Capítulo 19

Noticia


En la propiedad del Clan Lee, tenían también un sitio similar, oculto bajo tierra, donde los hombres solían entrenarse. Fue por ello que a Syaoran no le sorprendió que además de aquella bodega llena de armamento, hubiese también varias salas contiguas, donde podían practicar para mejorar sus habilidades.

Durante los días siguientes, mientras la Señora Daidouji y el profesor Kinomoto continuaban con sus vidas de la manera más normal que podían, intentando no levantar ninguna sospecha, Syaoran y Eriol permanecieron prácticamente encerrados en aquellas salas subterráneas, donde el adolescente aprendía a sujetar, apuntar, disparar y recargar aquella pistola.

Sakura, por su parte, continuó pegada a Touya. Parecía ser que la teoría de Sonomi era cierta, pues habían pasado apenas dos días para que el joven veterinario recuperase el conocimiento, y otros tres días más para que inclusive pudiese ponerse en pie. Un milagro, como decían los doctores.

Según las palabras de su madre, Tomoyo había ya dominado su poder. Sin embargo, ahora que sabía de la existencia de aquella habilidad, la joven de largo cabello negro no podía evitar preguntarse qué más podía hacer con ello. Y así, ella también se recluyó, en una de las habitaciones superiores de la Mansión Daidouji, para poner a prueba sus límites.

-Adelante -dijo la heredera de la fortuna Daidouji, antes de que inclusive hubiesen tocado a la puerta-. Sabía que eras tú, Sakura.

Las dos primas se sonrieron. Sin embargo, Tomoyo notó inmediatamente aquel sentimiento de pesadez que cargaba su prima, y se apuró a preguntar:

-¿Ha ocurrido algo?

-Touya y papá están peleando.

La joven de ojos verdes cerró la puerta tras de sí, y se apuró a sentarse en el borde de la cama de Tomoyo. La pelinegra no tardó en seguirla, y así, lado a lado, la menor de los Kinomoto continuó:

-Papá no sabía que Touya había estado alentándome a usar mi poder, sin que nadie se diese cuenta. Lo está regañando por romper aquel juramento de separarnos por completo del Clan Amamiya. Dice que por culpa de ello es que él casi muere.

-Pero el hecho de que Touya fuese herido fue simple coincidencia -intervino Tomoyo-. Los Reed iban por el profesor Li. Tu hermano no era el blanco…

-Según papá, en este mundo no existen las coincidencias, solo lo inevitable -recitó Sakura, como si hubiese memorizado las palabras de su padre-. Touya le contestó que, en ese caso, era igualmente inevitable que él me enseñase a usar mi magia, y aprendiera a defenderme… Y ahora se están gritando en el salón.

Tomoyo miró perpleja a su prima. Sabía que Touya tenía un carácter volátil, pero nunca le había faltado el respeto a su padre. Igualmente, ni en sus más locos sueños se hubiese imaginado nunca al calmado y paciente profesor Kinomoto gritando de vuelta. Mucho menos a sus hijos.

-Touya dice que está dispuesto a aprender junto con Eriol, pero papá dice que es una misión suicida y que si por culpa suya algo me pasa... -la voz comenzó a temblarle. Tuvo que tomarse un par de segundos para respirar profundo y contener las lágrimas, antes de poder proceder-. Papá dice que no quiere que tengamos el mismo final que mamá. No quiere que muramos a sangre fría por culpa de un grupo de asesinos.

Tomoyo no pudo evitar abalanzarse sobre su prima, y envolverla en sus brazos. Aquel cálido abrazo provocó que las defensas de Sakura bajasen, sin embargo, pese a que se sujetó con fuerza de la joven pelinegra, Sakura hizo lo mejor que pudo para no sucumbir al llanto. Tenía que ser fuerte. Para demostrarle a su hermano que su entrenamiento había valido la pena. Para demostrarle a su padre que era más fuerte de lo que él pensaba. Para demostrarle al profesor Li que era una aliada en quien podía confiar. Para demostrarse a sí misma que podía lograr grandes cosas, si se lo proponía. Tal como se había propuesto entrar a la Universidad de Tokio… quizá todo era cosa del destino.

-Intenté calmarlos -continuó la menor de los Kinomoto, con la cabeza enterrada en el pecho de Tomoyo, mientras pasaba su dedo por la colcha de la cama, en círculos, incapaz de alzar el rostro, separarse de aquel cálido contacto, y mirar a su prima a los ojos-. Pensé en decirles a ambos que Touya aún necesita descansar, que sus heridas no están cien por ciento sanadas, pero ninguno me prestó atención… Así que pensé que lo mejor sería quedarme aquí.

-Te has puesto a pensar… -inició Tomoyo, con voz queda-. ¿Que quizá las heridas de tu padre tampoco hayan sanado del todo?

Sakura se soltó en ese momento. Miró a su prima, preguntándose qué significaba aquello. Su padre, ¿herido?

-Creo que el profesor Kinomoto no ha podido sanar su corazón respecto a la muerte de tu madre, Sakura -continuó Tomoyo, intentando leer el alma de su tío-. El no formaba parte de un Clan, se vio involucrado con los Amamiya por matrimonio. Quizá sea por eso que no entiende, como lo hace mi mamá, lo que significa el formar parte de un Clan, y protegerlo. Quizá para él, mi tía Nadeshiko era su vida, y el saber que su persona más valiosa le fue arrebatada de una manera tan cruel… Tiene todo el derecho de estar preocupado por ustedes, por ti. Aunque sepas cuidarte, aunque tu poder te dé una ventaja con la cual tu madre no haya podido siquiera soñar… El sigue preocupado, por el recuerdo de aquella pérdida.

Sakura no pudo decir nada ante aquello. Los recuerdos de aquella noche eran muy borrosos, pero si de algo estaba segura, es que su madre les había sido arrebatada de una manera casi inhumana. Sin posibilidad de defenderse, completamente ignorante del momento en que se le había seleccionado como la siguiente víctima, Nadeshiko Kinomoto no había tenido oportunidad de preparar un contrataque, o una defensa.

Sabía que con ella tenía que ser diferente. Había mantenido con vida a Kero. Touya también había sobrevivido a aquel atentado, gracias a ella. Ahora que era completamente consciente de lo que podía hacer, estaba segura de que el profesor Li, Tomoyo y Eriol, podían depositar sus vidas en ella, pues ella se encargaría de mantenerlos a todos con vida.

Durante un par de minutos, nadie dijo nada. Mientras Tomoyo esperaba que sus palabras terminasen de hacer efecto en la psique de su prima, Sakura continuaba pensando en aquello que la heredera Daidouji había dicho, y cómo podía hacerle entender a su padre que, con mayor motivo, tenía que dejarla ayudar a los Li. Ayudar a los Amamiya. Ya no eran ellos solos contra el mundo. Tenían a Syaoran, quien era bueno con la pistola, Tomoyo y Sakura serían un buen apoyo en la retaguardia, y ni hablar de Eriol, quien en tan solo tres semanas de prácticas ya tenía una destreza para recargar municiones, además de aprender a usar su mano no dominante para igualmente disparar en el blanco indicado. Sin lugar a dudas, todo un prodigio. Si Touya podía hacerse escuchar sobre aquellos gritos, podían inclusive considerar otro aliado más que también pudiese entrenarse…

Una nueva oleada de gritos las distrajo en ese instante. Aquel estruendo no era ocasionado por la pelea entre Fujitaka y Touya: era la voz de Sonomi. Preguntándose qué había pasado, las dos jóvenes se levantaron de la cama, salieron de la habitación, y enfilaron por el pasillo, hasta llegar a las escaleras.

Los gritos de Sonomi, ahora más fuertes y claros, las hicieron titubear un poco. Sin embargo, no hubo necesidad de que tomasen una decisión, puesto que la señora Daidouji había salido en aquel momento de la sala (con Fujitaka y Touya pegados a sus talones), y tras verlas en el rellano del segundo piso, se detuvo e hizo una seña para que se acercaran.

-¿Qué ocurre? –preguntó Tomoyo, mientras ella y Sakura bajaban al recibidor, tomadas de la mano.

-Necesitamos reunirnos con el profesor Li y Eriol. Será más fácil contárselos a todos de una sola vez.

Emprendieron la bajada al depósito de armas, donde Sonomi se apuró a interrumpir las prácticas de Eriol, llamándolo a él y a su profesor. Y así, en menos de cinco minutos, aquel grupo de seis personas se habían dirigido a una habitación contigua que funcionaba como una sala de juntas, y ahora se encontraban sentados alrededor de una mesa ovalada, mientras miraban detenidamente a la señora Daidouji, quien dé pie e inclinada sobre la mesa, configuraba el proyector que tenía detrás de sí.

Apenas un par de instantes después, una nota de un periódico extranjero apareció en el proyector, delante sus ojos. Un idioma lejano que nadie parecía siquiera conocer, mucho menos entender, bramaba algo en unas enormes letras negras, mientras una fotografía de un desordenado pasillo de un centro comercial les producía más preguntas que respuestas.

Tras un par de clics en el teclado, la señora Daidouji se apuró a mostrarles una traducción de aquella noticia.

ASESINATO EN CENTRO COMERCIAL DE KUUSAMO.

-La víctima es una mujer extranjera –informó Sonomi, mientras comenzaba a remarcar en amarillo las notas más importantes del texto que todos leían velozmente-. Mujer asiática de alrededor de treinta años. La causa de muerte fue rotura de cuello y posterior desangramiento. La identificación que llevaba consigo menciona que su nombre es Fafner…

-Lee Fang Leng –dijo Syaoran, incapaz de creer que aquello pudiese siquiera ser cierto.

¿Una de tus hermanas? –preguntó Touya, a lo que el profesor no pudo hacer más que asentir.

-No es la única –agregó nerviosa la señora Daidouji. Con un clic, el proyector mostró, esta vez, una noticia de un periódico escrito en árabe. La fotografía mostraba un cuerpo cubierto con una manta blanca, al cual solo se le veían los pies desnudos. Con otro par de clics, la traducción se mostró frente a todos. Igualmente, el titular bramaba:

DESCUBREN EL CUERPO DE UNA MUJER EN LAS CALLES DE IZBAT AL MATAR.

Los puntos clave de la nota estaba nuevamente marcados en amarillo. Otra mujer, de alrededor de treinta años. Rasgos asiáticos. El motivo de la muerte era atribuido al ahogamiento, lo cual había ocasionado una investigación en toda regla, puesto que, pese a que Alejandría era una ciudad portuaria, el cuerpo había sido encontrado 3.5 kilómetros tierra adentro.

-El cuerpo fue encontrado a escasos quinientos metros del aeropuerto –continuó explicando Sonomi-. No llevaba una identificación consigo, por lo cual, el gobierno decidió revelar su rostro, por si algún familiar la reconoce.

La nueva imagen se mostró en el monitor, con lo cual todos los presentes la miraron por un escaso segundo, y se apuraron a voltear la vista. Aquello era demasiado gráfico.

-Es Fei Mei –confirmó Syaoran.

Se tomó un par de minutos en calmar sus pensamientos y emociones, antes de atreverse a abrir los ojos nuevamente. Cuando finalmente lo hizo, la fotografía había desaparecido, y el proyector no mostraba más que un fondo negro. Aun sin poder borrar aquella imagen de su mente, y con el temor de recibir una respuesta, Syaoran preguntó:

-¿Alguna otra?

A la señora Daidouji le tembló el labio.

-Si –fue todo lo que pudo decir.

Un nuevo recorte de periódico, esta vez americano. El texto en inglés fue entendible para todos.

Li Sheila. Encontrada por la policía fronteriza en una fábrica abandonada. Alguien le había sacado el corazón, y por tanto, había muerto desangrada. La policía lo consideraba un caso de tráfico de órganos, pues al parecer la fémina se encontraba ilegalmente en el país.

-Lee Xie Fang –susurró Syaoran, mientras cerraba con firmeza los puños, y se hacía daño en las palmas de las manos, todo fuese por no llorar.

Sabiendo que sus palabras no ayudarían para nada, Sonomi se apuró a decir:

-Por el momento, son las únicas noticias que se han encontrado. Sin embargo, eso no significa que su última hermana, o su madre se encuentren fuera de peligro, profesor.

-Es como si… si las estuvieran cazando, una por una –susurró Tomoyo, escondiendo sus labios detrás de sus manos. Su madre asintió.

-No podemos saber si ya las ubicaron, si aún están bajo observación, si han sido heridas, o si ya han terminado con ellas y la noticia aún no llega a los medios… -la señora Daidouji se detuvo a media oración, sabiendo que aquello sonaba extremadamente depresivo, y podía herir aún más al profesor Li, con lo que se apuró a cambiar sus palabras, sin embargo, antes de que pudiese cambiar de tema, o retractarse, fue el mismo miembro del Clan Li, quien habló por ella.

-Creo que ya es tiempo de movernos.

-Pero… -se apuró a decir el profesor Kinomoto, sin embargo, Sakura le impidió decir nada más.

-Estamos listos –dijo la chica, al tiempo que sujetaba la mano de su padre, el cual no pudo hacer más que mirar a su hija menor, con el dolor y preocupación reflejado en el rostro-. Touya puede seguir sanando sin tenerme a su lado. Las habilidades de Tomoyo han mejorado considerablemente, y Eriol ya ha aprendido todo lo que puede del profesor Li. No podemos estar más preparados de lo que estamos ahora, y viendo lo ocurrido… -hizo una pausa para no sonar insensible ante la muerte de aquellas tres mujeres, las hermanas de Syaoran, y continuó-. Lo mejor sería movernos, y rápido.

-Sakura tiene razón –dijo Syaoran, incapaz de creer que estuviese dispuesto a llevar a sus alumnos a una muerte que parecía ser segura. Sin embargo, intentó sonar lo más seguro posible, y continuó-. Creo que… creo que debemos ir a buscar a los Reed.

-¿Eso significa que me estás dejando atrás, monstruo? –rugió Touya. Sakura hizo lo mejor que pudo para sostenerle la mirada a su hermano mayor, y dijo:

-¿Entiendes la urgencia? Ellas murieron por culpa de los Reed. Todas de una manera cruel y casi inhumana. No tienes ningún entrenamiento de defensa, menos de ataque, ¿y esperas venir así? Además, aun no has sanado del todo. Y yo… yo solo estoy haciendo lo que me pediste. El motivo por el cual me hiciste practicar mis habilidades…

Tanto Touya como Fujitaka estaban por rebatir aquel argumento, cuando fueron interrumpidos por la señora Daidouji.

-Entonces me están diciendo que viajarán a china –el grupo entero la miró, expectante-. Un vuelo internacional puede ser fácilmente rastreado por el enemigo, suponiendo que tengan vigilados, ya sea a nosotros o a los registros de entradas y salidas del país. Debemos ser cuidadosos o nos expondremos y los Reed acabarán con nosotros antes de que podamos hacer nada.

A Syaoran aquello solo provocó que le hirviera la sangre. Sus hermanas, al igual que él, habían pasado los últimos meses escondidos, esperando. Y ya había visto el desastroso e irreparable resultado. Esconderse no iba a funcionar. Y ahora, con aquella rabia borboteando en su interior, sabía que prefería morir atacando, a esperar que lo encontrasen y acabasen con él.

-Tenemos que reunirnos los pocos que quedamos –musitó Syaoran, con lo que las miradas se posaron esta vez en él-. Si tenemos suerte y Fuu Tie aún no ha sido descubierta, pero al igual que nosotros se ha enterado de las noticias, podemos estar seguros de que ella también intentará volver a Hong Kong. Estoy seguro de que una vez allí, podremos rastrear a mi madre, e idear un plan con ella.

-Entonces, ¿cómo ingresaremos a Hong Kong? –preguntó Tomoyo, aunque algo le decía que ya conocía la respuesta.

-Un jet privado y un cargamento de juguetes–dijo Sonomi.