Disclaimer: Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer


I've grown too strong to ever fall back in your arms...

~Christina Perry


Capitulo 2: Reflexión

Cerró la puerta con más fuerza de la necesaria. Comenzaba a creer que no había sido muy buena idea volver a casa. Sentía una mezcla de rabia y pesar arremolinándose en su estómago haciéndola querer gritar.

Desde aquel lejano día que había abandonado Massachusetts con el corazón roto, vacío y sintiéndose completamente desesperanzada no había vuelto a pensar en Edward.

O quizá sólo un poco.

Tenía que reconocer que no había otra cosa en su mente más que él, entre otros hechos trascendentes. Pero nunca tuvo el más mínimo contacto. Llamaba a Emmett y a Esme esporádicamente; Alice incluso había volado hasta su apartamento tan pronto como se enteró. Pero le había prohibido terminantemente pronunciar su nombre.

Eventualmente, se prohibió a sí misma pensar en él; ocupó su mente y se prometió a sí misma no dejarse caer de nuevo. Nunca más.

Alice la contemplaba desde el otro lado del corredor, justo al pie de la escalera. Sus facciones se fruncieron en una mueca preocupada. Bella se veía más consternada de lo que quería mostrar. Una oleada de culpabilidad la golpeó: ella sabía que su hermano estaría en casa.

—Alguien está enfadado—canturreó Renée. Llevaba un par de prendas en las manos. Lucían sucias por lo que Bella dedujo que el molesto traqueteo que se escuchaba a lo lejos era la vieja lavadora de su madre. La miró fijamente, escrutándola. Su madre tenía una expresión completamente tranquila, incluso había una sonrisa asomándose por sus labios. —No me mires así —pidió con un suspiro. —Te conozco, Isabella.

Bella bufó con ganas. Enterró los pies en la alfombra que cubría los escalones. No podía creer que tenía veinticinco años y estaba haciendo una pataleta como una niña. Se estaba comportando como una tonta. Una tonta inmadura. ¡Pero él era el culpable! La sacaba de sus casillas, ponía su mundo al revés como se le antojaba sin perder ese semblante imperturbable.

Necesitaba una ducha. Aclararía sus pensamientos y se relajaría por un segundo. Con su mente apaciguada podría levantar los muros que la protegían de cualquier daño, una vez más. Esta vez se aseguraría que ni la sorpresa de encontrar a Edward por casualidad —si es que presentarse en su casa por voluntad propia podía nombrarse casualidad —pudiera derrumbarlos.

Tuvo que soltar una bocanada de aire al observar que su madre había, no sólo llevado su maleta a su habitación, sino que se había tomado la libertad de acomodar su contenido en el cuarto. Había olvidado cuán atenta aunque ilógica podía ser Renée. Lo confirmó al ver su cepillo de dientes sobre el escritorio. Pensó que debería agradecérselo más tarde; por ahora tenía una cita con la ducha.

Cuando sus dedos se arrugaron por permanecer tanto tiempo debajo del agua decidió que era tiempo de volver a la realidad. El agua tibia golpeando sus hombros siempre había sido la mejor forma de desconectarse del mundo. Tenía otro plan en mente, pero éste involucraba una tarde nublada en su prado razón por la cual quedaba completamente descartado.

Sonrió al ver que su vieja bata de baño seguía colgada en la forma en que ella la había dejado la última vez que la uso. Se envolvió en ella bajo el pensamiento que no había traído más que su pijama, unos pantalones y una camiseta.

Salió del baño con la intención de encontrar algo decente que usar en su armario. Se sobresaltó ligeramente cuando se encontró con Alice, tendida sobre su cama, leyendo una maltratada revista.

—¿Disfrutaste tu baño? —preguntó con cierta ironía, apenas despegando la vista de su lectura. Desvió su mirada hacia su muñeca, adornada con un pequeño reloj. Alzó las cejas, sorprendida de su descubrimiento y añadió: —Tu muy largo baño.

—Creí que te habrías ido —murmuró amablemente.

—Y yo creí que te haría falta algo de compañía —dijo firmemente. Aventó la revista a algún lugar sin siquiera fijarse en donde caía. Miró con el ceño fruncido cómo Bella descolgaba un par de pantalones de mezclilla del closet. —Ni siquiera lo pienses.

—Cierra la boca, Alice —ordenó juguetonamente. —Me gustan y eso es suficiente para mí.

—Si es que entras ahí —señaló la prenda en su mano.

—No sé qué es lo que quieres decir pero tampoco quiero averiguarlo.

—Bella, son talla dos —suspiró compasivamente.

—Creo que podré lidiar con la soledad un rato —dijo soltando una risilla. Lanzó el gancho hacia su amiga pero ésta fue lo suficientemente ágil para cubrirse con un cojín.

Ella, con cierta desconfianza, se puso los pantalones y miró a Alice con una sonrisa burlona mientras pasaba el botón por el ojal. Buscó cualquier camiseta que estuvo a su alcance, sin dejar pasar la mirada fija de Alice.

—Sabes que no me iré, ¿cierto? —se aventuró a decir fijando su mirada en los ojos de Bella. Lucía tan indefensa, tan vulnerable. Parecía haber pasado tanto tiempo de esa forma que ya era parte de ella. Trataba de esconderlo debajo de esa coraza inquebrantable que la resguardaba. Pero por más dura que fuera su máscara, seguía siendo transparente.

—Sé que no harás nada que creas que pueda herirme —asintió. —Pero no estoy segura del por qué estar sola por un momento debería hacerlo.

—Un momento, un día, un mes —enumeró con nostalgia. — Tus momentos se convirtieron en años, ¿lo has notado?

—Todavía no sé adónde quieres llegar —farfulló temerosa, cual niño desamparado.

—Recuerdo el día en que dejamos Forks por primera vez para ir a la universidad —dijo con un deje soñador. Había una pequeña sonrisa nostálgica en sus labios que iluminaban su rostro. De pronto, se volvió seria y pensativa. —Creo que esa fue la primera y única vez que vi a Charlie llorar. Me hago una idea de cuánto lo extrañas —añadió comprensivamente. Entrelazó sus manos, dejándolas reposar sobre su regazo con un aire sabio. —También yo lo extraño.

» ¿Sabes? Nunca te lo dije, supongo, pero estaba asustada. Estaba asustada de no ser lo suficientemente madura como para estar tan lejos tanto tiempo. Estaba eufórica porque iría a Nueva York; sería publicista y haría lo que quería. Sería independiente y autónoma. Pero cuando abordé el avión no tomé en cuenta la posibilidad de que no estaba lista para ninguna de las dos.

»Era irresponsable y descuidada. Era tonta, ingenua. Era una niña, pero no me di cuenta a tiempo. Recién llegué a Nueva York conocí a un par de chicas con quienes tendría que convivir los siguientes años. Eran realmente agradables y estaba sumamente agradecida por eso. Pero había algo en ellas que no terminaba de gustarme. Tardé un poco en descubrir qué era lo que estaba mal con ellas. Ellas no eran como Rosalie o como tú.

»Dejé parte de mi vida aquí pero no quise verlo hasta que me hizo falta —admitió con sus ojos envueltos en lágrimas. Bella podía escuchar el nudo en su garganta con el sonido de su voz. —Me sentí sola. Estaba sola en medio de una universidad con cientos de estudiantes. Completamente sola.

» Podía llamarte en cualquier momento y sabía que me escucharías aún cuando tuvieras prioridades; podía llamar a mis hermanos o a Rosalie. Sabía que Jasper estaría en Nueva York en el momento en que le dijera lo miserable que me sentía. Pero simplemente no podía. No podía pedirles que abandonaran sus propias vidas sólo porque yo me había equivocado con la mía. Y después supe que no era un error, aunque pague muy alto tardar tanto en llegar a esa conclusión. Tiempo desperdiciado, lágrimas y noches enteras en vela.

» Durante las vacaciones, volvía a casa y me rodeaba de ustedes, de mi familia. Entonces podía volver a ser sólo Alice. Fueron años difíciles porque a pesar de que yo disfruté cada minuto que estuve ahí, siempre había un lugar en mi mente ocupado por todos ustedes. Me preguntaba si aún eras adicta al café y si Emmett haría reír a sus amigos con sus bromas sin gracia.

» Cada día me recordaba que estábamos haciendo lo que habíamos deseado, aunque me doliera. Por una vez, no era por mí, era por ustedes. Por quien solíamos ser cuando estábamos juntos.

» Cuando creí que tenía la madurez suficiente para seguir adelante, anhelando el momento de volver a verlos, llegaron más problemas. Apenas solucionaba uno y se me venían tres más encima, cada uno tan importante como el otro. Jasper era uno de esos problemas.

»Todos piensan que Jasper es alguien tímido y reservado; y tú sabes que lo es. Tuvimos tantos problemas, tantas discusiones… No creo que nadie pueda hacerse una mínima idea de cuantas dificultades y cuantas trabas hubo para poder llegar a donde estamos. Fue tan duro estar con él mientras él estaba en otro estado… Supongo que nuestro esfuerzo valió la pena.

» Cuando me gradué estaba tan feliz. Verdaderamente, no creí que lo lograría. Luego Rosalie me invitó a compartir su apartamento en Seattle. Emmett había conseguido trabajo ahí y yo sabía que Jasper no tardaría en seguirlo. Estaba segura de que Edward se nos uniría en algún momento, y tú lo seguirías hasta la Luna si fuera necesario. Él tardaría un poco más en volver a casa; Edward siempre ha sido una persona muy inteligente y sé que su profesión conlleva mucho tiempo y dedicación. Y, no satisfecho con los interminables años en la universidad de mi hermano, tú decidiste continuar después de graduarte.

» No dudé un solo segundo en apoyarte el día que me lo contaste. Supe que detrás de tu falsa emoción por la beca que habías obtenido, estaba la esperanza de estar con mi hermano. Sería un paso más para ti y, al término, tú y él estarían juntos. Siempre creí que Edward y tú estaban destinados —la observó por un segundo, viendo un par de lágrimas recorrer sus mejillas, en una trayectoria muy similar a la que seguían las propias. —Y tal vez hice mal; tal vez debería disculparme contigo. Alimenté tus esperanzas, te incentivé a creer cosas que, quizá, nunca tuvieron ni pies ni cabeza. Y cuánto te lastima ahora haber confiado en mis palabras.

Tomó un suspiro. Trataba de hablar tan claro como le era posible. Tenía que concentrarse en que el nudo en su garganta no se apoderara de su voz. Aún tenía mucho por decir.

—Quería que volvieras —continuó, como si la confesión fuera terriblemente embarazosa. —Cuando escribí aquella nota en el álbum, estaba segura de que tú siempre estarías en mi vida, porque yo deseaba que lo estuvieras —sollozó. —Y justo cuando creí que se haría realidad, Edward llamó. Él haría su internado ahí y tú te mudarías a Boston. No era exactamente lo que esperaba, pero estaba bien para ustedes.

»Recuerdo que me desconcerté totalmente cuando Hilary llamó. Había hablado con Edward unos días atrás y todo parecía estar bien. Pero Hilary se escuchaba tan desesperada. Esa compañera de cuarto tuya siempre me pareció algo extraña, pero era agradable. No podía entender cómo de un día para otro las cosas habían cambiado tanto.

» —No sé qué le pasa —había lloriqueado al teléfono. —Desde que volvió de Boston no ha dicho ni una palabra. Tienes que venir —imploró desesperada.

»Sé que no te gustaría recordar esos días. Estabas tan deprimida… Me sentía tan culpable y tan impotente. — Se detuvo nuevamente por tan sólo un instante para tomar aire y tranquilizar su respiración. A esas alturas su rostro estaba empapado y sus ojos rojísimos. —Creí que no te recuperarías jamás. ¡Ni siquiera hablabas! Cada vez que te miraba a los ojos no veía nada. Y era exactamente eso a lo que le temía. No había nada, estabas vacía. Sólo suplicabas y preguntabas al cielo por qué. No podía explicarme a mí misma qué podía haber pasado. Quise asegurarme que estarías bien antes de volver y parecías mejorar un poco. Regresé a Seattle esperanzada de que pudieras seguir adelante.

»Y luego nada. Despareciste del mapa. Si te llamaba no contestabas el teléfono; si te mandaba un correo electrónico ni siquiera creo que los hayas leído. Te negabas a escuchar los mensajes que le daba a Hilary. No te confundas, no estoy reprochándotelo. Cada día la duda de si estarías bien me consumía.

»Sé lo que es sentirse sola, Bella —afirmó rotundamente. —Sé lo que es sentir que no hay nada ni nadie que pueda aferrarte a este mundo. Sé lo que es ver a tu alrededor y que todo parezca oscuro. Te aislaste de nosotros por mucho tiempo y creo saber por qué, pero eso ya no importa. Sobreviviste sola por todos estos meses. ¿Sabes? No dejaré que pase de nuevo. Ya fui lo suficientemente cobarde para abandonarte una vez y no lo volveré a hacer. Y esa es la razón por la que no me iré.

Bella tragó en seco, con cierta incomodidad almacenada en el estómago. Había tantas cosas que podía decir y tantas que debía decir. De pronto vio los últimos años de su vida desde otra perspectiva, una más noble y desinteresada. Una visión libre de egoísmo y del dolor taladrante que aún atravesaba su pecho.

Alice miraba sus manos con interés, jugueteando con sus diminutos dedos. Su cabello corto caía sobre su frente. Parecía estar esforzándose mucho para guardar silencio.

—No hay una razón por la que yo quiera que te vayas —murmuró Bella en respuesta. Su voz irradiaba cariño y agradecimiento. Ver la forma en que Alice luchaba por salir adelante le hacía pensar que, posiblemente, ella no había dado lo mejor de sí. Pero seguiría intentando. —Ya no.

La brisa ligera flotaba en el aire mezclado con el aroma a sal. El agua arremetía en contra de las rocas y los acantilados con furia. La arena se colaba entre sus pies descalzos mientras caminaba por la orilla del mar.

El oleaje la hacía sentir relajada, un sentimiento hogareño la envolvía en una extraña sensación de calidez. Conocía, dentro de ella, que todo lo que estaba pasando a su alrededor le traería grandes consecuencias que quizá nunca pudiera revertir. Pero aceptar el riesgo era la mejor decisión que había tomado en mucho tiempo. Mucho, mucho tiempo.

Aunque los recuerdos que había tratado de evadir por tanto tiempo se acumularan uno tras otro mientras recorría la pequeña ciudad, nada podía compararse con el olor a pino rodearla. Era como si la transportara a otro mundo. Washington era otro mundo.

El permanente tono grisáceo del cielo era inigualable. Ni siquiera en los días más oscuros de Nueva Jersey le habían brindado esa sensación familiar. Quizá hubiera nacido en Phoenix, pero ella había crecido ahí y pertenecía ahí.

Forks era su hogar.

First Beach no era una playa con miles de turistas revoloteando de un lado a otro, gozando del agua tibia, disfrutando del sol broncear sus pieles. LaPush era, por lo general, un lugar solitario. Era perfecto.

Casi no podía ver sus pies hundidos en la arena mientras caminaba. Respirar ese aire era lo que ella tanto había necesitado y no se había dado cuenta. Un aire puro y fresco; uno que pudiera limpiar su alma con sólo tomar un respiro. Podía sentir las memorias deslizarse frente a ella con el viento que acariciaba su rostro y jugaba con sus cabellos sueltos. Pero ahí, en medio de la costa, parecían no doler. Pasaban frente a sus ojos como una vieja película, en la cual sólo puedes ver los hechos pero no queda nada que sentir. Su cabeza era un lío. Alice le había dado mucho en qué pensar.

Estar en aquel lugar la hacía desear con todo su corazón volver a ser una niña. Una niña tonta y perdidamente enamorada que creía que su vida sería fácil. Quería recuperar su inocencia e ingenuidad. Quería creer que el mundo era un lugar menos cruel; quería olvidar tantas cosas. Quizá no hubiera tenido la mejor infancia o la más sencilla, pero estaba segura de que habían sido tiempos mejores.

Dicen que después de la tormenta viene la calma, pero ésta era una lluvia torrencial e incesante.

Caminaba a paso ligero, con tranquilidad. Le gustaba pensar que, a cada paso, dejaba atrás una preocupación más. Ya pensaría en ello después. Ahora sólo quería desahogarse consigo misma el cúmulo de sentimientos almacenados dentro de ella.

Un grito jubiloso llamó su atención. Una penetrante voz gruesa chillaba eufórica inundando el ambiente con su eufonía. Bella pudo darse cuenta que se trataba de alguien que se había arrojado desde un acantilado hacia las violentas aguas. Su cuerpo esbelto penetró la superficie del mar en un ángulo perfecto, removiendo las olas a su alrededor. Tardó larguísimos segundos en emerger desde el fondo y soltar una carcajada. Fue hasta entonces que Bella se dio cuenta que estaba acompañado.

Bella se sorprendió de no haberlos visto antes pues eran alrededor de nueve personas con una constitución de, por lo menos, el doble de su menudo cuerpo. Los observaba desde lejos con interés. Todos lucían parecidos: de una estatura muy arriba del promedio, con sus marcados bíceps agitando el agua en medio de un infantil juego y sus anchos torsos acercándose a cada paso. Sus pieles rojizas chorreaban al igual que sus oscurísimos cabellos y, a pesar de la brisa, no parecían inmutarse.

—Miren, —gritó uno de ellos con voz traviesa — ¡es Cullen!

Tontamente, Bella miró hacia sus lados buscando a alguien de esa familia. Un segundo después, cayó en cuenta que estaba hablando de ella. Sus mejillas se encendieron. Se prometió a sí misma golpear a cualquiera que la hubiera bautizado con ese apellido. Ella no era parte de los Cullen.

Entonces, cada uno de los enormes hombres aceleró el paso haciendo una revolución en el mar tan fuerte que ni un huracán se hubiera comparado. Corrían unos detrás de los otros, como si de una carrera se tratara; una estampida inigualable se aproximaba a ella con una velocidad alarmante, desconcertándola por completo.

Cuando el chico que encabezaba el grupo —uno de los más grandes—rosó la costa Bella por fin pudo distinguir su rostro. Era uno que no olvidaría, aún cuando hubiera cambiado con el tiempo. Conserva la inocencia de sus ojos y la forma de su nariz; tenía una curveada sonrisa y sus pómulos eran más sobresalientes, aunque era imposible no reconocerlo.

Sin darle tiempo ni de terminar de esbozar una sonrisa rodeó su cintura con sus gruesos brazos y la estrechó entre ellos delicadamente, inundándola de su calidez. Una pequeña parte de la mente de Bella registró que el agua debía estar más que helada, sin embargo, él transmitía un calor agradable y reconfortante.

—¡Jacob! —exclamó ella con alegría. —Qué gusto.

—Bella Swan —dijo él con seriedad separándose de ella. Le sonrió tan radiante que parecía poder iluminar una habitación sólo con su sonrisa. —No quiero pensar qué es lo que te trae por aquí —bromeó. Le tomó las manos cariñosamente, sosteniendo sus delgados dedos con sus pulgares e índices.

—Sólo caminaba —intentó explicar antes de verse rodeada por incontables pares de brazos a su alrededor.

Todos ellos, empapados, la apretaron en sus brazos haciéndola sentir como un pequeño ratón enjaulado. Estaba estupefacta por tal recibimiento. Jacob había sido su amigo desde hacía años pero su relación con los otros quileutes era escasa, aunque si habían compartido un par de fogatas.

Para el momento que pudo volver a respirar su ropa estaba húmeda de pies a cabeza. Saludó con timidez, tratando de esconder el hecho que había nombres que no podía recordar. Miraba a su alrededor, confirmando sus pensamientos anteriores: eran muy parecidos y muy diferentes entre ellos.

—¿Has venido con Edward? —preguntó el que reconoció como Seth con ingenuidad.

Bella se tensó casi imperceptiblemente. Le dio una sonrisa helada disimulando su descontento. Seth había crecido bastante desde la última vez que lo había visto; su rostro se había alargado y su nariz había perdido su redondez propia de un niño, aunque conservaba esa mirada infantil que lo caracterizaba. Al parecer, también su admiración por Edward se había mantenido.

Detrás de él, un hombre mucho más alto que él y visiblemente mayor rodó los ojos con impaciencia. Bella estaba casi segura que se trataba de Sam. Creyó escucharlo decir algo como que la prudencia no era un don que se le había otorgado a Seth.

—De hecho, vine sola —explicó incómoda.

—Jake, aún tienes oportunidad —dijo Seth, risueño. —Aún no lleva un anillo en el dedo —agregó señalando su mano.

El corazón de Bella se oprimió un segundo. Tuvo una incómoda sensación en el estómago que subía hasta su garganta. Abrió la boca un par de veces, aunque no fue capaz de decir nada. Jacob la miraba curioso a su lado. Tomó una profunda bocanada de aire y se armó de valor para poder hablar.

—Edward y yo terminamos —confesó. Decirlo en voz alta resultaba más espantoso de lo que había sido. Esa era, probablemente, la primera vez que lo hubiera admitido en años, fuera de su mente.

Seth tragó en seco, comprendiendo su imprudencia. Su rostro se ruborizó fuertemente, pero Bella no lo culpaba. Él no podía saberlo… Jacob la miraba con ojos desorbitados, le faltaba poco para dejar caer su mandíbula hasta el suelo.

—Ha sido un gusto verte, Bella, pero es hora de irnos—murmuró Sam con una sonrisa de disculpa dibujada en su rostro. —Tendrás mucho que hablar con Jacob.

Antes de que ella pudiera protestar los amigos de Jacob ya había emprendido la marcha por la playa, jugueteando unos con otros, como si fueran hermanos. Reían de vez en cuando y más de uno cayó rendido en la arena. Se alejaron tan pronto como habían venido.

Bella no movió sus labios ni un milímetro en un largo rato. Ambos se echaron a andar por la orilla del mar en silencio, rozando sus hombros de vez en cuando. Ella mantenía sus ojos fijos en la arena que se hundía bajo sus pasos, dejando una profunda huella amorfa.

No cruzaron palabra hasta que Jacob se detuvo en seco, pensando que sería un buen lugar para hablar a solas. Se sentó sobre la arena con gracia, dándole una invitación silenciosa a acompañarlo. Su torso estaba casi seco, a diferencia de sus piernas que, con su humedad, se tapizaron de los finos y suaves granos de arena. Ella, finalmente, lo imitó, sentándose con un sosiego que sólo Jacob podría brindarle.

—Lamento la indiscreción de Seth —murmuró. Encogió las piernas y las cruzó una sobre la otra, de una forma que Bella creyó imposible. —No tenías por qué responderle.

—Está bien —admitió pasando los dedos por su cabello. —Todo está bien.

—Entonces, ¿qué es lo que va mal? —preguntó, directo aunque con tacto. Arrastraba las palabras intentando que no sonaran tan severas.

Ella se permitió respirar varias veces antes de contestar, predispuesta a hablar con la verdad. Necesitaba contestárselo a sí misma y Jacob la entendería. Él no tendría prejuicios o represalias contra nadie. Él sería imparcial. Él era la clase de persona que ilumina tus días más oscuros con es brillante sonrisa.

—Nada va mal —respondió segura de sí misma. Clavó su mirada en el mar, viendo sin ver. —¿Por qué debería estar mal?

—Terminaron una relación de años —dijo, mirando su rostro fijamente aunque ella no le devolviera la mirada. —Algo debe estar mal.

—Eso fue hace dos años, Jacob —explicó. Abrazó sus rodillas y apoyó su rostro en ellas, mirándolo directo a sus ojos negros. —Ya pasó mucho tiempo para que las cosas estén mal.

—Pero todavía cuentas los días —adivinó. —Todavía lo extrañas como el primer día, ¿verdad?

—No creo que esa sea la forma correcta de describirme…—contradijo.

—Lo es —la interrumpió bruscamente. —Lo puedo ver —añadió, viendo su rostro por primera vez. —En realidad, creo que todos pueden. Te apuesto que incluso él lo ve.

—¿Y qué es lo que ven, Jake? —Se rindió. Él era mejor descifrándola de lo que lo era ella misma.

—La forma en que tu voz se quiebra ligeramente, casi inaudiblemente, cuando dices su nombre; o lo mucho que te costó admitir que habían terminado. Desde que te vi, mientras estaba dentro del mar, pude notar que tú sonrisa no era la que yo recordaba. Te conozco y no necesito pasar mucho tiempo contigo para saber cómo te sientes.

—¿Cómo me siento? —preguntó con la voz completamente quebrada. El nudo en su garganta le dificultaba el habla. —Juro que ya no lo sé.

—¿Por qué terminaron? —le respondió tras unos minutos. —Si no es indiscreción.

—Es complicado —aceptó, apoyando su frente en sus dedos índice y cordial mientras su codo descansaba sobre su rodilla nuevamente extendida. Su cabello rizado caía frente a ella, rozando su ombligo con la punta. —Supongo que no había razones para estar juntos; quizá nunca las hubo.

—¿Nunca las hubo? —dijo Jacob contrariado. —¿Nunca las hubo? —repitió ahora con un deje de enfado. —¡Dejé que me rompiera la nariz para que luego tú vinieras a decirme que nunca hubo razones para que estuvieran juntos! —gimió, mirando al cielo como si le suplicara algo. —Mírala, aún está un poco torcida —señaló su cara con movimientos rudos y una mueca de indignación.

—Aún lamento eso —dijo avergonzada.

— ¡Estoy seguro de que él no! —resopló. —¿Sabes por qué? Porque si de hay algo que sé es que él te amaba. Que las cosas hayan cambiado no significa que no hayan tenido algo de verdad.

—No estoy segura de eso —admitió, mirándolo apesadumbrada. —Ya no estoy segura de nada acerca de lo que nos pasó. Fue tan repentino y humillante; tan decepcionante.

—Lo odias, ¿cierto? —inquirió consternado. Bella parecía tener una lucha interna sin fin antes de contestar cada pregunta.

—No, no lo odio —murmuró. —Aunque me gustaría, no puedo simplemente borrarlo de mi vida y de mis recuerdos porque está presente en todos ellos. No puedo odiar a alguien que me hizo sentir en la forma en que Edward solía hacerlo—dijo en voz baja, descubriendo sus verdaderos sentimientos hacia él, que habían estado escondidos tanto tiempo. —No puedo odiarlo porque el odio es un sentimiento y yo sencillamente no quiero sentir nada por él —añadió convencida.

—Hay una diferencia entre querer y hacer —respondió él con tranquilidad. —Y me parece que tú sólo cumples la parte de «querer».

—Si las cosas se hubieran dado de una forma diferente, quizá lo hubiera aceptado —musitó jugando con sus cabellos. —Créeme que, a pesar de todo, me gustaría que fuera feliz. Quizá sólo necesita a alguien mejor que yo.

Jacob negó con la cabeza, decepcionado. Ella no había cambiado nada. Su autoestima seguía siendo débil y prefería sufrir antes que los demás. No pudo evitar preguntarse qué había pasado. Aunque Bella estuviera ligeramente confundida, él sabía que Edward siempre había sido sincero.

Ellos se amaban y no se traicionarían el uno al otro. Ambos eran demasiado cobardes como para arriesgarse a perder lo que tenían. Lo poco que Bella le contó no sonaba como algo que Edward haría. Ahí había algo extraño, estaba seguro. Y tarde o temprano lo descubriría.


Buenas noches, gente :)

Que semana tan larga, ¿no lo creen? Pero bueno, estoy de vuelta. Personalmente creo que este capitulo es especialmente aburrido... Hay unos con más acción x) Quiero agradecerles todos sus comentarios, sus alertas y favoritos. Recibí más de lo que esperaba. Todas, o la mayoría, me ha leído antes en TCEUFDC —rayos, tienen razón, hastal a abreviación es larga...— saben que yo contesto cada review e incluso he contestado dos veces el mismo porque olvido si ya lo hice LOL. Aprecio cada critica y cada conclusión a la que llegan y de verdad que con cada review me siento especial :)

Como lo manejabamos antes estaré actualizando cada fin de semana y, si me es posible (seamos sinceras, muy rara vez lo es) entre semana y el sábado nos vemos otra vez por aquí.

Yo sigo pensando que quedó algo extraño pero Nevermissme insistió en que lo subiera así que es su crédito. No se apresuren, todas las dudas las voy a aclarar poco a poco, mientras, me gustaría seguir leyendo sus conjeturas.

¿Reviews?

¡Espero leernos pronto!

Besos

LizBrandon


06.08.11