"Es mi hijo." La voz de Regina casi quebrándose, llena de verdadera angustia al saber que su pequeño estaba atrapado en una mina a punto de desplomarse sobre su cabeza y de la del inútil Dr. Hopper. Lo peor de todo fue cuando la rubia osó decir que Henry también es su hijo ¿su hijo? ella había cuidado del curioso y obstinado Henry desde siempre, mientras que la otra mujer, bueno, sabrá Dios qué ha estado haciendo la Srita. Swan. Ahora se encontraban frente a frente, la rubia retándola como siempre a cada segundo en su mismísimo pueblo, nadie había retado antes a la Alcaldesa, y sin embargo, era refrescante e incluso emocionante. Si Emma Swan decía que podía hacerlo, por alguna extraña razón le creía. Sus pasos la acercaron más a la otra mujer, involuntario y a la vez con mucha intención, Regina siempre invadía el espacio personal de la gente para intimidar, pero esta vez es distinto, una extraña fuerza la atraía al cuerpo de la rubia y la hacía mirar fijamente sus labios… tan cerca y tan lejos, las respiraciones chocando. "Sólo tráemelo de vuelta." Regina ordenó a la rubia, y muy a su pesar tuvo que separarse de ella porque su hijo va primero, siempre.