ofensa directa para Afrodita.

Todo su look era fantástico, pero llevaban puestas unas batas de seda, Alice de color rosa, y Rosalie de azul; así que regresábamos al primer veredicto, lucían como modelos de pasarela… antes de entrar a la pasarela.

Y estaba segura que yo tenía saliva seca en la barbilla…

- Lucen fantásticas, así que… ¿nos vamos ya eh? – pregunte dirigiéndome al armario, para ver si algo de lo poco que había quedado del asalto de las chicas me convencía para llevarlo a pasear al bar, quería lucir hermosa, espectacular, si no era mucho pedir, casi tan hermosa como ellas, quería impresionar a Edward, y esperaba que no entrara a la habitación en estos momentos, sino, juro por todas las cosas buenas, que me operaria para no babear mientras duermo.

- Hey, no, para tu cohete supersónico, mujer maravilla – casi toda esa frase resultaba incorrecta y más aún deschavetada, y claro, Rosalie se acerco a mi negando con la cabeza mientras me miraba de arriba abajo.

- Lo que Rosalie quiso decir – dijo Alice siguiéndola, ambas me tomaron por los hombros y me guiaron de regreso a la cama – al menos creo que lo que quiso decir – agrego confundida, y claro, ¿para tu cohete supersónico? – es que primero tenemos muchas cosas que hacer – dijo cuando me sentaron en la cama.

- Pero… - las trate de disuadir, sea lo que sea que veían en televisión Edward no querría estar esperando como tonto, solo en mi sala.

Y conociéndolas, estarían torturándolo con uno de esos programas de cambios de look, o bien con uno de horóscopos y Tarot.

- Nada de peros – me interrumpió Alice – primero, ¿Como esta tu mano? – pregunto sentándose a mi lado, Rosalie la imito, dejándome encerrada entre dos mujeres que hoy querían hacer todo menos complacer a su mejor amiga.

- Pues, como supongo sabrán, está rota – bromee algo desesperada, ¿Por qué mis amigas se tenían que preocupar justo cuando solo quería ir a la sala a lazarme sobre Edward?

Quiero decir, saludarlo con toda propiedad…

Vaya… ni mi Bella-Buena se la creyó.

"Ni un poco"

- ¡Claro que lo sabemos! – Exclamo Rosalie con una sonrisa – los detalles no están claros aún, tendrás que contarnos que paso con exactitud; pero sabemos que esencialmente te aplastaste la mano con el auto, - dijo evitando burdamente una risotada - supongo que algún día tenía que pasar, eres… bueno eres Bella… - agrego pensativa – tal vez por eso en la mañana percibía una vibra extraña de tu parte –

- Seguro que fueron tantas galletas y café que tomo en nuestra ausencia – ofreció pensativa Alice.

- No creo que Rosalie se refiera a este tipo de vibra Alice – le dije un poco mosqueada… ¿y que si las galletas y el café combinados me causaban un ligero problema de gases?

¡Eran tan jodidamente deliciosos!

- De hecho, Bella tiene razón – concedió Rosalie sonriendo – y por lo que percibo ahora, tu mano no está causando problemas en este momento – aseguro aun más sonriente.

- Ni un solo problema – respondí haciendo amago de levantarme, usaría cualquier pretexto para llegar a la sala, aun si tenía que decir la verdad y que moría por revolcarme con Edward…

Quiero decir…

Bueno sí, quiero decir eso.

Aunque, tal vez no estaba preparada para sentir en todo su esplendor la furia de Alice…

Y tampoco estaba segura de querer dar un espectáculo tres equis para las chicas.

Sin embargo, ellas me detuvieron apenas despegue el trasero unos centímetros del colchón, frenando todos mis cálculos para saber que tanto podrían ver a la hora en que Edward y yo por fin nos… saludáramos, y que tanto tendría que tratar de cubrir con sabanas y gemidos por "el dolor del brazo"

- Segundo – dijo Alice fuerte, obviando que aun no terminaba la lista de cosas por hacer antes de besar al hombre que me tenia loca – tienes saliva seca en la barbilla – dijo señalándome la cara, me cubrí avergonzada mientras ambas reían.

- Si, si, muy gracioso, ¿algo más? – pregunte sin poder ocultar mi desesperación.

- Estas muy acelerada Bella, menos mal, Emmett nos pidió que aunque te despertaras a las 2 de la mañana te lleváramos al bar, - hizo una pausa y me miro, con su mirada "Te leo la mente con mis súper poderes de Psíquica loca" - ¿hay algo que no sepamos? – pregunto Rosalie inquisidoramente.

Sin querer me atragante un poco.

Vaya que había algo que no sabían.

Y si, seguiría habiéndolo.

- Esta emocionado por mostrarme el bar, supongo – dije restándole importancia, pero muy dentro de mi le agradecía a mi hermanote el darme una razón más para poder estar cerca de Edward más tiempo – momento, ¿Emmett estuvo aquí? – pregunte intrigada.

- Si, solo un par de minutos, quería comprobar que estabas bien, - respondió Rosalie muy sonriente, de esas sonrisas de trastornada que a veces me ponían los pelos de punta – y decías de nuestros hermanos sobre protectores; ¡ah sí!, además Edward le pidió que viniera por el –

- Ya veo… - respondí comprendiendo, y pasando por alto que tenía razón, Emmett se estaba convirtiendo en el Jefe de los Hermanos feos.

Y también pasando por alto que eso no me molestaba en lo más mínimo, de hecho me sentía halagada y querida, sobre todo querida…

Pero entonces mi cerebro que corría una hermosa carrera de saltos felices en un prado florido y luminoso con música melosa de fondo y pajarillos rodeándome; se tropezó estrepitosamente - ¿Emmett vino por Edward? – pregunte súbitamente desencajada.

- Si, en cuanto llegaron y te llevo a tu habitación, llamo a Emmett para informarlo, y para pedirle que lo llevara al bar, tenia turno desde las 7 – dijo Alice como si hablara de algo nada sustancial – ese hombre esta traumado con el trabajo – dictamino seria, pero aun sin darle importancia.

Pero para mí la tenía, acababa de romper mi hermosa burbuja de felicidad.

Edward había roto su promesa, el no estaría aquí para cuando despertara.

Él lo sabía, lo había prometido y a pesar de eso, sencillamente llamo a Emmett para que fungiera de taxi.

Su promesa, nunca fue una promesa… solo… palabras, y a juzgar por la prisa con la que me decían había actuado, él sabía que eran solo palabras.

Un nudo se hizo en mi garganta, tan profundo, tan lastimero.

- Por cierto, supongo que debemos llamarlo, nos pidió que le llamáramos en cuanto despertaras – hablo de nuevo como si nada Alice – es un chismoso – agrego levantándose.

- ¿Les pidió que llamaran cuando despertara? – pregunte sin poder ocultar la esperanza súbitamente renacida, me levante y seguí a Alice hasta la puerta de la habitación.

- Si, también cuando llegáramos al bar – respondió Alice sin prestarme atención - ¿acaso le debes dinero o algo así?, Edward se pone tan pesado a veces – dijo haciendo ademanes de impaciencia mientras comenzaba a recoger los pares de zapatos revueltos en el piso.

- No, creo que no – dije intrigada.

Edward pedía que lo informaran sobre mí, demasiado, eso era bueno, pero ¿y si Alice tenía razón?, el no estaba aquí como había prometido, que tal si solo buscaba cobrarse el favor.

Sacudí mi cabeza tratando de alejar esos pensamientos.

Seguro que lo que quería es que por fin nos quitáramos de encima todo esto, besarnos, y si corría con suerte encerrarnos en un baño o en la bodega del bar y acariciarnos un rato.

Vaya, quería correr con suerte.

Y ya corriendo con demasiada suerte, que esas caricias nos llevaran más lejos de lo que había ido nunca, y que no fuera un rato, fuera un largo rato…

Quizá, si algún duende de la suerte se cruzaba en mi camino, correría con suerte más de dos veces.

Bueno, si me topaba con un duende o un energetizante para Edward…

Quería irme ya a correr con suerte.

- Bueno me daré un baño y nos vamos, ¿de acuerdo? – pregunte tomando mi bata del perchero que estaba al lado del baño y saltando algunas cajas revueltas de zapatos.

Alice se enderezo como resorte y me detuvo interponiéndose dramáticamente entre la puerta del baño y yo, blandiendo peligrosamente una zapatilla con tacón de aguja contra mí.

- Ni lo sueñes – exclamo un tanto desquiciada acercándome el tacón de aguja a la cara, haciéndome retroceder – nos iremos en 1 hora, ni más ni menos – ordeno fieramente.

Gire a ver a Rosalie en busca de ayuda, pero, ella me miraba con una mezcla de intriga y otro tanto de reprobación.

No era ninguna mirada psíquica, era una mirada sería, una mirada de amiga, una mirada que no auguraba nada bueno.

No quise interpretar esa mirada, pero mi estúpida conciencia fue más allá.

Rosalie estaba amarrando cabos, ella tenía mucho mas información que Alice, ella, hasta donde sabia, estaba segura que odiaba a Edward, y aunque Alice no había hecho ningún comentario, la sola mención de su hermano me habia hecho perder los estribos (si es que los habia tenido alguna vez) y reaccionar como licuadora emocional a todo lo que ella decía.

Rosalie, a pesar de lo que muchos creían por sus extrañas costumbres y comentarios, era una chica demasiado inteligente, y un poco más perspicaz, y un mucho más sobre protectora; y ahora me miraba de muy mala manera, de esa manera que me decía que solo tendría que sonreír cuando viera a Edward para ganarme un monologo de gritos de su parte; me sorprendía que Alice aun no dijera nada.

Me encantaría restregarle en la cara todo lo que estaba pasando por alto, su "Súper Alice intuición infalible, reloaded"… ¿Qué clase de nombre es ese?...

Aunque a decir verdad… prefería que se enterara por sí misma y que no me matara antes de decirle que su hermano me encantaba.

Carajo, no podía ni quería imaginarme que era lo que Alice me haría cuando le contara todo lo que había pasado entre Edward y yo.

Y por la mirada de Rosalie, sabía que cuando ella terminara de atar cabos… me iría muy mal.

¿Alguien en el público conocedor tiene en su patio trasero un refugio nuclear?

- Ehm, Alice, Emmett nos está esperando, ¿recuerdas?; ¿por qué nos tenemos que ir en una hora, ni más ni menos? – pregunte nerviosa, esperaba que no me dijera que porque el estacionamiento estaba al dos por uno a esa hora, o que a partir de esa hora podíamos pasar por bebidas alcohólicas a la farmacia…

Bueno si era así, podríamos aprovecharlo ¿no?

Sin embargo su respuesta fue aventar el zapato emocionada, y dando saltitos corrió hasta la televisión que había en mi habitación.

La encendió y comenzó a cambiar de canal tan rápido que pensé que en cualquier momento, por la rapidez de imágenes que pasaban a dos centímetros de su cara, iba a convulsionarse.

La detuvo en un canal de películas, donde había comerciales de pago por evento.

- ¡Bella, eres tan oportuna, te despertaste justo cuando había comerciales! – exclamo olvidándose por completo de recoger los zapatos y sentadose a los pies de la cama mirando como niña pequeña la televisión.

- ¿Nos vamos a ir en una hora porque estás viendo televisión? – pregunte mosqueada, mas le valía que hubiera una persecución, o que hubiera estallado la tercera guerra mundial para que valiera la pena.

Bueno, también si había un maratón de The Big Bang Theory se lo perdonaría.

- No es solo la tele, Bella – dijo Alice dando saltitos sobre su trasero, sacando de su ensimismamiento a Rosalie, que me dedico una última mirada desaprobatoria y miro a Alice.

Entonces, Rosalie cambio su hosca actitud para imitar a Alice, primero corrió hacia la televisión, la abrazo como si fuera un amigo que no había visto en años, y luego la beso como… eww no quiero decir como…

Y yo soy la loca…

Haciéndome sentir totalmente fuera de lugar, Alice se levanto quedando justo frente a Rosalie, después, haciéndome sentir como si estuviera presenciando el declive de la salud mental de mis amigas, lo cual era probable, ambas gritaron con un tono agudo y ensordecedor, mientras daban saltitos como tontas.

No sabía qué hacer, no me iba a poner a saltar con ellas, no sabía porque saltaban, tampoco podía darme la vuelta e ignorarlas, porque seguro que me perseguían para obligarme a saltar con ellas.

Así que decidí, fugar mis pensamientos a algo más lindo…

Hum si, algo lindo, que me llenara la mente de felicidad, que me causara emoción…

Bebes focas jugando a la pelota.

¿A que es una imagen muy linda?

- Hey Bella quita esa cara de idiota, que aun hay comerciales – me dijo Alice en tono serio, regresándome a la realidad…

Las mire, seguían abrazadas y estaban levemente sonrojadas por gritar y saltar al mismo tiempo.

Sip, definitivamente prefería a las focas bebe.

- Amm, ¿Por qué el alboroto? – pregunte, de hecho sin estar segura de querer saberlo, esperaba que de verdad fuera algo importante.

Tan importante como para alejarme una hora más de Edward.

- ¡Bella!, ¡es algo genial! – exclamo Alice abrazándome emocionada, mientras Rosalie nos daba la espalda para sentarse frente al televisor, y eso me dijo que no era algo tan importante, era algo que seguro me causaría dolor de cabeza, eso era seguro… – ¡Esta la primera película de "Casi Noche La Saga"! – me grito al oído emocionada.

Se separo de mí y ella y Rosalie volvieron a soltar un gritito de emoción, nada contenido.

Y por mi parte, quise escapar corriendo del edificio, sellar las puerta de salida con material indestructible, o bien dinamitar todo el lugar, tomar el primer vuelo al lugar más recóndito de la maldita tierra, un lugar donde todavía no llegara la televisión, ni tampoco "Casi Noche La saga".

Y sabía perfectamente que ese lugar no existía, esa película era un éxito universal, ni fuera de la tierra estaría a salvo.

Si algo realmente malo podía pasar, es que mis dos mejores amigas se toparan en la televisión su película favorita, y lo peor, que fuera en el canal donde más comerciales ponían, es decir, una más larga agonía para mí.

- Por Dios no – dije sin poder callarme, haciendo que ambas me asesinaran a sangre fría con sus miradas; no era un secreto para ellas que no soportaría ver una vez más esa película, no cuando ya la había visto unas 100 veces… y no, no estoy exagerando, desgraciadamente - ¿de nuevo van a gritar como posesas cuando aparezca en escena el vampiro ese con tendencias suicidas y depresivas? – pregunte.

La verdad era que la historia en sí, era linda, un vampiro que se enamora de una chica sin chiste, era linda porque, eso no pasaba en la vida real.

Si corrías con la suficiente suerte para toparte un hombre medianamente guapo, que además te quiera un poco, use un método de anticoncepción seguro, o solo un método de anticoncepción y además te sea fiel, eso será tu máximo en la vida.

Y también, era algo demasiado difícil de conseguir, porque ese hombre perfecto y real, necesariamente seria gay.

Aunque, si corrías con suerte de toparte un Vampiro tan bueno como el actor que interpreta al protagonista… carajo, yo si me dejaba comer.

Era una historia linda, y me agradaba, al menos las primeras 20 veces que la vi, después, lo único que podía escuchar eran los gritos de las chicas, cada que el vampiro salía en escena, cada que sonreía, cada que sufría, cada que… bueno cada que hacia algo.

Y era por eso, que ya no soportaba siquiera el pensar que aun me faltaban dos películas por ver, mínimo 100 veces.

Porque si, la Saga era de 5 películas, inspiradas en 4 libros, con títulos, a decir verdad, bastante extraños…

Casi noche, Noche, Noche de día y Día, Carajo, ¿qué problema tenia la autora con lo que pasaba en el cielo?

Al menos me quedaba de consuelo, que podría admirar a los actores de la familia de vampiros, y algunos de los lobos, que, con letras mayúsculas, negritas subrayadas y de otro color, SE CAIAN DE BUENOS Y SI DEJABA QUE ME COMIERAN… o lo que quisieran hacer conmigo.

- Mira Bella, quieras o no nos iremos cuando termine la película – dijo Alice sin mirarme, admirando el comercial en el que promocionaban una serie de terror.

- Bien me daré un baño – solté a regañadientes.

Nada había que hacer, pues, vampiro perfecto ficticio le gana a enfermero intrigante, buenote y real.

Al menos en el estándar de Alice y Rosalie.

Y a decir verdad… el mío estaba por poco inclinado hacia Edward.

Y es que, ¡C-A-R-A-J-O!, de verdad el protagonista era el ser más hermoso y antojable del mundo irreal.

Y me recordaba a alguien… mucho… solo que no daba con quien…

Resignada, y algo excitada… quiero decir, emocionada, camine de regreso al baño, dando pataditas a cada cosa que se topaba en mi camino, y haciendo pucheros.

Si, haciendo berrinche como niña pequeña.

- Ehm… Bella – me llamo Rosalie cuando abrí la puerta del baño de un empujón – te recuerdo que la cosa azul que llevas en tu brazo no es a prueba de agua – dijo sin despegar la mirada del televisor.

Y eso que aun no comenzaba la película, ¿Por qué a mí?

Pero tenía razón, el yeso no era a prueba de agua, y definitivamente tenía que tomar un baño, tenía el olor de desinfección de hospital, combinado con frappe de moka y sudor, y supongo que un poco de calor interno por la… emoción… definitivamente, el baño era más que necesario.

Y bueno, no podía ir al bar con saliva seca en la barbilla.

Me quede parada en la puerta, admirando la cosa azul que llevaba prendada al brazo, era tan enorme, me sentía una especie de Hellboy, solo que mi garra era azul y no un martillo rojo que además era la llave para desatar el apocalipsis.

Al parecer, mi garra azul era la llave para abrir los pantalones de un enfermero suculento.

O eso esperaba.

Pero por mucho que abriera o no pantalones, lo seguro es que no soportaría un baño.

No estaba segura de que hacer, nunca habia llevado un yeso, lo más era una férula, que podía quitarme para darme un baño.

Bien, podría solo meter la mitad de mi cuerpo a la tina, y lavarme bien esa mitad para contrarrestar el mal olor de la otra.

Mala idea.

Podía tratar de quitarme el brazo para dejarlo fuera de la tina y disfrutar de mi baño con patito de hule incluido.

Pésima idea, estaba desvariando por el… calor interno.

O bien, podía lavarme la cara, y abusar del desodorante y el perfume esta noche, después averiguaría como acicalarme.

Eso no sanaba tan mal… pero seguro que olería terrible.

En resumen… creo que me quedare apestosa, con saliva seca en la barbilla y el cabello como nido de paloma desquiciada.

- ¡Cierto! – exclamo Alice sobresaltándome, levantándose como resorte de la cama y saliendo disparada hacia la sala.

Rosalie y yo la seguimos con la mirada, y después, como si estuviera escrito en un dramático guión de película de bajo presupuesto, cruzamos las nuestras.

Su mirada se ensombreció de nuevo, y su semblante cambio, ahora a uno completamente amenazante.

- Estas jugando con fuego – dijo en tono frio, haciendo que me irguiera sorprendida y herida a la vez, listo, habia terminado de atar cabos sueltos – no me creas tonta, Bella, tengo un ojo encima de ti – continuo un poco más suave pero sin aligerar ni un ápice su amenazante mirada – y cuando Alice lo descubra, yo no seré un problema, y lo sabes, tampoco ella es tonta, te lo recuerdo – me advirtió en tono serio, y sin más volvió a girarse, con la misma actitud hosca a la televisión.

No tuve tiempo de reaccionar ante este inesperado y preocupante acto, cuando tuve a Alice frente a mí, con una enorme tira de plástico burbuja y una cinta adhesiva transparente y gruesa colgada burlonamente en el dedo medio.

Alice me hizo levantar el brazo, pues yo estaba totalmente atontada por la escena que acababa de pasar, y mientras tanto, Alice me forro, literalmente todo el brazo con plástico de burbujas y cinta adhesiva.

- Con esto, - explico Alice mientras terminaba de ajustarlo - no tendrás porque saltarte el baño ni un solo día, y también puedes aprovecharlo para dormir, así no tendré que hacer nudos otra bufanda – dijo Alice mientras checaba que no hubiera ningún orificio.

Se me abrió la boca de sorpresa, y sentí una incómoda sensación de culpabilidad cuando Alice me miro con esa carita tierna y protectora que solía hacer cuando hacia algo por mí, algo tan atento y cariñoso como hacerme una manga de burbujas de plástico solo para no mojarme o lastimarme.

No pude controlarme y la abrace, mientras ella reía divertida, y Rosalie me miraba, con un poco de dureza, pero un mucho de remordimiento.

- Gracias – dije, mirando a Rosalie, la cual me dedico una pequeña sonrisa y asintió.

- Para eso estamos las amigas, Belli – dijo Alice separándose de mi – además si no estuviéramos aquí, seguro que ya hubieras regresado al hospital con otro hueso roto, o con el mismo hueso roto, porque tu yeso se deshizo en la tina – se burlo Alice acariciando mi hombro.

Sonreí y después de darle una mirada de nuevo a Rosalie entre al baño.

Había dicho Gracias, porque Rosalie tenía razón, no eran tontas, ella lo había descubierto, y Alice, no tardaría en usar esa perspicacia suya.

Y claro porque Alice me había forrado el brazo, me sentía como un libro de texto…

No tenía nada que ocultar, pues de hecho, no estaba haciendo nada malo.

Porque nunca era malo el amor.

Se los diría, todo, todo lo que había pasado entre Edward y yo y todo, aunque eso implicara una gran pelea con sables de luz en el planeta de Jabba de Hut contra Alice.

Y ese era el escenario optimista.

Puse el tapón de la tina, y gire la llave del agua para que la tina comenzara a llenarse, tenía una hora para relajarme con un baño, y no dudaría en usarla.

Mientras la tina se llenaba vertí unas sales relajantes para baño y un poco de jabón, y después me senté en el inodoro a esperar.

Era extraño, Rosalie me habia amenazado, Edward habia roto su promesa, mis amigas estaba viendo por dúo centésima cuarta vez la película éxito vampírico, mi cabello era un desorden, tenia saliva seca en la barbilla, dos huesos rotos cubiertos por una mano tipo demonio rojo de comic y además estaba comenzando a sentir hambre.

Y a pesar de todo eso, la emoción con la que me habia despertado, solo habia aumentado.

Estaba feliz, algo extrañada y dolida por la actitud de Rosalie y la mía propia por ocultarles tanta información, me sentía despechada por la promesa rota, y me sentía como el Come galletas de Plaza Sésamo frente a un frasco de galletitas.

Vaya que estaba comenzando a tener hambre.

Tal vez no usaría toda la hora para bañarme, tendría que buscar algo comestible y de preferencia que fueran unas galletitas con chispas de chocolate.

La tina estaba casi llena, así que me levante para desvestirme.

Y así descubrí que esto de tener huesos rotos no era para nada útil.

Mi mala suerte era épica, eso lo sabía, ¿acaso no podía haberme roto los dedos de la mano izquierda?

Era estúpida usando la mano izquierda para todo, no podía siquiera desabotonarme los pantalones, estaba atrapada en mi propio vestuario.

Era como un horrible cuento de terror, donde la ropa cobraba vida e impedía que salieras de ella, tarde o temprano la ropa se apoderaría de mí.

Demonios, ahora la idea de ser un pitufo sonaba más que bien.

Y antes también…

- ¿Necesitas ayuda? – pregunto Rosalie con la cabeza dentro del baño, mirándome apenada.

- Creo que si – respondí jalándome los pantalones sin resultado, esperaba que Rosalie tuviera una especie de conjuro o algo parecido contra la ropa maléfica.

Se detuvo frente a mí, y comenzó a sacarme la blusa, momento, ¿cuando me puse la pijama?, yo traía puesto un vestido, o al menos eso recordaba, el aire frio recorriendo mis piernas desnudas mientras Edward y yo caminábamos tomados de la mano.

Dios, ¿estaba comenzando a hacer calor?.

Rosalie me hizo agacharme un poco para poder sacarme la blusa con delicadeza, la verdad no me sentía avergonzada por que Rosalie me desvistiera, me había visto desnuda unas millones de veces, incluso me había visto desnuda haciendo cosas que desearía no recordar.

Extrañaba tanto esas borracheras de perdición…

- Perdóname – soltó Rosalie de improvisto mientras desabotonaba la serie de botones de la cremallera del pantalón de mi pijama, ¿Quién me habia cambiado?, uhm… no me molestaría que Edward se hubiera quedado conmigo unos minutos más en la habitación para hacer toda la tarea completa… – me pase un poco, pero estoy preocupada – explico apenada mientras yo terminaba de quitarme los pantalones y ella me ayudaba a desabrochar mi brassierre…

Momento, ¿Cuándo me puse el brassiere para dormir?

En realidad, esperaba no habérmelo puesto yo…

Me quite los pantalones y con dificultad me baje las bragas, estaba comenzando a pensar que sería mejor bañarme con ropa puesta…

- Yo soy la que se ha pasado – la corte sintiéndome miserable y más acalorada – es solo que esto es nuevo, y es emocionante, - explique sin poder evitar que mi tono se elevara solo por la felicidad, no podía siquiera disimular la enorme sonrisa que se había dibujado en mi rostro. – ni siquiera sé cómo llevarlo con él, no sé cómo llevarlo con ustedes, no sé cómo actuar, Rose, perdóname tu a mí, esto es todo mi culpa – le dije tratando de sentir pena, y lo logre, pero incluso la pena que sentí no fue capaz de borrarme esa sonrisa.

Y de verdad me sentía como piojo vomitado.

- Creo que te entiendo – dijo con media sonrisa sentándose en el inodoro – pero no puedo dejar de preocuparme, algo me dice que debo hacerlo, pero no sé porque, solo sé que debes tener cuidado, como dije, estás jugando con fuego – dijo con tono acusador, pero en él se mezclaba ese tono esotérico que siempre me alertaba.

Pues en todas las ocasiones en que su tono esotérico irrumpía en nuestras conversaciones, el 99.9% de las veces, ella tenía razón.

Y ese punto uno por ciento, correspondía a cuando hacia sus predicciones sobre el apocalipsis mientras estábamos borrachas bailando desnudas alrededor de una fogata.

- Además, no es secreto para ti, e incluso para Alice que detesto a Edward – rio Rosalie, sabía que no era una broma, era más que una horrible complicación, ella en verdad odiaba a Edward.

¿Qué como lo sabía?

Fácil, al principio ellos habían coqueteado, o eso me había parecido, sus siguientes encuentros, involucraron golpes, moretones en el cuerpo de Edward, que el durmiera como perrito callejero en mi Estudio, una paliza con plátanos, y sobre todo, gritos y más gritos.

Y en verdad Rosalie era como un algodón de azúcar andante, totalmente dulce, pero, cuando algo no le parecía, hacia lo que muchos algodones de azúcar a un hígado sano.

Destrozarlos.

Me preocupaba, si, pero me importaba más saber que pensaba ella de mi, tal vez podría ignorar a Edward, pero yo era su amiga, a mi si podía golpearme hasta dejarme irreconocible.

- Ahora mismo – reflexione girándome para taparme con la bata, no era muy ortodoxo el tener una conversación seria mientras mis senos la saludaban de frente – no estoy segura de que siento, o bien de qué hacer, - le confesé nerviosa – sin embargo, no se siente mal, incluso me siento perdida en mis emociones, pero feliz sobre todo, él… él me hace feliz – dictamine sintiendo mi estomago removerse.

Las galletas que demandaban mi estomago, también demandaban un poco de amor.

Y un poco mas debajo de mi estomago, estaba desesperado por algo de amor.

- Si es así… pues… déjate llevar - dijo Rosalie seria, la idea claramente no le agradaba, pero era mi amiga, y siempre estaría para mí, para ser mi paño de lágrimas si algo salía mal, o bien lista para gritar y saltar conmigo cuando al fin dejara de ser virgen.

Éramos amigas, éramos más que eso, estaríamos ahí la una para la otra, como siempre había sido.

– Pero, debo pedirte que tengas cuidado, - me advirtió sonando perturbada lo que me hizo prestarle aun más atención - piensa las cosas y no te tires de cabeza al amor, Bells – hizo una pausa en la que se removió incomoda en el inodoro y dejo de mirarme, para mirar al infinito.

Su rostro estaba quieto, repleto de emociones que eran difíciles de asimilar de una sola vez, y ante todo, sus ojos brillaban, como si rememorara algo.

Algo en verdad importante.

- El amor es hermoso, te hace sentir plena, feliz, realizada, como si no necesitaras nada en la vida más que él – recito como si estuviera leyendo un poema, con rostro sereno y soñador, mientras yo la miraba completamente perdida en sus revelaciones, era así como yo me sentía, si tenía a Edward, no necesitaba nada más, incluso las deliciosas galletitas quedaban en segundo plano – el amor es el sentimiento más hermoso al que podemos aspirar, el motor de este mundo desquiciado, la única cosa que no se ha viciado como la humanidad misma… - reflexiono con una sonrisa triste pegada al rostro.

Estaba tan pérdida en sus palabras que casi me paso desapercibida la pequeña lágrima que recorrió su mejilla y que inmediatamente limpio.

No quise hacer ningún comentario, ambas teníamos pasado, y al parecer, ella no estaba lista para compartirlo.

Incluso yo, no estaba lista.

- El amor es poderoso, tan poderoso que si no sale como esperamos, puede destrozarnos de la peor manera que existe, ni siquiera la muerte podría compararse con ese vacío que te deja un corazón roto, - se detuvo pues su voz se quebró levemente, haciéndome dar un par de pasos al frente, pero ella me ignoro y siguió – solo, Bella por favor, piensa en lo que sientes, y siente sin pensar, pero te cuidado, siempre es mejor tener cuidado, que tener que reparar un daño, - se detuvo, y después volvió a mirarme, completamente repuesta y con media sonrisa que iluminaba su rostro espectacularmente - muestra de ello es que acabo de desnudarte porque te rompiste los dedos por no tener cuidado - rio, yo no reí, me había dejado maravillada con aquella reseña tan certera, aterradora e incitante definición del amor.

Pero sobre todo, preguntándome que era lo que le había roto el corazón, o mejor, quien lo había hecho.

- No sé qué haría sin ti – le dije abrazándola, tenía razón en todo, hablaba como si lo hubiera vivido en carne propia, y yo, lo había vivido, sabía que ese vacío de amor, era lo peor a lo que podías enfrentarte en la vida.

- Seguramente te bañarías con ropa – rio de nuevo apretándome más fuerte entre sus brazos – Te amo Bells – dijo dándome un beso en la mejilla.

- Yo también te amo Rose – le susurre acariciándole la larga cabellera.

- Bueno basta – exclamo levantándose y separándose de mí con los ojos cristalinos – me tarde demasiado en maquillarme como para arruinarlo, y tú tienes menos de una hora para bañarte, así que dejémonos de sentimentalismos, ya sabes que te amo, y yo sé que me amas, pero por vida tuya, aprende a usar la mano izquierda para desvestirte, no quiero hacerlo todos los días, nada personal, solo no me gusta hablar con tus senos mirándome – dijo mirando al techo, yo reí y me acomode bien la bata.

- ¡Rose! Ya van a llegar para jugar beisbol! – grito como desquiciada Alice.

- ¡Date prisa! – exclamo Rosalie saliendo del baño como bala.

Me reí, al menos tenía la ventaja de no ser molestada mientras jugaba con mi patito de hule, pues mi habitación seria un hervidero de hormonas mientras hubiera vampiros vegetarianos en pantalla.

Me metí a la bañera y sin más descanse la cabeza y cerré los ojos.

Era magnifico y terrorífico ese panorama amoroso que tenía enfrente de mí.

Quería vivirlo, quería sentir, quería amar.

Edward era, él.

Ese hombre que buscaba desde la infancia cuando me ponía las zapatillas de Renee y usaba pañuelos desechables como velo de novia y arrancaba flores del jardín para el ramo.

Y después se las ponía en la boca a nuestro gato "Pelusa" cuando Renee salía al jardín.

Ese hombre que imaginaba en la adolescencia cuando me ponía almohadas en el vientre y miraba programas de Discovery Channel sobre embarazos.

Y después cambiaba a los canales de música para evitar las miradas preocupadas de Papá.

Ese hombre que ahora mismo me encantaría tener en la tina, desnudo, mojado, duro y sonriente.

Edward era él.

Pero como no lo tenía en la bañera antojable y excitado, me conformaría con la compañía nada comparable de mi patito de hule…

¿Acaso creían que era broma?, de verdad amaba los patitos de hule, ese chirrido que hacían cuando los aprietas, y como se llenan de agua y la expulsan cuando los aprietas sin borrar esa hermosa sonrisa de su piquito de plástico apachurrable.

Era una linda analogía pensar que había otra cosa mucho más apetecible que podía mojarme y apretar, sin quitar esa sonrisa hermosa de sus perfectos labios.

Me estaba poniendo obscena…

Pero lo valía.

Me restregué el cuerpo con mi esponja de baño, pensando que serian sus manos, pensando solamente en él, mientras el baño solo hacía que la sensación de calidez del agua me obnubilara los pensamientos más coherentes que pasaban desapercibidos por mi mente.

Si es que en realidad había algo coherente en que imaginara que Edward era mi patito de hule y ambos estábamos haciendo porquerías en mi tina de baño.

Tenía que hacer una nota mental, para un día, esperaba no muy lejano, Edward y yo tomáramos un baño en esta estrecha bañera.

Tarde lo suficiente en el baño como para sentirme una total degenerada, y evaluar seriamente en comprarme un Edward inflable de hule para hacerme compañía en mis siguientes baños.

Seguro que venderían algo así en internet…

Me tome otro gran rato para secarme el cuerpo y ponerme los productos de rigor, crema, desodorante, todo pensando que mis manos no eran las que me frotaban; afortunadamente me había depilado hacia poco, así que solo tuve que ponerme esa hermosa crema con diamantina para que mis piernas lucieran espectaculares.

Haría todo y más de lo que estuviera en mi mano para poder conseguir mi verdadero Edward acompaña duchas en lugar de un muñeco inflable, y lucir sexy, ardiente, hermosa y con condones en el bolso, supongo ayudaría con mi propósito.

No pude evitar la tentación, y me rocié con el perfume que Rosalie me había regalado hacia algún tiempo.

Supongo que no tendría nada de extraordinario decir que me había puesto perfume, lo extraño seria decir que era un perfume con feromonas, el cual Rosalie había asegurado era infalible.

Nunca lo había probado con la esperanza de que esas cosas extrañas de la química llamadas feromonas atrajeran a Edward como un payaso de rodeo lo hacía con una vaquilla.

Me sentía insegura, no quería dejar nada en el aire al momento de estar frente a él, quería dejarlo a mis pies, que besara mis zapatos, me los quitara y besara mis pies, y que de ahí fuera subiendo lentamente haciendo un camino de caricias con su cálida y fresca boca, hasta llegar a mi lugar, para que el, con su hermosa y aterciopelada lengua, lo convirtiera en mi lugar feliz.

¡Carajo, estaba más caliente que un huevo en el sartén!

Hum… huevo…

- ¡Bella, si te ahogaste en la ducha no dudare en usar mis limitados conocimientos para revivirte y llevarte en las condiciones que te encuentres al bar! – exclamo desde fuera Alice, aporreando la puerta tan fuerte que me hizo saltar casi hasta el techo.

- ¡Ya voy! – exclame nerviosa y apenada de mis pensamientos mientras guardaba el arsenal de productos que tenia sobre el lavabo, y rociándome un poco más de ese perfume, que tendría que hacerme llegar acompañada esta noche.

Salí comenzando a quitarme la garra de plástico burbuja del brazo, dirigiéndome al armario para escoger mi atuendo atrevido y perfecto para levantar la indómita pasión que Edward escondía.

Pero me quede plantada a mitad del camino.

Alice y Rosalie estaba revoloteando por toda la habitación, ya no había zapatos tirados, y además todo lucia mucho más ordenado que antes.

Todo a excepción de mi cama.

Ahora mi cama estaba tendida, pero completamente llena de maquillaje, productos para el cabello, alisadoras y rizadoras, esmaltes, accesorios para el cabello, y lo que más llamo mi atención, las tres cajas blancas que había visto en la mañana apiladas, y en la cima, como si de un moño para regalo se tratara, mi más sexy y pequeño conjunto de lencería de color negro.

Y de verdad, cuando decía más sexy y pequeño, estaba siendo generosa.

Ese conjunto apenas si merecía llamarse lencería, yo lo sentía como un parche para cubrir algo, o como body painting, no se sentía siquiera que trajera interiores.

Era una fresca y atrevida sensación.

Y en otros momentos hubiera reclamado hasta que Alice me lo pusiera a la fuerza, pero hoy, les agradecía internamente.

Definitivamente, no estaba dejando nada a la suerte, ningún hombre en la tierra podría resistirse al conjunto de lencería más sexy y más pequeño, negro con una delgada panti de encaje fino y sedoso, y un brassiere que además de cubrir solo lo necesario, me hacia las nenas más perfectas, redondas e incitantes del planeta.

En definitiva, ningún hombre podría resistir esto.

Y de hecho ningún hombre me importaba, solo quería ver la expresión de Edward cuando me lo viera.

Sería otro el que tuviera saliva seca en la barbilla…

- Bien, - dijo Alice mientras conectaba la secadora y Rosalie cargaba la silla de mi tocador para colocarla a lado de la cama, justo frente al televisor – tenemos 20 minutos para dejarte hermosa, ahora siéntate antes de que terminen los comerciales – ordeno señalando la silla.

Camine apresurada sin chistar, y me senté en la silla esperando que Alice cumpliera su promesa y me dejara hermosa.

- Vaya… ¿segura que estas bien? – pregunto Alice mientras Rosalie se acercaba con un cepillo en la mano.

- Amm, si… ¿Por qué? – pregunte extrañada.

- No has reclamado ni un poco, ¿es que acaso ahora te gustan las sesiones de belleza? – pregunto Alice extrañada mientras me ponía varios frascos con diversos tonos de base frente a la cara.

- No, siguen sin gustarme – le respondí sin evitar fruncir el ceño, le decía si, y ya la veía todos los días maquillándome y peinándome como súper modelo para ir a la licorería por cervezas – solo que hoy,… hoy es importante, quiero lucir bien – explique insegura, pero sonriente, Rosalie tocio, y comenzó a cepillarme el cabello sin emitir comentario alguno.

Alice se limito, al fin, a escoger el tono adecuado de base y comenzar a maquillarme con una suave esponjita – Vaya, pero que tenemos aquí, mi querida amiga controlada totalmente por su hermano mayor, creo que Emmett tiene más influencia sobre ti de lo que pensaba, y eso, ya es decir mucho – dijo con una gran sonrisa, yo negué con la cabeza, haciendo que Rosalie me jalara un poco el cabello y Alice me picara un ojo con la esponja.

- ¡Auch! – me queje mientras Alice me pasaba un pañuelo para poder derramar lagrimas sin manchar el maquillaje que ya me habia puesto – no me malinterpretes Alice, vamos a un bar, siempre me arreglan cuando vamos a un bar, y siendo el bar de Emmett, debo de lucir linda, ¿no crees? – pregunte restándole importancia mientras mojaba el pañuelo.

- De acuerdo, te lo concederé por esta vez – acepto Alice quitándome el pañuelo y lanzándolo a la basura – pero para mí que te quieres tirar a alguien – dijo como no queriendo.

Me erguí nerviosa, sin saber que responder, e inmediatamente Rosalie salió a mi rescate, soltando una risotada burlona.

- Vamos Alice, ¿Bella arreglándose por querer tirarse a alguien? ¡Saldría todos los días con minifalda a comprar dulces! – se burlo haciendo que Alice también riera.

Así que Gracias y Te odio Rosalie.

Nos quedamos en silencio, mientras Rosalie me cepillaba el cabello y me lo acomodaba, Alice comenzaba con la sombra en los parpados y yo con la nula visibilidad que tenia y la poca motricidad efectiva de mi mano izquierda, comenzaba a quitarme el plástico burbuja del brazo.

Así pasamos los siguiente 10 minutos, entre el sonido de la secadora, el sonido de los comerciales, el sonido de las brochas de Alice, ¿Cómo lograba moverse tan rápido?, y el persistente sonido de mi estomago.

Y al minuto 11, salió en televisión la cortinilla que terminaba con los comerciales.

Ambas dieron un grito más alto que lo permitido para la gente sana sin problemas mentales, o al menos la gente que no tenía sueños húmedos con vampiros sexys; y me dejaron sola en menos de dos segundos para regresar a sus asientos sobre la cama.

- Bella, terminaremos cuando termine la película, ahora quita tu silla de ahí o me lanzare a ti como si fueras mi vampiro favorito – amenazo Rosalie, y no hizo falta que dijera más.

¿Acaso el perfume de feromonas también servía para las mujeres?

Tal vez para las mujeres un poco trastornadas como Rosalie.

Tal vez por eso decía que era infalible, a ella le había funcionado…

Empuje la silla para que nos les estorbara la vista y me dirigí a la salida.

- Voy a comer algo, muero de hambre – dije saliendo.

- Lo sabemos, ¡te escuchamos! – se burlo Alice, y después ambas volvieron a gritar cuando un gruñido vampírico salió de la televisión.

Mejor huía antes de que les entrara el instinto chupasangre.

O peor aún, que les entrara el instinto animal y el perfume de feromonas hiciera efecto.

Abrí el refrigerador en busca de comida, y mi sonrisa, sí, que aun no se habia borrado, se extendió más cuando vi el frappe de moka que Edward me habia comprado.

Lo tome y cerré el refri, mirando a todos lados en busca de mis galletas, estaban sobre la barra de la cocina, así que me senté y comencé a satisfacer a mi lombriz para que dejara de gruñir.

Comí tan rápido que me dolió el estomago, pero estaba satisfecha, me quede sentada un rato más mientras escuchaba los constantes gritos de Alice y Rosalie que cada vez eran más desquiciados, claramente la película estaba a punto de terminar.

Escuche un "Toma esa puto cazador" cuando me disponía a regresar a la habitación.

Me reí y preferí que disfrutaran de la cacería del cazador de chicas protagonistas libremente, así que sin hacer ruido entre a la habitación y tome mi conjunto levanta pasiones y entre al baño.

Escuche como entraba la música que yo ya conocía como los créditos, 15 steps de Radiohead, y yo, aun no podía acomodarme bien la panti, peor aún, estaba totalmente torcida sobre mi nalga derecha, mientras que la nalga izquierda era asfixiada por el encaje estirado.

¿Acaso habia algún programa de ayuda estatal o en curso para personas que no sabían usar adecuadamente la mano izquierda?

O bien, uno donde me enseñaran a ponerme la ropa interior….

Ese sería interesante…

Sobre todo si a Edward le interesara tomarlo…

Seguí jalando la panti hasta que al fin estuvo medianamente acomodada, le di unos cuantos jalones para que no se moviera o me incomodara, y cuando me di cuenta que eso sería a lo más que podría aspirar decidí tres cosas.

Primera, no volver a ponerme ropa de encaje hasta que tuviera las dos manos dispuestas.

Segunda, investigaría si existían esos cursos.

Y claro, si existían, le enviaría una invitación a Edward para que lo tomara.

Tercera, ahora pelearía a muerte con el brassiere, sin admitir una derrota.

Lo tome y me quite la bata, me pase los tirantes y cubrí mis senos, y después trate inútilmente de alcanzar el broche.

Con la mano derecha totalmente doblada hacia la espalda y la izquierda tratando de sostener el brassiere trate de cerrar el broche, pero era inútil.

Sin darme cuenta cómo o en qué momento, comencé a dar vueltas sobre mi propio eje, como un perrito persiguiendo su cola, solo que yo, ni perseguía mi cola, y como los perros, nunca alcanzaría mi objetivo, el estúpido broche.

Como desearía tener a Edward aquí, aunque a decir verdad, intentaría que me quitara el brassiere y no que me lo pusiera.

Pero no había nadie aquí, solo mi inútil mano izquierda.

Así que… perdí la batalla.

- ¿Chicas me darían una mano? – exclame desde el baño girándome para alcanzar la manija.

Al instante apareció Alice, que sin ninguna delicadeza me giro de un empujón y casi con burla abrocho mi brassiere con una sola mano y en menos de lo que un perro se tardaría en comer un hueso de premio.

Vaya, hoy era el día de exhibir mi idiotez…

- Listo, vamos, tenemos prisa – me apremio Alice jalándome fuera del baño.

Me arrastro de nuevo hacia la cama, al instante en que mi trasero, ya cubierto por el encaje de mis bragas toco el sillón Rosalie capturo mi cabello para terminar su creación, y segundos después tenia sobre mi rostro a Alice con una brocha gruesa repleta de un tono melón.

Me sentía como actriz a punto de salir al escenario, con las chicas únicamente concentradas en hacerme lucir bella y yo sentada sin mover un solo musculo.

Terminaron en solo dos minutos, en completo silencio.

Alice tiro la ultima brocha sobre su necesecer de productos, que era enorme y bien provisto, lucia como el de una maquillista profesional, y Rosalie se limito a dejar el cepillo y la rizadora sobre la cama.

Ambas se colocaron frente a mí con rostros exultantes, haciéndome sentir como una alienígena.

- Bien, gracias… creo – dije levantándome.

Ambas rieron y Rosalie se movió para coger las tres cajas, que ahora ya estaban causando una gran expectación en mí.

- Te tenemos una sorpresa – dijo Rosalie colocándose frente a mí con las cajas en brazos.

No diré que me sorprendía que las cajas fueran un regalo para mí, lo que me sorprendía era que fueran 3.

- Pensamos, que ya que nos iremos de viaje a lugares desconocidos, y que seguramente en esos lugares habrá muchos bares y lugares de interés para nosotras, con hombre suculentos, teníamos que tener algo preparado para poder disfrutarlos dignamente – explico Alice tomando la caja de en medio.

No sé si se refería a los lugares o a los hombre suculentos, pero eso me descoloco, ¿es que en las cajas había botellas de alcohol, o cigarrillos por montones?

Si era para disfrutar dignamente de los hombres que conoceríamos, tal vez eran condones, y por dios, si lo eran, dios bendiga a mis amigas.

- Este es solo uno de los… bastantes que hemos adquirido para nuestro viaje, así que esperemos te guste, y si no, no importa, el color te queda bien – dijo Rosalie sonriente.

Alice me extendió la caja, iba a tomarla, pero, si no había podido ponerme un brassierre, desvestirme o siquiera abrir un paquete de galletas, seguramente no lograría sostener un paquete y abrirlo.

Jale la tapa de la enorme caja blanca, y ahí, esperando esplendorosamente estaba un gran trozo de tela brilloso que a juzgar como lucia también era costoso.

Era color humo, con algunos trozos más oscuros que otros.

Lucia espectacular, así que tire a la cama la tapa y jale el trozo de tela, para hacer aparecer un hermoso vestido.

Y de verdad era hermoso, me llegaría a las rodillas a juzgar por el tamaño, tenía unas amplias mangas largas, y el escote era sencillamente perfecto, era demasiado generoso, pero no obsceno, estaba hecho por dos trozos de tela corrugados que cruzaban de hombro al ceno y de regreso, era ceñido a la cintura con una cinta un poco más oscura que todo el vestido.

Era sencillamente hermoso.

- ¡Chicas, es perfecto! – exclame emocionada, no era muy asidua a amar la ropa, pero cuando se trataba de vestidos enloquecía, y tratándose de uno tan hermoso como este, y mucho más que ellas lo hubieran escogido para mí, me hacía sentir aún más feliz.

- ¡Lo sabemos! – Exclamo Rosalie quitándole la caja de las manos a Alice y arrojándola a la cama – sabíamos que lo amarías, Alice casi mata a una chica que quería llevárselo, era el ultimo – dijo quitándomelo de las manos y poniéndomelo encima.

Incluso así lucia hermoso.

- ¡Dios! – Exclame emocionada - ¡Son las mejores, chicas! – grite abrazándolas.

Ambas rieron y me besaron las mejillas al mismo tiempo.

- Y eso no es todo – dijo Alice tomando las otras dos cajas – mira esto – dijo lanzándole una caja a Rosalie.

Al mismo tiempo ambas abrieron la caja y sacaron dos vestidos, igual de hermosos que el mío.

El de Rosalie era de color verde olivo, la tela era igual que la de mis vestido brillosa y gruesa, como de vestido de quinceañera, el suyo era sin mangas completamente ceñido hasta la cintura, de ahí llevaba un poco mas de vuelo hasta las pantorrillas.

Era el corte perfecto para que Rosalie luciera aun más perfecta.

Alice por su lado tenía un vestido color purpura eléctrico, de la misma tela que nuestros vestidos, el de ella tenía dos delgados tirantes y un escote recto, era tan corto, que incluso Alice que era pequeña tendría que tener cuidado de agacharse mucho.

Definitivamente, esta noche, seria la noche.

- Deja de babear, babea cuando me lo veas puesto – se burlo Alice colocando el vestido de regreso a la caja – ahora, pensé que tu estúpido cabestrillo arruinaría el hermoso efecto del vestido, así que déjame arreglarlo – pidió acercándose a mí.

Yo retrocedí asustada protegiendo el vestido con mi cuerpo, no iba a cortarlo, ese sería un crimen contra la moda,… ¿eso lo dije yo?... pero Alice se agacho sobre la cama, ignorándome completamente para tomar mi cabestrillo.

Rosalie por su cuenta, se quito la bata y comenzó a meterse en su propio vestido.

Alice tomo mi brazo y comenzó a hacer amarres al cabestrillo, me coloco el brazo sobre el pecho y comenzó a ajustarlo para que la cinta que sostenía todo el peso no reposara sobre mi hombro, ya que el vestido tenía un escote demasiado amplio, en cambio, amarro la cinta cerca de mi bíceps, ajustándola para que no se moviera un solo centímetro.

Cuando termino, sin decir, ni dejarme decir nada, tomo mi vestido y me lo metió por la cabeza.

En menos de dos minutos estuve completamente vestida, el yeso apenas y se veía a la altura de mi mano, y eso era porque la estrecha manga no llegaba a cubrir mi dedo medio.

- Eres una genio – dije maravillada admirando el vestido, si lucia hermoso sin mi cuerpo, en mi cuerpo lucia tan espectacular que cualquier hombre querría arrancármelo a mordidas.

Esperaba que Edward tuviera hambre…

- Lo sé – dijo Alice sonriente mientras ella misma comenzaba a ponerse su vestido.

Rosalie se coloco frente a mí, lucia, como había predicho, más que perfecta, llevaba unas zapatillas altas de color plata y un abrigo del mismo tono, me hizo sentarme y con cara de circunstancias comenzó a ponerme los botines negros con un hermoso tacón, que eran perfectos para el vestido.

Cuando termino se irguió de nuevo sacándome la lengua de manera infantil, y después me extendió una cartera negra y una chalina del mismo color.

- Si te pones la cartera en el brazo izquierdo parecerá que lo tienes así porque estas sosteniéndola – me sugirió dándose la vuelta para mirarse en el espejo.

Lo hice, y luego con dificultad me puse la chalina sobre los hombros, ¡pensaban en todo!, ni siquiera tendría que luchar contra las mangas de una chamarra, solo un par de movimientos y mi abrigo estaría fuera de mí.

Me coloque a lado de Rosalie, para ver el resultado, y casi entre en shock.

No lucia hermosa, como ellas habían prometido, no lucia como una súper modelo, no lucia como ellas.

Lucia como la chica más hermosa del planeta.

Mis ojos estaban dramáticamente iluminados en tonos grises y negros, mis labios de un intenso rojo brillante, mi peinado era sencillo, lo cual lo hacía lucir más perfecto, era una coleta con crepe en la parte de arriba de la cabeza, con rizos bajando hasta mi espalda.

Me sentía más que hermosa, nunca en mi vida me había sentido tan espectacular.

Con este atuendo, hasta podría ligarme al vampirito ese.

Pero mi balanza seguía ligeramente inclinada hacía Edward.

Alice salto y me ahorco con una gargantilla plateada y me extendió un par de aretes a juego.

- Bien, es hora – dictamino Alice colocándose una pequeña chaqueta de cuero, que la hacía lucir como una motociclista sexy.

Las tres lucíamos tan sexys… Carajo, si fuera hombre ya me hubiera metido a mi misma en el baño con condón en mano.

Rosalie se encargo de cerrar la puerta con llave, mientras yo llamaba el elevador.

Entramos en completo silencio, mientras la musiquita típica de elevador nos acompañaba.

Comencé a admirar mi reflejo en las puertas del elevador, trataba de encontrar algún defecto, no sé, el rímel corrido o un mechón fuera de lugar, que el cabestrillo se saliera del vestido o que se me marcara la ropa interior.

Pero sencillamente no encontraba absolutamente nada.

Me sentía la mujer más hermosa y más vanidosa de la faz de la tierra.

Y eso me duro exactamente dos segundos, pues Alice llamo mi atención mientras se acomodaba el cabello mirando su reflejo en las puertas al igual que yo.

Gire a ver a Rosalie y ella se acomodaba el escote del vestido y disimuladamente se giraba un poco para poder admirar su trasero.

Intercambiamos miradas divertidas y apenadas y cuando las puertas se abrieron en el estacionamiento estallamos en carcajadas.

- A que hoy me tiro al chico más bueno del bar – dijo Rosalie mientras avanzaba hacia el auto.

Alice y yo reímos mientras Alice quitaba la alarma del auto.

- No si yo lo veo primero – contraataco Alice riendo mientras se sentaba en el asiento de piloto.

Rosalie me abrió la puerta de atrás, y ella subió de copiloto.

- Lo siento Alice, yo ganare esa partida – dijo Rosalie sonriente.

Alice volvió a reír mientras arrancaba el auto.

- Lo dudo amiga – respondió con tono divertido, las tres reímos y Alice acelero.

- No lo van a creer – dije sobreactuando sorpresa, Alice me miro por el retrovisor y Rosalie se giro completamente para verme – pero hasta hacia unos minutos me gustan los hombres, pero viéndolas, me las comía con todo y ropa – dije mirando sugestivamente a Rosalie.

Estallamos en carcajadas y Rosalie cambio su mirada divertida para una completamente perversa.

- Bella… hermoso vestido, quedaría muy bien en el suelo de mi habitación – exclamo riendo.

Alice hizo cara de asco simulado y un sonidito extraño de repugnancia combinado con diversión.

A pesar de ser broma yo me sonroje terriblemente, había provocado que Rosalie comenzara con su ronda de piropos burdos.

- Alice… - la aludida la miro de reojo con una sonrisa nerviosa – perdí mi numero telefónico, ¿me das el tuyo? – pregunto levantando las cejas de manera cómica para después lazarle un besito, totalmente sugestivo.

Alice rio mientras yo trataba de esconderme detrás del asiento.

A pesar de ser piropos creados por la mente cochambrosa y caliente de Rosalie, incluso esos piropos me hacían sonrojar como la nariz de Rodolfo el Reno.

Alice encendió la radio, en un inútil intento de callar los piropos de Rosalie, y obviamente no sirvió de nada.

- ¿Saben chicas? , si ustedes quisieran podríamos regresar al departamento – dijo Rosalie como si nada, mirándose las uñas pintadas de un perfecto verde.

- ¿Y para qué queremos regresar al departamento? – pregunto Alice intrigada mientras comenzaba a acelerar, de esa manera que sabía que llegaríamos en menos de lo conveniente al bar, aunque si llegábamos completas, ese era otro asunto.

- Sencillo – dijo con una sonrisita de auto sufiencia – si regresamos podría sacarlas de mi sucia lista de sucias fantasías, si quieren – ofreció como si nos estuviera tratando de vender galletas de niña exploradora.

A pesar de lo sonrojada e incómoda que me puse, las tres estallamos en carcajadas mientras Alice seguía acelerando.

Así, los restantes 15 minutos de viaje, Rosalie hizo que la cara me hirviera de vergüenza y que Alice estuviera a nada de pasarse una luz roja o de chocar unas treinta veces.

Sus comentarios iban aumentando de tono y de gracia, casi a la par de lo que Alice aceleraba.

No me malinterpreten, era divertido todo lo que salía de la loca cabeza de Rosalie, pero con esos comentarios, estaba dudando ya de su sexualidad.

La próxima vez, le pediría a Alice que me ayudara a vestir.

Aunque, esto era de todas las salidas, lucíamos bien y Rosalie no desperdiciaba oportunidad para sacar su nefario de piropos calientes.

Tras 25 minutos de viaje Alice dio vuelta y entramos a la avenida central, que en realidad deberías ser rebautizada.

La Avenida de la perdición le quedaría mejor, ya que de cabo a rabo estaba repleta de bares, y no solo eso, si eras alguien, aspirabas ser alguien, o aspirabas a estar con alguien, tendrías que ir a uno de estos bares mínimo una vez al mes.

El descaro era orden del día, había muchos bares, tantos como estacionamientos públicos y privados, hoteles, y lo más descarado, condonerias.

No solo una, casi había una cada 15 metros, y casualmente junto a una, había un hotel.

Era como el paraíso sexual en la tierra.

Rosalie siendo el copiloto y la que tenía la invitación que Emmett había dejado en mi despacho en la mañana, con dirección incluida estaba mirando los números de cada establecimiento que pasábamos, hasta que llegamos al número 3108.

Alice viro rápidamente para ganarle el lugar para entrar al estacionamiento privado del bar, a un auto convertible, que lucía bastante costoso a decir verdad.

Mientras el Valet Parking cuestionaba a Alice sobre si tenía invitación, cuanto se quedaría y otras cosas que no lograron captar mi interés, me perdí mirando lo poco de acera que podía ver, ya que el lugar estaba hecho de mínimo dos pisos, y el segundo era al parecer una terraza sobresaliente, o bien, solo estaba construido para que el segundo piso hiciera de techo a la planta baja y la gran fila de personas que estaba esperando a entrar no sufriera con el frio o con la lluvia.

Y de verdad, había demasiada gente queriendo entrar al bar.

La acera estaba repleta de personas casi tan bien vestidas como nosotras, algunos lucían más que adinerados, con abrigos costosos o joyería enorme y relampagueante, incluso pude distinguir a un grupo de 4 chicos que eran rodeados por lo que parecía ser, un grupo de guardaespaldas de al menos 10 enormes y musculosos tipos.

Me sentí contrariada, sabía que Emmett tendía a ser exagerado con todos sus proyectos, Emmett no podía concebir la palabra modesto, todo en el era grande, ostentoso y lujoso.

Pero nunca imagine que su Bar, con el poco tiempo que tenía de funcionar tuviera tanto éxito, y sobre todo que personas tan adineradas y elegantes hicieran fila para entrar.

Me sorprendía en demasía, pero más que eso, no pude evitar sentirme conmovida.

Emmett estaba triunfando, había entrado por la puerta grande del éxito en lugares de la vida nocturna, y eso me hacía sentir orgullosa y feliz.

Mi sonrisa se amplio, aun más, en estos momentos debería parecer el Guasón, o peor aún Julia Roberts después de la cirugía…

Rosalie chasqueo los dedos frente a mi rostro, sacándome súbitamente de mis pensamientos.

- Ya baja, van a estacionar el auto – dijo Rosalie saliendo.

Abrí la puerta y me dispuse a salir, cuando una mano caballerosa se ofreció a ayudarme en mi propósito.

- Permítame – dijo una voz gruesa y amable, levante la vista y tome la mano del hombre que me la ofrecía, era un chico de unos veinte y muchos y treinta y pocos, con un hermoso tono de piel chocolate y unos impactantes ojos azules.

- Gracias – dije sonrojándome cuando el hombre me recorrió con la mirada y una sonrisa picara se extendió por su rostro.

- Es un placer – dijo el hombre cerrando mi puerta y ayudándome a incorporar.

Gire la cabeza en busca de mis amigas, solo para darme cuenta que ellas estaban en la misma situación, Alice tenia de la mano a un chico latino, casi tan musculoso como Emmett, y Rosalie sonreía de manera descarada a un hermoso rubio con hoyuelos en las mejillas.

Ambas caminaron hasta donde estábamos parados el hermoso chico de piel chocolate y yo, aun tomados de las manos y lanzándonos miradas nada disimuladas.

Está bien que yo venía por Edward, pero estar a dieta no impide apreciar el menú, ¿no es cierto?

Los otros dos chicos hicieron que Alice y Rosalie quedaran a mi lado, guiándolas de la mano, y con unas enromes sonrisas.

Los tres hombres soltaron nuestras manos al mismo tiempo, con suma delicadeza y unas enormes sonrisas.

- Es un placer servirlas – dijo el latino guiñándole descaradamente un ojo a Alice.

- Estamos a sus órdenes, cualquier cosa que se les ofrezca, estaremos gustosos de auxiliarlas – dijo el rubio sonriendo a Rosalie.

- Un gusto tener a mujeres tan hermosas, - me dijo el hermoso ejemplar de afroamericano que tenia a medio metro – Bienvenidas al bar Bells, un placer – dijo, y al mismo tiempo todos inclinaron la cabeza con caballerosidad.

Alice no solo se limito a tomarlo de la mano para despedirse, metió su mano a la cartera y le metió en el bolsillo un billete de 50 dólares y una de sus tarjetas de presentación, obviamente con su número en ella.

- El placer es nuestro, compártela con tus amigos, querido – dijo Alice sonriéndole de manera coqueta y guiñándole un ojo.

Rápidamente se giro y Rosalie la siguió, yo torpemente me di la vuelta, dudando de mi sentido del oído.

¿Acaso había dicho Bar Bells?

Caminamos sobre la acera, Rosalie y yo veníamos detrás de Alice, que sin vergüenza paso de largo la fila y se dirigió directamente hacia la entrada.

Varios nos miraron de mala manera, otros varios nos devoraron con cara de que necesitaban una chica o un baño donde pudieran masturbarse inmediatamente.

- Estamos tan buenas – dijo Rosalie bajo, solo para que Alice y yo la escucháramos – tan curvilíneas y hermosas que cualquier tipo aquí nos haría un traje de saliva – no pude evitar reír ante la ocurrencia.

Aunque pensar en un traje de saliva de Edward, extrañamente, y de verdad, era tan extraño que no sonara nada sexy…

- ¿Alice? – la llame, se giro un poco mientras seguía avanzando, un poco más lento - ¿no vas a llamar a Edward?- pregunte, él había pedido que le llamaran en cuanto llegáramos al Bar.

Lo habría hecho yo, pero en ese momento caí en cuenta que no tenía su número, no sabía donde vivía, no sabía prácticamente nada de él.

Pero sabía que era realmente sexy, y se sabía mover, incluso en un bosque en penumbras…

- Claro que no, es demasiado molesto cuando se lo propone, - dijo Alice con un puchero quejumbroso – además se enfadaría conmigo por no haberle llamado cuando despertaste, así que dejaremos que él solo se dé cuenta que estamos aquí – dictamino convencida.

Iba a renegar, pero Rosalie me lanzo una mirada de advertencia.

Así que tratando de distraerme comencé a buscar el nombre del bar en cualquier parte de la fachada, pero no había nada.

Era una pared completamente lisa, pintada con varios tonos de amarillos y dorados, lucían como un hermoso castillo de oro.

Era en verdad un lugar lleno de elegancia y hermosura.

- Ya quiero estar borracha – dijo Rosalie como si nada.

- ¿Qué? – pregunte extrañada.

- Ya quiero estar borracha – repitió mirándome de arriba abajo – así poder verte doble, preciosa – dijo lanzándome un beso.

Alice rio de lo lindo, y vi como un par de hombres en la fila abrían la boca, no sorprendidos, sino completamente… eww… que cara de degenerados tenían…

Alice se detuvo frente al chico que fungía como cadenero, pero en realidad no había cadena alguna, solo un gran panel donde reposaba una carpeta enorme y el hombre se limitaba a tachar y escribir nombres.

- Buenas noches – saludo Alice con tono agradable, pero sin querer serlo demasiado, claramente, se había metido en el papel de conozco al dueño.

Lo cual me parecía perfecto, quería escapar de las miradas de rayos x que estaban enviándome.

- Buenas noches, Señorita – saludo el recepcionista, dándole una ojeada a Alice – tiene que hacer fila para poder entrar, deme su nombre para que pueda escribirla en la lista, en cuanto este un lugar libre las hare pasar – dijo de manera automática sin mirarnos.

Alice soltó un ruidito de desdén.

- Conozco al dueño, querido, déjanos pasar – dijo Alice en tono mucho menos amable.

El hombre soltó una risita desdeñosa y nos miro de reojo, sin despegar la mirada de su carpeta.

- Eso dicen todos – dijo petulante.

Tal vez era buen momento para llamar a Edward.

Pero Alice adquirió una tonalidad rojiza de inmediato y apretó sus puñitos, indicándome que no haría nada que no fuera golpear al recepcionista.

Previendo que Alice haría un escándalo, y que obviamente eso, ni me gustaría a mí, ni al recepcionista que quedaría inhabilitado para tener sexo durante 6 meses, me adelante y le di un empujoncito a Alice, Rosalie la rodeo con un brazo, impidiéndole cualquier ataque.

- Tenemos una invitación – le dije sonriente y con tono dulce, si eres amable, serán amables contigo… o al menos eso esperaba.

El hombre levanto la cabeza y me miro, levantando la ceja con incredulidad.

Me gire y Rosalie totalmente atenta a la plática me extendió la invitación era de un papel dorado, combinado con papel blanco y solo llevaba un sello con una gran B.

Se la extendí con una sonrisa amable, y él la tomo, abriéndola con incredulidad.

En el instante en que leyó el contenido, su escaso color se extinguió, quedo completamente pálido y sus ojos casi se salieron de sus orbitas.

Se irguió como si yo fuera un sargento del ejército y él un simple soldado raso.

- ¡Carajo! – Exclamo apenado acomodándose la corbata, cuando cayó en cuenta de sus palabras, se dio un golpe en la frente, y trato de sonreírnos con sumo nerviosismo – quiero decir, una enorme disculpa, Señorita Bella – pidió nervioso el hombre comenzando a sudar.

Alice se soltó de Rosalie y se coloco a mi lado.

- Entonces, ¿ya nos dejas pasar? – pregunto groseramente Alice mirando de arriba abajo al hombre con sumo desdén, me dieron ganas de darle un golpe.

- Perdóneme Señorita Bella, es solo que, estamos llenos y mucha gente quiere entrar a como dé lugar, le juro que no volverá a pasar – imploro el hombre mirándola mientras tomaba tres pulseras de un fino alambre dorado y cerrando su carpeta.

- Una enorme disculpa Señorita Bella, por favor no le diga nada al señor Emmett, es mi primer día – le pidió a Alice mientras con suma delicadeza y nerviosismo le colocaba la pulsera en la muñeca.

- Ella no es Bella – dijo Rosalie sonriente, supongo que para tratar de apaciguar al hombre, la verdad hasta yo me sentí mal por él.

- ¡Oh! – Dijo alejándose rápidamente de Alice y colocándole la pulsera a Rosalie - disculpe Señorita Bella – pidió un poco más tranquilo, mientras sus mejillas parecían a punto de explotar.

- Yo soy Bella – dije tratando de evitar una risita, pobre hombre – no te preocupes, no voy a decirle nada a Emmett, además, el es muy bueno, seguro que cuando le diga lo bien que cuidas la entrada te felicitara – dije para tratar de calmarlo.

El hombre soltó aire pesadamente y me miro con suplica.

- Estoy muy avergonzado señorita Bella – dijo sudando.

- No te preocupes, a todos nos pasa, a mi más de una vez – dije amigable, tratando de verdad que el hombre dejara de sudar.

- En un momento llamare a su acompañante para que las lleve a sus lugares – dijo el hombre sacando un pañuelo y limpiándose la frente – Bienvenidas al Bar Bells – dijo inclinando la cabeza.

Abrí la boca y Alice y Rosalie se giraron a verme, no era mi imaginación, el Bar en verdad se llamaba Bells.

Me sonroje furiosamente.

¿Emmett le había puesto mi nombre a su bar?

¿De verdad?

Creo que sigo drogada por los medicamentos…

– No puedo decirle que tan apenado estoy, una disculpa señorita Bella, si el Señor Emmett se entera, quien sabe que haría… -

- Momento – lo interrumpí levantando la mano – Emmett es un buen hombre, agradecido con los que lo ayudan, y además, estoy segura de que debes tener un buen salario, le hablare bien de ti, tal vez te de un bono – dije guiñándole el ojo tratando de controlarme.

- ¿De verdad haría usted eso? – Pregunto con una sonrisa sorprendida, asentí – es usted hermosa, si me permite decirlo, - y volví a sonrojarme – y habla maravillas del señor Emmett, al igual que él de usted, ahora entiendo porque le ha puesto su nombre al bar, debe amarla mucho, hacen una estupenda pareja, si me permite decirlo, y es notorio que se aman – dijo sonriendo.

Alice y Rosalie se giraron completamente a mirarme, y yo sentí literalmente como mi rostro explotaba.

Y después ambas estallaron en carcajadas.

- No… yo no – trate de decir, pero estaba completamente desquiciada.

¿Cómo un total desconocido podía decir que Emmett y yo nos amábamos?

- ¡Ay amigo! – dijo una voz masculina detrás de él, le puso la mano en el hombro y vi después aparecer de la penumbra el sonriente rostro de Jasper – Hoy no das una, Bella es hermana de Emmett, y para futuras referencias, la rubia es mi hermana y ella es la hermana de Edward – dijo señalando a Alice.

- ¡Jasper! – exclamo Alice sonriente y saltando para evadir al recepcionista y lazarse sobre Jasper para abrazarlo.

Momento… ¿Qué me perdí que ellos ya se abrazaban como viejos conocidos?

Gire a ver a Rosalie que inmediatamente dejo de reír y miro un poco ceñuda a ambos.

El hombre totalmente sonrojado, con la cabeza nos hizo una media reverencia para que pasáramos, Rosalie y yo avanzamos, no sin antes sacar con dificultad un billete y dárselo al chico.

- No te preocupes por nada – dije en un susurro sonriendo, el hombre negó con la cabeza y me devolvió el billete, yo volví a negar y volví a dárselo, y él volvió a regresármelo.

- No te preocupes más, Robert, yo las llevare – dijo Jasper sonriendo mientras besaba la mejilla de su hermana, sin quitar la mano de la cintura de Alice.

- Esta bien – dijo derrotado el hombre.

- Un gusto Robert – dije sonriendo mientras guardaba, de nuevo con dificultad el billete en mi cartera.

- El gusto es mío señorita McCarthy – respondió el hombre sonrojándose.

Iba a corregirlo y decirle que era Swan, pero supuse que ya era demasiado para una noche.

- Después de ustedes – dijo Jasper haciendo media reverencia y abriendo unas cortinillas negras que guiaban hacia unas escaleras de cristal.

Por dios, este lugar era como el castillo de Barbie, totalmente lujoso.

Rosalie pasó primero, seguida de Alice, y Jasper y yo entramos juntos.

- Hola Bella – dijo Jasper con tono amable, yo sonreí y le di un beso en la mejilla - ¿Cómo te encuentras?, Emmett nos dijo que te habías lastimado – pregunto extrañado mirándome los brazos, me levante la manga para mostrarle el yeso azul.

- Bastante bien ahora – respondí con una sonrisa – gracias por preguntar – agradecí inclinando la cabeza.

- Emmett está a punto de arrancarse el cabello de un jalón, ya estaba pensando ir a tu casa y encargar el bar – dijo sonriendo y haciéndome avanzar sobre las escaleras.

- Pues ya estamos aquí – interrumpió Alice sonriente mientras giraba un poco y seguía subiendo escaleras, la odie por poder hacer esas dos cosas al mismo tiempo.

- Y lucen preciosas, me atrevo a decir que las más hermosas en el Bar – Rosalie se giro y sonrió con autosuficiencia para seguir subiendo, Alice se giro aun más casi caminaba de espaldas, yo sonreí y seguí subiendo, pero pude mirar como de reojo Jasper le guiñaba un ojo a Alice, pensando que solo ellos podían mirarlo.

De verdad, ¿de qué me perdí?

"De lo mismo que Alice se pierde cuando se trata de Edward" me dijo la Bella mala en el fondo de mi cabeza.

Me sonroje de nuevo.

Eso era muy posible, y también, otro gran problema.

Alice se paro cuando nos topamos con una nueva cortina negra, Jasper se fue de mi lado y abrió las cortinas para que pasáramos.

Y ahí me quede maravillada.

El lugar era espectacular.

Espectacular era quedarse miserablemente corto.

Las paredes eran de tonos dorados, te hacían sentir como en un castillo de oro, había cortinas decorativas de un suave tono crema, y como había dicho Robert, el lugar estaba repleto.

Las mesas eran lo más genial que había visto en un bar, no sabía si eran de cristal, pero parecían serlo, al igual que las sillas, que tenían un suave colchoncito color dorado.

Comenzamos a avanzar por el lugar, guiadas por Jasper, y me di cuenta, como era obvio, que el lugar era de dos pisos.

La planta alta era un rectángulo perfecto, repleto de mesas y personas, y tenían una vista excelente a la pista, que era toda la planta baja, me asome un poco para admirar más el lugar, abajo también había mesitas, pero con banquillos, había también una enorme barra de bebidas, con miles de botellas acomodadas en uno de esos muebles donde se acomodan las botellas de vino en los viñedos, y ese mueble era de una madera brillosa que la hacía lucir como de oro.

Había también un escenario, muy pequeño, apenas si seria de cinco metros por dos, y en la orilla de este un piano, que ahora estaba totalmente solo.

Seguramente era el piano que tocaba Edward.

Sonreí, al fin estaba aquí, ahora tendría que echar a andar mi plan.

Aunque, prácticamente mi plan fuera lanzarme a sus brazos y buscar un armario de escobas o una bodega solitaria.

Seguimos caminando hasta rodear completamente el lugar, era lo más glamuroso a lo que había entrado, la música era fuerte, pero no te dejaba sorda, todos lucían felices, bailando o conversando.

Era el lugar más perfecto, más glamuroso, más hermoso, y estaba orgullosa de saber que pertenecía a Emmett.

Estaba totalmente distraída, y cuando nos detuvimos, me di cuenta pues pise a Rosalie que se quejo y me dio un empujoncito con cara molesta.

- Se te está haciendo costumbre babear – dijo riéndose de mi rostro, Jasper abrió otras cortinas que nos separaban completamente del ala izquierda del lugar, Rosalie avanzo primero.

- Es hermoso – dije mirando a la nada.

- Lo es, ¿verdad? – respondió Alice, me gire sonriente e iba a decirle lo maravilloso que era el lugar, pero Alice solo miraba a Jasper, le sonrió amigable y paso, ya que Jasper seguía extendiendo las cortinas para nosotras.

Riendo entré, para encontrarme con el ala de privados del Bar.

Eran una especie de cuartitos de unos 3 metros cada uno, formados de paredes doradas, obviamente, con silloncitos también dorados, y mesitas pequeñas de cristal.

Eran, totalmente hermosos.

Todo el lugar era simplemente encantador.

- Bienvenidas – dijo Jasper abriendo las cortinillas que separaban el privado del pasillo.

Entramos a nuestro propio lugar del bar, era seguramente el privado mejor ubicado, teníamos una vista excelente de la pista, y una mucho mejor del pequeño escenario.

Rosalie se quito la chaqueta y la dejo en un pequeño perchero de cristal.

Alice se sentó y sonrió con autosuficiencia.

Jasper se fue directo a la barrera que nos, o mejor dicho, me protegía de caer a la pista de un salto.

- Emmett debe estar en la bodega, espero que no se haya ido, seguro esta con Edward, iré a buscarlos – dijo sonriéndonos.

- ¡Sí! – exclame emocionada, todos giraron a verme extrañados, bueno Rosalie frunció un poco el entrecejo con advertencia – Quiero agradecerle a Emmett, el lugar es magnífico – dije como tonta, Jasper sonrió y asintió.

- Espero no tardar – dijo saliendo sonriente.

- Uff… y yo pensaba que tú eras la rica – dijo como si nada Alice mirando el privado.

Me senté riendo deshaciéndome de la chalina y quitándome el bolso del hueco del brazo.

- Emmett tiene mucho dinero – explique, sin querer entrar en detalles.

- Se nota, ¡mira esto! – exclamo Alice señalando la mesilla.

Rosalie y yo nos inclinamos, había un par de dulceros de cristal cortado, con caramelos escoceses, sabía que eso había sido enteramente obra de Emmett, como seguramente todo el lugar, lo enloquecían los caramelos escoceses.

Y al parecer las cosas brillosas y de cristal.

Pero eso no era lo que Alice señalaba, en medio de la mesilla había un letrero de metal dorado, que esperaba que no fuera oro, con la frase "Privado McCarthy" dibujadas en el con letras itálicas.

Se me abrió la boca de sorpresa.

- Este lugar es impresionante – dijo Rosalie mirando a todos lados.

- Vamos a conocerlo – sugirió Alice levantándose de golpe.

- Pero Jasper fue a buscar a Emmett y a Edward – dije nada convencida.

- Y por lo que parece, podría tardarse una hora, el lugar está repleto, vamos a ver la pista y por unos tragos – pidió poniendo carita de perro triste.

- No digas más, de todos modos iremos – acepto Rosalie resignada levantándose – además, estando solas, podremos ver el menú masculino del lugar, con los chicos siguiéndonos a cada paso, si logramos un numero será un milagro – nos recordó Rosalie frunciendo el entrecejo.

- Tienes razón, arriba ese culo Bella – exclamo Alice jalándome.

Resignada me levante y las seguí fuera del privado.

Del otro lado del que habíamos entrado a los privados, había unas escaleras con un gran letrero, si, dorado, que decía Pista, así que bajamos.

Apenas llegamos a la pista el sonido de la música se hizo demasiado fuerte para poder entablar una plática.

La gente estaba bailando en este momento música electrónica, todos lucían felices y las luces les conferían un tono celestial.

Este lugar debería de llamarse el cielo.

Me adelante dejando atrás a Rosalie y Alice, que sonreían a cada chico que veían.

No es que me hubieran dejado de importar los chicos, o bien las miradas de deleite que estábamos causando, pero yo solo quería encontrar a uno en especifico.

Me estire lo más que me permitía el cuello, mirando a todos lados en busca de Edward, pero, no había rastro de su hermoso cabello cobrizo.

En realidad, estaba comenzando a ver que era una batalla perdida, había demasiada gente como para encontrara a Edward por aquí.

Les hice una seña a las chicas para que fuéramos a la barra, ya que el reencuentro tendría que esperar, tomaría un Mojito para hacer menos tediosa la espera.

Camine evadiendo bailarines, meseros y chicos que me sonreían de manera descarada.

Y como no era de piedra, sin poder evitar sonreír y guiñar a algunos de ellos.

Vaya que el Menú de hombres estaba bien provisto, y de alta calidad.

Si me distraía con otro chico seria enteramente culpa de Edward, por no estar en el privado cuando habíamos llegado.

Y también seria culpa de un chico muy lindo, casi tan lindo como él, porque de otra manera, no habría posibilidad de que me distrajera el tiempo necesario para olvidar a quien de verdad quería lamer.

Quiero decir… LAMER…

Llegue al bar y me gire para preguntarles a las chicas que querían.

Para encontrarme con la sorpresa de que estaba completamente sola.

Me gire a todos lados buscándolas, pero al igual que con Edward, sería una batalla perdida.

Si otra más.

Pedí un mojito y me senté en un banquillo vacio a esperar.

La música cambio a una muy conocida canción de bares, no recordaba su nombre, pero sabía que era del DJ David Guetta, en ese momento casi toda la gente que estaba sentada inundo la pista.

La vista se libero, pues a los alrededores de la pista, que por cierto era enorme, apenas si había personas.

El mesero, que poseía unos hermosos ojos color miel me tendió mi mojito, y en ese momento me di cuenta que no traía mi cartera.

- Oh, disculpa, deje la cartera arriba, ahora te pago – dije apenada, el negó con la cabeza y señalo mi mano.

- Pulsera dorada, ya no tienes que pagar los tragos – dijo guiñándome un ojo.

Sonreí apenada y le di un sorbo a mi mojito.

Mi hermano era el más genial de la tierra.

Me gire para continuar con mi búsqueda, no tan desesperada como antes, ya que con tanta gente bailando era como buscar una aguja en un pajar.

Me distraje admirando el lugar, de verdad era hermoso, aquellos tonos dorados, combinados con el cristal de los muebles y algunos detalles en colores crema, le conferían al lugar una elegancia suprema, además de una comodidad y familiaridad terriblemente irresistibles.

Emmett me tendría que dar una membrecía o algo parecido, vendría aquí todos los días.

Las personas bailaban apretujándose unas a otras, hombres y mujeres bailaban sensualmente unos frente a otros.

Me sentía como viendo Animal Planet en el programa de ritos de reproducción.

Mi vista se quedo fija en un punto y apreté mi mojito tan fuerte que pensé que la copa de cristal se rompería.

Lo había encontrado.

Edward caminaba sonriente, vestido con un traje negro y camisa blanca, con una hermosa sonrisa mientras se acomodaba el cabello.

Sentí como mis mejillas se calentaban, y una sensación de bienestar me inundaba, acompañando a esa incomoda sensación de nudos en el estomago.

Y también como mi respiración se frenaba y aceleraba sin ton ni son.

Tan solo podía pensar en una cosa.

Sus cálidos y fuertes brazos, rodeando mi cintura, y sus perfectos y carnosos labios, danzando junto a los míos.

Me erguí en la silla, esperando a que llegara, al fin, completamente solos, el reencuentro tan esperado.

Las ideas de aventarme a sus brazos y encerrarnos en una habitación solitaria, se desvanecieron como polvo en el agua; solo quería estar con él, hablar, reír, sonreír, querer.

Como si hubiera escuchado mis pensamientos, Edward comenzó a trotar hacia donde estaba.

¡Sí!, sabía que el vestido era infalible, y qué decir del perfume, seguramente la fragancia lo atraía cono abeja a la miel.

Frente a mí, estaba el único futuro que concebía con la palabra perfecto en él.

Estaba a cinco escasos metros, me levante de mi asiento para correr, como en las películas, lanzarme a sus brazos y abrazarlo, al diablo con la prudencia.

Se hecho el cabello de nuevo hacia atrás y se soplo en la mano para corroborar su aliento… ¡genial!,¡ tenía planeado darme una estupenda bienvenida!

Se acomodo la corbata, la solapa del saco y…

Se detuvo abruptamente, para quedar detrás de una chica que bailaba seductoramente en la pista.

Era rubia, alta, con una minifalda vulgar y unas hermosas piernas; Edward sin miramientos la abrazo por detrás, haciendo que su boca quedara ridículamente cerca del cuello de esa escoba con minifalda.

Ella simplemente se giro y sonrió, Edward le devolvió la sonrisa y le dijo algo oído, obviamente no alcance a escuchar.

Se trataban, con tanta puta familiaridad.

La chica rio y le dio un golpecito en el hombro juguetonamente, le respondió algo y ambos rieron.

Edward nunca quito sus manos de la cintura de esa lagartona.

"Bien, tranquila Bella, podría ser una amiga"

Edward se acerco y le susurro algo al odio, la chica sin más se mordió los labios de manera sugerente.

Sonrieron como idiotas y comenzaron a acercarse.

Y así, sin más se besaron, en realidad se devoraron en la pista; Edward bajo sus manos a las nalgas de ella, y ella le dio un apretón generoso a las suyas.

Ellos de verdad parecían necesitar una habitación solitaria.

Claramente no eran solo amigos.

Me tome el mojito de un trago y un Whisky doble, ante la mirada de perplejidad del cantinero.

Me levante de mi asiento mientras controlaba mis impulsos de correr hacia ellos y patearle a Edward la cara, y a ella arrancarle de un tirón sus implantes.

Tome mi Whisky doble y volví a tomármelo de un trago, pedí uno más y cuando el cantinero me lo dio me aleje de la barra, completamente decidida a hacer algo.

Esperando que nadie viera las patéticas lágrimas que se me habían escapado.


Y bien? Espero no tengan tantas ganas de golpearme como al principio del capi =/ aunque lo dudo con este final xD

Bien, pues como dije arriba, la buena es que acaban de leer el capítulo más largo que he escrito, jejeje, yo me acorde de muchas cosas, películas de vampiros, baños calientes, jajaja, muchas cosas que estoy segura no soy la única que tiene recuerdos xD

Y bueno, como dije arriba, pues tengo una mala noticia.

Esta semana esta incluso más apretada que la anterior, porque al parecer entro a trabajar, y a estudiar en la misma semana U.U, así que no estoy segura si podre publicar esta semana, si no he publicado para este Viernes, les pido una disculpa enorme, y tenga por seguro que el próximo Lunes tendrán la actualización sin falta.

Mientras tanto, para que no se enojen o sientan que regreso a las andadas, les adelanto que el próximo capítulo veremos romance, nada de miel, tal vez haya algo de lagrimitas, jojo, pero sobre todo, veremos una gran sorpresa.

No les adelanto más, porque creo que sería contarles el capi jejeje, pero les aviso, será otro grannnn capi, jejeje

Bien, acá vienen los agradecimientos a todos ustedes que dejan reviews, alertas y favoritos, ¿ya les dije que los amo? Los AMO!

ERICASTELO, NAOBI CHAN, EBRUME, AMERYTOH, CHAYORCM, NIELASOL, TINACULLENSWAN, RENNY BLACK, IRINA MASEN, DENISSE, FER, ALDINN, JACKY MASEN'CULLEN, , ALMASSOFI, ELYTA, IDTA, -DULCE AMOR-, PAULA CULLEN, YOLABERTAY, NOE, MARINNA, SMALLICE, JEKITAPATTZ19, KATYCULLEN, LUNA-EVANS-26, PEDRO, DANY LA PRIMA, KLAUDIA T, KACU77, LORENIS, JAZZ CULLEN-SWAN, ROCIO90, MARIELITHACULLEN, TATA XOXO, A.A CULLEN, -TSUKINO, SOPHIN, JOLI CULLEN, MIILAA01, MARU ARGENTINA, GATITA 7, LILIANA-PRINCESS-SERENITY, JUDS', JULS CULLEN.

Y antes de irme, otra gran disculpa a aquellas personas que no pude responder sus reviews, los leo todos, y todos los respondo, para este capi, los responderé todos, de verdad, muchas gracias y disculpen.

Bien, pues sin más me voy, que el sentarme tranquilamente ya se termino y tengo muchas cosas que hacer! U.u

Las quiero! Beshos y Buena Vibra! =)