Esto es raro, pero me gusta (El primer lemon de la historia)
Prepararon un banquete en la cubierta, la carne y el ron era lo que más abundaba, además de la música de Franky y Brook y las desafinadas notas del capitán, a las que de vez en cuando se unían Usopp y el doctor Chopper. Todos estaban animadísimos, de eso no cabía duda. Les dio igual que el sol empezara a asomar en el horizonte, ellos todavía tenían energía de sobra para una juerga más si hacía falta.
-Oe, Sanji – Zoro le tiro de la falda del vestido y le señalo el camarote – Acompáñame a buscar una cosa.
El cocinero más o menos entendía que quería "ir a buscar" el espadachín y se fue con él, bien cogidos de la mano. Robin y Nami se rieron un poco, sería mejor dejarles el espacio a los chicos sin que ningún otro nakama fuera a molestar, Sanji se lo merecía.
Los besos empezaron de manera violenta, extraña, necesitada, cuanto más cerca estaban del camarote, más tranquilos se hicieron, todos estaban demasiado ocupados para notar que se habían ido, por lo que tenían todo el tiempo del mundo para volver a investigar el cuerpo contrario sin ningún tipo de prisas. Zoro la abrazó con cuidado de no hacerle daño, ahora era mil veces más frágil que lo que era siendo hombre, además, no estaban "solos" por completo, había algo en medio.
-No tenemos que hacer esto – Sanji notaba que a su compañero le molestaba su incipiente vientre, y no quería quedarse a dos velas más tarde – Podemos esperar…
-¿Esperar? ¿Más? ¡Me volvería loco! – La beso una y otra vez, besos de mariposa - ¿Tú quieres que esperemos?
Era la única manera que había que el cocinero no quisiera seguir con eso, pero cuando negó firmemente que quisiera dejarlo, sonrió de medio lado.
-Pues sigamos – era cierto, sin embargo, que el pequeño bulto entre sus cuerpos podía llegar a ser un impedimento tarde o temprano, pero ya lo solventarían en otro momento.
Se tranquilizó un segundo, respirando hondo, quería comerse a Sanji, comérselo entero, sin embargo, también quería saborearla, así que empezó a desnudar su cuerpo, descubriendo con caricias todas sus nuevas curvas, todas sus reacciones, y con cada suspiro que la mujer daba, se enamoraba más y más, se estaba perdiendo en aquellas orbes azules que brillaban deseosas por más. Luego empezó a desnudarse para ella, el abrigo, el haramaki (la faja)...todo, hasta que solo fuesen piel contra piel.
Repartió una sucedánea cadena de besos por la línea de su mandíbula y su cuello de cisne, bajando por el escote de su generoso pecho. Mientras lamía uno de los pezones, estimulaba el otro con sus dedos, con mucho cuidado para no hacerle daño, todo eso era nuevo para Zoro, quien para desahogarse buscaba una chica fácil, la usaba y la dejaba en cualquier lado, sin ser muy cuidadoso con ella. Así que ahora que se encontraba frente a una persona a la que quería de verdad, a la que pensaba que solo deseaba, tenía que ser muy cuidadoso. No quería dañarlo de ningún modo.
Sobre sus cabezas la algarabía iba disminuyendo, por las pequeñas rendijas se colaban los rayos de sol, la música, y todo junto creaba un pequeño espacio de magia romántica solo para ellos dos. Las caricias bajaron de ritmo, los labios, los roces, y en ningún momento dejaban de mirarse a los ojos.
-Hazlo, Zoro – la forma de decirlo, tan sensual, con las manos en los anchos hombros del espadachín terminaron de volverlo loco, se colocó mejor entre las piernas del cocinero y lo vio sonreír – Por favor.
-Tienes prisa – posiblemente el tuviera más apuro por entrar de nuevo en él, pero su orgullo y su rivalidad llegaban hasta en este ámbito – Te lo daré, pues.
Entro despacio, el primer contacto era como si de repente, todo tuviera sentido, como si esto era para lo que estaban destinados, apresuró un poco la primera estocada, pensando "esto es un poco raro", Sanji era un hombre con cuerpo de mujer, se sentía diferente a estar con otras mujeres. Las siguientes embestidas eran más rápidas, seguras, e igualmente suave. Los ruidos de cubierta ya no importaban, ahora estaban ellos dos.
Bajo su cuerpo, Sanji suspiro al sentirlo moverse y enredó sus piernas, levantando un poco más la cadera y agarrándose bien a la espalda de Zoro, ambos jadeando sobre los labios del otro sin dejar de mirarse intensamente a los ojos, azul frente a ámbar, y sonriendo, estaban totalmente juntos de nuevo, como al principio.
Las sensaciones aumentaron cien, mil, diez mil veces más, como si fuera nuevo, pero sin perder ese encanto de que las cosas estaban como debían estar, que ellos estaban donde debían estar y con quien debían estar.
En el momento en el que Zoro consiguió llevar a Sanji a la cumbre, sus paredes estrecharon tanto su miembro que parecía que pretendía asfixiarlo, y lo llevó al clímax más intenso que nunca tuvo, y había tenido muchos. Tuvo cuidado para no aplastarlo con su peso, giro su cuerpo y dejo que la cabeza rubia reposara sobre su pecho, húmedos de sudor, y felices.
-Te quiero, marimo, te quiero de verdad – Rió mientras besaba el cuello de Zoro, no esperaba que le respondiera.
-Y yo, cejas de sushi, y yo te quiero a ti – Le acarició la espalda y tiro de la manta para taparlos bien, cerrando lentamente los ojos.
La puerta del camerino se abrió en ese momento, Nova estaba buscando a su padre, no pretendía encontrárselo en brazos del espadachín, sonrió, se veían bien juntos, parecían felices. Cerró la puerta y fue a buscar algún lugar donde descansar hasta la hora del desayuno. Ya todos dormían en cubierta, todos menos ella. Así que se sentó en la baranda y observó el mar tranquilo, el barco de Akagami no Shanks, tendrían que ir juntos hasta la siguiente isla, por eso del Log Pose, cosas que ella no entendía, pero le parecía divertido.
-Será un gran viaje – susurró a la nada, con los ronquidos y palabras sueltas bailando en el aire.
