Tarde pero seguro, como siempre! =)

Aquí la actu, muy larga, así que prepárense palomitas jejeje

Este Capítulo, va con especial dedicatoria, abajo, la dedicatoria completa! =)

También en la nota de autor, hay algo importante, por favor, léanlo! =)

Sin más disfrútenlo!


SIMPLES MATEMATICAS.

Miles de ideas sádicas pasaron por mi cabeza en ese instante.

Camine, erguida, con la barbilla en alto y tratando de aparentar que no estaba planeando como matar a cierto cretino en plena pista de baile.

Me coloque detrás de la rubia, Edward aún la besaba apasionadamente, haciendo que la sangre me hirviera como si estuviera en una estufa.

Las manos de Edward viajaban deliberadamente lento, disfrutando de esas nalgas fáciles que le ofrecía la rubia, mientras esta se le pegaba como garrapata.

Apreté los dientes y la copa que aún tenía en la mano.

Me aclare la garganta molesta, y Edward abrió un ojo.

Pensé que se separaría de ella inmediatamente, que la empujaría y trataría de disfrazar un poco la maldita situación.

Pero como casi siempre cuando se trataba de él, estaba equivocada.

Al verme, sus manos se detuvieron sobre la cintura de aquella rubia cara de prostituta, con absoluta tranquilidad y presteza termino su beso, no sin antes darle un mordisco juguetón, como lo había hecho conmigo casi todas las veces que nos habíamos besado.

Ella le planto un pequeño beso sobre los labios haciéndolo sonar estridentemente, y al fin se separaron, la estúpida, con cara de satisfacción, y claro, como no iba a estar satisfecha, el pendejo de Edward besaba endemoniadamente excelente; se giro y abrazo a Edward por la cintura, Edward la pego más a él, y sonrío de manera triunfante.

- Mira Dulzura, ella es Bella, Bella ella es Dulzura – dijo como si estuviéramos en una reunión de negocios.

Apreté más la mandíbula y el vaso trono por lo fuerte que lo apretaba.

- ¿Dulzura? – pregunte con hastió y burla - ¿Qué clase de nombre estúpido es ese? – pregunte, estaba enojada, furica, rabiosa, y tenía unas enormes ganas de desquitarme.

Porque desgraciadamente, matar, no era una opción, al menos no una que me dejara impune… así que me limitaba a insultar.

- La clase de nombre que desearías tener – respondió la muy zorra mirándome de arriba a abajo – Edward, ¿es ella de la que me has hablado tanto? – pregunto levantando una ceja con incredulidad.

- Lo es – afirmo Edward sonriéndome de manera encantadora, mientras deseaba que hubiera alguien que me detuviera, pues si seguía con ese cinismo, juro por todos los hombres hermosos del mundo que lo castraría, y me quedaría su pene de llavero – se que no parece muy traviesa, pero lo es – dijo levantando las cejas acompasadamente mientras me sonreía incitador.

Sin embargo, ese sencillo gesto, hizo que mi poco autocontrol desapareciera.

- Eres un puto cabrón – sisee furica, acto seguido, mi mano se movió tan rápido que apenas si lo pude percibir.

Primero le avente el whisky en la cara, no sin antes lanzarle un escupitajo al líquido.

La rubia se separo de Edward con cara de asco, Edward, con la cara chorreante amplio su sonrisa, y se lamio los labios, como si le hubiera lanzado una poción de amor.

Puto Cabron.

- Hmm ¿whisky, eh Bells?, eres una chica ruda – dijo con voz alegre, lo que me hizo lanzarme furica contra él.

Hice a un lado a la zorra de un empujón y me encare con Edward.

- ¿A que estás jugando, imbécil? – le espete furica, tratando de evitar darle un mordisco en la nariz y arrancársela.

- ¿A la casería? – pregunto todo feliz mientras al fin soltaba a la rubia y colocaba sus manos sobre mi cintura.

Trate de separarme de él, lo empuje, lo pise, le di de golpecitos en el pecho con mi mano buena, y un poco más fuerte con la mano enyesada para ver si así me soltaba, pero nada, el cabrón no quería soltarme, es más, me acercaba más a él.

- Déjate de malditas bromas, suéltame imbécil – le espete escupiendo un poco por la rabia, Edward rio y me pego completamente a su cuerpo bruscamente, dejándome sin aire.

- Lo siento Caperucita, te tengo en mis redes – me susurro al oído haciéndome estremecer.

- Déjate de bromas, idiota, y suéltame de una maldita vez – le grite, la rubia se coloco detrás de mí, y como si no estuviera, abrazo a Edward, quedando yo en medio.

Eso me saco de quicio completamente.

Con todas las fuerzas trate de zafarme, pero ninguno de los dos me daba tregua.

- Bella, Mi querida y caliente Bella – dijo Edward aspirando mi cuello, dejándome completamente estática – yo sé que me quieres, ahora déjate querer, Dulzura y yo te daremos una noche que no podrás olvidar – dijo, para después lamerme el cuello.

Me hice hacia atrás para poder liberarme, pero me tope con los enormes senos postizos de Dulzura.

Me gire como pude, quedando de frente a la zorra, que me miraba con un rostro bastante parecido al deseo, lo cual me dejo anonadada.

Dos segundos después, casi me puse a gritar, cuando sentí los tersos labios de Edward sobre mi clavícula desnuda, y Dulzura se acercaba a mí, parando sus labios sugestivamente.

Con un enorme empujón me solté de ambos, y di un par de pasos atrás.

- ¿Qué demonios creen que están haciendo? – pregunte fuera de mi, totalmente sonrojada y temblando de pies a cabeza.

- ¿Has escuchado la frase Menage a trois? – Dijo Edward, haciendo que el corazón me diera un vuelco – sino, es sencillo traducirla, Trió – dijo gesticulando exageradamente.

Tomo de la cintura a Dulzura y la coloco frente a él.

Y ahí, perdí toda la razón.

Estrelle mi vaso contra el piso, haciéndolo pedazos, tome el trozo más grande con sumo cuidado y me encare a ambos.

- Muy bien – dije sonriendo de manera sádica, dejando fluir todo mi enojo – hora de la castración – exclame malévolamente acercándome…

Carajo.

Mil millones de malditas y desgraciadas veces Carajo.

Puta imaginación volátil.

Puto alcohol en las venas.

Puto Edward que me estaba volviendo aún más loca de lo que ya estaba.

Castración, hermosa y sublime castración de venganza, ese era mi primer escenario de accionar, tratar de castrar a Edward, pero mi imaginación me había llevado más lejos…

Demasiado lejos.

¿De dónde había sacado mi imaginación la Palabra Trío en francés?

Y, ¿de dónde había sacado el estúpido nombre Dulzura?

Y, ¿Por qué me hacía estas preguntas idiotas cuando acababa de tener una visión de un trío en plena pista de baile del bar de mi hermano?

Me estaba volviendo loca.

Tal vez, sencillamente, ya estaba loca.

Demasiado.

Afortunadamente, esa maldita imaginación volátil y etílica me había servido de algo.

Definitivamente era un mal plan tratar de castrar a Edward.

Al menos con un vaso roto.

Tenía que hacer algo, pero no podía moverme, no podía pensar claramente, y mi cerebro alcoholizado me estaba jugando las peores pasadas que se le ocurrían.

Y eso que llevaba tres copas.

Cerré los ojos e inspire profundamente tratando de pensar alguna otra cosa que hacer.

Me acerque a la pareja que había separado sus horribles bocas pegadas como lapa, para pegarse como lapa el uno al otro, bailando de una forma demasiado, no bailable, más correctamente dicho, ellos de verdad necesitaban una habitación.

Cada asqueroso y maldito centímetro de sus cuerpos se rozaba mientras intentaban bailar, pero apenas si podían moverse al ritmo de la música, pues sus piernas y sus manos estorbaban en el propósito.

Malditos, mil y un veces, malditos facilones.

Con toda la valentía, la furia, la indignación, la envidia y la pericia que poseía, los separe de un empujón.

Edward giro a verme, empalideciendo de golpe, mientras trataba de subirse la cremallera y se frotaba la boca para eliminar el exceso de labial.

Como si pudiera lograr quitarse el maquillaje de payaso barato que le había quedado.

La rubia con senos de pelota de playa y labios rojos como una herida infectada; sin embargo enrojeció furica y me miro amenazante.

- ¿Qué te crees, enana? – me grito furiosa mirándome hacia abajo, me sacaba unos 15 centímetros.

- ¿Qué te crees tú perra arrastrada? – le espete sin intimidarme.

Edward asustado me tomo de la cintura, alejándome un par de pasos de la zorra facilona.

- No Bella, por favor, tranquilízate – pidió con voz asustada y acongojada, me solté de él con fuerza y me gire para encararlo.

- Tienes razón, tu eres el maldito arrastrado – le grite apretando la mandíbula.

No pude contenerme más, y sin más, le rompí el vaso repleto de mi whisky en la cabeza.

Primero me miro extrañado, después, mientras el líquido amarillento escurría por su frente, su mirada comenzó a perderse, y cuando el líquido amarillento se combino con uno rojo, sus ojos se cerraron.

Cayo como si se tratara de una sandia lanzada desde un gran edificio, quedando en el piso, totalmente en blanco.

Me lleve la mano a la boca, preocupada, pero dos segundos después recordé como le agarraba las nalgas a la escoba con pelos de paja, y no pude hacer más que reírme de él con malicia.

Camine un par de pasos para quedar frente al cuerpo inerte de Edward, y con toda la rabia que sentía, mi pie fue directamente a estrellarse sonoramente contra su entrepierna.

Sonó como si hiciera un omellette y estuviera rompiendo los huevos en un tazón… vaya analogía más acertada.

Edward ni siquiera se inmuto, estaba completamente perdido.

Pero entonces algo me tiro de los hombros, haciéndome retroceder varios pasos para evitar caerme.

Y ahí estaba de nuevo, la rubia con senos enormes mirándome furiosa.

- ¡¿Qué has hecho? – Exclamo estupefacta mirando a Edward tirado en el piso - ¡Me has dejado sin hijos, maldita! – y sin más se lanzo contra mí.

Me sentí como en una escena de Spider Man, calculando su avance asesino hacia mí, me agache para evitar la colisión, y la mujer paso de largo cayendo de bruces en el piso.

Más rápido que los reflejos del hombre araña, seguro, me estire por uno de los trozos del vaso que habían quedado regados sobre la cabeza cobriza de Edward y encare a la rubia.

- ¿Cuánto te costaron? – le pregunte con una mirada de asesina serial, me estaba comenzando a gustar esa mirada.

- ¿Qué? – pregunto ella extrañada, con esa voz molestamente sonora y aguda.

- Las tetas, tonta, parecen pelotas de playa – me burle con sadismo mientras me inclinaba sobre ella.

- ¿Cómo lo sabes? – Exclamo con una enorme sonrisa mientras se levantaba victoriosa y se las tomaba como si fueran un trofeo – ¡me han costado 12 dólares las dos, en la sección de trajes de baño de Wal- Mart! – Exclamo tan feliz que casi se me cae el vidrio que traía en la mano - ¿A que lucen geniales, no? - Pregunto acercándose rápidamente con sus manos sobre los senos, haciéndolos bailar.

Me causo tanto asco, que casi gire a vomitarle en la cara al inconsciente Edward, pero, en vez de eso, mi cerebro recién estrenado de sádica profesional tuvo una mejor idea.

- Ok… castración no, cirugía estética para reducir los senos, si – dije sin más.

Y en menos de dos segundos, me vi riendo extasiada mientras botaba contra el piso dos enormes pelotas de playa, y lloriqueos desesperados de la rubia me pedían 12 dólares…

Mierda, re mierda, y… más mierda…

Seguía imaginando tonterías, las cosas más absurdas e idiotas son las únicas que tenían cabida hoy en mi estúpido cerebro.

Malditos sentimientos volátiles, maldito alcohol activa sentimientos.

Era horrible, frustrante, solo poder pensar en mutilar a la pareja, desquitar ese remolino de ira homicida contra ellos quitándoles las partes más importantes de su cuerpo.

Definitivamente no podía seguir aquí parada imaginando todo lo que podía hacerle a aquel par, para poder saciar mi furia…

Que en realidad, estaba comenzando a mutar…

No era furia, en realidad no, solo había sido un poco de rabia en un principio, ira homicida, odio, revancha, sadismo…

Pero todo eso venia de una sola cosa.

Verdad.

Como dicen los grandes sabios, es decir, los abuelitos que te cuentan historias para dormir.

La Verdad duele.

Y, puta madre, como dolía.

La verdad me había azotado con su látigo de sinceridad implacable, me había bajado de un tirón de aquello que yo creía mi paraíso terrenal, había logrado que el corazón no se impusiera a la razón.

Como alguna vez me había dicho Renee, había construido castillos en el aire.

Era nada más que la simple y puta verdad.

¿Cómo es eso?, había construido mis fantasías, mis sueños, mis deseos… sin base alguna…

Edward me gustaba, me encantaba, me volvía loca; mucho más de lo sanamente aceptable; y para malditos colmos de males, no solo me gustaba, no, eso podría sobrellevarlo de alguna u otra manera.

Supongo.

Pero no era su físico, esos hermosos ojos y esos labios suaves los que me atraían endemoniadamente, su perfecto y redondito trasero, eso me gustaba, y ¿a quién no?; pero, no, no era su físico lo que más me gustaba, lo que me había hecho "Construir castillos en el aire", desgraciadamente no.

Era él en sí, todo él, lo mucho que lo había podido conocer físicamente, lo poco a lo que me había dado acceso de su interior; todo lo que hacía, decía o era me causaba una sensación indescriptible y desconocida.

Sonreía y yo no podía evitar sonreír, reía y yo no podía evitar reír…

Sus expresiones, desde una sonrisa hasta una mueca de disgusto, tenían algo oculto, eran un enigma, incitador, problemático; algo me llamaba, cada seño suyo me incitaba a develar su secreto.

Sus gestos, a veces tan lindos que me costaba trabajo no mutar en un aguado caldo de pollo sin sabor; o sus acciones meramente estúpidas, desquiciantes y odiosas, que me costaba enorme trabajo no mutar a una calabaza asesina y sin refrigeración.

Edward era un secreto, un secreto indescifrable, y a pesar de saberlo, de saber que aunque pasara toda mi vida tratando de develarlo, nunca, ni en mi más iluminado sueño, nunca podría descubrirlo.

Pero quería intentarlo, quería estar ahí.

Y ese era el porqué de mis castillos en el aire, no era solo físico, Edward era él enigma de mi vida.

Pero, claramente, para él no era más que Bella.

Al tener esa maldita epifanía, no pude más que sentirme miserable.

Era perfecto, perfecto para mi, el misterio del hombre, de su hermosa y oculta personalidad, la cual, sin saber porque, sabía que estaba ahí, la desmembración de una coraza que deseaba ocultar algo hermoso, y la coraza no me asustaba, la quería, incluso esa faceta de cretino patético me gustaba, todo en el me gustaba.

Su físico, porque era él hombres que había levantando mi lívido mucho más alto de lo que cualquier hombre podía imaginar.

Me gustaba físicamente, pero lo quería, eso era innegable, lo quería para mí…

Y puta madre… lo quería.

¿Acaso tenía alguna posibilidad?, no podía rechazar eso, era simplemente el perfecto complemento de la complicada ecuación de mi vida.

Era el resultado de la formula, mi formula de amor, que tantas veces había fallado.

Y sencillamente, él se negaba a pertenecer a esa ecuación.

Como había predicho Rosalie, un vacio, insondable, terrible y doloroso se extendió por todo mí ser.

Lo quería, carajo, y acababa de romperme el corazón.

¿Acaso era predecible esto?

Pues sí, era predecible, nada hermoso y perfecto podía venir de un cariño tan súbitamente nacido.

Lo conocía hacia una semana, exactamente una semana y había ganado mi alma.

Y en una semana exactamente la había cortado en pedazos, con esos labios que besaban pasionalmente a otra.

Pestañee para evitar que las lagrimas que estaban por salir me traicionaran, y al fin volví a la realidad.

Seguía plantada en el mismo sitio, frente a la barra con una copa llena de oloroso y embriagante Whisky, mirando sin ver en verdad una pista de baile repleta de personas felices bailando extasiadas, completamente ajenas a mi miserable epifanía.

Así era la vida, ¿cierto?, todo lo que quieres, todo lo que añoras, todo lo que sueñas, sin más te dice que no te pertenece.

Ahí estaba de nuevo, la historia de mi vida.

Me lleve el vaso a la boca para tratar de sentirme humana de nuevo y no un pedazo de mierda pisoteado.

Sin saber porque, comencé de nuevo a buscarlo, quería verlo, saber que era una puta realidad inalcanzable, sentirme miserable, pero saber que él estaba ahí, necesitaba saber que no era solo verdad la que existía.

Pero no lo encontré.

Di un par de pasos adelante, cabecee a todos lados, di vueltas sobre mí misma, parecía que me había unido a la juerga de bailarines, pero no.

Quería verlo, saber que era real, que solo había construido una fantasía basada en una figura, en su figura, era masoquista, pero necesitaba saberlo, necesitaba creer que era real, que no era tan patética como para imaginar todo, para crearme sola esta munga.

Pero, ni siquiera eso pude tener, él y la rubia Dulzura con senos de pelota de playa habían desaparecido.

Y eso me basto para saber que el dolor era real, seguramente se habían conseguido una habitación.

Después de todo, no era nada fuera del otro mundo.

Hay algunas ecuaciones que son demasiado grandes, demasiado complicadas, con derivadas enormes y aún más complicadas, con incógnitas y potencias que hacen más grande la cifra, pero al final siempre obtendrás una cifra.

Hay algunas ecuaciones tan sencillas como el dos más dos.

Y hay otras más, ecuaciones que lucen fáciles, un par de números, una serie de letras, algunas potencias y una que otra incógnita…

Cuando comienzas a resolverla te topas con que los números no concuerdan, con que las incógnitas no son un par, sino muchas más, que las potencias son imposibles, que las letras no dicen nada.

Y es ahí, cuando llegas al resultado, no es una cifra.

No, no lleva letras, números, potencias o incógnitas, para nada.

Sencillamente es un conjunto vacio.

Sin respuesta, sin nada en él.

Y ahí es cuando veo mi propia ecuación, que una tras otra variable, uno tras otro intento siempre da el mismo resultado.

Vacio.

Así son las cosas, a veces, ni las matemáticas pueden ayudar.

La música volvió a llegar estridente en mis oídos, llevándome de golpe al lugar, estaba en un Bar, en el Bar de Emmett, el Bar Bells.

Por mucho que doliera, era predecible, por mucho que el vacio estuviera ahí, yo seguía aquí.

Así que era tiempo de probar con una nueva variable, mi ecuación tenía que volver a su cauce, como un círculo, no tenía fin.

Pero si muchos inicios.

Guiada por aquella pequeña parte sana y matemáticamente terca de mí ser, decidí, que no podía desaprovechar esta oportunidad.

Mi nueva variable.

Si, iba a hacer algo, y ese algo seria olvidar a Edward, olvidar ese cariño que había nacido de golpe, matarlo a como diera lugar y terminar esa ecuación, y ahora que estaba en la realidad, y no en una de mis burdas fantasías iba a lograrlo.

Si no era ahora, No sería nunca.

Decidida y sobre todo completamente parada en el mundo real; algo que hace demasiado tiempo no pasaba, me tome el trago, de un solo trago, si de nuevo, la cabeza me dio vueltas por un segundo, mientras mi garganta solo quería gritar por el calor abrasador.

Me erguí con pose orgullosa, siendo consciente que el mundo seguía girando, y que a pesar de haber estado en las estrellas durante toda esta semana, había aterrizado en el mejor lugar.

El Bar Bells.

Comencé a avanzar por delante de las mesas, mirando a la gente bailar animada, deje el vaso vacio en una mesa y seguí mi camino.

Tener los pies en la tierra no era tan malo.

Llegue a las escaleras que me guiarían de nuevo al área de privados y un mesero se cruzo en mi camino, con una enorme bandeja de cristal llena de tragos azul eléctrico.

Lucían bastante incitantes.

- ¡Hey! – le llame tomándolo del hombro para frenarlo, el, debo decirlo, HERMOSO mesero se detuvo con una gran sonrisa.

Lo mire de arriba a abajo y me percate de un pequeño detalle.

Vestía un traje negro, con una camisa blanca y corbata negra a juego, al igual que el amable y fijado chico de la barra, al igual que Jasper, y al igual que… él.

- Lindo traje – dije con burla, pero no dirigida a él, sino a mí, esto sí que iba a ser toda una fiesta.

El lindo chico de cabellos negros y ojos grises, se miro mientras sus mejillas se teñían de rojo; mi sonrisa se hizo presente, sexy y atrayente, o al menos eso quería parecer, me pare un poco curva, para que el escote se hiciera notar.

Las matemáticas dicen que si no puedes encontrar el valor de una incógnita, busques con varios valores.

Así, que ahora que el plato principal de mi Menú había sido descontinuado, el menú del bar parecía satisfacer mi indómita hambre de variables.

– Querido, ¿podrías traerme una botella de whisky, unas botellas de soda natural, algo de hielo y un par de vasos? – le pregunte sonriendo en grande mientras me mecía lentamente haciendo notar que estaba soltera y disponible.

Pestañee un par de veces sintiendo como mis pestañas se batían cual abanicos de danza flamenca.

Si, le estaba coqueteando, y lo haría con todo aquel que se parara frente a mí y luciera tan hermoso como este.

No necesariamente tenía que limitarme a una variable, ¿cierto?

- Por supuesto – sonrió amablemente - ¿Cuál whisky prefiere? – pregunto mirándome disimuladamente de arriba a abajo.

Me sentí hermosa, perfecta, sencillamente; esta noche con lo hermosa que me veía, no podía ser desperdiciada.

No lo seria.

- El más fuerte que tengas – dije tomándolo descaradamente del antebrazo, acariciando no tan sutilmente sus bíceps – llévalo al privado McCarthy, entre menos te tardes, mas grande será tu propina – dije guiñándole un ojo, claramente con un doble sentido.

El hombre se cuadro de hombros y se aclaro la garganta sonrojándose de nuevo, pero con una enorme sonrisa que me decía que aún tenía ese toque de seducción.

- A la Orden señorita – dijo y sin más paso delante de mí y avanzo hacia la barra.

Por inercia, y como todas las mujeres lo hacemos, si, todas lo hacemos, le mire el culo.

Era lindo, grande, tal vez demasiado, pero fue suficiente para pasar la prueba de rigor.

Con la moral súbitamente elevada y la vista gratamente deleitada, comencé a subir las escaleras.

Si, hoy era especial, era diferente, pues hoy, toda aquella valentía que nunca había tenido, toda aquella decisión que nunca había empleado, se harían presentes.

Estaba decidida a pasarla bien, lo que pasara después no importaba.

Si las nuevas variantes me llevaban de nuevo a un conjunto vacio, que así fuera, mientras tanto intentaría disfrutarlas.

Corrí las cortinas del privado que Emmett nos había reservado, seguía completamente solo.

Lo cual, por su puesto era perfecto, por dos sencillas razones.

Si me invadía lo podredumbre, nadie seria testigo.

Y, mejor aún; no tendría que compartir mi botella de delicioso y fuerte whisky con nadie.

Me senté cerca de la barda que dividía el piso del abismo para caer sobre la pista y comencé a mirar.

La gente seguía bailando plácidamente, el lugar seguía siendo hermoso, me animaba a disfrutar, a pesar de aquella sensación vacía en mi pecho, quería hacerlo, estaba dispuesta a hacerlo.

Pasee mi vista por toda la pista, por los privados que podía ver, por todo el condenado lugar, solo para convencerme de que estaba haciendo lo correcto.

Un lugar tan jodidamente hermoso no podía ser desperdiciado.

Deje de cuchichear a mi alrededor y comencé a mirar en el vacio privado.

Seguramente las chicas estarían divirtiéndose de lo lindo, seguro, ya estarían embarrándose en el cuerpo de algún lindo soltero bailarín.

En cuanto tuviera un poco más de bendito alcohol en mi sangre bajaría a hacer lo mismo.

Necesitaba urgentemente una sesión de embarramiento.

Y también necesitaba un cigarrillo para comenzar a sentirme menos miserable.

Camine hacia mi bolso, siempre que salía a algún lugar de recreación para adultos cachondos y alcohólicos, llevaba en mi cartera una cajetilla de cigarrillos; pero esta vez yo no había preparado mi bolso.

Nerviosa, y pensando ya en bajar a pedirle a algún mesero que me consiguiera una o dos cajetillas abrí el bolso.

Y claro, ahí estaba apretujados pero incitantes, los cigarrillos.

Sonreí feliz, como amaba a mis amigas.

Saque la cajetilla y comencé a buscar en el bolso un encendedor o fósforos.

Pero claro, amar a mis amigas no bastaba, habían olvidado poner algo de fuego en mi bolso.

Enojada, trate de cerrar el bolso, pero ya había sido demasiado periciosa sacando la cajetilla sin quedar mi mano atorada en la bolsa, así que el bolso cayó al suelo, regando todo el contenido en el piso.

Mi monedero, el celular, las llaves del departamento, un labial, espejito, polvo, goma de mascar, dulcecitos de mantequilla, mmm ricos dulcecitos, me lleve uno a la boca; pañuelos desechables, un frasco de pastillas, tampones y… ¿que demonios hacia un mapa del estado en mi bolso?

Mascullando palabrotas me arrodille en el piso y comencé a recoger todo con la única mano que tenia disponible y ponerlo todo en uno de los silloncitos.

Estire la mano para recoger el dichoso mapa de Chicago, cuando un pie se interpuso en mi camino, casi aplastándome la mano.

Fantástico, ¿acaso el maldito universo quería romperme la otra mano?

Levante la vista enojada, lentamente tratando de morderme la lengua para no gritarle una serie de blasfemias al responsable.

Lentamente subí la vista, recorriendo su cuerpo, llevaba unos hermosos zapatos de gamuza verdes, subí más, aquellos zapatos combinaban perfectamente con un elegante pantalón color caqui, subí más, llevaba una gran hebilla, con cinturón café y un logo plateado que reconocí al instante.

Subí más pero la bandeja de cristal me impedía verle la cara.

- ¡Emmett! – exclame desde el piso retrocediendo para que no me cayera encima, o peor, para que no tirara la botella de whisky.

Emmett extrañado alzo la bandeja sobre su cabeza y me busco en el suelo.

Frunció el ceño, mirando el desastre que tenía en el piso, y a mi misma en el suelo.

Después con una pequeña sonrisa se estiro para dejar la bandeja en la mesita y se agacho para darme la mano.

- ¿Ya estás tan ebria para que te encuentre en el piso? – Pregunto tomándome de la mano y jalándome para levantarme – acabas de llegar… - me pico aún más.

Me sentí como un peluche, totalmente ligera.

En dos movimientos Emmett me dejo sobre un sillón y se arrodillo él en el suelo.

- Y encima haces un desastre en el piso – dijo a modo de burla.

- No estoy ebria tonto, - le recrimine callándome una risita – no soy nada hábil con la mano izquierda, y como sabrás la derecha no está disponible, quería encontrar un encendedor en el bolso, pero… bueno ya vez el resultado – dije levantando los hombros.

Emmett termino de recoger lo que sobraba en el piso, me llamo la atención que guardara el mapa del estado en su bolsillo, pero lo pase por alto.

Estaba demasiado distraída admirando la sudorosa botella de Whisky escoses.

- No parece que estés muy sobria – apunto Emmett sentándose frente a mí, mientras se estiraba para servir un par de vasos.

- En realidad, me tome un par de tragos antes – explique sintiéndome algo cohibida, ¿tanto me conocía para saber cuándo hay o no alcohol en mis venas?... seguramente sí.

- Pues parece que quieres unos mas – dijo estirándome el whisky que él mismo había servido, sencillamente en las rocas, tomo entre sus manazas uno igual – y no seré yo el que te limite esta noche, así que Salud – exclamo con una gran sonrisa mientras acercaba su vaso para que lo chocáramos.

Sonreí agradecida y choque mi vaso con el suyo, en total silencio ambos le dimos un trago y nos miramos sonrientes.

- ¿Y bien? – pregunto cabeceando hacia la mesa donde reposaba toda mi orden.

- Delicioso, fuerte y con cuerpo, como me gusta – dije sonriente - ¿lo escogiste tu? – era el único hombre en la tierra capaz de complacer mis gustos etílicos a la perfección, algunas veces incluso sentía que me leía el pensamiento.

- Si – dijo levantando los hombros y dándole otro sorbo a su vaso – vi cuando le pedias a Steven la botella, - hizo una pausa en la que su semblante se ensombreció un poco, seguramente lo que había querido decir era "Te vi coquetear descaradamente con Steven" – y conociéndote mejor que nadie, quise surtir yo tu orden, debes sentirte privilegiada – dijo bromeando, pero me sonó más a "Quise surtir yo la orden porque no tengo habitaciones disponibles para que te revuelques con mis meseros"

Vaya, y yo pensaba que el lugar era perfecto, le faltaba un ala de salas… un poco más privadas.

- Le has dado en el punto – dije tomando otro sorbo – por cierto, el lugar es sencillamente, y sin otro adjetivo más acercado, perfecto, cuando muera quiero que me quemes y pongas mis cenizas en la barra – dije riendo.

Emmett rio conmigo y se acerco un poco más.

- Aunque quisiera hacerlo, lo cual no es el caso, los de salubridad me cerrarían el lugar, ¿que cochinada es eso de tener cenizas de niñas lindas en la barra? – dijo haciendo cara de horror.

Volvimos a reír y tras un momento volvimos a tomar al mismo tiempo, parecíamos un espejo.

- Y dime… ¿Cómo te sientes? – pregunto poniéndose serio y mirándome con esos ojitos de preocupación que me partían el corazón.

"Como las heces de las palomas con diarrea " era una respuesta acertada, pero nada apropiada.

- Muy bien – respondí poniéndome el vaso en la boca para no fingir una sonrisa – el brazo no me causa problemas, esta curándose sin dolor – le dije esta vez sonriendo para tranquilizarlo.

Su sonrisa se amplio y me tomo de la mano.

- Me alegra que estés aquí – dijo mirándome intensamente, acaricie su mano y deje el vaso sobre la mesilla.

- No quisiera estar en otro sitio – le respondí sonriendo, entonces recordé algo y sin poder controlarlo mis mejillas se encendieron, Emmett frunció el ceño y me soltó de la mano intrigado.

- ¿Qué pasa? – pregunto perdido.

- ¿Le has puesto mi nombre a tu Bar? – le pregunte apenada, quería saberlo, no podía estar imaginándolo, ¿o sí?

- Que perspicaz – se burlo mientras se llevaba de nuevo el vaso a la boca – Si, cuando compre el lugar pensé que tenía que ser algo grande, que tenía que tener mi sello – explico haciendo ademanes con las manos y sonando tan orgulloso que incluso yo me sentí tal vez más orgullosa que él – y cuando todo el lugar estaba listo, solo hacía falta un nombre, era mío, era importante, tenía que ponerle un nombre importante, y solo me llego tu nombre a la cabeza, tu eres lo más importante en mi vida – dijo sonrojándose ligeramente.

El nudo que se formo en mi garganta fue impresionante, y por un momento aquel vacio recién instalado se removió para dar lugar a la felicidad.

- Dios Emmett, eso es hermoso – dije tomándolo de la mano de nuevo, y sin más lo abrace.

El comenzó a reír mientras me daba un par de palmaditas en la espalda.

- No le puse Bella porque se podía malinterpretar, ¿qué tal y lo confundían con un Mens Club? – pregunto negando horrorizado – aquí las chicas solo bailan en la barra cuando los meseros están aburridos – bromeo sonriente – ponerle Bellita hubiera sido divertido, pero sabía que no me lo perdonarías; así que, para evitar malentendidos ni asesinatos vengativos, le puse Bells, Bells no tiene genero, y puede confundirse con la palabra campanas en ingles, así tendrá más de un significado – dijo orgulloso de su línea de pensamientos – pero para mí hay un solo significado, y ese eres tu – dijo dándome un beso en la mejilla.

Reí feliz, tal vez no necesitaba tantas variables, si incluía el amor que había entre Emmett y yo en una ecuación, sin duda el resultado sería Infinito.

- Eres el mejor – le dije riendo mientras le besaba las mejillas una y otra vez – si algún día tengo un Bar, no lo dudes, su nombre será Emmy – dije riéndome.

Emmett me abrazo y me sentó en sus piernas, para después inmovilizar mi único brazo disponible y comenzar a hacerme cosquillas.

Comencé a reír como loca, mientras Emmett me quitaba de sus piernas y me recostaba en uno de los sillones para seguir con su tarea de hacerme reír hasta llorar.

O derramar otro líquido por otro orificio de mi cuerpo.

- ¡Basta Emmett! – exclame entre risas tratando de soltarme de él, pero si la mano izquierda no me servía ni para sacarme los mocos, mucho menos para quitarme a la verdadera Mole.

- Si le pones ese nombre a tu bar – dijo mientras me ponía boca abajo y seguía moviendo sus enormes dedos contra mis costillas – todos pensaran que le pusiste el nombre de tu perro, o pensaran que es un lugar para perversión de menores, Emmy, suena tan patéticamente afeminado… – reclamo fingiendo enfado.

Solté una risotada más fuerte y me gire para quedar boca arriba haciendo que el cabestrillo se moviera de lugar.

- De acuerdo,… si… si me dejas te juro… que no le pondré Emmy a mi Bar – exclame entre risas, pues Emmett sencillamente no tenía planeado acabar con su ataque hasta que le rogara por piedad, trate de incorporarme, pero solo sirvió para que aumentara la velocidad de sus dedos, haciendo que me retorciera - ¡por favor! – le rogué al borde de las lagrimas - ¡juro que no le pondré Emmy! – casi grite riendo.

Comenzó a bajar la intensidad de movimientos de sus dedos y yo sonreí con niña pequeña a la cual le dan un globo reluciente y con laca para que no se reviente

– Pero, ¿sabes? me has dado una buena idea, le pondré Emmy a mi perro, - bromee cuando Emmett dejaba casi quietos sus dedos sobre mi cintura, el volvió a fruncir el ceño con una sonrisa divertida - ven Emmy, mueve la colita Emmy, la patita, la patita Emmy, hazte el muerto Emmy – me burle divertida y tratando de chasquear los dedos, aunque claro, solo los retorcía sin producir sonido alguno.

Pero, obviamente esto provoco que Emmett volviera a ponerme de espaldas mientras me inmovilizaba a base de cosquillas.

Malditas costillas hipersensibles.

No pude evitarlo y comencé a reírme y gritar como si estuvieran matándome con una poción de la risa.

Y entonces una luz plateada y destellante se filtro por mis parpados cerrados.

Emmett se detuvo inmediatamente y yo abrí los ojos desconcertada.

Alice, Rosalie y Jasper estaba en la entrada del privado con distintas expresiones.

Rosalie nos miraba sonriente pero con los ojos abiertos como platos.

Jasper nos miraba con la boca abierta pero tenía una leve sonrisa divertida.

Y Alice reía divertida sosteniendo en lo alto su teléfono celular, nos había tomado una foto.

- ¡Se veían tan lindos! – Exclamo con voz aguda y risueña – ¡Rose ya tenemos la foto para las postales de Navidad! – exclamo emocionada mientras pulsaba unos botones en su celular tan rápidamente que pensé que les saldría humo.

Emmett rio y me extendió la mano para que me incorporara, al sentarme recta sentí como mi brazo enyesado bajaba hasta mi abdomen, demonios.

- No creo que a nuestros amigos les guste ver como Bella reía como loca mientras nos enseñaba su ropa interior – dijo Rosalie riendo.

Jasper se puso colorado y cerró la boca girando a otro lado.

Yo al contrario, la abrí sorprendida y después me puse tan colorada como una manzana.

- Oh vamos, lucen preciosos, el Photoshop ocultara la mejor cara de Bella – dijo Alice riendo, Rosalie y Emmett rieron con ella.

- Muy graciosa, Alice – le recrimine sonrojada - ¿Dónde estaban? – pregunte tratando de cambiar el hilo macabro y tres equis de la conversación.

- Viendo el Menú – respondió Rosalie sonriente, como si de verdad hubieran estado haciendo algo tan inocente como ver un Menú.

Al menos un Menú que no incluía traseros y pantalones ajustados…

Alice y yo reímos divertidas, pero Emmett y Jasper fruncieron el entrecejo.

- Pero aquí no servimos comida – dijo Emmett extrañado, las tres estallamos en carcajadas aún más estridentes y ambos fruncieron aun más el entrecejo, estaban completamente perdidos.

Claramente, esta era una fórmula que los hombres no podían descifrar fácilmente… y mucho menos degustar…

- ¿Y cómo está el Menú? – pregunte riendo, yo había visto un poco de ese menú, un lindo y enorme trasero de un lindo y alto ojigris.

- Suculento – respondió Alice soltando una risotada, las tres reímos como locas, ante la mirada perdida de los hombres.

- ¿De qué Menú están hablando? – pregunto Jasper comenzando a entender.

- ¿De cuál será, bobo? – le respondió Rosalie riendo – del de hom… -

- Del de bebidas – la ataje haciendo que todas volviéramos a reír.

- ¡Oh, de acuerdo! – exclamo Emmett sonriendo - ¿Y que bebida probaron? – pregunto

Las tres nos miramos unas a otras, callando de inmediato.

- No lo sé – respondió Alice girando los ojos, Emmett podría estar perdido, pero definitivamente no era tonto, más le valía a Alice inventarse algo bueno… – pero era algo oscuro, con cuerpo suculento, me hizo temblar las rodillas – dijo, haciendo que volviéramos a estallar en carcajadas.

¡Daba igual si Emmett se daba cuenta!

Yo quería probar eso que había probado Alice.

Esto era demasiado, ya decía yo que Emmett había estado muy inteligente todo este tiempo.

- Oh, ok entiendo – dijo Jasper sentándose a mi lado con una mueca de disgusto – están hablando de hombres – frunció ligeramente el entrecejo y se cruzo de brazos, tratando de parecer tranquilo, pero le hecho tal mirada a Rosalie, que todo lo bien que me había caído durante esta semana se esfumo.

Y recordé, un, en apariencia por todo lo que había pasado, viejo concepto.

Hermanos Feos.

- ¡Obviamente! – exclamo Rosalie riendo, Alice se le unió estruendosamente, pero yo, me reí más por fuerza que por ganas, Emmett había abierto la boca y fruncido el ceño como si lo hubiéramos golpeado.

Le puse una mano en la rodilla y lo mire con una pequeña sonrisa.

- No te preocupes, no violaremos a nadie en tu Bar - dije sonriente – afuera hay un lindo hotel – bromee para hacerlo reír.

Funciono a medias, sonrió y soltó una pequeña risita y después se estiro para tomar su vaso.

Bien, el regreso a la realidad estaba funcionando, lo hermanos lindos y geniales que nos invitaban a un Bar genial, volvían a sacar su faceta de Hermanos Feos.

Universo caminante, gracias por hacer una parada.

- Así que… ¿no han probado nada del Bar? – pregunto para cambiar de tema.

- Solo una soda – respondió Alice encogiéndose de hombros, mirando de reojo a Jasper que no había dicho ni una palabra más y seguía como estatua con los brazos en jarra, mirando fríamente a una ajena Rosalie.

- Entonces, esto les gustara – dijo Emmett recuperando su buen humor y estirándose para servir tres vasos más con su delicioso Whisky en la rocas, sintiéndome mañosa, antes de que terminara de servir el ultimo vaso, coloque el mío, casi vacío a su lado.

Emmett me sonrió y volvió a llenarlo.

Perdóname Hígado, pero hoy necesito no pensar.

- Esta delicioso – exclamo Alice dando tres sorbos rápidamente – me siento como una reina, este lugar es genial, fantástico, maravilloso, sublime – exclamó dando saltitos sobre su asiento como si estuviera bailando, con una enorme sonrisa de loca, pero sin derramar una sola gota de licor.

Rosalie y yo sonreímos y negamos con la cabeza, Emmett, aunque sonreía me miro con el entrecejo fruncido.

- Siempre es así de… ¿alegre? – pregunto intrigado.

- Mucho más, así que procura no llenarla de alcohol – respondí riendo, Alice asintió y le dio un gran sorbo a su bebida, haciendo que Jasper dejara su posición de soldado al acecho y soltara una risita sedosa; estirándose para tomar su propio vaso y probarlo más animado.

Bien, si correas y bombas de gas pimienta no funcionaban para controlarlos, entonces la única opción sería el alcohol…

Estaba comenzando a ser la solución a muchos problemas…

- Oh si, recuerdos de cierta chica alcoholizada saltando del toldo de un auto vienen a mi mente – dijo Emmett como si fuera un médium, mirando inquisidoramente a Alice mientras se llevaba una mano a la sien, y la otra la ondeaba frente a la cara de esta, como imitando el ondular de un fantasma.

Increíblemente consiguió lo que pensé, nadie en la tierra podía; hacer sonrojar a Alice.

- Aún tengo un moretón – dijo apenada, echándome una mirada de disculpa, que me abrió la boca como puerta de cocina – aunque la noche es joven – advirtió como no queriendo la cosa, haciendo que Rosalie y yo nos irguiéramos en nuestro asientos.

A pesar de la advertencia de Alice, casi quise hincarme y comenzar a hacer reverencias a los pies de Emmett mientras aullaba y sacrificaba animales indefensos, con un bikini de leopardo y el pelo amarrado con un pequeño fémur de cualquier animal; y por como lo miraba Rosalie, ella quería hacer lo mismo.

Emmett, soy tu fan.

- Pues, Alice, pequeña, tienes razón, este es solo el inicio - comento Emmett sonriente, sonando igual de macabro que Alice.

- ¿A qué te refieres? – le pregunte extrañada, su tono, era como el que Alice usaba cada que planeaba una "diversión", aunque Emmett sonaba como la voz en una caverna, aun más amenazante, aun mas traviesa y retorcida, si yo sabía que era mala idea poner a estos dos demonios traídos del séptimo infierno en una sola habitación.

Esto no pintaba nada bien.

- Te tengo una sorpresa, ¿que lo olvidas? – pregunto entre divertido y molesto.

- ¿La sorpresa no era el nombre del bar? – pregunte perdida e intimidada, tal vez no quería saber cuál era la sorpresa.

- Eso solo era un pequeño presente – aclaro sonriente, vaya, si eso era un pequeño presente, no imaginaba cuál sería uno grande – llegaron en el mejor momento – dijo feliz bebiéndose de un trago su vaso.

Genial, al parecer, esto del alcoholismo crónico era de familia.

Así que, de mi lista potencial de donantes de hígado para el futuro, tendría que borrar a Emmett.

Y hacerle su propia lista…

- ¿Por qué? – pregunto Rosalie sonriendo, al parecer, a todos nos estaba llegando la etapa de sonrisas alcoholizadas patrocinadas por el Whisky.

- Hoy es la primera noche de combo – respondió Jasper igual de sonriente que todos, este Whisky debía de llamarse felicidad.

Estábamos sumergidos en una especie de bruma feliz, como si pudiéramos comenzar a gritarnos groserías, pero con una enorme sonrisa en nuestras sonrojadas caras.

Ese, como bien sabe el buen tomador, es el primer golpe del Whisky, te pone feliz y sonrojado.

- ¿Y cómo es eso? – pregunto Alice mientras se levantaba para asomarse a la pista de baile, con pasos pequeños y ligeros, parecía que flotaba.

O era que se sentía ligera, o era que mi vista fallaba…

Fuera cual fuera el caso, ese también era uno de los efectos del Whisky.

Así que no solo tendría que eliminar a Alice y Rosalie de mi lista, sino que hacerles una también…

Aunque, siendo sincera, nunca las había contemplado, su hígado debería estar más podrido que el mío.

Así que eso reducía mi lista a… Renee… y... un donador desconocido… o un órgano artificial…

- Todos los días tenemos una actividad diferente, es un lugar de variedad; ayer fue noche de jazz, por ejemplo – comento Emmett sonando como todo un Rico Mc Pato, perfecto en los negocios, pero con una voz gangosa.

Ese es el segundo golpe del Whisky, el adormecimiento de la lengua.

– Hoy, tenemos un combo de actividades, el Jazz fue temprano en la noche, y el Karaoke fue hace una hora, la siguiente actividad está a punto de empezar – dijo sonriente, sonrojado y con la lengua estúpida.

Lucia tan lindo.

- Desgraciadamente, se perdieron el show de tu hermano – le dijo Jasper a Alice, con verdadera pena, logrando captar toda mi atención – el toca el piano en la hora de Jazz, y acompaña a los valientes que se atreven a entonar alguna canción en la hora de Karaoke – dijo levantando los hombros con disculpa.

- Que mal, seguramente Edward quería presumirme como sigue tocando el piano mucho mejor que yo – dijo Alice fingiendo tristeza, Rosalie y Jasper rieron, pero, yo, sentí alivio.

Seguramente, no habría otra actividad en la que Edward fuera el centro de atención, si jugaba bien mis cartas, no tendría que topármelo una sola vez en la noche.

Así evitaría ir presa por castración premeditada.

La sangre volvió a hervirme de improviso, y estaba segura que nada tenía que ver con la cantidad de alcohol en ella.

- ¿Y volverá a presentarse? – pregunto Rosalie como no queriendo la cosa, lanzándome una mirada furtiva.

- No, será para la próxima, lo siento – dijo Emmett haciendo una mueca con la boca.

Sin poderlo evitar, exhale todo el aire que contenía sonoramente, atrapando todas la miradas.

¡Si!, estaba feliz de no tener que poner atención al cretino que había besado a otra persona cuando yo solo pensaba en desnudarme y mostrarle mi hermosa lencería, para que él me la arrancara con los dientes.

Ok… control Bella, Control.

- Que mal – mentí frunciendo exageradamente la boca, y para evitar gritar o bien morder lo primero que tuviera enfrente, que era la mesa de cristal, me lleve el vaso a la boca.

- Pues sí, pero ahora viene una actividad en la que tú serás la estrella – dijo Emmett volviendo a sonreír, haciendo que casi escupiera mi trago.

Me envare - ¿Qué? – pregunte desconcertada y asustada.

A no ser que Emmett tuviera escondido en algún lugar una botarga de estrella con brillos y lucecitas, no me cabía en la cabeza como podría ser yo la estrella de su siguiente show.

- La siguiente actividad es un concurso de baile –explicó sonriendo de manera maliciosa.

Trague saliva asustada – Yo no bailo Emmett, no puedo ser la estrella – dije asustada.

Aunque tal vez si ponían un tubo en medio de la pista, Emmett cambiaba el nombre del Bar a Bella, y me ofrecían un buen incentivo, como una par de estas botellas de Whisky o un buen y macizo hombre, podría intentar dar un buen espectáculo.

- ¿Eso les has dicho a todos? – pregunto burlonamente, mirando a Alice y Rosalie, ellas asintieron extrañadas.

Claro que bailaba, todo mundo baila hoy en día, solo hace falta saber saltar, mover bien el culo y contonear al ritmo de la música, como una serpiente queriendo aparearase.

Al menos, así lucia yo cuando me proponía bailar sexy.

Y a decir verdad, no era la mejor haciéndolo, y tampoco es que fuera muy difícil.

- Lo siento Emmett, pero deberías buscar a alguien que baile más que Bella, a veces baila que parece que es un pez fuera del agua – dijo Rosalie saliendo en mi ayuda.

Vaya ayuda, así que Gracias y te odio Rosalie… de nuevo.

Pero sinceramente, tenía razón, lo que yo hacía no era bailar, sino algún tipo de convulsiones voluntarias y sensuales.

- Siento decirles chicas, que Bella es una excelente bailarina, me atrevo a decir que de las mejores con las que he bailado, les ha visto la cara todo este tiempo – dijo Emmett pasándome una mano sobre los hombros, y fue ahí cuando me di cuenta de que demonios estaba hablando.

No, carajo, no y mil veces no, no me podía estar pidiendo eso.

- ¡Oh, no, ni lo sueñes! – exclame alejándome de él y negando furiosamente con la cabeza, a pesar de marearme seguí negando vehementemente aterrada – ni creas que me vas a convencer, ¡nunca de los nuncas jamases volveré a hacerlo! – dije contundente cruzándome de brazos.

O bien, colocando mi brazo izquierdo sobre mi inerte brazo derecho.

Quería ser firme, eso, nunca jamás lo haría, no de nuevo, y mucho menos ahora, no, no y… no.

Esta variante, ya la había usado, y aunque no había resultado en un conjunto vacio, si había resultado en un total desastre, así que no… no y… no. NO.

- ¿De qué hablan? – pregunto intrigada Alice.

- ¿Ni siquiera les has hablado de eso, cierto Bella? – pregunto Emmett pasándosela en grande, deje de negar con la cabeza para apretar la mandíbula y lanzarle una mirada asesina, que solo lo hizo reír mas, se giro a Alice y como viejas comadres comenzó a hablar.

Seguramente se habían conocido en el séptimo infierno, eran unos demonios venidos a la tierra con la única consigna de hacerme rabiar.

Sucio y rico hermano bocón.

Tonta curiosidad innata de mejor amiga.

- Pues, pequeña Alice, supongo que mi querida hermanita ha querido tener oculta una de sus grandes habilidades por miedo a destrozar el ego de muchos bailarines profesionales, lo cierto es que Bella baila, y vaya que sabe bailar – dijo sonriente mientras comenzaba a sentir como si humo saliera por mis orejas.

En este momento, toda la ira homicida que hacia un rato había dirigido hacia Edward, ahora estaba comenzando a centrarse en el nuevo objetivo.

Las partes blandas de Emmett.

- Emmett... – le advertí sonando amenazante, pero no sirvió de nada.

Estaba planeando mi ataque, primero, le lanzaría mi bolso a la cara a Jasper, para evitar que pudiera intervenir en defensa de Emmett, después tomaría la botella y se la rompería en la cabeza, en la conmoción lo tiraría al piso y le pisaría sus adoradas partes hasta que comenzara a gritar como su hubiera inhalado Helio.

Sí, eso haría si no cerraba el pico de una puta vez.

- Siento contradecirte Emmett, pero hemos visto bailar a Bella, demasiadas veces – dijo Alice reticente – somos asiduas a este tipo de recreaciones nocturnas – dijo sonriente, cruzando sus piernas de manera nada sutil y bastante coqueta, lanzándole una mirada furtiva a Jasper, la cuál Rosalie, gracias a sus dioses no capto, estaba demasiado intrigada mirando a Emmett.

- Eso lo explica todo – exclamo Emmett dando un aplauso que me hizo saltar en el asiento molesta – Bella es una bailarina muy mediocre si la pones a bailar música electrónica, se limita a imitar a un gusano en alcohol etílico, ¿no es cierto? – Alice y Rosalie asintieron con una risita muda – pero en realidad ella es una excelente bailarina de salsa – aclaro, haciendo que quisiera salir corriendo en ese mismo instante, no sin antes romperle la botella en la cabeza.

Y pisarle las bolas para que mostrara a todo el Bar como un hombre si podía ser Soprano.

Y no me refiero a la serie televisiva, sino a la escala de voces.

Aunque la botella no tenía la culpa.

Sus bolas sí.

- ¿Salsa?... eso no es… ¿comida? – pregunto extrañada Rosalie, mirando alternadamente a mi estúpido y bocón hermano y a mí.

- También es un tipo de música, que por cierto Bella domina espectacularmente – dijo Emmett girándose un poco para verme.

Estaba que me lo comía de un bocado, maldito bocón.

Me removí en el asiento, dispuesta a levantarme y llevar a cabo mi plan, pero Alice se dejo caer junto a mí, y me tomo de la muñeca, con una sonrisa radiante y las mejillas coloradas.

- ¡No me la creo! – exclamo Alice entusiasmada, mientras yo sentía como una nube negra y cargada de electricidad y lluvia acida se formaba sobre mi cabeza - ¿tu bailas salsa? – me pregunto sorprendida – estas llena de secretos, eso es fantástico, tendrás que enseñarme, ¿Dónde aprendiste? – pregunto apretujándose contra mí, haciendo que me sintiera como la mortadela del sándwiches.

Y para mi mala suerte, los panes eran Alice y Jasper, que no dejaban de mandarse miraditas.

Apreté la mandíbula y mire a Emmett con cara de circunstancias, y la circunstancia era, que quería matarlo.

- Renee en uno de sus tantos y extravagantes regalos haciéndola de Santa Claus nos regalo unas clases de Salsa, así que por miedo a herirla, o que ella nos hiriera fuimos a tomarlas, y debo decir que fue maravilloso – dijo Emmett sonriendo con nostalgia.

- ¿Renee? – pregunto Jasper perdido, removiéndose un poco sobre el asiento, haciendo que Alice se apretujara mas contra mí.

- Mi Mamá – aclare abriendo la boca por fin, las mejillas se me habían entumido.

Gracias Renee, por hacerme pasar otro gran momento de humillación.

- ¿Entonces, que me dices, recordamos los viejos tiempos? – pregunto Emmett tendiéndome una mano.

Y antes de que pudiera reaccionar, Alice jalo mi brazo izquierdo y dejo caer mi mano sobre la de Emmett.

- ¡Claro que lo hará! – Exclamo Alice sacando el teléfono de su bolso – liberare un poco de espacio para grabarlos, ¡esto va a ser genial! – grito entusiasmada volviendo a teclear como posesa.

- Me agradas pequeña – dijo Emmett riendo.

Retire mi mano enfadada y volví a colocarla sobre mi vientre, de manera testaruda.

- No lo hare – me negué enojada – no puedo – agregue cuando la cara de Emmett se convirtió en esa mascara suplicante y manipuladora – no Emmett, por favor, no lo hagas, no lo hare – le dije suplicante tratando de contraatacar y el abrió los ojos desmesuradamente, sus hermosas orbes grises se parecían tanto a los ojos del maldito y manipulador gato se Sherk, solo que él, era aun mas manipulador.

¿Cómo puedo estar rodeada de tanta gente manipuladora y no poder aprender ni la primera lección?

Y la primera lección en este maldito caso, sería no tener hermanos.

- Por favor Bellita… lo llevo planeando toda la semana – dijo Emmett haciendo un puchero.

- Es cierto – lo secundo Jasper, uniéndose al complot con una enorme sonrisa.

- No me llames Bellita – le regañe enojada, esta la iba a perder, eso era seguro, pero tenía que dar batalla – no lo hare, no puedo – dije y un foquito se prendió en el fondo de mi cabeza dándome esperanza – no puedo, tengo una mano rota y amarrada al estomago, ¿recuerdas? –

Esta era la ecuación de una curva descendente, y el descenso lo haría yo, directa al piso por tratar de bailar de nuevo ese maligno ritmo tropical.

Pero, había ganado, así que la curva estaba ascendiendo, poniéndome a mí en la cima de este grupo de complot clandestino.

¡Já!, ¡tráguense esa comploteros!

Soy la mejor, soy la mejor, oh si, oh yeah, soy la mejor.

Y la tonadita de Eye of Tiger la canción de victoria de Rocky Balboa comenzó a sonar.

¡No era mi trastornada imaginación!... esta vez…

¡De verdad estaba sonando!, El DJ, era el único que estaba de mi lado en este complot.

¡Genial!

Emmett se descoloco por un momento completamente derrotado y confundido, haciéndome sonreír.

Oh si, Bella, oh si, oh yeah, Bella, eres la mejor, oh yeah, oh si, oh… si…

Esto ya no sonaba como una canción de victoria, sonaban más como las onomatopeyas de una película porno.

Sin embargo, Emmett completamente ajeno a mis burdos pensamientos, tardo solo dos segundos más para sonreír victorioso.

Mierda, ni siquiera con un maldito grupo de porristas lo lograría…

- Y dime, ¿qué mano es la que me das cuando bailamos? – me pregunto sabiéndose ganador.

Mierda.

- La izquierda – masculle enojada – ya, dejémoslo, lo hare, pero si me caigo o hago el ridículo, juro que me la pagaras Emmett… te hare sufrir como, como, como si estuvieras estreñido – lo amenace haciendo un puchero.

Pues si, como siempre había perdido.

Pero ya aprendería a hacer los ojitos del gato de Sherk, y todos quedarían a mi merced.

Una risa malvada resonó al fondo de mi cabeza, indicándome que ya había pasado el límite de tragos para declararme plenamente sobria.

- ¡Yei!- exclamo Alice emocionada - ¡Ya quiero verlos!, ¿Emmett no tienes ningún traje con holanes de colores o un sobrero con frutas?, ¡Bella luciría genial! – grito levantándose y dirigiéndose rápidamente hacia la salida.

Una imagen de mi, vestida como rumbera, con un pequeño top con lentejuelas de colores, una falda abierta hasta la cintura con miles y miles de holanes de aún más colores y un enorme sobrero de frutas se dibujo ante mis ojos sobresaltados, a la imagen inmediatamente se agregaron dos maracas.

Lucia como en la película de Jim Carrey, La Mascara, y en su número de baile tropical.

Solo que a diferencia de él, a mí ese enorme sobrero con frutas iba a terminar por aplastarme cual chicle en el pavimento.

- Creo que es suficiente con que aceptara bailar conmigo, así que dejémoslo así – pidió mi estúpido y bocón hermano sonriendo animado, Alice hizo un puchero, pero Emmett no se inmuto, ahora entendía, entre los demonios con ojos de gatito no pueden manipularse, definitivamente tenía que aprender… - Y que te parece Bellita, para que me perdones, bebámonos esto mientras el show se prepara, ¿Qué dices? - me pregunto de manera conciliatoria, volviendo a llenar mi vaso casi vacío, y sonriendo como un bebe.

- Tu ganas – acepte a regañadientes, nunca, en toda una vida de alcoholismo de closet, me había negado a una copa, y por muy enojada que estuviera, no iba a negarme hoy.

- Hey viejo, ¿podrías dar la señal? – le pregunto Emmett a Jasper sonriendo, Jasper asintió y se paro junto a la barda del privado, dejando a una inquieta Alice mirándole atentamente.

Quise tirarme al piso y reír como una idiota, cuando Jasper se abrió el saco, mostrando su pulcra camisa blanca, comenzó a buscarse en los bolsillos internos del saco, mientras Alice prácticamente lo devoraba con los ojos, incluso había dejado de teclear en su teléfono, y tenía la boca enteramente abierta con un hilo de saliva a punto de salir.

Me aclare la garganta fingiendo que el alcohol me la había raspado y Alice salió de su ensoñación, poniéndose, por segunda vez en la noche, completamente roja.

Genial, ya tenía con que vengarme.

Jasper saco del bolsillo de su camisa un pequeño Walkie Talkie negro y pulso un botón; un sonido de estridente estática resonó en todo el privado.

- Hey, desaparecido, ¿Dónde estás? – pregunto colocándoselo junto a la boca, yo me distraje admirando el escarlata rostro de Alice, mientras trataba de evadir mi insistente mirada.

Rosalie, al parecer, hoy si estaba en las nubes… mejor…

- ¿Que se te ofrece, Rubiecin? – pregunto una sedosa y divertida voz, que sonaba demasiado baja por ser opacada por la estridente música.

El corazón me dio un vuelco.

- Aléjate un poco de la pista de baile, la Mole tiene órdenes – dijo Jasper girándose a ver a Emmett con una sonrisa, me levante y me coloque a lado de Alice, en la entrada del privado, fingiendo que me interesaba que estaba haciendo con su celular.

Pero lo único que quería era arrancarle el aparatito a Jasper y romperlo en mil pedazos.

- ¡Oye! – Exclamo Emmett fingiendo enojo – odio ese apodo – susurro como un bebe quejándose.

- No es para que te guste – respondió Jasper divertido, no pude evitar reírme un poco.

La verdad la Mole le quedaba bien como apodo, y mi mente ya más alcoholizada que sana, se imagino al mastodonte de Emmett con tan solo un calzoncillo azul sintiéndose Súper Héroe.

Quería que se pusiera a hacer berrinche como en las películas, eso sí sería digno de ver.

- Listo, te escucho – volvió a sonar la inconfundible voz de mis pesadillas.

- Emmett quiere que comencemos con el concurso de salsa, ya sabes que hacer – dijo Jasper cambiando su tono divertido a uno profesional.

¿Si tenía ese Walkie Talkie porque no los había ubicado así cuando llegamos?

Era todo un maldito complot.

Estaba comenzando a dudar de la imparcialidad nunca puesta en tela de juicio de Jasper, incluso de la de Emmett, al parecer, su amistad era demasiado estrecha, tanto como para cubrirse las espaldas uno a otro…

- De acuerdo, solo necesito consultar algo con La Mole, ¿estás con él? ¿Donde están? – pregunto Edward sonando un poco agitado, me mordí la lengua para no gritarle al maldito aparato.

- No es mi culpa que sean un par de flacuchos enclenques – dijo Emmett alto para que Edward por el aparato también lo escuchara.

Los tres rieron, y las chicas y yo nos sentimos ajenas a esta situación testosteronica y extraña.

Era como presenciar una escena de película donde los jóvenes jugadores de futbol se dan latigazos con toallas mojadas y se dan palmaditas amistosas y sucias en sus traseros desnudos.

Y de buena fuente sabia que eso lo hacían todos los hombres.

Y por buena fuente me refería a un ex jugador de futbol americano que solía disfrutar de ese rito y me lo había confesado totalmente ebrio. Es decir Emmett.

Me imagine el baño de hombres del Bar, y Emmett, Edward y Jasper jugando como colegiales idiotas, con una toalla solamente enredada a su cintura y dándose de latigazos con la toalla mojada.

Dios, esa imagen me gustaba más de lo necesario…

- ¡Vamos nenita! – exclamo Emmett riendo mientras se levantaba y se colocaba a lado de Jasper, Rosalie se sentó en el sillón más cercano a Alice y a mí, y las tres contemplamos como Jasper y Emmett se inclinaban sobre la barda y comenzaban a buscar por toda la pista - ¡Ven acá, Edward, para que pueda patearte el trasero a gusto! – rio hablando al aparatito mientras seguían buscándolo por la pista.

Una risita se escucho del aparatito, y las chicas y yo no pudimos evitar girarnos a vernos una a la otra… era tan… extraño que se llevaran tan… bien… tanta confianza, era, realmente extraña y… linda…

Pero sobre todo, la imagen de ellos dándose con unas toallas fue más nítida y brillante.

Maldito alcohol, me estaba haciendo sentir cosas que solo un hombre lindo y que me quisiera debía hacerme sentir…

¡Ah, y también que tuviera un suculento trasero…

Jasper le dio un codazo en las costillas a Emmett, y le señalo con el dedo estirado hacia enfrente, mientras ponía el Walkie Talkie en medio de los dos.

- Vemos que te estás divirtiendo mucho – dijo Jasper con todo cargado, lo que hizo que diera un par de pasos atrás sorprendida, ¿todavía seguía pasándola… bien? – Ven aquí, quiero ver como Emmett te patea el culo, estamos en el privado, las chicas también están aquí – dijo girándose a mirarnos sonriendo y volviéndose a girar.

- ¿Las chicas?, - pregunto la voz de Edward súbitamente interesada, se aclaro la garganta y rio quedamente - ¿qué chicas? – pregunto sonando totalmente atraído por la idea.

Seguramente pensaba que Jasper y Emmett habían ligado a un trió de muchachitas y le iban a compartir el botín...

Como si el muy cabron lo necesitara…

Eso, sin embargo me llevo a pensar en si era muy cotidiano que ellos estuvieran acompañados en el privado.

Porque, conociendo a Emmett… llevándome el golpe de verdad de Edward y mirando las caras que le ponía Jasper a Alice; era un hecho que había sucedido alguna vez…

- ¿Cuáles chicas van a ser? – Pregunto Jasper con una risa de superioridad - Tu hermana y las nuestras, idiota – lo regaño, sonando un poco más duro de lo amigable.

Bien por ti, comploteador…

- O ya veo, sabes, estoy del otro lado, mejor luego iré a patearles el culo a ambos, lo del concurso va a requerir supervisión – respondió Edward súbitamente incomodo, su voz sonaba contrariada, pero también emocionada. C-A-B-R-O-N – ahora pásame a Emmett, tengo una duda – pidió mientras el ruido de música volvía a aumentar.

Maldito, hijo de perra.

Cobarde, facilón… de hermoso trasero…

Jasper le dio el aparatito a Emmett, y se alejo para volver a sentarse sin prestarnos la más mínima atención; yo me gire con la escusa de servirme más whisky, pero mi vaso estaba casi lleno, así que me lo tome de un trago ante la mirada extrañada de Rosalie y levantando los hombros tome asiento junto a ella y me incline para servirme más.

- ¿Qué pasa, Edward? – pregunto Emmett sonando serio de nuevo, como si no se hubieran estado amenazando hacia dos segundos.

- Quiero saber por fin porque canción te decidiste, ¿la pista 6 o la 10? – pregunto Edward interesado, mientras claramente comenzaba a caminar, alejándose aún más del sonido.

- Que sea la 10 – respondió Emmett sonriendo de manera enigmática, mientras se giraba a mirarme; haciendo que el bello de la nuca se erizara.

- De acuerdo, trabajando, Salúdame a las… chicas – pidió entre feliz y burlón.

Imbécil.

Emmett soltó una risita – Te escuchan – le informo, haciendo que el tosiera un poco.

- ¡Oh!, - exclamo sorprendido y angustiado, apreté el vaso entre mis manos y le di un buen trago, para no pararme arrancarle el aparato a Emmett y exigirle a ese imbécil que viniera al privado a que le cortara las bolas – Pues… ehm… ¡Hola chicas! – saludo nervioso.

- Hola - Alice grito como solo ella sabe, Rose se limito a responder con voz normal, yo, tenía el vaso en la boca, así que hice un ademán con la mano que hizo sonreír a Emmett.

- Bien, pues nos veremos en un rato, ¡pásenla bien! – exclamo y después solo se escucho estática.

Cobarde.

Emmett pulso un botón apagando el aparato y se lo devolvió a Jasper.

- Salud, por lo viejos tiempo – propuso Emmett tomando su vaso y alzándolo sobre la mesa, todos estrellamos la cristalería y gritamos ¡Salud! Al mismo tiempo.

Por unos minutos reino el silencio, Jasper había sacado un teléfono enorme con pantalla táctil e imágenes… ¡momento!, eso era su sistema de vigilancia!... Carajo, este lugar rebasaba toda imaginación posible…

Emmett por su parte se recargo en la barda y se puso a mirar el lugar con gesto tranquilo.

Rosalie simplemente, al igual que yo sé dedico a beber y mirar como pasaban las volutas de polvo…

De repente Alice dio un gritito emocionada, le lanzo su celular a Rosalie que lo atrapo con destreza y totalmente desconcertada, después Alice corrió hasta Emmett y le tomo la mano saltando.

- ¡Tienes que enseñarme a bailar salsa, quiero bailar en el concurso! – grito emocionada y dando saltitos, haciendo que Emmett subiera y bajara desconcertado.

- Me encantaría – respondió tratando de acoplarse a la emoción de Alice, sin lograrlo mucho.

La jalo de la mano, y con la pierna movió lentamente la mesita para dejar un poco más de espacio para maniobrar.

Sentí el estomago pesado, Alice en la pista, conmigo, todos bailando, Carajo, esto iba a ser todo un espectáculo de risa.

Aquí, ni las matemáticas servirían, sencillamente, la formula estaba destinada al desastre.

Tomo a Alice en la posición inicial, le puso la mano en la cadera y la otra la aferro totalmente con la mano de Alice.

Esta vez no fue miedo el que sentí, sino, celos, terribles celos de tener que compartir a mi única pareja de baile con mi mejor amiga…

Si, lo sabía, pensamiento egoísta que me hacía la peor amiga y hermana del mundo, pero daba igual, Emmett era mío.

- Es sencillo si puedes acoplarte al ritmo de la música, es como bailar Vals, solo que mucho más rápido – explico Emmett comenzando a dar un par de pasos a la derecha y otros a la izquierda, mientras Alice asentía completamente radiante y concentrada y todos los demás mirábamos interesados.

- Es sencillo – corroboro Alice aumentando la velocidad - ¿Qué más? – pregunto ávida de aprender.

- Pues depende de lo que decida el chico con quien bailas, podríamos dar vueltas, algunos pasos en línea, saltos – Emmett se paró en seco, lo cual no le importo a Alice que siguió dando pasitos rápido – ehm… Alice, yo podría enseñarte a bailar en pareja – dijo incomodo soltándola, haciendo que Alice se parara y lo mirara ceñuda – pero, no podre bailar contigo, Bella es mi pareja esta noche, lo siento – dijo sonrojándose.

Estúpida caballerosidad, ahora me sentía mal por Alice, ella como siempre solo quería probar algo nuevo.

Maldito remordimiento…

- ¡No!, Carajo, yo también quiero bailar – se quejo con carita triste mientras se alejaba de Emmett haciendo amago de sentarse.

Para asombro de todos, Jasper se levanto como si hubiera tenido un resorte en el trasero y avanzo hacia Alice.

- Yo bailare contigo, me avergüenza decirlo pero Emmett estuvo practicando con nosotros toda la semana, creo que sería una pareja aceptable – propuso extendiéndole la mano caballerosamente, Alice no tardo más de dos segundos en tomarle la mano con una radiante y cegadora sonrisa.

Rosalie y yo soltamos reímos divertidas.

¿Habían estado bailando los tres, tomados de las manos y moviendo sus caderitas?

Esperaba que lo hubieran grabado en ese telefonote que Jasper usaba para vigilar, seguro seria el video más visto en You Tube.

- Déjense de burlas – nos recrimino Emmett mientras avanzaba hacia mi – gracias a ellos hoy nos luciremos en la pista, te lo aseguro Bella – dijo picándome, haciendo callar al instante, Rosalie sin embargo volvió a reír, y Emmett la miro divertido – es más Rosalie, tú también puedes entrar al concurso, Edward también aprendió un poco, seguro que le encantara ser tu pareja – le propuso con una sonrisa triunfante.

- ¡Oh no! – exclamo Rosalie levantándose rápidamente de su lugar – no gracias, Alice me dio su teléfono porque quiere grabarlo todo, así que yo me ocupare de eso – pero yo sabía que ni por todo el dinero del mundo Rosalie aceptaría bailar con Edward.

Era una ecuación sencilla: Rosalie más Edward igual a Arma de destrucción masiva.

Emmett se encogió de hombros sin querer insistir y se sentó a mi lado, haciendo que Rosalie se sentara frente a nosotros.

Volvimos a perdernos en la pareja; Alice y Jasper bailaban y sonreían como si fueran los únicos es este planeta, mientras reían por un paso mal dado, o Jasper aprovechaba para posar su mano un tiempo extra del que debiera sobre la cintura, la cadera, el hombro y la mejilla de Alice.

Ella, como siempre se limitaba a sonreír, pero como nunca, llevaba las mejillas completamente iluminadas.

Aunque claro, también dejaba su mano un poco más de tiempo en los hombros, el pecho y el cuello de Jasper.

Solo viendo sus miradas embobadas y sus enormes sonrisas me vi obligada a sonreír.

Se veían tan lindos.

- ¿Estas lista? – me pregunto Emmett poniéndome una mano en la rodilla.

¿Que si estaba lista?

¿Era idiota o solo quería ponerme aún más histérica?

Me sentía como si estuviera a punto de enfrentar a Eso el payaso, vestida igual que él y con globos que flotan repletos de sangre falsa.

Tenía pánico escénico, nunca había podido siquiera hablar bien a los grupos que guiaba en el museo, ¿como esperaba que estuviera lista cuando estaba a punto de irme a estrellar contra el piso mientras sonaba "La cucaracha" o algo así?

- De hecho no – dije nerviosa estirándome por mi bolso – necesito un cigarrillo, muero de nervios – le dije tratando de sacar la cajetilla, pero mi manga se enredo con el broche del bolso.

Emmett me tomo la mano y con sumo cuidado desenredo mi manga.

- Pensé que lo habías dejado – me recrimino algo molesto.

- Lo deje, pero siempre que salimos se me antoja uno que otro – le explique descaradamente – mira Emmett, si no quieres que me desmaye enfrente de todos tus clientes tendrás que conseguirme un cenicero y fuego, necesito fumar – le aclare firme.

Porque era cierto, nada me tranquilizaba más que un cigarro.

Una par de ecuaciones más salieron a relucir en mi cabeza.

Bella más cigarrillo igual a Felicidad.

Bella menos cigarrillo igual a otra mano rota.

Emmett torció el gesto, y negó con la cabeza.

- Lo siento, pero el Bar es un lugar libre de humo, no hay zonas para fumadores – me explico duramente.

- No importa, fumare en el baño, pero lo hare, además necesito acomodarme el cabestrillo, me está cortando la circulación, así que ahora regreso – le dije levantándome y mirando a Rosalie que nos miraba preocupada - ¿me ayudas? – le pregunte firme, no quería un no por respuesta.

Rosalie asintió y se coloco a mi lado, antes de que pudiera dar un paso hacia la salida Emmett me tomo del codo y se levanto.

- De acuerdo, pero no vayas al baño a fumar, eso rompe las leyes – dijo algo enojado – ve a mi oficina, ahí pueden tener la privacidad para que puedas acomodarte el brazo y fumes sin que nadie te moleste – dijo con tono monótono.

- Gracias – le dije acariciando su mano, no quería que se enojara, pero de verdad, necesitaba maldito cáncer en forma de humo en mis pulmones, Ya.

- Al bajar las escaleras a mano izquierda hay una gran cabina, ahí las estará esperando Edward para llevarlas a la oficina – dijo, haciendo que diera un saltito sobre mis pies.

- No, no, no, ahmm… no es necesario, podemos llegar solas – le dije conmocionada, ese no era el plan, ver a Edward haría que me fumara toda la cajetilla de golpe.

- No pueden, la puerta está cerrada, Edward tiene una llave, así que él las esperara en la cabina – dicto Emmett firmemente.

Me mordí el labio desesperada, gire a ver a Jasper, que ya estaba con el Walkie Talkie en mano dándole indicaciones a Edward.

Carajo…

Mierda…

Puta Madre…

Y… más groserías…

- Las está esperando – dijo Jasper sonriente, mientras volvía a tomar de la mano a Alice y volvían a su burbuja de Amor Salsero.

- El concurso empezara en unos quince minutos, nos vemos abajo, ¿de acuerdo? – pregunto Emmett aligerando de nuevo su voz, yo solo atine a sentir sin poderle dar la cara, maldito vicio, lo que hacía por un puñetero cigarro… - ¿Todo bien? – pregunto preocupado.

- Sí, sí, claro, todo perfecto – me apresure a decir, y tome de la mano a Rosalie – nos vemos en un rato – exclame antes de salir corriendo por entre las cortinas.

Baje la primera tira de escalones casi corriendo, arrastrando a una azorada Rosalie que solo me pedía parar.

En el único descanso de las escaleras me detuve y empuje a Rosalie contra la clara pared.

- Rose, por vida tuya, por lo que más ames en este mundo, por favor, no me dejes a solas con Edward – le implore tomándola de los hombros desesperada.

Mi hermosa ecuación de la curva ascendente había descendido drásticamente, esto no podía estar pasando.

Después de todo no estaba preparada para afrontarlo, no podía siquiera pensar cómo iba a mirarlo a la cara.

No sin llorar, golpearlo, gritarle o algo peor.

Y tenía solo una cosa segura.

No quería que nadie se enterara de lo sucedido, de nada, no quería que alguien nos relacionara, salvo Rosalie que sabía mucha de la historia, no quería que nadie más fuera participe de mi miseria.

Era matar a dos pájaros de un tiro, si nadie sabía nada, nadie podría relacionarme cuando encontraran a Edward desmembrado…

- ¡Ay, vamos Bella! – Exclamo Rosalie sonriendo y dándome un empujoncito para terminar de bajar el tramo de escaleras que nos faltaba – creo que eres una tonta o estás muy caliente, ¿no puedes aguantarte un rato para salir del Bar y tirártelo? – pregunto riendo dándome empujones para que bajara.

Seguimos bajando las escaleras, mientras yo negaba vehementemente histérica.

- No Rosalie, ¡No es eso! – exclame angustiada, pero me interrumpió.

- Entonces corre más rápido si tantas ganas tienes de verlo, te juro que no los dejare solos, no permitiré que te lo tires hoy – prometió solemnemente dándome el ultimo empujón para bajar la ultima escalera.

Me gire para explicarle el porqué no debía dejarme sola, él porque si lo hacía la cabeza me explotaría de tanta presión; pero la música de la pista sonó tan alto que hizo imposible que pudiera decir algo que ella escuchara.

Totalmente sonriente y ajena, Rosalie volvió a empujarme para girarme, y cuando me gire, ahí estaba.

Edward estaba recargado en la cabina que nos había dicho Emmett, con las manos en los bolsillos y sonriéndonos radiante.

Me quede helada, miles de pensamientos incoherentes pasaron por mi cabeza mareándome.

Lucia tan glorioso, tan hermoso… tan… cínico.

Apreté la mandíbula, tratando de controlarme, sintiendo el instinto animal de tirarme a sus brazos, pero esta vez era diferente, solo quería apuñalarlo.

Rosalie comenzó a empujarme para que avanzara, pues estaba completamente estática.

Mientras nos acercábamos la sonrisa de Edward se amplió con cada paso de cercanía, sus ojos brillaban emocionados, su sonrisa era autentica, enorme; parecía ansioso por poder estar conmigo.

Seguramente estaba ansioso de decirme que estaba hermosa esta noche, que quería embarrarse a mí como se le había embarrado a esa puta rubiecita.

Pero lucia tan feliz, tan auténticamente feliz y emocionado, que parecía que de verdad estaba así por verme.

No me paso desapercibido que me miraba de arriba a abajo, maravillándose de mi aspecto, regodeándose de saber que sus manos me habían saboreado, que me había entregado a él.

Aunque él, no había aceptado esa entrega.

Cuando estuvimos a escasos dos metros Edward camino hacia nosotras, ampliando aun más esa hermosa sonrisa, luciendo ansioso por acortar nuestra distancia.

Rosalie dejo de empujarme y me detuve, justo frente a una puerta, mientras ella reía quedamente, completamente ajena a mis propios sentimientos.

Incluso yo era ajena a ellos, estaba perdida en millones de emociones, cada una contraponiéndose con la anterior.

Edward, impasible y radiante; se detuvo frente a nosotras jugueteando distraídamente con sus dedos girando un par de llaves mientras sus ojos navegaban por mi cuerpo, haciendo que su mirada verde e hipnotizante vibrara de pura anticipación.

Quería disfrutar aquella mirada, de verdad quería creer, como antes, que sus ojos me seducían y se deleitaban, que su mirada se alegraba con mi presencia, que él era feliz por el solo hecho de estar conmigo.

Pero solo podía pensar en él y su rubia amiga.

- Hola – dijo alto, tan alto y agudo que sonó casi como Alice, inmediatamente sus mejillas se colorearon, haciendo que Rosalie riera burlona, pero yo, ni siquiera pude abrir la boca.

- Hola – respondió Rosalie tapándose la boca para disimular su risa.

Aún no había logrado esa inmunidad tan deseada, sus encantos masculinos seguían haciendo estragos en mí, sentía las piernas flojas y una sensación tirante en las mejillas, estaba a punto de sonreír.

- La oficina esta al final del pasillo, yo las esperare aquí – explico mirándome fijamente, como esperando que comenzara a babear o a que me salieran burbujas en forma de corazones de las orejas.

Pero por como lucia él, era todo lo contrario, parecía a punto de comenzar a cantar una canción romántica mientras recortaba corazoncitos de papel.

Su mirada era suave y tierna, pero intensa, su sonrisa amplia pero enigmática, su frente estaba levemente arrugada y se arrugo más cuando yo no respondí nada.

Incomodo y mucho menos desparpajado, se giro y comenzó a abrir las dos cerraduras de la puerta con torpeza.

- Pensé que te quedarías toda la noche dormida – dijo como no queriendo la cosa mirándome de reojo, en un intento de hacer que abriera la boca – le advertí a Emmett que era probable que no vinieran, me da gusto que estén aquí – dijo girándose complemente y abriendo la puerta con presteza y caballerosidad, se coloco a un lado para darnos paso.

Rosalie, en un intento, supongo, de brindarnos un poco de privacidad se adelanto y entro al pasillo, por su lado Edward aprovechando el movimiento de Rosalie, dio un par de pasos hacia mí.

- ¿Cómo te sientes? – me pregunto soltando la puerta y sonriendo con la boca torcida.

Di un par de pasos al frente, acercándome a la puerta y también acercándome a él, por mero impulso, quizás.

Quedamos justo delante de la entrada, como una fotografía enmarcada, dándole la mejor de las perspectivas a una atenta y sonriente Rosalie.

Edward me miro con dulzura, y mientras me recorría con la mirada me moví inquieta, acortando aún más la distancia.

Se fijo en mi brazo medio doblado y enyesado que descansaba sobre mi vientre.

- Estoy perfectamente – atine a decir, con voz cortante y reseca, haciendo que el frunciera el entrecejo preocupado.

- Siento no haberme quedado hasta que despertaras, pero Emmett necesitaba que viniera a trabajar – se excuso acortando la ya escasa distancia que había entre nosotros y tomándome sin miramientos la mano lastimada.

Quise retroceder, echarme a correr hasta que estuviera del otro lado del país; pero mis piernas se doblaron un poco, mis defensas estaban por caer.

Estaba siendo tan lindo, tan atento.

Tan putamente descarado.

- No importa – respondí enojada, tratando de regresar algo de coherencia a la delirante situación – supongo que no será la única promesa que has roto – le espete sin poder aguantar el acido en mi voz.

Edward se cuadro de hombros, giro un poco para ver a Rosalie que no se perdía un momento de la escena con una enorme sonrisa, yo también la mire, pidiéndole ayuda a gritos con los ojos.

Sin más, y haciendo que de verdad se me doblaran las rodillas, Edward estiro su mano y tomo mi otra mano, mientras se acercaba, dejando solo la distancia necesaria para poder respirar.

- Por favor, no te molestes, no me trates así – me pidió haciendo un pequeño mohín, que para mi puta mala suerte, me pareció más que adorable – Estoy feliz de estés aquí – susurro acercándose a mi oído, haciéndome temblar – luces magnifica, la mujer más hermosa del Bar sin lugar a dudas, posees la belleza de una diosa mítica, me siento privilegiado de poder si quiera tomarte de la mano, - hizo una pausa en la que exhale fuerte, completamente perdida entre mis emociones – Bella, eres la mujer más hermosa que he tenido la dicha de admirar – me dijo, y acto seguido me beso la mejilla inocentemente.

Di un respingo conmocionada.

Sus palabras me habían dejado sin aliento, me habían hecho olvidar hasta mi nombre, me habían hecho olvidar que el me había engañado.

Pero el efecto, solo había durado mientras su labia ponzoñosa estaba en acción, endulzando mis oídos.

Al contrario de lo que él esperaba, su discurso no había hecho más que humillarme.

Lo veía tan claramente en mi imaginación, diciéndole a cuanta rubia con senos falsos le pasaba en frente que era la mujer más hermosa, que se sentía dichoso de tocarla.

Edward, además de ser un Puto cabrón, era una serpiente mentirosa y manipuladora.

Enojada, alce la mano que no tenía envuelta con la suya, dispuesta a sacarle los ojos, masticarlos y regurgitárselos en la boca, pero justo cuando estaba a punto de quitármelo de encima, mi mano en pleno aire, fue atrapada por otra mano.

Sentí un jalón, y Edward y yo nos separamos abruptamente.

Ambos giramos y sentí como Rosalie me jalaba dentro del pasillo que guiaba a la oficina de Emmett, sonreía completamente malévola.

- Si, si, que lindos, mucho amor, perooo – exclamo colocándome detrás de ella – aquí no pueden ser tan descarados, - dijo apuntando a Edward – a ti, su hermanito de rompería las piernas por tocar a la luz de sus ojos, y a ti – dijo señalándome – Si Alice no se vuelve loca y te mata, seguro que te sacara del Bar para irte a comprar el vestido de Novia – me advirtió, horrorizándome – así que, como soy una muy buena amiga, declaro, oficialmente cerrada la hora de caza, por lo tanto – dijo mirando a Edward de manera burlona - me llevare a tu presa para que se acomode el brazo, así que tendrás que cazar después, lobo feroz – se burlo.

Abrí los ojos como platos y Edward me imito.

Estaba completamente en shock.

¿Lobo feroz?...

¿Pero como carajos…?

Demonios, demonios, demonios…

En los escasos segundos que le siguieron a las palabras de Rosalie, Edward tuvo una variante de gestos tremenda.

Primero abrió los ojos como platos poniéndose completamente blanco, medio segundo después se sonrojo completamente, y medio segundo después de eso su mirada se ensombreció convirtiendo sus ojos en piedra y su rostro en el de una medusa.

Literalmente pude ver cómo le salía humo por la nariz.

Estaba furioso.

- Vaya que sabes guardar secretos, Caperucita – espeto molesto, y sin darme tiempo de dar una explicación que no existía, cerró la puerta con un gran estruendo, haciendo que todos los sonidos se apagaran.

- Vaya idiota, pensé que era más inteligente, claro que se que ustedes se coquetean, yo estaba ahí cuando él estaba desnudo en el pasillo de tu casa – dijo Rosalie haciendo aspavientos y jalándome para recorrer el estrecho pasillo, después comenzó a reír, dejándome aun mas desencajada - ¿Con que Caperucita eh?... ya tiene nombres perversos para sus acostones? – me pregunto con sorna mientras alzaba las cejas divertida.

Pero estaba tan confundida, que ni siquiera lo tome en cuenta.

- Soy una idiota – dije mas para mí misma que para ella, había podido hacer mil cosas, pero como siempre, sencillamente me había quedado callada.

Dejando a Edward con la maldita sensación de que había roto el más grande secreto de ambos.

La manera en que nos habíamos conocido.

Se sentía traicionado, dolido, humillado; y eso me molestaba de mil maneras.

Aquí yo era la ofendida, la traicionada, dolida y humillada; el muy cabrón se había revolcado con alguien más, ni siquiera sabía si solo había sido una; y yo, tontamente, ni siquiera me había atrevido a romper la promesa de nunca abrir la maldita boca.

Ahora él era el ofendido y yo era la habladora imbécil.

Esa era una ecuación que no quería, que no iba a pasar, yo era la afectada, no él, el no podía hacerse el ofendido.

Bella a la n potencia, se alzaría sobre Edward como variable, anulando el valor de este.

Es decir, cabrón, me las iba a pagar.

- No eres idiota, - dijo Rosalie atrayendo mi atención – al menos no lo suficiente para que podamos llamarte así, - rio divertida, estaba completamente perdida de lo que había pasado, y mejor, no quería dar muchas explicaciones - aunque, si eres un poco idiota, un mucho tal vez, ¿Cómo puedes querer a un tipo tan estúpido como Edward, Bella? – me pregunto divertida, mientras se mordía el labio para callarse una risita.

Pero la pregunta me había llegado a lo más profundo.

De verdad ¿Cómo podía quererlo?


Bien pues, he aquí la actu!

Explicaciones, he estado, como dicen mucho en mi país, (sobretodo mí mamá jajaja) de Pata de Perro, este puente de Halloween, día de Muertos, y antes de eso, estuve en mi casa solo lo necesario, así que no pude hacer gran cosa, lo siento mucho.

De hecho ahora voy de salida, y me apresuro a publicar y hacer mis pendientes jajaja

Espero les haya gustado, no sé si rompí el record de escribir un cap. mas grande, jaja, pero estoy segura que tardaran en leerlo, así que espero con mucha fe, que lo disfruten, de verdad.

Ahora, avisos; siguiente publicación, SIN FALTA el próximo lunes, ahí… bueno, se que les gustara jejeje, lo han estado pidiendo en sus reviews.

Lo siguiente, en varios reviews me han preguntado que pasa con Cenit, mi otro fic.

Como se habrán dado cuenta, no he publicado hace casi un año, sino más, el porqué, sinceramente es que la historia me gano, la siento demasiado grande para mi, y bien, no me he dado el tiempo y la concentración necesaria para terminarlo, porque lo máximo que le falta a Cenit son 3 capítulos.

Con Noches andando, ocupo toda mi imaginación, y no puedo concentrarme en Cenit, de hecho había estado rondando en mi cabecita últimamente la idea de quitarlo del FF.

Pero, me han metido las cosquillita de terminarlo, pero estoy indecisa, así que, les pediré una gran Ayuda.

Siempre me he inspirado y apoyado en ustedes para tomar decisiones con respecto a la historia, y quiero que esta no sea una excepción.

Publicare una encuesta en mi perfil, donde ustedes pueden hacerme el favor de votar.

Si quieren que termine Cenit, tendría que dejar cosa de 2 a 3 semanas Noches, para poder concentrarme al 100 con Cenit.

Así que, ahí estará la opción, si me dan el sí para Cenit, publicare dos capítulos más de Noches, es decir, dos semanas estará la encuesta en mi Perfil, al final de las dos semanas, en cuanto publique el capítulo 21 de Noches, la encuesta se cerrara, ustedes tienen la decisión =)

Y Bien, si no han leído Cenit, y no saben de que hablo jajajaja, vayan a a mi perfil, y espero que lo disfruten.

Ahora, y como siempre, quiero agradecer con el corazón, y dedicar este capítulo, a Todas ustedes, que me animan, me elevan el espíritu escribiente, y me hacen reír con sus reviews!

NAOBI CHAN, V, SOPHIN, ELYTA, NATHA1121, AMERYTOH, -DULCE AMOR-, NIKOLA CARACOLA, IDTA, TINACULLENSWAN, PAULINA, NOELLE XD, TATA XOXO, EBRUME, ROCIO90, GABRIELA, LUCIA2176, VITA UT DOLOR, NOE, KATYCULLEN, , PEDRO, YOLABERTAY, ERICASTELO, PAULACULLEN, CULLEN-LEMMON, (), ROX87, NAI-ZARAUTZ, GEORGINA, AIIRAM, MARU ARGENTINA, (), KLAUDIA T, JAZZ CULLEN-SWAN, ANONIMO, WINKY CULLEN.

Este Capítulo, va para ustedes, Con todo el corazón!.

Sin más espero que lo hayan disfrutado, y nos leemos el Lunes, sin Falta repito, para la sorpresita que les tengo jojojo.

Beshos y Buena Vibra! =)