Hola, hola, Luna de Acero reportándose.
Bueno, un capítulo largo, pero ahora se viene la angustia en su máxima expresión. Ya se lo había anticipado en el capítulo anterior, faltan solo dos capítulos para que esta historia termine. Si les gusta esta entrega, por favor háganme saber con su apoyo, hoy lo necesito mucho.
Les mando besitos miles, ¡hasta la próxima!
Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, son de Isayama Hajime, la historia si es de mi completa invención.
Advertencias: Contenido R18, escenas de sexo explícito (again), universo alterno, los personajes están fuera de sus personalidades del canon, esto se llama OoC (Out of character). Incomprensión, situaciones donde falla la comunicación y deviene el caos, angustia, dolor, y cosas oscuras. Bien, ya les he advertido, ahora si pueden, disfruten.
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"El hombre condena cuando no entiende."
CICERÓN
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Eren estuvo esperando y esperando. No podía concentrarse en el trabajo, estaba serio, malhumorado, molesto. Ya llevaba dos días sin saber nada de Levi. ¿Acaso siempre tenía que ser él dando el primer paso? ¿Su ex no lo extrañaba? ¿Ni siquiera un poco? Porque cuando estaban a solas siempre terminaba suplicando que lo follara con todo. ¿Entonces?
Entró en WhatsApp y soltó un suspiro, estaba en línea, casi siempre lo estaba, ¿por qué mierda no le mandaba aunque más no fuera un puto mensaje?
—¿Todo bien, Eren? —preguntó Floch, a la vez que depositaba una taza humeante frente a él.
—Sí, todo bien. ¿Qué es esto?
—Té de kava, es una planta, algo así como la prima de la menta, sirve para el estrés.
—¿Me veo muy estresado acaso?
—Uh, bueno...
Eren se frotó el puente de la nariz y volvió a suspirar. Aceptó la caliente bebida.
—Gracias, lo beberé.
—¿Puedo ayudarte en algo? A veces sirve hablar de nuestros problemas.
Eren enarcó una ceja, ¿qué con tantas preguntas ese jovencito?
—Es un tema personal, pero gracias por tu ofrecimiento. Hazme un favor, llama al señor Honoka y que te confirme la visita al edificio para el jueves, también, te acabo de enviar unos planos, necesito que te coticen cuatro impresiones donde siempre, luego me avisas el presupuesto.
—De acuerdo, lo haré. Luego me cuentas como te fue con el té —dijo sonriendo con amabilidad.
Eren volvió a mirar su celular y había mensajes pendientes, entró de inmediato, ninguna era de Levi, maldita sea.
El susodicho estaba tratando de concentrarse en terminar unos informes, pero su mente volvía una y otra vez a su ex, a su pene hermoso. ¿Por qué tenía que tener un pene tan divino? Es decir, las vergas, en general eran horribles, al menos desde su punto de vista, una parte del cuerpo humano que se ensuciaba más seguido que otras, a la que en muchos casos le sobraba piel (como un gusano arrugado), estéticamente no le parecían muy lindas, aunque dieran placer. Pero la de Eren, que suertudo, buen tamaño, buen color y buen sab... bueno, como sea, le encantaba chupársela, no iba a negar eso, lo excitaba mucho que le llenara la boca, que lo ahogara un poco.
Sus manos se detuvieron y dejaron de tipear. ¿Por qué carajos estaba pensando en la verga de Eren de todas las cosas posibles? Había una sola respuesta, estaba caliente, que novedad. Era martes, la última vez que se vieron, y cogieron, había sido el domingo por la mañana. Dos días, ¿acaso era adictivo? Recordó brevemente su voz, sus resoplidos cuando lo estaba embistiendo en la encimera de su cocina, cuando le metía los dedos y lo hacía acabar. Sacudió la cabeza, maldición, estaba en su trabajo y tenía que entregar informes.
Vamos, Levi, concéntrate. Sus dedos volvieron a moverse por el teclado. Quería verlo, no, el informe, el informe. Sus dedos se detuvieron de nuevo. Ok, una fantasía, una rápida. Eren entrando a su oficina, de manera avasallante, con el ceño fruncido, cerrando la puerta de golpe y poniendo seguro. Tomándolo de la solapa del traje y hablándole entre gruñidos. "Maldita sea, ¿crees que me puedes tener esperándote una eternidad? Hace cuarenta y ocho horas que tu culo no me ha dado satisfacción". Lo imaginó girándolo con brusquedad, obligándolo a doblar su torso contra su escritorio hasta que sus labios casi besaran la madera, entonces baja sus pantalones con salvajismo, casi rompiendo la tela, y comienza a penetrarlo con sus dedos, hasta hacerlo babear. "Chúpala", le ordena y Levi obedece de inmediato, atragantándose, ahogándose en saliva por la brutalidad del acto, y luego con la verga chorreante y brillosa, regresa por detrás suyo y se lo mete hasta que sus bolas chocan groseramente con sus glúteos.
—Dios mío, soy un maldito depravado —susurra para sí mismo, traga la saliva acumulada en su boca y agarra el vaso de agua que tiene cerca para calmarse un poco.
Está semi duro y eso no debería suceder, no en la oficina al menos. Debe enfriar su cabeza, urgente. Pero es que lo desea, lo desea tanto que no puede organizar sus pensamientos. Abre el buscador de Chrome para buscar unas referencias del informe, y le aparecen propagandas sobre mini vacaciones en una ciudad cercana, que tiene pozos de agua termal. Ah, que linda es el agua termal, relajante, buena para la piel. ¿Cuánto saldrá un fin de semana? Le vendría bien desenchufar su mente. Miró los precios, bastante aceptables, había creído que eran más caros.
Oh, es que están fuera de temporada, aún no hace demasiado frío y además están iniciando la época de lluvias. Cuando estuvieron casados fueron demasiadas escasas las ocasiones que pudieron aprovechar para ir y tomar un respiro en algún viaje. ¿Y por qué estaba pensando en Eren? Tranquilamente podría ir con Izzie o con Hange, con Falco no porque su hijo tenía una chica con la que se frecuentaba y los fines de semana era normal que desapareciera. ¡Ah, la juventud! "Sabes que es mentira", le habló al oído el Eren de sus fantasías que aún seguía allí, "sabes que te mueres de ganas de ir conmigo, que quieres que te coja fuerte y duro en el agua tibia, ¿verdad? Eso es lo que realmente quieres".
Sus manos se movieron solas. Tomaron su celular y escribieron un mensaje.
"Hola, como va todo?", aguardó por una respuesta, si le respondía de inmediato entonces procedía a avanzar, sino eso significaba que no deb-
"Hola, bebé, todo muy bien, y tú?".
Levi se mordió el labio inferior, mierda, ¿ahora cada vez que le decía bebé se iba a calentar? Necesitaba terapia, terapia y un exorcista para sacarle el demonio de la lujuria de adentro.
"Todo muy tranquilo. Te escribía porque, bueno, no sé cómo estarás de tiempo y compromisos pero hay algo que me gustaría hacer este fin de semana y podría incluirte".
Eren estaba con una sonrisa de oreja a oreja. Floch lo observó con intriga, haciéndose el de cargar un nuevo bidón de agua. Pero si hace un momento tenía cara de tragedia y ahora estaba todo feliz, ¿qué sucedía con ese hombre? Maldición, se moría por saber con quién estaba hablando, ¿cómo podría enterarse?
"Depende la propuesta, si eso te incluye a ti con mi polla en todos los agujeros disponibles, entonces me apunto".
"Dudo mucho que tu cosa entre por el orificio de mi nariz, de hecho suena grotesco", escribió de inmediato, Eren largó una risotada.
"Ya, entonces en tu garganta y tu trasero, tendré que conformarme, pero bueno, ¿cuál es la propuesta?".
Levi dudó, escribía y borraba, escribía y borraba, bueno ya había hablado no podía retractarse, inspiró para darse valor y envió el mensaje.
"Conseguí una estadía por todo el fin de semana en un onsen, aquí cerca en Rodes. Es un hotel boutique, muy bonito, en las reseñas dicen que el restaurante es de lo mejor y bueno, eso, ¿te gustaría venir?".
Eren se puso tan feliz que casi raja la pantalla del celular por la fuerza con que lo estaba apretando. Sus manos estaban demasiado inquietas así que decidió enviarle un audio. Levi se puso los auriculares antes de escucharlo, con ese animal en celo nunca se sabía, mejor tener recaudos. Cuando escuchó su voz, ronca, rasposa y repleta de malas intenciones, hizo que se excitara de inmediato.
"Vaya, bebé, que propuesta tan excelente, claro que quiero ir contigo. Aunque voy a tener que cancelar dos compromisos, uno con mi madre, cosa que puedo reagendar, sin embargo, es problemático, vas a tener que compensarme y mucho. Se me ocurría que tal vez podrías lucir para mi esa indecente pollera negra de cuero a tablas, uuff, por favor, hazlo para mí".
Levi estaba rojo hasta las cejas, se refregó el rostro y se terminó vaso con agua, estaba empalmado, tenía que pensar en algo que se la bajara de inmediato. Pelos, pelos en la rejilla de la ducha, ugh. Le escribió una respuesta una vez que se pudo calmar un poco.
"Encima que eres un invitado, te pones de exigente, tch. No te prometo nada, todo va a depender de cómo te comportes".
"Que sepas que pienso comportarme horriblemente mal, bebé".
"Tendré que disciplinarte, entonces".
"Por favor, castígame. Por cierto, ¿te parece que vayamos en mi camioneta? Es grande, cómoda y ya sabemos que hay suficiente espacio para hacer de las nuestras, eso sí, lejos de las rutas y los policías".
Levi se rio levemente.
"A ti se te da mejor manejar, así que lo dejaré en tus manos. Más tarde nos pondremos de acuerdo con los horarios y eso".
"De acuerdo, bebé, esperaré tus instrucciones".
Levi se puso manos a la obra para conseguir una habitación acorde, los arreglos necesarios e investigar un poco sobre el lugar. ¿No se estaba olvidando de algo? Abrió los ojos y se tensó cuando vio a su jefa entrando a su oficina, ¡los putos informes!
Eren continuó con lo suyo, cerca del mediodía se reunió con su hijo Falco para almorzar, se notaba que estaba de un fantástico humor.
—¿Qué te tiene tan contento? —consultó su retoño mientras se llevaba a la boca un buen puñado de papas crujientes bañadas en queso cheddar.
—Me va bien en el trabajo.
—¿Seguro eso es todo? —su padre asintió y mordió su enorme hamburguesa casera—. ¿Te pusiste de novio o sigues disfrutando de tu soltería?
—Um, bueno, ni una cosa, ni la otra.
—¿Cómo es eso? No te la des de misterioso.
—Solo digamos que, estoy probando de salir con alguien, aún no nos hemos puesto tan serios, pero tengo un buen presentimiento.
—Oh, ¿qué tan joven es esta vez? —lo molestó Falco, Eren se puso un poco nervioso.
—No, él es, casi de mi edad.
—Eso es nuevo.
—Algo así, cuando las cosas estén más encaminadas te vas a enterar.
—Supongo que entonces habrás hecho planes para el fin de semana.
—Mmm, algo así, ¿por qué? ¿Querías que hiciéramos algo nosotros?
—Sí, de hecho —Falco vio el semblante de preocupación de su padre y no quiso presionarlo—. No importa, podemos ir otro día.
—Podría tomar un par de días en la oficina, que te parece eso, martes y miércoles o miércoles y jueves. ¿Quieres ir a pescar?
—¿De verdad no se te complica?
—No, campeón, vamos, yo me encargaré de tener los días libres.
—De acuerdo, gracias. Oye, el domingo por la noche podríamos hacer una barbacoa en tu casa, ¿te parece?
—La hagamos, pero el lunes por la noche.
—¿El domingo no estarás en casa por la noche?
—Ah, no lo sé, es que iremos a pasear por ahí y no quisiera decirte un horario y no poder cumplirte.
—No hay problema, el lunes está bien.
El sábado por la madrugada Eren aparcó cerca de la casa de Levi, afortunadamente había mucha bruma matinal, por lo que apenas y se distinguía su camioneta. Levi llegó con una maleta pequeña con rueditas que acomodó en el asiento de atrás y cuando subió empezó a desplegar el arsenal que había preparado para que desayunaran en el camino. Sándwiches, té y café calientes, algunos snacks. Iba alimentando a Eren mientras conversaban en el camino. Asombrosamente ninguno habló de sexo ni hizo referencias a eso, solo dialogaron en total armonía, riéndose y hablando mal políticos, farándula, algunos familiares. Luego el tópico fue sobre sus hijos, sus relaciones amorosas, su evolución profesional, más chistes. Escucharon temas que ambos disfrutaban, hicieron algo de karaoke y coreografías con los brazos, que fueron un desastre porque tenían muy poca coordinación. Se sorprendieron cuando llegaron a Rodes, ¿habían pasado tres horas? Ni se había sentido.
El onsen era maravilloso, tal como Levi había pronosticado había muy poca gente, la mayoría parejas. Muchas promociones de cenas, tragos, salidas. Hicieron de todo un poco, hasta montar caballos. Escalaron un cerro, se persiguieron y Eren casi se esguinza un tobillo por estar de pendejo, pero afortunadamente solo fue un dolor que con las horas se aplacó. Por la noche fueron a las aguas termales.
Los del hotel habían colocado faros hechos de papel de arroz y luz natural que le daban un toque mágico. Anduvieron probando las temperaturas hasta que finalmente se decantaron por un pozo algo alejado y que no era tan profundo. Recién entonces, en la calma de la noche y la tranquilidad se acercaron, disfrutaron del hermoso cielo plagado de estrellas y se besaron. Nadie estaba apurado, se permitieron disfrutar, Eren sentía que su corazón estaba enloquecido. Miró a su ex, era un momento perfecto, debía sincerarse y confesarse finalmente, sin embargo, cuando sintió la juguetona mano de Levi metiéndose dentro de su short la concentración se le esfumó de golpe.
—O-oye, ¿qué haces?
—Vamos, como si no lo hubieras pensado, pervertido. Tengamos sexo, ahora.
—Como usted mande, alteza.
Aún había tiempo de decirse las cosas, tal vez más tarde, o mañana. Comenzó masajear el trasero del más bajo de manera obscena a la vez que le comía la boca con ganas. Levi estaba a punto de dejarse llevar, mientras masturbaba a Eren de esa forma que sabía en que el otro disfrutaba a más no poder, cuando de repente escucharon voces cerca. Otra pareja junto a su hijo adolescente los saludó, para entonces estaban lejos el uno del otro, y notaron con decepción que los otros tres se metían a su pozo. A la mierda los planes.
Luego de un rato en que al menos sus erecciones bajaron, Eren se acercó y le susurró al oído que fueran a la habitación, Levi estuvo de acuerdo. Ni bien cerraron la puerta dieron rienda suelta a todas sus perversiones, especialmente contra la pared, sobre la mesa y en la tina del baño, que no era lo mismo que un poco de aguas termales, pero al menos no iban a molestarlos. Afortunadamente, Levi tenía varios snacks, porque con la calentura se habían olvidado de cenar y para cuando terminaron, cerca de la tres de la mañana, no estaba abierto ni el cementerio.
Al día siguiente se fueron en la camioneta de Eren a recorrer la ciudad y se sentaron en un coqueto café a devorar de todo un poco. Caminaron tranquilos por una plaza, y luego visitaron algunos puestos de artesanos en donde Eren le compró una camiseta negra a su medida que tenía una foto de las aguas termales y decía "I Love Onsen Rodes", además de otras chucherías como condimentos, vinos de la región, y dulces tradicionales. Al mediodía volvieron al hotel donde almorzaron un estofado que fue una exquisitez. Decidieron hacer una siesta muy acurrucados y ya más repuestos, por la noche intentaron de nuevo tener un poco de privacidad en algún pozo alejado, pero lo cierto es que los pozos de la periferia eran de aguas mucho más calientes y lo único que lograron es arrugarse mucho la piel y salir echando vapor como teteras en ebullición.
Como fuera, se rieron hasta las lágrimas y decidieron ser normales y tener sexo en la habitación. Hubo un solo percance y es que Eren hizo un berrinche cuando se enteró que Levi se había olvidado la pollera de cuero negra con tablas.
—Me lo prometiste, me siento estafado —decía con el ceño fruncido y si bien en un principio Levi pensó que estaba bromeando, pronto descubrió que no.
Pero como que se llamaba Levi Ackerman que iba a hacerlo cambiar de parecer, y así en menos de diez minutos lo tenía con los ojos en blanco de placer. Esta vez no pudieron retozar demasiado, ya que tenían una reserva en un restaurante que Eren había elegido. Se bañaron juntos para ahorrar tiempo, se lavaron mutuamente la cabeza, se manosearon descaradamente entre piropos idiotas y risas estridentes, y cuando al fin pudieron vestirse de manera decente, guardaron las maletas en la camioneta y partieron al restaurante.
—Podríamos habernos quedado en cama —dijo Levi mirando el paisaje a su alredor.
—Dame un respiro, me drenaste como a una vaca lechera.
—¡Basta! —dijo Levi codeándolo divertido.
Cuando llegaron y entraron al lugar Levi se sorprendió del lujo, ¿por qué su ex había elegido un lugar así? Debería haberse vestido mejor, pensó. Los llevaron a un balcón, ya que el clima en ese lugar, de valles y quebradas, era más agradable que en Paradis, de donde ellos venían. Así que era de lo mejor estar al aire libre. Trajeron un vino fino, brindaron, bebieron y de alguna manera el más bajo notaba que el ambiente estaba demasiado extraño para un viaje casual.
—Finge estar enfermo y no vayas maña a trabajar —dijo Eren tomando su mano más cercana para acariciar el dorso con su pulgar.
—¿Qué? ¿Cómo podría faltar?
—Solo por esta vez, quédate conmigo.
No eran ideas suyas, sintió escalofríos por la manera seria y sexy con la que su ex lo miraba.
—¿No será demasiado? Digo, hemos estado juntos todo un fin de semana, y no hemos peleado ni una vez, que milagro.
—En realidad estaba pensando, en que no me molestaría compartir más tiempo contigo, para nada.
Levi lo miró desconcertado, pero no dijo nada, por lo que Eren continuó, sin quitarle los ojos de encima.
—Nos llevamos bien, compartimos muchos intereses en común, el sexo solo mejora cada vez, y... sinceramente, cuando no sé de ti, empiezo a extrañarte —Levi abrió un poco sus ojos y sus labios quedaron pegados en una línea recta, atento a lo que Eren estaba diciendo—. Sé que no es unilateral, dime que no lo es Levi —apretó su mano levemente, pero dando a entender su punto.
El de cabello negro estaba congelado, ¿qué? ¿Qué es lo que estaba diciendo Eren?
—Creo que estamos listos para pasar al siguiente nivel, ¿no opinas lo mismo? —Levi parecía una estatua, sin reacción, sin movimiento, el más alto comenzó a ponerse un poco nervioso, pero trató de mantener la calma—. Solo míranos, felices, compartiendo, riendo, queriendo más, porque, yo quiero más. Quiero estar contigo, Levi, como una pareja me refiero.
No estaba preparado, fue como un chorro de agua helada sobre el cuerpo, quitó su mano con rapidez y casi tira su copa, a tiempo la agarró antes de que rodara por el piso, pero derramó algo de vino sobre el mantel. Eren le ayudó a secar con las servilletas. Sus manos temblaban, estaba completamente abrumado, lo había tomado desprevenido.
—¿Levi? —levantó la mirada, su ex parecía preocupado—. ¿Vino?
—S-sí, por favor.
Levi bebió y sus platos llegaron, pero lo cierto es que no podía pasar un solo bocado en esas condiciones, no podía procesar lo que estaba pasando. Mientras tanto, Eren lo observaba y comenzaba a sentirse contrariado, ¿acaso se había equivocado, Levi no sentía lo mismo? No, eso no podía ser posible.
—Por favor, di algo.
—No sé, no sé qué quieres que diga. No me esperaba esto.
—¿Qué sientes por mi Levi? Se honesto, no espero que me complazcas, solo que me digas la verdad.
—Sentir, ¿sentir? Yo... no me puse a pensar, no estoy seguro. Quiero decir, bueno, acepto que tenemos nuestros momentos divertidos, sí, pero, ¿qué es lo que quieres conmigo?
—¿No es obvio? Quiero ser tu pareja, o mejor dicho volver a serlo. Ambos hemos madurado, hemos tenido nuestras rivalidades, tal vez porque nunca dejó de haber sentimientos entre nosotros. Yo estoy seguro, me gustas Levi, y no hablo en un sentido sexual, que sí, también me encanta, pero me refiero a todo tú, las charlas, la complicidad, los mensajes, los besos, todo. ¿Acaso de te da igual tener esto con cualquier otra persona?
—N-no, eso.
—¿Entonces?
—Espera, espera —dijo tratando de retomar su postura, bebió un trago de vino, se pasó la lengua por los labios y trató de hablar—. No voy a negar que me gusta disfrutar de todo esto contigo, es cierto, pero una cosa es divertirse, salir, hacer planes esporádicos, y otra muy distinta es... llevar adelante una pareja. No quiero ser pesimista, pero nosotros, nosotros fracasamos, e-estrepitosamente, Eren. Y salimos muy, muy heridos, no solo nosotros, los niños, la familia —Levi comenzó a sentirse descompuesto, el aire le comenzaba a faltar—. ¿Y vienes a proponerme que lo intentemos de nuevo? ¿Cómo? Tu madre, solo recuerda como me miró esa vez, nos, nos despreciarían, los niños, no, ellos, a... No puede ser, no puede... no es posible esto.
—Ya cálmate —dijo Eren imponiéndose—. Estas por hiperventilar, respira, despacio —Levi hizo caso—. No es como si te estuviera por obligar, si no sientes lo mismo, con un no es suficiente. Supongo que me equivoqué, pensé que estábamos yendo en la misma dirección. Lo entiendo, no voy a presionarte, aceptaré tu respuesta. Ahora, necesito unos minutos, iré a pagar, te espero en la camioneta, tómate tu tiempo también, y no te alteres.
Eren se puso de pie y Levi no pudo decir ni una palabra. Como un accidente, todo había sucedido demasiado rápido. ¿Se le había confesado? Levi estaba asustado, todo dentro suyo tiritaba. No se trataba solo de Eren o de él, había un montón de personas que los habían padecido, y ahora les dirían que lo intentarían ¿así como así? Era una locura. De repente le cayeron todos los dardos de las palabras de Hange, los malos recuerdos dejándole un sabor amargo en la boca. Sintió frío, miró la hora, ¿ya era así de tarde? Se puso de pie, su comida y la de Eren seguían intactas sobre la mesa. Caminó hasta la camioneta, Eren estaba allí, fumando con la ventanilla baja, con música jazz de fondo. Subió en silencio y se puso el cinturón de seguridad, entonces Eren tiró la colilla del cigarro y arrancó para volver.
A diferencia de la ida, la vuelta se sintió eterna. Ninguno dijo nada, Eren mirando fijamente la ruta, tenso y Levi sobre el asiento del co piloto, mirando el paisaje por la ventanilla. Llegaron a la madrugada y Eren lo dejó en su casa. Levi no quería que las cosas quedaran así de mal.
—Eren...
—Gracias por el viaje, estuvo bien. Cualquier cosa estamos en contacto —lo cortó en seco una vez que descargó su valija.
Cerró la puerta y arrancó a toda velocidad. El más bajo se quedó mirando como el vehículo se alejaba, sintiendo un vacío enorme dentro del pecho. Agarró la manija de la valija y regresó a su casa. Notó que la llave de Izzie estaba en el colgador detrás de la puerta, de manera que se manejó en el mayor silencio posible. Separó la ropa sin usar de la usada, cargó el lavarropas y luego se tiró en su cama boca arriba. Aturdido, sin entender del todo lo sucedido.
Al día siguiente, cuando se levantó se sorprendió que su hijo Falco estuviera en la casa, había preparado el desayuno. Izzie de seguro seguía durmiendo, no era de madrugar.
—Buenos días, hijo, ¿cómo no me dijiste que venías?
—De todas formas, íbamos a vernos tarde o temprano, ¿cierto?
¿Era su idea o se sentía cierta aura hostil?
—¿Pasa algo?
—No, no realmente, ¿qué tal el onsen?
—¿Izzie te contó?
—Sí, ella me dijo que no ibas a estar en todo el fin de semana, es bueno, supongo, hace mucho que no te tomas unos días para ti.
Levi untó una tostada con mermelada y le dio un mordisco.
—Estuvo bien, fue agradable, al menos al principio.
—¿Por qué fuiste con papá?
Lo miró sorprendido. ¿Acaso...?
—¿Qué?
—Ya me escuchaste, fuiste con papá, ¿por qué?
No sabía qué responder, ¿cómo era posible que Falco supiera? ¿Los había visto juntos? El joven decidió explicar mientras cruzaba los brazos sobre el pecho y lo miraba serio.
—Papá se olvidó que cuando compró la camioneta, aunque tiene seguro y todo, por un tema de seguridad me pidió que le instalara un seguimiento satelital, después de todo soy ingeniero en sistemas —Levi estaba mudo, ¿qué sucedía con el maldito destino? —. Sé perfectamente donde estuvo, el mismo tiempo que tú te ausentaste, el mismo lugar. No es una coincidencia. Por favor, dame una explicación que me deje tranquilo.
Por segunda vez en menos de veinticuatro horas, Levi quedó mudo. Agachó la cabeza y clavó la vista en el mantel y las migas desparramadas sobre este. Falco, sacudió la cabeza en franca desaprobación, se lo notaba muy preocupado.
—Eres un adulto, papá y dueño de elegir hacer lo que quiera con su vida. Pero después de todo lo que tuvimos que atravesar... ¿por qué con él? Yo recuerdo, aunque te escondías de nosotros, todos esos días que amanecía son los ojos rojos, con las ojeras. Me sentía tan inútil, impotente, solo quería que no sufrieras más, lo diste todo por nosotros, no merecías sufrir así. Y no puedo adivinar qué puede pasar en el futuro, papá, pero... ¿sabes lo que más me mortifica? Que no estaré aquí en un mes, y que probablemente Izzie tampoco, y si no estamos, ¿qué sucederá si vuelven a lastimarte? —Falco hablaba con la voz contaminada de emociones—. Estaré a dieciocho mil kilómetros, no podré abrazarte, ni podré darte mi apoyo, no concibo que estés solo y sufriendo. Ojalá me equivoque, realmente desearía estar equivocado.
Falco se secó las lágrimas con una servilleta limpia y Levi lo miró con culpabilidad en todo el rostro.
—Lo siento, es solo, esto me revuelve muchos recuerdos. Tú sabes lo que haces, pero no confío en papá, él no es constante, él solo va de aquí para allá con uno y otro. No podré perdonarlo una segunda vez. Lo siento.
—No te disculpes, Falco. Soy yo el que lo lamenta. No quería involucrarlos en esto. Por favor, no sufras, soy fuerte, he pasado por mucho, no es tan fácil doblegarme.
Se dieron un sentido abrazo y el muchacho se sintió mejor.
—Mejor ve a la oficina, se hizo tarde —dijo el joven notando lo avanzado de la hora.
Por la tarde, cuando hubo menos movimiento, Levi trató de mandarle un mensaje a su ex. Necesitaban sentarse y tener una charla como adultos. El día anterior no le dio tiempo ni de formular una respuesta coherente. Lo había tomado desprevenido, además, las palabras de Falco lo habían afectado, necesitaban hablar cuanto antes. Cuando se dio cuenta al sexto mensaje que la foto de perfil de Eren estaba en blanco y que todos quedaban con una sola tilde, enarcó una ceja.
—Pero... ¡¿este pendejo me bloqueó?! —no se lo podía creer, intentó llamarlo.
Se escuchaba que sonaba una sola vez y luego de inmediato le daba el buzón de voz, solo que no le permitía dejar un mensaje, una voz decía que la línea a la que intentaba comunicarse no estaba disponible. Tenía ganas de ir a buscarlo y patearle la camioneta. ¿Qué clase de reacción infantil era esa? ¿Bloquearlo? Decidió que mejor esperaba que le bajara la espuma, porque si iba a buscarlo en esos momentos terminarían a los insultos.
Si pensaba que por bloquearlo no lo iba a escuchar, estaba muy equivocado. Iría hasta su trabajo de ser necesario. Solo que primero tenía que reflexionar y pensar muy bien todo lo que iba a decirle, no era cuestión de caerle sin argumentos válidos. Además, también necesitaba tiempo para pensar las cosas.
...
Se sentó en su cama. ¿Cuántos días habían pasado? Siete, llevaba la cuenta más que bien. Había encontrado la camisa de Eren casi sin botones de aquella primera vez que se habían entregado a las fauces de la pasión. Estaba debajo de una enorme pila de ropa limpia que se había propuesto ordenar. Apretó la camisa contra su rostro, ni siquiera quedaba una brizna de la colonia o el olor de Eren, y sin embargo con solo saber que le pertenecía a él, sintió que su corazón se aceleraba. Mierda, quería verlo, lo extrañaba demasiado. Dia tas día, su enojo fue menguando dándole paso a la melancolía. Escuchó como la lluvia comenzaba a caer allá afuera.
Sería tan genial estar en la cama acurrucados, sentir el calor de su ex contra su piel. Se estremeció de solo recordar la cantidad de veces que había disfrutado de esa sensación en el último tiempo. ¿Entonces? Pensó en Hange, en sus palabras, en esos cinco años separados que fueron un calvario, y luego en lo fácil que había sido reconectar y ser feliz a su lado. En la confesión, en cada una de sus palabras. Cerró los ojos y se acostó, en su cabeza seguía reproduciéndose esa noche. Pero lo había rechazado, es decir, no le dio tiempo a procesar nada, pero su actitud y su respuesta dieron a entender que no estaba dispuesto a aceptar sus sentimientos. ¿Se había apresurado?
Se había apresurado, ahora estaba seguro, debería haberle pedido un poco de tiempo en vez de decirle que no era posible. Sus manos temblaron y su barbilla, la angustia escaló profundo. Y ahora, ¿por qué se estaba resistiendo si él sentía lo mismo? ¿Por qué le había dicho eso? Apretó el puente de su nariz, su cabeza comenzó a doler al recordar las duras palabras de su hijo, ¿era lo correcto seguir así? Estaba sufriendo y lo peor de todo es que había sido él quién había herido a Eren, aunque no tuvo esa intención, solo le salió que le salió. Recordó su expresión de sorpresa, su ex marido no se había esperado para nada una respuesta así, al parecer estaba convencido que sería recíproco. ¿No lo era? Si no lo era, lo correcto había sido darle esa negativa, entonces, ¿por qué dolía tanto esa lejanía?
Pero no había nada que pudiera hacer, el daño estaba hecho, no había manera de volver el tiempo atrás. Momento, ¿se estaba arrepintiendo? Cada puto segundo desde el instante que Eren había abandonado el restaurante. Sí, estaba arrepentido. ¿Acaso era imposible reparar las cosas? Se sentó con determinación, si, él la había cagado, lo que correspondía era que él intentara arreglar las cosas. Después de todo si uno ama a alguien, no puede borrar ese amor de la noche a la mañana, ¿cierto?
¿Amor? ¿Esto era amor? ¿Después de tanto odio y rencor? Si no era amor, no sabía que otro nombre ponerle.
Cuando se divorciaron, ¿cuánto tiempo había sentido la necesidad de ir a verlo, pedirle disculpas y otra oportunidad? No lo hizo, nunca juntó el valor suficiente. Él le había pedido que se fuera de la casa, él le llevó los papeles de divorcio, él lo presionó hasta estar seguro que todo estaba destruido. ¿Volvería a cometer el mismo error? ¿Había sido un error divorciarse? Bueno, no, no valía la pena analizar cosas del pasado, no en este momento.
Se puso de pie, pero dudó. ¿Debería ir a verlo? No recibía sus mensajes y tampoco sus llamadas ya que lo había bloqueado de todas partes. Era sábado por la noche, había muchas probabilidades que estuviera en su casa. Después de todo estas cosas no se podían solucionar por celular, debía ser lo suficiente maduro como para hacerse cargo de las cosas y hablar con la frente en alto.
Mientras más lo pensaba, más se convencía de que lo correcto era ir a buscarlo. Si no estaba en su casa, entonces haría guardia hasta que regresara, o no, bueno, volvería las veces que hiciera falta hasta poder tener una charla adecuada. Sonrió, una corriente de esperanza lo invadió de repente. No iba a ser tan idiota de pensar que Eren lo recibiría con los brazos abiertos, pero cuando menos lo escucharía. Le diría la verdad, que se apresuró, que el consejo de su mejor amiga y la mirada juzgadora de su madre lo habían confundido, pero que él estaba seguro de sus sentimientos. Si, tal vez lo echara de su propiedad, tenía que tener claro que era una posibilidad, después de todo Eren era demasiado orgulloso para su propio bien, y bueno, luego vería como lidiar con eso.
Pero incluso si había un uno por ciento de probabilidad de que Eren le diera una chance, tenía que arriesgarse. Se lavó el rostro y se peinó para no verse tan demacrado, buscó algún atuendo que lo hiciera ver decente, se apresuró, de repente la urgencia de ver a Eren comenzó a arderle como una hoguera en el pecho. A la mierda el mundo, a la mierda las palabras de quien sea. Quería verlo, quería tirarse a sus pies y pedirle perdón, quería, quería... ¡Necesitaba ver a Eren cuanto antes!
Bajó las escaleras de su casa casi corriendo, tomó las llaves de su auto y trotó bajo la lluvia que había comenzado a incrementarse, hasta subir a su carro. Se puso el cinturón de seguridad y arrancó haciendo chirriar las ruedas.
—Eren, espérame, vas a escuchar lo que de verdad siento.
Había bastante tráfico y los semáforos todos en rojo no lo ayudaron con su ansiedad que estaba desbocada. Se iba mordisqueando las uñas, temblando por los nervios. No iba a resignarse, no se lo perdonaría jamás si no hacía algo al respecto. Trató de calmarse, inspirando y conteniendo la respiración, tratando de ordenar las ideas en su cabeza, no era momento de hiperventilar. ¿Con qué debería empezar? Algo como: "Eren, te amo", no, "Eren, te sigo amando", ¿eso estaría mejor? Y luego rogar por su perdón, sí, eso, si era necesario se arrodillaría.
Se rio como bobo al pensar en eso, parecía una estúpida y cursi película romántica. Veinte minutos después, con una mala visibilidad, porque estaba arreciando, llegó finalmente al portón de la casa de su ex. Estacionó y estuvo un par de minutos con las manos sobre el volante, de seguro Eren lo vería por las cámaras de seguridad, entonces, ¿le abriría el portón o lo dejaría afuera? ¿Por qué carajos no había traído un paraguas? Bueno, no había lugar en su mente para tener en cuenta ese tipo de detalles, de seguro llegaría a la puerta chorreando agua, en fin, que un chapuzón no mata a nadie. Siempre existía la posibilidad de que Eren lo secara y lo arropara, que bonito sería. Inspiró, se armó de valor y descendió. Fue hasta el intercomunicador y tocó el timbre, para entonces sentía como si su corazón fuera incluso más escandaloso que la misma lluvia.
Notó que las luces de la casa estaban prendidas y que la camioneta de Eren estaba en el garaje. ¡Sí, estaba! Gracias Dios. No contestaron a su timbrado, pero el portón comenzó a abrirse. ¿Entonces, Eren había aceptado su visita? Quería llorar de la alegría. Bueno, no había que ponerse muy contento, todavía faltaba que él se disculpara y que su ex escuchara apropiadamente sus verdaderos sentimientos, pero ya era más que positivo que lo recibiera. Cuando pudo caber por la abertura del portón, ingresó y corrió hasta la puerta. Efectivamente llegó todo empapado.
Levantó la mano para tocar, pero la hoja de madera se abrió antes. Sonrió de antemano.
—¡Eren, yo...!
Ambos se miraron por algunos segundos. Levi quedó mudo.
—Hola, lo siento, parece que te mojaste bastante. Pasa, pasa.
No podía reaccionar. No era Eren. Era ese lindo muchachito, Floch, quien lo estaba recibiendo, y además estaba usando una de las remeras preferidas de Eren. El cabello despeinado, notables marcas en el cuello.
—Mmm, ¿hola? ¿Me escuchaste? Pasa, por favor, no te sigas mojando —dijo con amabilidad y le dio lugar para que ingresara, pero Levi estaba pegado al suelo.
—E-Eren...
—Oh, él está terminando de bañarse en este momento. Pero no tarda en volver, de seguro en unos minutos baja. ¿Tú eres...?
—Oh, yo, creí que... el que se disculpa soy yo, no sabía que tenía compañía —respondió en automático.
—Ah, pero justo estábamos por preparar la cena, anda pasa, me mortifica un poco que te sigas mojando, ven te daré una toalla.
—No. Yo... en realidad, no es nada de importancia —dijo intentando que no se notara el temblor en su voz—. Le escribiré, si, eso estará bien —y se giró para retirarse.
—O-oye, dime al menos tu nombre así le aviso quien vino.
—No, no le digas que vine, solo arruinaría el ambiente —respondió guiñando un ojo—. Por cierto, gracias por abrirme.
—¿E-en serio? Pero, pero...
—Como te dije, no es importante. Adiós.
Se volvió a los trotes mientras Floch lo observaba desconcertado. Se subió en su auto, su mente que estaba tan alborotada antes, y ahora estaba completamente en blanco. Se colocó el cinturón y arrancó para regresar. Sintió nauseas, pero se las aguantó.
Todo el camino de regreso no fue capaz de reaccionar, se sentía tan... vacío. No supo cómo hizo para llegar a su casa, pero lo logró. Cuando estacionó y se quitó el cinturón de seguridad, recién entonces la tristeza le explotó como una granada en el pecho.
El agua había mojado todo el asiento, su cabello estaba pegado a su cráneo. Golpeó el volante con el puño cerrado y finalmente cedió a un llanto desgarrador. Filosas, como navajas, viejas imágenes volvieron de sus tumbas para atormentarlo.
Cuando llevaban poco más de tres meses divorciados, una tarde soleada, tranquila, agradable, estaba haciendo compras en el mall junto a su hija. Aun lidiando con la tristeza y el dolor, pero tratando de que sus hijos no lo notaran, fingiendo todo el tiempo. Isabel le había pedido que la esperara mientras pasaba un momento al baño del lugar. Cargaba dos bolsas con compras de ropa, cuando se detuvo a observar zapatos de un negocio, por el reflejo del vidrio vio a su ex, se giró de inmediato y entonces se encontró con una terrible escena. Eren tomaba con ambas manos el rostro sonrojado de una bellísima joven, luego se enteraría que se llamaba Mikasa, y se besaban con profundo afecto. Parecía algo irreal, no lo vieron a él por el ángulo y porque estaba a cierta distancia. Nunca antes había sentido que su corazón se desgarrara de esa manera.
Sí, estaban divorciados. Sí, eran libres de estar con quien les diera la gana. Pero nunca se hubiera imaginado que Eren estaría rehaciendo su vida con tanta facilidad, y tan rápido.
Lo había olvidado, lo había dejado completamente atrás. No supo cómo tuvo la entereza suficiente para aguantar el resto de la salida con su hija. Regresó a la casa, cocinó la cena, ayudó a Falco con alguna cosa que le pidió y recién por la noche, cuando pudo estar completamente solo en esa enorme cama, más enorme y solitaria que nunca, pudo derrumbarse. Mordiendo la almohada y tapándose con el edredón para que sus hijos no lo escucharan, lloró con desesperación. Y así sucedió, noche tras noche, tras noche, por al menos unos seis meses. Hasta que ya no le quedaron más lágrimas por derramar.
Ahora la situación era diferente, entonces, ¿por qué estaba recordando todas esas cosas tristes? Le dolieron los dedos por la fuerza con la que sujetaba el volante, su rostro era un desastre de llanto, mocos y temblores. Sintió mucho frío, recién entonces cayó en cuenta que estaba mojado hasta la médula, ¿cuánto tiempo llevaba dentro del auto? Se sobresaltó cuando entró una llamada, era Isabel. Tomó el celular entre sus manos que estaban demasiado resbalosas, no fue capaz de atender. No podía fingir, esta vez no había máscara que pudiera esconder lo fragmentado que se sentía.
Otra llamada de su hija volvió a entrar. Cortó, trató de respirar y fue a los mensajes, sabía lo testaruda que era Izzie, no dejaría de llamarlo hasta que la atendiera, y si se preocupaba empezaría a llamar a todos para ver donde andaba. Le costó un mundo lograr juntar un poco de concentración para enviarle un mensaje. Para entonces ya le había cortado unas cuatro veces.
"Izzie, estoy en el baño, hija, no puedo atenderte, ¿qué sucede?"
"Papi, ¿estás en casa?"
"Si"
Le mandó un audio, sonaba exaltada y escandalosa como era su naturaleza: "Papá, ¿a qué no sabes? ¡Ah! Hablé con Gloria, no sé si la recuerdas, ella estudia conmigo, la misma carrera, nos conocemos hace años, te la nombré varias veces, pero bueno, siempre te nombré a mucha gente. ¡Aceptó salir conmigo! ¡Ah! Creo que moriré de la felicidad. La invité a cenar a casa, ¿está bien? Si hiciste planes dime, sino le digo de que vaya otro día".
Levi intentó quitarse las lágrimas que le empañaban la vista, pero sus manos estaban mojadas, su cabello chorreando, todo era un desastre. Escribió una respuesta adecuada.
"Está bien, vengan. Solo que estoy muy mal del estómago, acabo de tomar un té y una pastilla, iré a recostarme. No te molestes, otro día me la presentas adecuadamente, ¿sí?"
"Claro, claro, papá, ¿seguro estás bien? ¿Quieres que vaya a cuidarte? ¿Necesitas que compre algo de la farmacia?"
"No te preocupes, estoy bien. Tráela, pueden usar la casa, solo que yo necesito acostarme"
"Muchas gracias! Te amo, pa"
"Yo también, y felicidades"
—¿Todo bien? —dijo Gloria cuando notó que el semblante de Isabel se tornaba un poco serio.
—Sí, todo perfecto, podemos ir a mi casa. Es solo que mi papá está indispuesto.
—Oh, entonces mejor no voy, no quiero incomodar.
—¿Qué? No, no incomodas nada, mi vida, él se va a acostar y va a reponerse. No te preocupes, vamos, aprovechemos que la lluvia está parando.
Levi finalmente bajó del vehículo, entró a su casa, notó que estaba mojando el piso por lo que se quitó la ropa y la dejó en el lavarropas, recién entonces se percató lo mucho que temblaba. Agarró una toalla del baño de abajo, envolvió su cuerpo, secó rápidamente con el trapeador, luego subió a su habitación. Vio la camisa de Eren sobre su cama y las piernas se le pusieron débiles, se sentó y lloró otro buen rato. Luego la dobló con cuidado, la puso en una bolsa y la dejó en la habitación de Izzie, más tarde le pediría que se la devolviera. Retornó a su cuarto, puso llave y se fue a su baño privado donde se dio una ducha bastante caliente. Le dolía todo el cuerpo, como si hubiera caminado por días sin parar.
Respirar dolía.
Se secó, se puso un pijama y se acostó, tratando de mantener el calor del agua caliente, pero sin mucho éxito. Continuó llorando sin poder evitarlo, quería dormirse para poder escapar de tanto dolor. Se hizo una bolita sobre sí mismo. Se sentía tan estúpido, Eren no tenía la culpa, él lo había rechazado, claramente. Sin embargo, se sentía como si estuviera repitiendo el mismo camino de nuevo, Eren se alejaba, lo dejaba atrás, en el olvido. ¿Tan fácil era deshacerse de los sentimientos? Ojalá él tuviera la fórmula para hacerlo de la misma manera.
...
Eren bajó las escaleras y encontró a Floch manipulando las hornallas, la vajilla y al parecer estaba cocinando alguna cosa. Miró la tabla con algunas verduras a medio picar sobre la encimera, el muchacho tarareaba alguna canción. Bien, aceptaría la cena y lo llevaría a su casa. Había intentado pedirle un taxi, pero con la lluvia había sido imposible conseguir disponibilidad, además, Floch se había instalado con total desparpajo. Suspiró cansado. Tener sexo se había sentido... extraño. No fue malo, sería mentirse, el joven le había puesto todo el empeño, es solo que... su cabeza estaba en otra parte. Pensó que podría distraerse, pero todo lo que había conseguido era notar más las diferencias y extrañarlo. Aunque no tenía sentido, debía seguir adelante, Levi no lo necesitaba en su vida.
—¿Eren?
—¿Mmm?
—Pregunté si te gustan los pimientos.
—Sí, sí, estoy acostumbrado a las verduras, mi hija es vegetariana.
—Es verdad, lo había olvidado. ¿Sabes?, no es por presumir, pero soy un gran cocinero. Esto te va a encantar.
—Bien, abriré un vino —dijo mientras iba hasta la pequeña bodega a un costado, tomó una botella y la miró con extrañeza.
Oh. Ese vino lo había llevado Levi, una de las tantas veces que...
—¿Luigi Bosca? ¡Qué delicia! —apreció Floch apoyándose en su brazo.
Eren devolvió la botella a su lugar.
—Mmm, no, mejor éste —dijo tomando otro diferente—. Permiso.
Floch notó que el ambiente había cambiado completamente, ¿qué había pasado? ¿Y quién era esa persona que había llegado empapada a casa de Eren? ¿Sería algún otro amante? No había tenido tiempo de examinarlo, ¿debería decirle a Eren? Pero, él le había dicho que no le dijera. No tenía ganas de que su jefe pensara en otro, además. Sí, mejor no le decía nada.
Comieron con calma y luego Eren ofreció llevarlo a su casa.
—¿No quieres que me quede a hacerte compañía? No lo sabes, pero hago unos desayunos fantásticos.
—Lo siento, tengo planes por la mañana.
—De acuerdo, podemos quedar otro día.
Floch se cambió y acompañó a Eren hasta la camioneta. El hombre iba callado, por lo que puso algo de música para apaciguar la tensión. Realmente no sabía cómo recuperar el clima. Cuando estacionó frente al complejo de edificios donde residía, trató de hablar con su jefe.
—Eren, oye, ¿dije o hice algo que te haya incomodado?
—No, ¿por qué lo preguntas?
—No creo que solo sea impresión mía, es solo que, parece que algo no te gustó. Solo dime, por favor.
Eren observó al joven, era muy lindo, muy agradable y además de verdad no tenía una sola cosa que reprocharle. Él lo había buscado, había encontrado esas entradas para el concierto y le había escrito. Habían ido juntos, la música excelente, el lugar hermoso, luego acordaron tomar algo en su casa. El resto era lo mismo de siempre, un revolcón, nada más.
—Mira Floch, no estoy buscando una relación en este momento, te lo había dicho.
—Sí, lo sé, no dije que tengamos una. Pero al menos podríamos vernos de nuevo, la hemos pasado bien, ¿cierto? Solo esto, disfrutarnos —buscó una de sus manos y Eren dejó que la tomara.
—No es un buen momento para mí. Tengo, muchas cosas en mi cabeza, cosas que solucionar.
—Supongo que no fue tan bueno para ti, lo siento —soltó con franca decepción.
—No, no te disculpes, no es tu culpa, Floch.
—¿Hay alguien más, es eso? Preferiría que fueras honesto.
—No estoy con nadie, pero sí es probable que aún tenga... cosas que no he resuelto.
—Entiendo. Solo quiero que sepas que, si necesitas consuelo, puedes contar con mi compañía.
—Gracias, lo tendré en mente.
—¿Puedo darte un beso? Uno pequeño.
Eren se dejó besar y luego Floch se fue. De regreso a su casa, se sintió mal que ese muchacho le demostrara tanta devoción cuando no era recíproco. Antes le había servido salir con otros para olvidarse de... No quería ni recordar su nombre, toda la situación le enojada y le dolía mucho todavía. ¿Que estaría haciendo? De seguro en su casa, cenando con Izzie, o con Falco. Lo extrañaba, y era notable que con compañía ajena no se sentiría mejor.
Tomó su celular y pensó en desbloquearlo, pero luego desistió. No, era hora de ponerle un punto final, ya había sido suficiente dolor. Era hora de dar vuelta la hoja y olvidarse de algo que podría haber sido hermoso y fantástico. Levi no lo quería en su vida, y él tenía que resignarse.
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By Luna de Acero.-
