Nota de la autora: Gracias a todos los RR – que no son muchos – ¡Aquí esta, aquí, aquí! ¡El capitulo más esperado por todos! Me costó escribirlo, he de reconocer que el ZoSan no es mi pareja favorita, pero…Hice mi mejor esfuerzo, es lo único que tengo que decir.
¡Gracias por leer! (Y por dejar Review)
Te olvide
Dos meses y medio después.
Es increíble cómo pasa el tiempo cuando todo lo que haces es divertirte, incluso cuando tienes que dormir dando vueltas en una hamaca o tu hija mayor te va siguiendo por si te mareas o te desmayas. Si, Sanji empezaba a cansarse de Nova. Le hacía gracia, al principio, luego era casi un incordio y si no era ella, era algún miembro de la tripulación. ¡Un día Brook le pregunto si podía desmayarse para verle las bragas! ¡Hasta donde llegará ese esqueleto pervertido! Chopper estaba ciertamente preocupado, afirmaba que no podía cuidarlo bien sin el equipo médico necesario, así que pararían en la siguiente isla para, además de lo usual, para ir a un hospital y hacerle un chequeo rutinario al cocinero.
El único que lo trataba igual, o casi igual, era Zoro. A veces se le quedaba mirando fijamente, y se apartaba de su camino sin tener que decirle nada, pero por el resto no iba detrás de él para que no se hiciera daño.
En ese momento, sentados en la cubierta mientras hacían guardia, todo era muy tranquilo, Zoro limpiaba sus espadas y Sanji simplemente disfrutaba del silencio y la brisa marina. Que relajante era estar allí, así.
-¿Quién es el padre? – la pregunta le sobresalto, ¿quién era quién? – El padre, el de Nova.
Se atraganto con su propio aliento.
-¿A qué viene esa pregunta? No es algo que a ti te importe.
-Me preguntaba porque no le habías dicho quién era su padre, pese a que ha recorrido medio océano para buscarte – lo observo moverse con esa manera tan suya, y reacomodarse – Así que supuse que sería bastante famoso o que saberlo le causaría problemas de algún tipo.
-Ni es famoso, no mucho, ni le causaría problemas…es algo que no tengo que hablar contigo, Marimo – já, si el supiera, solo si él supiera la verdad.
-Ella dijo que era un monstruo, así que debe de odiarlo mucho y ya que es parte de la tripulación, es mi deber cuidar de ella, como de ti, por mucho que te odie y lo mucho que me odies – Que estúpido, odiarlo era imposible.
-Te diré una cosa, él no nos recuerda, ni a mí, ni a Nova…bueno, a ella nunca la conoció, hizo una promesa y fíjate por donde, todavía persigue el fantasma de esa promesa – había oído la historia de Kuina, no porque él la contara, pero hablaba en sueños, algo tenía que saber ¿no? – Si intenta venir con que de repente se acuerda, le patearé el trasero.
Se levanto después de eso y se alejó hasta que no pudo verlo más, le sentaba fatal el mentirle, pero es que no podía hacer más. ¿Cómo se tomaría saber de repente que se conocían desde antes? ¿Qué tenían una hija en conjunto? Probablemente lo odiara para siempre y no quería que pasara algo así.
El espadachín por su parte se quedo en la cubierta, había estado teniendo sueños muy raros, bueno, lo de siempre, pero ahora era capaz de ver más allá de Kuina y sus constantes peleas, podía ver otros enfrentamientos, otros que afectaban unas piernas largas para un crío y dos zafiros demasiado tristes. Suspiro y se sentó con las espadas, quizás ya había perdido la cordura y veía cosas donde no las había.
-Hola, ¿no puedes dormir? – ¿y cuando llego esa cría a su lado? Hoy estaba muy seria, planeaba algo, seguro. – Yo tampoco puedo dormir, bueno, tampoco es que duerma mucho.
-Para crecer necesitas dormir. – no le molestaba su presencia, es solo que…se parecía mucho a él, ese pelo, esos ojos y la forma de moverse con las espadas le recordaba a su infancia. Y a Kuina.
-Bueno, siempre puedo quedarme como estoy, no estoy mal, ¿verdad? – la vio acercarse un poco más a él, apoyando las manos en su rodilla. – ¿Te molesta si me acerco a ti?
- No, pero no me gusta, así que…aléjate.
La cría se rió en su cara, era una risa mezclada, similar a la risa del cocinero pero algo más.
-Tu padre dice que tu padre no es muy famoso, quizás te sirva de algo.
-¿Por qué le preguntaste? Eso le molesta y no puede estresarse demasiado ahora mismo. - le hablo como si fuera idiota. Sabía que el cocinero no podía estresarse, pero esa cría se parecía demasiado a él mismo como para ignorar darle su ayuda. – Igualmente no me dice mucho. Gracias.
Durante esa noche, el sueño le llego de forma más nítida que nunca, era como si estuviera allí de verdad.
(Sueño)
-Corre, Sanji.-la pequeña figura de un peliverde de ojos ámbar, casi arrastraba al nombrado Sanji, una figura delgaducha de grandes ojos azules y sonrisa brillante.
-Espera, Zoro, hay que asegurarse de que no venga nadie.-contesto a la desesperación de su compañero, mirando por encima del hombro, pero sin dejar de sonreír y soltar alguna risilla nerviosa.
-No te preocupes, además no vamos a hacer nada malo.
Ambos pequeños echaron a correr riendo, agarrados de la mano, mientras se dedicaban tímidas sonrisas y alguna caricia inocente.
Llegaron a un claro donde parecía que era de día, pues la luz de la luna lo iluminaba tanto que de verdad parecía el sol. Zoro se giro para mirar a su compañero, no sabía como empezar toda aquella diversión, solo sabía lo que había escuchado de otros chicos mayores que él en el descanso de los entrenamientos, y Sanji tampoco estaba muy ilustrado. Se dejaron llevar por sus instintos después de varios minutos dándose besos muy suaves por toda la cara, el cuello y algunos abrazos entre medias.
(Fin del sueño)
Zoro se levanto espantado por la mala jugada que su mente le había gastado, pero cuanto más pensaba en ello más racional le parecía. La primera vez que se vieron y una pequeña luz en los ojos del cocinero se apago, pensó que eran imaginaciones suyas, pero no. Fue por el hecho de que Sanji si se acordaba de él. ¿Cómo pudo olvidarlo? O quizás nunca lo olvido, porque siempre le latía el corazón a mil por hora cuando veía al cocinero, se preocupaba por su bienestar más de lo debido. Le quería, más, le amaba, y era tan ciego para no reconocer lo que estaba ahí, frente a sus narices. Igualmente, ¿ahora que podía hacer?
Se levanto y observo a la hermosa rubia que todavía compartía habitación con los hombres, tenía entre sus brazos a Nova, ahora que la miraba bien, se parecían incluso físicamente, el pelo, los ojos…Sonrió y acaricio la mejilla de Sanji.
-Oe, ero-cook, siento haberte olvidado durante tanto tiempo, no sé como, pero te olvide. – Sí que sabía como había pasado, se había obsesionado demasiado con la muerte de Kuina, se había incluso echo inmune a los atractivos a su alrededor, las curvas femeninas, el tacto de su piel contra otra sin estar peleando…- No sé si debería decirlo, no con tu hija delante, pero, repitamos lo de la ultima vez.
