Marie estaba en proceso de prepararse un cafè en la sala de profesores de Shibusen para empezar bien el día y de paso despertar de una noche bastante mala. Tarareando alguna cancioncilla pegajosa, buscò la azùcar en el estante de la sala de profesores. Estaba totalmente nueva. Al parecer nadie le agregaba azùcar a su cafè.
-¿Dònde habràn dejado la leche? - se preguntò en voz alta. Cuando finalmente la localizò, estaba demasiado fuera de su alcance. ¡Por Shinigami sama! ¿Què acaso no sabìan que no todo el mundo es bendecido con la altura necesaria para alcanzarla? ¡Tontos! ¡Nadie la alcanzarìa asì!
La puerta de la sala de profesores se abrió lento, chirriando. A lo mejor eran Sid o Spirit, tal vez ambos. Se giró para ofrecerles un café, o pedirles la leche, después de todo, ella ya estaba mentalmente preparada para ser llamada enana.
-Estoy en casa – anunciò Stein pasando a su lado y dejándose caer en el sofá como un peso muerto.
-Pero si estás en el Shibusen… - replicò ella. Marie se preguntó si se sentía bien o si quería jugarle una broma.
- Casa es donde tú estés, Marie – le dirigió una sonrisa torcida desde su posición.
-Mira que confundirme así – masculló Marie en voz baja, con la cara roja. - ¿Q-quieres cafè?
-Hummm...- aceptò sacando un cigarrillo con desinterès - Ne, Marie ¿Te molestò algo anoche? Te veo bastante...
-¿Ojerosa? ¿Demacrada? - Marie lo interrumpiò bruscamente - ¡Stein! ¿Còmo te atreves a decirle eso a una chica?
-Pero si yo no he dicho nada...
-Uhhmmm...Stein - Marie se olvidò de su aspecto y se puso repentinamente nerviosa - ¿Podrìas hacerme una favor?
-¿De què se trata? - cuestionò interesado - ¿Necesitas que despedace...?
-¡No, eso no! - corrigiò ràpidamente - Puedes...
Stein se mantuvo expectante.
-...leche.*
-¿Hm?
-¡Pàsame la leche, que no la alcanzo! - gritò sacudiendo los brazos.
Stein se levantò y le alcanzò sin esfuerzo el frasco.
-Aquì tienes. Le dirè a Spirit senpai que no lo esconda màs - se acercò a la puerta e hizo un gesto de despedida - Nos vemos, Marie.
-No llegues tarde - le advirtiò sin saber por què.
-No lo harè.
Suspirando, Marie abriò el frasco. Estaba muy apretado... Y adentro no habìa leche. ¿Èso era un ojo?
-¡STEEEEEEEEEEIIIIIINNNNNNNNN!
Stein sudò frìo desde el pasillo. Se le habìa olvidado sustituir el frasco de disecciones por la leche de nuevo.
Disimulando que le preocupaba morir tan joven, desapareciò de los pasillos con Marie a sus espaldas.
