Dormí demasiado bien, Fiona estaba bostezando por la cama también. Tuve un sueño agradable encima, algo que agradecer con lo mal que estaba durmiendo últimamente. Fui al silencio del comedor arrastrando las zapatillas, Nuriel debía estar dando vueltas por la ciudad en busca de pisos. Sonreí recordando que nos íbamos a pasar el finde entero juntas, estaba impaciente.
Le envié un mensaje para saber qué hacía, respondió al momento. Le quedaban un par de sitios a los que ir, así que iba a tardar un rato. Navegué hasta la cocina, sección de merienda, había más cruasanes de los que recordaba, seguro que había sido ella.
Ya con chocolate en el cuerpo, vi de reojo la torre de su ordenador, preguntándome dónde puñetas lo podríamos meter. En la habitación no cabía ni una silla, el comedor era muy justo y ahora más con multitud de sus cosas adornándolo, no había mucho espacio realmente, a no ser que apartara el sofá.
Me puse a ello como culo inquieto que soy. No tenía una mesa de sobras, por lo que tendríamos que usar la del comedor sí o sí, que tampoco era muy grande, y comer en el poco espacio que quedaba. Todo un tetris.
Ordené un poco sus cosas también y terminé con un prototipo que podría funcionar. Nos quedaríamos sin ver la tele de frente, eso sí, pero al menos ella podría hacer los directos, algo temporal.
La esperé poniéndome al día en Twitter, Insta y demás con lofi de fondo, ya quería ponernos manos a la obra.
Me mandó un mensaje diciendo que estaba de camino, la llamé directamente, impaciente yo.
Resumen. Contactarían con ella si salían pisos con sus preferencias, que no había mucha cosa decente por esa zona y que tendría que ponerse a tope el lunes. Por ahora, había conseguido concertar dos visitas.
Llegó, al fin. Lo celebré interiormente.
— Finde~ — con los brazos alzados.
— ¿Y eso? ¿qué hace la mesa ahí?
— Tu setup, irá ahí — se rio.
— ¿Y dónde se supone que vamos a comer?
— En ese rinconcito de aquí, o en la mesita, donde prefieras.
— Eres un caso. De verdad que no hace falta montar el ordenador, ya haré directos cuando tenga el piso.
Insistí, quería que dejara de tener los pisos en la cabeza y disfrutara un poco, que se distrajera aunque fuera por unas horas. Así que nos pusimos a ello, cables, teclado, micro, pantalla y más cables. Lo dejamos listo en un periquete, el comedor era oficialmente una chapuza, pero no me importó lo más mínimo.
Me planté al lado de ella, curiosa por saber cómo funcionaba todo aquello, me lo explicó con demasiados detalles. Abrió el programa, lo preparó todo, avisó por discord y me preguntó una vez más si de verdad no me importaba salir en su directo.
— Tú dale, a ver qué tal se me da — en verdad tenía ganas de saber qué dirían los demás al verme.
— Vale… vamos allá.
Los nervios del principio se esfumaron en un par de minutos, no tener que ir escribiendo por el chat lo hacía todo más fácil, más natural, más divertido. Poder molestarla en todo momento, reírme de los comentarios, disfrutar sin más.
Nos lo pasamos como crías, y eso que su situación no era para celebrarla. Había cortado con su ex, la habían echado de casa, y estaba el tema de sus consumiciones, pero todos nos centramos en disfrutar del presente, estaba en mi casa como si fueran vacaciones, y yo más que encantada.
Anocheció en un abrir y cerrar de ojos. Me encantó ver a Nuriel pasándoselo en grande, conmigo. Muchos creyeron que estábamos saliendo juntas, y es que realmente parecíamos una pareja, una la mar de feliz.
Hicimos una pausa para la cena, comentando los mejores momentos. Sabía que iba a ser divertido, pero no esperaba que lo fuera tanto. Dijo que se me daba bien, que nunca había estado el chat tan activo y que si me hiciera un canal seguro que triunfaría.
— Exagerada.
Aprovechamos los tuppers que hice y le añadimos hamburguesa entre las dos, antes de que caducaran. Tocó comer en el sofá, sin tele de fondo. No podía quitarme la sonrisa de la cara, me di cuenta de que estaba viviendo un sueño. Había estado buscando a esa persona especial durante tanto tiempo, cuando la tenía ahí mismo. Quizás sí que éramos como Mio y Noah, y estábamos destinadas a estar juntas.
Abrimos directo después de cenar, no le quedaba mucho de la historia del juego, tenía ganas de llegar al boss final.
Mis bostezos se hicieron notar a eso de la una y media. Preguntó varias veces si quería que paráramos.
— Bueno va, unas canicas y a dormir.
— Vale, pero solo un par.
Hicimos como diez carreras, quizás más, eras de lo más adictivas. Gané dos.
Al final nos despedimos, con un récord de espectadores, dijo que era gracias a mí, aunque no me lo terminé de creer del todo porque ella brillaba más que yo.
— Ale, ya está, a dormir.
— Buah~ estoy medio afónica.
— Es que no has parado de hablar, tienes que beber más agua.
— Voy — tenía la voz ronca, y los mofletes me dolían de tanto reír. Qué intensidad.
Me preparé para ir a dormir, y decaí al ver que se acomodaba en el sofá. Eso no podía ser.
— ¿Qué haces? — me miró de arriba a abajo.
— ¿Qué hago?
— ¿Vas a dormir en el sofá otra vez?
— S-sí, ¿por qué?
— Duerme en la cama, estarás más cómoda.
— Ya… Es que no sé si quiero… — fui a por ella, algo tenía en la cabeza.
— ¿Qué ocurre? — me senté a su lado, con lo bien que nos lo habíamos pasado.
— No… estoy muy de humor para eso ahora mismo, necesito estar sola un rato, no sé si me entiendes.
— Hm. Solo quería que durmieras bien y no te cayeras al suelo a media noche, no sabes el susto que me diste.
— No te preocupes, estaré bien — eso fue un no como una catedral.
— ¿Estás segura?
— Sí, además probaré a dormir sin medicación, así que estaré dando vueltas toda la noche, y no quiero molestarte — empezaba a odiar esa palabra, la usaba demasiado.
— Bueno, como quieras. Cualquier cosa me despiertas ¿vale? Buenas noches… — me fui despacio con la esperanza de que cambiara de opinión, pero se quedó ahí sin más. Me dejó con un mal sabor de boca, no quería dejarla sola, me preocupaba.
Entendí que no estuviera lista para meterse en otra relación, era de lo más comprensible, pero eso de querer estar sola, me parecía un tanto extraño.
Recordé lo tierna que estuvo la noche anterior, ¿quizás eso le echaba para atrás? Ni idea, demasiado sueño tenía como para ponerme a pensar en eso, caí en manos del sueño nada más cerrar los ojos.
— ¿Eh? — me paré de golpe, estaba andando hacia algún sitio.
— ¿Va todo bien? — Nuriel estaba a mi lado, estábamos en un paisaje increíble.
— ¿Qué es esto? ¿Dónde…? — me miré las manos, podía sentir el tacto, escuchar el tenue sonido de los animales de fondo, oler la naturaleza tan pura.
— ¿Te encuentras bien Mio? — levanté la cabeza de golpe, asustada, creyendo que había vuelto a ese horrible sueño que tuve cuando estaba en coma.
— No… no me jodas — entré en pánico. — Otra vez no, tengo que despertar, es un sueño, esto es un sueño.
— ¿Qué dices? Eh, oye, mírame, esto no es ningún sueño, esto es real — me llevó a ella, su tacto, su olor. Me abrazó.
— ¿Qué me está pasando?
— No lo sé, has tenido alguna que otra laguna estos últimos días, te levantabas por las noches diciendo que tenías que coger un tren o algo así, ¿recuerdas eso?
— No… ni siquiera sé dónde estamos.
— Hemos salido hace un rato de la vieja Colonia Mu, ¿no reconoces este lugar?
— E-esto es muy raro, no… no lo entiendo.
— Vale, tranquila, lo averiguaremos ¿de acuerdo? Por ahora cálmate, iremos despacio — asentí, mis recuerdos se mezclaban todos de golpe en un mejunje espectacular, me dolía mucho la cabeza. — Siéntate. Respira hondo.
— ¿Esto es Keves?
— Así es.
— Es precioso.
— Lo dices como si nunca lo hubieras visto.
— Siento como que… es la primera vez que estoy aquí, que percibo todo esto, que te veo…
— Pero ¿recuerdas todo lo que ocurrió?
— Sí, sí… el tema de Z y de los mundos y tal… ¿eso pasó de verdad? — se rio.
— Claro que sí, y estamos donde estamos gracias a ti. Todo está bien ahora, ¿ves? ya no hay más guerras, el mundo es un lugar próspero y abundante — algo no me cuadraba, algo estaba completamente mal en todo aquello, no estaba donde debería. — Ven aquí anda.
Me ofreció otro abrazo, uno que me relajó mucho, y después me besó en los labios, haciéndome explotar de placer.
Desperté de golpe, sudando, Fiona casi sale disparada la pobre. Era de noche aún, había tenido una especie de pesadilla de lo más realista, tardé unos largos segundos en calmarme y sentarme en la cama.
— Joder… ¿qué coño ha sido eso? — me temblaba el cuerpo entero, y mis labios sabían a sangre. Al frotarme vi que estaba sangrando por la nariz. — Mierda…
Fui corriendo al baño, había dejado el pijama hecho un Picasso, con lo que me gustaba. Estaba sangrando mucho.
— Eh, oye oye, ¿qué es toda esta sangre? — el baño parecía una escena de Saw.
— Mi nariz… — dije tratando de taparla con papel de baño.
— Vale, mira hacia arriba, deja que te ayude… Siéntate.
Consiguió algodón y limpió el desastre que causé. Luego me hizo una pregunta de lo más acertada.
— Es raro que sangres por los dos agujeros a la vez, ¿te hicieron una resonancia o algo después del accidente que tuviste?
— Eh… tengo cita para el mes que viene.
— ¿Te duele la cabeza?
— Un poco, sí, estoy algo mareada.
— Vale, vamos a urgencias.
— ¿Eh? No~ qué pereza.
— Tienes que ir, podría ser algo grave. Cuando dejes de sangrar, te vistes y vamos.
— Jo~ — odié que tuviera razón, me dio mucho miedo. Ese sueño… sentí que estaba en peligro de nuevo, algo no iba bien.
Me vestí, más que preocupada, ella preparó una mochila con todo lo que podríamos necesitar, siempre tan precavida. Y luego caí.
— ¿Cómo iremos al hospital?
— Buena pregunta… a estas horas no hay trenes, o sea que tenemos que ir con tu coche, en taxi o ambulancia.
— Ugh… Taxi mejor.
— ¿Segura?
— Sí, si estás a mi lado seguro que podré aguantar…
— Vale, voy a llamar.
Fui a por ella antes de que llamara, con todo el derecho del mundo, a abrazarla. Ese sueño fue demasiado real.
— Eh… Todo saldrá bien ¿me oyes? seguro que no es nada. Ya verás que por la tarde estaremos en casa y volveremos a abrir directo, ya verás.
— Sí…
— Venga, vamos.
Pereza.
Odiaba el hospital, con todos sus pitidos, sus eternas horas y sus camas incómodas. No quería volver a pasar por aquello.
Llegó el taxi, se me revolvió el estómago nada más verlo. Me pegué a ella para que me diera fuerzas, no tenía que hacer nada, ni siquiera mirar por la ventana, solo esperar los veinte minutos que tardaríamos en llegar.
Nuriel fue rápida en entretenerme con fotos antiguas donde salíamos las dos, nuestras aventuras. Me sorprendió que aún las tuviera, yo las perdí hace años al cambiar de teléfono, me llenó de nostalgia.
— Ya hemos llegado, lo has hecho genial Mire, vamos.
— Menos mal…
Informamos en ventanilla, había más gente de la que esperaba. Aun así, me atendieron a los pocos minutos, dijeron que me iban a hacer un TAC craneal para descartar, con toda la urgencia del mundo. Mi cabeza seguía doliendo.
Ni una hora tardé en terminar en ese donut, qué rápidos eran cuando querían. Dijeron que esperásemos en la sala de espera para los resultados.
Le conté entonces el sueño que tuve, que estaba en el mundo de Xenoblade, y ella estaba ahí también. Podía recordarlo todo con claridad, como si hubiera pasado de verdad, como si no hubiera sido un sueño.
— No le des muchas vueltas, procura estar tranquila — me cogía la mano, acariciándomela con el pulgar.
— Gracias… menos mal que estabas ahí, para ayudarme.
— No es nada — me entraron ganas de llorar, no quería que se fuera a ninguna parte, no quería que encontrara piso, quería estar con ella todo el tiempo, porque la necesitaba, porque me atraía, porque me vendría abajo sin ella, desastre que soy.
Los resultados llegaron, me puse de lo más tensa, pero al parecer no había nada de lo que preocuparse. Todo estaba en orden, el sangrado podía haber sido una hemorragia como cualquier otra. Pero a pesar de eso, en mi interior, sentía que algo había cambiado. Se alegró más que yo.
Ya que estábamos por ahí me invitó a desayunar, se lo agradecí, pero estaba que me caía del sueño. No quería dormir, me daba pánico volver a tener un sueño así, por lo que apechugué, empezamos el día así.
Comentó que había conseguido dormir a ratos, todo un logro dijo, me dio las gracias por ello. Tenía la cabeza en otra parte.
Volvimos en tren, siguiendo con el revival de fotos y videos antiguos. Sí cambiaron muchas cosas desde entonces, pero seguía viéndola de la misma forma, mi alma gemela.
Paseo hasta casa, de cabeza al sofá, ibuprofeno y descansar. Ella se sumergió con la búsqueda de pisos, así que me puse una peli, Brave, nunca me cansaba de verla.
Inconscientemente, reflexioné sobre el sueño, sobre ese mundo, pensando en esa Mio. Tenía una mente muy imaginativa, era consciente de ello, pero de ahí a tener una percepción tan precisa del mundo, era algo que no podía ser normal.
Me imaginé lo que estarían haciendo en ese momento, quizás buscando comida, o cazando algún monstruo. Pude ver con gran detalle las características del bicho, su cabeza, las patas, era como si lo hubiera visto cientos de veces, como si lo conociera de pies a cabeza. Me intrigó.
Entonces cerré los ojos y lo vi. No lo estaba imaginando, lo estaba viendo como si estuviera ahí mismo.
— Mio, reacciona.
Los abrí, rápidamente, con los latidos a mil por hora. Aquello no se trataba de un sueño, ni siquiera lo estaba imaginando, era como si viera una película, como si estuviera en sus ojos, en su piel. Me quedé de piedra unos minutos, tratando de encontrarle sentido.
Y volví a probarlo.
Cerré los ojos, y hablé con Nuriel, con el del otro lado. Le dije que estaba en otro mundo, literalmente, que seguía confusa pero ya no tenía tanto miedo. Pasé unos minutos ahí, hasta probé mis alas, aunque no me atreví a volar.
Abrí los ojos más tranquila, todo estaba igual. No sangraba por la nariz, Nuriel ni se inmutó.
— Vaya… Oye Nuwu, una pregunta, si estuvieras en un sueño donde sabes que es un sueño y pudieras hacer lo que quisieras, ¿qué harías?
— ¿Ah? vaya pregunta, no sé, lo que me apeteciera, si es un sueño puedes estar donde quieras y hacer lo que quieras — me puse a pensar, si Mio consiguió viajar de Agnus a Keves, ¿por qué no a la Tierra? — ¿Qué estás tramando?
— Nada, cosas que se me pasan por la cabeza, tonterías.
Cerré los ojos de nuevo. Sabía que era una estupidez como una catedral, que seguramente se me hubiera ido la olla y estaría imaginando todo aquello, que no era real, pero si había una remota posibilidad de que sí lo fuera, quería comprobarlo.
Me centré en la gema que tenía en el pecho, sabía que tenía alguna relación con la magia de ese mundo, y traté de meterme en un palacio mental como el que me llevó a Keves, ese con los portales.
No tardé en conseguirlo. Pude verme a mí misma en el sofá con los ojos cerrados, en tiempo real. Era imposible, ¿qué pasaría si cruzara? Me ardía el cuerpo de ganas por probarlo, pero era una locura, una auténtica locura. ¿Significaba eso que era real? Ese mundo, las personas en él, ¿cómo era posible?
Abrí los ojos, flipando, no podía tomar esa decisión, era algo que no podía tomarme a la ligera, tenía que dejar de hacer eso, olvidarme del tema y centrarme en la peli. Eso es lo que tenía que hacer.
Gracioso cuando de repente apareció Mio en el comedor, me pegó un susto de los gordos, pero es que Nuriel se cayó de la silla y todo.
— ¡Coño! Tranquila, no pasa nada, es… eh…
— Hala… — Mio se quedó alucinando.
— ¿Cómo se te ocurre cruzar?
— Te vi, y pensé que así entendería lo que me está pasando últimamente, ¿eres yo de otro universo o algo por el estilo? — Nuriel seguía en el suelo.
— Sí, algo así, perdona por darte tantos dolores de cabeza, al menos ahora todo tiene un poco más de sentido — me fijé en sus orejas, eran de lo más adorables.
— Anda, hola, tú debes de ser…
— Es Nuriel, creo que está en shock y eso… — fui a por ella, tratando de que se lo tomara con calma.
— E-es… Mio, l-la del juego.
— Sí, y no, yo creo que alguien se inspiró en lo que ocurrió en ese universo para crear el juego, o no sé…
— P-pero, e-es Mio, mira — no salía de su asombro.
— Sí, la he llevado hasta aquí, culpa mía. Vale, a ver, ¿qué hacemos ahora? Deberías volver a tu sitio, aunque también me gustaría que te quedaras un rato para charlar.
— ¡Y a mí! Pensaba que los dioses me estaban controlando o algo, pero al parecer eras tú. ¿Cómo lo hiciste?
— Pues no lo sé, la verdad, es todo muy… surrealista, o sea, estoy hablando contigo ahora mismo, es brutal — me fijé en su gema, era preciosa viéndola de cerca.
— Lo mismo digo. Esta habitación es de lo más curiosa, ¿dónde estamos? — no pude evitar reírme.
— En mi casa, el comedor, digamos que está un poco patas arriba…
Costó lo suyo que Nuriel entendiera realmente lo que estaba pasando, Mio venía de otro mundo en realidad, y se parecía muchísimo a mí.
Estuvimos charlando un buen rato, era maravilloso poder estar con ella, o sea, era como si tuviera una hermana gemela, me encantaba.
Decidimos que ya era hora de que volviera a su mundo, su Nuriel estaría preocupada, así que se puso a ello. Quedamos en que volveríamos a vernos, seguro que pronto.
Qué gracioso fue cuando se dio cuenta de que sus poderes no funcionaban ahí, que no podía sacar las alas ni sus blades.
— Mierda no puedo volver.
— ¿Qué?
