Esta historia es escrita sin fines de lucro, todos y cada uno de los personajes, lugares, etc., le pertenecen a J.K. Rowling, así que únicamente poseo la romántica historia de los personajes principales.

EL DESEO, EL CORAZÓN Y LAS CENIZAS

CAPITULO V

CREER

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"Aún es demasiado pronto para creer."

Bleach, volumen 36, Kubo Tite.

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Narcissa Malfoy era una mujer hermosa y realmente elegante a los ojos de Hermione, ahora que estaba en el mismo lugar que ella, Hermione podía asegurar que Malfoy era la viva imagen de su padre, con algunos (extremadamente ligeros) rasgos de su madre. Era una lástima, Narcissa tenía un semblante más apacible que la de los demás miembros de su familia. Pero, aún siendo tan tranquila, ella poseía un aura que le daba cierta autoridad como buena Malfoy que era.

— ¿Es posible que se le llame a mi hijo? —preguntó con serenidad.

Así que estaba ahí por Malfoy. Al menos uno de sus padres parece realmente preocuparse por él, pensó Hermione. Aunque, no dejaba de pensar en la vida que llevaría Malfoy en su vida diaria, con un padre como lo era Lucius, no debería ser fácil para él sobrellevarlo ni hacer que él se sintiera orgulloso, después de todo para los de su familia lo que más importaba era el orgullo.

— Por supuesto que sí, —luego de decir eso, Dumbledore se giró hacía la joven bruja que aún permanecía dentro de su oficina, Hermione levantó el mentón hasta que sus ojos chocaron contra los de su director temiendo lo peor, era fácil leer a través de esa mirada—. Sé que va a ser difícil para usted complacerme en lo que voy a pedirle, señorita Granger, pero ¿podría ir a buscar al joven Malfoy y al profesor Snape para decirles que sus presencias aquí son necesarias?

Ella sostuvo la mirada de su profesor por unos instantes, no podía decirle que no, pero tampoco quería ver a Malfoy. Además, algo le decía que Dumbledore no aceptaría un no por respuesta, además Narcissa Malfoy parecía no estar dispuesta a esperar.

— ¿Puede llamarlos, señorita?

— Claro, profesor, iré en este momento —dijo resignada, así fue como decidió salir de ahí, pero al pasar al lado de Narcissa, ambas conectaron una rápida mirada—. Con su permiso, señora Malfoy.

Esas fueron las únicas palabras que salieron de la boca de Hermione antes de salir completamente de la oficina de Dumbledore.

— Así que, ¿es ella la tan famosa Hermione Granger? —dijo Narcissa, procurando que su voz no pareciera demasiado interesada en ella mientras que una de sus manos se posaba elegantemente sobre su pecho—. Es más humilde de lo que esperaba.

— Así es, seguramente has leído de ella en "El Profeta".

— No realmente —replicó Narcissa, dejando escapar una intrigante mirada—. Pero sé de buena fuente que es una bruja bastante capaz…a pesar de su descendencia muggle. Es una lástima.

— ¿Lástima? —aludió el profesor—. Yo no lo llamaría así, pero ¿qué te ha traído por aquí?

— Soy una madre que desea ver a su hijo, —dijo, sin mirarlo—, ¿qué excusas pueden haber para ello?

— Por supuesto, es entendible, el deseo innato de una madre.

Dumbledore tomó uno de sus dulces.

— ¿Gustas alguno?

— Si no acepte alguno mientras fui estudiante de este lugar, ¿qué le hace pensar que ahora lo aceptaré?

Dumbledore sonrió.

— Siempre con ese carácter, —dijo—. El punto medio entre tus hermanas, señorita Black.

Narcissa levantó la mirada hacía el anciano, hacía mucho tiempo que alguien la llamaba por ese apellido. Eso le traía muchos recuerdos, pero como la Malfoy que era ahora, no dejo que Dumbledore viera a través de ella ni siquiera un poco.

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Hermione corría apresuradamente por los pasillos de Hogwarts, esperando poder encontrar lo más rápido posible a Malfoy. Ese imbécil sabía muy bien como perderse de su vista cuando era necesario.

— ¿Dónde demonios estás? —gruñó, por lo que sin darse cuenta topó contra el cuerpo del profesor Severus Snape, eso ya estaba volviéndose común ese día. Hermione decidió simplemente decirle un rápido "lo siento" y continuar buscando a Malfoy, pero recordó que Dumbledore también necesitaba de la presencia de este profesor.

— Señorita Granger, —la ecuánime voz del Snape la detuvo en seco—. Está prohibido correr por los pasillos de esa maneras, pensé que tenía eso en claro, me veré en la necesidad de…

— No…—lo interrumpió Hermione, seguramente Snape trataría de quitarle puntos a su Casa, pero no dejaría que eso pasara, no por una situación que estaba siendo causada por Malfoy—. Dumbledore, él quiere verlo, bueno, no él, la señora Malfoy está con él…quiere verlo a usted y a Malfoy, su hijo.

Como el aire le había comenzado a faltar, tuvo la necesidad de decirlo entrecortadamente, pero el profesor capto lo más importante y frunció el seño.

— Bien, vaya por Draco y llévelo a la oficina del director, debe de estar en el Gran Comedor.

— Sí, —después de decir eso, Hermione desapareció de la vista de Snape.

— Narcissa, —susurró de manera preocupada, ya esperaba algo como eso, pero no creía que fuera tan pronto. Esperaba que nadie sospechara de su repentina visita.

Y así fue, justo como Snape le había dicho, Malfoy se encontraba en el Gran Comedor rodeado de sus amigos, si es que podía llamárseles de esa manera. Se dirigió rápido hasta poder estar a unos escasos metros de ellos, Hermione tenía que prepararse mentalmente, después de todo ellos nunca dejaban pasar ningún momento para insultarla y por lo que podía apreciar, la que tendría el honor sería Pansy Parkinson, ya que se había puesto de pie tan pronto como la vio.

— Como que está apestando a suciedad, oh claro, pero si la que viene ahí es Hermione Granger —dijo Pansy, a decir verdad, Hermione ya había escuchado humillaciones mejores que esa—. Que aroma tan espantoso has traído contigo, sangre sucia.

— Espero que no estés confundiéndolo con el tuyo, Parkinson, quizás por fin puedes percibirlo —respondió Hermione, curiosamente Blaise Zabini rió ligeramente, pero ella no tuvo tiempo de analizar si era porque le había causado risa o porque encontraba lamentable su respuesta, así que Hermione se giro hacía Draco lo más rápido posible—, pero si te estás refiriendo al mío, déjame decirte que hay algunos Slytherin que lo encuentran bastante atrayente.

Draco de un golpe se levantó de su asiento y camino abruptamente hacía ella, Hermione sostuvo su mirada, no había nada que pudiera hacerle en ese lugar, además hasta estaba haciéndole un favor al ir a buscarlo.

— ¿Qué quieres, Granger? —preguntó Draco—. Supuse que ya habíamos quedado en que…

— Lo sé, lo sé, no pararme frente a ti nunca más, lo dejaste bastante claro la última vez que nos vimos —ella dijo—, pero esto no tiene nada que ver con aquello, así que será mejor que cuides tu boca y lo que dices, Malfoy, ya tuve suficiente de ella por hoy.

— ¿Quién te crees para hablarme de esa manera, tú arrogante impura?

Hermione suspiro, no tenía más remedio que irse por lo directo.

— Es tu madre, así que dejar de ser descortés con alguien que está haciéndote un favor cuando no lo mereces —dijo calmadamente, después de fijarse en la reacción de Malfoy, encontró que estaba bastante perturbado con sus palabras y finalmente había cerrado su insufrible boca—, ella ha venido a verte, ahora mismo está con Dumbledore.

— ¿Cómo sabes eso tu?

— Tuve la suerte de estar con él cuando ella llegó, así que no pierdas más el tiempo y apresúrate o la harás esperar.

Hermione se dio la vuelta, sin siquiera esperar a que el dijera algo, ella caminó rápidamente, ya había hecho lo pertinente. Por su parte Draco vio a los demás Slytherin y al darse cuenta que no había otra opción más que ir con ella, camino hasta estar detrás de la bruja.

— No tienes porque venir, esto no es de tu incumbencia, Granger.

— Eres tú el que no tiene por qué estar siguiendo mis pasos si tanto te disgusta hacerlo, por mi digamos que tengo ganas de pasar por la oficina de nuestro director para agradecerle el permitirme no volver a trabajar más a tú lado, ¿eso debería contentarte, no? —fueron esas las palabras de Hermione, esperaba que él replicara algo, que le gritara, que le dijera cualquier cosa por más hiriente que pudiera ser, así es como eran ellos, así trabajaba su "relación", pero esa vez ella sólo recibió un largo silencio, eso le había hecho pensar, ¿desde cuándo los pasillos parecían tan largos y el tiempo tan lento?, mientras lo buscaba, todo había sido tan rápido y ahora, a Hermione estaba incomodándole esa apacibilidad, estaba acostumbrada a los largos silencios, pero de alguna manera, no le gustaba si se daban cuando estaba con aquel que siempre profesaba tanto odio hacía ella, no se sentía…bien, por lo cual decidió hablar una vez más—. ¿Sabes, Malfoy? —Comenzó Hermione a decir sin tener ninguna seguridad con que más continuar, pero al notar que había captado la atención del rubio, dijo lo único que se le cruzó por la cabeza—, jamás imagine que tu madre fuera tan…hermosa.

Vaya, eso había sido…

— …patético, realmente me tienes sorprendido con tu alto nivel de comunicación, Granger, pero es algo en lo que podemos estar de acuerdo —dijo él, cortando toda vía de comunicación posible, él quería reducir su intercambio de palabras lo mayormente posible—, quiero que me hagas una promesa, —se rió de sus propias palabras—, eso sonó a como si te estuviera pidiendo algo, pero más que eso, te exijo que cumplas tu palabra y jamás, ni aunque algo como esto vuelva a pasar, te pares frente a mí.

— No había necesidad de exigirlo desde un principio.

— Más te vale.

Otra vez ese perturbador silencio se hizo presente.

— Malfoy, ¿por qué me besaste?

— ¡¿Tienes que abrir la maldita boca, Granger? ¡¿Para preguntar algo como eso?

Hermione decidió ignorarlo y enfrentarlo, ya había estado bien de evadirlo. Sin saber cómo, ella estaba contra la pared siendo desafiada por el rostro molesto de Draco Malfoy.

— Había muchos otros métodos, y lo sabes mejor que yo, Malfoy, pudiste intimidarme de alguna otra manera, alguna manera que no tuviera que ver con tener esa clase de contacto, odias mí sangre, mi aroma, mi presencia tanto como yo lo hago contigo, pero tú lo hiciste, no tenías ningún derecho a hacerlo, tu engreído Slytherin —Hermione vociferó tan violentamente que no podía reconocerse a sí misma—, además…ese beso no era…necesario.

— Sé lo que pude haber hecho, Granger, pero con una virginal como tú supuse que sería lo mejor, eres del tipo de chica que huye ante algo como eso, huyes cuando no tienes las cosas bajo tu control, es así como tu cabeza funciona, además no voy a morirme por haberte besado una vez, ¿o sí?

— No, pero…

— ¡Detenlo ya! —Le gruñó Draco, volviendo a caminar hacía la oficina de Dumbledore, de igual manera fue seguido por Hermione—. ¿A qué vienen tantas preguntas sobre eso? ¿Es qué estás considerando mi propuesta? Porque si sigues preguntando cosas estúpidas como está, entonces voy a comenzar a pensar que te ha gustado.

— No quise decir eso…sólo quería comprender, no tiene ningún sentido.

— No tiene por qué tener sentido, no es como si me hubiera gustado besarte de todas maneras, —insistió el rubio—, te aborrezco más que a cualquier otra persona y ambos lo sabemos, lo único que quiero es que te alejes de mí, si hacía eso…definitivamente abandonarías, ¿por qué habría otro motivo para besarte?, ¿por qué me gustas? Eso ni tú te lo crees, Granger, pero si tanto deseas que siga haciéndolo, podemos llegar a un acuerdo.

Hermione decidió no decirle nada, no tendría caso tratándose de Malfoy. Así fue hasta que finalmente se encontraron con Dumbledore, quien estaba afuera de su oficina.

— Por fin, aquí están, han tardado más de lo que esperaba —dijo el anciano que al parecer estaba esperando por ella, al mismo tiempo en que se puso de pie, les regaló una cálida sonrisa que fue gratamente aceptada por Hermione, pero desdeñada por la hostil faz de Draco—. Tu madre está esperado por ti, Draco, no la hagas esperar.

A regañadientes, Draco pasó al lado de Hermione y susurro algo que ella pudo entender como "no me des ordenes, maldito viejo" o algo parecido, Hermione quiso decir algo para defenderlo, pero la mano de Dumbledore hizo una movimiento que hizo que se detuviera. Sin embargo, eso no evito que Hermione volviera su mirada hacía donde Draco caminaba, cuando él entró a la oficina tan rápido como sus pasos se lo permitieron, pudo notar por una pequeña apertura en la puerta que Narcissa Malfoy abrazaba cariñosamente a Malfoy, y algo increíble pasó, nunca antes había visto en Malfoy una sonrisa ni una mirada tan sincera y tan llena de…bueno, cariño.

Siempre había creído que él era el tipo de hijo que se portaba igualmente de indiferente hacía sus padres, había deducido eso por su obvio trato con Lucius, pero al parecer él quería de una manera sincera a Narcissa, era evidente al ver la manera en que la miraba, con afecto y posiblemente, con un ligero respeto hacia ella. Y la señora Malfoy, aunque su aura inspiraba una elegancia innegable, al verla con su hijo, Hermione no podía evitar simplemente ver a una madre preocupada por su hijo. Era muy raro.

— No es bueno, —dijo Dumbledore cerrando la puerta completamente—, espiar a la gente, señorita Granger.

— No estaba espiándolos, señor —respondió Hermione, sonrojada.

— ¿Es un tanto…inesperado, verdad?

— ¿Qué?

— El amor de una madre, sin importar lo que los demás crean de su hijo o lo que su hijo realmente es, sólo ellas son capaces de amarlos por sobre todas las cosas, no importa quienes sean ni a donde pertenezcan, lo encuentro como el amor más puro e incondicional.

— Tiene toda la razón, aun así me resulta sorprendente que alguien pueda amar a Malfoy y que él ame a esa persona de la misma manera, pero de alguna manera es cierto, esta clase de amor es comprensible y aceptable, después de todo ella es su madre, su amor es natural.

— ¿Natural, eh? —Dumbledore dijo entre susurros, y luego musitó con más fuerza—. Pude ver en sus ojos, en los de ambos, que intentaban evadirse y soy bastante observador, ¿ha tenido otra pelea con él?

— Ya no sé, —Hermione dijo, era lo más cercano a la verdad—, siempre estamos discutiendo, los temas de las peleas nunca varían, hasta cierto punto eso se está volviendo normal.

— La costumbre en un mal habito, —Dumbledore dijo—. Será mejor que se vaya, esto podrá tomar su tiempo y creo que ya ha hecho suficiente hoy.

— Gracias.

— Y no se preocupe, yo hablaré con el profesor Slughorn para que cambie sus actividades.

— Oh, eso, gracias.

Después de decir eso, Hermione se fue, dejando al viejo mago con una extraña sonrisa en sus labios.

— Hmmm…quizás es un déjá vu.

Dentro de la oficina las cosas estaban comenzando a tensarse.

— ¿Qué es lo que estás haciendo aquí, madre? —Draco le preguntó al instante en que su madre dejo de abrazarlo—, no se supone que sean permitidas está clase de visitas durante las clases, además…no es la situación más apropiada para visitarme. Puedes levantar sospechas y eso nos pondría en…

Narcissa tomó en rostro de su hijo y lo forzó a que la viera a los ojos.

— Siempre, Draco, siempre es un buen momento para que una madre vea a su hijo, de todas maneras Severus y yo teníamos que platicar acerca de algunas cosas y quise aprovechar la oportunidad para ver como estabas. Así que deja de ser un ingrato con tu madre, sólo quería saber que estás bien.

— Como puedes verlo, estoy perfectamente bien.

Severus caminó hacia la puerta sin siquiera voltear a verlos.

— Mi presencia aquí ya no es requerida, así que me despido…regresa a casa con cuidado, Narcissa.

— Así lo haré y…no olvides lo que hablamos, Severus.

— No.

Tan serio como es su esencia, Snape abandonó ese lugar.

— ¿De qué hablaste con él, madre? —La pregunta demostró más rabia de lo que había planeado Draco—. ¿Qué ha sido, madre?

— Sobre ti y tú misión, Draco, necesito estar segura que vas a estar bien, pase lo que pase.

— No era necesario volver a acudir a él —replicó Draco, con cierta amargura en sus palabras—, sé cuidarme sólo, ya tengo suficiente con que él esté vigilando cada paso de mi vida, y toda esta situación está en perfecto orden, tu preocupación es claramente innecesaria.

— Eres mi hijo, Draco Lucius Malfoy, y no me importa si lo crees o no necesario, voy a hacer todo lo que esté en mis manos para mantenerte vivo…aun si…

Al ver que su madre había callado, Draco le dio la espalda y caminó unos pasos para alejarse de ella, las cosas se estaban tensando y odiaba pelear con su ella, pero claramente, está vez tenía que decirlo porque él sabía a la perfección como terminaba esa oración.

— ¿Aún si mi padre te lo prohíbe?

— A pesar de lo que tu padre diga, —después de esperar unos segundos, Narcissa respondió segura de sus palabras—, su fanatismo hacia Lord Voldemort es peligroso hasta para él mismo, así que no importa cuáles sean las consecuencias, voy a proteger a mi familia. A ti y a él.

Draco giró el rostro hasta encontrarse con la mirada de Narcissa.

— De todas maneras, es algo que debo hacer por mí mismo, confía en mis aptitudes, madre.

— Confío en ti, por supuesto que confío en ti, pero en este plan hay algunas personas en las que no puedo confiar…

Y su padre, era una de esas personas.

— Lo sé, por eso tenemos que tener cuidado de que esas personas no se enteren, ¿verdad?

— Así es, —ella reconoció con una media sonrisa en sus labios—. He conocido a la tan famosa Hermione Granger —le comentó Narcissa, lo cual capto la curiosidad de su hijo—, ya había escuchado mucho de ella, pero tu padre y tú no le hacen mucha justicia, es una agradable jovencita, puedo decir que es un poco…agraciada, además parece tener mucho potencial que está en vías de desarrollo y es muy educada para las jovencitas de su edad.

— Ya sabes que es una sangre sucia, mamá, los odias tanto como yo o mi padre.

Narcissa sonrió con elocuencia. Cuando un sangre pura, con mayor razón un Malfoy, aprende ese tipo de diferencias jamás se olvidan, la sangre lo es todo en un mundo como el de ellos.

— Ya lo sé, pero, escúchame, no sabemos que vaya a suceder en el futuro, Draco, nada ni nadie está seguro ahora y hay que ser más inteligente que todos, siempre hay que serlo, es necesario ir un paso adelante para así poder sobrevivir en esta vida, por eso, a veces tenemos que hacer un par de concesiones, además un Malfoy siempre sabe comportarse correctamente cuando se es necesario, —Narcissa se acercó a él hasta poder susurrarle a los oídos—. Nunca sabes si algún día vas a necesitar algo de alguna persona, sea cual sea su linaje.

— Si de algo estoy seguro, madre, es que jamás voy a necesitar algo de esa bruja.

Al parecer, su hijo era aún muy joven y terco para comprender sus palabras.

— Quizás no ahora, pero piensa bien lo que estoy diciéndote, Draco, sé más inteligente que tu padre, que yo, que todos los mortífagos que le seguimos desde antes que tú nacieras, nosotros ya estamos metidos en esto hasta el cuello…quiero que sepas que no todo es poder, dinero y estatus social en esta vida, ¿puedes prometerme que pensarás en esto? —Narcissa tomó la mano de su hijo—, la guerra viene con sacrificios y no quiero ni voy a permitir que seas el mío, tu vida está ante todo.

— No estás hablando como una Malfoy.

— No, claro que no, estoy hablando como una madre.

— Madre, ¿crees que Lord…crees que él pueda perder?

— Por nuestro futuro, espero que no, pero su poder, sus seguidores, su conocimiento sobre las artes oscuras pueden no ser suficientes para ganar esta guerra que viene…hay cosas más poderosas que esas, Draco, cosas que algún día comprenderás, por esa razón siempre hay que tener un plan b.

— ¿Tú no tienes un plan b?

— Todos lo tenemos, pero como mortífagos que somos, debemos aprender a guardarlo en lo más profundo e inalcanzable de nuestras mentes para que ni siquiera él pueda encontrarlo.

— ¿Estás asustada? Estando todo el tiempo con mi padre y su torcida lealtad…debe ser terrible para tu salud.

Los labios de Narcissa tocaron la frente de su hijo, dándole lo que podría ser su último beso antes de que él tuviera que cumplir con los mandatos de Lord Voldemort. Draco era todavía un niño que no sabía en lo que estaba a punto de entrar, y no tenía la mínima idea de lo que ella estaba sintiendo en ese momento, para Narcissa lo único que realmente le importaba era él. Sólo su único y más amado hijo.

— Estoy bien, prométeme que harás lo que te pedí.

— Si eso te hace sentir más tranquila, lo prometo.

— Ten mucho cuidado, Draco.

— Igual tú.

Usar antes de ser usados, si quieres hacerlo a la manera de los Malfoy, eso es una clave para sobrevivir.

No pasarían más de dos minutos antes de que Dumbledore volviera a entrar, encontrándolos dispuestos a retirarse lo más rápido posible de ese lugar.

— Tienes mi gratitud —dijo Narcissa—, sé que no son comunes está clases de visitas.

— No fue nada, y joven Malfoy, será mejor que regrese a su…

— Ya sé a dónde debo ir —dijo él con desagrado.

— Tus modales, Draco.

Pero está vez Draco ignoro las palabras de Narcissa y se fue de ahí sin siquiera mirarlos.

— Discúlpelo.

— Todos fuimos jóvenes alguna vez, incluso yo, Narcissa —dijo Dumbledore sonriéndole.

— Entonces, me retiró, —dijo Narcissa.

— Nos veremos el próximo año, supongo, —comentó Dumbledore con naturalidad.

— Quizás, profesor, quizás.

Durante la noche, en la Sala Común de Gryffindor, Harry había llamado urgentemente a Hermione y a Ron, ya que tenía algo importante que decirles, y como siempre Hermione había sido puntual ante el llamado, mientras que Ron no había hecho acto de presencia.

— Lo siento, lo siento —dijo el pelirrojo cuando por fin llegó—. Sé que llegado tarde, estaba con Lavender y…

— Que novedad, —interrumpió Hermione con ironía.

— ¿Eso fue sarcasmo, Hermione? —Preguntó Ron—. Que no tengas una pareja, no quiere decir que te da el derecho de…

— ¿Tener una pareja? ¡Esto no tiene nada que ver con eso, Ronald! ¡Esto es algo serio! ¡Más serio que andarse exhibiendo de la manera en que siempre lo haces! ¡Madura, por favor!

— ¡¿Madurar?

— ¡Basta! ¡Los dos!

Fue lo que Harry gritó, era normal ver a sus amigos pelearse, pero Hermione tenía razón en algo, eso era algo muy serio y tenía que ser tratado con mucho cuidado.

— Adelante, Harry.

— Bien, ya que están calmados, hay algo que deben saber, es importante que nadie sepa esto, —dijo, y espero hasta que sus amigos asintieran ante sus palabras—, bien…cómo saben, estuve hablando con Remus —dijo Harry, con un tono de voz muy serio—, y él está completamente seguro que Malfoy es un mortífago o está en proceso de serlo.

— Tiene sentido —concordó Ron.

— No, Ronald, no lo tiene —dijo Hermione, tratando de parecer lo más lógica posible—, la verdad no creo que Malfoy sea un mortífago, Harry, es muy rápido para sacar conclusiones…sin dejar de mencionar lo poco probable que suena.

— ¿Poco probable? ¿En serio? —preguntó Ron indignado—, ¡vamos, Hermione! Tú eres el cerebro entre nosotros tres, puedes verlo sin siquiera intentarlo, Malfoy tiene todo, es incluso predecible, un Slytherin, un sangre pura, odia a los sangre sucia y a los traidores a la sangre, y lo más importante es que su familia, mayormente su padre, es fiel seguidora de el-que-no-debe-ser-nombrado. Es demasiada evidencia para no verla, y lo sabes mejor que nadie.

— ¡Ron! ¡Eso es ser prejuicioso!

— ¿Prejuicioso? Es Draco Malfoy, Hermione, deberíamos esperar eso y más de él.

— No lo sé, Ron, quizás Malfoy sea un bravucón, pero…ser mortífago, no creo que tenga madera para serlo.

— Suena como si estuvieras defendiéndolo —inquirió Harry.

Hermione se giró hacía él incrédulamente, sabía que Harry no lo decía para inculparla, pero eso era una tontería.

— ¿Yo? ¿Qué motivos podría tener? No, Harry, no lo defiendo, es justo por eso que lo dudo, es demasiado obvio…no creo que quien-tu-ya-sabes sea tan estúpido, —Hermione intento dejar en claro sus verdaderas intenciones al "defender" a Malfoy—. Además, no creo que sea razonable para nadie ser juzgado por lo que es su familia, no puedes ir por el mundo acusando a personas por su sangre o familia, y mucho menos sin tener evidencia que realmente pueda inculparlo, aunque se trate él —dijo Hermione, mirando a Ron, no estaba defendiendo a Malfoy, simplemente era indebido culpar a alguien de esa manera y ella no podía evitar ser…bueno, ella—. Sé que es un imbécil y un ser despreciable, que le divierte molestar a la gente, a personas como yo, pero…matar, torturar a personas…Harry, eso es lo que los mortífagos hacen…eso es demasiado, incluso para Malfoy.

— Aún así no podemos bajar la guardia, si él es uno de ellos…tenemos que averiguarlo, —dijo Harry—. Todos estamos en peligro si él lo es, debe de haber algo que lo delate.

— La marca tenebrosa, —dijo Ron con suficiencia—. Eso será suficiente evidencia, ¿verdad, Hermione?

— Sí, Ron, será suficiente…bien Harry, yo lo haré, yo lo vigilaré —la voz de Hermione sonó nerviosa—, todavía no le han dicho nada a Slughorn sobre mi petición para dejar de trabajar con él, si Malfoy está ocultando algo, entonces será más fácil que yo lo sepa si sigo a su lado, ¿no lo creen?

— No podemos dejarte hacer eso, sería demasiado riesgoso que lo hicieras, —demandó Ron.

— No va a pasarme nada, además es más seguro que cualquier otra opción. Viéndome forzada a trabajar a su lado, no podrá sospechar de lo que nosotros sabemos.

— No te sientas obligada, Hermione, sé que puede haber otra manera —dijo Harry.

— Quiero hacerlo, así nos quitamos de dudas, además los tres sabemos que tengo razón y que está es la mejor opción.

— Como siempre, —dijo Ron, molesto.

— Lo que sea, Ron, vamos a hacerlo de esta manera y si Malfoy resulta ser un…mortífago, ya veremos que hacemos.

— Bien, pero ten cuidado, Hermione.

— He sobrevivido a él los últimos años, Harry, uno más no será un reto.

— Así que, ¿tu madre ha venido? —preguntó Pansy caminando cuidadosamente hasta llegar al lado de Draco; él, sin querer hacerle mucho caso, simplemente asintió—. ¿Para qué?

— ¿Para qué más podría ser, Pansy? —gruñó—, estaba preocupada…por mi…por todo esto, está maldita situación va a acabar conmigo antes de que pueda llevarla a cabo, ¡demonios!

— Tranquilízate, Draco —Theo dijo—, no vas a ganar nada reaccionando de esta manera, además si Él llega a querer leerte la mente y…ve esto, no serás el único en problemas, debes pensar fríamente, de todas maneras ¿qué más puedes hacer? Si no lo haces bien, estarás muerto y no sólo tú, toda tu familia está en peligro, tienes que…

— ¡Ya sé que es lo que tengo que hacer, Nott! —Draco gritó—. No eres tú el que tiene esté problema, no eres tú el que entiende lo que puede pasa si algo sale mal, no eres tú el que va sufrir las consecuencias, soy yo el que…

Pansy tomó a Draco de las manos.

— No, Draco, todos estamos aquí, todos…

— …van a dejarme solo si algo no sale como está planeado, al final de cuentas somos Slytherin y eso es lo que hacemos mejor, —la voz de Draco parecía casi un susurro a los oídos de Pansy, pero ella logró escucharlo con claridad, evitó verlo a los ojos porque dentro de su corazón comprendía que esas palabras podrían ser ciertas. No, definitivamente era ciertas, pero aún contra su voluntad, Pansy abrió los labios para intentar decir algo, algo que pudiera compensar lo cruel que aquello sonaba, pero no lo logró, no había nada que decir—, está bien, Pansy, ustedes tienen sus propias familias a las cuales proteger, no me deben nada ni yo espero algo de ustedes, este es problema mío y de mi familia.

— ¿No se han puesto a pensar… —Blaise, quien había estado en completo silencio durante todas esa reunión, habló— …que Potter o en su mejor caso, Dumbledore puede ganar?

— ¿Realmente estás diciendo lo que creo? —le incriminó Theo—, ni siquiera pondría en duda el poderío de él, Potter no tiene la más mínima posibilidad contra su maldad, demasiado Gryffindor para lograrlo, estamos del bando correcto, ¿verdad, Pansy?

— Exacto, —dijo ella—, y menos si cuenta con su par de idiotas, Granger y Weasley.

Granger y Weasley, pensó Draco. Granger.

Dejando atrás el bullicio creado por sus compañeros de Casa, Draco comenzó a pensar seriamente lo que su madre había estado diciéndole, y tenía sentido si lo analizaba objetivamente, pronto habría una guerra…Potter y Lord Voldemort peleando, llevándose vidas a diestra y siniestra…eso era inminente, aunque todo apuntaría a que el último ganaría sin siquiera tratar; sin embargo, su madre y Blaise tenían razón en algo, todavía existía un "si" en todo eso, ¿y si Potter ganaba?, ¿qué pasaría con todos los mortífagos si eso sucediera?, ¿qué pasaría con él y su familia después de eso? Era simple de responder, todos serían enviados a Azkaban, todos morirían en la deshonra…pero su madre, quien claramente odia a los muggle, a los "sangre sucia" y a los traidores a la sangre tanto como cualquier otro seguidor de Voldemort podría hacerlo, aún después de todo eso, ella ya se lo había dicho:

Nunca sabes si algún día vas a necesitar algo de alguna persona, sea cual sea su linaje.

Necesitar. Esa fue la palabra clave, aunque él no esperaba necesitar algo de nadie que tuviera alguna relación con Dumbledore o Potter, eso jamás, pero ese "si" seguía retumbando en su cabeza, quizás su madre había sido lo suficientemente directa la hablar con él, pero de todas maneras no quería admitir que tenía razón en eso, más no estaría mal tomar cualquier oportunidad que se le presentara para…tener más opciones a las cuales recurrir en cualquier caso. Hay que ser astutos durante una guerra, cualquiera puede ganar, siempre hay que tener un aliado en ambas parte.

Y, al final de cuentas, Granger era una mujer de palabra y de sobradísima misericordia, es una de las cosas que más odiaba de ella, su afecto por los elfos domésticos, su manera de luchar por algo tan irrelevante como eso, su ímpetu de intentar conseguir justicia por lo que cree correcto. No obstante, Granger era…lo más cercano a lo que podría ser su as bajo la manga, si alguien abogaba por él en el caso de que Voldemort perdiese, ¿quién mejor que la santurrona de Hermione Granger, la mejor amiga de Harry Potter, el cerebrito de ese trío, aquella chica de la cual no podrían desconfiar, para defenderlo?

Necesitaría ganarse su confianza, pero ya encontraría la manera de hacerlo. Usarla, si en algún momento se necesita, la usaría.

Usar antes de ser usado…un Malfoy toma y usa lo que necesita, así funciona su mundo.

Al día siguiente, una vez fue la hora de Pociones, Hermione se detuvo para hablar con el profesor Slughorn, quien aparentemente había recién llegado de la urgente salida que había hecho ayer, aún con un claro cansancio en su rostro, él tenía una sonrisa en sus labios.

— Oh, señorita Granger, hable con el profesor Dumbledore sobre…

— Sobre mi y Malfoy, —comenzó a decir Hermione—, sé lo que debió decirle, pero creo que me he precipitado, fue sólo un arrebato, seguiré trabajando con Malfoy si usted me lo permite.

— ¿Está segura? —preguntó un poco preocupado el profesor—. Sinceramente tenía la esperanza de que ustedes limaran sus asperezas aunque fueran sólo mínimas, pero eso no tendría ningún sentido si usted se siente obligada a trabajar con él, por mi no hay ningún problema si desea detenerse.

Hermione negó ligeramente con la cabeza.

— Ayer pasaron muchas cosas, y me vi forzada a actuar de esa manera tan inmadura, pero después de pensarlo calmadamente…me di cuenta de que puedo…que podemos trabajar civilmente, y yo personalmente quiero intentarlo. Estoy segura que podemos.

— Bien, —Slughorn sonrió—, si usted lo cree así, está bien.

— Gracias.

Sin pensarlo más, Hermione se giró y al ver que tanto Ron como Harry ya estaban juntos en una mensa, ella sólo les sonrió dándoles a entender que todo había salido bien, ahora faltaba lidiar con Malfoy, quien curiosamente aún no había llegado, fue por esa razón que se apresuró a tomar asiento al lado de Zabini, él la saludo llanamente como si de una costumbre se tratara, así comenzó la clase. Los minutos pasaban, y Hermione se sentía extrañada y, curiosamente, irritada por la ausencia del su otro compañero Slytherin.

— Zabini, —dijo, después de debatirse internamente si debía o no preguntarle, pero al ver que Blaise estaba mirándola con mucha atención, decidió preguntarle—, ¿dónde está Malfoy?

— Él…para tu suerte, no se sentía bien por la mañana, supongo que no vendrá a clases por hoy.

— Ya veo, —la Gryffindor agachó la mirada.

— Oh, veo que me estás echando de menos, Granger.

La voz de Malfoy la sobresaltó, y al girarse, sí, ahí estaba él, con esa burlona sonrisa y penetrante mirada sobre ella. Sin embargo, también se veía más pálido de lo normal, quizás se debía a su supuesto malestar.

— No te hagas muchas ilusiones, Malfoy —sosegó ella.

— Por supuesto que no.

Y se sentó a su lado, Hermione se sorprendió, había esperado que él se hubiera indignado por su decisión de permanecer en su mesa de trabajo, pero Malfoy simplemente se había sentado y luego de sacar el libro de pociones se giró para preguntarle a Zabini sobre la clase. Eso era extraño, y Hermione no dudo en observarlo detenidamente con una mirada llena de curiosidad hasta que por fin el Slytherin se dio cuenta.

— ¿Qué me ves, Granger?

— ¿No estás enojado? ¿Por mí desobedeciendo las ordenes del gran Draco Malfoy? —apuntó con sarcasmo.

Draco le mostró una ligera sonrisa en sus labios.

— Sabía que esto pasaría, no eres de las Gryffindor a las que les gusta dejar algo inconcluso, ¿qué más puedo hacer?

— Supongo que nada.

— Supones bien, así que ponte a trabajar, Granger.

Quizás será más fácil de lo que imaginé, pensaron los dos. Pero aún es demasiado pronto para creer.

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Notas de la Escritora:

Tarde meses, no tengo muchas excusas, pero no, no voy a abandonar esta historia, aunque a mi sí me abandona la inspiración. En fin, aquí está otro capítulo, no muy complacida, pero espero que a ustedes les guste.

- H E R E

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