Hola de nuevo!

Regrese!, ya vieron cuantas palabras dice que tiene la actualización?...NO?, bueno vayan a leerlo... Ya?, sorprendidas?, pues si, son 49 hojas de capitulo, más una larga e informativa nota de autor.

Lo más importante, Gracias a Mundo Fanfiction, en este capitulo se ha subido al barco EriCastelo, nueva Beta de esta historia.

Es excelente Beta, ya verán lo mucho que me ha ayudado, comparen por favor capítulos anteriores con este, Erica es magnifica.

¡Por eso vamos a hacerle un monumento!

Pero, después, ahora es tiempo de leer Noches!, Espero que lo disfruten mucho!

Disclaimer: Twilight no me pertenece, pero no uso esa historia; los personajes no me pertenecen, pero esos personajes solo los use de inspiración para crear estos; en realidad solo las letras de esta entrada me pertenece, y no todas por que EriCastelo me hizo muchas correciones xD

En resumen: Disclaimer: Ya saben que estamos en Fanfiction . net, asi que no, nada que tenga una marca sobre el me pertenece, la historia si.

¡Disfrutenlo!


CORRIDOS.

... 1001 Ovejas, 1002 Ovejas, 1003 Ovejas, 1004 Ovejas, 1005 Ovejas... 1006... Ovejas... 1007... Ovejas... 1008... Ove... jas... 1009... ... O...ve... ja...ssss...

¿No se supone que contar ovejas ayuda a dormir?

Yo no quiero dormir... ¿Por qué estoy contando ovejas?

"Porque no tienes mucha imaginación... y a decir verdad, no hay mucho que hacer aquí, te recuerdo que sigues encerrada en un baño, tan blanco y desinfectado, que... no sé, me recuerda otro lugar"

Sí, gracias al cielo, (nótese la puñetera ironía) no estaba del todo sola, aquellas malditas habían regresado.

"¡Hey!, se que estás frustrada por la latente posibilidad de que muramos aquí encerradas y olvidadas del mundo, pero no tienes porque desquitarte con nosotras"

– ¿Qué no se supone que tú eres la buena? – pregunté algo frustrada y a decir verdad asustada, tenía razón, y ya lo había pensado, ¿Qué tal si ya se habían olvidado de mi, que tal que moría aquí por inanición, por olvido... o peor aun... por ahogamiento causado por las lágrimas?

"Oh, Por favor, no comiences a berrear de nuevo, bastante nos costó callar tus gritos de vaca moribunda como para que comiences otra vez"

"No le hables así, su llanto estaba justificado, es decir, te recuerdo que llevamos fácilmente una hora aquí, nadie se ha acercado siquiera a ver si una vaca moribunda se metió al bar, eso es mala señal"

Ay mierda, ¿Por qué a mí?

Me volví a remover en el suelo, empujando de nuevo la inútil puerta, y sí, seguía cerrada.

"Pues claro que sigue cerrada, no vino Campanita a abrirla con sus polvos mágicos de Hada" dijo la Bella, bueno ya no sé si hay una buena y una mala, para mí las dos están locas "Mira cariño, como lo veo, te vas haciendo a la idea en qué posición quieres que te encuentre el equipo de CSI, vamos a morir aquí" me dijo, haciendo que me estremeciera, y sin poder evitarlo, las lágrimas volvieron a humedecer mi rostro, ya húmedo a decir verdad.

Ya se me había pasado el berrinche inicial, pero parecía aspersor en plena primavera, a estas alturas el 70% de mi cuerpo que era agua seguramente se había reducido a un 40%, ¿Cuándo me iba a quedar seca?

"Cuando te encuentren, seguro ya estarás seca, tal vez ya seas una momia" dijo una de ellas, provocándome otro estremecimiento.

"A ver, retomemos, dime, ¿a qué lugar te recuerda el baño?" le preguntó una a la otra.

Esto estaba cada vez peor, ahora ni siquiera era parte de la plática.

¿Era acaso que estaba en mi lecho de muerte y las alucinaciones me ayudaban a no pasar tan solitaria y terriblemente mis últimos momentos?

"Dios, eres una melodramática de primera, ¿has pensado en ser actriz?"

– Ah decir verdad, sí lo he pensado – respondí sorbiendo mi nariz y limpiándome la cara con la frazada ya húmeda.

"Demasiado tarde cariño" me respondió una con una risita malvada "Responderé a tu pregunta compañera, el baño me recuerda a la morgue de las series de televisión" volví a estremecerme mientras ambas reían macabramente.

"Buena analogía"

"Lo sé"

– Sí, definitivamente prefiero estar sola – dije enfurruñada y asustada.

Pero a pesar de todo, sabía que esas puñeteras voces me pertenecían, eran un eco de lo que yo pensaba.

"No te adornes querida, somos autosuficientes" dijeron ambas, y bufé molesta.

– Entonces, carajo, si son autosuficientes, ¿Por qué no han pensado en una manera de salir de aquí?, porque les recuerdo que si yo muero ahogada en lágrimas, me las cargo a ustedes par de loros macabros – reclamé en un susurro, sintiéndome estúpida y apagada.

Mi voz sufría los estragos de aquel berrinche, me había quedado afónica.

Antes de que cualquiera de las tres pudiéramos decir algo, mi celular volvió a sonar... afuera.

¿Cuántas veces había sonado?, no lo sé, y ciertamente me importaba una mierda, podría ser el mismísimo Presidente de los Estados Unidos preguntándome la jodida hora, de todos modos no podía responder.

Era puñeteramente irónico que mi celular tuviera más suerte que yo y estuviera libre en el puto mundo, para recibir llamadas del Presidente y yo estaba aquí, encerrada en una maldita tumba blanca y libre de bacterias, acompañada de un par de voces castrantes e idiotas.

"A que sería genial que el que está llamando sea el Presidente" ofreció una con una risita idiota, por su tono soñador, podría suponer que era la que antes se solía auto nombrar la Bella–Buena.

"Ciertamente sería genial, ¿te imaginas?" se aclaró la garganta... si eso era posible e hizo una voz grave y masculina "¿Eh Bella Swan?, Llamamos de la Casa Blanca para saber la hora de su muerte, cuando la sepa háganosla saber, y otra cosa, ¿firmó su testamento?, espero que no le herede problemas a sus seres queridos, Buena Noches, y ¡Descanse en paz!"

– ¡Mierda cállense ya! – exclamé frustrada y enojada.

Yo nunca había tenido un humor tan negro como el de estas dos.

Al menos estaban haciendo bromas sobre la deprimente situación, pero cada vez sus bromas eran peores, de un humor tan turbio que, de hecho, estaban logrando asustarme.

"Bella, Bella, florecilla marchita, no tengas miedo, afróntalo, moriremos aquí" dijo la buena, logré identificarla, porque sonaba triste "ahora, pensemos con claridad, hablando en serio, ¿tienes un testamento?"

– Pues... si – respondí un tanto derrotada, tal vez tenían razón, estaba viviendo mis últimos momentos, tenía que ser responsable.

"¿De verdad tienes un testamento?, ¡No jodas, pensé que eras paranoica y melodramática, pero esto es pasarse de la raya!" exclamó divertida la mala, comenzaba a diferenciarlas de nuevo.

"Es responsable, dime, cabroncilla, ¿a quién le dejaste todo?" esa sonaba como la buena, pero, la buena no decía palabrotas... así que me volví a perder.

– Lo repartí entre Alice, Rosalie y Mamá – dije imaginando como les caería saber que tenían una herencia – a las chicas les dej el departamento y unas acciones de la empresa de Phil, a Renée todo lo demás – expliqué.

"¡Genial!, Bella irás al cielo, de eso no hay duda, dejaste herencia a tus seres queridos, donaste a causas benéficas, y sigues siendo virgen, aunque fuiste una zorra nadie te tomó, así que serás admitida en el cielo" bufé molesta, idiota.

"Las chicas, después de llorar como cocodrilos, estarán felices de tener casa propia" comentó una de ellas sonando soñadora "tal vez estén tan felices que te harán un corrido"

– ¿Qué? – pregunte perdida, corrido tenía muchas implicaciones gramáticales, y la verdad, esperaba que no fuera la perversión que tenía en mente.

"Si serás puerca" me regañó una de las dos "Me refiero a un 'corrido' una canción, como se las hacen a los narcotraficantes famosos en México cuando mueren... ¡sería genial!" explicó divertida, la otra soltó un grito agudo que me recordó a mi querida Alice, a la cual extrañaría mucho en el cielo.

"Uh, Uh!, ¡Hagámoslo nosotras!" sugirió la gritona poniéndome los vellos de la nuca en punta "Será divertido, y así mataremos... el tiempo que nos sobra" y otra risa macabra resonó en mi cabeza.

Ay mierda... ¿Por qué?

Resignada, me arropé hasta la nuca con la frazada algo húmeda y fría, me acurruqué haciéndome bolita contra la esquina del baño a un lado de la puerta, y así, resignada comencé a escuchar cómo se hace un corrido.

"¡Esto será tan divertido!" exclamaron ambas emocionadas.

De la nada, desde el fondo de mi cabeza... o algún lugar cercano, claramente escuche el sonido de... ¡¿un bajo afinándose?

¡¿De dónde demonios sacaban las voces en mi cabeza un bajo?

"Y no sólo tenemos eso" respondió una, y acto seguido, escuché algunos acordes dispares de un acordeón.

Ay mierda.

No sabía si aterrorizarme, o sencillamente aceptar que afortunadamente iba a morir, sino, hubiera salido con un pase directo al manicomio de más alta seguridad del país.

La verdad era escalofriante y divertido a la vez.

¡La expresión de llevar la música por dentro ahora me parecía sublime!

Comenzaron a tocar los instrumentos, haciendo una tonada que de verdad parecía un corrido, y yo solo escuchaba como mi cabeza parecía haberse vuelto un estudio musical.

Esto era tan bizarro.

"¡Lo tengo!" exclamó una y ambas rieron con demasiado entusiasmo.

Volví a escuchar mi celular sonar a lo lejos, pero estaba mucho más interesada en la musiquilla que venía de mi cabeza.

Pun chan chan, pun chan chan; esa era la tonada del bajo, después se le agregaron los acordes del acordeón.

Se aclararon la garganta y al unisonó comenzaron a cantar.

"Esta es la historia de Bellaaa, la virgencitaaa Swaaa– annn" dijeron con el típico sonido de corrido, no pude evitar la risa nerviosa que salió de mis labios, definitivamente estaba desvariando.

"Cuando cumplió tres años, su papá la dejó caer de un columpiooo– ooo" siguió la canción, mientras ellas cantaban, tocaban y reían "Se le cayeron dos dientes, pobre de Bella la virgeeeenn" volvieron a reír, mientras mis risas se convertían en más que nerviosas, sonaban histéricas.

Sin poderlo evitar, las lágrimas volvieron a mojarme el rostro, esta vez no sabía por qué, pero seguía llorando.

"Siempre fue una precoz, pero nadie le hizo caso– ooo, murió virgen la pobre, sin probar lo que es un orgasmo– ooo" dejé de reír, eso había sido cruelmente cierto.

Entre los sonidos de los instrumentos imaginarios y las voces risueñas de las compositoras del siglo, y mis propias risas histéricas y sollozos; escuché como cosas se movían y caían, en un total caos.

Un parte de mi cabeza me alertó, cerré los ojos algo asustada, tal vez era un terremoto, y mi fin estaba cerca.

Me concentré en el corrido de Bella la virgencita Swan, era lo único que podía hacer.

"Siempre tuvo mala pata, tuvo más accidentes que nadieee– ee, en el hospital le hicieron un homenaje, por ser cliente frecuentee– eee" las cosas seguían moviéndose y cayendo, sin embargo no abrí los ojos, sentía la risa histérica agitando mi cuerpo, esperando el final "A los 16 años conoció al amor de su vidaaa– aaa" la risa se me atoró en la garganta "Pero como se esperaba, él ni le vio el escoteee– eee" volví a reír, esta vez amargamente, eso no era del todo cierto.

Era demasiado extraño, ¿Esta era mi manera de ver pasar la vida antes de morir?... parecía High School Musical Mexicano...

Un ruido más fuerte que los otros me sobresalto, abrí los ojos de golpe, y mire la puerta, antes de poder analizar lo que pasaba otro golpe sonó fuerte, mientras la puerta se estremecía.

Seguramente estaba a punto de caer por el terremoto, aunque, extrañamente, no estaba mareada y no veía que nada se moviera, solo los ruidos me decían que algo estaba pasando.

Si moría aplastada por una puerta... no quería verlo.

Cerré los ojos de nuevo mientras otro golpe sonaba.

"Su padre había muerto, había quedado solaaa– aaa, su madre y ella quedaron con deudas hasta la cooo... ronaaa" solté un bufido, esa parte de mi vida era importante, pero nunca, nunca me gustó recordarla.

"Su vida fue alocada, por el alcohol y otras cosaaaa– aass, hasta que encontró en ella, una nueva persona– aaa, Venus le trajo a su vida, la felicidad que no hallabaaa– aaa, le dio fama y fortuna, y la tranquilidad que anhelabaaa– aaa" volví a reír.

Era cierto, Venus era otra persona en mí, además de las acompañantes musicales que ya tenía, pero Venus, a diferencia de este par de locas que solo me hacían querer arrancarme la cabeza para no escucharlas, me había dado la felicidad y paz que Papá se había llevado con él.

"Años pasaron tranquilos hasta que en una borracheraaa– aaa, conoció a un culo lindo, que le roboo la cabezaa– aa" mis risas se volvieron aun más histéricas, mi rostro estaba empapado por las lágrimas, y los golpes no dejaban de sonar "Ese era Edward Cullen, el culo mas redondo y suculento del pueblooo– ooo, Bella se enamoró de él, pero el culo lindo ni en cuenta– aaa"

Mis risas se combinaron con sollozos.

Tenían tanta maldita razón, estaba tan prendada a Edward, tan jodidamente calada hasta los huesos de él; y él, él simplemente no me correspondía.

Y si lo hizo, ya no importaba, jamás lo vería.

Mi cerebro hizo clic, un molesto clic a decir verdad.

Si moría en este momento, mi último pensamiento sería para él, que poéticamente patético, mis últimos pensamientos para un hombre que en una semana me volvió loca en muchos sentidos.

Me volvió loca de encanto, de rabia, de odio, de remordimiento, de lujuria, de placer, de confusión, de coraje, de intriga, de duda, de locura... de loca locura.

Y no me importaba, si tuviera otra oportunidad con él, si regresara el tiempo, haría las cosas igual, Edward Cullen me había robado el jodido corazón.

Y él se lo quedaría.

"Bella, Bellita no llores, Edward te extrañaraaa– aaa, nadie podra reemplazar, tu cuerpo virgen y entregaaa– aaa, y así es como Bella la virgencita Swan, murió por..." ambas se quedaron calladas.

"Eso no rima" dijo una regañando a la otra.

"Pero es cierto, Bella murió por el mejor culo, el mejor hombre, y el mejor pene que hemos visto" respondió la otra, mis risas aumentaron, y los sollozos también.

Carajo, quería otra oportunidad.

Otro golpe sonó, y otro inmediatamente, mientras las lágrimas, risas y sollozos se combinaban en una extraña mezcla perturbadora.

Mi cerebro no alcanzaba a ordenar las ideas, a entender que pasaba, o siquiera a poder darme la orden que dejara de llorar, reír, o ambas.

Entonces el miedo regresó.

No podía resignarme, no quería, me aterraba morir.

Y sólo porque en el corrido se coló el nombre de Edward mi cerebro se aferró a esa idea, no quería morir.

Tal vez estaba sobreactuando, tal vez las cosas saldrían bien, pero mi cerebro caótico no encontraba una razón para pensar que así seria.

Tenía miedo, estaba aterrada, nunca me había quedado encerrada en un lugar, no importaba si estaba vestida o no, en un lugar público o no, había descubierto que además de todo, era algo claustrofóbica, sin embargo lo que más me aterraba era saber que tal vez nadie vendría a buscarme, quedarme aquí eternamente y aparecer en un programa de lo insólito como la muerte más absurda.

Y ni siquiera me pagarían por la aparición…

Una risotada histérica acompañada de un aullido lastimero salieron de mi pecho llenando el lugar, y acto seguido un golpe mucho más fuerte que todos los anteriores resonó haciéndome saltar y abrir los ojos.

Vi una pieza dorada volar al otro lado del baño, y como la puerta se abría de golpe azotándose contra la pared del lado contrario al que estaba.

Mi cerebro caótico, terminó por detenerse completamente.

– ¿Bella?

Alcé la mirada y frente a mí con la cara roja, un sudor perlado recorriéndole la frente y los ojos desorbitados y aterrados estaba Edward Cullen.

El respiro que tomó mi cerebro, sólo duro el momento en que contemplé a Edward parado frente a mí mirándome aterrado y confundido, sin decir una palabra.

Y entonces todo volvió a comenzar.

Mis Bellas internas comenzaron a tocar algo parecido a una marcha de festejo, como en las bodas o fiestas importantes, mientras gritaban y reían alegres, festejando que Edward estaba aquí.

Mis mejillas volvieron a mojarse, lágrimas copiosas comenzaron a salir de mis ojos incrédulos.

Edward estaba aquí, Edward me rescataba de nuevo, Edward estaba aquí, y por alguna razón que no entendía, sabía que todo esto era real, que no era parte de una alucinación pre mortem, estaba a salvo, Edward me había salvado... de nuevo.

¡Era tan jodidamente tele novelesco!

Sin poder evitarlo, acompañando mis lágrimas unas risas histéricas se comenzaron a suceder una tras otra, cada una más fuerte e histérica que la anterior.

¡Estaba a salvo, no moriría, Edward me había rescatado otra vez!

¡Edward estaba aquí!

¡No voy a morir!

Risas y sollozos salieron de mí, sin ningún orden o coherencia, mi cerebro seguía su alocada carrera caótica, no entendía ni analizaba nada, sencillamente estaba riendo y llorando mirando a un Edward que cada vez lucía más aterrado y confundido.

Supongo que lo que me pasaba podría calificarse como un desliz psicótico, o como una epifanía... sí, prefería la epifanía.

Y esta se vio en su tope más álgido cuando de la nada un grito atronador, rebosado de alegría y terror salió de mi pecho, haciendo saltar a Edward en su sitio, y haciendo que yo misma perdiera el precario equilibrio que mantenía acurrucada contra la pared.

Caí de lado sobre el piso, el grito había apagado los sollozos y las risas, y al fin me vi posibilitada para respirar sin emitir otro sonido más que el de mi propia respiración.

"Bueno querida, creo que todo está bien, ya no nos necesitas, ¡Suerte!" dijeron ambas Bellas antes de que mi mente quedara en completo silencio.

Una sonrisa estiró mis labios, y antes de poder disfrutar de mi soledad, Edward se arrodilló frente a mí, colocando sus manos en mis hombros para incorporarme.

Lo dejé hacer, me sentó y recargó contra la pared, mientras analizaba mi rostro.

Con suma preocupación comenzó a recorrerme toda con la mirada, se tenso súbitamente apretando sus manos contra mis hombros cuando reparó en la frazada que ya no me cubría tan bien, y había dejado al descubierto mis braguitas.

Volvió a mirarme a los ojos, aterrado, buscando en ellos alguna respuesta, algún indicio de algo que aun no lograba entender.

– ¿Bella? – Preguntó titubeante, como si yo fuera extraterrestre y no hablara su idioma, sin embargo en su voz se colaba un miedo y coraje tremendos, que me obligaron a comenzar a reunir y ordenar mis ideas – ¿Bella, qué tienes, qué pasó? – preguntó en un susurro.

No respondí, mi mente todavía estaba organizándose, y Edward impaciente separó sus manos de mis hombros sólo para llevarlas a mis párpados y jalarlos hacia arriba, para tener más visibilidad de mi globo ocular...

¿Acaso estaba haciendo un chequeo médico?

– ¿Bella? – volvió a llamarme y esta vez me di cuenta que reaccionaba a su voz, mi cabeza se movió para poder verlo, él pareció tranquilizarse un poco – Bella, necesito que hables, que me digas qué pasó, quien fue y qué te hizo, necesito que estés conmigo, quiero ayudarte – explicó, confundiéndome.

¿Qué quien me hizo qué?

Confundida lo miré, él seguía analizándome toda, haciéndome sentir más desnuda de lo que ya estaba.

Con delicadeza jaló la frazada y la acomodó bien sobre mis piernas, para ocultar mi ropa interior, lo volví a dejar hacer, me sentía cansada no tenía ni las energías suficientes para arroparme por mí misma, mucho menos para hablar.

Tomó mi muñeca con mano temblorosa, sin despegar su mirada de la mía, presionó dos dedos contra el interior de ésta y miró su reloj, contando en un susurro.

Mi cerebro al fin estaba presentable, y las ideas organizadas aunque precariamente, me permitían entender que pasaba.

Ya no estaba encerrada, y ciertamente la única posibilidad latente de morir era un desastre natural, una explosión o que me atragantara con mi saliva; Edward estaba aquí, y parecía a punto de un colapso, por su actitud podía suponer que pensaba que algo malo, medicamente hablando, me había pasado, y ahora checaba mis signos vitales.

Eso me causó un revoloteo de sentimientos, pero el predominante fue la culpa.

– Estoy bien – susurré llamando su atención, él se irguió violentamente soltando mi muñeca y mirándome con una mezcla de alivio y preocupación que me gustaron demasiado.

– ¿Qué pasó? – preguntó arrodillándose frente a mí en una posición más cómoda de la que tenía anteriormente.

– Me quedé encerrada – respondí más alto, notando que mi voz seguía ronca.

– ¿Quién te encerró? – preguntó serio, mirándome con dagas en los ojos, pero conociéndolo tanto como lo conocía, (que ciertamente era demasiado contando que tenía una semana de conocerlo) sabía que esas dagas no eran dirigidas hacia mí, estaba tratando de ocultar algo que lo disgustaba, estaba disgustado, pero, no entendía con quien o porque.

– ¿Nadie? – pregunté en respuesta, confundida por su actitud, el frunció el ceño, esperando una respuesta más completa – Estaba con Quil, tomamos unos tragos, y tuvo que irse, me dieron naúseas y vine al baño – el entendimiento comenzó a relajar el rostro de Edward, pero a medida que su rostro se relajaba, aquellas dagas que ocultaban precariamente el disgusto en sus cristalinos ojos fueron dando lugar a una bien formada y clara rabia.

Mi voz no sonaba muy tranquila, de hecho sonaba como Bambi cuando descubrió que a un cazador se le antojo carne de Mamá Venado para la cena – Él me advirtió que no cerrara la puerta, pero iba a caerme, así que accidentalmente la cerré, la golpeé, pero no se abría, y el celular se quedo afuera... – suspiré sintiendo que mis ojos volvían a humedecerse – Quil dijo que no muchos tenían llave, y que el lugar no era frecuentado... yo... pensé que me quedaría aquí... estaba aterrada – y ¡sí señor!, de nuevo volví a mojar mi rostro con el porcentaje de agua que me quedaba en el cuerpo.

Sin más Edward me abrazó, apretándome fuertemente contra su pecho que subía y bajaba aceleradamente mientras mis lágrimas le mojaban la hermosa camisa blanca que llevaba.

No entendía como habiendo llorado tanto, seguía teniendo agua de sobra en mi cuerpo, pero era así.

Y la verdad, no me quejaba, las lágrimas habían hecho que Edward me abrazara.

Comenzó a acariciarme a espalda, cada segundo apretándome más contra él, como si quisiera que nos hiciéramos siameses.

Y repito, no me quejaba.

– Tranquila, todo está bien – susurro Edward con tono apacible, tranquilizándome, me aferré a su pecho y llore un poco más, tratando de sacarlo todo – ¿Segura que estás bien, tienes un color terrible, y tu voz, segura que no te paso nada? – pregunto sumamente preocupado.

– No, estuve llorando, y grité, pero nadie me escuchó – dije un poco más tranquila, aun abrazada a su cuerpo, mientras él me acariciaba la espalda tratando de consolarme.

Después de un rato me soltó, ya no lloraba, sólo me aferré a él, la vida no se iría en ello, pero se sentía tan bien, era como estar en casa.

Cerré los ojos al fin tranquila, fui consciente de cómo Edward me levantaba del piso, aferrando mi cintura y sosteniendo casi todo mi peso me llevó como un títere hacia la bodega, al fin abandonando aquella tumba blanca y desinfectada.

Juro que no volvería a entrar a un baño sola, si era posible me bañaría con alguien todos los días.

Abrí un poco los ojos y lo miré mientras avanzábamos por la destrozada bodega, sí, él sería una buena opción para acompañarme en mis baños...

Distraída y dejándolo llevarme miré la bodega, no es que cuando estaba con Quil fuera un ejemplo de orden y limpieza, pero ciertamente ahora lucia como un basurero, o un lugar destrozado por un huracán.

Nos sentamos en el sofá, que ahora estaba girado en una esquina de la bodega, Edward delicadamente me arropó y volvió a analizarme con esos preciados ojos esmeraldas.

– Bella... ¿segura que estás bien? – asentí lentamente, me sentía demasiado vigilada por sus ojos, me estaba poniendo incómoda – ¿Qué fueron esas risas y los sollozos, por qué no me respondías? – preguntó preocupado.

– Yo... – no sabía que responder – no sé qué paso, supongo que era el miedo, yo... de verdad pensé que nadie me encontraría, – hice una pausa mientras el asentía – no respondí, porque no escuché que me llamaras – expliqué.

– Entré a la bodega y escuché como reías y llorabas, fue confuso – explicó algo nervioso, hizo una pausa en la que exhaló fuertemente intranquilo – me aterré cuando te llamé y tú no respondías, seguías riendo y llorando, pensé que alguien te estaba haciendo... algo – explicó más confundido, negué con la cabeza.

– Eres algo paranoico – respondí con media sonrisa – al igual que yo, solo tenía... creo que un desliz psicótico – ¿no había dicho que prefería la epifanía?, estúpido Edward que me sacaba la sinceridad – Edward, –comencé insegura – si algo así vuelve a pasar, y nadie me encuentra... prométeme que cobrarás los derechos del programa que incluya mi muerte como la más idiota, por favor – le pedí con media sonrisa, tratando de aligerar el ambiente.

El abrió los ojos confundido, y después negó aterrado con la cabeza.

No previne lo que siguió.

Volvió a abrazarme, pero esta vez con desesperación, estrellándose contra mí como un auto a toda velocidad, y negando vehementemente con la cabeza, rozando repetidas veces su nariz contra mi mejilla.

– No vuelvas a decir eso, por favor – me pidió con voz torturada, dejándome completamente helada – Dios Bella, pensé que algo malo te había pasado, llevamos horas buscándote – explicó sin soltarme, de hecho siguió apretándome más contra él, haciéndome sentir como un juguete apachurrable para bebés.

¡Carajo!, Estaba en la puta gloria.

– Cuando te escuché, mis sospechas se vieron confirmadas, más temprano un drogadicto trató de llevarse a una chica, según Jasper su seguridad es impenetrable, pero el tipo pudo llevarse a la chica a una bodega detrás de la barra – hizo una pausa en la que se quedó quieto, con la cabeza recargada contra la mía – pensé que si lo había logrado una vez, podía hacerlo otra vez, y ahora ni Jasper ni nadie tenía idea de en dónde estabas, me moría de desesperación – dijo dejándome aún más estática de la impresión.

Edward se separó de mí, sin soltarme completamente, dejando sus manos sobre mi cintura, pero poniendo la distancia necesaria para poder mirarme.

– Y yo, imbécil que soy, solo podía pensar en las estupideces que te dije, en los errores idiotas que cometí, de lo cabrón que me comporte, – susurró torturado, mientras sus ojos comenzaban a cristalizarse – pensé las peores cosas, fueron las dos horas más terribles de mi vida, solo, solo quería saber que estabas bien... solo, solo... – se quedó callado, devorándome con su mirada.

Se acercó de nuevo; su mirada cambió de torturada a aliviada y decidida, y sin más corto la distancia que había entre nuestros labios, besándome.

Besándome como sólo él sabía, como nadie lo había hecho, de una manera animal, arrebatadora, opresiva y aliviada, pero sobre todo llena de cariño.

Le devolví el beso, totalmente estupefacta.

Y sintiendo, por primera vez un cariño entre nosotros.

Comenzó a profundizar el beso, mordiéndome el labio haciendo que yo abriera la boca sorprendida, aprovechó para comenzar a juguetear con su lengua, y rendida totalmente ante él, comencé a juguetear con la mía.

El beso se ponía cada vez menos beso, pues sus manos comenzaron a recorrer mi espalda baja y las mías comenzaron a acariciar sus muslos.

Y entonces mi estómago se removió, y no a causa de las nauseas, y mucho menos de la... emoción.

– Ya no quiero jugar – le dije separándome lentamente sin energía, el torció el gesto confundido, estaba demasiado cansada de todo, pero tan cansada estaba que no quería seguir con este juego – no quiero seguir jugando contigo, no lo soporto más… quiero saber… que… cuales… – ok… ¿Cuál era la pregunta correcta?, ¿había una pregunta correcta? ¡Mierda! – yo… no puedo seguir pensando que en cualquier momento nos mandaremos a la mierda de nuevo, quiero saber que esperar de ti, ¿qué es lo que quieres de mí? –

Tal vez no fuera la pregunta idónea, pero era la que había salido.

Y vaya, sé que no fue nada elocuente, pero no sabía que me aterraba más si recibir una respuesta o no recibirla.

– Yo tampoco quiero jugar – respondió tranquilo, dejándome un poco descolocada, no actuaba como el Edward que yo conocía, el Edward que yo conocía se hubiera puesto inmediatamente a la defensiva; estaba tan relajado, como si se hubiera esperado esa pregunta.

Claramente algo no estaba bien.

– No quiero jugar contigo, nunca lo quise, eres una persona... única, has logrado que aclare mis pensamiento en sólo dos horas, esas dos horas que te pensé perdida, fueron suficiente escarmiento para mi estupidez – dijo seguro y mirándome directamente a los ojos.

No había mentira en ellos, sólo inquebrantable sinceridad.

– ¿Y…? – pregunté, no iba a dar el primer paso, a pesar de ser un Edward diferente, podría regresar a ser el mismo cabrón de culo de infarto y actitud de galán rebelde, tipo James Dean*.

Uhm... James Dean...

– Y que eres una persona importante para mí – hizo una pausa para aclararse la garganta, nervioso y un poco entristecido – en el ínfimo tiempo que llevo de conocerte has logrado mostrarme una persona que creía perdida en mí, has logrado que me sienta furioso e irritado, y a la vez atraído por ese magnetismo gravitacional tuyo tan fuerte que no me permite alejarte de mi cabeza – me sonrió de medio lado, su sonrisa no era feliz, pero tampoco era triste, era demasiado extraña.

Suspire resignada, lo que fuera que viniera, que lo hiciera rápido, me estaba dando frio en las piernas.

– Me gustas – dijo tomándome de la mano con tal fervor que no pude ocultar la sonrisa que le siguió a su declaración – me encantas, me gustas tanto que no sé cómo puedo soportarlo – ok, esto me estaba gustando más de lo que había esperado, era todo lo que había deseado de la noche, y al fin se estaba cumpliendo.

– También me gustas – respondí sonriendo, Edward dejó escapar una risita tonta y sacudiendo la cabeza beso mi mano.

– Estoy mintiendo – declaró firmemente, haciendo que mi sonrisa se borrara en tres nanosegundos, él acarició mi cara divertido… ¿Por qué Dios, porque estoy tan prendada de este bipolar? – Miento, en realidad no me gustas – restriégamelo en la cara idiota – no sé cómo, no entiendo por qué, pero… Te quiero –...

¿Cómo?...

¿Él… él me quiere?...

¿Esto… esto en realidad estaba pasando?...

... ¿De verdad?...

¡Qué alguien me pellizque para despertar!... o para responder…

– No te asustes, lo digo porque quiero hacer las cosas bien esta vez – dijo un poco más severo, supongo que ante mi silencio, sin embargo, no apartó su mirada de la mía ni un milímetro – tengo que hacerlo, no entiendo cómo, ¡pero de verdad te quiero! – rió amargamente negando con la cabeza con una expresión de confusión y resignación – y por eso, y por ser tú, la mujer más prodigiosa que he conocido en mi vida, no soportaría la idea de hacerte más daño del que te he hecho ya, no soportaría perderte – me soltó la mano haciéndome sentir perdida.

Algo de verdad iba jodidamente mal.

– No estoy en el mejor momento de mi vida, – continuó, quitando su sonrisa y mirándome sombríamente – tengo grandes problemas en los cuales no quiero ni debo involucrarte, no quiero verte sufrir – explicó, supongo que tratando de suavizar mi expresión de "¡¿Qué mierda estás diciendo?"

– ¿Qué problemas...? – pregunté sin poder evitarlo, pero él me interrumpió, negando con la cabeza con fuerza.

– Sólo puedo decirte, que son enormes, complicados y dolorosos – su tono se volvió frío de repente, lleno de amargura – y preferiría resolver mi vida antes de meterte en ella – aclaró tomándome la mano de nuevo – porque, de verdad te quiero en mi vida, Bella, lo anhelo con toda el alma – dijo vehementemente, pero no por eso ignore sus palabras anteriores.

Mi sexto sentido se encendió, las alertas repiquetearon sonoramente, y las luces rojas señalaron solo un nombre: Tanya.

Era oficial, fuera cómplice, traficante, mafiosa o víctima, ya lo odiaba.

– Por eso, a pesar de que muero por pedirte una cita, una cita normal sin desnudos, bares u otras cosas locas que al parecer te persiguen, y porque quiero seguir conociendo más a esa Bella que aún tienes escondida, prefiero esperar, que sigamos como amigos, o bueno, que intentemos serlo – dictó seguro de sí, con un aplomo terrible y una expresión que lo contradecía totalmente, como si esos no fueran sus únicos deseos.

– Siento como si estuvieras terminando conmigo – solté un poco dolida... y confundida.

Ni en las películas románticas, en las series bobas, ni en los libros; la historia iba así.

Primero se conocen y salen chispas y corazones y toda la bobada imaginable, se besan, se hacen novios; la vida es perfecta por exactamente... diez minutos si se trata de película o dos capítulos si es una serie o un libro; y después llega el anhelado "Te quiero", la vida se vuelve aún más hermosa y te preguntas en qué momento entrará un unicornio cantando canciones de amor por exactamente, cinco minutos en serie y medio capítulo en series bobas y libros... y después, por alguna razón que los escritores encuentran retorcidamente divertida, terminan odiándose...

Esto del orden de los factores no altera el producto de verdad era cierto...

¡¿Dónde mierda quedaron mis dos capítulos o diez minutos de vida feliz?

– No quiero que te sientas así, no lo hagas por favor – me pidió apretándome la mano con algo más de fuerza de la necesaria – es todo lo contrario, no quiero perderte, pero tampoco puedo dejarte entrar, – me acarició la mejilla lentamente compungido – te ofrezco algo, tomemos distancia un tiempo, y cuando todo esto se haya acabado, tendremos una cita, una buena cita con todas las babosadas románticas que se me ocurran y más, te complaceré en todo lo que me pidas, solo te pido tiempo – besó mi mejilla y sin poder evitarlo lo abracé, el dolor que transmitían sus palabras era suficiente aliciente para mí.

También en las series, libros y películas, después de odiarse terminan amándose tórridamente en una escena con muchas X de por medio... y si iba a ser así, pues por mi era perfecto.

– Tal vez pueda hacerlo – acepté no tan convencida, de verdad sentía como si estuviera rompiendo conmigo, pero no dolía, no era una ruptura, me inquietaba que es lo que haría para resolver esos problemas, no quería verlo sufrir.

No quería que se fuera.

– Es un alivio que aceptes – susurró en mi oído, lo apreté contra mí, aspirando su aroma, tratando de tranquilizarlo – y a cambio de toda tu comprensión, te ofrezco algo más – se separó de mi para volver a mirarme con sus ojazos hipnóticos y sinceros – prometo total sinceridad, de hoy en adelante te diré todo lo que pase por mi cabeza y por... aquí – se señaló el pecho, y mi expresión se derritió con ternura, ¡carajo! este sí que era el hombre perfecto para mi, o para cualquiera... pero ¡era mío!

– Eso suena bien – acepté feliz, de hecho sonaba mejor que bien, sonaba como el maldito paraíso, aunque decir eso, no era tan apropiado.

– No tienes que preocuparte más, Bella – dijo tomándome la mano y llevándosela al pecho en un gesto tan cariñoso y sobre protector que mi corazón se inflo, como si lo rodeara una enorme capa de colesterol... – no volveré a ser el idiota que he sido últimamente, esta semana ha sido maravillosa y espantosa a la vez, las emociones me han sobrepasado... a veces no me puedo controlar, – miro el lugar significativamente, y lo comprendí, el huracán que había destrozado la bodega respondía al nombre de "Trasero suculento y redondito"... quiero decir... "Mi trasero suculento y redondito" – perdóname Bella – terminó besándome la mano con delicadeza.

Awww, soy la chica más afortunada de este mundo.

– No hay nada que perdonar – hablé sin pensarlo, con el corazón, era él quien hablaba – olvidaré todo esto cuando tengamos nuestra primera cita, tal vez logres marearme con todas las babosadas románticas que prometes – sugerí tratando de sacarle una sonrisa, funcionó mejor, soltó una risita suave, que me pareció lo más hermoso del mundo – prometo lo mismo – solté mirándolo a los ojos con decisión – seremos sinceros el uno con el otro, sin mentiras ni máscaras, solo Edward y Bella – ofrecí, y hasta a mí esas palabras me sonaban a gloria.

– Trato hecho – respondió de nuevo alegre, súbitamente se puso serio, acercándose de nuevo más de la cuenta, pensé que iba a besarme, pero no lo hizo – ahora me doy cuenta que no estoy equivocado, eres la mujer más maravillosa que podré conocer, no sé cómo decirlo salvo… Te quiero – repitió.

Me quedé callada ante la intensidad de sus palabras, muda de asombro y felicidad.

Así que esta vez fui yo la que acorte la distancia y lo besó.

Fue… el mejor beso de mi vida.

Era en apariencia igual a los demás que nos habíamos dado, fogoso, animal, sexy.

Pero la esencia había cambiado, ahora también podía saborear el cariño.

El cariño sabe jodidamente bien en sus labios.

Dios, estaba en la gloria.

Me había besado con muchos, más de lo que una moral intachable podría aceptar, muchos besos, algunos magníficos, otros que prefería olvidar, algunos demasiado normales para clasificarlos.

Y ninguno se comparaba con este.

No es que fuera una manera diferente de besar, Edward tenía su toque "Edward", sabía como hacerlo, como transmitirme todo, su deseo, su felicidad, su pasión; sus truquitos de morderme el labio o alargar el movimiento haciéndome sentir como un chicle estirándose.

Era magnifico besando, pero eso no era lo que más me gustaba de este beso.

Este beso era inédito y el mejor de mi vida sencillamente por una razón.

Él me quería.

Podía saborearlo, saborear su cariño.

Era mi primer beso, al menos el primero en el que si involucraran sentimientos.

Alguna vez él me dijo que besarme era la utopía del beso perfecto.

Había sido una total mentira, estar con él, ahora besándonos, esa en verdad era la utopía del beso perfecto, sólo que perdía el toque utópico, ya que se estaba haciendo realidad.

Mi beso perfecto, mi hombre perfecto, mi utopía realizada.

Nos separamos para mirarnos a los ojos con cómplice diversión, Edward sonrió y yo le seguí, sin entender bien por qué, ambos nos echamos a reír.

– Creo, que esto de las distancias aplica desde este momento – dijo Edward divertido.

– Creo… que si… o podríamos alargarlo un poco mas… – ofrecí con sonrisa pícara.

No tenía energías para pelear pero si para… ¿coquetear?

Me amo.

Volvimos a acortar la distancia, el beso comenzó más tranquilo, con más confianza, con más cariño.

No podía pedir más.

A excepción de que, quería hacerlo.

Comencé a profundizar nuestro beso, perfilando sus perfectos labios con mi lengua, él me siguió la corriente dándome esa desquiciante mordidita que solía darme cuando las lenguas se veían involucradas.

Y entonces, perdí la cabeza.

Un deseo irrefrenable, apremiante, demencial se apoderó de mi cuerpo, haciéndome sentir fuera de control en un solo segundo.

Me lancé contra él con tal ímpetu que lo dejé tumbado en el sillón, atrapado entre el sofá mullido y mi vibrante cuerpo; mis manos inseguras aunque apremiantes, abandonaron sus hombros y lentamente comencé a acariciar su pecho, su abdomen, su cintura, reconociendo centímetro a centímetro su cuerpo, saboreando con el gusto recién descubierto del tacto.

Edward me miraba sorprendido, anonadado sería más cercano a su expresión; pero en sus ojos, siempre transparentes y claros, veía algo más, algo que me instó a seguir.

Deseo.

A su vez, él descubrió algo en los míos, en unos ojos transparente y claros, iguales a los suyos.

Entrega.

Con más que simple entusiasmo, aprisionó mi cintura con ambos brazos, tan fuerte que perdí el poco aire que viajaba superficialmente por mis pulmones.

Cada centímetro de mi cuerpo estaba en contacto con alguna parte del suyo, ambos nos estremecíamos de expectación.

Sabía que estaba haciendo mal, que estaba ignorando las palabras que acababa de decirme, pero a mi cuerpo le importaba exactamente... un carajo.

Y a juzgar por el suave ronroneo que salía de sus labios, su cuerpo opinaba lo mismo.

La frazada que me cubría cayó al suelo dejándome a la intemperie, sólo abrigada por sus ojos ardientes.

¿Qué importaban sus problemas, qué importaban los míos, qué importaba que llevara horas perdida, qué importaba el mundo?

Sólo lo quería a él.

Ahora.

Mis manos viajaron irreflexivas a su corbata, con un rápido movimiento la desate y sin miramientos la aventé hacia atrás con desesperación; Edward me miró con un brillo de incredulidad y lujuria.

Era mío.

Comencé a jalar las solapas de su saco, mientras retorcía mis piernas contra las suyas, sus manos que hasta ahora habían estado acariciando delicadamente mi cintura se unieron a las mías.

Nuestras miradas se conectaron, mientras lentamente, como si fuéramos un mismo ente pensando la misma cosa, comenzamos a deshacernos de su saco.

No teníamos prisa, él rodeo mis pequeñas manos con las suyas y nos guiamos mutuamente recorriendo su pecho agitado, sus hombros fuertes, y al final, su espalda ancha.

Regresamos el camino recorrido, ya sin saco, disfrutando la textura de su blanca y pulcra camisa, era suave, se sentía... limpia, pero debajo de ella una piel ardiente y conectada a la mía vibraba de anticipación.

Y comenzamos de nuevo, desabrochando botón tras botón, hasta que su pecho fornido y masculino se fue dibujando frente a mí.

Era una maravilla de la naturaleza, o mejor aún, una maravilla creada por los dioses, las perfectas líneas de sus hombros, lo simétricos que resultaban sus pectorales, el delirante camino que marcaba el vello su pecho hacia su ombligo... y más abajo.

Temblé.

No pude evitar pasarme la lengua por los labios, saboreando anticipadamente ese manjar.

No me di cuenta hasta que lo estaba haciendo; como mi lengua, lasciva y necesitada recorría gustosa su pecho y esos ligeros cuadritos difuminados de su abdomen.

Saboreé cada centímetro de ese viril manjar, sus vellos me hacían cosquillas, pero me desquiciaba la perfecta anatomía de aquel cuerpo debajo del mío.

Su olor, su textura, los vellos cosquilleando mi nariz, los músculos tensándose y relajándose, sus manos revolviendo la maraña de mi cabello y presionando de forma nada amistosa mi cintura, para atraerme más hacia si, como si quisiera que nos quedáramos pegados.

Era mi gloriosa perdición.

Me senté a horcajadas sobre él, sintiendo muy cerca de mi centro su erección, recordándome aquel día en el bosque con la misma magnificencia que ahora, sentía esa enorme erección contra mí tan cerca, tan terriblemente cerca, que no me dejaba pensar nada más que una cosa.

Quería probarla.

Baje lamiendo su abdomen de nuevo, pero esta vez me detuve en el límite que marcaban sus pantalones, suspiré.

Más bien gruñí; con ferocidad tomé la punta de su cinturón y me deshice de él todo lo rápido que me permitían mis temblorosas y excitadas manos, mientras Edward comenzaba a masajear mis senos sobre el sostén.

Si alguna vez tuve cabeza, la estaba perdiendo en estos momentos.

Me agaché, y con un movimiento lento y tortuoso comencé a desabrochar con los dientes el botón que mantenía el pantalón de traje en su lugar.

Edward se quedó quieto durante un segundo, paralizado por mi arrebato, para después llevar ambas manos a mi cabello de nuevo, y empujarme ligeramente contra su erección.

Su vasta erección.

Usar los dientes como instrumento de seducción era, por decir poco, efectivamente lascivo; pero para ser concreta y sincera, bastante difícil, me costó un pellizco en el labio que seguramente se notaría mañana, pero lo logré al cabo de un par de minutos.

La tardanza, en lugar de impacientar a Edward pareció meterlo más en situación, si es que eso se podía; se irguió un poco, y doblándose de una manera antinatural, o eso me pareció, alcanzó mi oído izquierdo, tan sólo para volverme loca al mordisquearlo.

Mis senos estaban delirantemente cerca de la erección de Edward, y siendo consciente de esto, los apreté alrededor de ella, logrando que Edward me apretara contra sí mucho más, masajeándome los glúteos de una manera demencial y casi arrancándome el oído.

También baje el zíper del pantalón con los dientes, esta vez con un poco más de pericia, aun así volví a pellizcarme el labio, y esta vez fue más doloroso. Pero no sentía el dolor, no sentía nada que no fuera nuestra electrificante cercanía.

Cuando me encontré con su trusa ceñida y apretada, no soporte más.

De un tirón la baje, su erección brinco ante mis ojos.

Casi reí, solo había faltado el efecto de sonido tipo "doing", sin embargo, lo último que quería era reír.

Edward pataleó rápidamente y al fin, estuvo completamente desnudo ante mí.

Ahí, al fin ante mí, estaba en realidad lo que había estado soñando tantas veces, fantaseando con descubrir.

Anhelando complacerme.

Su majestuoso miembro, enorme, palpitante, suculento; llamándome para devorarlo.

Se echó para atrás, acostándose cuan largo era sobre el sofá mullido, me dedicó una mirada pasional, quemaba de la intensidad, con desesperación se deshizo de mi sostén y volvió a masajear mis senos, haciendo que me sentara completamente sobre su entrepierna.

La tela de nuestros interiores de pronto me pareció el mejor objetivo para un arma nuclear.

Esto se sentía tannn tannn... tan... ¡Ah!, ¡Mátame ahora!

La irracionalidad me gobernó en ese momento, por mi cabeza lo único que pasaba era él.

Ese manjar que palpitaba cuán grande debajo de mí.

Quería probarlo.

Debía probarlo.

Iba a probarlo.

Me agaché, haciendo que soltara mis pechos y sus manos vagaran nerviosas alrededor de mil en busca de contacto.

Sin embargo, el contacto que el necesitara me parecía altamente insignificante en contraste al contacto que demandaba todo mi ser.

Lentamente me acerqué a su miembro, haciendo los movimientos necesarios para que él se percatara de mis intensiones, no soportaría un rechazo.

Cuando estuve a un palmo de distancia, retuve todos mis instintos y me enderece un poco para mirar su rostro, esperaba que me estuviera viendo, que me diera una señal para continuar.

Pero lo que vi, me gusto mil veces más.

Tenía la cabeza tirada hacia atrás, con los ojos fuertemente cerrados y su labio inferior siendo masacrado por sus dientes.

Era la visión del placer.

Lo haría explotar.

Sin miramientos me acerque a su miembro, con la boca apremiante por saborearlo.

El sentido del gusto era uno de mis favoritos, con ese saboreaba el helado; pero siempre había pensado que lamer el cuerpo de alguien seria desagradable, todo los sudores, las toxinas y demás... se me hacia una idea asquerosa.

Pero en el instante en que mi lengua tocó el pecho de Edward, quise ir por más, sabía que frente a mis ojos, a centímetros de mi boca tenía mi meta.

El mayor placer que este paladar quería probar.

Comencé tímidamente, no sabía cómo hacerlo en realidad, estaba perdiendo la virginidad de mi boca.

La punta de su miembro estaba húmeda, tibia, emanaba un olor peculiar, un olor delirante, cuando mi lengua la toco, el olor se intensifico, y la tibieza se convirtió en algo febril.

Lentamente, comencé a saborear...

No era como había pensado.

Tenía un sabor peculiar, nunca había probado algo como esto, no sabía como describirlo... salvo...

Sabía a hombre.

Con el sabor ya reconocido y saboreado, me detuve un poco a pensar en que estaba haciendo.

Seguramente parecía una niña pequeña a la cual le dan por primera vez un platillo exótico a probar, estaba siendo tímida, calculadora; y eso, ni a mí me sonaba a placer.

Decidí comenzar a arriesgarme, a sabiendas que mi más experimentado acompañante podría darse cuenta que tan inexperta era yo en realidad.

Mi lengua sin que pudiera darle otra orden más que "¡Atrévete!" comenzó a viajar por la inmensidad de "El gran amigo", mi cabeza se movía como propia, giraba y se retorcía para poder llegar al punto más recóndito de esa anatomía.

A eso se le unieron los besos, los mordiscos; comencé a sentir aquello como una degustación, mis labios se unían para encontrarse contra su miembro, se separaban para lamerlo, su estiraban para morderlo.

Era casi una coreografía erótica.

De pronto mi boca me pareció insuficiente.

Cuando reaccioné, mi mano libre ya estaba sobre su erección, frotándola delicadamente de un lado, mientras mi lengua degustaba el otro.

Edward soltó un gemido lastimero.

Levanté el rostro para saber que iba mal, arrepentirme y correr todo lo rápido que podía lejos de él, meter la cabeza en un agujero pequeño y morir de inanición y vergüenza.

Pero estaba totalmente equivocada.

Sus ojos estaban fuertemente cerrados, su mueca era la del placer mas infinito que podría imaginar, una mueca que ocultaba una sonrisa torcida y un grito no proferido, la boca apretada fuertemente, cerrada totalmente como queriendo detener aquellos gemidos, que le quitarían poco a poco el placer.

Quería guardárselo dentro.

Gemí.

Era lo más erótico que podía ver, la figura de Edward reteniendo el placer que mi boca y mi mano le causaban.

Colocó sus manos dentro de mis bragas, masajeando mi trasero mientras sus dedos comenzaban a acercarse peligrosamente a mi centro.

Quería mas, quería todo.

Y él quería dármelo.

Me sentía gloriosa, poderosa... hambrienta.

Abrí la boca lo más que podía, e introduje su miembro en ella.

Era mejor, más cerca, me llenaba, quería mas, quería toda su erección en mi boca.

Con la mano comencé a frotar su miembro, empujándolo dentro y fuera de mi boca, a sabiendas de que no podría tenerlo todo dentro me conformaba con sentirlo todo, con la boca y con la mano.

La cabeza me comenzó a arder, sentía el corazón ir a mil por hora, la garganta cerrada y a su vez repleta de su esencia, la mandíbula descolocada, como una anaconda devorando a su presa; las piernas débiles, a pesar de estar casi sentada.

Pero, lo que más sentía, era mi centro.

Palpitando, estremeciéndose, encogiéndose y expandiéndose con cada embestida de mi boca contra el miembro de Edward.

Y entonces, dos cosas pasaron al mismo tiempo.

Sin que me explique cómo, la febril erección de Edward estallo en llamas, de golpe la sentí hirviente en mi boca, como un volcán a punto de explotar.

En ese mismo instante, Edward gimió tan alto que tuve miedo que nos descubrieran, pero no me dio tiempo para temer.

Sus manos que viajaban de mi espalda a mi trasero se aferraron en el fuertemente, clavándome las uñas; entonces sin más me jaló hacia arriba levantándome, haciendo que cortara todo contacto entre mi boca y su miembro, y vertiginosamente girándome para colocarme en el sofá, justo debajo de él.

Nuestras miradas se conectaron en ese momento.

Edward ardía, no podía describirlo de otra forma, sus ojos verdes llameaban con calidez y pasión, y sin faltar a su costumbre, me demostraban más de lo que el hombre más formidable del mundo quería.

Podía admirar en ellos una combinación cálida, mi corazón se hincho en mi pecho.

Era cariño, combinado con protección, combinado con ternura, combinado con admiración... combinado con amor.

Nos sonreímos mutuamente, sus ojos se volvieron aun más cálidos, y así estuvimos una gloriosa y efímera eternidad.

En algún momento dejo escapar un siseo ronco y sentí como algo me salpicaba las piernas.

Pero nunca dejamos de mirarnos, hundiéndonos en un mundo completamente nuestro.

La sonrisa cálida y cariñosa de Edward comenzó a deformarse a medida que nuestro momento terminaba, para mutar en una sonrisa traviesa, arrebatadora... perversa.

Cayó sobre mí, aprisionando mi boca en un beso agresivo, mordiendo mi labio pellizcado por su zíper, gemí de dolor y placer.

Solté un grito ahogado, cuando sentí su pene contra mi vientre, y lo acallé de inmediato, o más bien, el lo acalló con sus labios arrebatadores, haciendo justamente eso, robándome el placer, y a su vez proporcionándome uno distinto.

Sentí que mis braguitas se mojaban aun más.

Se separó unos centímetros de mí, para poder mirarme, con una expresión traviesa y llena de placer, su boca se torció con avaricia, y en sus ojos brilló más que nunca el deseo.

– Tu turno.

Sin dejarme replicar (tampoco es que tuviera una réplica que no fuera un gemido de infinito placer o un balbuceo incoherente) volvió a aprisionar mi boca, saboreando su sabor y el mío, mientras mordía y jalaba mi labio inferior y sus manos se retorcían con fuerza contra mis hombros.

Me sentí rendida, maniatada ante él y el placer que estaba obsequiándome, mi cuerpo se movía con autonomía, mis manos sin entender como, de nuevo, habían llegado a su espalda frotándola de arriba abajo deteniéndome en el lindero de su hermoso trasero redondito y suculento.

Pero, frotar ya no me fue suficiente.

Hundí mis uñas en sus omóplatos y tracé el camino hacia abajo; no me importaba las marcas que pudiera dejarle, tampoco quería que él se preocupara por las que me hiciera, quería sentirlo mío, tan cerca como pudiera, robar su esencia y combinarla con la mía.

Lo quería todo de él.

Sip, incluso trocillos de su carne entre mis uñas.

Edward gimió mi nombre y sin más hundió su boca en mi garganta comenzando a lamer, morder y besar un camino que iba de la punta de mi hombro al borde mi garganta, desviándose de vez en cuando a uno de mis senos, mientras el otro era completamente acaparado por su mano que lo acariciaba, y de vez en cuando pellizcaba mi pezón.

¿Eso no se suponía era doloroso?

Era jodidamente placentero.

Más que eso, al momento en que los dedos de Edward se cerraban alrededor de la punta de mi pezón, parecía que mi cuerpo entero se conectaba a mí; y después retorcía mi pezón con la presión justa para mandar olas de electricidad que se refugiaban entre mis piernas.

Y entonces terminaba y era consciente que Edward nunca había dejado de tratar ese caminito de mi hombro a mi garganta, y mí otro seno, ya húmedo demandaba un apretujón igual al de su compañero.

Edward me leía el pensamiento, cambio de táctica, su boca se hundió del otro lado de mi garganta, trazo un nuevo camino, de mi garganta a mi seno, cruzando felizmente por mi hombro y el hueco debajo de mi garganta.

Y su gloriosa mano repitió el cuidado en mi otro seno.

Las cargas de electricidad que los pellizcos lanzaban a mi entre pierna se estaban acumulando peligrosamente, dudaba que pudiera retenerlas mucho más.

Y de nuevo Edward pareció leerme el pensamiento.

Se separo de mí, dejando de lado mi cuerpo y centrándose en mi rostro.

La combinación perfecta de amor y deseo se dibujaba en sus celestiales facciones.

– No lo olvides... Te quiero.

Con la misma soltura que un río fluyendo sobre su cauce, se escurrió sobre mi cuerpo, danzando con delicadeza sobre mí.

Sus labios bajaban susurrando cosas ininteligibles, su aliento me hacia cosquillas y las piernas comenzaron a temblarme, las sentía débiles e inestables a pesar de que estaba acostada.

Su dedo índice, comenzó a seguir de cerca los lugares que tocaba su boca, como dejando una marca para no perderse en el regreso, sus dedos acariciaban débilmente mi piel, casi tan tenuemente que a veces sólo sentía la cercanía.

Su otra mano, que estaba sobre el sillón sosteniendo su peso, viajó a mi rostro, trazando círculos en mis mejillas con su dedo índice, jugueteando despreocupadamente.

Mis manos estaban atontadas por la ola de sensaciones que Edward desprendía de mí, ya no lo rasguñaba, mis manos sólo presionaban sus hombros con premura, esperando que nunca se separara de mí.

Por eso me percaté que lo hacía.

Sentí pánico cuando sus estrechos hombros se escurrieron entre mis manos; levanté la cabeza, que no me había percatado estaba echada hacia atrás, esperando poder disuadirlo y que no se alejara más, que no me dejara así.

Pero Edward no tenía planes de dejarme... incompleta, o eso me indicó la mirada divertida y perversa que me lanzó, antes de bajar rápidamente lamiendo mi abdomen, y cortando nuestro contacto visual, justo en el momento en que su lengua se topaba con el encaje negro y trasparente de mis bragas.

Mis bragas innecesarias.

Edward pensó lo mismo.

Toda su atención se volcó en mi centro, sus dedos que acariciaban mi rostro y mi ombligo viajaron con velocidad supersónica al resorte de mis bragas, y Edward se detuvo, alejándose levemente para poder admirar el contraste de la tela negra y trasparente contra mi nívea piel.

– Hermoso.

Musitó, pero no repare tanto en ello, sólo pude ver como su lengua se saboreaba con anticipación algo, mojando sus rosados labios con deseo.

Me recordó a mí, y como un clic, mi cerebro entendió.

Había dicho tu turno, era mi turno.

Mis piernas se convulsionaron irreflexivamente, ansiosas por tomar mi turno.

Edward acarició mi abdomen bajo, y con regocijo pasó sus manos sobre mi centro cubierto, haciéndome temblar, después simplemente posó sus manos en mis caderas y comenzó a bajar mis innecesarias braguitas acariciando mis muslos, estremeciéndome de placer.

Con la boca trazó un nuevo camino, besando la parte interna de mi pierna, mientras poco a poco quedaba completamente desnuda ante él.

Al paso de su boca mi piel se convertía en una olla de ebullición, la sentía arder y cosquillear como nunca en la vida; tibia, húmeda, parte de mí y a la vez ajena totalmente de tanto placer.

Besó mis pies, que aún llevaban los tacones negros, los admiró quieto durante un segundo, y después de sonreír con perversión decidió usar los dientes para bajar el zíper que los mantenía en su lugar.

¡Era un jodido copión!

¡Y esto era jodidamente placentero!

De verdad, alguien tenía que ponerle un monumento a los dientes, podía resultar la mejor arma para complacer a tu pareja.

Aunque, a decir verdad, los movimientos expertos de Edward eran más idóneos para hacer un monumento.

Volvió el camino recorrido, haciendo que cada poro de mis piernas se abriera a recibirlo con gozo, sentía mis piernas temblar de placer, y a Edward reír cada que un suspiro-gemido salía de mis labios por su lento avance.

Y no, no me quejaba de lo lento que era.

Su lengua salió al ataque, formando círculos sobre mi piel, sus dientes se le unieron, mordisqueando cada vez más cerca de mi centro, sus manos fueron las últimas, centrándose en acariciar mis pantorrillas.

Entonces me di cuenta de mi posición.

Estaba recostada con las piernas dobladas y abiertas, y Edward tenía un puesto en primera fila, en medio de ellas.

Alzó la vista en el momento en que mi cuerpo tembló de apremio; su mirada oscurecida me pedía permiso.

Llevé las manos a su cabello y lo jalé hacia mí.

Eso era más que un sí desesperado, pero no me importó, estaba desesperada.

Edward se acercó a mi centro palpitante, y a escasos centímetros de él de detuvo abruptamente y exhaló su halito hirviente contra mi clítoris.

Me sentí absurdamente húmeda.

Pero Edward no continuó.

Lo mire, su rostro había cambiado, su ceño estaba fruncido y me miraba preocupado.

– ¿Estás segura? – preguntó intranquilo, alejándose un poco más.

Rompiendo algo dentro de mí.

¡No otra vez, por favor!

– Sí, sí, estoy segura – respondí a pesar del nudo de agonía que se formaba en mi garganta.

– Pero... tú... tú eres... nunca has hecho antes esto, ¿o sí? – tuvo que preguntar, y la verdad me dolió que dudara.

– No... nunca – acepté nerviosa, siendo consciente que iba a entregarle algo preciado, quería hacerlo, quería hacerlo YA – y estoy segura de querer que seas el primero – me acerqué a él, sentándome completamente y tomándolo de los costados del rostro – no podría ser de otra manera – susurré antes de besarlo.

Inseguro respondió el beso, y supe que esta sería la única oportunidad que tendría de persuadirlo antes de que se repitiera lo del lago.

No estaba dispuesta a repetirlo.

Volví a profundizar el beso, usando todas las armas que conocía, mordisqueé su labio, pasé mi lengua por su boca y jugueteamos en una guerrilla pasiva, acaricié con las manos sus hombros, bajando hasta su pecho desnudo y suspirando incitadoramente.

Pero nada parecía funcionar, seguía correspondiendo con inseguridad.

Me separé de él.

– No haremos nada que no quieras, - ofrecí, algo derrotada, e inmediatamente un foquito se prendió en el fondo de mi cabeza – Sólo termina esto, no te pediré nada más, sólo... – suspiré pesadamente – sólo no me dejes así, no ahora – le pedí.

Extrañamente no sonó desesperado, sino incitante.

No sé como lo hice, pero ese tono lo persuadió.

Sacudió la cabeza con una mueca divertida y sus manos viajaron a mi cabeza, empujándome contra él.

- Soy un caballero, al menos lo soy cuando se trata de ti – susurró contra mis labios mirándome directamente a los ojos divertido – no te dejaré a medias, sería una canallada – y se rió, volviendo a exhalar contra mí.

¿De verdad, cuanto más húmeda podría estar?

- Hazlo – le pedí, empujándolo levemente hacia atrás.

Afortunadamente no necesito más.

Con los músculos contraídos de la espalda, vi como se agachaba para volver a esa posición demencial en medio de mis piernas, y sin decir ni agua va besó mi clítoris.

Gemí tan alto que me asusté.

Pero ya nada importaba, había comenzado.

Su lengua salió a la batalla buscando experta entre mis labios vaginales, recorriéndolos con pericia y calidez.

Las piernas se me doblaron desparramándose a los lados, sentí todo el cuerpo arder mientras mi centro se retorcía con una sensación completamente desconocida y delirante.

¿Cómo había vivido tanto tiempo lejos de la boca de un hombre?

¡Había sido un desperdicio!...

Mentía... ¿Cómo había pasado tanto tiempo lejos de la boca de Edward?

Estaba segura, pondría mi mano al fuego a pesar de no tener experiencia alguna, pero sabía que Edward era insuperable.

Todo el hilo de mis pensamientos se perdió en el momento en que Edward mordía un trozo de mi centro y este explotaba en otro arranque de humedad.

Quise reaccionar, un atisbo de pensamiento de algo que no recuerdo se formaba, cuando un nuevo integrante se unió a la fiesta.

Uno de sus dedos paseo por mi entrada, entre perezoso y juguetón, advirtiendo su inminente entrada y calculando cual sería el mejor ángulo para hacerlo.

Sin embargo, poco importó cual fue el ángulo, cuando sentí su dedo entrar en mí, nada tuvo sentido para mí.

Las sensaciones explotaron.

Podía sentir la cálida humedad de la juguetona experta boca de Edward, pero no sabía qué era lo que hacía.

A veces lograba un poco de cordura y notaba que usaba la lengua, o daba un saltito y le clavaba las uñas en los hombros cuando me mordía, siseaba deliciosamente mientras su dedo entraba y salía de mí.

Si es que sólo era un dedo.

Presentarme esas nuevas sensaciones había terminado con mi cordura, pero había hecho nacer algo nuevo en mí.

El deseo y el placer combinados en una sola cosa.

El aun inexplicable sentimiento que me ataba a Edward Cullen.

Edward Cullen el maestro lingual.

Y las sensaciones, erráticas e irreconocibles, pero completamente enloquecedoras se sucedieron unas a otras, de ratos era consciente que pasaba, pero la mayoría del tiempo sólo tuve cabeza... para no tenerla.

Sólo estaba sintiendo.

De repente, algo nuevo paso, algo que nunca había sentido de verdad, algo que me asustó.

Mi cuerpo explotó ardiente, cuando pensaba que no podía soportar más calor.

Mi centro comenzó a moverse, como si estuviera acomodándose.

Pero no, no estaba acomodándose, la sensación comenzó a asustarme.

Se empezó a contraer, haciéndose pequeño, cerrándose en torno al dedo de Edward, y antes de aprisionarlo comenzó a convulsionarse rápidamente.

Un atisbo de pensamiento incoherente me dijo que tal vez mi vagina estaba por partirse en dos, o que estaba a punto de llegarme la regla.

Pero rápidamente lo entendí, cuando una sacudida más violenta de mis músculos vaginales me sacudió todo el cuerpo.

Y de nuevo, mi cerebro se apagó, y el único campo de mi cuerpo activado era mi centro, que se retorcía y convulsionaba de placer.

Me sentí vibrar, mientras Edward terminaba besándome quedamente sobre el clítoris y lentamente se alejaba de mi entrepierna para admirarme.

Hubiera podido retenerlo, de haber querido claro.

Pero no quise, sabía que estaba a punto de pasar.

Me sacudí violentamente, siendo presa de espasmos caóticos y sucesivos con rapidez.

Hasta que llegue a la cima.

Mi vagina se contrajo tan pequeña que pensé que iba a extinguirse, para un segundo después explotar expandiéndose fuera de mí.

Y no supe nada más.

Aunque intentara no podría explicar con nitidez que sentí.

La cabeza me dio tantas vueltas que sentí que ya no estaba pisando tierra, mi cuerpo se elevó al cielo con delicadeza haciéndome sentí una pluma subir por el aire.

Pero también sentía la pesadez de mi centro, que se presionaba contra sí mismo y contra todo mi cuerpo, sacudiéndose vertiginosamente hasta hacer que sintiera un caos... y dejara de sentir.

Y así paso.

Esa fue la historia de mi primer encuentro completo con Edward, mi "desvirginación" vía sexo oral, y mi primer maravilloso orgasmo.

Parecía una lista de pendientes.

En cierto modo lo era, pero ciertamente, nunca hubiera imaginado que esto resultara tan jodidamente bien.

Suspiré satisfecha, siendo consciente que estaba totalmente desparramada en el sofá.

Las extremidades me colgaban flácidas, y mi pecho subía y bajaba con premura.

Sin embargo, yo me sentía completamente vigorosa.

Bueno, tal vez vigorosa no era correcta, tal vez satisfecha lo llenaría.

Pero no, no encontraba adjetivo alguno.

No sabía cuánto tiempo había pasado, pero en algún momento escuché la risita melodiosa de Edward llenar la habitación, sonaba como que llevaba algún rato riendo, pero yo apenas me había percatado.

– Ven aquí.

Lo jalé hacia mí, haciéndole un espacio en el estrecho sofá para acostarnos.

Edward se dejó jalar, todavía riendo, después aprisionó mi cintura y nos acomodó para que yo quedara de lado sobre su cuerpo, augurada siempre por sus fuertes y tiernos brazos.

Volvió a soltar una risita tranquila y musical, y entonces se agachó un poco y tomó la frazada que me había cubierto antes, ahora para cubrirnos a ambos.

Nos quedamos ahí, abrazados durante un infinito segundo, sin nada que decir, sin ninguna caricia, sólo abrazados, disfrutando del otro.

– Supongo que, las distancias aplicarán cuando... queramos que apliquen – susurró Edward después de no sé cuánto tiempo, me reí bajito.

Estaba agotada.

No sabía que los orgasmos te dejaban muerta.

Ahora entendía esa expresión de la muerte lenta...

Si es que de esto se trataba.

– Tal vez nunca apliquen – le piqué riendo, y sin poder contenerlo tuve que ahogar un bostezo contra su pecho desnudo.

– Tal vez – aceptó siguiéndome el juego.

Ambos nos reímos y nuestros cuerpos volvieron a sacudirse ante el contacto.

Me sentí feliz, a pesar de estar en una bodega que más bien parecía un basurero, que hasta hacía un rato estaba siendo atacada por la histeria y la melancolía, que un poco más temprano estaba ebria y con otro hombre, y que mucho antes de eso, el hombre que me acariciaba distraídamente el cabello me había hecho rabiar; estaba completamente satisfecha con mi vida.

Podría quedarme desnuda, cobijada por aquella sucia frazada, abrazada a su cuerpo durante horas, tal vez días.

Pero ese día no sería hoy.

Lentamente comenzamos a regresar al mundo real, satisfechos de alargar nuestro momento mucho más de lo que debíamos, y llegar hasta donde no habíamos imaginado, nos fuimos separando.

– Creo que deberías… – Edward se levantó lentamente, soltando mi cintura, pero se sentó en la orilla del sillón, mirando el desastre del lugar – deberías… vestirte – terminó, sonrojándose como un tomatito hermoso.

Pfff… que babosa me pongo cuando se trata de él.

Pero bien valía la pena.

Miré hacia donde él miraba, y también me sonrojé.

Nuestra ropa estaba totalmente revuelta, como si la hubiéramos arrancado a trozos.

La imagen era jodidamente sensual.

– Ahm… sí – respondí un tanto incómoda, pero nada apenada, Edward se levantó, dándome una espectacular panorámica inédita de ese trasero redondito y suculento al desnudo.

"Contrólate" Me dije apretando los dientes.

Comencé a inspeccionar el lugar en busca de mi vestido, y también tratando de encontrar algo que me distrajera de la hermosa anatomía de mi hombre.

Sí, "MI" hombre.

Todo el lugar era un desastre, había cajas por doquier, basura, lámparas, mesas, todo lo imaginable, y todo estaba perfectamente acomodado para dar la apariencia de un basurero.

Todo... excepto mi ropa.

¿Acaso alguien mas había entrado y se había robado mi vestido?

Alice y Rosalie me matarían.

Y cuando Emmett me viera así me mataría y después se suicidaría por la imagen.

Pero si habían robado mi vestido, esperaba que no hubiera sido mientras Edward y yo... bueno congeniábamos.

Edward tomó una silla y la puso en medio de la habitación con aire decidido.

Me envaré.

¿Las distancias no era una de las estipulaciones de nuestro acuerdo?

¡No iba a hacerle un striptease!

Se había perdido ese espectáculo, ja– ja.

Es decir, no me molestaba, pero acabábamos de romper esa parte de nuestro acuerdo, teníamos que respetarlo... no se... ¿5 minutos más?

Sonriendo incómodo Edward se trepó a la silla y estiró los brazos para tocar el techo.

Ok… esto se estaba poniendo raro.

Alcé la mirada, y vi el ventilador, que antes no había visto en el centro de la habitación, y enredado en él, mi vestido.

Gemí asustada y me levanté de golpe.

– ¿Pero qué pasó? – exclamé angustiada caminando rápidamente hasta ahí, Edward se bajó tan rápido de la silla que sentí vértigo.

Esta escena hubiera sido menos impresionante si... alguno de los dos hubiéramos tenido algo encima.

Me devolvió el vestido tan sonrojado que incluso el espanto se fue por un momento, lucía tan lindo.

– Yo… me dejé llevar por la desesperación de no encontrarte, como verás suelo golpear cosas cuando estoy enojado, y cuando vi tu vestido ahí, pensé lo peor, lo aventé… y… se enredó, yo, lo siento tanto – tomé el vestido y lo revisé para evaluar los daños, Edward me tomó una mano y colocó en ella mi cabestrillo que llevaba en la bolsa de su saco… su saco parecía la "Barney bolsa", nunca pensé que algo así entrara en un saco sin ser detectado, podríamos ir al cine y meter en su saco un burrito o unos nachos más baratos y más ricos de los que venden en el cine, sí, esa sería una buena primera cita…

Bella concéntrate.

Sí, hermosa y tacaña primera cita.

¡Qué te concentres!

– Si tiene algún daño yo lo pagaré, no fue mi intención Bella, discúlpame – dijo apenado.

– Claro que pagaras, Alice y Rosalie me lo regalaron, van a matarme si algo le pasó – dije tratando de quitarle hierro al asunto, él negó con la cabeza luciendo horrorizado pero con una sonrisa.

– No es una deuda que quiera cubrir, no dejaré que te maten – dijo abrazándome de nuevo.

Ok, de verdad podía acostumbrarme a esto.

Y a "esto" me refería a dos cosas.

A sus atenciones melosas.

Y a abrazarnos desnudos.

Sí, creo que podría acostumbrarme más a la segunda.

– Es un alivio saberlo – dije separándome y alejándome de regreso al sillón, custodiada por él – no tendré que contratar guardaespaldas ni matones profesionales – reí y el soltó una risita risueña.

Esto era tan cómodo.

Me senté en el sofá de nuevo y sin pudor tomé mi ropa interior del piso.

Siempre pensé que cuando este momento llegara, la cara se me caería de vergüenza por tener que vestirme frente al chico que... bueno, con el que había jugueteado.

Pero con Edward todo era cómodo, se me daba natural estar con él.

Sin embargo, él no estaba en sintonía conmigo en esto.

Cuando me dispuse a vestirme, el rápidamente se agachó por su ropa, la juntó toda en tiempo record y se dio la vuelta para entrar al baño, dándome la espalda.

No sin antes colocarme la frazada sobre los hombros, cubriendo de nuevo mi cuerpo con un gesto de ternura.

Su gesto fue tan caballeroso y caricaturesco a la vez que me reí.

– No es como si nunca hubieras visto lo que hay debajo de la frazada – le piqué riendo, mientras me acomodaba los senos dentro del sostén.

– No es como si no adorara lo que está debajo – replicó desde la puerta del baño, donde empezaba a vestirse, pero aun dándome la espalda – pero el manjar más exquisito es aquel que tiene el justo momento para saborearse – dijo haciéndome sonrojar de golpe, era el piropo más atrevido y lindo que me habían dicho – pero muy a mi pesar, no es ni el lugar, ni el momento; te siguen buscando – me recordó.

Asentí y apresurada terminé de subirme el vestido; salvo un jalón en la manga derecha que bien podría reparar fácilmente un costurero, y que afortunadamente ahora lo podía cubrir con el cabestrillo, el vestido estaba perfecto.

Bien por mí, por las chicas y por Edward.

Mal por los guardaespaldas y matones que necesitan otro diente de oro, u otro auto nuevo.

Me levanté y estiré mi brazo izquierdo para subirme el cierre, pero sólo pude subirlo a la mitad de mi espalda.

Comencé a doblarme y estirarme, pujando por el esfuerzo, pero no lograba alcanzar el cierre.

Apenada de los sonidos que producía me mordí el labio y le di la espalda a Edward.

Y seguí en mi inútil tarea de subirme el cierre.

De pronto sentí las manos de Edward en mi cintura, haciendo que me irguiera de golpe.

– Sólo tenías que pedir ayuda, no incitarme a quitarte el vestido de nuevo – dijo Edward a mi oído, tomando el cierre y rozando mi espalda desnuda.

Paro a la altura de los hombros, posó su mano en uno de ellos y lo acaricio lentamente, haciendo que las rodillas me temblaran.

Tras dos segundos de dejar su mano inmóvil en mi hombro terminó de subir el cierre, y se agachó por el cabestrillo, que volvía a descansar en el sofá.

En total silencio me colocó el cabestrillo con sumo cuidado casi como si mi brazo fuera de cristal, lo ajustó delicadamente para que me sintiera cómoda y después volvió a tomar la frazada y me la paso por los hombros con ternura mirándome con media sonrisa incómoda y la duda en los ojos.

– Lista – susurró con cautela, algo se estaba cociendo en su cabeza, lo sabía – llamaré a Emmett, estaba histérico – informó sonando apenado – creo... que debería haber hecho esto mucho antes – susurró para sí mismo sacando del bolsillo de su pantalón mi celular.

Lo abrió y me miró, como pidiéndome permiso, asentí y tecleo rápidamente, acercándose a mí.

Puso el altavoz y colocó el teléfono en medio de ambos, apenas sonó una vez.

– ¿Bella, Bella donde estás, estás bien, dime donde estás? – Casi gritó la angustiada voz de Emmett, dejándome muda de culpa – ¿Bella, Bells, Bella? – y yo seguía sin poder hablar.

– Esta bien Emmett – respondió Edward, mirándome con pena y remordimiento – la encontré, estamos en la bodega norte, se quedo encerrada accidentalmente, llama a todos y diles que nos vemos en la salida del callejón – ordenó Edward, lo agradecí, al parecer era el que más fría tenía la cabeza.

Pero no pudo disimular la culpa que se colaba en su explicación.

– ¿Seguro que está bien?, dime la verdad Edward, ¿Por qué no responde, paso algo malo, debo llamar a la policía, o a una ambulancia? – Dios, mi hermanito... soy una desgraciada.

– Estoy bien Emmy – me obligué a decir, con un nudo en la garganta y sintiendo los ojos mojados – estoy perfectamente, sólo llama a las chicas y vámonos de aquí, ¿de acuerdo? – pedí, Emmett dejó salir un suspiro y de él le siguió una risa aliviada.

– Tú pequeña escurridiza – dijo con voz temblorosa, sonreí a pesar de que sentía un tremendo nudo en la garganta, sonaba aliviado y estaba molestándome, eso era buena señal, no estaba enojado – no vuelvas a hacerme esto, bastante tuve con lo de hace cuatro años, creo que te pondré localizador – Edward me miró interrogante, y yo no pude más que bajar la mirada.

No era una historia que quisiera contar, a nadie, mucho menos a él.

– No digas idioteces Emmett – le solté un poco más agresiva de lo que quería sonar, nerviosa tome el teléfono de las manos de Edward dándole la espalda y quitando el altavoz, me aleje unos pasos y Edward no me siguió, respetando mi nada sutil pedido de privacidad – Emm, por favor, no saquemos eso a la luz, nunca – dije firme esta última palabra – ese fue el pacto – le recordé – ahora hermanito, vámonos del bar, a donde sea, pero vámonos, ¿sí? – le pedí tratando de sonar más dulce, no quería que se sintiera mal, por... supongo que medio romper nuestro pacto.

Además, ¡No podía ser tan desgraciada!, lo había hecho esperar más de lo debido por dejarme guiar por mis hormonas... ¡dos veces!... no, no podía ser tan mala con él.

– Claro, hermanita, los vemos allá, date prisa, quiero hacerte un coco raspado como castigo, pequeña escurridiza – dijo riendo ahora nervioso, pero lo dejé pasar, sin decir nada más corto la llamada, y yo un tanto confundida cerré el celular.

– ¿Estás lista? – me preguntó Edward desde el otro lado de la bodega, con mi bolso en una mano y en la otra una silla, asentí todavía confundida por las palabras imprudentes de Emmett.

Apenas me di cuenta lo pulcro que lucía Edward, y que yo no llevaba zapatos.

Volví a sentarme en el sofá, y con trabajos logré calzarme un zapato.

Edward estuvo a mi lado a tiempo para ayudarme a poner el otro zapato.

Comenzaba a preguntarme como había podido hacer todo lo que hice con Edward sin dificultades con el yeso, y ahora no podía siquiera calzarme un tonto zapato.

Creo que era torpeza selectiva.

Nos levantamos y me percate de una gran mancha en el sofa precariamente cubierta por un gran pedazo de papel... ¿eso era...?

Sin embargo, estaba demasiado concentrada pensando en el por qué Emmett había sido tan imprudente, tanto que si Edward me habló, nunca me di por enterada.

Avanzamos hasta la puerta, en total silencio Edward cerró la puerta colocando el seguro por dentro y yo me dedique a guardar mi celular en el bolso que acababa de darme, tratando de alejar esa nube tempestuosa del pasado que se acababa de formar en mi cabeza.

Aún en silencio comenzamos a avanzar por el estrecho y largo pasillo, Edward iba a mi lado y sentía la electricidad fluir entre nosotros, pero estaba ocupando la mayor parte de mi cabeza en alejar mis recuerdos como para obedecer a mi mano que demandaba estrechar la suya.

– ¿Puedo hacerte una pregunta? – soltó un poco nervioso, llamando mi atención, lo miré intrigada.

Eso no sonaba muy inocente.

– La estás haciendo – bromeé para probar si desistía, él rió, pero negó con la cabeza, bueno, lo había intentado – dispara – acepté, nerviosa por lo que se venía.

Pero era una mujer de palabra, y hacia unos minutos le había prometido sinceridad, cumpliría esa promesa.

– No quiero sonar... acusador, ni mucho menos controlador o chismoso, pero tengo curiosidad... y también algunas... pistas – suspiró nervioso – y siempre puedes negarte a responder si mi pregunta te incomoda, lo entenderé – ¿Por qué estaba siendo tan evasivo y a la vez insistente?, la pregunta debía ser muy seria – pero sobre todo, te pido que no enfurezcas, juro que es mera curiosidad, y no me molestaré sea cual sea tu respuesta – mierda, eso sí sonaba definitivamente malo.

Suspiré, al fin y al cabo iba a preguntar, lo sabía.

– Dímelo, me estas poniendo nerviosa – le dije, e inmediatamente sentí todo el peso de esa decisión.

Decía que tenía algunas pistas, ¿y si había escuchado lo que le dije a Emmett?, si quería preguntarme algo sobre eso me vería en la penosa necesidad de golpearlo hasta que le diera amnesia, y claro, no responder.

– Ok, pero recuerda, no te enfades – me pidió más nervioso, suspiro y yo lo mire expectante – tienes un lunar en forma de hueso de la suerte en el hombro – comenzó, me extrañé por completo, no era lo que esperaba – y alrededor de él, pude ver lo que parece un... chupete, o tal vez sea un golpe – corrigió al momento en que me frené de golpe y solté algo parecido a una tos.

¿El idiota de Quil me había hecho un chupete en el hombro?

¡Pero si será el más cabrón y degenerado!

– Y, estabas en ropa interior cuando te encontré... después de dos horas de buscarte, sólo son suposiciones, estoy sumando dos más dos – se calló nervioso y se llevó las manos al cabello meciéndolo con desesperación – bien, lo diré, pero no te enfades, o al menos no me golpées – pidió nervioso, yo estaba con la boca abierta anonadada – ¿Te ligaste a alguien del bar y te... acostaste con él?, ¿mentiste cuando me dijiste que eras virgen? – preguntó en un susurro casi inaudible.

Hubiera rogado porque fuera inaudible, pero no fue así.

Su pregunta, por mas descabellada que sonara, era precisamente lo que él había dicho, sumar dos más dos, era obvio que pensara eso después de las pistas que tenía.

Y no quería responder esa pregunta, pues para aclarar que no era lo que él pensaba tendría que darle detalles, y esos detalles seguro que no le gustarían para nada.

Pero si no le respondía rompería nuestro acuerdo, no quería romperlo, quería cumplirlo hasta el final y disfrutar de esa babosa primera cita.

Tenía que ser sincera.

Pero… ¿Cómo decirle al chico que te ha jurado cariño, que te ha salvado por millonésima vez, que te protegerá de tus amigas matonas, que sabe usar la lengua como oso hormiguero y que sobre todas las cosas, quieres con locura, como decirle que te revolcaste con un sujeto que no le agrada?

Estaba metida en un gran lio.

Mierda, ¿Quién invento eso de la sinceridad?

Eran unos idiotas.

Seguimos caminando, mientras yo me estrujaba los sesos para responder lo más adecuadamente posible evitando a toda costa una nueva escenita, como las que nos gustaba protagonizar.

Ahora recordaba y entendía porque nadie me había escuchado, esta estúpida bodega estaba escondida, Quil se había llenado la boca diciendo que era un escondite genial si no queríamos ser encontrados, y en ese momento no queríamos.

¿Cómo Quil siempre me mete en problemas?

No te hagas tonta, Bella, respóndele.

– Ahm… es que… no es así exactamente – dije insegura, Edward me miró frunciendo el entrecejo, volvió la vista al frente y con una sonrisa respondió:

– Creo que esa es suficiente respuesta – su sonrisa no era feliz, para nada, era una amarga mueca de rencor.

– No, no hagas más suposiciones – le pedí encarándolo, poniéndome de puntitas – no es lo que piensas – aclaré tomándolo de las mejillas para obligarlo a mirarme, lo hizo a regañadientes, pude ver como luchaba por controlarse – sí, supongo que lo que viste en mi hombro es un chupete, y sí estaba en ropa interior, pero no fue por acostarme con alguien, solo hice un striptease – dije enredándome con mis propias palabras.

Este deporte de la sinceridad, era difícil, y de alto riesgo.

– ¿Te ligaste a alguien del bar y lo llevaste a la bodega para… bailarle? – preguntó confundido, más bien horrorizado.

– Ahm – ok, soy una idiota, lo solté, ya no necesitaba obligarlo a mirarme, tenía toda su atención, ahora tenía que ser inteligente y hablar claramente – no, en realidad, no lo ligué, él… él y yo somos… algo así como amigos… que se besan cada que tienen oportunidad, bebimos unas copas y nos pusimos tontos, jugamos verdad o reto recordando nuestra adolescencia, y cumplí el reto de hacerle un striptease, pero no paso nada mas, solo fueron unos besos... y otras cosas, pero no fue más allá – aclaré rápidamente, la verborrea se me daba cuando estaba nerviosa.

Y vaya que estaba nerviosa.

Edward me miró entre sorprendido y horrorizado durante un momento, con la boca tan abierta que pude ver su campanilla.

Ok, esto sí que iba mal.

– ¿Estabas en la bodega con Quil Ateara? – preguntó Edward con tono grave pero sorprendido.

– Sí – respondí apenada bajando la cabeza de nuevo – él y yo tenemos una relación de… amigos ahm cordiales… desde hace mucho, hoy nos volvimos a ver, y… ya que yo estaba furiosa contigo y sólo quería olvidarme de ti… me fui con él – expliqué, pero sentía que todas mis palabras estaban de más.

Estaba cavando un hoyo demasiado profundo para mi tumba.

Si no había deducido ya que era una zorra, seguramente ahora si lo haría.

Buena forma de alejar al chico que quieres Bella.

– Eso… eso no me lo esperaba – dijo Edward estupefacto, tras un gran momento de silencio, se recargo en la pared que tenia detrás un tanto ofuscado, pero pude leer a la perfección el dolor que mi verborrea le había causado, tras un momento más sacudió la cabeza y se recompuso, se giró y volvió a avanzar – vaya, – comenzó con tono falsamente jovial – Emmett debe estar feliz de que tú y Ateara estén… o hayan estado… juntos – dijo sacudiendo la cabeza confundido.

– ¡NO! – exclamé deteniéndolo, tomándolo de la mano, sentí que las rodillas se me doblaban, recordándome lo cansada que estaba, Edward me miró confundido y asustado – no, Emmett no sabe nada, Quil es su mejor amigo, no creo que le guste que él y yo… bueno, que él y yo tengamos algo… – sacudí la cabeza confundida sintiéndome una maldita idiota por el rostro dolido de Edward – no, él, Quil y yo no tenemos nada, él ama a una chica en Forks, y yo… yo… tú me gustas Edward, fue un tonto arrebato, estaba furiosa contigo y quería desquitarme, pero no siento nada por Quil, ni él por mí – dije abatida, esperando que me lanzara ya al ventilador, como había arrojado a mi vestido, lo prefería a sufrir la agonía de su desprecio.

Wow… que profundamente desolador fue ese pensamiento.

– Bella – dijo Edward tomándome de la manos con sumo cuidado – no te preocupes, no le diré nada a Emmett, si eso es lo que te preocupa – dijo sonando comprensivo, pero todavía dolido.

– ¡Me preocupa! – exclamé girándolo para mirarlo a la cara – Pero me preocupa más que es lo que piensas tú – le dije abatida – créeme cuando te digo que él y yo no tenemos nada, quiero a Quil, como a un hermano, no se compara en nada a lo que siento por ti, nada– le dije desesperada.

No quería perderlo, no tan rápido.

En realidad, no quería perderlo nunca.

– Te entiendo – dijo sonando de nuevo tranquilo, su expresión se había relajado, pero no era feliz aún – sé que te impulsó a irte con... Ateara, no negaré que me hace rabiar de celos que hayas estado con él, pero, a pesar de eso, entiendo tus razones, y no tengo ningún derecho para censurarte, no tendría ningún derecho – hizo una pausa y se giro, nervioso con una mueca de incomodidad – además yo también lo hice – susurró.

Me quedé callada, procesando la información.

Bien, insistía en no tener derechos, eso me gustaba, pues no quería una relación de amigos facilones que se revuelcan y se celan, quería una relación seria.

Bien, había prometido no decirle a Emmett.

Bien, le daban celos que estuviera involucrada con Quil.

Y...

– ¿Tu también hiciste qué? – pregunté confundida.

¿Se había metido con Quil? Eso no tenía ni pies ni cabeza, y últimamente me inclinaba por pensar siempre que los hombres podían tener ese tipo de relaciones ocultas.

Gracias estúpido Jacob Black.

– Actué impulsivamente, te debo una explicación – comento un tanto incomodo – la rubia con la que me viste en la noche, fue... básicamente lo mismo que Ateara para tí – comenzó, dejándome con una amargo sabor de boca.

¿A qué se refería con eso?

Un escalofrió me recorrió, tal vez tenía razón, tal vez, esa rubia era la multi mencionada y claramente odiada Tanya, tal vez era un amor adolescente, o una aventurilla.

A pesar de que la curiosidad me mataba, algo dentro de mí estaba pendiendo de un hilo, peligrosamente, estaba segura que si aceptaba que Tanya era la rubia y me contaba una historia aunque fuera remotamente parecida a la mía con Quil, yo no podría actuar tan ecuánimemente como él.

– Estaba furioso conmigo mismo, no entendía como podía haberte dado tanto poder sobre mí, en tan poco tiempo, y después de... – se calló abruptamente, y me miró de reojo sorprendido, pero, yo no entendí por qué – bueno, toda la noche estuve peleando conmigo mismo, reteniendo mis impulsos de rendirme completamente ante tí, de correr a tu casa a ver como estabas – dijo rápidamente, comenzaba a darme cuenta de que él también sufría de verborrea.

¿No era lo más perfecto del mundo?

¡Los dos somos unos idiotas!

– Pero no podía, tu hermano estaba aquí, feliz y a la vez preocupado por ti, sería muy... obvio, y no quiero tener problemas con él... – se calló al darse cuenta del exceso de información que me estaba proporcionando, le di una pequeña sonrisa para alentarlo a seguir, y lo hizo – fue estúpido de mi parte, lo sé, yo simplemente accedí, ella se me insinuó mientras me dirigía a la salida para pedirle a Jasper que me cubriera e ir a tu casa – volvió a guardar silencio, mirándome para calcular mi reacción.

Estaba aun procesando sus palabras, me costaba un enorme trabajo, ya que estaba algo dividida en hacer una escenita de celos y derretirme por su estúpido don de decirme la verdad con tanta ternura.

– No se su nombre, no sé nada de ella, solo la besé, un par de veces, pero cuando me di cuenta que no se comparaba en nada a ti, y que además mi intento por sacarte de mi cabeza estaba resultando completamente lo contrario, me alejé, no paso nada más Bella, créeme cuando te digo que no te he podido sacar de mi cabeza – suspiró pesadamente, esperando supongo que encontrara un sartén para romperle la nariz.

Bueno, había dos cosas, Edward era el tipo más… normal que conocía.

En realidad no, sabía que esa era una opción, algo que haría un hombre enamorado y despechado, me la había imaginado después de su vehemente declaración, pero, en verdad no era una respuesta que me gustara.

No me gustaba por varias cosas.

Los celos eran lo primero, si hubiera seguido sus impulsos, todo lo de la noche hubiera sobrado y él y yo habríamos tenido una estupenda noche juntos.

Bueno, una noche mejor, y tan solo recordar el fantástico orgasmo que me había obsequiado me hacía rabiar.

Imaginar que podríamos haber llegado más allá, más de un orgasmo...

Sin embargo, no podía culparlo del todo, había sido cobarde, pero yo, lo era todo el tiempo, así que perdonado por eso.

Segundo, en realidad pensaba que esa rubia era la tal Tanya, el problema de Edward, pensaba que él me contaría todo sin necesidad de que yo le revelara el secreto que me había contado Quil.

Eso lo dejaría peor que mal parado, si le decía que Quil lo había escuchado, mataría a Quil, pero si le decía que además de eso lo había visto llorar, y todavía más, que todo me lo había contado para que me alejara de él, desataría una matanza.

Muy a mi pesar, acepté esa respuesta como la única que podía obtener.

No le provocaría más penas, dejaría pasar lo de Tanya para un mejor momento.

Uno en el que el nombre de Quil no saliera a relucir, no quería meterlo en problemas.

– Ya veo – dije insatisfecha y sin poder evitarlo algo triste, Edward siguió avanzando totalmente expectante a mis respuestas – creo que estamos a mano, y las cosas están claras entre nosotros – suspiré tomando valor – también muero de celos, pero entiendo porqué lo hiciste – dije, sentía la necesidad de dejar claro que no estaba enojada... o bueno no con él.

– Supongo que tendremos que soportarlo – dijo Edward con una risita tranquila – por mi parte veo difícil volver a caer en las redes del despecho, puedes estar tranquila, no te provocaré un ataque de celos, y no tenemos derecho a tenerlos – bromeo con una sonrisa torcida mirándome de reojo.

Nos detuvimos al fin, frente a una puerta de metal enorme que lucía demasiado pesada, Edward sacó un manojo de llaves de su pantalón y comenzó a buscar.

– ¿Quieres decir que no poseemos derechos uno sobre el otro? – pregunté insegura.

– Algo así, quiero decir que aunque me gustaría que no vieras a ningún hombre, incluso si fueras mi novia, no estaría en derecho de pedirte que no lo hagas, y viceversa – respondió levantando los hombros con simpleza.

– Entiendo – respondí tranquila, si esta relación duraba, tendría al novio más lindo, inteligente y comprensivo del planeta – por mi parte… espero no provocarte un ataque de celos – respondí picándolo en broma, funcionó, ambos reímos.

– Emmett debe estar volviéndose loco – dijo Edward escogiendo una llave y metiéndola en la cerradura.

– Solo espero que no me mate – dije nerviosa mientras el daba el último giro a la llave y jalaba la puerta.

– Dudo que lo haga, te ama, pero si lo trata de hacer, creo que en este caso si deberías contratar guardaespaldas o matones – dijo riendo, también reí.

Abrió la puerta y una suave luz blanca inundó el pasillo.

Edward me dejó salir primero, era un callejón angosto y tenuemente iluminado por las lámparas de alumbrado público.

Me adapté a la poca luz parpadeando un poco, di un paso hacía adelante para dejar que Edward cerrara la puerta, y entonces sentí como algo impactaba contra mi aventándome contra la pared.

Trate de aferrarme a Edward para no estrellarme, pero el cabestrillo me lo impidió.

Durante un segundo me asusté de lo que me había caído encima y quitado el aire, podría ser el tipo que pensaban que me había llevado, podría ser un asaltante violador asesino.

Pero, al segundo siguiente supe que era peor que eso.

Escuché los gritos agudos de Rosalie y Alice, mientras sentía mi cuello mojarse por las lágrimas de alguna o de ambas.

– ¡¿En dónde mierda estabas metida Isabella Swan? –

– ¡¿ Por qué no respondiste el teléfono, Isabella Swan?–

– ¡Me tenías muy preocupada! –

– ¡Casi llamamos a la Interpol para buscarte! –

– ¡Me dieron tantas ganas de comprar uno de esos perros que buscan cadáveres!–

– ¡Estábamos muy asustadas! – gritaron ambas en mis oídos, haciendo que las piernas ahora si me fallarán.

Ambas me sostuvieron para no caer, y me aferré a ellas abrazándolas para si, no caer, pero también para tranquilizarlas.

– Chicas, fue un terrible accidente idiota, estoy bien, así que cálmense por favor – dije mientras levantaba el rostro, ellas también lo levantaron.

No me equivocaba, ambas lloraban, sus expresiones aliviadas me derrumbaron y sentí los ojos húmedos.

– Eres una tonta Bella, casi me da un infarto cuando Emmett dijo que habías desaparecido, se te está haciendo costumbre, el viernes pasado también desapareciste – me tensé y busqué a Edward con la mirada, pero no lo encontré no veía bien con las lagrimas retenidas – te lo juro que si se te hace costumbre y el próximo viernes desapareces, te meteré un chip ubicador por el culo – amenazó Alice y acto seguido me besó con fervor la mejilla.

– ¡Alice! – exclamó Edward a mi derecha, pero no pude verlo, pues Rosalie me tomó de la mandíbula fuertemente.

– No sé que haya pasado, sentí olas y olas de desesperación y miedo cuando traté de encontrarte, así que sea lo que sea que haya pasado, más vale que no lo repitas, y lo olvides, no sólo por tu bien, te amamos, y no queremos que Alice te meta un supositorio con un chip, ¿entendido? – preguntó Rosalie un poco dura, me limité a asentir.

Ambas me aprisionaron en un abrazo fraternal, tan fuerte que sentí que los ojos se me iban a salir.

Les correspondí acariciándoles la espalda para tranquilizarlas, tenían razón, incluso yo estaba pensando en ponerme un chip localizador.

Vi pasar a Edward por detrás de las chicas, y reunirse con Jasper que estaba recargado en mi auto, busqué a Emmett y lo encontré agazapado detrás de su Jeep, como escondiéndose de nosotros, con su celular pegado al oído, nos miraba con una sonrisita pequeña.

Parecía que éramos un tierno espectáculo pues nuestro público masculino nos miraba como si fuéramos un osito panda bebé que aprendía a caminar.

Les besé las mejillas, y nos separamos, inmediatamente sentí la necesidad de sentarme, estaba cansadísima.

Hice amago de hacerlo, no importaba que hubiera en el piso, yo necesitaba sentarme.

Pero Rosalie me tomó del brazo que no estaba reposando en el cabestrillo y me colocó derecha contra la pared con un movimiento fuerte y agresivo.

Oh mierda...

Alice se hizo para atrás con una mueca de horror, seguramente copia de la mía.

Vi a Jasper bufar con desaprobación, y como Edward daba un par de pasos al frente para sacarme de encima a Rosalie, como había prometido, pero Jasper lo detuvo.

Rosalie me tomó de la mandíbula y se puso a dos centímetros de mi rostro con ojos entornados, como si estuviera drogada, su mirada me hipnotizó.

Un sonidito leve comenzó a salir de sus labios, como el de una vaca mugiendo, o bien, y con más respeto, como el que hacen los expertos en yoga mientras se retuercen en posiciones perversas, abrí los ojos mas aterrada.

Oh mierda, ya sabía lo que se venía.

Entonces Rosalie cerró los ojos y con nada de delicadeza estrelló su frente contra la mía, produciendo un estruendo hueco, torcí el gesto dolorida, pero no dije nada.

Mas me valía no decir nada.

Los mugidos de Rosalie aumentaron de volumen, mientras sus manos comenzaban a darme golpecitos por todo el cuerpo, y con cada golpecito ella daba un grito como de... no sé, ¿un mono apareándose?... carajo nunca me acostumbraría a sus rituales extraños.

Sus golpes fueron cada vez mas rápidos, fuertes y dolorosos, comencé a retorcerme bajo su ataque, aún así, supe que era mejor no evitar ninguno de esos golpes, algo me decía que era mejor dejarla seguir.

Se agachó para golpearme las piernas, me golpeó las nalgas, me "fauleó" y me sentí por primera vez como un hombre cuando le tocan su... hombría, incluso me pegó en los senos.

Pero nada de eso me incomodó más que lo último.

Se irguió de golpe abriendo los ojos de nuevo y volviéndome a atrapar con sus ojos entornados e hipnóticos, me jaló hacia arriba colocándome derecha de nuevo contra la pared y me tomó de ambos lados de la cara, mirándome fijamente y haciendo que no pudiera evadir su mirada.

– ¡Fuera! – exclamó con voz contenida, y entonces, se acercó a mí, y tocó mis labios con los suyos, no era un beso, sino, lo contrario supongo, succionó mis labios produciendo un sonido hueco, como cuando sacas el corcho de una botella de vino.

Me quedé helada, con los labios levantados como si me hubiera besado.

Y entonces sonrió y me abrazo.

Suspiré a medias, sabiendo que todo había terminado.

Pero claro, fui demasiado ingenua.

Se separó agresivamente de mí, y sin más volvió a darme un cabezazo esta vez tan fuerte que la vista se me nubló y caí hacia atrás, deslizándome contra la pared hasta el piso.

Escuché como Rosalie se alejaba unos pasos mientras susurraba cosas ininteligibles para mí, y un silencio abrumador se apoderó de los demás.

– ¡Rosalie! – Exclamó Jasper después de lo que me pareció una eternidad – ¡eres una bestia, mira como la dejaste! – le recriminó, y sentí como un par de manos me levantaban del piso.

¿Acaso me transporté a una feria y me subí al carrusel?... todo me daba vueltas.

– ¿Estás bien? – preguntó la apenada voz de Jasper muy cerca.

Comencé a pestañear compulsivamente, mi vista se aclaró y miré de nuevo el lugar.

Alice estaba reclinada en mi auto, donde antes estaba Jasper, Edward miraba a Rosalie como si le hubiera salido otra cabeza, una cabeza malvada, pues su expresión me decía que en cualquier momento saldría corriendo aterrado.

Emmett por su parte miraba a Rosalie con una mezcla de incredulidad y diversión, el teléfono que tanto lo había ocupado, había desaparecido.

Y Rosalie, estaba sacudiendo sus manos como si acabara de mojarlas, mirándome con una mueca de satisfacción y cariño.

No pude evitarlo.

Me aferré a Jasper mientras las carcajadas comenzaban a salir de mi boca a borbotones, tan fuertes y alegres que desconcertaron a la mayoría.

A todos excepto a Rosalie, que me miró mas satisfecha.

– Ay mierda – solté entre risas mirándola mientras me aferraba más a Jasper para no caer y retorcerme en el piso con carcajadas – eres excelente en las cosas raras, Rose – dije mientras las carcajadas iban dejando el lugar a una nada esperada aura de bienestar.

¿Qué había pasado en la bodega?

Nada malo, la vida era jodidamente hermosa.

– ¿Qué hiciste? – preguntó horrorizada Alice mirando a Rose como queriéndole arrancar la cabeza – le despegaste el cerebro del cráneo, ¡la volviste lela! – exclamó insegura de acercarse a mi o golpear a Rosalie, solté una carcajada alegre y siendo consciente de que no me derrumbaría solté a Jasper y me dirigí hacía Rosalie.

– Sólo fue un ritual de relajamiento, funcionó, está riendo, pregúntenle si recuerda que fue lo que le pasó, les aseguro que no – respondió Rosalie orgullosa extendiendo los brazos para recibirme.

Me lancé a sus brazos y la abracé agradecida.

– Eres la cosa más rara y linda que conozco, gracias amiga – le dije sonriente, ante las expresiones perplejas de todos.

– Lo sé – respondió orgullosa soltándome y pasándome el brazo sobre los hombros, extraordinariamente el cansancio había disminuido, seguía ahí, pero ya no se me doblaban las rodillas – Y bien, ¿Cuál es el plan? – preguntó con tono jovial girándose hacia Emmett.

Todos nos giramos a ver a Emmett que tenía una sonrisa de idiota que hacia demasiados años no le veía.

– Pues, es una sorpresa.

– Emmett, te he oído decir eso tantas veces hoy que estoy pensando seriamente si de verdad planeas las cosas o estas improvisando – bromeé caminando aún abrazada a Rose.

– Oh, esta vaya que está planeada – dijo con orgullo y mirando a Jasper y Edward de manera nada sutil, los tres soltaron risitas cómplices.

– Ok, eso suena prometedor – dijo Alice con una ancha sonrisa.

– Bien, dividámonos entonces – exclamó Emmett entusiasmado aplaudiendo una sola vez, el sonido rebotó en el callejón – Bells, si no te molesta, Jasper llevará tu auto, él sabe el camino, chicas, ustedes vayan con él – Jasper, las chicas y yo asentimos – Edward, Bella, ustedes vengan conmigo en el Jeep – volví a asentir mientras sentía como Edward se colocaba a mi lado – entonces, nos vemos ahí – dijo Emmett dándose la vuelta y abriendo la puerta de piloto del Jeep – ¡Jasper, ya sabes que hacer! – exclamó antes de entrar.

Rosalie me besó la mejilla y dando saltitos se dirigió al Volvo, mientras Jasper le abría la puerta del copiloto a Alice, con un gesto caballeroso y tierno.

¡Por dios!... ¿Saben qué significa sutil?

Edward llamó mi atención, abriendo la puerta de atrás del Jeep, también con gesto caballeroso y tierno...

Ahora resulta que estamos rodeadas de caballeros andantes.

¡Mierda que sí!

Entré dedicándole una leve sonrisa, y él cerró la puerta delicadamente.

– Bien, andando – dijo Emmett apenas Edward cerró su puerta, y arrancó recordándome porque odiaba ir con él, manejaba como si estuviera en la película de "Rápido y Furioso".

Involuntariamente bostecé, y entonces me pregunté que hora era, la ciudad estaba demasiado tranquila, y el cielo aunque oscuro, tenía una leve tonalidad naranja.

Miré el tablero del Jeep, y encontré mi respuesta, 3:05 de la madrugada.

¡Carajo!, de verdad me perdí mucho tiempo.

Podía sentir remordimiento, preocuparme, explicarle a Emmett que había pasado, pero preferí volver a bostezar.

– ¿Cansada, Bellita? – Me preguntó Emmett mirándome desde el espejo del auto, asentí volviendo a bostezar – en la cajuela hay una manta, ¿Por qué no tomas una siesta mientras llegamos?, el camino es un poco largo – dijo frenándose de golpe, pues le tocaba la luz roja.

Dude seriamente que con la manera en que manejaba pudiera dormir.

– Deberías dormir un poco – sugirió esta vez Edward girándose a verme.

Emmett también se giró, se pasó al asiento trasero y cayó sobre mí, poniéndome en la cara sus enormes pectorales, haciéndome sentir como la carne de una hamburguesa, inmediatamente se quitó, respondiendo a mi empujón y me tiró la frazada encima de la cabeza dejándome ciega.

Me enredé un poco para liberarme, pero al final me tapé con ella y me acurruqué en el asiento trasero, subiendo los pies para acomodarme.

– Duerme flojita – dijo Emmett, y Edward se giró a verme de nuevo, una sonrisa cálida iluminó su rostro y asintió.

Esperaba que Emmett se estuviera perdiendo de todos estos detalles, sino, ya lo estaba escuchando en su ataque de celos, o peor aún, ya me lo imaginaba aventándome contra él para que no golpeara a Edward.

Asentí y sin más cerré los ojos.

Por mucho que el ritual extraño de Rosalie me hubiera quitado la tensión, seguía muy cansada, este día había sido excesivamente largo.

Estaba comenzando a quedarme dormida, sintiendo esa tranquilidad previa al sueño en sí cuando escuché la voz de Emmett, era apenas un susurro, pero logré entenderla.

– Edward, ¿Cómo la encontraste? – claro, ya se me hacía raro que no hubiera decidido llenar el coche de chicas, quería interrogar a Edward.

– Ehm... – Edward pareció inseguro un momento, sentí como el auto desaceleraba, y me puse un poco nerviosa, pero la bruma del sueño me ganaba así que ni siquiera pude abrir los ojos – pues, iba a la bodega para tomar unos Walkie Talkies para las chicas y así estar todos en contacto y entonces... –

– No me refiero a eso – le interrumpió Emmett con voz tranquila, puede que haya fruncido el entrecejo, pero no era consciente de mis muecas, tenía tanto sueño – ¿Cómo estaba? –

Desnuda, respondí en mi cabeza con una risita, pero deje que Edward fuera el que pensara en una mejor respuesta, yo me acurruqué más lista para dejarme ir.

– Pues... aterrada – respondió Edward inseguro – la escuché gritar y llorar, de verdad estaba aterrada... ¿sabías que es claustrofóbica? – preguntó fingiendo desinterés, pero eso me sorprendió gratamente.

Sin necesidad de palabras él me conocía, esto era cada vez mejor.

– No, no lo sabía, ¿de verdad no le pasó nada? – preguntó Emmett preocupado.

– No te preocupes, Emmett – respondió Edward con voz tranquilizadora y simpática – estaba asustada, pero se calmó, tuve que cargarla hacia afuera del baño, pues estaba demasiado aterrada para moverse, pero a pesar de eso, podría asegurarte que no le quedara ninguna secuela psicológica, está bien – aseguró Edward, entre la bruma del sueño y un bostezo quedo, le agradecí internamente.

– Gracias – respondió Emmett tras un largo silencio, pensé que ya estaba dormida, si muy lindo, platica linda de chicos, pero cállense y déjenme dormir – Gracias viejo, gracias por cuidar de mi Bella, – se calló, con la voz estrangulada, suspiró fuertemente, al mismo tiempo que yo dejaba de oír otro sonido que no fuera su voz – Bella es todo para mí, es mi vida – susurró quedamente con voz mortificada.

– No te preocupes, para eso son los amigos – respondió Edward con voz controlada.

¡Ay, Eso fue tan tierno y hermoso Emmett!, sino tuviera tanto sueño...

Escuché, como si no viniera de mí un ronquido suave, y me dejé ir al fin, creí escuchar unas risitas burlonas, pero no podría asegurarlo.

Me perdí entre sueños sublimes y recuerdos gloriosos.

Disfrutando secretamente de mi encuentro secreto con mi secreto hombre, Edward Cullen.


¿Cómo vieron?

Yo Disfrute horrores escribiendo este capitulo.

Creeran que es enorme... pues tuve que cortarlo xD

Y si, quedaron 49 extendidas paginas!

Que espero les hayan gustado.

Ya se, cada vez hago actualizaciones más largas, aviso, la próxima no será la excepción, llevo muy avanzado el cap, y puedo asegurar que tendrán una largaaa actualización xD

Ahora, se que tarde muchísimo, que me merezco unos tomatazos, e inclusive tal vez algunas ya no lean esta actualización... Bueno, ni modo; para las que siguen aquí, GRACIAS, para las que llegan, las que regresan, para todas GRACIAS.

Como dije al principio, a partir de este capitulo se sube al barco, la nueva Beta de Noches, Ericastelo, pues; para los que no tienen Twitter, o no están familiarizados con... el mundo fuera de la web FF . net, les digo que hay muchos blogs, muy interesantes, entre ellos hay uno especialmente útil e interesante.

Mundo Fanfiction, El foro es muy entretenido, recomiendan autores y fics, si leiste un fic hace tiempo y no recuerdas como se llama la comunidad te ayuda a encontrarlo, te enseña como usar FF . net, o te da tips para resolver problemas; todo esto más muchas cosas más, de verdad lo recomiendo.

El servicio a la comunidad más importante (al menos para mi) de Mundo Fanfiction es que tiene una sociedad de Betas, Betas Mundo Fanfiction; es facilísimo pedir la ayuda de una Beta, la respuesta es inmediata, y los resultados increíbles... bueno no se si con todas la Betas, creo que me toco la mejor de todas, aunque puedo asegurar que son muy buenas xD

Por eso, como dije arriba... Varios hurras, vítores, gritos y aplausos para EriCastelo, Beta de Noches de Dulce Fantasia, hiper rápida, con trabajo impecable, genial en lo que hace! (Tambien tiene blogs muy interesantes, insisto, saquen cuenta de twitter! xD) Bueno, por estas razones, estoy haciendo una convocatoria a que envíen todas las llaves y artículos varios de cobre para hacerle su monumento.

Oh si, porque no todas la betas betean un capitulo de 49 hojas en menos de 24 horas y tan impecablemente como lo hizo.

¡De verdad se merece un monumento!, asi que háganme llegar sus llaves por favor xD

Ahora, no solo ella se merece Hurras, aca unas menciones especiales a varias de ustedes que también merecen muchos Hurras!

NAOBI CHAN, MARICLAU, EBRUME, MELO3M, PAWZITHA, LUNA-EVANS-26 (Que dice que me pondrá un monumento por los boletos del concierto de U2 en México que le consegui, si les pide, no le manden llaves, por favor xD )SARAES, ROX87, TINACULLENSWAN, KLAUDIA T, IDTA, -TSUKINO

¡Otros hurras más, para todos los reviews, alertas, favoritos y más!

MELANIE STRYDER, ALICE CULLEN239, KAPRII MELLARK, NIKOLA CARACOLA, MONI-CULLEN-PATTZ, AMERYTOH, YOLABERTAY, PALM FIC-CULLEN, , PATITO PATTZ, -DULCE AMOR-, TATA XOXO, KARITO CULLENMASEN, BELENROBSTEN, ANGIIEEEH, MELI8114, CULLEN-LEMMON, PAMECULLENSWAN, GEORGINA, JESS-STEW-DE-CULLEN, CODIGO TWILIGHT, TEPHIY Y MIREY CULLEN MOYER, SARITA21, , MA IN THE WONDERLAND, PITTY 87, JOSHICULLEN, NATASHA GRANGER, LAURA HURTADO, PAOEMMA, DIVA90210, TINAVCULLEN, LAURISS18, LUDWIKA CULLEN, THORAPOISON, SILVES, ALEJANDRA YARURO, MAR CULLEN BLACK, KATLYN CULLEN, ZOEY 25, MARIA MOK, , ANICHERRY, YASHAMARU KOTOHIME, LITZY, YZZA, PAAAMEEELAAA (ESTA VEZ LO COPEE, NO CONTE LAS LETRAS XD), DANYELA-0, MENTXU MASEN CULLEN, MICHEL WAYLAND S. CULLEN, MONIK75, MMPATTZSTEN.

Asi que, concluyendo, espero que les haya gustado, la próxima actualización esta aplazada para minimo dentro de dos semanas, máximo el 19 de Junio, suena a mucho, pero es mi cumpleaños y seguro que lo celebro con capi xD

Asi que... Gracias a todos! No olviden, recomendación muy muy muy... recomendada xD Saquen twitter!, espero su follow, búsquenme como TammPau, y ya que tenga twitter, denle follow a BetasFanfic y WorldFanfiction, oh vaya que no se arrepentirán.

Asi que, nos leemos próximamente!, la próxima actualización va para Numerología, pero máximo el 19 de Junio tendrán capi de Noches, un muyyyy revelador capi xD

Las amo!

Buena vibra!