El reloj de pared marcaba los segundos pasar y él aún no llegaba. No tenía idea de qué significaba eso... Neji siempre era puntual y jamás había dormido fuera de casa. Demonios, cuánto amaba a ese hombre serio, formal, sensato, reservado, juicioso... habían tantas palabras para describir al amor de su infancia, ese hombre que hasta el día de hoy le robaba el sueño. Lo amaba... lo amaba y sabía que algo malo había pasado. ¿Por qué Neji no había vuelto a casa? Obviamente algo andaba mal. Tomó su teléfono celular y comenzó a marcar el número de su esposo, pero no fue más lejos, el timbre de la puerta la interrumpió. Una descarga de alegría sacudió todo su cuerpo, ¡Neji había vuelto! Por un momento, volvió a ser la niña alegre, vibrante y explosiva de aquella vez, pero todo su mundo se vino abajo al descubrir que no era el hombre de sus sueños quién estaba del otro lado de la puerta.

—¿Torhy? —preguntó con desconcierto.

La hija de Naruto y Hinata no era alguien a quien viera seguido, exceptuando algunas cenas familiares de esas que organizaba el tío de Neji, Hiashi Hyuga. Sin duda una familia muy tradicional.

—Señora Tenten, venía a buscar a Neji —la rubia sonrió. La noche que había pasado con Neji había sido espectacular, pero él había desaparecido al día siguiente. Su corazón de adolescente enamoradiza no quería dejar pasar esto... su sueño se había comenzado a cumplir, Neji se había fijado en ella.

—Neji no se encuentra —contestó con desgano. Esto no le agradaba en absoluto. Ella no había pasado por alto las miradas que la rubia le dirigía a Neji en las cenas familiares, ni tampoco esas insinuaciones que le hacía cuando creía que estaban solos. Para su consuelo, su esposo nunca había demostrado ni una pizca de interés, pero a pesar de todo se sentía insegura. Torhy era una jovencita alegre, no como ella, que ya había perdido su chispa. Tenía que recuperarse, tenía que volver a ser la de antes... solo así podría sentir que era rival para Torhy.

Cerró la puerta sin esperar respuesta y se recargó de espaldas en ella.

Neji... Neji, ¿dónde estás?

Las lágrimas comenzaron a surcar por su rostro. Tal vez él la había abandonado, tal vez ya no la quería como antes. Se sentía desamparada, sola... su corazón dolía, había un vacío en ella ahora. La imagen de ese hombre no se borraba de su mente, y sonrió. Sonrió por no llorar, ya que ese hombre fue el dueño de su corazón y aún hoy lo era, pasara lo que pasara.


Incorrecto y estúpido era lo que había hecho. Se había dejado llevar por sus impulsos, esa rubia lo había agarrado desprevenido y en un mal momento. Y él, se había comportado como un idiota. ¿Qué le había pasado al Neji de siempre? De pronto había comenzado a actuar como si no fuera él mismo, le había sido infiel a su esposa. Pero tenía la respuesta a esa pregunta, y la respuesta estaba constituida por una sola palabra, pero la palabra que simbolizaba todo lo que él era... todo: Tenten.

La mujer alegre, que lo hacía sonreír y lo sacaba de su mundo monótono. Su personalidad tan jovial lo hacía revivir cada día, Tenten era la única luz en su oscuro mundo ahora. La amaba y siempre lo había hecho. Se inmovilizó frente a la casa donde vivía la mujer de sus sueños mientras reflexionaba. No sabía qué demonios había hecho ni por qué, pero ella era la única y siempre sería la única que impediría que él cayera en un abismo de dolor. Se había equivocado al pensar que esa rubia lo ayudaría a aliviarse, había sucedido todo lo contrario. Tenten era insuperable y magnífica, nadie jamás estaría a su altura.

Sí, el gran Neji Hyuga se había equivocado. Esa era la única razón por la cual no había vuelto a casa. No se merecía a Tenten, no era más que un perdedor en comparación con esa dama que le había robado el corazón. Pero no podía abandonarla, o sería una basura aún peor. Se acercó y golpeó la puerta con la esperanza de que ella abriera.

El corazón de ambos dio un vuelco en el momento que sus miradas se encontraron. Tenten saltó sobre él y lo abrazó con fuerza en el momento que lo vio allí; despeinado, con la ropa arrugada... y destrozado. No sabía qué le había pasado, pero lo amaba quisiera o no. Y ahora, pudo ver por fin que Kankuro no era más que un complemento... siempre lo había sabido, pero era la primera vez en la que se sentía terrible por tener un complemento. Neji era único, y no necesitaba ser complementado... en absoluto.

Entraron a la casa, ambos con una banda de emociones y sentimientos revueltos como si hubieran vuelto a ser adolescentes con hormonas por doquier. Mencionaron el nombre del otro al mismo tiempo con coordinación exacta, después de todo, ambos deseaban hablar y disculparse con el otro.

—Tú primero —le dijo ella. Se hallaban sentados en un sillón de la sala, mirándose fijamente. Los brazos de ella temblaban de culpa, desolación, alegría, miedo... tantas emociones para un solo momento.

Neji tragó saliva mientras clavaba sus ojos de luna en los de ella, buscando apoyo.

—Mi padre quiere que me case con mi prima, Hinata —Él no era alguien a quien le gustara andarse con vueltas, así que fue al grano.

Toda la alegría que sentía Tenten al reencontrarse con el amor de su vida se desmoronó en un segundo, como si se tratara de una construcción vieja que Neji estuviera derrumbando. Las lágrimas comenzaron a nublarle los ojos, pero se esforzó por mantener la compostura.

—No lo haré —habló resuelto. Todo lo que le había sucedido en las últimas veinticuatro horas le había servido para reflexionar, y llegar a la conclusión de que no podría vivir sin ella. Era sencillamente imposible.

Las palabras de su esposo fueron como una pequeña llama en el medio de la oscuridad. Aún había esperanza, no todo se había acabado...

—¿Aún me amas? —le preguntó ella entre lágrimas, turbando toda la distancia que intentaba mantener él.

—Sí, te amo. —Se inclinó hacia delante y la rodeó con sus fuertes brazos, pero sin perder la delicadeza. A sus ojos ella había dejado de ser la mujer fuerte y decidida de siempre, y ahora era una niña desprotegida que buscaba su abrigo—. Pero me equivoqué, Tenten. —Cerró los ojos, buscando alguna forma de decirle esto—. Me acosté con Torhy... y ya no te merezco. Actué como un imbécil.

—Neji... —expresó con la voz entrecortada para contestar algo que él jamás se esperaría—. No tienes que ser perfecto siempre. Equivocarte... equivocarte es lo que te vuelve humano.

Se limpió las lágrimas y levantó la vista para mirarlo.

—Yo sé que soy la única mujer para ti —Estaba dolida, pero ya no más insegura—. Superaremos esto juntos. Y no sientas culpa ni lástima por favor, Neji... —Las lágrimas volvieron a nublarle la vista—. Yo también te he engañado.

Los brazos del hombre alrededor de su cuerpo se tensaron y ella lo sintió. Había herido al hombre de su vida, y probablemente lo había perdido para siempre, pero no podía guardarse eso.

—¿Por qué? —preguntó él, a pesar de todo no hallaba la respuesta.

—Porque buscaba un refugio, un refugio en los brazos de otro. —Cada palabra que salía de su boca hería a su esposo—. Pero me equivoqué.

Se quedaron abrazados en silencio, por un largo rato. Ninguno había perdonado al otro aún, ninguno había superado su dolor... pero esas palabras aún sonaban en sus mentes.

Superaremos esto juntos.

Sí, porque se amaban. Se amaban demasiado y estaban dispuestos a reconstruir su matrimonio, a volver a ser como antes. No importaba todo lo que tuvieran que pasar, lo superarían. Ahora, solo querían abrazarse y llorar... dejarían los odios y las peleas para luego. Estaban demasiado desamparados y necesitaban del otro.


Torhy se encontraba desconcertada. ¿Dónde estaba Neji? Había buscado por todas partes, no podía creerlo. Odiaba a esa mujer con toda su alma, no era más que una idiota que le robaba al amor de su vida... pero sin embargo, Tenten ya no suponía un problema para ella. Ahora el problema era su madre. ¡Su madre se casaría con el amor de su vida! Hinata aún no se lo había dicho a su esposo, Naruto, pero fue demasiado sumisa para negarse. Tenía que separar a Neji de Tenten e impedir que se casara con su madre. Todo este tiempo no había sido en vano, sabía adónde se dirigía Tenten a veces. Llamó a la puerta de esa casa y un muchacho de cabellos marrones abrió la puerta.

—Tú debes ser Kankuro —la rubia sonrió—. Creo que tenemos un interés en común.