¿Cómo reaccionar ante lo que acababa de presenciar tan solo unos minutos antes? ¿Cómo ver a la cara a tu amiga sin sentir vergüenza, dolor e impotencia? ¿Cómo hacerlo libremente si cada que la vez que cierras los ojos lo único que viene a tu mente es aquella horrible imagen de él mancillándola, golpeándola e insultándola? Amy no podía dejar de pensar en aquellos sucesos, podía sentir un inmenso miedo, se sentía impotente y realmente culpable por no haber podido hacer algo para salvarla, escuchar aquellas suplicas, aquellos gritos desgarradores que pedían ayuda desesperadamente le tenían bastante afectada. Ella misma se sentía violada.

Qué triste es saber que una chica sufre de este modo, pero más triste es saber que un padre sea el responsable de ese sufrimiento tan cruel. Un padre es un héroe para un hijo, es su primer amor, su primer amigo, su primer confidente su consejero, su todo, pero este padre fue más un monstruo.

¿Desde cuándo lleva soportando esto? ¿A qué edad es que espesarían estos abusos? ¿Cómo era posible que alguien tan bondadosa como Mina tuviera que sufrir de semejante manera? ¿sería acaso posible que Jedeite estuviera sufriendo lo mismo? O peor aún ¿Sería posible que su hermanito Jedite fuera en realidad su verdadero hijo? Porque si bien sonaba descabellada esa teoría tampoco podría ser mentira, ya había oído de niñas de diez años tener bebes de sus violadores, además ya había oído al pequeño decirle mamá en más de una ocasión, después de todo el parecido de ambos es asombroso, y sus papás si es que así se les podía llamar, no se parecían en nada a Mina y Jedeite. Muchas dudas aun rondaban por su cabeza y para ser sinceros a cada segundo le parecían más aterradoras.

La peli azul yacía ahí sentada en el suelo sin dejar de pensar, justo al lado de la puerta del baño, abrazaba sus piernas anhelantemente cuando algo rompió su ensimismamiento, la ducha se oía correr, pero los llantos habían cesado desde hace un rato. Alarmada y pensando lo peor se puso de pie, tomó el pomo de la puerta y la abrió de golpe quedando pasmada en la entrada al ver lo que sus ojos le mostraban.

Lo que vio le había roto el corazón y las lágrimas no se hicieron esperar, ahí frente a ella estaba su amiga completamente derrotada, estaba ahí sentada en el suelo recargada en las frías baldosas mientras abrazaba sus piernas y mantenía su mirada vacía fija en un solo punto, el ahora helado chorro de agua le golpeaba su piel la cual ahora estaba completamente roja al tratar de quitarse todo rastro de aquel tipo.

Simplemente era una escena desgarradora. Al verla así le rompía el corazón, no podía evitar sentir enojo y frustración.

Con cautela se acercó a la regadera, cerro las canillas, tomó la bata de baño que yacía ahí colgada y con sumo delicadeza se agacho para ayudarla a ponerse de pie, le colocó la bata de baño y abrazándola la dirigió a su habitación. Minako parecía un simple títere, sin vida, sin voluntad, estaba bastante rota.

Le dolía verla de aquella forma, tan callada, tan dolida, tan devastada y tan perdida. Minako no se inmutaba para nada, simplemente se movía por inercia, y se dejaba guiar.

En cierto modo esto tenía preocupada a la peli azul. Una vez dentro de la habitación sintió como Mina se detenía, su mirada antes perdida ahora estaba viendo fijamente aquel lugar en el que le habían violado.

— No quiero ver así mi cama, no quiero verla así, quita todo Amy, por favor quita esas cobijas y pon unas limpias, las nuevas están en mi ropero en la repisa de arriba

Eso fue lo único que salió de su boca mientras de sus ojos comenzaban a salir lágrimas. Amy sin objetar nada arranco aquellas sabanas sucias, se dirigió al ropero como lo había indicado su amiga, tomo todo lo necesario y se dispuso a arreglar la cama.

Cuando vio todo arreglado se dirigió a donde estaba parada su amiga, la abrazo por los hombros y la dirigió a la cama.

La rubia al sentir el tacto de aquellas sabanas y cobertores limpios simplemente se subió, se limpió con la manga de su bata aquel rastro de lágrimas y se acomodó en completo silencio ante la preocupada mirada de Amy, quien al instante se sentó frente a ella sin saber que decir.

— ¿Mina? — con cautela Amy trato de hacer reaccionar a su amiga después de un largo rato mientras veía como la rubia estaba hecha bolita, recargando su espalda al respaldo de la cama, aferrando con firmeza sus piernas mientras temblaba de miedo y mantenía la mirada perdida hacia un punto fijo en la pared.

— Mina — le volvió a llamar, pero nuevamente fue ignorada.

— Cariño — volvió a insistir la peli azul con voz cautelosa mientras acercaba su mano a la mejilla de su amiga haciendo que volteara a verla sobresaltada.

— Tranquila, no pasa nada, solo soy yo — la peli azul exclamo mientras intentaba tomar una distancia prudente. Sin embargo, la rubia tomo sus manos rápidamente antes que se alejara por completo.

— Perdón, estaba tan sumida en mis pensamientos que me tomaste por sorpresa — apenas y le respondió mientras entrelazaba sus manos con las de ella en un acto de mostrar la profunda confianza que le tenía. Dándole a entender que anhelaba su compañía ahora más que nunca.

— Nunca…— hizo una pausa, trago saliva con dificultad y continuó — nunca me espere que esto pasara. No me imagine siquiera que esto es por lo que estarías pasando — Minako por un instante la vio a la cara para después agacharla completamente avergonzada mientras más lagrimas se escapaban de sus ojos — ahora… ahora entiendo porque te aterró tanto la idea de que le contáramos a tu padre sobre los moretones que tenías aquella vez que te vi en los vestidores de la escuela.

— Perdón… perdón— entre sollozos fue lo único que pudo decir la rubia.

— ¿Perdón? ¿Por qué pides disculpas? No tienes que darlas, no tienes la culpa de nada Mina—Amy exclamó alarmada mientras aferraba su agarre con el de ella y se acercaba un poco más para que la viera a los ojos, sin embargo, no hubo reacción alguna por su parte haciendo que su corazón se le rompiera más de lo que ya estaba al verla de esa forma tan deplorable.

— Si, si la tengo, por mi culpa tuviste que presenciar algo que jamás hubiera querido que vieras, me siento tan avergonzada que no se si pueda siquiera mirarte a los ojos — aquellas palabras le dejaron aturdida por que ciertamente es lo que hacía un rato ella misma había sentido, por un momento se había visto reflejada al oír aquellas simples palabras, quizás el desviar la mirada era la mejor opción pero si lo llegaba a hacer el dolor de Mina incrementaría, si lo pensaba bien y si se ponía en sus zapatos lo que menos querría seria que la única persona en quien has confiado te dé la espalda. Amy no era así, Mina ya le había ayudado, en ella encontró confianza, amistad sincera y sobretodo una cercanía parecida a la de hermanas, no le daría la espalda. No ahora. Con decisión y aun con los ojos empañados de lágrimas Amy deshizo aquel agarre de manos para después tomar a su amiga firmemente de la cara obligándola a verla directamente.

— No es tu culpa, no eres Dios para controlar todo lo que pasa a tu alrededor, si así fuera todo sería muy distinto Mina, así que no vuelvas a pedir disculpas, el que debería pedirlas es aquel hombre que hace llamarse tu padre, debería estar refundido en la cárcel e implorarte de rodillas perdón, pero sé que eso no es suficiente, no sé por qué no le has denunciado, no entiendo cómo es que alguien puede hacer semejante barbaridad, pero debe haber una fuerte razón para no haberlo hecho. Mina tengo muchas dudas, muchas teorías, pero no quiero presionarte, por hoy has tenido suficiente. Entiendo lo avergonzada que te sientes ahora mismo, creo que yo estaría peor que tú, pero no lo hagas frente a mí, yo te quiero y te apareció, lo que te paso no lo merecías, así que levanta esa cara y mírame a los ojos porque no pienso darte la espalda. — aquellas simples palabras las pronunciaba desde lo más profundo de su corazón mientras la obligaba a verla, provocando que aquella sinceridad fuera transmitida a la rubia, por primera vez se sentía protegida, por primera vez sentía lo que era una verdadera amistad, por primera vez pudo sentir seguridad y eso termino por hacerla llorar de una forma que jamás habría pensado. Amy al verla de esa forma la abrazo de forma protectora. Ambas lloraban. Ambas se sostenían, ambas se desahogaban.

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Dos largos meses habían transcurrido desde que se habían enterado de aquellos secuestros, todo este tiempo estuvieron investigando, pero tristemente los avances no habían tenido mucho éxito. Taiki había tenido que exponer el caso ante dos superiores y después de haberlo meditado por mucho tiempo habían llegado a un acuerdo con Mimete, este acuerdo consistía en que ella trabajaría bajo encubierto para lograr recabar más información sobre aquella ginecóloga y todo aquel que estuviera involucrado en aquellos raptos, pero esto no iba a ser tarea fácil ya que por lo que les había contado aquella enfermera, al parecer algunos policías y jueces también estaban involucrados en aquel obscuro negocio de venta de niños, por lo que exponer ahora mismo el caso a mas autoridades no era lo más correcto por el momento.

Frustrado y sin saber que más hacer Taiki se levantó de su escritorio tomó sus llaves, su chaqueta y salió de su oficina. Estar ahí encerrado a altas horas de la madrugada no le serviría de nada y menos después de haber tenido doble turno de trabajo. Si quería funcionar al cien por ciento tenía que tomar un descanso.

Una vez de haberse despedido de sus compañeros se dirigió a su auto y condujo hasta su apartamento el cual compartía con su hermano menor Yaten.

Al llegar, al estacionamiento, aparcó y subió hasta el piso que le correspondía. No podía quitarse de la cabeza aquella vez en la que vio a su cuñada y a su hermano devastados además de kengi e Ikuko, aquel dolor que transmitían todas aquellas familias afectadas era abrumador, no había noche en la que no pudiera dormir pensando en aquellos niños, sobretodo en su sobrina o sobrino extraviado, recordar como Serena se puso de mal después de aquel día no lo dejaban tranquilo, es decir se había encontrado con casos extraños, peligrosos y difíciles, pero nunca antes uno de esta magnitud.

La alarma del ascensor lo distrajo por un momento, ensimismado salió de ahí tomó sus llaves y abrió la puerta de su apartamento topándose con su hermano quien salía de la cocina con una taza de lo que parecía ser café en sus manos.

— ¡Ah!, hermano has llegado ya, ¿gustas que te sirva un café y te prepare algo de comer o prefieres mejor ir a dormir? —Yaten, el menor de los Kou preguntó con una sonrisa en el rostro a pesar del notorio cansancio que reflejaba su mirada.

— Veo que fue una larga noche para ti también eh— le respondió mientras le devolvía la sonrisa y se despojaba de sus cosas— Creo que necesitare un café y algo de comer— anunció con tono cansado mientras ambos se dirigían a la cocina.

— Si, nos dejaron un trabajo en equipo que habla del desarrollo psicopedagógico, de hecho, como es en video estaba terminando de editarlo, además de que a última hora nos avisaron que debemos entregar las planeaciones de las dos semanas en las que estaremos de servicio en el jardín de niños, se supone que eran para dentro de tres semanas pero lo adelantaron, ya sabes lo de siempre, y si no me las aprueban deberé hacer todo nuevamente— Yaten con fastidio se quejaba mientras el preparaba el café y Taiki se disponía a preparar unos emparedados.

— Bendita carrera que escogiste — se burló Taiki tratando de aligerar el estrés de su hermano mientras untaba mayonesa en los panes — aunque admito que fue divertido verte bailar y cantar Rodolfo el reno el año pasado junto a los chiquitos— ambos ante el recuerdo no pudieron evitar reír a carcajadas y más porque esa vez a Yaten le había tocado hacer sus prácticas en el mismo jardín y en el mismo grupo en el que estaban sus sobrinitos.

— Y pensar que las personas piensan que ser educador y educadora solo es cantar el ABC y jugar a las escondidas. Que ignorantes. Es un trabajo realmente difícil y muy mal valorado, pero sabes, me encanta esta carrera.

— Hablan solo por ignorancia, sé que no ha sido fácil para ti Yaten, te ha costado llegar hasta donde estas ahora, sin embargo, no dejes de luchar por tu sueño, Papá y mamá estarían muy orgullosos de lo que has hecho hasta ahora.

— Gracias hermano, pero tú también has sido una parte muy importante en mi vida, sin ti Seiya y yo no seríamos nada. Pero basta de cursilerías. Ya hemos hablado mucho de mí, Dime como estuvo el trabajo, ¿No ha habido avances en el caso? Por qué supongo que es por eso que venias tan cabizbajo ¿No?

— La verdad es que si, hasta ahora lo único que hemos podido averiguar gracias a la enfermera es que la ginecóloga se llama Eugial Yaniu, sigue trabajando ahí, por el momento no ha habido más raptos y recientemente pidió vacaciones.

— ¿Y que acaso no han seguido a esa ginecóloga? Debe ir a algún lugar sospechoso o algo ¿No?

— Ya la hemos investigado pero lo más extraño es que al llegar a su departamento no sale para nada más que para hacer las compras y pagar sus impuestos, está muy limpia.

— ¡Demonios! Ahora entiendo tu frustración.

— Si, No sé cuánto nos tome, pero tarde o temprano cometerá un error, algo encontraremos y cuando llegue ese momento, no habrá quien la salve.

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— ¿Cómo sigue ella Setsuna? — preguntó Kengi angustiado

— No se preocupe Kengi ella por ahora está más tranquila, el desvanecimiento que tuvo hace un rato solo fue causado por el estrés, lo único que deberá hacer será descansar y tomar unas vitaminas. Por ahora se ha quedado dormida, así que eso es bueno, no hubo necesidad de administrarle algún sedante ni nada por el estilo, sin embargo, me gustaría que fueran a hacerle unos estudios sanguíneos para descartar anemia que— terminó de decir seriamente, mientras se dirigían a la sala de estar.

— Muchas gracias, en cuanto los tengamos te los mandaremos Setsuna, la verdad es que su apetito ha disminuido y eso me tiene un tanto preocupado. Lamento mucho que hubieras tenido que venir a estas horas de la madrugada. — se lamentó un tanto avergonzado mientras veía a Setsuna aun en pijama.

— No se preocupe por eso, de hecho, me alegra que me llamaran, sabe que cualquier cosa que necesiten y si llega a surgir otra emergencia no duden en marcarme, después de todo estamos a nada de ser familia— la doctora le sonrió con familiaridad mientras reposaba una mano izquierda sobre la de Kengi, quien al sentir aquel contacto la vio a los ojos contagiado de aquella sonrisa mientras bajaba la mirada admirando aquel anillo de compromiso que hacía unos meses le había dado Taiki a Setsuna.

Mientras tanto en aquella misma casa, justo en la habitación de Serena, Ikuko Observaba a su hija con atención, recordando lo que había pasado.

Una hora antes…

La luz de la luna se le hacía realmente hermosa, siempre le había gustado admirarla desde la ventana de su habitación mientras sentía como su esposo la abrazaba desde atrás, sin embargo, ahora mismo no podía dejar de admirar esa luna desde otro punto de vista. Se encontraba ahora recargada en la entrada de la habitación de su hija, admirando como su bello rostro era iluminado por aquellos rayos lunares.

Su rubia cabellera, brillaba tenuemente y su respiración pausada le hacía parecer una chica indefensa y sin preocupaciones; Nada más lejos a la realidad. Ikuko no dejaba de pensar en todo lo que había pasado desde aquella vez en las que su esposo y ella habían tenido que hablar con Sammy y Serena, fue realmente duro ver aquella expresión dolida de su hija mayor a pesar de no haber conocido a su otro hermano o hermana, ni mucho menos dejaba de recordar con suma tristeza, aquella vez en la que de ser una niña feliz y sin preocupaciones pasó a tener aquellos ataques de pánico y ansiedad con solo nueve años de edad.

Habían sido Dos meses llenos de angustia, tanto para ellos como para Serena en los que la mencionada había cambiado, el apetito le había disminuido, las noches se la pasaba llorando y en dos ocasiones más los ataques de paranoia no dejaron de torturarla, ocasionando que su estado de salud se viera un tanto afectado. Era triste ver que las constantes sonrisas que solía tener a pesar de aquéllos ataques ahora eran sustituidas por una mirada llena de dolor, tristeza y soledad. Sus amigas, quienes ya estaban enteradas de todo eran las únicas que lograban animarle y sin duda alguna el joven Darien era el plus que la mantenía a flote.

Ikuko al ver a su hija tan apacible se acercó a ella, le dio un beso en la frente y se dio la vuelta para salir de la habitación, sin embargo, la respiración acelerada de Serena le hizo volver su mirada hacia ella alarmada, pronto vio cómo su cuerpo empezaba a moverse inquieto. Ikuko asustada, se acercó a ella tratando de despertarla de aquélla posible pesadilla que tenía sin embargo cuando esta abrió los ojos en lugar de abrazar a su madre como siempre lo había hecho se alejó de ella dándole un manotazo, sus gritos y llantos comenzaban a ir en aumento provocando que su padre y su hermano entraran a su cuarto alarmados.

Ikuko ¡¿Que pasa aquí?! — Kengi cuestionó a su mujer mientras encendía la luz, lo que ocasionó que Serena se pusiera de pie abruptamente y se alejara hasta uno de los rincones más alejados de la habitación, su mirada estaba perdida, pareciera no estar cien por ciento consiente de lo que pasaba.

No sé qué es lo que le pasa cariño, ella estaba dormida y empezó a moverse desesperada, intenté despertarla, pero está fuera de sí.

Serena, hija, todo está bien, no pasa nada. Por qué no vienes a la cama para que descanses— su padre completamente preocupado trató de acercarse a su hija, sin embargo, esto la alteró más.

¡Aléjate de mí! — gritó aterrada y fuera de sí mientras inconscientemente se sacudía su cuerpo, como si estuviera intentando quitarse algo asqueroso de encima.

Kengi será mejor que me dejes sola con ella —Ikuko decía mientras alejaba a su esposo de su hija.

Pero cariño— protestó alarmado

Por favor hazme caso ella ahora mismo está muy alterada, yo me encargo de calmarla, llévate a Sammy— intentó razonar con su esposo mientras no dejaba de ver como su hija yacía ahora en el suelo abrazando sus piernas protectoramente sin dejar de llorar desconsolada.

Mamá mi hermana estará bien verdad— preguntó al borde del llanto Sammy ante todo ese alboroto ya que le dolía ver a su hermana mayor en esa situación.

Si cariño no te preocupes, solo déjenme solas con ella ¿Sí?

Está bien mamá— concluyó el menor sin dejar de mirar a Serena mientras ambos varones les daban privacidad.

Ikuko al sentirse sola lentamente se acercó a su hija se puso en cuclillas frente a ella y sin vacilar la cubrió entre sus brazos tratando de brindarle la calma que tanto necesitaba. Por su parte Serena abrió los ojos al sentir esa calidez de aquellos brazos maternales que la abrigaban para después ir tomando conciencia de lo que realmente estaba pasando a su alrededor

¡Mamá! — la rubia exclamó entre el llanto.

¡Shhh! Ya, calma amor, ya pasó todo.

¡Es ella mamá, es ella! — desesperada intentaba expresarse.

A quien te refieres cariño — preguntó cautelosa si dejar de sobar la espalda de su hija, en un intento por tranquilizarla.

¡A mi hermana! — exclamó provocando el desconcierto de su madre.

Pe… pero hija de eso no estamos — Ikuko intentaba hablar sin poder salir de su estupor.

¡Sé que es una chica, lo sé! — interrumpió abruptamente manteniendo la seguridad de sus palabras al mismo tiempo en el que se separaba de ella para verle a los ojos.

Todo lo que me pasa, todo lo que siento es por ella, ¡yo lo sé!, ¡ella está viva!, está viva y está sufriendo mamá, le están haciendo daño, yo lo sé, lo puedo sentir— exclamó nuevamente angustiada entre lágrimas mientras se aferraba más a su madre sin embargo la fuerza de su agarre poco a poco se fue debilitando. Serena se había desvanecido.

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Las situaciones que se llegan a presentar en la vida son inciertas, y aunque uno quisiera poder evitarlas no se podría por una simple razón: Nunca podremos controlar las acciones ajenas. Lo que tenga que pasar, pasara. Unas son buenas noticias y otras no tanto y lo que Amy había tenido que presenciar definitivamente no estaba bajo su control y aunque hubiera querido evitarlo sería inútil.

Aquellas palabras que le había otorgado su amiga le habían calado en lo más profundo de su alma, de forma positiva claro estaba, sin embargo, no todo era color de rosa, a pesar de tener cercanía absoluta con Amy, esa confianza no era muy firme, creía que tarde o temprano se alejaría completamente de ella, después de todo había aprendido por las malas a perder la confianza en las personas, ya que desde pequeña tuvo que aprender a hacer y resolver todo por ella misma, es decir, cualquiera estaría igual después de ver realmente la verdadera persona quien era en realidad su padre, su familia, si un una ser tan cercano a ella era capaz de lastimarle de aquella forma ¿Quien aseguraba que Amy no haría algo para apuñalarla por la espalda también?

Minako por más que trataba de pensar en otras cosas, en distraerse, en olvidar aquel asunto no podía, su mente no dejaba de divagar en aquel maldito momento en el que su padre Rubeus una vez más la había tomado como si de un juguete se tratara, se sentía sucia y sumamente avergonzada, no importaba cuantas veces le dijera Amy que no debía sentirse de aquella manera, su forma de pensar y de sentir la traicionaban, la hacían sentirse culpable de todo lo que le pasaba.

¿Confiar o no confiar en Amy? Sería bueno dejar pasar un tiempo para ver qué actitud tomaría a partir de ahora su amiga, después de todo la confianza que has perdido con el tiempo no es algo que se recupere de la noche a la mañana.

Mina veía preocupación en estos momentos por parte de ella, hasta ahora estaba siendo, muy buena, no le había interrogado, no había huido y por si fuera poco se había quedado con ella todo este tiempo, respetó su espacio, su privacidad, e inclusive ahora estaba frente a ella curando su labio partido y poniendo hielo sobre su abofeteada cara. Una persona cualquiera hubiera huido sin contemplación alguna y se habría puesto como loca a interrogarle, pero ella realmente parecía preocupada ¿Sería bueno confiar? Por qué de algo estaba segura, ella necesitaba a alguien en quien confiar, con quien sentirse segura, necesitaba a alguien con quien pudiera hablar abiertamente de lo que le sucedía, sin ser juzgada, sin sentirse culpable, alguien quien le serviría de mucho para continuar con lo que ya estaba planeando para librarse definitivamente del infierno en el que vivía.

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Ikuko suspiró mientras se levantaba de la cama, aquellas palabras dichas por su hija la tenían sumamente preocupada, realmente ella se veía bastante segura de lo que había dicho y eso no dejaba de desconcertarla, había escuchado que los gemelos por lo general tenían cierta conexión uno del otro, pero ¿Sería acaso que lo que sentía su hija desde hacía años no eran síntomas propios si no de su gemela? Ikuko no sabía ya ni que pensar simplemente quería que ya acabara todo, nuevamente su cuerpo frustrado suspiró, se fijó en lo apacible que ahora se veía Serena, acarició su cabeza con suma delicadeza y dejando en su frente un tierno beso, salió de la habitación para dirigirse a donde su esposo y Setsuna se encontraban.

— Como sigue ella Ikuko— su esposo le cuestionó mientras la veía sentarse soltando un suspiro y con la mirada seria.

— Sigue dormida, afortunadamente se nota más tranquila — Dijo simplemente.

— Eso es bueno, ojalá dejara de tener esas crisis tan repentinas — Setsuna exclamó con tono cansado mientras le daba sorbos a su café.

— Ojalá que sí, no me gustaría ver a mi niña tan afectada nuevamente — Kengi contestó preocupado mientras le daba una taza de café a Ikuko.

— Ahora que hablamos de eso, hubo algo que me dijo Serena antes de desmallarse hace rato que me dejo bastante consternada y si es cierto lo que ha dicho creo que sería la respuesta a tantas crisis

— ¿Pues qué cosa te dijo? — Cuestionó el esposo interesado al mismo tiempo que Setsuna le veía con atención.

— Aseguró que el bebé que nos robaron en realidad es chica y que todas esas crisis que siente son a causa de ella.

— ¡¿Qué?!

Fin…..