Capítulo 13: Angie
Angie Seaworth
16 años
Distrito 4
"Ahora soy una rompehogares. Soy una zorra. Tengo amenazas de muerte que llenan los semicamiones. Dime quién soy, supongo que no tengo elección"
Soy de las últimas en abandonar el gimnasio. Estuve en la parte de abajo, en la zona de natación. Necesitaba relajarme.
Los habitantes de los otros distritos creen que los del cuatro pasamos más tiempo en el agua que en la tierra. Lo cierto es que eso solo se aplica a los de mar, especialmente a los de sal, pero fuera del cuatro nadie conoce estas distinciones.
Para ellos somos todos pescadores, pero las cosas no son tan simples. Los de mar se dividen en dos categorías. Están los de arena, que viven del mar, pero no pasan largas temporadas en él. Salen a pescar al anochecer y vuelven al amanecer. Algunos tienen sus propios negocios para vender su pescado y el de otros. Viven en el puerto y sus niños crecen aprendiendo todo lo que hay que saber sobre barcos y peces.
Luego están los de sal. Ellos pasan muchos meses en el mar. Sus niños crecen como pueden. A veces uno de los padres se queda en tierra o se van turnando entre los dos. A veces los dejan con familiares o a veces le pagan a alguien para que los cuide. Ellos aprenden lo mismo que los de arena, pero saben que están en tierra solo de prestado y que cuando crezcan tendrán que ir al mar como lo hacen sus padres a no ser que consigan un buen matrimonio o que tengan mucha pero que mucha suerte.
Yo pertenezco a la otra categoría, la de los de tierra firme o simplemente de tierra, que vivimos en la ciudad. La mayoría son comerciantes y sus niños aprenden a seguir con los negocios familiares; unos pocos son altos cargos y sus niños aprenden a liderar y luego estoy yo, que soy la hija del alcalde y aprendí a dibujar porque nunca me interesó la política y mi padre me dejaba hacer lo que quisiera.
Hay también otros habitantes del distrito, la familia de fareros, que es única en su clase, los que trabajan en los criaderos, que viven alejados del resto y no están bien vistos porque no respetan el ritmo natural del mar, pero viven mejor que la mayoría de los que sí lo respetan, y los isleños, que tienen sus propias costumbres. No obstante, a pesar de estas diferencias, el mar forma parte de nuestras vidas desde que nacemos. Puede que mi relación con él se limite a ir a la playa a divertirme con mis amigos o a salir en el barco de mi padre de vez en cuando a dar una vuelta, pero igualmente nadar en la piscina de agua salada del centro de entrenamiento me ha hecho sentir mejor, más relajada y feliz.
Entro en el ascensor satisfecha, con el pelo mojado porque me he dado una ducha rápida en los vestuarios que hay junto a la piscina. Ya está ocupado por los dos chicos del once, pero cabemos perfectamente los tres. Les dedico una sonrisa. Se llaman Fabio Rivers y Raoul West. Me he aprendido los nombres de todos los tributos. Estoy recopilando toda la información que pueda para la arena. Siempre he tenido buena memoria para esas cosas.
Raoul esquiva mi mirada, mientras que Fabio me devuelve la sonrisa, aunque noto en su postura que está tenso y en sus ojos veo cierto recelo. Somos doce profesionales y hemos decidido ir todos juntos. Según nuestros mentores, eso tiene bastante asustados a la mayoría de los tributos.
Soy una persona sociable y he intentado entablar conversación con varias chicas y con algunos chicos que me he encontrado en los distintos puestos que he visitado, pero la mayoría me han ignorado y con los pocos que me han contestado la conversación no ha sido agradable. Unos parecían tenerme miedo y los demás me miraban con rabia, incluso con odio.
Leo dice que nos odian porque saben que somos mejores que ellos y Georgina que es bueno que nos tengan miedo, pero yo no estoy acostumbrada a esto. En mi distrito era una chica popular. Era la que organizaba las mejores fiestas y la que se llevaba bien con todo el mundo. Nunca tuve claro lo que quería hacer cuando terminara la escuela, pero no pensaba ser una profesional. No estoy hecha para esto. No obstante, la voluntaria no se presentó y aquí estoy yo. Mi mentora ha dejado caer por ahí que soy muy buena y que por eso no se presentó nadie, pero creo que la estrategia no está saliendo bien. Entrenaba en la academia por diversión y porque al fin y al cabo soy la hija del alcalde y tengo que dar ejemplo, pero no estoy hecha del mismo material que el resto de la alianza y se nota.
Salgo del ascensor. Los demás están en el salón y me siento con ellos mientras esperamos para cenar.
–Tienes mala cara –comenta Walther.
Él es un poco como yo aunque se presentó voluntario. Era bastante mediocre en la academia y no habría sido elegido en condiciones normales, pero muchos chicos no quisieron voluntariar en un año con el doble de tributos. Al menos ellos fueron lo suficientemente valientes como para decirlo de antemano y no se echaron atrás en el último minuto como le pasó a la chica que debió haberse presentado por mí.
–Estoy harta de que los otros tributos me miren como si me los fuera a comer. Venía en el ascensor con los dos chicos del once y uno de ellos ni me miraba a la cara.
Inmediatamente me arrepiento de haber dicho eso. Ha sonado infantil.
–Va, tampoco es como si los del once importaran. Son bañitos los dos –responde Leo.
–Los cuatro en realidad –añade Georgina.
Leo asiente. Para ellos decir eso es natural. En cambio yo me siento incómoda. No digo nada, pero sé que lo saben, que son conscientes de que no soy como ellos. No puedo evitar preguntarme si de mí hablarán también así cuando no estoy, si también pensarán que soy bañito.
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A lo mejor me he pasado con la información, pero tenía ganas de xplorar el distrito cuatro. A Angie la mandé al syot Cuando se aproxima la muerte de Rebellious bird. Curiosamente en ese syot se pedía que asociáramos a los tributos con una canción y escogí International smile de Katy Perry, pero no le pegaba a este momento, así que la canción del capítulo es Because I liked a boy de Sabrina Carpenter.
