¡Qué te quiero a ti!
Entro en la cocina cuando estaba seguro de que solo estaría el cocinero, y entonces se dio cuenta de que no sabía que decirle. Había venido tan aprisa como podía para restaurar su honor y ser una persona de bien, como le habían enseñado toda su vida, y resulta que se olvida de preparar un discurso o al menos algo convincente.
Sanji lo miraba al otro lado de la mesa, con sus ojos llenos de sorpresa.
-Tenemos que hablar – cuanto mal había hecho esa frase a todas las relaciones, pero un momento, ellos no tenían ninguna relación – Ayer, ayer me entere de lo de, de lo Nova, y no actué como se supone que debería…
El cocinero le tapó la boca, sus ojos azules llenos de lágrimas y una leve sonrisa en sus labios.
-No te disculpes, es normal que actuaras así, te lo oculte por eso mismo – lo observó mirar alrededor – No se lo digas, no pasa nada, ya ha estado sin su padre mucho tiempo.
En el fondo, lo que Sanji no quería era que Nova intentara asesinarlo y terminara herida, no por nada Roronoa era el mejor espadachín del mundo.
-Pero no es correcto que nosotros lo sepamos, no podré actuar con ella como hasta ahora – el cocinero le tomo el rostro entre sus delicadas manos y le dio la sonrisa más bonita que había visto hasta ahora.
-Zoro, estas confundido, espera que vuelva a mi cuerpo de hombre y veras como se aclarará…-el espadachín se cansó de sus tonterías, ya le había dicho que le quería, en sus recuerdos el rubiales es un chico, un crío, pero un chico, ya lo ha mirado como hombre, esas piernas y ese cuerpo delgaducho, aunque fuerte.
Lo beso contra la mesa de la cocina, no dejo que hablara cuando se separaban, volvía a besarlo sin soltar su cintura, sus cuerpos estaban totalmente pegados y podía oír los suspiros ahogados y algún que otro intento de protesta.
-A ver si te queda claro, Ero-cook, te quiero, me gustas, y no creo que el que seas hombre o mujer no cambia ese hecho – eso se lo había dicho a Kuina una vez, cuando ella dudaba de ser espadachín por ser mujer. – Y sería poco ético que tu hija no sepa la verdad, es cruel.
Después de que la conversación terminara, Zoro lo había besado una vez más antes de irse a entrenar en cubierta. Podía verlo a través del ojo de buey y disfrutar haciéndolo sin esconderse porque no había nadie que se diera cuenta de cómo lo miraba.
-Papa – o al menos no había nadie antes - ¿Qué haces?
-Nada, Nova, pensaba en que cocinar para la cena.
-Quedan horas antes de que sea hora de cenar – la chiquilla se asomó al ojo de buey pero ya no había nadie. – Dorobo Neko-sama me pidió que te llamara.
-Seguramente querrán su elixir diario – incluso siendo una mujer, incluso queriendo como quería al espadachín, sus damas eran sus damas y merecían las mejores atenciones – Dile que enseguida estoy con ellas.
Se puso a revolotear por la cocina para ir preparando el elixir embellecedor de sus damas de a bordo y cuando la bebida tuvo el exacto tono de azul cerúleo, las coloco en una bandeja bien adornada.
Sin embargo, sus damas no estaban en cubierta, estaban esperándolo en el camarote de la pelirroja con un hermoso y diminuto conjunto de traje de baño de tres piezas, y la de en medio era más bien una tela de araña.
-Na-nami-swan… ¿se va a cambiar delante de mí? – se le subieron hasta los colores y le temblaron las rodillas.
-No seas tonto, Sanji, es para ti – al ver la cara de confusión del cocinero, le extendió aquel pedazo de tela – Póntelo, vamos a tomar el Sol juntos.
-Pero tengo que cocinar…
-Cocinero-san, por favor, quedan horas hasta la cena y Doctor-san dice que es bueno que tomemos el sol si tenemos cuidado – la morena arqueóloga trataba de ocultar una sonrisilla tras su mano, de una manera muy coqueta.
-Pero estoy gordo – era mentira, pero ¡qué demonios! ¡Si se ponía ese trikini* sería el hazmerreír de la tripulación durante años!
-Hazlo por nosotras, Sanji-kun – era tan débil. Suspiro y cogió el traje de baño entre sus manos, se dio la vuelta para entrar al baño y así fue como no vio las sonrisas de victoria de sus damas.
Cuando la puerta del baño volvió a abrirse las chicas ahogaron un jadeo, la curvilínea figura de Sanji quedaba tan eróticamente perfecta en aquel trikini y la tela del vientre disimulaba bastante su incipiente tripita de embarazo, las piernas largas y torneadas y unos pechos generosos, debido, en gran parte, a la lactancia, daba incluso un poco de envidia sana. Además, había atado su larga melena rubia en una trenza que descansaba sobre su hombro izquierdo y un delicioso rubor se extendía por su carita.
-Estoy ridículo, ¿no tienen nada más…tapado, Nami-swan, Robin-chwan? – ellas negaron, todavía intentando recuperar el aliento que les había sido sustraído por tan angelical visión. – No puedo salir así.
Con lo que no contó Sanji fue que, al darse la vuelta para cambiarse a su veraniego traje naranja, quedara al descubierto la cicatriz – todavía sin terminar de curar – que le había dejado como regalo Ace, hacía casi tres meses. Y ver el nombre del hermano – totalmente opuesto – de su capitán escrito a carne viva en la espalda del cocinero sí que las dejó sin aire.
-Cocinero-san…- Sanji se volvió a mirarlas y las dos damas estaban entre sonrojadas, horrorizadas y…algo más que no supo interpretar – Normal que quisiera otro traje de baño.
-Y que no dijeras nada sobre "tu asuntillo"- no las entendía, ¿qué estaba pasando? ¿De qué estaban hablando? Nami le señalo el espejo y lo recordó. No pudo evitar sonrojarse. – No sabíamos que te iban…ese tipo de cosas.
-No es lo que parece, Nami-swan, Robin-chwan – ¡El horror, el horror! – No es como si yo…
Claro que no, él no quiso que pasara, él no lo buscó, el intento impedirlo. Sollozo cuando todo se le vino encima. Él, ellos, no quisieron, ¿cómo acabó así? Cuando Nova estaba por llegar Sanji era feliz, sonreía, hacía las cosas con alegría, porque en el fondo su hija era un recuerdo, el recuerdo más hermoso que le pudieron dar y en esta ocasión no podía imaginar cómo sería el bebé sin que le doliera el pecho y le entraran náuseas. Ace, Ace no había sido consciente, no era consciente todavía, de la forma en la que había hecho de su vida un infierno, el peor infierno. Ni siquiera los dos años con los okamas le habían parecido tan horribles y dolorosos. Se tuvo que echar a llorar porque no aguantaba la fuerza de esos recuerdos tan dolorosos.
-Yo no quería pero tampoco es culpa suya, todo es culpa mía – Una cosa era llorar y otra muy diferente era confesarlo así como así, no podía parar de sollozar y decir tonterías que las dos mujeres no entendieron.
-Tranquilo, Sanji, respira, Chopper nos matará si ve que te hicimos ponerte mal en tu estado – la pelirroja se arrodillo a su lado y la abrazó muy fuerte.
-¿Por qué no nos cuenta lo que paso, cocinero-kun? – Quizás sí que fuera lo mejor.
Dejaron el día de playa para otro día y dejaron que el cocinero les relatara – brevemente y eliminando escenas innecesarias – como fue que se terminó embarazando de nuevo.
-Cabrón aprovechado – Eso fue lo único que soltó Nami cuando acabó de contárselo – Si tan caliente estaba que se hubiera…
-Navegadora-san/Nami-swan – la chica pareció avergonzada.
-Y dime, Sanji-kun… ¿has pensado algún nombre? – el cocinero negó y las dos empezaron a recomendarle nombres.
-Definitivamente Luke es muy bonito, pero es mucho mejor Aer, o Yû…son nombres muy cortos y fáciles de recordar – los tres se rieron. Si en una tripulación como la Mugiwara un nombre corto y sencillo de recordar es lo mejor.
Salió del camarote un poco más tranquilo, quizás porque se había quitado un peso de encima, sentía que podía superar cualquier cosa que le viniera, al menos contaba con su… ¡qué mierdas decía! ¡Podía superarlo todo porque tenía a sus nakamas! Alguien lo jaló y la beso, incluso estando en medio de la cubierta. Si, también tenía a Zoro.
-Te quiero, marimo.
-Yo sí que te quiero a ti, cejas de sushi.
Se rieron, Zoro abrazando a su koi por la cintura y con las frentes pegadas. Si, que viniera el infierno, estaba listo para recibirlo.
Dios, ¿no es genial? Un capitulo donde son ¿felices? No se preocupen, el infierno vendrá pronto *cara demoníaca*
