Mi carga
Después de verla entrenarse, a Sanji no le quedaban dudas: Nova era digna hija de su padre. Con menos rudeza y un mayor sigilo, se movía por la cubierta como una bailarina. Sus dos espadas danzaban con ella y lo único que interrumpía su belleza era el ceño fruncido.
-Ya esta, Nova, ya paso-estaba tan enfadada porque no se lo contase desde el mismo momento en que paso, que la joven ni siquiera miro a su padre-Me costaba mucho decírtelo, no tuve más opción.
No le respondió, no hacia falta decir lo que pensaba, no otra vez.
-Han pasado dos semanas-Sanji levanto la mirada-Mañana es luna nueva.-Mañana sabría como iba su cuerpo.-Voy a dormir, no tardes mucho.
Estaba tan nervioso que el día se le fue demasiado rápido, no tuvo tiempo a disfrutar. Y por la noche, paso lo que más temía. Estaba durmiendo en su hamaca, sobre la del capitán cuando empezó el dolor en sus articulaciones, en su cabeza un fuerte picor, se despertó y vio que el pelo le hacia cosquillas en la nariz a Luffy. Tuvo que levantarse y salir de la cama para asegurarse. Si, allí estaba, ese pelo largo y esos ojos grandes y expresivos.
-No puede ser-toco su propio reflejo, se froto los ojos. Todo era igual.-No otra vez. No por él.-Se miro el vientre y lo acaricio. Si se rajaba ahí hasta atravesarse el útero, quizás volviera a ser hombre.
Pero no podía, era algo que su moral le impedía. Matar a un inocente por algo tan tonto como volver a ser hombre. Salio del camarote y entro en la cocina, estaba de los nervios y quizás cocinar un poco le vendría bien. Además, se acercaba el amanecer, tendría que encargarse del desayuno para la tripulación.
Nova entro en la cocina con los primeros ruidos y vio a una hermosa mujer rubia, de cintura y caderas equilibradas. El pelo le llegaba a las rodillas.
-¿Sanji?-la mujer se dio la vuelta y se sonrojo. No podía ser verdad-¿Papá? ¿Cuándo paso?-Se asomo a la puerta, no había nadie-Dime que estoy soñando.
La cocinera negó y volvió a su tarea.
-No se lo digas a nadie, por favor, el por qué soy de repente una mujer-quizás fuera demasiado tarde, el espadachín ya sabía que pasaba con su padre cuando estaba en estado y ahora….era una mujer de curvas ligeras.
Zoro estaba haciendo guardia y por una vez no podía dormir como era habitual, no supo bien si agradecerlo o maldecir, puesto que pudo ver la luz de la cocina y al acercarse vio a la rubia más sexy que había visto en mucho tiempo. Vio también la cara de espanto de Nova. ¿¡Con quién carajos se había metido el pervertido ese para acabar así!
-Creo que lo mejor es que por ahora te ayude con ese pelo tan largo-Nova suspiro, sentía la presión de una anciana sobre sus hombros-Y luego pensaremos en que les dirás a la tripulación.
-Les diré que así no puedo luchar y que me voy, eso no hay que pensarlo-la rubia se sentó en una silla en lo que su hija se movía alrededor, pasando pequeñas tiras de tela para entrelazarlas con su pelo en una trenza.
-Me iré contigo, así te ayudaré con todo, y si se atreve a volver lo rebanare-la pequeña apoyó la cabeza en el hombro de su pa-…madre y retuvo las lágrimas, no puede permitirse ser débil. No ante Sanji que es quien peor lo estaba pasando.
-Nova, se cómo te sientes, no soy tonto ni estoy ciego, estas dolida y puedes demostrarlo perfectamente – sujeto las manos de su hija para pasarla al frente, tenía los ojos de su padre, y también su tozudez. – En la próxima parada yo me bajo, y preferiría que te quedaras conmigo, pero no para protegerme, sino para que tu no estés en peligro.
La vida del pirata podía ser muy dura, no quería a su pequeño tesoro pasando por eso por él.
Ahora la cocina estaba en silencio. Nova sentada en una silla con gesto muy serio y Sanji de espaldas a la puerta mientras cocinaba. Los pasos en el pasillo las sorprendió a ambas, sobre todo cuando entro el peliverde con un gesto tan serio y amenazante.
Sin embargo, no dijo nada, se quedó ahí parado, mirando a las dos chicas en la cocina, quería decir algo, pero no sabía el qué exactamente. Una parte de si estaba enfadado con Sanji y la otra preocupada por él, ambas emociones sin un origen conocido exacto.
-Zoro-sama, ¿qué pasa? ¿Nos atacan? – Nova se interpuso entre el cocinero y el espadachín, en una postura relajada pero también lista para lanzar el primer golpe si era necesario.
-Quiero hablar con tu padre, Nova, ve a la cubierta, por favor – En otras circunstancias eso habría molestado a Sanji, dándole órdenes a su hija, pero tenía que admitir que le saco una media sonrisa.
Nova se sentó en la barandilla, ahora llevaba las dos espadas en las piernas, tenía curiosidad por saber de qué estarían hablando esos dos en la cocina, por supuesto que sí, ya se lo sacaría después a Sanji, pero ahora era mejor parecer obediente y tranquila. No quería que la echaran de la tripulación por rebelión.
-No tienes que mentirme, se por qué eres una…una mujer – era difícil pensar que esa rubia de ojos enormes, ambos visibles, boquita de cereza y cuerpo de infarto, esa muñequita de porcelana era el cocinero pervertido con el que se metía hasta hace muy poco – Nova me lo contó hace algún tiempo.
Y no entendía porque se avergonzaba al decirle la verdad, ni porque necesitaba, le urgía saber quién era el responsable, el otro responsable del meollo en el que se había metido.
-¿Y por qué vienes ahora con esto, Zoro?-eso sí, a pesar de estar avergonzado, al espadachín le encantaría que al menos se dignara a mirarle a la cara mientras están hablando - ¿Por qué no te burlas de una vez y me dejas tranquilo?
-Porque…no lo sé, supongo que porque Luffy me mataría, o Nami me llamaría insensible - O porque no encontraba placer en meterse con él por algo así - ¿Quién fue, o es, o será?
Ahora sí consiguió que lo mirara, con sorpresa, como si no se creyera que el que estaba plantado ahí, a menos de cinco metros de distancia fuera el mismo marimo de siempre.
-No importa, es mío, y se acabó, yo me encargare de todo este problema, me iré en la próxima isla y adiós muy buenas – No sabía otra manera de explicar todo aquello. – Si, definitivamente es mío, solo mío, mis asuntos.
-Así que te iras, como un cobarde, con el rabo entre las piernas – La perspectiva de que el cocinero se marchara le estaba produciendo una molestia en pleno estómago, si bien es cierto que siempre que miraba los ojos de Sanji sentía algo presionarle en la cabeza, algo muy profundo en su mente, ahora, ahora le dolía todo el cuerpo, esperaba que fuera porque no quería tener que pagarle a Nami para que cocinara o no quería cocinar él. – No creo que Luffy deje que te vayas así como así, pervertido, pervertida, lo que sea.
Se estaba empezando a enfadar, se estaban empezando a enfadar. Al cocinero se le hinchaba la vena de la frente por momentos y no dudo en tirarle una sartén a la cabeza cuando sobrepaso su límite.
-¡Marimo estúpido!-y con ello empezó la tormenta en el Thousand Sunny.
