Los destellos del sol que entraba por la ventana le daban de lleno en la cara. Se dio media vuelta en un intento por seguir durmiendo, no había dormido casi nada la noche anterior. Los recuerdos aún llegaban a su mente. Kankuro montado encima de ella, embistiéndola de forma lujuriosa... esa era la diferencia, Kankuro era un jovencito lleno de energía, lujurioso y dispuesto a probar cosas nuevas, Neji era simplemente clásico y tradicional. Sin embargo, amaba a Neji; Kankuro era simplemente... sexo.
—Veo que ya despertaste —el hombre sonrió desde el otro lado de la cama—. Será mejor que vuelvas a tu casa o el idiota de tu marido se pondrá como loco.
—No es un idiota. —Gruñó ella, odiaba ese tipo de actitudes en Kankuro, de verdad amaba a Neji—. Además, todavía tenemos tiempo para otra ronda.
Y dicho esto, se subió encima del cuerpo de ese marionetista que una vez había conocido, llena de deseo. Le encantaba su bien formado cuerpo, no se parecía en nada al de Neji, pero era el cuerpo de un joven, y eso era genial. Lo besó con pasión, mientras él pasaba sus manos por detrás de su espalda y la daba vuelta, intercambiando posiciones. Ahora él se encontraba sobre ella, lamiendo su cuello con lujuria. No tenían ropa puesta, así que ella no tardó en sentir la punta del miembro del moreno clavándose en su entrada, deseoso porque lo dejaran pasar.
Las respiraciones no tardaron en ser agitadas, los roces de los cuerpos sudorosos provocaban gemidos en ambos, llenando la habitación de lujuria. No les importaba si los escuchaban, si ella era una cuarentona y él un jovencito, solo importaban ellos dos.
—Demonios... Kankuro... —Tenten ahogó un grito mordiéndole el hombro—. ...eres demasia... bueno...
El hombre sonrió con arrogancia, le demostraría a esa mujer madura que él era mucho mejor que el idiota de su esposo. Llevó sus dedos hasta la parte íntima de la castaña y dejó que sus dígitos resbalaran por esa zona.
—Hazlo ahora... —le suplicó ella entre gemidos.
Kankuro no se demoró más y la penetró completamente de una sola estocada. Echó la cabeza hacia atrás de puro placer, el interior de esa mujer era húmedo, caliente y perfecto... lo llenaba de lujuria. De inmediato comenzaron las embestidas, a las que ambos reaccionaban con vibraciones de placer. Gritaban, gruñían, gemían, jadeaban...
El momento se acercaba, las embestidas se volvieron más fuertes y más apasionadas, estaban ya al límite. Tenten gritó de placer al sentir cómo Kankuro liberaba su esencia dentro de ella, llenando el momento de lujuria pura.
El hombre se dejó caer al otro lado del colchón intentando normalizar su respiración, mientras miraba de reojo a la mujer que se encontraba a su lado.
—Kankuro... —habló ella una vez que se recuperó de la sesión de sexo—. ¿Estás dispuesto a ayudarme a salvar mi matrimonio?
El hombre se lo pensó unos instantes. Esa idea no le agradaba en lo absoluto.
—Sabes que no estoy interesado en que tú y el idiota que tienes por esposo hagan nada —contestó malhumorado—. Pero si es la única manera de pasar tiempo contigo y demostrarle a ese idiota que soy mejor que él, haré ese trío que tanto quieres.
Sonrió con arrogancia, estaba seguro de que Tenten sería solo para él. Ella, por otro lado, no estaba tan segura de querer ver a esos dos pelearse por ella. Amaba a su hombre... pero de verdad necesitaban de Kankuro para salvar su matrimonio, no había otra opción. Se puso en pie, tapándose con la sábana, mientras buscaba su ropa.
—¿Ya te vas? —Le preguntó él desde la cama.
—Hace un momento me dijiste que sería mejor que volviera a casa —le replicó ella mientras se ponía su ropa interior.
—Y tú me contestaste que aún había tiempo para quedarte —Dijo Kankuro con un tono arrogante haciendo que Tenten suspirara.
—Pero ya es hora de irme, tengo que ir a ver a Neji.
En el momento que terminó de colocarse las prendas de vestir, se despidió de su amante y salió corriendo hacia la calle. Tenía que llegar antes del mediodía, y hoy le contaría lo que estaba pasando a su esposo, sin duda.
