— Tienes que prometerme algo…— entre un casi e imperceptible susurro la dueña de aquella adolorida voz hablo mientras su mirada seguía perdida observando como el amanecer iluminaba su habitación el mismo tiempo que su pequeño cuerpo maltrecho permanecía aprisionado entre los cálidos brazos de su amiga.
— ¿Qué cosa? — pregunto curiosa entre tanta conmoción que aun sentía, mientras que al igual que Mina, su mirada permanecía fija en aquella ventana que mostraba la luz del sol.
Mina, sin pensarlo dos veces, se fue separando de aquel abrazo y con mucho cuidado se dio la vuelta sentándose frente a Amy quedando frente a frente, la otra solo le veía fijamente, con curiosidad, de alguna forma sentía que le iba a decir algo de suma importancia así que al igual que su amiga se acomodó, tomando una postura de seguridad y firmeza, tratando de darle a entender a la rubia que la escucharía atentamente, cosa que agradeció.
— Tienes que prometerme que no le comentaras a nadie lo que acaba de suceder, nadie tiene que saber lo que está pasando dentro de esta casa Amy, por favor. —suplicaba la rubia mientras tomada las manos de su amiga suplicante
— Pero, ¿Cómo puedes decirme algo así Mina? No puedo permitir que sufras de esa manera, es una completa injusticia debemos ir con la policía y contar todo lo que te está pasando en esta casa, esto es sumamente grave, estamos hablando de ti, un ser humano inocente que ha sufrido una violación, Mina hasta yo me siento asqueada, sentí pánico, de solo presenciar eso, sentí como si me lo hubieran hecho a mí, no podemos permitir que te haga más daño, no sé qué tanto has pasado amiga pero necesitamos parar todo esto— Amy se soltó de las manos, causando cierto pánico en Mina, sin embargo, su corazón se paralizo al sentir como Amy acunaba su rostro con delicadeza mientras la miraba a los ojos y le limpiaba las lágrimas con cariño, ese tipo de afecto era algo desconocido para Mina, sin embargo aunque la desconcertaba no pudo evitar soltar más lagrimas por la afectuosa manera en la que estaba siendo tratada
— Por favor Amy—suplicante la rubia poso sus manos sobre las de ella sin cambiar de posición— sé que lo que te estoy pidiendo es algo extremo y delicado, lo sé, pero es necesario, que todo esto quede entre nosotras, es arriesgado.
— Ya sé que es arriesgado, pero si no denuncias po… podrías tu…— aquella palabra quedo atorada en su garganta, el solo imaginarla le partía el corazón, la aturdía y atemorizaba, obviamente no quería ni mencionarla, sin embargo, la rubia capto perfectamente lo que ella quería decir.
— Morir… lo sé…— finalmente completo.
— Y si lo sabes por qué me estas pidiendo algo que va más allá de mí, mira sé que no tendría que haber hecho esto, pero mientras ese ser repugnante te estaba haciendo lo peor… me vi en la necesidad de tomar evidencias.
— ¿Qué?... — susurro apenas la rubia.
Aquella revelación la tomo desprevenida. Por un instante se había quedado callada. Si antes se había sentido avergonzada por el hecho de haber tenido que sufrir aquella atrocidad frente a su amiga ahora el hecho de que ella le confesara tal cosa la hizo sentirse más vulnerable aun si era posible, su mente de pronto le trajo aquellos recuerdos en los que su madre, sin piedad, la filmaba mientras su padre la mancillaba. Su cuerpo por instinto empezó a temblar de manera fuerte e inconsciente, sus ojos se notaban vacíos y perdidos, tomo con firmeza las manos de Amy quitándolas de su rostro para después cubrirse el rostro avergonzada, se sentía vulnerable, asqueada y tan rota. Amy por su parte se estaba arrepintiendo de haberle contado tal cosa, sabía que esto le costaría, pero nunca se imaginó que tanto, podía notar que Minako tenía muchos traumas que sanar, y el haber arribado de tal forma con aquella revelación no fue lo más correcto.
— Mina, cariño, sé que estuvo mal lo que hice— avergonzada se disculpó con ella mientras veía como sus claros ojos se tornaban de un color más vacío, sin brillo, sus lágrimas pronto le hicieron compañía y lo único que pudo hacer para que ella reaccionara fue nuevamente abrazarla y consolarla. Por su parte Mina poco a poco fue analizando la situación, sabía que le traía muchos malos recuerdos, pero tenía que afrontar la situación, Amy la había tomado por sorpresa, sin embargo, ella trato de hacer algo bueno por ayudarla. Además, sabía que tarde o temprano tenía que pasar algo similar después de haber puesto las cámaras en cada rincón de su casa, aun así, la forma en la que fue grabado aquello la había descolocado.
— De verdad, perdóname, pero si queremos que todo acabe, esta evidencia será primordial para que a tu padre lo refundan a la cárcel, además supongo que las cámaras y micrófonos que te ayude a instalar no eran para tus padres o ¿sí? — Y ahí estaba, Amy había dado en el clavo, parecía que hasta le había leído la mente. La peli azul por su parte ya había desecho aquel abrazo para verla a la cara, quería cerciorarse de que estuviera bien, sin embargo, al notar aquellos ojos azules temerosos y completamente abiertos por lo que acababa de mencionar termino por acabar con sus dudas ¿A caso Mina ya tenía un plan para evitar esto? Y si era así, de seguro ya debería tener bastantes evidencias ¿Por qué tardar más tiempo en denunciar?
— Es… es más difícil de lo que piensas, no lo entiendes— la rubia con voz entrecortada se dirigió a su acompañante, mientas empezaba a mover la cabeza negativamente una y otra vez desesperada. —no es tan fácil, no quiero que te pasa nada, no quiero que nadie sufra— alegó nuevamente, sin embargo, su preocupación aumentaba con el solo imaginar lo que le podría pasar a ella si iba con la policía. Debía detenerla, pero si lo hacía tendría que contar todo, absolutamente todo, y eso quería evitarlo a toda costa, sin embargo, le estaba costando bastante trabajo hacer desistir a Amy.
— ¿Por qué dices eso? Mina, no me pasara nada si somos precavidas, además, la que está sufriendo aquí eres tú, si lo dices solo porque es una autoridad importante eso tiene remedio sol…
— ¡Ellos te matarían sin contemplación! —finalmente y sin tener otra salida, la rubia estallo entre llantos desesperados mientras envolvía a Amy entre sus brazos, aferrándose a su cuerpo como si este fuera a desaparecer.
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— ¿Y si tiene razón ella kengi? — La madre de Serena no dejaba de cuestionarse una y otra vez después de aquella revelación que su hija le dio antes de la inconciencia.
— Si fuera cierto, aún hay esperanza de encontrarla, pero tendría que ser rápido. — Setsuna por su parte exclamo un poco perdida en sus pensamientos, parecía que estuviera analizando las cosas como algo real, cosa que tenía a Kengi un tanto desesperado.
— Eso no puede ser Ikuko, ni si quiera los policías tienen esa información, esta estresada es todo, quizá lo soñó y lo sintió tan real que ya se está imaginando todo y por favor Setsuna no des falsas esperanzas es completamente descabellado todo esto, eres Doctora pensé que tendrías los pies bajo la tierra.
— Por Dios kengi te recuerdo que es de nuestra hija de la que estás hablando, sé que suena algo descabellado, pero ella se veía bastante segura de lo que decía.
— Además, no es tan descabellado, si bien soy doctora y siempre se nos ha inculcado que todo tiene una respuesta científica, también hemos presenciado milagros que ni la ciencia puede explicar.
— ¿Qué quieres decir con esto? — Cuestiono Kengi con curiosidad
— Miren lo que menos quiero dar son falsas esperanzas y menos a ustedes que prácticamente son ya mi familia— La joven dijo esto mientras veía nuevamente aquel anillo sobre su dedo— pero ha habido muchos casos de médicos, psicólogos y científicos que han hecho estudios con hermanos gemelos, siempre se ha dicho que los gemelos tienen una conexión especial, única en la que incluso pueden sentir lo mismo que el otro, tener gustos similares, en incluso hasta llegar a tener trabajos iguales o estudiar lo mismo o algo parecido, pero la mayor parte de esto solo se ha comprobado mediante anécdotas y eso es lo que han estado investigando, sin embargo aún no se ha aprobado científicamente.
— Con mayor razón entonces deben desechar esta idea. — Negó desesperado.
— Entiendo su razón kengi, sin embargo, también hubo un caso especial de unos gemelos llamados Jim Lewis y Jim Springer, tienen distinto apellido, pero ellos realmente fueron gemelos que al nacer fueron separados y dados en adopción a distintas familias, y aunque no se conocieron hasta sus treinta años ambos trabajaron en la ley, uno siendo sheriff y el otro como guardia de seguridad, ambos mostraron habilidades en carpintería, ambos se casaron con una mujer llamada Linda, ambos a su primer hijo lo llamaron James Allen, los dos se divorciaron de Linda y cada uno se volvió a casar con una mujer y ambas llamadas Betty, ambos tuvieron perros a los que llamaron Toy, e incluso fumaba y tomaban las mismas marcas de cigarros y cervezas.
Y repito, esto lo vivieron antes de conocerse, de siquiera saber de su existencia y casos como este no son el único. — esto dejo desconcertados a ambos padres, ¿Seria acaso posible que su Serena este sintiendo algún tipo de telepatía?
— No sé ni que decir, para mí esto sigue siendo irreal
— Lo entiendo y lo que menos quiero es darles falsas ilusiones, pero si nos ponemos a analizar todo y si lo tomamos como algo real, todo tendría sentido ahora— Ikuko quien hasta el momento solo había escuchado miro fijamente a Setsuna con duda.
— ¿Qué cosa?
— Miren es obvio que serena tiene algún hermano o hermana perdido, supongamos que es hermana como ella asegura, al ser su gemela probablemente y este percibiendo todo lo que la otra chica está pasando o sintiendo, eso podría darle sentido ahora a aquellas sensaciones que tiene, a todas esas crisis, es decir, según su psicóloga, aquellas pesadillas, estrés, depresión, las veces que mojo la cama, o que en el momento de sus crisis rehuyera un poco de las personas a su alrededor, esa inseguridad que a veces tenia al abrazarla, son síntomas de una niña abusada, le dieron terapia para alguien con estrés postraumático y eso solo se detecta en familias abusivas, nunca la han golpeado, ni insultado y mucho menos abusado sexualmente de ella.
— Ni me lo recuerdes, el solo recordar como tuvimos que pasar por todos esos lineamientos policiales para comprobar que no le hacíamos nada de eso a nuestra hija fue horrible. — dijo Ikuko
— Lo único que nos salvó de que el gobierno nos quitara a nuestra hija fue el hecho de que no encontraran nada y de ver que su comportamiento cotidiano no era temeroso sino todo lo contrario, al parecer también a ellos los descoloco. — Kengi decía mientras caminaba de un lado a otro recordando aquellas épocas tan desesperantes.
— El único diagnostico que pudo darse fue que padecía de bipolaridad y aun así no saben explicarlo. —Ikuko retomo la palabra con la vista perdida en aquella taza que hacía tiempo permanecía vacía y que al mismo tiempo sostenía con firmeza, parecía que su inconsciente intentaba aferrarse a algo para no caer a la locura y la desesperación por todo lo que estaban pasando en su familia.
— Exacto, si estos estudios que se han realizado en gemelos tuvieran una explicación asegurada científicamente, todo tendría sentido ahora, quizá y su hermana este por ahí con otra familia que está siendo abusiva y Serena lo estaría percibiendo. Finalmente, Setsuna concluyo su teoría, viendo de reojo a Ikuko y Kengi. A su mente no podía evitar pensar en Haruka y Seiya. Con lo desesperados que eran ambos, no dudaba que estuvieran incluso peor que los papás de Serena.
— ¿Cómo se encontrarán las demás familias?
Entre lágrimas finalmente Kengi detuvo su paso y miro fijamente a su esposa quien no pudo soportar más y le siguió en su dolor, lo conocía, sabia a la perfección que era muy difícil ver a su esposo de esa manera, tan afectado, ahora entendía por qué no quería hablar de la situación y hacia unos instantes se mantenía renuente a la idea de Serena. Parecía ser el más afectado de todo esto, y como no si al instante recordó cómo fue tratado por los policías, como le interrogaban, como le seguían y como toda su vida feliz fue amenazada y puesta en riesgo. Ikuko finalmente soltó la taza, la dejo con cuidado en aquella mesita de centro y se dirigió a su esposo quien permanecía ahí parado ahora con la mirada al suelo, la poca luz que se empezaba a colar por los grandes ventanales le hizo ver aquel cabello canoso, las ojeras debajo de aquellos ojos que tanto le demostraban aquel brillo de amor incondicional, las arrugas que se comenzaban a notar en su cara, los años no habían pasado en balde, su cuerpo se veía rígido, los hombros tensos, sus manos estaban empuñadas y la mandíbula se veía bastante tensa se notaba que trataba de hacerse el fuerte, pero si algo destacaba a Kengi era lo vulnerable y frágil que siempre había sido con ellos, porque afuera de casa podría mostrar una gran fortaleza, pero dentro de ella salía aquel hombre cariñoso y dedicado, si bien nunca nadie afuera ni siquiera sus hijos le habían visto llorar no quería decir que dentro de su habitación frente a su amada esposa no lo hiciera, solo que esta vez había llegado a su límite.
Con sumo cuidado se acercó a él, deshizo aquel firme agarre que tenía entre cada mano y tomándolas con delicadeza las entrelazo con las suyas, aquel simple acto de Ikuko intensifico finalmente su dolor y sin poder más, la vio a los ojos y la abrazo con fuerza, enterrando su rostro entre el cuello de su amada. En su refugio.
En la habitación, ante la mirada llorosa de Setsuna solo se escuchaban los ahogados llantos de un padre desesperado e incompleto que se sentía vulnerable, impotente y roto.
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— ¿Dónde carajo estabas Rubeus? Dijiste que vendrías rápido de la oficina— la fémina voz resonó por todo el salón central, mientras los tacones resonaban con su andar.
— Querida, tranquila, solo fui a hacerle una pequeña visita a nuestros hijos para saber si estaban bien.
— Claro, como no.— el tono sarcástico se escuchó mientras se cruzaba de brazos y torcía los ojos—Supongo que disfrutaste mucho aquella visita.
— Como no tienes idea— exclamó con burla mientras aun con una lujuria marcada se acercaba al cuerpo de Velatrix y lamia su cuello con hambre
— Eres un idiota— sonrió de igual manera dejando su cuello expuesto, totalmente a su merced— la última vez te pasaste con las marcas y aquella lesión en la ingle nos frenó el trabajo que ya nos habían pagado.
— Bueno que más da, al final pudiste entregar el trabajo, además que bueno que fui a darme una vuelta por que descubrí que la muy idiota, dejo que el enano fuera a la casa de un amiguito a una pijamada— volvió a decir mientras su mano se dirigía sin pudor debajo de la blusa que traía su pareja posando una mano en aquellos firmes senos.
— ¡¿Cómo?!— Velatrix, también conocida como Esmeralda, volteo a verle con sorpresa y enojo, deshaciendo aquel lujurioso agarre.
— Así como lo oyes— dijo el pelirrojo mientras volvía a acercarse a ella tomando una hebra de cabello llevándola detrás de su oreja, afirmándose poseso nuevamente de su cadera acerco su boca cerca tomando entre sus dientes el lóbulo provocando miles de sensaciones placenteras en su esposa. — pero no te preocupes me encargue de ella perfectamente, además ya había sido mucha abstinencia de su cuerpo.
— Esa estúpida, me las pagara en cuanto lleguemos. — apenas y pudo reclamar debido al placer que acrecentaba, Rubeus sabia como volverla loca.
— Bueno no te preocupes por eso, que te parece si tú y yo nos perdemos por ahí y disfrutamos un poco— sonrió lascivo sabiendo que había logrado su objetivo.
— No cabe duda que eres insaciable.
— Soy el mejor cariño, y lo sabes.
— Solo espero no hayas sido tan rudo, porque eso nos retrasaría el trabajo, sabes que me gustan las fotos al natural y sin retoques, al igual que a los clientes, a esa estúpida mocosa se le marca muy fácil el cuerpo.
— Bueno, pues lamento decepcionarte y dejarte más trabajo.
— Eres un idiota— suspiro frustrada y resignada al mismo tiempo.
— Te lo compensare muy bien— dijo Rubeus mientras metía su lengua en la oreja; bueno quizá el cliente podía esperar más tiempo, por ahora ella quería disfrutar de aquella promesa y olvidarse de todo lo que sus tres distintas vidas acarreaban en ella, hoy, y solo hoy quería disfrutar y bajar la tensión y que mejor forma de hacerlo que un buen polvo.
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El día había llegado, por lo tanto, la vida cotidiana debería seguir su rumbo y para dos hermanos que no habían dormido prácticamente nada era una tortura, sin embargo, ambos tenían que dejar sus vagos deseos y continuar su vida rutinaria de siempre, uno con angustias y desesperaciones y el otro con frustraciones por las malditas planeaciones.
Yaten de veinte años, hermano menor de los Kou salía de su habitación con su respectiva bata de educador, traía consigo su pesada mochila llena de libretas y libros los cuales por cierto tenía que devolver a la biblioteca, también venía arrastrando un carrito de mandado en el cual traía los materiales que ocuparía para sus respectivas clases, sus ojeras, realmente delataban lo tedioso que había sido su trabajo, sin embargo, aquella sonrisa que apenas su cara reflejaba dejaba en claro que estaba satisfecho por haber concluido a tiempo, solo esperaba que al idiota de Zafiro no le fuera a olvidar llevar el proyector para presentar su video como la última vez porque si no estaba seguro que Reiko, Akane y él mismo lo colgarían de los calzoncillos en lo más alto del asta bandera de la escuela.
Mientras cerraba su habitación no pudo evitar reír un poco más imaginándose aquella loca travesura, por fortuna venían preparados ante cualquier imprevisto.
— Vaya, por esa cara que traes puedo deducir que terminaste todo a tiempo, y que además estas tramando hacer alguna perversa maldad a Zafiro. — Taiki no pudo evitar decir esto con una risa entres su rostro mientras ahora él era quien servía el desayuno.
— Estas seguro que tu profesión no debía ser adivino o algo— El platinado dijo con burla mientras dejaba sus cosas en la entrada de la puerta.
— Tu no lo sabes, pero de día soy uno y de noche soy otro— Entre risas el mayor le veía moviendo las pestañas de arriba abajo con gracia, recordando que esa frase la mencionaba Fiona a Shrek. Yaten por su parte soltó tremenda carcajada ante las ocurrencias de su hermano mientras se dirigía a la mesa y se sentaba.
— Estás loco hermano, ya no te juntes con Seiya te empieza a pegar sus mañas. — Menciono un tanto nostálgico al recordar lo que estaba pasando con su hermano y su cuñada
— No prometo nada. — Taiki al verle un tanto cabizbajo intento bromear con él un poco más, lo que menos deseaba es que Yaten se desanimara.
— Y bien, a qué hora tienes tu ensayo— Al ver que Yaten aún seguía cayado decidió distraerlo con algo más, sacarlo un poco de sus angustiados pensamientos y por fortuna lo había logrado.
— A la tercera hora de clase, de ahí nos dejaran salir temprano y aprovechare de ir con los chicos a la guardería que nos tocó hacer nuestras prácticas para saber por dónde queda. — Menciono con mucho ánimo, cosa que le alegro al Cataño, amaba ver aquella pasión que desbordaba su hermano con respecto a la carrera que había escogido.
— Bueno pues espero tengas suerte y de verdad espero que Zafiro esta vez no olvide el proyector. — Continuo con la conversación sin poder evitar soltar una risa al recordar al amigo y compañero de su hermano, ese chico era todo un caso, a veces le recordaba la torpeza de Serena y lo bromista de Seiya.
— Justo por eso mismo me estaba riendo cuando salí del cuarto— Sonrió nuevamente al igual que Taiki— pero no te preocupes si se le llega a olvidar las chicas y yo nos encargaremos de hacer que no vuelva a olvidarlo jamás— conocía aquella mirada, era la misma que solía hacer Seiya cuando alguna maldad se le ocurría, a este enano se le habían pegado también algunas mañas.
— Lo colgaras de los calzoncillos en la asta bandera verdad— menciono con seguridad mientras le veía de reojo sin dejar de tomar su café.
— ¡Brujo! — Exclamo sorprendido, mientras casi se atragantaba con la cucharada de huevo cocido que acababa de meterse a la boca.
— Solo porque me ya me tomé mi café te la dejare pasar— Taiki frunció el ceño al escucharle.
— Pero es que, no sé cómo le haces para siempre adivinar lo que haré — termino de decir una vez que había pasado el bocado.
— Llevo 16 años criándote mocoso, te conozco como la palma de mi mano. — Dijo orgulloso
— Hablaste como toda una mamá, al parecer también despertaste aquellas habilidades y súper poderes que las distinguen. — Aquello último finalmente los hizo reír.
— Cállate y ya vete a la escuela, que se te hará tarde. — Taiki bramó mientras se ponía de pie y levantaba los trastes sucios.
— Ok, ok, me voy antes de que empieces a practicar con la chancla. — nuevamente bromeo el menor.
— No me retes jovencito. — le siguió el juego mientras ahora empezaba aponerse el delantal floreadito y comenzaba a limpiar la mesa, aquello sin duda le hacía gracias a Yaten, se veía mono según su criterio.
— Bien, ya me voy.
— Por cierto, te acabo de hacer un deposito en la tarjeta para los gastos que se necesiten en la casa y en tu escuela.
— Gracias hermano, al rato iré a comprar la despensa porque ya el refrigerador está casi vacío.
— Ve con cuidado Yaten, y cualquier cosa me llamas.
— Gracias, también vete con cuidado y espero hoy tengan mucha suerte. — Finalmente aquella amena conversación familiar concluyo cuando ambos retomaron sus actividades.
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Habían pasado un par de horas desde que kengi se había quebrado frente a su esposa y Setsuna, él se había disculpado por tal escena sin embargo la única respuesta que recibió de Setsuna fue un abrazo, en parte también se sentía culpable por haber tocado aquel tema, pero ambos decidieron solo olvidar aquello y continuar con sus vidas, así que, Kengi salió a trabajar, y ahora mismo Ikuko trataba de hacer entender a su hija para que se quedara a descansar sin embargo, aquella rubia cuando se lo proponía podía ser tan terca como una mula.
— Mamá, sé que estás angustiada, pero de verdad ya me encuentro mejor.
— Cariño, solo quiero asegurarme que descanses bien— insistía la angustiada madre
— Y lo estoy, te lo prometo, además las chicas y Darien estarán conmigo todo el tiempo, quisiera quedarme, pero no puedo dejar de faltar a la escuela, solo porque aquellas sensaciones me atacan. — Un tanto triste menciono la rubia sin dejar de ver a su mamá a los ojos— Además necesito mantener mi cabeza ocupada en algo, ya sabes, distraerme, si me quedo acá solo terminare con dolor de cabeza de tanto pensar en lo mismo que te dije anoche— aquello último que menciono su hija finalmente fue el detonante para que terminara cediendo ante tal petición
— Perdóname hija, estoy siendo un tanto egoísta contigo, has pasado, por tanto, sientes cosas realmente abrumadoras que no podemos entender con claridad y solo te abrumamos más. — estrechó a su hija en un fuerte abrazo el cual fue correspondido.
— No, mami, yo siento también las molestias que he causado, no tienes tú la culpa de nada, solo estas siendo lo que eres, una mamá la cual siempre hace un estupendo trabajo con su labor, solo quiero que estés tranquila, por hoy solo necesito distraerme, estoy bien, te lo prometo, pero si en dado caso llegara a sentirme mal, te llamare de inmediato, ¿Te parece?
— Está bien. — finalmente cedió Ikuko — apresúrate entonces, para que desayunes y puedas ir a la escuela. — mientras decía esto tomo el rostro de su hija y le deposito un beso en la mejilla provocando que la primera sonrisa del día y de toda esa semana saliera de ella, no sabía por qué, pero por alguna extraña razón se sentía con más ánimo.
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Había aún muchas cosas que debía de asimilar, aquella confesión que había salido de la boca de Minako, confesando realmente el peligro que conllevaba todo, le hizo comprender el por qué no había hecho nada hasta ahora, y es que no podían mover un solo dedo sin tener las pruebas suficientes y más que nada estar seguras a quien tendrían que dárselas sin que estas terminaran destruidas, aun así después de haber quedado en silencio abrazando a la rubia tratando de consolarla, la firmeza de su anhelo por ayudarle fueron más fuertes, sabia lo peligroso que era, y vaya que tenía miedo, no solo su vida estaba en peligro si no la de su mamá.
Verla ahí tan vulnerable, con los ojos cerrados por el cansancio al haber pasado por tantas fuertes emociones la terminaron por convencer. Con suma delicadeza tomo el cuerpo frágil de Mina y la deposito suavemente en la cama, tratando de no despertarla, la abrigo como si de una hermana mayor se tratara y se dirigió a la salida de aquella habitación.
— Lo siento Mina, pero no lo haré— fue lo último que dijo mientras con los ojos aguados cerraba aquella habitación.
Media hora fue lo que había podido dormir, cuando de pronto aquel recuerdo de esa madrugada la hizo despertarse abruptamente, pronto se dio cuenta, de lo que estaba pasando, no había sido una pesadilla, su cuerpo adolorido se lo hacía saber, las lágrimas empezaron brotar, el sudor de su frente y la respiración agitada anunciaban el terror que tenía, pronto se acordó de su amiga, de Amy, recordó el temor en sus ojos al contarle toda la verdad detrás de su vida, de sus padres, de lo que sufría, recordó aquella mirada llena de terror, lo sabía, no era necesario preguntar lo que parecía ser más que evidente, se iría, y lo confirmo al ver aquella fría habitación tan sola, se había ido.
El dolor que su corazón empezó a sentir fue abrumador, los sollozos se hicieron cada vez más fuertes, el único sonido que se alcanzaba a escuchar eran aquellos que su alma reflejaba atreves del llanto, su única amiga, y al parecer la única que tendría, había tomado una decisión y no la culpaba, nadie en su sano juicio se metería en aquel conflicto familiar. De pronto el fuerte sonido de su puerta siendo abierta la puso en alerta, su cuerpo por inercia se arrincono en la cama, su mirada aterrorizada se dirigió a la entrada pensando en que su padre había llegado nuevamente para torturarla, sin embargo, lo que vieron sus ojos no fue a su padre sino a su amiga.
— A… ¿Amy?
— ¿Mina, te encuentras bien? Te escuché gritar y luego te oí llorar, ¿Está todo bien?
— ¿Qué haces aquí? Creí que tu… que tu…— cuestiono aun incrédula y con voz entrecortada, no podía aun creer lo que sus ojos estaban viendo, pensó que su amiga se había ido.
— ¿Qué me había ido? Jamás, óyeme bien, eso Jamás pasará, no hare lo que tanto me pediste antes de quedarte dormida, jamás te abandonare y no me harás cambiar de opinión, te apoyare y si todo sale bien tu quedaras libre con tu hermano y mi familia y yo no tendremos que sufrir ninguna consecuencia de nada— dijo mientras se acercaba a la cama y se sentaba frente a la rubia.
— Pero…
— Pero nada, juntas encontraremos la solución a todo—interrumpió con decisión ante el intento de protesta de su amiga
— Pensé que te habías ido, yo no te vi así que pensé que si te habías ido como te dije. — Mina la vio a los ojos aun sin creerlo.
— No era mi intención hacerte pensar eso, fui a la cocina a preparar el desayuno y de hecho venía a preguntarte si querías bajar o preferías tomarlo acá en la cama, no sé qué tan adolorida te encuentres, pero justo cuando estaba subiendo las escaleras te escuché. — Amy le tomó de las manos mientras la veía atenta.
— Me asustaste, pensé que era mi padre
— Perdóname, no fue mi intención, es solo que también me asuste al escucharte gritar y llorar. — ante la mención de aquella persona Amy no pudo evitar sentir un asco y un odio horrible incrementarse dentro de ella. Al ver que solo se quedaba callada decidió sacarla de su burbuja, seguro que estaba recordando cosas que no debería, así que la interrumpió.
— ¿Entonces te traigo el desayuno o prefieres ir abajo?
— Prefiero bajar, gracias.
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continuara...
